Qué alegría poder poner esta advertencia...
Disclaimer: el siguiente capítulo contiene sexo explícitO. No creo que nadie que ande por aquí no quiera leerlo, pero por si acaso...xD
Lo que había empezado como una simple risa derivada de las cosquillas que Satoru infringía adrede sin piedad sobre su cuerpo se había transformado en una carcajada bastante sonora que no había podido refrenar a tiempo, acompañada por la risa más discreta de Satoru, aún sobre su cuerpo.
— No puede ser, lo siento...no puedo parar.
Itadori se disculpó una y otra vez mientras las lágrimas anegaban sus ojos producto de la risa que no se detenía, su cuerpo convulsionando sobre el colchón mientras Satoru no perdía el tiempo y acariciaba, besaba y lamía su torso en franco descenso hacia su ropa interior; su risa mermaba con suspiros placenteros pero a los pocos segundos volvía a atacarlo con todo cuando aquellos dedos largos acariciaban la piel en el sector justo donde Itadori tenía cosquillas.
— Lo...lo estás haciendo a propósito, verdad. Deja de reírte tú también, quieres.— Itadori soltó aquello entre lágrimas antes que otro ataque de risa lo obligara a cubrir su rostro con las manos, el retumbar del cuerpo de Satoru producto de la risa del mayor haciéndole temblar las piernas.
— Yuuji, rompiste la cama. ¿Cómo no voy a reírme?
Y ambos volvieron a reír sonoramente, Itadori al borde del colapso.
— ¡Yo no rompí la cama, se rompió sola!.— un resoplido en medio de la risa lo hizo soltar una carcajada muda, ya sin aire, sus mejillas empapadas por las lágrimas.
— Ni que estuvieras borracho, ¿tanto te afecto?
— Pero...yo no...tú estabas sobre mi, también tienes la culpa…
Itadori inhaló profundamente soltando todo el aire retenido en un suspiro placentero, los dedos posándose en el dobladillo de su ropa interior y jalando hacia abajo con cierta brusquedad; no opuso resistencia cuando Satoru deslizó la prenda sobre sus piernas en un movimiento más lento de lo que podía soportar en ese momento, sus manos acariciando toda la piel que podía en el trayecto. Cuando su pie izquierdo fue liberado de la tela, Satoru separó sus piernas de forma delicada, casi como si estuviera pidiendo permiso.
Itadori aún tenía una sonrisa en su rostro listo para estallar en carcajadas de un momento a otro, pero la imagen que Satoru le devolvía robaba toda su atención de cualquier otro hecho a su alrededor; el mayor estaba literalmente entre sus piernas, su torso más amplio separando sus rodillas, sus labios acariciando la piel interna de sus muslos con una parsimonia que hizo suspirar a Itadori, mezcla de nerviosismo, ansiedad y regocijo. Hasta ese momento se había estado apoyando sobre sus codos para tener una mejor imagen, pero cuando sus brazos comenzaron a temblar a causa de la anticipación recostó su torso por completo al mismo tiempo que sentía una mano separando aún más una de sus piernas, levantándola en el aire.
Se dejó hacer, completamente relajado y entregado a lo que estaba seguro era lo correcto, lo natural. Las caricias y atenciones, incluso el peso de Satoru sobre el suyo se sentían perfectos, evidentemente uno complementario del otro. La naturalidad con la que sus pieles reaccionaban al contacto del otro aún seguía sorprendiendo a Itadori, sobre todo cuando Satoru realmente se ponía serio en ello y hacía las cosas con una lentitud que llegaba a alterarlo; volvió a soltar otro suspiro cuando la otra mano que no sostenía su pierna acarició su piel desde su pantorrilla hasta la cara interna de su muslo, arriba y abajo mientras su boca aún seguía entretenida en explorar cada milímetro de su otra extremidad. Con el pie levantado, acarició suavemente la espalda de Satoru e intentó atraerlo más hacia su cuerpo con la intención de nivelar alturas, de abrazarlo nuevamente; sin embargo, el Alfa parecía tener otro planes y rechazó el acercamiento tomando su pierna por el tobillo, frenando sus intentos y comenzando el recorrido de besos ahora desde allí.
— Vamos, ven.
— No, estoy muy cómodo aquí.
Itadori ahora susurraba con las mejillas sonrojadas como si de repente se hubiese percatado que alguien podía oírlos, su cuello en una posición un tanto incómoda observando los movimientos del otro. Verlo en aquella actitud tan seria y concentrada, la venda aún sobre sus ojos, su torso desnudo, sus manos sobre su piel en movimientos medidos y casi estudiados y su boca sobre la piel de su pierna despertaban tanto excitación como pena en Itadori; no era la primera vez que ambos estaban desnudos, pero siempre había sido debajo de las sábanas en la seguridad de la penumbra. Ahora, Itadori estaba completamente expuesto, desnudo sobre el colchón, las luces del cuarto encendidas.
Suspiró nuevamente, su cuello estirándose hacia atrás, sus ojos clavados en su cama. El colchón ahora estaba a un lado sobre el suelo, las sábanas desparramadas entre éste y la cama inclinada en una posición anormal. ¿Cómo había sido posible que, en un movimiento un tanto brusco que habían dado sobre ésta, una de sus patas de madera hubiese cedido y la cama literalmente se hubiese partido en dos? El estruendo y la caída habían sido lo suficientemente fuertes como para alertar a cualquiera pero, lejos de preocuparse, ambos no habían hecho más que reír por el accidente. Al final, la decisión más rápida y práctica para no interrumpir el momento había sido retirar el colchón hacia el suelo aún entre risas, Satoru echándole la culpa sólo para molestarlo…
...y la risa estúpida volvió, tentándose de nuevo.
— ¿Otra vez?.— el susurro de Satoru sobre su piel y el resoplido caliente de su respiración le hicieron saber a Itadori que estaba sonriendo al oírlo riéndose otra vez, lo cual sólo provocó más risa.
— Sí, sí. Otra vez.— su torso oscilaba producto de la risa que no podía contener. ¿Qué rayos le sucedía, para colmo en un momento así?
— Vas a tener que inventar una lucha interna con Sukuna porque no va a quedar muy bien que yo explique por qué se rompió tu cama, Yuuji.
Las palabras de Satoru dichas en aquel tono simpático cargado de sorna no hicieron más que hacerlo reír otra vez, pateándolo suavemente en el proceso; Satoru ahora sujetaba sus dos piernas sin ejercer demasiada fuerza, pero lo suficiente para que Itadori no pudiese moverse libremente.
— Vaya lucha interna.
— Aunque si alguien más viene aquí, tendrías que explicar por qué todo huele a mi ahora.
Itadori soltó una risilla complacida al oírlo, restándole importancia al asunto. En ese momento, Satoru jaló sus piernas y el cuerpo de Itadori se deslizó sobre las sábanas hacia él sin oponer resistencia. Un gemido se atascó en su garganta y su cuello se ladeó hacia atrás al sentir como aquellos besos cortos, aquella respiración caliente y sosegada se trasladaba a su entrepierna. Satoru lo estaba torturando a conciencia, besando sus caderas, sus ingles, la cara interna de sus muslos sin hacer contacto directo con su miembro; percibió como enterraba su nariz en su ingle derecha, inspirando y lamiendo.
— Les diré que...que aún hay lecciones que...Dios, Satoru…— un gemido placentero y ansioso escapó en un susurro cuando la lengua se trasladó un poco más adentro, apenas rozando su erección.
— ¿Decías?
— Que…
La lengua esquivó otra vez su miembro y descendió lentamente, ahora acariciando suavemente sus testículos; de forma inconsciente, Itadori arqueó el torso y separó más las piernas, dándole lugar sintiéndose expectante y avergonzado a partes iguales.
— No sé qué estaba diciendo…
— Algo de una lección.
— Ah...sí…
El sonido húmedo combinado con la parsimonia y paciencia que Satoru le estaba dando a aquellas atenciones le hacían desfallecer al punto de que no estaba pudiendo coordinar muy bien su cerebro, su lengua y su respiración. Sin previo aviso, la lengua cambiaba bruscamente de un curso lento a una caricia rápida, intensa y muy abarcativa haciéndole gemir sonoramente para luego volver a la cadencia tortuosa, las manos amplias sobre la cara interna de sus muslos otra vez, sus hombros chocando también contra sus piernas.
— Que aún tienes lecciones...lecciones para…
— ¿Darte?.— de repente, la lengua sí atendió a su miembro lamiendo toda su extensión de manera súbita, el cuerpo de Itadori estremeciéndose en el proceso.— Tengo muchas lecciones para darte todavía.
— ¿Cómo...como ésta?
— Ésta ya te la conoces. Un poquito.
Itadori volvió a relajarse sobre el colchón, su cuerpo convertido en un manojo de deseo y excitación explosivos mientras Satoru seguía atendiendo su entrepierna sin descanso, sin clemencia alguna para aquella piel tan sensible completamente entregada a su boca; los sonidos húmedos se volvían cada vez más intensos mientras los labios se unían a la lengua, ahora también succionando la piel entre su miembro, sus testículos y un poco más allá; la respiración de Itadori era cada vez más irregular conforme la cuestión subía de temperatura, sus gemidos casi incontrolables para ese momento.
— Te gusta, ¿verdad?.— la voz contenida de Satoru había perdido parte de su calma. Era grave, un tinte más íntimo filtrándose en su propia ansiedad.— Porque a mi me fascina. Tu olor, tu sabor. La manera en la que te estremeces, en la que estás gimiendo mi nombre me está volviendo loco, Yuuji.
— Tú...me estás volviendo loco a mi...Satoru, espera, yo…
A esas alturas, Itadori tendría que haber sabido que Satoru no sólo no acataba ningún tipo de orden, sino que tampoco se detenía un segundo a oír cualquier tipo de objeción causada por la vergüenza. Fue así que Itadori no pudo hacer más que relajar el cuerpo cuando percibió aquella lengua ir un poco más allá, las manos separando sus glúteos. Cubrió su boca con una mano más por el sofoco que le causaba aquella obscenidad que para contener el gemido opacado en su boca al sentir la caricia húmeda y caliente sobre su entrada, los movimientos circulares intentando provocar una pequeña invasión no haciéndose esperar. Poco a poco su cuerpo fue cediendo y relajándose, la lengua humedeciendo, lubricando, irrumpiendo sin pena alguna.
— Satoru…
— Déjame devorarte por completo, Yuuji…
— S-Sí...haz lo que quieras conmigo...por Dios…
Un gemido mezclado con un lloriqueo mal disimulado escapó de sus labios cuando la lengua penetró concienzudamente, moviéndose en su interior; sus piernas temblaron, su cuerpo entero cubierto de una fina capa de sudor mientras su torso se contorsionaba presa del placer, su rostro ardiendo mientras Itadori jalaba de sus propios cabellos, caliente y ansioso a la vez. La lengua embistió su cavidad una y otra vez sin tregua cada vez más rápido, más fácilmente conforme los músculos cedían y la dilatación le permitía ingresar más profundamente.
— Te...te necesito dentro, Satoru...ya…
— Estoy dentro, Yuuji. ¿No lo sientes?
Como si quisiera reafirmar sus palabras, Satoru introdujo su lengua bruscamente, lo más hondo que pudo, sus labios succionando en el proceso. Itadori gimió y un quejido anticipado se le unió después cuando percibió uno, dos dedos en su interior intentando acompañar a su lengua, su entrada completamente lubricada. Pronto, sus caderas acompañaron el movimiento rítmico que Satoru le había dado a sus penetraciones, aún de forma lenta y medida.
— No aguanto más, por favor…
— ¿Seguro? Aún puedes decirme que no.
— Ya te lo he dicho, te quiero aquí y ahora.
— Wow, qué exigente.
Por primera vez, Satoru había acatado una orden directa; los dedos se habían retirado de su interior y el mayor se había arrodillado entre las piernas de Itadori, levantándolas un poco más, doblándolas hacia delante. El cuerpo de Itadori era flexible y estaba lo suficientemente relajado para no sentir molestia por la flexión, pero la anticipación de saber qué sucedería a continuación lo puso un poco nervioso. Conteniendo un poco el aire, estudió todos sus movimientos.
— Mantén ahí.
Había soltado una de sus piernas e Itadori se concentró en hacer lo que le pedía sin mucho esfuerzo, la voz suave, el susurro contenido; el sonrojo de Itadori aumentó drásticamente cuando le vio manipulando su propio miembro, acercándolo y acariciando sus muslos, su entrepierna con él. Ahora que lo veía en comparación con el suyo era bastante grande y justo en ese momento se preguntó si aquello podría entrar tan bien como sus dedos…
— Te lo preguntaré de nuevo. ¿Seguro, Yuuji?
La voz tenía un dejo de provocación sensual que a Itadori no se le pasó por alto, incluso en el estado de enajenación en el que se hallaba. Separó los labios dispuesto a responder lo mismo, pero Satoru ya estaba presionando su miembro contra su entrada de manera suave, casi tentativa.; Itadori intentó relajarse lo más que pudo cuando la presión aumentó un poco más, y más, y más para luego alejarse y repetir la misma técnica de tortura.
— Seguro...sigue…
— Shh. Te lo dije antes, despacito.
Aún así, Satoru presionó un poco más y la presión se transformó en una leve incomodidad que Itadori ya había estado esperando, exaltándolo un poco al comprender que al fin su cuerpo estaba cediendo; se recostó completamente al tiempo que Satoru sujetaba de nuevo sus dos piernas por el hueco de sus rodillas por lo que dejó de esforzarse en mantenerlas a ambas parejas en el aire; así, la incomodidad se convirtió en una presión casi inaguantable, muy diferente a la de los dedos que lo obligó a contener el aire, concentrándose en relajar la parte inferior de su cuerpo.
— Respira, Yuuji. Suelta el aire. Ahora, inhala despacio. Eso.— Itadori mantenía los ojos cerrados mientras se dejaba guiar por sus palabras.— Ahora voy a salir, ¿si?
— No, espera, puedo aguantar un poco más…
En realidad, Satoru había abandonado su cuerpo lo poco que había podido entrar para ingresar nuevamente, ahora un poco más adentro; la sensación si bien había sido un poco molesta había cambiado sutilmente. Itadori no agregó más nada y Satoru repitió aquello una, dos, tres veces. Increíblemente, su cuerpo fue cediendo más rápido, la sensación incómoda y la presión reemplazadas por la impresión de percibirse cada vez más lleno. Los movimientos se repitieron varias veces más, Satoru demostrando una paciencia que Itadori no sabía tenía hasta que su cuerpo se fue acostumbrando a la invasión, un gemido sorpresivo y grato surgiendo de su garganta cuando Satoru lo embistió suavemente y sus caderas chocaron finalmente contra su trasero.
¿En qué momento lo había metido entero?
Llegados a ese punto, Satoru permaneció inmóvil mientras Itadori sopesaba la nueva situación, su cuerpo aún amoldándose; en ese momento soltó sus piernas y se animó a recostarse sobre su cuerpo, Itadori abrazándolo por la cintura y atrayéndolo con sus brazos rodeando su cuello.
— ¿Cómo te sientes?
— Bien, quiero decir...se siente bien.— ambos se hablaban en susurros, Itadori un tanto agitado mientras Satoru acariciaba su rostro con la nariz depositando uno que otro beso sobre sus labios.— Creo que...creo que puedes moverte, sí.
— ¿Sí?
Por primera vez desde que aquel encuentro había comenzado, Itadori oyó un gemido contenido en la garganta de Satoru cuando éste se había movido un poco, sólo un poco retirándose parcialmente de su interior; Itadori entrecerró los ojos al percibir una sensación ardiente que disminuyó cuando volvió a penetrarlo lentamente. Así, comenzó un vaivén cadente, contenido y sosegado que estaba enloqueciendo a Itadori.
— ¿Se siente bien, Yuuji?.— la voz de Satoru se oía ya bastante agitada sobre su cuello, donde se había instalado para lamer y morder su piel.— Dios, estás tan apretado…
— Se siente muy bien...por favor, ve más rápido…
Y así lo hizo. De repente, una embestida vigorosa hundió a Satoru completamente en su cuerpo; ambos gimieron y desde allí, las penetraciones se volvieron más rítmicas, más rápidas. Itadori tenía el leve presentimiento de que el colchón se estaba moviendo sobre el suelo producto de los golpes que Satoru ya estaba dando contra su trasero mientras lo embestía casi con agresividad; sus labios buscaron los del mayor en un intento por acallar los gemidos cada vez más sonoros, los sonidos más indecentes que no podía contener mientras se aferraba al cuerpo del otro. Satoru mordió la piel de su cuello, su barbilla, sus labios, los dedos de su mano entrelazados con los suyos apretando mientras arremetía con más ímpetu.
— No.
— Déjame quitarla.— Itadori bufó en medio de los gemidos cuando Satoru golpeó su mano mientras reía agitado por su fastidio. Había intentado retirar la venda de sus ojos sin éxito; cada vez que alcanzaba a tocar la tela, Satoru retiraba la cabeza de tal manera que le era imposible alcanzarla.— Vamos, déjame verte…
— Me estás viendo.
Las manos del Alfa se posaron sobre sus caderas sujetándolo en su sitio y comenzó a embestirlo tan fuerte que Itadori soltó más que un gemido, un grito ahogado cuando la excitación había alcanzado un nuevo nivel.
— Shhh, vas a lograr que Megumi venga de nuevo.
— Pero…
Una mano cubrió su boca cuando las penetraciones vigorosas se repitieron una tras otra, sus gritos ahogados mientras sus labios y lengua atacaban la palma; Satoru gemía sobre su oído mientras mordisqueaba su oreja y por el calor entre sus cuerpos, Itadori supo que pronto alcanzaría el tan ansiado clímax, la unión y satisfacción que había esperado experimentar junto a él.
— Yuuji...no voy a...aguantar mucho más…
— Yo tampoco...
Su voz había salido parcialmente amortiguada por la mano del otro, quien la retiró y encaró completamente, sus rostros casi pegados, sus respiraciones más agitadas que nunca; en ese instante, Satoru retiró su venda al fin, sus cabellos desordenándose aún más. Itadori creía estar delirando, pero sus ojos de un color imposible adornados por aquellas pestañas blancas parecían brillar con una luz propia. Lo miraba con amor, con abnegación y deseo y, en ese instante en el que alcanzó sus labios en un beso corto se preguntó si sus ojos eran capaces de reflejar esos mismos sentimientos en ese mismo momento.
— ¿Me dejas...me dejas acabar en tu interior, Yuuji?
La pregunta había salido en un susurro agitado, un dejo inseguro en su voz, la expectativa de una respuesta positiva brillando en su mirada. Itadori le sonrió con afecto, casi con adoración por la consideración que estaba teniendo con él.
— Claro...quiero que lo hagas, Satoru…
Satoru apoyó su frente sobre la suya y las embestidas no duraron mucho más; Itadori se aferró a su cuerpo, los gemidos que había intentado contener saliendo sin éxito quizás aturdiendo a Satoru por la proximidad de sus rostros al experimentar aquel éxtasis tan ansiado, su cuerpo convulsionando levemente debajo del mayor para luego relajarse mientras lo sentía acabando en su interior, sus gemidos graves volviéndose también más incontenibles y sonoros, sus respiración agitada, sus brazos temblando alrededor de su cuerpo.
Tardaron varios minutos en recomponerse; mientras tanto, Satoru se recostó sobre su cuerpo, el peso sólido del cuerpo ajeno aplastándolo placenteramente mientras Itadori aún abrazaba sus caderas con las piernas. Relajado como estaba, se dedicó a acariciar la espalda sin cicatrices, el cabello blanco desordenado; oyó a Satoru suspirar distendido mientras sus brazos rodeaban su torso en forma suave, acomodando su cabeza contra su pecho.
— ¿Te sientes bien?.— su voz grave espabiló a Itadori quien ya se había adormilado, sus dedos acariciando aún en forma inconsciente su cabello.
— ¿Bromeas? Claro que sí, fue genial.
— Estuviste fantástico, Yuuji.— las palabras carecían de cinismo y Yuuji sintió sus mejillas ardiendo.
— ¿Yo? No hice mucho que digamos.
— ¿Bromeas?
Satoru se incorporó apoyándose en sus codos, sus rostros nuevamente enfrentados; Itadori sopló los cabellos que cubrían su rostro, los ojos claros entrecerrándose mientras la sonrisa de ambos se ensanchaba.
— Tú lo hiciste todo, Yuuji. Gracias por confiar en mi.
Itadori no tenía que sentirse conmovido por sus palabras ni por el amor que Satoru depositó en forma de beso sobre su frente, su nariz y sus labios; aún así, se vio a sí mismo abrazándolo con fuerza casi al borde de las lágrimas, escondiendo el rostro en el cuello ajeno mientras inhalaba su aroma más intenso que nunca.
— Gracias a ti.— susurró con algo de pena contra su piel, el temblor de una leve risilla alertándolo.— ¿Qué?
— Me acordé de la cama.
— No puede ser.
¿Era posible que Itadori fuese a reírse de nuevo por lo mismo? Por supuesto que sí.
— Voy a tener que dormir en el piso hoy, ya debe ser tarde.
— En realidad...estaba pensando que podrías venirte conmigo. A mi casa, digo.
Itadori parpadeó un par de veces, recalculando. Tardó varios segundos en comprender lo que Satoru le estaba ofreciendo; miró su rostro en busca de alguna broma pero, contrario a lo que esperaba, la expresión del mayor era expectante, casi temerosa por la respuesta.
— ¿De verdad?¡Claro! Pensé que nunca me invitarías.
Satoru soltó el aire que había estado reteniendo y le sonrió, besándolo suavemente. Se relajaron uno sobre el otro unos minutos más y, cuando menos lo esperaban, el teléfono celular de Satoru comenzó a sonar dentro de su chaqueta olvidada. Al principio no le prestó atención, luego la insistencia lo obligó a incorporarse pesadamente. Con fastidio, rebuscó en los bolsillos y extrajo el aparato ruidoso. Su ceño se frunció al ver la pantalla, su boca curvándose en un gesto extraño que Itadori reconoció como fastidio.
Al final, había atendido la llamada.
— ¿Qué sucede? No, no estoy en casa. No, no puedo ir ahora. Mei Mei, no puedo.
Su tono de voz no era particularmente agresivo, pero Satoru comenzó a caminar dentro de la habitación mientras Itadori se sentaba sobre el colchón, curioso con la llamada.
— ¿Y qué quieres que haga? Para algo te pago, ¿no? Sí, ya sé que es mi...no, ya te dije que no. Arréglalo como puedas.
Y la llamada se cortó en medio de un bufido. A los pocos segundos, Satoru volteó hacia Itadori y extendió su mano para ayudarle a incorporarse del colchón; éste aceptó la mano y logró ponerse de pie sin problemas, su cuerpo ligero.
— Lamento eso.
— ¿Todo bien con Mei Mei?
— Sí, pero se pone pesada con algunas cuestiones.
Satoru pareció querer agregar algo más; Itadori reconoció el temblor de su mentón antes de cerrar la boca, el brillo de sus ojos antes de apartar la mirada. Iba a decir algo y a último momento se había arrepentido.
— ¿Nos damos un baño rápido? Aún es temprano, podemos…
— Dilo.
— ¿Qué?
— Lo que sea que ibas a decir, dímelo.
El tono de Itadori no fue rudo pero sí firme. Un silencio un tanto incómodo se instaló entre ellos mientras Satoru reaccionaba y comenzaba a juntar las prendas del suelo en completo mutismo seguido por la mirada de Itadori. Si Satoru era incapaz de hablar ahora, de confiar en él después de aquello, iba a…
— Hay...algunas cosas que tienes que saber. Sobre mi vida. Y no, olvídalo, no hay alguien más Yuuji, quita esa cara. Tú eres el único para mi.
Sin poder evitarlo, la expresión de su rostro se relajó pese a que sabía que Satoru no estaba con nadie más, su intuición se lo había dicho de un tiempo a esa parte. Satoru resopló y repentinamente se puso nervioso, causando más curiosidad en Itadori.
— Oye, no puede ser tan grave. Cualquier cosa, yo lo aceptaré.— le sonrió y acarició su rostro intentando darle ánimos mientras Satoru estudiaba su rostro, sus ojos.
Satoru tomó su rostro con ambas manos y se aproximó; sin embargo, no alcanzó a besarlo como Itadori había previsto. Simplemente se había limitado a apoyar su frente contra la de Itadori, sus ojos sobre los suyos.
— En realidad...es a mi a quien le cuesta aceptarlo.
— Suéltalo.
Satoru abrió la boca, luego la cerró. Finalmente, acercó sus labios a los suyos y los posó suavemente, Itadori suspirando dentro de aquel beso casi efímero.
— Yo...tengo un hijo, Yuuji.
Ya siento subir, más y más la adrenalina...
