¡Buenas!

Muchísimas gracias por los comentarios, la verdad, MUY contenta con la recepción de la historia 3 Como leo todos los comentarios y han surgido algunas dudas con respecto al último sobre todo, acá va:

- Lo que Shoko le realizó a Itadori fue un análisis de gonadotrofina corionica humana, la hormona que se eleva en el embarazo. Es muy sensible y se eleva mucho antes que cualquier test de embarazo de positivo con orina...y bueno, no es que el embarazao hubiese sido instantáneo, sino que no era la primera vez que Yuuji pasaba por aquello con Sukuna, solo que si era la primera vez que comprendia "el peligro".

- SOLO UNA PERSONA le acertó a qué es lo que sucede con Gojo xD y quien tiene razón sobre si oculta a alguien o no...eso lo iremos viendo...ahora.

Por el momento, les dejo los capítulos 5 y 6.


Frunció el ceño, realmente molesto.

Yuuji...realmente eres adorable…¿así está bien, así te gusta?

Un gemido mezclado con un quejido lastimero se escapó de sus labios en la oscuridad, su respiración un tanto agitada. Removió sus piernas, la ropa molesta, incómoda; estiró una de ellas, flexionó la otra. Contrariado, notó que se sentía peor.

Es ahí, ¿verdad? Así de profundo...a mí también me agrada, Yuuji...me gustas demasiado...

Aquello se sentía bien, muy bien. ¿Qué era? Un suspiro satisfecho escapó de sus labios, otro gemido mientras la temperatura aumentaba a su alrededor.

— Gojo-sensei...

¿Qué era lo que le generaba tanta incomodidad? Volteó en su cama en medio de la penumbra y se percató que lo que le fastidiaba tanto era un calor infernal que le quemaba cada centímetro de su piel.

¿Me dejarías marcarte ahora mismo, Yuuji? Quiero, no...necesito que seas mío…

— Claro que sí…

Y en ese mismo instante, cuando su garganta vibró al pronunciar aquellas palabras susurradas en un gemido suave, abrió los ojos en mitad de su habitación. Parpadeó un par de veces, sorprendido y desorientado; el techo de su cuarto era el mismo de siempre pero, aún así, tardó varios segundos en reconocerlo. Resoplando, restregó su rostro con ambas manos notando lo sudado que estaba; pateó las sábanas y frazadas lejos, sus piernas calientes y pegajosas por el sudor. También se quitó la camiseta que utilizaba para dormir, húmeda por la transpiración.

Cubrió sus ojos con el antebrazo, avergonzado por lo que acababa de soñar. Aquellas escenas subidas de tono se habían vuelto cada vez más frecuentes, el sonido de su voz alterándolo incluso en sueños; ahora, ya no era Sukuna quien lo atacaba cuando lograba conciliar el sueño durante la noche sino que eran aquellas fantasías que se proyectaban en su mente cuando estaba dormido. ¿Sería acaso culpa de las hormonas? Itadori no solía tener ese tipo de pensamientos durante el día quizás porque generalmente estaba ocupado en otras cuestiones y, cuando recordaba a Gojo, lo hacía de otra manera un poco más inocente, por lo que aquellas escenas realmente le generaban bochorno.

De unos días a esa noche, se había animado a generar un poco más de confianza con su ex profesor. No sabía realmente si Sukuna había hablado con la verdad o era casualidad, pero Gojo siempre había estado firme y solícito a responder cada uno de sus mensajes y llamadas en tiempo récord, suceso que no se daba con nadie más.

Por lo que había oído se encontraba bastante desaparecido del colegio; desviaba llamadas o directamente no respondía mensajes del resto de los alumnos o profesores. Sin embargo, con él era completamente diferente. Itadori lo oía jovial y despreocupado como siempre, un leve tono de ansiedad filtrándose en su voz cuando la conversación debía darse por finalizada por alguna de la dos partes, la promesa de una nueva llamada lo más pronto posible.

Así, lo que había iniciado con simples mensajes de consultas triviales se había transformado en varias llamadas al día donde Itadori había terminado confesando apenado que oír su voz le calmaba la ansiedad que le generaba su ausencia. Gojo había maldecido, luego se había disculpado y había maldecido otra vez al saber aquello...y más temprano que tarde, le había terminado revelando a Itadori que a él le sucedía algo muy parecido.

Que quería verlo, olerlo y tocarlo, pero que no sabía si iba a poder contenerse más allá de eso. Por supuesto, Itadori no ayudaba demasiado al otro a reprimirse, primero expresándole se sentía igual, luego ya exigiéndole que volviera al colegio aunque fuese sólo un día.

Contrario a lo que cabría esperar, Gojo no se había molestado con su ansiedad e insistencia crecientes durante las llamadas; Itadori rememoraba esas conversaciones como alguien que intentaba consolar a otra persona con palabras suaves y reconfortantes esperando que surtieran efecto. Al principio, Gojo se pasaba la mitad de la charla explicándole a Itadori que aquello no era correcto y que, si bien las hormonas los estaban afectando a ambos a un punto que el mayor no había esperado, eso no significaba que debían ser irresponsables y dejarse llevar por el momento. Luego, como si él mismo se contradijera en medio de la conversación, volvía a repetirle lo mucho que deseaba olfatearlo y tenerlo entre sus brazos, volviendo casi al principio de los reclamos de Itadori.

Itadori había hablado por última vez con Gojo aquella tarde, donde le había prometido ya directamente que en un par de días iría al colegio sin falta luego de terminar una misión malditamente lejos.

Volteó una vez más sobre el colchón, aún un poco sofocado. Con sorpresa, sus manos acariciaron la tela de aquella chaqueta que no recordaba haberse llevado a la cama antes de caer desmayado por el cansancio. Había vuelto esa misma tarde al colegio luego de una misión con Fushiguro que no había sido especialmente difícil pero que les había llevado sus buenos días. ¿En qué momento…?

Con cierta pena a pesar de hallarse en el refugio de la soledad, Itadori atrajo la chaqueta hacia su rostro olfateándola tímidamente. El efecto fue casi instantáneo; su cuerpo se calentó otra vez y, al cabo de pocos segundos, su ropa interior comenzó a fastidiarle, a apretarle demasiado allí abajo. El sonrojo no se hizo esperar cuando lejos de alejar la prenda que Gojo le había dejado por si necesitaba olfatear su aroma en caso de extrema necesidad, la acercó más a su rostro, enterrando la nariz en ella, gimiendo al percibir lo fuerte que aún seguía sintiendo el aroma picante del otro sobre la tela.

Estrechó las piernas capturando parte de la chaqueta con los muslos; Itadori se descubrió abrazando aquel pedazo de tela casi con desesperación incluso cuando la sensación placentera que le provocaba se transformaba en ansiedad y luego en angustiosa expectativa. Inspiró profundamente, inhalando. Otro gemido más parecido a un lloriqueo se escapó de su garganta, sus piernas apretándose aún más.

— ¿Por qué no viene? Mira cómo estás, es lamentable.

La voz de Sukuna lo puso peor. ¿Era necesario que incluso en esos momentos fuese a joderlo?

— Está...está trabajando.

— Es la primera vez que sé de un Alfa que duda o demora en meterse entre las piernas de un Omega regalado como tú. Claramente algo le está fallando también.

— Cállate, no digas eso...Gojo-sensei realmente...está ocupado.

— Me pones de mal humor.— la voz de Sukuna se oía realmente molesta, pero no intentó ni agregó nada más.

— Y tú a mi. Vete.

— Llámalo, quizás te calme un poco y nos dejes en paz, mocoso.

— Es...es muy tarde. Resistiré.

Claro.

Lastimosamente, Itadori extendió la mano hacia la mesita de noche donde descansaba su celular. Cuando la pantalla brilló, se sorprendió al ver la hora. 11:35 PM.

Claro, se había acostado temprano luego de cenar producto del cansancio, y se había despertado así poco después. Aún mirando la pantalla del celular de espaldas sobre el colchón, se preguntó si realmente era una buena idea llamar a Gojo a esa hora. ¿Qué le diría, que había tenido un sueño húmedo con él y no se podía sacar la calentura? Incluso el pensamiento le daba pena.

— No dudes, llámalo.

La risa burlona de Sukuna no se hizo esperar cuando Itadori permaneció en silencio y luego resopló, frustrado. Frunció el ceño poniéndose de peor humor mientras la risa del otro se hacía más fuerte.

— Por qué no te vas de una vez y me dejas en paz.

— Porque eres diversión gratis. Mírate cómo estás, eres tan estúpido.— otra vez, aquella risa idiota se dejó oír aún en la penumbra del cuarto.

— Si lo llamo no vas a molestar, ¿verdad?

— Soy el primer interesado en que la cuestión se concrete. Me quedaré callado. Es más, voy a oír todo con emoción expectante como lo hacen las mujeres con las historias románticas.

— Si no te vas, no voy a llamarlo y ninguno de los dos va a pegar un puto ojo en toda la noche.

— Qué aburrido. Hazlo de una vez.

Y la voz se disolvió junto con la presencia pesada sobre su rostro. Itadori suspiró, desbloqueó el teléfono y dudó. El número estaba allí, era el último que había marcado y no tenía necesidad de buscar el contacto. Como si estuviese buscando valor y sintiéndose un adicto, volvió a tomar la chaqueta y la olfateó levemente, suspirando en el proceso.

¿Yuuji?Qué sorpresa, no esperaba que me llamaras tan tarde. Pensé que ibas a dormir temprano.

Oír su voz grave y cantarina del otro lado de la línea no hizo más que empeorar la situación; como pudo, Itadori cubrió su boca con la chaqueta, su respiración volviéndose irregular otra vez.

— No...no puedo dormir.— el tono de su voz había salido más agudo de lo que le hubiese gustado, la agitación notándose en el suspiro que había soltado al final.

¿Yuuji?¿Estás bien?

— No, no estoy bien, Gojo-sensei...yo…

Dime qué sucede, Yuuji.— la voz sonaba preocupada. Itadori oyó pasos y una puerta que se cerraba del otro lado de la línea, ahora sí el completo silencio.— ¿Yuuji?¿Qué tienes?

— Te necesito.

Había soltado aquello con pena pero también con anhelo, y éste se había filtrado en el tono de su voz con un temblequeo en las palabras. Gojo no dijo nada al principio, pero Itadori lo escuchó suspirar, luego maldecir por lo bajo. Cuando lo oyó suspirar nuevamente contra el teléfono, Itadori no pudo evitar que un sonido parecido a un resoplido ansioso surgiera de sus labios, los ojos cerrados.

¿Cómo es que me necesitas, Yuuji?

— No me hagas decirlo, por favor…

Cambiaré la pregunta, entonces. ¿Dónde me necesitas ahora?

El tono de voz había cambiado volviéndose más grave, más oscuro, un tinte íntimo dejándose oír en las palabras que se habían transformado casi en un susurro contenido. Itadori comenzaba a sentirse sucio, pero la mano libre se había posado sobre su entrepierna, sus dedos introduciéndose por el dobladillo de su ropa interior.

¿Mmh? Dime, Yuuji.

— Yo...ah…

¿Quieres que esté entre tus piernas ahora mismo?

— Sí.—la palabra había salido tan natural que Itadori se sintió repentinamente relajado, pero al mismo tiempo más expectante. Ganando confianza, inhaló profundamente soltando el aire despacio, intentando controlar su ansiedad.— Me gustaría que...que estuvieses en mi interior ahora.

Maldita sea, Yuuji. Puta madre, no me hagas esto.

Gojo realmente se oía molesto pero, lejos de preocuparse, Itadori se sintió más excitado al oírlo tan agresivo del otro lado del teléfono porque sabía que su enojo era producto de la frustración. De la nada, Itadori se percató que él podía provocar ese estado en el otro sólo con pocas palabras y, de un momento al otro, se sintió con poder.

— ¿Hacerte qué? Yo estoy peor, sabes. Está...está tan apretado allí abajo…

La ropa interior realmente le estaba molestando y tuvo a bien retirarla, liberando su miembro dolorido. Cuando sus dedos hicieron contacto con la piel sensible soltó un suspiro placentero mientras oía un jadeo del otro lado de la línea.

Yuuji, ¿te estás tocando?¿Lo estás haciendo para mi?

— Es que no aguanto más, de verdad…

Dime dónde está tu mano, Yuuji. Cuéntame.

— ¿Por qué debería? No estás aquí.

Por Dios, no me hagas esto, mocoso insolente. Cómo te atreves a llamarme y ponerme así...maldita sea.

— ¿Por qué mejor no vienes? Realmente…

Yuuji, no puedo. Ahora no, créeme, estoy complicado. No puedo moverme del sitio donde estoy, sino ya estaría sobre ti.

— Te extraño.

Era increíble como de la provocación, Gojo había pasado a un tono condescendiente en un intento por consolarlos a ambos. No sabía si había sido aquello o qué, pero a Itadori se le había escapado el sentimiento más angustiante que surcaba su mente aquellos días; se cubrió otra vez el rostro con la chaqueta maldiciéndose a sí mismo.

Yo también, no te haces una idea cuánto. Te dije que iría y lo haré, pero Yuuji...recuerdas lo que hemos hablado, ¿verdad? Aún es muy pronto.

— Lo sé...si pudiera controlar ésta mierda, te juro que no te molestaría tanto, sé que soy pesado pero…

No eres una molestia. Me encanta que me llames, Yuuji. Sé cómo te sientes, sé que necesitas alivio. Ahora dime, ¿dónde está tu mano?

Itadori se removió otra vez entre las sábanas intentando quitarse la ansiedad de encima.

— Allá abajo.

¿Dónde?¿Te estás acariciando...o estás yendo un poquito más allá?

— ¿Más allá? .— comprendía parcialmente lo que Gojo le decía pero, aún así, el sonrojo se intensificó al intuir que hablaba de algo aún más vergonzoso que lo que estaba haciendo.

Yuuji, ¿alguna vez te has introducido algún dedo pensando en mi?

— ¡No!

¿Por qué no?¿No te gusta la idea? No es lo mismo, pero puede ayudarte. Vamos, abre las piernas para mi.

Itadori titubeó un poco antes de retirar del todo su ropa interior y hacer lo que Gojo le pedía en tono suave, casi dulce. Quería alejar ese sentimiento inútil de vergüenza que aún le impedía soltarse del todo con el mayor; la inseguridad de que el otro se iba a cansar de sus rodeos y de su ingenuidad volvió a entremezclarse en medio de su excitación, haciéndole bufar.

Sukuna tenía razón, era un estúpido.

— Ya...ya está.

Ábrelas todo lo que puedas y toca apenas con la punta de tu dedo. Dime, ¿está húmedo allí, Yuuji?

Hizo lo que el otro le decía mientras inspiraba profundamente. La yema de su dedo contacto con aquella piel sensible entre sus glúteos provocándole una leve contracción; no estaba húmedo ni mucho menos, pero el tono afanoso y atento, casi como si estuviese ilusionado le indicó a Itadori que realmente deseaba que así fuera.

— Sí, un poquito…

Dios.— una especie de silbido del otro lado de la llamada le hizo saber a Itadori que Gojo estaba casi peor que él.— ¿Es la primera vez, o ya te ha sucedido?

— No me estoy tocando todo el tiempo como para…

¿Y tu ropa interior?¿No te has despertado mojado alguno de estos días?

— Oh, si.

Yuuji, dime cuán mojado estabas.

— Mucho. Me despertaba incluso por lo incómodo que era.

Itadori en realidad hablaba de la cantidad de veces que había tenido aquellos sueños húmedos que sí habían logrado concluir en su inconsciente y que habían derivado en un orgasmo que lo había ensuciado entero; le era imposible discernir realmente si en alguna de aquellas ocasiones había estado húmedo también allí atrás, pero intuía que aquello debía ser parte de la excitación natural de un Omega. Un poco frustrado por no experimentar aquello, presionó un poco más la punta de su dedo sobre su entrada venciendo suavemente la presión que ejercían sus músculos y soltando un quejido en el proceso.

¿Yuuji?¿Qué estás haciendo?

— Esto también es incómodo…

¿Qué cosa?

— El dedo allí dentro, es molesto.

No está muy húmedo allí, ¿verdad?

— No, la verdad no.

Usa tu saliva, Yuuji. Lubrica dos de tus dedos. Hazlo para mi, no sientas pena.

La voz se oía levemente congestionada dentro de su ansiedad, pero Itadori aún percibía el dejo de autoridad en ella. Hizo lo que le pidió y volvió a repetir el proceso; la verdad, la sensación seguía siendo un poco incómoda pero había cambiado bastante, su dedo resbalando con mayor facilidad.

— Ahora es más fácil…

Bueno, ahora haz lo que yo te digo. Cierra los ojos e imagina que ese dedo es mío, Yuuji. ¿Lo haces?

— Quiero que sea tuyo…

Itadori oyó un ruido de fricción del otro lado de la línea, tal y como si Gojo estuviese acostado igual que él. Ahora que lo pensaba, ni siquiera le había preguntado qué estaba haciendo antes de llamarlo, si lo había interrumpido en algo importante o si lo había despertado. Con ese pensamiento en mente, Itadori movió el dedo de forma circular, adentro y afuera tal y como Gojo le había indicado, Pronto, un sólo dedo no alcanzaba e introdujo el otro sintiéndose sucio al gemir más alto por la intromisión.

Me estás matando, Yuuji.

— ¿Sabes? Realmente...realmente siento que estás conmigo. Tengo tu chaqueta aquí, sobre mi nariz.

¿Huele bien?

— Muy bien. Demasiado.

Ambos rieron ante el comentario e Itadori oyó la respiración de Gojo un tanto irregular, agitada. La sola idea de que estuviese dándose placer a sí mismo al oírlo gemir lo encendió aún más, aumentando el ritmo con el que sus dedos lo penetraban en ese momento. De la nada, los sintió más resbaladizos, su entrada realmente húmeda.

— Gojo-sensei, ahora sí estoy bastante mojado...eso es bueno, ¿verdad? .— Apenas podía hablar mientras intentaba introducir sus dedos un poco más profundamente, frustrándose al no lograrlo.

¿Ahora soy tu sensei? Dime Yuuji, te calienta la idea de follarte a un profesor, ¿no es cierto? Confiésalo.

— Ya no eres mi profesor…

Entonces, si ya no soy tu profesor, llámame por mi nombre. Vamos, quiero oírte.

Itadori mordió su labio inferior cuando el movimiento de sus dedos se volvió más rápido, más brusco. El calor subía y subía en su cuerpo, sus piernas completamente abiertas mientras su torso se contoneaba sobre las sábanas revueltas desesperado por alivio y, si a eso le sumaba la respiración cada vez más agitada del otro podía intuir que aquello terminaría pronto.

Animándose un poco más, Itadori introdujo otro dedo más, ahora con mayor dificultad. Cuando se había acostumbrado a la nueva invasión, la fuerza de tres dedos era mayor que la de dos y pudo ir más profundo, gimiendo sonoramente mientras las penetraciones se volvían frenéticas a ese punto.

— Satoru...más adentro…

Por favor, ve más profundo, más rápido…

— S-Sí…

Yuuji, baja la voz, van a oírte…quiero escucharte gritar mi nombre, pero no es el lugar ni la hora.

— No puedo...no puedo contenerme…

Y en verdad no podía. Trató de hacerle caso pero el orgasmo estaba ya arañando su vientre y cuando quiso darse cuenta, tuvo que voltear y enterrar su rostro en la almohada para evitar que los sonidos indecorosos que surgían de su garganta acompañando a sus gemidos se oyesen a través de las paredes cuando el ansiado clímax lo arrolló sin piedad, las contracciones apretando sus dedos mientras oía la voz tomada, los gemidos cortos pero profundos de Gojo del otro lado del teléfono dejándolo aún más satisfecho.

Una sonrisa tonta adornó su rostro cuando su cuerpo se relajó completamente.

¿Te dormiste?

— Más o menos.— el susurro despertó a Itadori de su ensueño. Se había distendido tanto que, pasados unos minutos en los que ambos habían regularizado sus respiraciones, casi se había quedado dormido.

¿Ahora vas a poder dormir?

— Creo que sí. Sino, cualquier cosa te vuelvo a llamar.

La risa un tanto frívola de Gojo lo hizo sonreír aún más, tapándose con las sábanas abandonadas al pie de la cama y acurrucándose contra la almohada y la chaqueta. Suspiró, cerrando los ojos.

Estaré despierto por si me necesitas otra vez. Yuuji.

— Dime.

Vayamos despacio, ¿si? Más allá de tu necesidad...quiero que hagamos las cosas bien.

— Claro. Lo intentaré.

Lo intentarás.— un resoplido mezclado con una risa hizo que Itadori riera más dormido que despierto.— Ve a dormir.

— Te quiero, Satoru.

Aquello había salido en un susurro adormilado, ya incapaz de abrir los párpados. Sus dedos estaban soltando paulatinamente el teléfono sostenido entre su oreja y la almohada, el sueño y el alivio apoderándose de él. Itadori logró dormirse incluso antes de comprender lo que había dicho, su respiración volviéndose profunda y lenta.

— Yo también te quiero.

Satoru susurró aquello despacio por temor a despertarlo. Podía oír la respiración regular de Yuuji del otro lado de la línea y, desde su posición recostado en la cama, podía jurar que el sonido lo relajaba al punto de permitirle dormir a él también. Parpadeó un par de veces mirando el techo de aquel cuarto que si bien le era conocido, no le era familiar o tan amigable como hubiese deseado en esos momentos.

Al cabo de unos minutos, Satoru cortó la llamada con pesar. Le hubiese agradado oír a Yuuji durmiendo durante horas hasta que él mismo pudiese relajarse lo suficiente para dormirse, pero la culpa otra vez se adueñaba un poco de su mente. No iba a arrepentirse de lo que estaba haciendo porque Satoru tenía la idea de que si algo lo hacía feliz, era ese el camino correcto, y tenía la edad y la experiencia suficientes como para discernir lo que provocaban las hormonas y lo que era más real y duradero. Aún así, el camino parecía plagado de obstáculos, uno tras otros interponiéndose desde los dos lados.

¿Iba a poder realmente…?

Un golpe suave en la puerta de la habitación lo trajo de nuevo a la realidad. Ya sentado en la cama, levantó la mirada hacia el sonido sabiendo quién estaba del otro lado de la puerta.

— Adelante.

Intentó que su voz no sonara agresiva ni demasiado cortante, el tono más suave y ligero que encontró en esos momentos en su garganta. Aún así, la persona del otro lado tardó varios segundos en animarse y abrirla.

Un niño de unos 10 años lo miraba desde el marco de la puerta parcialmente abierta, su mano aún en el pomo de metal. Su cabello oscuro estaba un tanto largo y desordenado, sus ojos brillantes estudiando el interior del cuarto en rápida mirada. Ya traía puesto el pijama azul que Satoru le había regalado hacía relativamente poco.

El color le sentaba bien.

— Ya me voy a dormir.

— ¿Te ha bajado ya la fiebre?

— Si. La tía lo logró.

El niño sonrió tímidamente pero aún así no se animó a ingresar al cuarto. En ese momento, las palabras que Shoko le repetía hasta el hartazgo se reprodujeron en su mente otra vez. Él tampoco era capaz de levantarse y acercarse al niño que lo esperaba. Aguardaba aunque fuera una caricia, un beso, cariños que Satoru no podía o no sabía brindarle. Nuevamente, se odió a sí mismo.

En ese momento, en ese instante donde los sentimientos negativos se lo engullían mientras aquel niño aguardaba algo de su parte, Satoru recordó a Yuuji. Recordó su sonrisa, el sonrojo de sus mejillas. La empatía que el muchacho demostraba siempre incluso cuando muchas situaciones y personas lo habían decepcionado a lo largo de los años.

Y fue ese pensamiento el que logró se incorporara de la cama y caminase hasta la puerta; el niño abrió los ojos asombrado, su mano presionando con más fuerza el borde de la puerta. Una vez llegó frente a él, Satoru no lo pensó demasiado y extendió la mano hacia la cabeza del pequeño, revolviendo sus cabellos. El niño tardó varios segundos en reaccionar a lo que estaba sucediendo y, antes de que Satoru pudiese evitarlo, ya estaba abrazado a su cintura, el rostro suave enterrado en su vientre.

Acarició su espalda con cierta inseguridad; los brazos rodeándolo y el calor que emanaba el niño lo hacían sentir bien, pero otra parte de su mente le pedía que lo alejara. Frunció el ceño mientras acomodaba los cabellos largos, casi a la altura de sus hombros.

— Ahora deberías irte a dormir.

El niño levantó el rostro en su dirección, las mejillas sonrojadas y la sonrisa dibujada en su rostro. Eran tan parecidos, maldita sea…

— Sí. Buenas noches, papá.— Satoru acarició su rostro por última vez antes de empujarlo hacia su cuarto.

— Buenas noches, hijo.


...jajajan't