¡Buenas! ¡Como siempre, muchas gracias por todo su apoyo!
Creo que es necesario que aclare esto antes de seguir xD en el Omegaverse a veces los Alfas pueden cambiar sus cualidades anatómicas en forma temporal o permanente cuando están en pareja con otro Alfa...para Satoru, Suguru iba a ser el definitivo y fue por eso que no tuvo ningún problema en hacer ese "sacrificio". Sigue siendo Alfa porque fue temporal...y vamos, ¿quién vio a Satoru activo de Suguru? xDDD no puedo imaginarmelo, PERDÓN SATORU. Sin embargo, seguro podían ser versátiles así que...mmm, pienso...
Bueno, sin más...acá vamos xD
— Ah, Fushiguro. Sí, estoy bien…¿por qué tendría que haberme sucedido algo malo?
Itadori caminó descalzo desde el living hacia las habitaciones sólo para cerciorarse que había cerrado la puerta del cuarto de Satoru y que la luz de la habitación que ocupaba Samuru siguiese apagada; luego, volvió casi en punta de pies hasta la cocina, cerrando la puerta corrediza lo más suavemente que pudo.
— ¿Por qué estás susurrando?
— Porque aquí están durmiendo. Es sábado, Fushiguro. La gente normal duerme los sábados por la mañana.
— ¿Están?¿No estabas con Gojo-sensei? Y no, la gente normal aprovecha los sábados a la mañana para hacer cosas productivas.
— Bueno, tienes razón. Sí, estoy con él.
Al decir aquello, Itadori se sonrojó pese a que Fushiguro estaba del otro lado de la línea y no podía ver la reacción ante sus palabras; cada vez que recordaba que su compañero había participado de la pelea ridícula que había tenido con Satoru el día anterior y que luego probablemente había oído...bueno, se había sonrojado todavía un poco más, aún en la seguridad de aquella cocina amplia e impoluta.
— ¿Entonces?
— ¿Entonces, qué? .— un resoplido del otro lado de la línea lo confundió mientras se arrodillaba para abrir una alacena buscando una sartén.
— Déjalo. ¿Qué quieres?
— Ah...bueno...esto puede sonar extraño, pero…¿anoche soñaste con Sukuna?
— ¿Qué?
— Quizás el que estaba soñando era yo, pero me dio la impresión de que...bueno, eso. Sukuna anoche hizo algo raro y no sé qué fue.
— ¿Y por qué piensas que yo soñé con él si está en tu cuerpo?
— Porque él estaba pensando en ti cuando cambiamos.
El silencio del otro lado de la línea tendría que haber sido revelador para Itadori, quien detuvo su búsqueda implacable de los platos. ¿Habría por allí condimentos? Ni siquiera se había fijado si había harina...quizás tendría que dar vuelta toda la cocina para saber si debía ir a la tienda…¿a qué tienda, si no conocía la zona? Suspiró, dando unos pasos y estirándose para abrir otra alacena. Sonrió cuando descubrió un paquete de harina abierto.
— ¿Fushiguro?
— Ah...sí, sigo aquí.
— ¿Y bien?
— ¿Y bien, qué?
— ¿Has soñado con él, o se te ha aparecido?
— ...No.
— No te creo, has demorado mucho en contestar.
— ¡Pero…!
— Mira, lo que quiero saber es si estás bien, es todo. Parecía bastante molesto cuando caí al suelo, pensé que podría haber…
— ¿Te caíste al suelo?
— Me caí de la cama.
— Itadori, ¿cómo te caíste de la cama?
Itadori sonrió al oír la risa de Fushiguro en el teléfono. Eran raras las ocasiones donde el otro sonreía, mucho más cuando reía.
No había vainilla. Ni leche.
Suspiró, derrotado.
— Ya te digo, Sukuna estaba ahí y no sé qué sucedió pero rodé y bueno, Satoru no alcanzó a sostenerme.— otra vez se sonrojó al notar con la naturalidad con la que se le había escapado aquello.— Ah, Fushiguro…
— Qué.
— Sobre lo de ayer…
— Detestable. Itadori…
El aludido oyó una serie de sonidos extraños que indicaban que Fushiguro efectivamente estaba al borde del colapso intentando refrenar lo que probablemente eran insultos, regaños y advertencias. Finalmente se limitó a suspirar, derrotado.
— No voy a decirte que está mal...porque en realidad no me importa. Tú sabes lo que te hace feliz y Gojo-sensei ya no es nuestro profesor, así que tampoco deberían tener problemas.
— Ah...yo...
— Aún así…-— una interferencia en el celular le hizo saber que Fushiguro lo había presionado más contra su rostro, farfullando.-— Él sabe que no estás tomando los supresores, ¿verdad?
— Bueno…
— ¡Itadori!
Lo cierto es que la única persona que conocía aquella información y la razón verdadera de la suspensión prematura de aquellas píldoras malditas era Fushiguro; con culpa, le había dicho a Ieiri que se había sentido mejor y que las compraría él mismo sin despertar sospechas en la mujer...y bueno, si bien en un principio no había confiado del todo en la palabra de Sukuna y había estado a punto de contarle a Satoru sobre aquella charla, el paso de las semanas le habían demostrado que no corría real peligro y el tiempo había pasado sin que recordara realmente el tema.
Ahora que Fushiguro lo traía a colación, cierta inseguridad y ansiedad subió por su garganta al darse cuenta que el día anterior ninguno de los dos había usado protección alguna. Sin embargo, Sukuna le había dicho que aquello no podía suceder mientras compartieran cuerpo, además no estaba en celo...no debería haber ningún problema, ¿verdad?
— Sukuna me dijo…
— ¿Realmente confías en él?
— No.
— ¿Entonces?
— Bueno, no estoy en celo, ¿verdad? No debería haber problema, ¿no es así?
— No te confíes. No sabemos realmente cómo se comporta tu cuerpo, ten cuidado.
— Lo sé, lo siento.
— No te disculpes contigo, hazlo contigo mismo. Y estoy bien.
— ¿Qué?
— Que estoy bien, no me sucedió nada anoche.
— ¡Ah, así que…!
La puerta corrediza se movió a sus espaldas y por la impresión Itadori casi lanza el tazón en donde estaba mezclando la harina, la sal y el polvo para hornear, los únicos ingredientes que no habían estado escondidos. Al voltear volvió a respirar al percatarse que se trataba de Samuru; el niño se había quedado en el marco de la puerta sonriéndole como disculpa, saludándolo con la mano. No se le pasó por alto que ya estaba cambiado, el cabello mojado. Itadori le sonrió y le devolvió el saludo haciéndole señas para que ingresara en la cocina. Haciendo el menor ruido posible al notar que estaba en una llamada, Samuru pasó rápido detrás suyo y se sentó en la mesa, celular en mano.
— Lo siento, no hay leche...ah...no sé qué sueles desayunar, lo siento.-— susurró Itadori alejando el teléfono de su rostro. Ya se había disculpado dos veces en la misma frase producto de los nervios.
— Eso, leche.-— Itadori torció el gesto, apesadumbrado, mientras el niño reía.-— Podemos ir a comprar después, en la esquina hay una despensa.
Ambos susurraban como si estuvieran compartiendo un secreto, sus rostros bastante cerca.
— ¡¿De verdad?! Estoy salvado.
— ¿Con quién estás hablando, Itadori? Esa no es la voz de Gojo-sensei.
— Ah...te llamo después, Fushiguro. Me alegra saber que estás bien.
— Pero...Itadori, tú…
— ¡Adiós!
Había sido grosero colgar de repente, pero Itadori ya había pasado demasiados momentos incómodos en menos de 24 horas como para sumar una explicación más que no sabía si tenía derecho a dar. Apenas se había quedado como un idiota mirando la pantalla, sintió a Samuru jalando de sus pantalones, aún sentado en la silla. Desvió la atención hacia él, acercándose un poco más. El niño se limitó a rodearlo con sus brazos y presionarlo contra su cuerpo, un calor extraño recorriendo a Itadori mientras acariciaba sus cabellos húmedos.
— También me gusta tu olor. Es dulce.
— ¿Ah sí? Bueno, tu papá me dijo lo mismo.
— ¿Sí?
Samuru afianzó un poco más el abrazo y, en ese momento, Itadori se preguntó qué clase de crianza había recibido ese niño. Una muy buena en cuanto a tutores y disciplina seguro, pero…¿habría recibido el amor que un niño de su edad merecía? Le parecía que no, sobre todo por lo rápido que se había encariñado con él. Itadori no quería sentir pena, pero el sentimiento se atascaba en su garganta porque le recordaba un poco a su propia infancia en donde sólo había estado su abuelo, la mayor parte del tiempo enfermo.
¿Estaría bien que el niño se aferrara a él tan rápido, tan intensamente? Itadori no tenía problema alguno con ello porque había sentido una conexión casi inmediata con Samuru apenas lo había conocido y le parecía que a él le había sucedido algo similar; sin embargo, no se le escapaba el hecho de que en menos de dos días tendría que volver al colegio y Samuru probablemente a casa de Mei Mei. No quería que se ilusionara demasiado si iban a estar así de separados…
— ¿Vamos?
— Sí, tú me guías.
Itadori tendría que haber sabido que aquello era en parte una trampa; aún así, no le molestó que apenas salieran de la casa y comenzaran a caminar hacia la despensa, Samuru comenzara a bombardearlo a preguntas de todo tipo, incluso dentro del local atontando y distrayendo a Itadori en su búsqueda de los ingredientes faltantes.
— ¿Cuántos años tienes?
— Cumplo 18 la semana que viene.
— ¡¿En serio?! ¿Qué día?
— El jueves, creo. El 20.
— Oh…¿podremos vernos?
La pregunta descolocó un poco a Itadori mientras intentaba sostener la leche, el pan y más huevos que había comprado, por si acaso.
— Puedo pedirle a la tía o a papá que me lleven si tu no puedes salir.- agregó rápidamente al ver su sorpresa.
— Bueno, después le preguntamos a tu papá...no creo que haya problema.
— ¡Genial! ¿Papá aún es tu maestro?
— ¡No! Quiero decir, hace años que ya no lo es.
— Ya veo…¿y ya te gustaba cuando lo conociste?
Itadori jadeó cuando las preguntas se volvieron más complicadas, maniobrando y alzando la vista en las diferentes góndolas. ¿Dónde rayos estaba la vainilla y el aceite? Samuru tomó su mano libre intentando llamar su atención.
— No, comenzó a gustarme después.
— ¿Cuándo?
— Ah...no lo sé, a principios de este año, tal vez.
— ¿Te pidió salir?
— No, fui yo el que...bueno, eso.
— ¿Eso?¿Cómo?
¿Por qué Itadori se complicaba la vida siendo tan sincero? No tenía por qué entrar en detalles de cómo había sucedido todo porque si lo hacía, iba a ahondar en temas que un niño de 11 años no tenía que escuchar todavía.
— Fui yo el que le pidió salir a tu papá.
— ¿Cómo fue?
— Bueno…¡ya es suficiente de mi! Cuéntame algo de ti.
— ¿Qué quieres saber?
El niño pasó por alto su intento de cambiar de tema y no agregó más nada, sonriéndole ansioso. Aquello parecía un interrogatorio y un juego a ver quién hacía más preguntas en menos tiempo.
— ¿Qué día cumples años?
— 22 de abril. Falta mucho.
— No falta nada. Lo recordaré. ¿Qué sueles hacer cuando estás en casa? Vas al colegio, ¿verdad?
— Bueno…
Itadori por un momento pensó que había tocado algún tema sensible cuando Samuru hizo una pausa por primera vez, pensando. Luego, inhaló profundamente mientras seguían moviéndose por la despensa y comenzó.
Había confundido inseguridad con elección del tema. Samuru no sabía por dónde empezar a hablar.
— Iba a un colegio privado hasta hace un par de años que papá discutió con la tía Mei Mei y decidieron ponerme tutores particulares. Es un poco aburrido pero al menos termino rápido con eso y puedo jugar. El hermano de la tía a veces me acompaña, cuando está en casa. ¿Sabes? Pasa algo raro entre ellos, pero no sé que es porque…
Y siguió, y siguió. Pasaba de contarle los últimos juegos que había probado - con trama incluida - a la última película que había visto con el hermano de Mei Mei al que Itadori no tenía el placer de conocer. Finalmente, cuando halló la maldita vainilla y pudo finalizar las compras, Samuru le estaba dando un discurso acerca de todos los movimientos de su propio padre, al menos los que conocía.
— ¿Vives con papá?
Ya sabía que no iba a dejarlo en paz.
— No.
— ¿Vienes seguido?
— Ah...a veces.-— no iba a decirle tampoco que la primera vez que había dormido en aquella casa él mismo había insistido en buscarlo.
— ¿Van a vivir juntos?
— N-No lo sé, quizás sí, más adelante.
— ¿Van a tener hijos?¿Yuuji?
Itadori jadeó presionando las bolsas del mercado, las llaves temblando en sus manos intentando abrir la puerta, asombrado por el desparpajo que tenía aquel niño para preguntar ese tipo de cosas.
— ¿Quieres que abra yo? Estás muy cargado.
— Sí, por favor.
Al menos, le había perdonado la pregunta sin contestar.
Cuando ingresaron a la casa e Itadori se dispuso a acomodar lo que habían comprado, vio el reloj de pared. Las 9:15 AM.
— ¿Papá aún no se levantó?
— Creo que no.
— Qué raro, no suele dormir tanto. ¿Quieres que lo despierte?
— Nah, déjalo dormir.
Cuando se había levantado aquella mañana, Satoru aún estaba profundamente dormido y apenas se había acomodado cuando él había abandonado la cama. Se preguntó cuándo había sido la última vez que había dormido varias horas seguidas. Samuru sonrió mientras ayudaba a Itadori a terminar de guardar las cosas en la nevera.
— Mejor, más tiempo para nosotros. ¿Te ayudo?
— Claro.
Y así, Itadori se dispuso ahora sí a preparar el desayuno. De buen humor, se había despertado enfocado y decidido a hacer algo casero para los tres. Samuru resultó ser un ayudante excelente que parecía saber bastante de cocina y, en tiempo récord, los panqueques ya estaban formando una torre un poco inestable en distintos platos. Mientras Itadori freía un poco de tocino, la puerta volvió a correrse detrás suyo.
—¿A qué hora se levantaron? Ni un sábado pueden quedarse quietos.
— Tú te has quedado dormido.
— No son ni las 10.
Itadori sonrió al verlos reñir amistosamente. Satoru literalmente acababa de levantarse, los pantaloncillos con los que dormía aún puestos, su cabello disparado en todas direcciones. Sin importarle su apariencia, se sentó en la mesa al lado de Samuru mientras el niño se acercaba a él como lo había hecho con Itadori. Por el rabillo del ojo y mientras evitaba que la comida se le quemara, el Omega observó sus movimientos temiendo que lo rechazara, pero suspiró aliviado cuando lo vio atrayéndolo con un brazo hacia su torso.
— Huele bien.— agregó Satoru mientras Itadori terminaba de freír el tocino y los huevos en tiempo récord, llevándolos a la mesa.— Has salvado el día, Yuuji.
— Es sólo un desayuno, tenía ganas de…
"de cocinarles" quedó a medio camino, la frase sin acabar. Cuando Itadori había depositado el último plato en la mesa y había por fin revoleado el delantal sobre una silla, su cuerpo se vio arrastrado con fuerza entre los brazos de Satoru. Por el movimiento brusco perdió el equilibrio y cayó sentado sobre las piernas del otro, el rubor subiendo hacia sus mejillas cuando el Alfa lo mantuvo cautivo en un abrazo firme; torció el cuello para observar la reacción de Samuru, pero el niño aún seguía luchando con el envase de la leche.
— Oye, ¿qué haces?.— susurró Itadori aferrándose a los hombros de Satoru con su propio brazo devolviéndole el gesto.
— Te extrañé.— contestó también en un murmullo suave, su voz parecida a un ronroneo cuando su nariz se pegó a la piel de su cuello, luego ascendiendo hasta su barbilla.
— Siempre estuve aquí.
Itadori sonrió y buscó sus labios en lo que pretendía fuese un beso corto; sin embargo, Satoru parecía tener otros planes cuando sus brazos presionaron su cuerpo acercándolo un poco más, su lengua invadiendo su boca. El Omega intentó frenar su impulso pero le fue prácticamente imposible, satisfecho también con el contacto íntimo. Itadori suspiró dentro del beso relajándose mientras rodeaba el cuello de Satoru, acariciando sus cabellos…
— Yuuji, ¿me ayudas? ¿Papá?
El Omega saltó en su sitio al oír la voz de Samuru detrás suyo separándose casi en el acto como si Satoru repentinamente le quemara; éste se limitó a reírse por su actitud, aún sin soltarlo.
— Bienvenido al mundo de los hijos, Yuuji.— susurró sin aire, aún riéndose de su sonrojo.— A ver, pásame ese envase, Samuru. ¿Por qué no lo abres con energía maldita?
— Toma. Porque no la uso para todo.
Itadori observó como Satoru luchó ahora con el envase sin demasiado éxito con él aún sentado sobre su falda, ¿aquello era inviolable? Mientras tanto, Samuru se había acercado y había abrazado a Itadori por la espalda pasando su cabeza debajo de uno de sus brazos para observar la batalla, ambos parpadeando cuando un tic nervioso apareció en el ojo del Alfa. Finalmente, había dejado la maldita botella sobre la mesa y la tapa había salido propulsada con fuerza, volando lejos. La botella tembló así como también lo habían hecho los cubiertos culpa de la energía maldita desmedida que había utilizado.
— Gracias.— el niño tomó la botella y la trasladó hacia su sitio en la mesa mientras Itadori se incorporaba, ya más repuesto.
— La próxima vez ábrela tú, ya estás grande.
— ¡Sí!
— Oye, no seas tan duro con él.
Mientras comenzaban a desayunar, Satoru desvió la mirada interrogante hacia Itadori; éste se limitó a fruncir el ceño y cerciorarse que Samuru estaba entretenido con el desayuno y el celular como para oírlos.
— Ni siquiera cumplió los 11, Satoru. No lo atosigues.
— Yo no lo atosigo, Yuuji.— pese al tono ofendido, Itadori había dado en el blanco cuando notó que Satoru se había sentido un tanto incómodo con su comentario.— A esa edad, yo estaba por lograr ya la expansión territorial.
— Qué mentiroso eres.
— Es la verdad.
— Nadie puede hacer eso con 10 años, Satoru.
— Bueno, yo sí.
— Entonces, ¿por eso vas a cometer los mismos errores que cometieron contigo?
Satoru había dejado de comer y ahora sí tenía toda su atención en Itadori. Por la expresión de su rostro supo que había ido demasiado lejos intentando convencerlo de que dejara al niño tener una infancia tranquila hasta ingresar al colegio de hechicería; no sabía si había sido el silencio o el cambio en la atmósfera pero Samuru dejó de lado su teléfono mirándolos a ambos alternativamente.
Finalmente, Satoru suspiró con expresión derrotada y siguió comiendo. Itadori también suspiró, al borde de la disculpa.
— Mira, yo…
— Como ya sabes.— lo interrumpió Satoru aún masticando y llevándose otra porción de panqueque aún más grande a la boca.— Somos tres grandes clanes. Históricamente, todos han intentado asesinarse entre sí utilizando todos los recursos posibles. ¿Te da la impresión de que el clan Zenin o el clan Kamo se conmoverían al ver a un niño de 10 años antes de asesinarlo?
Itadori frunció el ceño incómodo con el cariz que había tomado la conversación. Ahora comprendía el punto de Satoru...no era exigencia, sino supervivencia. Su mente fue más allá e imaginó una escena nefasta en donde Samuru hubiese caído en alguna trampa, sin Mei Mei ni Satoru para ayudarlo. Un escalofrío recorrió su cuerpo al pensar en que probablemente matarlo iba a ser lo de menos.
— Lo siento, realmente...no lo había pensado.— Satoru le restó importancia a su pesadumbre.
— No pasa nada, pero no quiero que se encuentre en una situación en donde no sepa defenderse. Además es mi único hijo y no hay más miembros en la familia, estamos fritos.
— ¿No vas a tener hijos con Yuuji?
Otra vez.
Itadori tendría que haber sabido que no se la iba a dejar pasar...encima ahora con el padre...procuró disimular su ahogo bebiendo un sorbo de café, quemándose la lengua en el proceso. Pequeñas lágrimas surgieron de sus ojos pero lo aguantó, conteniendo la respiración.
— ¿Tú le dijiste eso, Yuuji?
— ¡Pero no!
Nuevamente, el rubor cubrió el rostro entero de Itadori ante la mirada de los dos. Volvió a tomar otro sorbo de café, poniéndose peor.
— Yo no he dicho nada como eso.
— Oh…¿no quieres?.— la mano de Satoru sostuvo la suya por encima de la mesa, su tono de voz cambiando sutilmente. Itadori detectó decepción y por un momento se sintió morir.
— Yo no dije eso...pero…
— Papá, te está llamando la tía.
— Y ahora qué quiere.
Salvado literalmente por la campana del teléfono. Itadori soltó el aire que había estado reteniendo mientras terminaban el desayuno, Satoru peleando nuevamente con Mei Mei por cosas fuera de contexto que Itadori apenas comprendía; luego, como si hubiese tomado impulso, hizo un par de llamadas más y se peleó con otras personas que él no conocía, probablemente hechiceros del otro colegio. Samuru y él terminaron levantando la mesa mientras lo oían reírse de alguien dos cuartos más allá, volviendo a discutir.
— Voy a terminar la tarea, ¿me ayudas, Yuuji?
— Claro, deja que acomodo un par de cosas y…— ¿él no tenía deberes? Tendría que haberle consultado a Fushiguro más temprano.
Samuru partió rumbo a su cuarto e Itadori se quedó acomodando algunas cosas en la cocina; luego, como si estuviese en piloto automático con los últimos temas de conversación aún rondando su mente de forma demasiado insistente se dirigió al baño, un tanto aturdido.
Claro que quería tener hijos algún día; nunca se había planteado seriamente la posibilidad pero ahora aquello parecía más...real, más probable que sucediera. Había bastantes cosas que aún tenía que hablar y resolver con Satoru pero ya se sentía bastante seguro de su relación con él, por lo que su mente se dejó llevar un poquito más.
Quería darle hijos...pero al mismo tiempo, recordó lo que Satoru había dicho incluso en presencia de Samuru. Le costaba hacerse a la idea de que sus hijos fueran el blanco de ataque de otras sectas sólo por una cuestión de poder, y se vio a sí mismo viviendo atormentado por la posibilidad de un sólo descuido, de una mísera distracción…
— ¿Qué haces, Yuuji?
La risa de Satoru lo sacó de sus pensamientos rápidamente; ni siquiera lo había visto venir por detrás a través del espejo del baño. Incluso había cerrado la puerta y no lo había oído. Itadori volteó hacia él sorprendido intentando centrarse y borrar aquellos pensamientos de su mente, pero Satoru se le adelantó presionándolo contra la bacha del baño, capturando sus labios en forma más impetuosa que antes. En la seguridad de aquel cuarto, Itadori se aferró a su cuello y lo atrajo un poco más obligándolo a agacharse hasta su altura; ambos suspiraron cuando sus manos se colaron debajo de la ropa ajena tanteando, reconociendo la piel del otro.
— Yuuji...ahora soy yo quien te necesita…— el susurro cargado de intención contra su oído hizo suspirar a Itadori mientras buscaba sus labios otra vez.
— Olvídalo. Tu hijo está ahí afuera y me pidió que lo ayude con la tarea.
— Está jugando en el cuarto, tiene instalada la play ahí también. No nos interrumpirá.
— Pero…
Una mano traviesa se metió en sus pantalones acariciando su trasero, hundiendo los dedos largos y firmes. Itadori se dejó hacer, más convencido por sus propias ansias que por lo que le había dicho Satoru. Al final, las camisetas volaron de sus cuerpos y la situación empeoró, sus pieles calientes buscando el contacto ajeno casi con desesperación.
Y antes de lo que hubiese esperado, Itadori se encontraba de espaldas a Satoru, los brazos apoyados sobre la bacha del baño, un sonrojo de los mil demonios en el rostro cuando Satoru jaló violentamente de sus pantalones y su ropa interior, los dedos ansiosos invadiendo su cuerpo con parsimonia.
Se descubrió a sí mismo en la difícil tarea de reprimir aquellos sonidos indecentes tapando su rostro con la toalla cuando se sintió húmedo, listo para el otro. Al cabo de unos minutos de tortura, Satoru volvió a luchar con su ropa, liberando sus piernas y alzando una sobre aquel pobre lavatorio y la cuestión se puso seria.
Con la misma paciencia de la noche anterior, Satoru ingresó en su cuerpo lentamente, entrando y saliendo paulatinamente dependiendo de las reacciones de Itadori, sus manos sujetas al mueble cuando sus piernas comenzaron a temblar; luego, las penetraciones se volvieron más veloces y vehementes e Itadori tuvo que hallar un equilibrio entre evitar que sus gemidos se oyeran y no caer en el intento. De pronto, un gemido demasiado intenso escapó de su garganta cuando Satoru se había introducido con violencia en su cuerpo, las embestidas volviéndose más implacables e impetuosas.
— Shhh...va a oírte…
Satoru hablaba con esfuerzo, agitado y en murmullos. Entre eso y el ruido que producía el cuerpo de Itadori chocando contra el mueble le había costado bastante entenderle pero, aún así, mordió la toalla cuando otro quejido placentero se dejó oír, imposible de suprimir. Quizás había sido la situación en sí y el componente del peligro inminente, pero Itadori no tardó mucho más en llegar al orgasmo; entre espasmos, Satoru tuvo que sostenerlo para que su cuerpo no cediera y siguió embistiéndolo un poco más hasta que él mismo había llegado al orgasmo, llenándolo completamente.
Y en medio de la enajenación mental que el placer físico le había provocado, Itadori recordó la conversación con Megumi, un nudo instalándose en su estómago.
— Ah...Satoru…
— Dime.
Itadori ahora estaba aferrado a su cuello, el rostro sonrojado y hundido sobre su piel mientras el Alfa limpiaba entre sus glúteos lo que había sobrado, en palabras del mayor. Se abrazó un poco más al otro, inseguro de continuar por temor a su reacción.
— ¿Yuuji?
— Yo...ah...no estoy tomando los supresores.
Un breve momento de silencio se instaló entre ellos mientras Satoru terminaba de acomodar un par de cosas, se sentaba en el retrete y acomodaba a Itadori sobre él, mirándolo a los ojos. Con temor, el Omega buscó en su mirada algún signo de fastidio o indignación, pero sólo encontró confusión y preocupación.
— ¿Por qué?¿Shoko no te los había dado?
— Sí, pero me generaban muchos síntomas, me la pasaba vomitando...quise cambiar, pero...bueno, no te enojes conmigo.
— No estoy enojado.— Itadori estudió su rostro antes de continuar. Ahora que lo expresaba en palabras otra vez se sentía un poco tonto por haber confiado en el otro tan rápido.
— Sukuna me explicó que esa descompostura se debía a su presencia y que nunca iban a hacerme el efecto deseado. Los dejé de tomar y no volví a sentir más nada.
— Y tú le creíste.— una sonrisa se extendió por el rostro de Satoru, una de burla. Itadori golpeó su hombro sonrojándose otra vez.— Eres la persona más ingenua que conozco, Yuuji. Seguiste el consejo de una maldición de categoría especial que está desesperada por ocupar tu cuerpo.
— Bueno...pero tenía razón.
— Eso no lo sabes. Existen casos donde se producen embarazos fuera del celo, Yuuji.
— ¿De...De verdad…?
— Ajá.
Satoru atrajo al Omega por la cintura besándolo suavemente. Itadori se sentía un poco cohibido y preocupado por lo que el otro acababa de decir. No lo habían hecho una, sino dos veces sin ningún tipo de protección...pero Sukuna le había dicho que aquello no era posible…
— Sukuna me dijo también que no podía embarazarme mientras su energía maldita estuviese allí. De alguna manera, le creo. No me preguntes por qué.
— Bueno, tú eres quien mejor lo conoce. Más allá de eso...estamos de acuerdo en que este no es el mejor momento para pensar en un niño, ¿verdad?
— Claro que estamos de acuerdo.
El resoplido de Itadori hizo gracia a Satoru; se besaron más tranquilamente, Itadori recargando su peso en el otro. Estuvieron así varios minutos en donde sólo se besaban y acariciaban, relajados.
— Primero, tengo que pelearme con medio mundo para que nos dejen en paz. Segundo, tú tienes que terminar el colegio. Luego ya veremos.
— Claro.
— Ahora, Yuuji, sino te molesta...levántate, se me durmieron las piernas.
— No peso tanto.
— Sí, sí lo haces.
Pelearon amistosamente un rato más hasta que ambos se incorporaron listos para salir del baño como personas decentes. En ese momento, Itadori recordó la pelea del día anterior y frenó el intento de Satoru de salir del baño ante la mirada atenta de éste.
— Yo...no te dije lo que hablé ayer con Nanami.
