¡Buenas!

Primero que nada y como siempre, muchas gracias por todo su apoyo, de verdad 3

Este capitulo...me generó sentimiento escribirlo en su momento, es...no sé, me llegó a la piedra que tengo de corazón (?)

Espero les guste leerlo tanto como a mi escribirlo :)


Sígueme.

Hasta ese momento, Megumi le había dado la espalda a Itadori mientras fingía elegir el sabor de las bebidas que iban a llevar; su compañero no hacía más que hablar hasta por los codos comentando esto y aquello, y la pantalla ingenua de su voz le propiciaba el ambiente perfecto para seguir haciéndose la cabeza y decidiendo si finalmente sincerarse al menos con una persona.

Sentía que el cerebro le iba a explotar desde hacía unos días; Megumi se había estado sintiendo extraño pero, como hacía menos de un mes había transitado su último celo y de unos meses a esa parte sus hormonas habían estado un poco alteradas y le costaba recuperarse, no le había prestado suficiente atención...y si a eso le tenía que sumar el estrés de la graduación y lo que ello significaba, se lo había terminado adjudicando a ello.

Cansancio, mareos, cambios de humor, todos síntomas que tranquilamente podían estar siendo provocados por la ansiedad creciente de aquellas fechas. Sin embargo, cuando a eso se le habían empezado a sumar los vómitos durante la mañana apenas se despertaba, una alarma se había instalado en su mente.

Algo no estaba bien, pero era...imposible.

Con más dudas que certezas había terminado comprando un test de embarazo que sabía no era muy exacto en las primeras semanas; aún así, la maldita cosa había dado positiva. Positiva.

La prueba de embarazo había dado positiva. Por lo que había comprado otra, y otra de diferentes marcas comerciales, todas con el mismo resultado.

Había tardado un par de días más en recuperarse del shock y en acudir a Ieiri para confirmar lo que su cabeza ya sabía, solo que el problema no había sido solamente el embarazo sino también un desorden hormonal altísimo que él nunca había sufrido con anterioridad.

¿Cómo...cómo había sido posible? El padre era Sukuna, de eso no había duda alguna. Cada vez que su mente lo recordaba le entraban los calores y los arrepentimientos; ¿cómo había podido confiar en su palabra cuando le había dicho que aquellos encuentros sólo afectaban el plano onírico? Tendría que haber sabido que mentía, que era todo manipulación. Quizás incluso lo que había buscado de él todo aquel tiempo había sido justamente eso, embarazarlo, porque desde aquella vez hasta ese momento, Sukuna no había vuelto a aparecer en sus sueños.

¿Qué se suponía que iba a hacer?

Megumi no se había quedado de brazos cruzados y había comenzado a investigar; sabía que el Clan Kamo era famoso por experimentos pasados donde habían combinado seres humanos con maldiciones; los resultados no habían sido malos, para nada...solo que en ninguno de los documentos que había encontrado, la persona gestante sobrevivía al parto.

Perfecto, ahora ya sabía de qué iba a morir.

Por un momento, la decisión de abortarlo había pasado por su mente. Era la solución más práctica y rápida para todos. Megumi no tendría que cargar con la incertidumbre de qué iba a ser de su vida, si iba a sobrevivir al parto o peor aún, qué era lo que iba a parir...y en caso de que aquel niño fuese igual o peor que el padre, les evitaría el drama a todos los demás.

Sin embargo, el factor emocional siempre le había jugado una mala pasada a Megumi a la hora de tomar decisiones; durante días, la idea de terminar aquel embarazo se entremezcló con los sentimientos que había tenido tontamente por Sukuna creyendo aún que aquello tenía una explicación, aferrándose a la fantasía que Sukuna aparecería eventualmente y le daría la respuesta que a él le estaba costando tanto decidir. Pero los días habían pasado y la situación no se había modificado; la graduación estaba a la vuelta de la esquina y Sukuna seguía sin aparecer, Megumi sin actuar.

Y el día había llegado, finalmente. Sorprendido, había visto a Itadori risueño y feliz, completamente despreocupado acompañado de aquel niño que era obvio, era hijo de Gojo. Éste se había desaparecido ni bien la ceremonia de graduación había finiquitado y en todo el proceso, Megumi seguía dándole vueltas al asunto, una y otra vez.

Por eso, cuando Megumi oyó aquella voz grave y rasposa a sus espaldas, un escalofrío de ansiedad recorrió su columna vertebral antes de voltear, aún agachado frente a la máquina; Itadori estaba allí, detrás suyo, pero no era su compañero, el amigo empático y genuino que él conocía. La energía maldita era muy superior, la sensación de peligro también. Eso lo había notado incluso antes de ver en su rostro aquellas marcas oscuras tan características, el otro par de ojos abiertos, todos fijos en él.

Sukuna no sonreía, pero su expresión era tranquila. Megumi miró hacia ambos lados del pasillo no pudiendo creer que se animara a semejante espectáculo dentro de un colegio lleno de hechiceros.

Y sin agregar nada más comenzó a caminar, Megumi siguiendo sus pasos en silencio. Increíblemente, la maldición sabía hacia dónde se dirigía, probablemente guiado por el aroma del Omega hasta su habitación.

Éste lugar podría ser mi paraíso personal.agregó Sukuna deambulando por su habitación con paso tranquilo sin tocar nada, sólo observándolo todo con ojos felinos.Huele tanto a ti.

Megumi no agregó nada a su comentario, aguardando. Había arrimado la puerta del cuarto pero no la había cerrado del todo, desconfiado. Todos esos meses creía haber vivido una realidad alterna con Sukuna que ahora no estaba seguro había sido real, y por su última desaparición y reaparición de aquella manera intempestiva...podía esperar cualquier cosa.

¿Por qué lo había seguido sin más sabiendo lo peligroso que podía ser, incluso de primera mano? Porque quería hablar con él, quería explicaciones y Megumi se sentía en el derecho de pedirlas.

Aún así, no podía evitar sentirse nervioso, sobre todo porque era la primera vez en mucho tiempo que se topaba con Sukuna utilizando el cuerpo de Itadori.

Estás más callado de lo usual, ¿no te alegra verme?

Sukuna torció el gesto confundido en una sonrisa despreocupada, casi íntima; se aproximó hasta Megumi con paso tranquilo, casi dándole el tiempo suficiente para que éste decidiera si retroceder o no. Al final, estando cara a cara, Sukuna extendió una mano hacia su rostro, apenas acariciando su mejilla con el dorso de los dedos.

Fui dichoso al tenerte. En realidad, nunca creí que me brindarías el acceso a ti que yo tanto anhelaba.Megumi frunció el ceño cuando la voz del otro se suavizó, su mano acunando su rostro.Me siento halagado por tu entrega. Sé que me deseas, pero también que me quieres. Te enamoraste de mí, ¿no es cierto?

No había sorna en su voz. Sukuna simplemente parecía relatar la constatación de un hecho que daba por sentado sin lugar a dudas. Megumi apretó los puños y retuvo el aire, sintiéndose indignado y expuesto por las palabras del otro; sin embargo, había un sentimiento similar a la adoración reflejado en el rostro de Sukuna que confundió a Megumi al punto de hacerlo dudar.

Sí, lo hice.pese a tener la garganta cerrada logró articular aquellas palabras con la poca dignidad que le quedaba. Sukuna se aproximó un poco más tomando su rostro con las dos manos en forma suave, casi delicada.

Muchas personas dijeron amarme, idolatrarme en el pasado. Sí, cuando estaba vivo, hace ya demasiado tiempo. No les creí, pero aún así…

Sukuna parecía perdido en recuerdos que Megumi no conocía, en una época que tampoco podía imaginar.

...aún así se sentía bien. Me aferré a ese sentimiento falso para no sucumbir, aunque al final lo terminé haciendo.Sukuna volvió a sonreír enfocando su mirada en la suya, sus manos presionando su rostro con mayor fuerza mientras se aproximaba a él, sus narices casi rozándose.¿Por qué tú no estabas allí en ese momento? Quizás podrías haberme salvado.

Megumi jadeó ante sus palabras, sus manos posándose sobre las ajenas. No quería creer en sus palabras, lo estaba engañando incluso fuera de sus sueños, sus frases tan confiables y entrañables que de veras deseaba aferrarse a ellas, a él.

Pero estás aquí, ahora mismo. No necesito nada más.

Los segundos pasaron y Sukuna finalmente acortó la distancia que los separaba, sus labios apenas rozando los de Megumi. Éste se separó bruscamente dando uno, dos pasos hacia atrás.

Es el cuerpo de Itadori. No lo uses así.

¿El mocoso? Tiene unos cuantos problemas que afrontar. No te preocupes por él.

¿A qué has venido?

Sukuna cambió la expresión de su rostro; ya no había rastro de alegría sino más bien, cierta nostalgia cuando estudió las expresiones de Megumi.

Quería verte. Ya no puedo visitarte en sueños como antes.

¿Por qué no?

En ese momento y al formular aquella pregunta, Megumi sintió una sensación compresiva en el pecho, un nudo en la garganta temeroso por la respuesta. Sukuna se limitó a esconder sus manos en los bolsillos, meciéndose en el piso con los talones en un aire que intentaba parecer despreocupado. Finalmente suspiró, encogiendo los hombros.

Porque ya no puedo absorber más energía maldita del mocoso. Nuestras almas se están separando.Megumi frunció el ceño, su cerebro trabajando a toda velocidad.

¿No me habías dicho que se estaban fusionando?

Ajá.

¿Y ahora...qué sucedió?

Lo inevitable.

Al principio, sus palabras no tuvieron el impacto que Megumi experimentó cuando las comprendió. Sukuna se refería a lo inevitable de su destino dentro del cuerpo de Itadori.

Iba a desaparecer.

Presionó fuertemente la mandíbula intentando contener el llanto que en cualquier momento iba a delatar su angustia. Megumi sabía que aquello podía suceder tarde o temprano pero, sin fecha firme, se había hecho a la idea de que podían pasar unos años más antes de que todo terminara.

¿Cómo era posible que se hubiese aferrado así a alguien que ni siquiera tenía un cuerpo físico, a una maldición compuesta de pura maldad que se lo estaba informando de forma tan tranquila, como si la estabilidad mental de Megumi no se rompiera con esa información?

Sukuna se limitó a observarlo, probablemente notando el estado calamitoso de su alma en esos momentos; suspiró y se acercó otra vez a él, ahora rodeando su cuerpo con ambos brazos, sosteniéndolo.

No llores por mí, no vale la pena.

No me digas lo que tengo que hacer.

Aquello tendría que haber sonado firme y seguro de sí mismo; sin embargo, sus palabras estaban cargadas de congoja, los espasmos de las lágrimas que no había podido retener aguándolas totalmente. Intentó separarse de Sukuna sin éxito, apresado entre sus brazos, lo cual lo puso peor si es que era posible. Al final, terminó sucumbiendo aferrado a sus hombros, sollozando como un niño pequeño, afligido y arruinado.

¿Qué sentido tenía decirle ahora lo del embarazo, si…? No tenía sentido, no valía la pena angustiarse otra vez porque tampoco quería saber qué tipo de reacción tendría Sukuna ante aquello.

¿Nada para agregar? .habló finalmente el otro contra su oído en un susurro suave, casi contenedor.

No.

Sukuna besó su cabeza, su frente, su rostro mojado por las lágrimas; sus dedos limpiaron después el rastro húmedo en vano, sus ojos negándose a dejar de llorar. Megumi seguía aferrado a sus hombros, sus manos levemente temblorosas.

No me extrañes demasiado. Prometo volver pronto.

Megumi arqueó las cejas confundido con sus palabras; luego jadeó cuando sintió una de sus manos posándose sobre su vientre, apenas presionando.

Y en ese momento, las marcas oscuras comenzaron a desvanecerse frente a sus ojos.

¡Espera!

Sus ojos se cerraron y su cuerpo se tambaleó uno, dos segundos antes de que Itadori volviera a abrirlos, parpadeando. Sin saber cómo había llegado hasta allí, su primera expresión había sido de sorpresa, luego de congoja al ver la expresión deplorable en el rostro frente a él.

Te lo dijo, ¿no es así?

Sí.

Bueno, tranquilízate, ya va a…¡¿Fushiguro?!

Inevitablemente y ante la desaparición permanente de Sukuna, Megumi no había podido contener de nuevo la angustia y se había largado a llorar nuevamente frente a Itadori, aún aferrado a él. El otro jadeó y tartamudeó algo ininteligible mientras intentaba sostenerlo para que no terminaran en el suelo.

Iba a echarle toda la culpa a las hormonas porque aquello se estaba convirtiendo en un drama innecesario.

Pero Sukuna lo había sabido, por supuesto.

Aquel maldito había detectado su embarazo probablemente en el aire, en algún cambio sutil de su aroma sin que Megumi tuviese que contarle nada...y aún así, se había ido sin siquiera darle una opinión, una sola palabra al respecto.

Recostado en aquella cama mullida que no era suya, cubrió sus ojos con el antebrazo intentando no llorar de nuevo por quinta vez en la última hora mientras las voces elevadas le llegaban hasta el cuarto. Al final, cuando se había calmado un poco de aquella situación deplorable se había percatado de que Gojo también había sido testigo parcial de su colapso. Para su horror, el Alfa había tenido serios problemas para controlar su genio, Megumi lo conocía bien; veía en su expresión contrariada y en la vena ingurgitada de su frente la ira que estaba intentando contener sin demasiado éxito. Luego de varios minutos de encierro en el baño de su cuarto, Gojo había dictaminado apenas había salido de aquel refugio provisorio que irían a su casa.

En ese mismo instante, pese a las quejas que Itadori ya había comenzado a soltar en ese momento y que se habían transformado en una pelea casi a gritos cuando habían llegado a la dichosa casa, el hijo de Gojo asustado por el cambio de humor de los adultos.

Yuuji, maldita sea, tú sabías que Megumi se estaba viendo con Sukuna y no me lo dijiste, ¿cómo es posible que me hayas ocultado algo así?

Porque me pareció que no corría peligro. ¿Qué? No me mires así.

Megumi oía las voces de los dos discutiendo en el living, sus gritos atravesando el corredor de las habitaciones. Oyó el ruido de una puerta corriéndose, otro ruido metálico. Pasos.

¿Cómo quieres que te mire? ¿Realmente te parece una relación sana que un muchacho de tu edad folle con una bestia como esa?

Satoru, deja de gritar, va a oírte.

¡Que me oiga! .— un silencio le dio a entender que Itadori estaba en tratativas para no asesinar a Gojo, procurando calmarlo.— Lo siento.

Mira, nunca llegué a imaginarme que Sukuna podía hacer algo así a través de un maldito sueño. Si lo hubiese sabido, te lo habría dicho.

Yuuji, ¿qué te dije cuando nos conocimos? Sukuna fue un hechicero renombrado de su época y es milenario. Conoce absolutamente todos los artilugios posibles para joderle la vida a una persona, ¿realmente te pareció buena idea?

Bueno, buena idea no, pero...joder, ¡le pregunté a Megumi si se encontraba bien y me dijo que no había ningún problema! Si él tampoco expresaba ninguna preocupación, ¿por qué también tenía que hacerme cargo de eso?

Yuuji, ahora eres tú quien está gritando.

Carajo.

Otro silencio; ésta vez, la ausencia de gritos duró un poco más mientras Megumi se preguntaba por qué había accedido a ir hasta allí. Ah, porque no había tenido opción, Gojo arrastrándolos a todos prácticamente a la fuerza.

No, cariño. No pasa nada.— el cambio en el tono de Itadori le dio la pauta que el hijo de Gojo andaba por ahí. Itadori había cambiado de posición, acercándose más al corredor, su voz clara.— ¡No! No estamos peleando, es sólo que...bueno, papá está un poco enojado. Pero de verdad, no pasa nada.

Megumi se sentó en la cama, su cabeza dando vueltas. Había sufrido un leve mareo cuando habían ingresado a la casa e Itadori lo había llevado a aquella habitación de invitados para que descansase un poco...y de paso para ser testigo del griterío sin estar presente. Por un momento se sintió como un niño pequeño luego de hacer una travesura muy grande, sus padres discutiendo entre sí sobre quién de los dos había tenido la culpa de que el niño hubiese hecho eso.

Se preguntó qué pensaría su hermana de él si supiera lo que había hecho y cómo había terminado todo.

¿Y ahora, qué?

La voz de Gojo se sintió peligrosamente cerca de la puerta, su tono grave al bajar el volumen de sus palabras. Itadori chistó y chasqueó la lengua, palabras ininteligibles que Megumi reconoció como la orden al niño de ir a su cuarto.

¿Ahora qué, de qué?

Yuuji, por favor, no estoy en condiciones.

No te entiendo.

Otro silencio, Gojo resoplando.

¿Sukuna desapareció?

Sí, se ha ido del todo. Intenté llamarlo varias veces...pero ya creo que te has dado cuenta que hasta no tengo las marcas de sus ojos debajo de los míos. Se ha ido del todo.

¿Megumi lo sabe?

¿Que se fue? Creo que Sukuna se lo dijo.

No, lo otro.— Megumi frunció el ceño, agudizando el oído.

¿Lo otro? Y no, creo que no. A juzgar por su reacción, no.

No se lo digas.

¿Seguro?

Sí. No estamos muy seguros de qué va a pasar ahora, así que es mejor esperar.— otro silencio le hizo pensar a Megumi que se habían retirado, pero aún seguían allí.— ¿Cómo te sientes?

De repente, Megumi se sintió incómodo al oírlos; el tono de Gojo había cambiado completamente volviéndose más melifluo, un tinte más íntimo en su voz grave. Oyó a Itadori reír y quejarse de algo, probablemente porque Gojo lo había abrazado o mosqueado con algo. Las mejillas de Megumi ardieron cuando oyó un suspiro que parecía placentero, sintiéndose fuera de lugar.

Me siento igual, quizás un poco más relajado. Pero tal vez es psicológico. Mentira, me siento mucho mejor.

¿Mucho, mucho mejor?

Ajá.

¿Tanto como para…?

Itadori bufó y Gojo rió, el sonido de un roce de por medio.

Oye, no...Satoru, qué haces, estamos en mitad del corredor, espera…

Incluso ya siento tu olor más fuerte...ven aquí, no te hagas el difícil.

De nuevo, oyó risas y quejas por parte de Itadori, otro suspiro y silencio. Megumi no quería interpretarlo porque las posibilidades eran una más nefasta que la otra, pero...

De imprevisto, la puerta de su cuarto se abrió bruscamente golpeando la pared contraria; Megumi casi salta en la cama, sorprendido. Gojo se hallaba en la puerta, Itadori con expresión de pocos amigos sujetándolo de un brazo.

— ¡Megumi!¿Cómo te sientes, se te pasó el mareo? Creo que va a ser común que los tengas visto y considerando de quién te embarazaste.

— ¡Satoru! Fushiguro, no lo escuches, aún está resentido porque no lo sabía.

— ¿Resentido, yo? Para nada.

— Me siento bien, gracias.

— ¡Excelente! Más tarde iremos por tus pertenencias, creo que éste cuarto tiene el tamaño del que ocupabas en el colegio, ¿no es así?

El tono de Gojo era jovial y despreocupado, casi frívolo. En esas condiciones, Megumi jamás hubiese imaginado posible la discusión que había mantenido con Itadori minutos antes. No parecía para nada preocupado sino más bien, entretenido y hasta divertido con la situación. Luego de su último comentario, tanto Megumi como Itadori parpadearon, mirándolo en silencio.

— ¿Qué?

— Yo no voy a vivir aquí.

— ¿Fushiguro va a vivir aquí?

Ambos habían hablado a la vez, sus frases superponiéndose. Aún así, Gojo había sonreído en forma siniestra, juntando las manos y fingiendo demencia.

— ¡Claro!¿Adónde vas a ir, sino? Megumi, no pongas esa cara. Sino te vigilamos correctamente te vas a morir, Shoko me lo dijo.

— Ieiri-san no te dijo eso.— masculló Itadori, gimiendo sorprendido por las mentiras fáciles del otro.— Sólo necesita que…

— Pero…— Megumi lo sabía, Ieiri se lo había informado. Probablemente iba a tener que tomar un par de medicaciones durante todo el embarazo sino quería que aquello se descontrolara, pero podía hacerlo por cuenta propia, no necesitaba...

— ¡No se diga más! Yuuji, ¿no estás contento? Tú querías vigilarlo más que yo.

— ¡¿Qué?! ¡Yo no dije eso, sólo dije que estaba preocupado por él!

En mi idioma es lo mismo.

Megumi no pudo evitar sonreír ante ese comentario. Gojo captó su sonrisa devolviéndosela mientras Itadori seguía discutiendo, sonrojado. Parte del peso que cargaba sobre sus hombros se había alivianado al saber que, después de todo, no iba a afrontar aquello solo.