¡Buenas!
Primero que nada y como siempre, muchisimas gracias por todo el apoyo que me dan. Aunque no conteste todos los mensajes, sepan que los leo xD me hacen el día y me llena el alma así que ¡muchas muchas gracias!
Voy a aclarar dos grandes dudas que vi reflejadas en los comentarios antes de pasar al capítulo 13:
- ES SATORU EL QUE TUVO A SAMURU, NO SUGURU.
- NO, ITADORI NO ES UN VIENTRE MALDITO. Cuando surgió esa teoría yo ya había escrito esto hacía más de un mes, así que no gente xD
Ahora sí, prosigamos.
Marzo. Abril.
Mayo, Junio, Julio.
Diciembre. Enero. Febrero.
El año se había pasado literalmente volando, casi al punto en el que Megumi no podía concebir todo lo que había sucedido en esos meses.
Aún ya a fines de febrero hacía bastante frío; acomodó su bufanda y caminó hacia su habitación. No tenía hambre y se sentía bastante agotado. Acababa de volver el día anterior de una misión con Kusigaki y aún no se había terminado de recuperar.
Cuando estuvo frente a su habitación, miró la puerta contigua por el rabillo del ojo. La luz apagada, el cuarto prácticamente vacío.
Hacía 3 meses que Itadori ya no dormía allí.
Al ingresar a su habitación suspiró recordando el escándalo que se había armado poco tiempo después de que Megumi descubriera su relación con Gojo. El escándalo lo había armado él, por supuesto; de una día para el otro y como si se le hubiese zafado el último tornillo que tenía sujeto en la cabeza, había anunciado que la misión especial a la que le habían enviado había sido un chasco, que el dedo de Sukuna no había estado allí y que estaba cansado de tener que interceder para evitar la pena de muerte reiterativa e inminente de Itadori…
...por lo que había anunciado que el muchacho ya no participaría del colegio en forma activa, lo cual tampoco resultaba demasiado dramático porque ya estaban en su último año; casi no había clases teóricas porque mayoritariamente todo se reducía al trabajo en terreno y Gojo se había asegurado que Itadori trabajara con él. Al menos, en medio del caos que se había generado luego cuando a Itadori se le había escapado que en realidad se iba a vivir con Gojo porque presentía que su celo estaba próximo - descubriéndolos a ambos - el muchacho había aclarado que no perdería contacto con ellos y había mantenido su palabra.
Aún así, cada vez lo veían menos. Megumi se preguntó cuándo había sido la última vez que se habían visto…¿tres, cuatro meses? Itadori se había limitado a comentarle que en realidad no había tenido mucho tiempo libre y que el hijo de Satoru le absorbía la mayor cantidad de tiempo en el que no estaba en alguna misión. La situación era infernalmente surrealista: Itadori se había puesto en pareja con un profesor que básicamente se había peleado y amenazado a medio mundo mágico para que no los molestaran y del que encima estaba criando a su hijo. Megumi había sabido de la existencia de Samuru de mucho antes porque conocía a Gojo desde pequeño y, pese a que el mayor no solía hablar de su hijo con él, al menos conocía parte de la historia.
Y así, los meses se habían sucedido uno tras otro en una paz un tanto sospechosa. Nadie había atentado contra la pareja y Gojo seguía asistiendo al colegio como si nada hubiese sucedido obviando totalmente el hecho de que prácticamente había raptado a un alumno. Raptado, porque cada vez que alguien mencionaba a Itadori con el objetivo de verlo, Gojo se tornaba sutilmente agresivo y reticente, tanto como si de verdad lo estuviese escondiendo y resguardando del resto.
Alfas estúpidos y territoriales.
Él ya conocía bastante bien sobre aquello, lo había aprendido a la fuerza en aquellos meses y la conducta de Gojo incluso parecía pacífica a la que él tenía que someterse, porque aquellos sueños se habían repetido; primero en forma espaciada, luego semanalmente hasta el punto en el que Megumi se preguntó si la cosa se volvería diaria de un tiempo a esa parte.
Al final, le había dado a Sukuna el permiso que él tanto ansiaba y lo había sabido aprovechar bastante bien. Se sorprendió que en algunas ocasiones, la maldición sólo quería conversar con él y comentarle acerca de los avances de aquello que Gojo estaba haciendo y que nadie comprendía muy bien. Megumi sabía que el mayor había mentido sobre lo del dedo y éste estaba en su poder, y todo aquello lo había sabido por el mismo Sukuna. Itadori no había sido demasiado claro cuando se lo había cuestionado, dando una evasiva tras otra para no responder directamente acerca de aquello; ya había dado por sentado que su compañero sabía que Sukuna solía visitarlo en el plano onírico y como ninguno de los dos quería tocar el tema, la cosa había fluido bastante bien.
Hasta hacía unos días, porque la paz nunca había sido una opción en la vida de Megumi.
Fastidiado, descubrió que pese a que aún era invierno y estaba abrigado como para salir al polo norte, al ingresar al cuarto tuvo que comenzar a arrancarse la ropa por el calor que estaba teniendo; aún con solos los pantalones se encontraba tan acalorado que decidió darse un baño con agua fría pese a correr el riesgo de resfriarse.
Pero antes de ingresar a la ducha, tomó un supresor más de los que debía en ese día. No había sacado bien la cuenta pero estaba seguro que en menos de 24 horas iba a tener otro celo más, ya el segundo en el año. Preocupado mientras el agua golpeaba su cuerpo y calmaba su estado calamitoso, revisó mentalmente si aquello le había sucedido alguna vez aún sabiendo que la respuesta era negativa; era la primera vez en su vida que aquel ciclo hormonal se repetía en menos de dos meses cuando lo normal en su cuerpo eran al menos unos cuatro meses de diferencia.
No quería admitirlo abiertamente pero estaba seguro que Sukuna tenía que ver con aquello. ¿Cómo era posible que un Alfa que lo frecuentaba solamente en sueños fuese capaz de alterarlo de aquella manera? ¿Tan fuertes eran sus feromonas para alterarlo de aquella manera? Probablemente sí, porque no encontraba otra explicación. Cuando despertaba ni siquiera había rastro alguno en su cuerpo que indicara que un Alfa había estado en contacto con él, no podía ser que su ciclo se alterara de aquella manera tan ruin…
A lo que sin embargo, pese al bochorno que le generaba admitirlo, lo ponía ansioso y expectante. Durante aquellos períodos de necesidad era cuando realmente podía estar a gusto con Sukuna sin ningún tipo de contratiempos y nerviosismo; luego de aquella primera vez, había tardado dos semanas más en animarse a darle nuevamente su permiso para ingresar a su lugar seguro durante sus sueños...y el Alfa no había mentido en cuanto a sus atributos físicos. Con asombro y por qué no, con satisfacción, había descubierto que sus fantasías se habían quedado cortas. Sukuna no era un hombre del doble de su tamaño, podría decir el triple; alto y fornido, se había hallado rodeado casi en el acto por cuatro brazos fuertes y robustos, aquellas garras afiladas arañando su piel en forma suave, pero firme. Megumi había estado seguro que se despertaría con rasguñones por todo el cuerpo pero tampoco había sido el caso…
...y sus ojos, sus malditos ojos. Los cuatro de un rojo carmesí lo habían observado de manera tan o más lujuriosa que antes, la ansiedad contenida en la mirada. Megumi se había sentido satisfecho cuando su cuerpo se había posado sobre el suyo, entre sus piernas. Recordó lo difícil que había sido incluso separarlas lo suficiente para que semejante bestia pudiese acomodarse allí, el peso sofocándolo mientras había percibido su lengua húmeda y caliente atacando sus hombros y su cuello, otra humedad incómoda pero también excitante más abajo…
...donde había descubierto que Sukuna, en efecto, tenía más de una lengua. Sin embargo, no se había imaginado que ésta se hallara en otra boca que tenía sobre el vientre…
Al rememorar aquello le fue imposible evitar que su cuerpo reaccionara positivamente al recuerdo aterrador de descubrir que Sukuna no había mentido ni exagerado en nada cuando le había afirmado también que poseía dos miembros, los dos lo suficientemente grandes como para dudar seriamente que siquiera uno de ellos pudiese hacerse lugar en su interior, por mucho que aquella lengua…
Suspiró bajo el agua, su mano acariciando la erección que pedía atención; hacía sólo unos días que Sukuna lo había visitado en sueños pero solamente habían hablado sin ninguna actividad de por medio. Megumi se había sentido vergonzosamente decepcionado, pero también había comenzado a valorar aquellos momentos donde aquel sujeto bajaba un poco la guardia y, pese a que seguía teniendo una personalidad salvaje y sanguinaria, Megumi se había hecho la ilusión de que con él era algo diferente. No podía negar que, comparando los encuentros que había tenido con él en la vida real y sumando los relatos terroríficos de todas las catástrofes y asesinatos que había cometido utilizando el cuerpo de Itadori, Megumi podía afirmar que con él era casi tierno.
Megumi no era estúpido. Sabía que Sukuna era una maldición de categoría especial y que no podía esperar nada bueno de él aún aunque él le hubiese permitido profanar su cuerpo en sueños; aún así, el Omega se había hecho a la idea preparándose psicológicamente de que Sukuna dejaría de frecuentarlo o ya no demostraría la paciencia que le había tenido en cuanto atravesaran el primer celo juntos desde el momento del comienzo de aquellos encuentros, pero se sorprendió de descubrir que, lejos de tratarlo diferente, su conducta incluso había ido mejorando, visitándolo cada vez con mayor frecuencia y comportándose incluso de manera afectuosa con él.
Por lo que su mente le había jugado la peor de las pasadas y había cometido el error fatal de encariñarse con él. Cuando se percató de eso había cerrado la conexión y el permiso que le había dado al Alfa al menos por un mes, pero de nada había servido; Sukuna lo había terminado convenciendo con la paciencia que lo había caracterizado todo ese tiempo y Megumi había cedido más por un sentimiento propio de necesidad que por las palabras del otro.
Y allí había sido el momento en el que también descubrió que lo extrañaba.
Más idiota no podía haber sido. Al primer Alfa que había demostrado tenerle paciencia y un cariño que no sabía si era sincero porque aún conservaba muchas dudas, le había abierto su mente, incluso su corazón. Poco a poco había ganado confianza y Sukuna lo había notado, volviéndose incluso más apegado a él.
Sin embargo, aquello no podía tener un final feliz para ninguno de los dos. Su relación era realmente prohibida, no como la de Itadori. Lo de ellos era circunstancial y podía resolverse con el pasar del tiempo, lo suyo no. Sukuna nunca iba a dejar de ser una maldición, una criatura malévola por muchas atenciones que le brindara y, lo más importante y nefasto...era que tenía el tiempo contado.
Megumi sabía que Sukuna tenía los días contados; lo había sabido en el momento en el que Itadori había ingresado al colegio bajo la condición de consumir los 20 dedos de la maldición para luego ser ejecutado, circunstancia que con el tiempo parecía haberse ido modificándose más por presiones de Gojo que por un cambio real de las autoridades. Aún así, sabía que era cuestión de tiempo para que hallaran ya el último dedo...y todo habría acabado.
¿Por qué carajos se había…?
Por supuesto, en algún momento le había expresado aquellas dudas y aquel pesimismo a Sukuna con la intención de cortar aquello por lo sano. Sin embargo, la reacción del Alfa había sido todo lo contrario a lo que él hubiese imaginado: lejos de preocuparse o fastidiarse por aquella cuestión, le había asegurado a Megumi que aquel era un tema menor, que no debía preocuparse por nimiedades, que él tenía la cuestión prácticamente resuelta. Pese a la insistencia de Megumi, Sukuna siempre había terminado el tema tajantemente sin querer revelar más información, lo que había llevado a Megumi a pensar lo peor.
Chasqueó la lengua frustrándose con sus propios pensamientos. La excitación inicial se había desinflado en su mente y sólo se limitó a que el agua hiciese su trabajo, enfriando su cuerpo. Salió de la ducha con la mente hecha un desastre y el calor aún abrasando su piel. No podía ir a cenar en ese estado, tampoco tenía hambre…
Así como estaba, sólo con la ropa interior, se recostó en la cama exhausto. Resopló, hastiado de aquella incertidumbre que no le permitía conocer a ciencia cierta cuándo iba a presentarse su celo luego de que su ciclo hormonal se descompaginara de aquella manera…
— Llegué justo a tiempo.
Megumi abrió los ojos al oír aquella voz grave pero sutil contra su oído. La habitación estaba en penumbras, pero él recordaba haber dejado las luces encendidas antes de recostarse en busca de un poco de alivio a su cuerpo…
De repente y antes de que pudiese ubicarse dentro de su paisaje onírico, un jadeo estrangulado se atoró en su garganta, la respiración entrecortada y rápida. Volvió a jadear rodando sobre la cama, el calor alcanzando un punto insoportable en su cuerpo; y no era sólo eso, le dolía todo, más que nada su vientre. Toda su piel estaba cubierta de una fina capa de sudor y aquello no hacía más que aumentar más, y más y más...al igual que la humedad latente entre sus glúteos llegando ya a ensuciar la parte superior de sus muslos.
No podía ser, aquella maldita necesidad…
— Shhh, tranquilo. Estoy aquí para ti.— de repente, Megumi sintió un peso extra sobre el colchón y supo que Sukuna había ingresado sin problemas a su refugio privado.— No llores, ya estoy aquí.
Megumi se descubrió a sí mismo jadeando sin poder articular palabra alguna porque la garganta no se lo permitía, seca como su lengua, su boca entera. La voz suave de Sukuna lo arrullaba, lo consolaba al mismo tiempo que su aroma tóxico lo llenaba todo, saturando sus fosas nasales y empeorando aún más su situación. ¿Se había quedado dormido en el acto, o habían pasado algunas horas y su necesidad se había manifestado más tarde con la misma potencia con la que lo hubiese hecho si no hubiese tomado los supresores?¿Itadori se había dormido tan rápido, cómo era posible que…?
— No pienses en esas tonterías, piensa sólo en mí, Megumi.
Sin previo aviso, su ropa interior había sido literalmente desgarrada, el sonido de la tela rompiéndose mientras los jirones se desprendían de su piel dejándolo completamente expuesto; sabiendo lo que se avecinaba y teniendo en cuenta que en esas condiciones Megumi no podía siquiera pensar, separó las piernas sin siquiera esperar a que Sukuna se lo pidiera. Oyó la risa profunda del otro y su visión se enfocó finalmente en aquella penumbra que en realidad le permitía ver.
Sukuna lo observaba con una mezcla de deseo y anticipación que encendió más a Megumi, suspirando. Aquella bestia de cuerpo imposible se acomodó entre sus piernas, aquella boca sobrecogedora en su vientre relamiéndose mientras Sukuna lo aplastaba con su peso, las piernas de Megumi cediendo a su gran tamaño. Pronto, sus bocas hicieron contacto en forma casi desesperada mientras Megumi se aferraba a su cuello, la lengua escurridiza del otro invadiendo su boca por completo en forma avasallante sin que pudiera seguirle el ritmo, aquella otra lengua monstruosa mojando su vientre, incluso hasta su entrepierna.
Mientras Sukuna lo sujetaba con sus brazos firmemente por sus caderas, Megumi sintió la invasión de más de un dedo en su interior despertando en él un gemido ronco de anhelo, de frustración; Sukuna volvió a reír y Megumi no pudo evitar sonreír al conocer el motivo de su gracia.
— Estás tan listo para mí...ni siquiera necesito prepararte...aún así…
Su voz parecía un ronroneo grave cuando su boca atacó su cuello, lamiendo y mordiendo; el torso de Megumi se arqueó ansioso cuando Sukuna descendió por su cuello hasta su torso, sus dientes afilados clavándose en su piel, en sus pezones. Aquella otra lengua había encontrado la posición ideal entre sus glúteos, limpiándolo completamente en forma ávida, sedienta de lo que Megumi tenía para ofrecerle; pronto estuvo en su entrada, dentro de ella dilatando aún más mientras absorbía todo aquello que surgía de su cuerpo sin que Megumi pudiese controlarlo, los gemidos sonoros y atormentados por la exasperación, la necesidad de que el otro lo llenara por completo.
— ¿Puedo?
— Por favor…
Sabía que la pregunta había sido retórica, sólo con el objetivo de ofuscarlo y burlarse de su lamentable estado; aún así, Megumi se sintió en la necesidad de suplicar algo que iba a ocurrir inevitablemente. Aquella lengua fue reemplazada por el miembro duro, inmenso para él. Aún así y pese a la ansiedad que Megumi sufría cada vez que aquella cosa se posaba sobre su entrada, Sukuna lo penetró sin dificultades ingresando casi por completo en su cuerpo, llenándolo. No tardó demasiado en comenzar a moverse en su interior de manera rápida, embistiéndolo casi con salvajismo cuando Megumi se aferró a las sábanas, su cuerpo friccionándose contra el colchón, contra la piel de Sukuna.
No tardó mucho en llegar al primer orgasmo, un lloriqueo mezclado entre jadeos y gemidos haciéndole llorar de placer. Mientras su cuerpo se enfriaba parcialmente y su respiración se regularizaba un poco, Sukuna aprovechó para lamer cada centímetro de su cuello, incluso su rostro; al cabo de unos segundos Megumi buscó su boca, la saliva de ambos entremezclándose al tiempo que un nuevo jadeo se perdía dentro del beso, el cuerpo de Megumi arqueándose contra Sukuna nuevamente mientras su miembro aún seguía en su interior.
Sin mediar palabra, Sukuna volteó bruscamente y sin esfuerzo su cuerpo sobre la cama dejándolo boca abajo; como pudo y sabiendo lo que se avecinaba Megumi intentó relajarse mientras se aferraba a la almohada al tiempo que Sukuna levantaba sus caderas separando otra vez sus piernas.
— Estás realmente listo para mí, Megumi.
Nuevamente, Megumi percibió la invasión sin esfuerzos; ésta vez, sin embargo, las penetraciones eran más lentas, contenidas, desesperándolo. Lo torturó durante algunos minutos mientras Megumi impulsaba las caderas hacia atrás intentando aumentar la velocidad de sus movimientos, sin éxito. Sukuna lo tenía sujeto, sus uñas clavándose en la piel de su cintura reteniéndolo en su lugar.
Y fue en ese momento que lo percibió; Sukuna había salido casi por completo de su cuerpo y una nueva presión se instaló allí. Megumi inspiró profundamente, reteniendo el aire mientras sentía como aquel segundo miembro intentaba penetrarlo. La cuestión fue más dificultosa pero aún así, Sukuna lo logró. Megumi separó las piernas lo más que pudo sintiendo que iba a partirse en dos, aquellos dos penes de tamaño un tanto inhumano penetrándolo al mismo tiempo. En otras circunstancias, aquello incluso lo habría matado, pero ahora…
Era como estar en su propio paraíso. Incluso para Sukuna.
Lo oyó gruñir mientras se impulsaba más en su interior. Pronto, las embestidas se hicieron más rápidas mientras las piernas de Megumi temblaban dependiendo completamente del agarre del Alfa para no sucumbir a su peso y a las sensaciones, su rostro enterrado en la almohada mientras se sentía desfallecer producto del placer.
Como siempre lo había sabido, Sukuna no podía compararse a ningún ser humano vivo.
— Si esto no fuese un sueño, ten por seguro que te preñaría ahora mismo.— su voz sonaba agitada mientras Megumi ladeaba el rostro para intentar hacer contacto visual con él.— Te llenaría de hijos.
— Inténtalo…
La provocación directa encendió aún más a Sukuna quien aceleró el ritmo de sus penetraciones; Megumi llegó a un orgasmo explosivo, luego a otro, y otro más. Sukuna no tenía descanso y sus miembros parecían recuperarse incluso más rápido que él, llenándolo por completo cada vez que acababa en su interior.
Megumi rogaba no despertarse en un buen rato, bajo ninguna circunstancia.
Sólo esperaba que Itadori se hubiese literalmente desmayado por el cansancio y nada ni nadie interrumpiera su sueño, porque de él dependía su estabilidad actual.
E Itadori no iba a despertar en un buen rato, Satoru lo sabía.
Cada día, cada semana y cada mes que pasaba, Yuuji dormía durante más horas, incluso en horarios inusuales. Al principio, Satoru lo había atribuido al cambio en su rutina; no sólo se había ido a vivir con él antes de tiempo sino que entre las misiones y Samuru, Yuuji tenía la agenda más que completa. El niño lo absorbía tanto o más que él y pese a que aquello no le convencía demasiado, Yuuji parecía feliz con el nuevo rol que él mismo se había impuesto.
Luego, se dio cuenta que aquel cansancio aumentaba conforme Sukuna iba separándose paulatinamente del alma de Yuuji. Aquello parecía requerirles a ambos más energía maldita de la que Yuuji podía controlar y manejar y lo resolvía literalmente durmiendo más de la cuenta; Satoru sabía que ya a esas instancias, Sukuna no podría desprenderse del todo de Yuuji, pero aún así debía lograr la mayor independencia posible para que pudiese ocupar el nuevo cuerpo que tendría que ocupar en algún momento creado en base al último dedo que había conseguido meses atrás.
Y Satoru jamás imaginó que aquella mierda fuese tan complicada de lograr. Pese al desagrado que le había producido, había necesitado ayuda externa para terminar de concretar un plan demasiado ambicioso que no podría concluir sólo.
Porque lo había sabido desde un principio: si quería cambiar las cosas como estaban actualmente, no podría hacerlo solo. Necesitaba aliados, gente de poder que estuviese de su lado.
Con ese pensamiento en mente, caminó por aquella calle poco concurrida ya a aquellas horas de la noche; hacía frío y la mayoría de los locales ya estaba cerrando. ¿Por qué tenían que encontrarse allí, en un lugar público donde cualquiera podría verlos y cagarlo todo?
Porque así era aquel ridículo que lo había citado, y como a Satoru sólo le importaba el bienestar de Yuuji no había puesto ninguna objeción siempre y cuando aquello valiera la pena. Con un poco de remordimiento, recordó que lo había dejado durmiendo en su cama dándole la orden directa a Samuru de que no interrumpiera su sueño. Desde que había comenzado aquella rutina, Satoru había revisado incansablemente la energía maldita de Yuuji en busca de anomalías sin hallar nada extraño, incluso le había pedido a Shoko que lo examinara también. La mujer tampoco había descubierto nada extraño, sólo que las hormonas del Omega parecían estar estabilizandose paulativamente sin razón alguna.
Lo que le indicaba que aquello sí estaba funcionando.
Ingresó al local suspirando y guardándose las maldiciones para sí mismo cuando lo vio sentado en una mesa alejada. Aquel tipo levantó la mirada cuando oyó la puerta abriéndose, el local vacío. Le sonrió como saludo, Satoru torciendo el gesto mientras se acercaba y se sentaba frente a él, las manos aún en los bolsillos.
— Qué puntual.
— Terminemos rápido esto, Suguru. O debería decir, Kamo.
El rostro de Getou Suguru lo observó aún sonriendo, tal vez divertido por su fastidio. Satoru desvió la mirada hacia la ventana mientras percibía una pesadez extraña en el estómago deseando salir de allí cuanto antes.
— Bueno, ¿por dónde empezamos?
Jujuju...
Hoy solo actualizaré un sólo capítulo pero no se preocupen, el finde lanzo el 14 xD
¡Nos leemos!
