"Para que Ryomen Sukuna esté de nuestro lado no sólo necesitamos la conexión que tiene con Yuuji, sino también a Fushiguro Megumi. Tenlo en cuenta."
A Satoru le había costado bastante controlarse durante aquella reunión clandestina y ridícula que tranquilamente se podría haber solucionado con una llamada telefónica corta y escueta. Por supuesto, no iba a tener tanta suerte; Kamo estaba decidido a joderlo en todo lo que estuviese a su alcance y si tener que ver el rostro de Suguru siendo utilizado por aquel ser detestable era una de esas cosas que podía llegar a molestarle, bienvenido sea.
Para semejantes aliados no necesitaba ningún enemigo, de hecho.
Había intentado presionar a Kamo para que se explayara acerca del por qué Megumi también debía ser parte de todo aquello; no es que a Satoru le fastidiara realmente porque iba a incluirlo de una u otra manera, lo menos traumática y suave posible...pero ahora estaba un poco preocupado por el hecho de que aquel hechicero maldito no sólo supiese de su existencia sino que también estuviese interesado en él, porque poco se tragaba que aquello tuviese que ver directamente con Sukuna.
¿Por qué Sukuna querría algo de Megumi? Aborrecía ponerse a pensar que algo se le estaba escapando porque siempre había estado atento a todo detalle, sobre todo de las personas que le importaban. ¿Acaso Megumi le estaba ocultando algo, Yuuji lo sabría? No podía creer que el Omega supiese algo acerca de aquello y no se lo hubiese comentado...pero la indignación rápidamente se le desinfló cuando recordó que Yuuji ni siquiera sabía sobre aquella reunión a tan altas horas de la noche ni el propósito de la misma.
Suspiró deteniendo sus pasos en una callejuela deshabitada. Quizás desde allí podría aparecerse directamente hasta su casa, no tenía ganas de caminar ni de conducir, harto.
"¿Yuuji sospecha de algo?"
¿Cómo carajos iba a utilizar un grado de hechicería tan avanzado, si cada vez que recordaba como aquel sujeto había usado con total desparpajo el nombre de su pareja le hervía la sangre? Claro que Yuuji no sospechaba de nada porque sabía parcialmente lo que estaba sucediendo; era tan ingenuo y confiado que luego de saber que Satoru podía cumplir su deseo de dar una solución satisfactoria tanto para él como para Sukuna, lo había dejado todo en sus manos casi sin preguntar qué era lo que estaba haciendo y cómo, aunque Satoru se lo había explicado parcialmente. Incluso le había dicho que aquel proceso iba a tardar meses por lo que ambos iban a tener que tener paciencia, hecho que no iba a ser un problema considerando que ya convivían hacía cuatro años.
Sin embargo, el por qué, la pregunta más complicada de responder...justo esa, Yuuji no la había hecho, muy probablemente porque había pensado en que Satoru actuaba completamente basado en el interés personal del Omega...cosa que era totalmente cierta. La seguridad y felicidad de Yuuji siempre habían estado primeras sin importar qué, de eso no había duda alguna. Si Satoru supiera o sospechara que aquello podría traerle algún riesgo real a Yuuji, hubiese cortado absolutamente todo por lo sano, sin arriesgarse.
Pero todo lo que veía por delante eran beneficios pero como todo, el fin justificaba los medios y Yuuji no necesitaba un estrés más en su vida actualmente.
Suspiró, tranquilizándose. Se preguntó si Yuuji aún seguiría durmiendo; se había recostado luego de cenar algo rápido porque prácticamente se había dormido en la mesa. Satoru había sabido desde un principio que aquel iba a ser un efecto indeseado de la separación con Sukuna simplemente porque Yuuji no manejaba tanta energía maldita como él; ya se había acostumbrado al equilibrio con la maldición de categoría especial y en muchas ocasiones incluso había utilizado sus poderes, por lo que la suspensión de éstos le estaba afectando a nivel físico más que emocional. Si bien se veía más cansado, aquello al menos no había afectado su calidad de vida y Satoru podía respirar en paz, al menos actualmente.
Si Yuuji aún estaba durmiendo...podría acostarse sin más, no tenía más nada que hacer ese día. Se imaginó a sí mismo en la comodidad de la cama que ya había adquirido el aroma dulce y embriagador de Yuuji, cada día más intenso y adictivo...sí, podría permitirse descansar, incluso, tal vez, si Yuuji despertaba y se encontraba de ánimos…
Con ese pensamiento esperanzador en mente pudo realizar el hechizo correspondiente; al ingresar a su casa, lo primero que notó es que todo estaba a oscuras. La cocina, el living, incluso el corredor que daba a las habitaciones no sólo estaba en penumbras sino también silencioso. ¿Samuru ya se había dormido también? Caminó a paso lento sacando el celular del bolsillo. Por debajo de la puerta de su cuarto había una tenue luz, quizás...
La 1:33 AM.
¡¿En qué momento se había hecho tan tarde?!
Chasqueó la lengua mientras guardaba el teléfono en sus pantalones; al llegar a la puerta del cuarto que compartía con Yuuji, se quitó los zapatos, la chaqueta y la venda de sus ojos. Antes de abrir, dio un paso al costado y se dirigió a la habitación de su hijo para cerciorarse que todo estuviese bien; aquel mocoso solía trasnochar cuando ellos no estaban o se descuidaban en sus horarios, por lo que le resultaba demasiado extraño tanto silencio viniendo de su cuarto…
Porque claro, no estaba allí. Satoru había encontrado la puerta del cuarto entreabierta, las luces apagadas; cuando encendió la luz del techo, la cama aún estaba hecha y sin rastros de Samuru.
Y por supuesto, parte del buen humor con el que había llegado se había evaporado. Resopló más cansado que antes, apagó la luz y caminó hacia su propia habitación, abriendo despacio para no hacer ruido.
La escena frente a sus ojos no le generó el sentimiento negativo que él había imaginado. Cuando supo que su hijo no estaba en su cuarto, la única opción posible lo había decepcionado un poco porque quería estar a solas con Yuuji; aquellos días habían estado un poco movidos para ambos y apenas se habían podido ver, coincidiendo más que nada de noche y a destiempo. Sin embargo, ver a Yuuji profundamente dormido con una de sus camisas puesta de pijama y a su hijo abrazado a él en las mismas condiciones llegó a ablandarlo a un punto que no creía posible. Los observó un rato en silencio desde el marco de la puerta; luego, acercándose a la luz de la lámpara para tener mejor visualización y ángulo, sacó su teléfono celular e hizo justicia a la escena. Grabó y sacó un sinfín de fotografías desde diferentes ángulos, satisfecho con su trabajo.
Y al cabo de unos minutos, ya se había quitado la ropa y puesto sólo los pantalones del pijama, ingresando suavemente entre las sábanas. Ambos se removieron en sueños mientras Satoru los cubría con las sábanas, aún observándolos dormir; acarició la cabeza de su hijo y luego se animó a acercarse un poco más envolviéndolos a ambos con un brazo, atrayéndolos.
Yuuji frunció el ceño entre sueños, abriendo los ojos finalmente. Parpadeó un par de veces y tardó varios segundos en evaluar su situación; parecía sorprendido de que Samuru estuviese allí, pero presionó al niño aún más contra su pecho mientras se aproximaba a Satoru buscando sus labios.
— No sé en qué momento se pasó de cama. Me re dormí.— Yuuji sonrió a modo de disculpa mientras Satoru buscaba el hueco de su cuello, olfateando y embriagándose con sus feromonas.
— Nunca se pasó, vino a dormir directamente aquí.— pese a que lo había susurrado, su voz grave hizo remover a Samuru entre los brazos de Yuuji, aún dormido.— Lo consientes demasiado, por eso hace esto.
El Omega se estiró bajo las sábanas, desperezándose; volvió a buscar los labios de Satoru pese a que ello conllevara aplastar a Samuru entre ellos. Yuuji rió cuando el niño bufó y se dio la vuelta, aferrándose ahora a Satoru.
— ¿Te molesta que duerma con nosotros?
— La verdad, sí.— Yuuji entrecerró los ojos mientras Satoru torcía el gesto.— Ya está grande para esto, Yuuji.
— Una noche, nada más.
— No es la primera ni va a ser la última. Lo sabes.
— Pero...no vas a moverlo ahora, ¿no?
— Yuuji…
Samuru se removió otra vez entre sus brazos justo cuando la mano que Satoru tenía posada en la espalda de Yuuji había ingresado debajo de la prenda acariciando su piel y ganándose un suspiro por parte del otro. Satoru volvió a suspirar, rodando los ojos y escalando un poco más en su mal humor.
Era despiadado, pero tampoco tanto.
— Última vez, Yuuji.
— Lo prometo.
— No prometas cosas que sabes no vas a poder cumplir. Buenas noches.
— Pero...buenas noches.
Satoru estiró el brazo y apagó la luz de la mesita de noche, depositó un beso en la frente de Yuuji y los abrazó a ambos, cerrando los ojos al fin.
¿Por qué se molestaba si probablemente él había provocado aquello con su repentina ausencia?
Aún molesto consigo mismo y con la situación, sus párpados pesaron lo suficiente como para levantarlos y ver si Yuuji ya se había dormido de nuevo; su hijo suspiró y se estiró entre ellos, removiéndose en el espacio reducido; se había movido tanto entre ellos que al final se había abrazado al cuello de Satoru, jalando hacia abajo...y Satoru ya no tenía energía suficiente para sacárselo de encima y voltear pese a la posición incómoda en la que había terminado, para colmo alejado del cuello de Yuuji…
Abrió los ojos y los cerró instantáneamente, frunciendo el ceño más molesto que nunca.
La luz del sol le había estado dando de lleno en el rostro y había sido eso lo que había estado fastidiándolo todo el tiempo; volteó dándole la espalda a la ventana mientras hacía un revoltijo con las sábanas, repentinamente acalorado. Resopló y se acomodó boca abajo dispuesto a seguir durmiendo…
Estiró ambos brazos sin chocar contra nada en la extensión de la cama. Volvió a abrir los ojos, su mente en blanco. Como pudo, se arrastró hasta la mesita de noche y tomó su teléfono olvidado allí.
Las 12 del mediodía.
Las doce. Del...mediodía.
Incluso ahora que lo veía en la pantalla tenía varios mensajes y llamadas perdidas; revisó rápidamente para cerciorarse que ninguna fuese de urgencia. ¿Es que acaso ni eso había oído? Al comprobar que se trataban de tonterías rodó otra vez quedando de espaldas, cubriéndose el rostro con el antebrazo, bufando.
Aquello se había vuelto una costumbre. Desde que Yuuji se había mudado con él, Satoru había invertido el ritmo normal de su sueño; "normal" significaba no dormir más de 4 horas seguidas, si es que lo hacía. Se había acostumbrado a realizar algunas misiones durante la noche y de día se encargaba de la parte administrativa y del colegio y como se había habituado desde joven a ese insano estilo de vida...nunca pensó que aquello pudiese cambiar tan repentinamente.
Debería haberse alegrado de que Yuuji y su aroma en su cama le generaran tanta paz que lo dejara dormir tantas horas de corrido, pero últimamente se había transformado en una especie de competencia por ver quién de los dos dormía más, el niño de por medio.
Pero una cosa es que durmiese varias horas seguidas y tranquilo, y otra muy diferente que ni siquiera lo despertaran. Podía esperarlo de Samuru, pero Yuuji…
Jadeó, manoteando el teléfono otra vez. Era viernes.
Viernes. No era el maldito fin de semana, tenía que ir al colegio. Se golpeó la frente y dio la vuelta otra vez en la cama. Bueno...no iba a ser la primera vez que faltara a una de las clases de primer año, seguramente Yaga ya se había hecho cargo de su ausencia. Efectivamente, al revisar entre los mensajes había una amenaza del director del colegio y un aviso de que se haría cargo de sus faltazos por última vez, y más cháchara acerca de la responsabilidad y la soberbia que no tenía ganas de ponerse a leer.
Se sentó pesadamente en mitad de la cama, ofuscado. Se había dormido mal y se había despertado peor, no sólo de mal humor sino que además sentía la contractura formándose en su hombro derecho. Mientras iba y venía por el cuarto buscando las cosas que había dejado tiradas aquí y allá, oyó la voz de Yuuji hablando con alguien más, probablemente uno de los tutores del niño. Era lo suficientemente tarde como para que hubiesen terminado las lecciones por ese día.
Se duchó sin siquiera salir del cuarto; mientras lo hacía, se ofuscó todavía más al notar que su cuerpo estaba levantando temperatura. Lo único que le faltaba era enfermarse...nunca cogía siquiera un resfriado, ¿por qué carajos iba a suceder en ese momento? Se quedó largo rato bajo el agua pero al salir y secarse, comprobó que seguía igual de acalorado que antes. Entrecerró los ojos, sospechando; algo ahí estaba mal. Si estuviese levantando fiebre, Satoru se sentiría decaído y tendría los típicos síntomas de la fiebre. Por el contrario, se sentía maravillosamente bien salvo la contractura de su hombro, pero al tocar la piel de su torso el calor era anormalmente alto…
No, no podía ser. Justo eso no.
— Ah, ya despertaste.
Satoru ingresó a la cocina ya cambiado sin poder quitarse el mal humor que venía arrastrando y ascendiendo. Increíblemente, había alcanzado un nuevo nivel de ira cuando había atravesado el living y el aroma del tutor de Samuru se había colado por sus fosas nasales entremezclado con el de Yuuji. Aquel estúpido era sólo un maldito Beta, un don nadie, y sabía perfectamente que el aroma de ambos estaba mezclado porque habían compartido el mismo cuarto...aún así...no iba a permitir que ese tipo volviese a ingresar de nuevo a su casa.
Ni él ni nadie más.
— ¿Satoru?
— ¿Samuru?¿Ya tuvo su clase?
— Ah...sí. ¿Estás bien? Te noto un poco raro.
— Estoy perfectamente.
— Claro.
El Alfa se limitó a pasar de Yuuji en busca de la cafetera; increíblemente, el aroma de Yuuji allí era mucho más fuerte porque se notaba hacía rato que estaba ocupando la cocina preparando el almuerzo, tarea que parecía agradarle sobremanera. Contrario a lo que hubiese pensado, su aroma lo enardeció todavía más, poniéndolo nervioso.
— Tú estás molesto por algo.
La voz de Yuuji se coló por su espalda. Satoru sintió su aroma más fuerte a medida que el Omega se acercaba y por un momento, temió colapsar allí mismo. Increíblemente, su temperatura corporal subió un poco más en cuestión de segundos y se encontró sudando con la taza de café en la mano sin atreverse a voltear.
Y la cosa se descontroló casi del todo cuando Yuuji lo tocó. Apenas había posado una mano en su espalda y Satoru oyó claramente el sonido de un jadeo ahogado, posando su mano todavía más sobre él.
"Contrólate, no seas estúpido, son las malditas hormonas. No puede ser, cállate, no digas nada…"
— Anoche no dormiste muy bien, por eso no te desperté. Te moviste toda la noche, parecías intranquilo, ¿hay algo que…?
— Yuuji. Por favor, quita tu mano.
— ¿Qué?¿A qué te…?
— No me toques.
La sutileza siempre por delante. Satoru suspiró profundamente mientras dejaba la taza sobre la mesa al tiempo que sentía a Yuuji alejándose de él. Se agarró la cabeza con las dos manos, despeinándose.
— ¿Qué tienes? Estás hirviendo.
— Estoy por entrar en celo.— decirlo fue más duro de lo que creía. Volteó para ver la expresión confundida en el rostro de Yuuji, sonriendo.
— ¿Qué? Pero si eres Alfa, Satoru. ¿Cómo vas a entrar en celo tú?
Fue el turno de Satoru de sonreír. Yuuji realmente podía ser tan ingenuo, sobre todo cuando nunca se había tomado la molestia de leer acerca de aquellos temas. Lo sorprendente de la cuestión es que no recordaba haber entrado en celo antes de aquella manera, ni siquiera compartiendo espacio físico con algún Omega que estuviese por entrar en celo. Las hormonas de Yuuji estaban cambiando, eso ya era un hecho que no sólo él mismo había comprobado por el olfato, sino que Shoko también lo había hecho por medio de análisis bioquímicos.
Ahora todo parecía más equilibrado que en un principio y pese a que durante aquel año Yuuji no había sufrido ningún celo, sí había adquirido ciertas actitudes que solían tener los Omegas "normales". En primer lugar, había tomado la casa como suya y sin preguntar ni consultar absolutamente nada a Satoru, había cambiado de lugar muebles de diferentes partes de la casa, los utensilios de la cocina y hasta las sábanas de su cama. Luego, se había hecho cargo de Samuru tal y como si fuera su propio hijo de sangre, tomando decisiones sin consultarle primero, mimándolo y criándolo a la vez.
Después, como si eso hubiese sido poco, había llegado el momento de los cuestionamientos peligrosos que Satoru no esquivaba pero que anunciaban el aviso de una alerta roja en su cabeza. Él mismo había sido quien le había dicho primero que en una proyección a largo plazo, quería formar una familia con Yuuji.
Bueno, Yuuji parecía tener otros planes o lo que Satoru llamaba largo plazo, para el Omega era ya. Comenzó con preguntas indirectas acerca de cómo iban a ser las cosas cuando Sukuna finalmente no estuviese interpuesto entre ellos...y luego ya se había descarrilado completamente, preguntándole en forma directa cuántos hijos quería tener.
Aquello era una actitud completamente normal en un Omega que se estaba asentando en pareja, pero no lo era en Yuuji. Él nunca había manifestado ese tipo de dudas o curiosidades y cada vez se volvían más frecuentes e intensas; no es que Satoru se quejara de ello, al contrario...pero era el indicio claro de que el peligro se avecinaba.
Su primer celo hecho y derecho probablemente estaba próximo y semejante alteración hormonal había afectado antes a Satoru.
Genial.
No es que no pudiese controlar la situación porque a diferencia de los Omegas, los Alfas podían intentar ignorar aquel período ridículo que la mayoría solía sufrir todos los meses...ahora que lo pensaba, Satoru también había estado desfasado hormonalmente. Lo único que le jodía de aquello era la faceta agresiva que traía consigo el subidón de temperatura.
— Yuuji, ¿acaso no puedo disfrutarte yo también a ti?.— el rostro de Yuuji viró por varios colores terminando en el rojo mientras Satoru se aproximaba a él, Yuuji retrocediendo hasta llegar a la mesa y chocar contra ella.— Esto es tu culpa.
— ¿Mi...mi culpa? Yo no hice nada.
— ¿No?
Satoru se aproximó un poco más a Yuuji casi pegando sus cuerpos sabiendo que aquello podía no ser una buena idea en ese estado; capturó sus labios con necesidad mientras presionaba su cuerpo contra el mueble, atrayéndolo por la cintura. Lejos de rechazarlo Yuuji se aferró a él casi como si sufriera el mismo tipo de desesperación que corría por la sangre caliente de Satoru en esos momentos. Gruñó en su boca mientras tanteaba la piel del Omega, presionando y hundiendo los dedos. Cuando su nariz buscó su cuello y se hundió allí donde el aroma era más fuerte, oyó a Yuuji reír cuando sus manos tocaron puntos sensibles en su torso, queriendo ir un poquito más hacia abajo.
— No quiero que nadie más entre aquí, ¿sí?
— ¿Nadie?
— Nadie.
— Pero…¿y los tutores de…?
De imprevisto, Satoru jaló de los cabellos de Yuuji hacia atrás obligándolo a exponer el cuello; éste jadeó sorprendido por el movimiento agresivo del otro pero luego suspiró, sintiendo su lengua viajar por la piel de su cuello hasta sus labios.
— Nadie, Yuuji. Me enferma sólo pensarlo.
— Pero…
— Pero nada.
Se besaron un rato más hasta que la cuestión quiso pasar a mayores, increíblemente más impelido por Yuuji que por Satoru. Estaba tan tentado de hacerlo allí mismo en la cocina, pero el mocoso andaba dando vueltas acomodando cosas, no podía arriesgarse…sin embargo...
— Ah, oye…— mientras las manos de Satoru forcejeaban con las de Yuuji en medio de una lucha contra sus pantalones, Yuuji pareció recordar algo de repente.— La graduación está cerca, ¿no?
— Ajá.— finalmente, pudo introducir una mano por debajo de sus prendas acariciando la erección del Omega, que suspiró entre sus brazos.
— Puede venir Samuru, espera…
— No puedo esperar.— de nuevo, las manos de Yuuji lucharon contra las suyas cuando Satoru intentó bajar sus pantalones en medio de la cocina.
— Tu hijo puede venir en cualquier momento, ¿qué haces?
— Te necesito, Yuuji.— su tono lastimero casi había funcionado. Yuuji había cedido por unos segundos y Satoru casi había logrado bajarle los pantalones.
— ¡Oye, no! Samuru va a entrar en cualquier momento, Satoru. Basta.
— ¿Prefieres al niño antes que a mi?
— ¿Qué estás diciendo?
Yuuji resopló alejándose de Satoru, repentinamente ofuscado. Satoru también bufó, molesto y frustrado.
— No puedo creer que estés celoso de tu propio hijo.
— No estoy celoso, Yuuji. Es un hecho que pasas más tiempo con él que conmigo.
El Omega se había acercado a las cacerolas que ya estaban en el fuego, revolviendo; al oírlo, se había volteado para comenzar a discutir, pero se había topado con Satoru demasiado cerca de su cuerpo, abrazándolo por detrás. Pese al ánimo belicoso, Yuuji buscó sus labios de forma más tranquila; Satoru intentó contenerse pero aún así, lo rodeó con ambos brazos, presionándolo.
— ¿Cuándo vas a entrar en celo? No aguanto más.— ante ese comentario ambos sonrieron, Yuuji un poco apenado.
— ¿Para qué quieres eso? Hay que decirle a Mei Mei que cuide a Samuru esos días y…
— Ahí vamos de nuevo. Deja de pensar un poco en el mocoso, ¿quieres?.— Satoru olfateó su cuello intentando controlar sus propios comentarios, casi sin éxito.
— Es tu hijo.
— ¿Y? Quiero tener otro contigo, ¿tú no quieres?
Oyó a Yuuji farfullar algo, nervioso. Agarrándolo desprevenido con el comentario, Satoru rió aún sosteniéndolo ganándose un golpe por parte del Omega.
— Te decía que la graduación es dentro de poco.— Satoru apoyó la barbilla en el hombro de Yuuji sonriendo mientras el aroma del Omega se mezclaba con el de la salsa que estaba revolviendo. Por el momento, le dejaría pasar el tema que había esquivado adrede.
— ¿Qué sucede con eso? Es sólo un trámite.
— ¿Puedo ir?
En ese momento, la sonrisa de Satoru flaqueó en sus labios, un poco incómodo. No le había agradado para nada el tono en el que Yuuji le había preguntado aquello, casi con temor a una negativa. ¿Se había estado comportando de manera tan posesiva con él que Yuuji había estado sintiéndose encerrado y vigilado? Satoru no podía negar que había adquirido ciertas conductas demasiado protectoras con el Omega, pero nunca le había negado nada, mucho menos moverse libremente.
— Claro, ¿por qué no?
— ¿En serio?.— Yuuji sonrió aliviado mientras Satoru sentía su corazón caer hasta el suelo.— Pensé que con todo lo de Sukuna y el hecho de que...bueno...me vine a vivir contigo de forma tan intempestiva…
— Una cosa no quita la otra. Sigues siendo alumno del colegio, así que deberías asistir. De paso me va a servir para verles la cara a los otros cuando yo te aceche delante de ellos.
— ¡Satoru!
Pese a la queja, Satoru percibió la alegría en el tono de Yuuji, aliviándose al comprobar que el Omega no se sentía asfixiado por su conducta. No le parecía mala idea que Yuuji visitara el colegio de vez en cuando pese a que sí se había visto con Megumi y Nobara de manera extracurricular.
Aún así, tenía un mal presentimiento de aquello.
