Es que no, ¿sabes? Estoy cansado de asfixiarme a mí mismo con un aroma que no quiero oler todo el tiempo.

Itadori, ese olor es espantoso. No entiendo cómo puedes dormir con eso incrustado en la nariz, es insoportable.

A mi me gusta.

Fushiguro frunció el ceño y torció los labios en una expresión de incredulidad y asco que sólo logró aumentar el mal humor de Itadori; en ese momento, ambos se hallaban enfrentados en el corredor de las habitaciones, Samuru detrás de Itadori siendo testigo mudo de la pelea entre ellos dos. Itadori llevaba encima un desodorante de ambiente y estaba listo para pulverizarlo sobre el rostro y la cabeza de Fushiguro, a ver si se le salía un poco la estupidez.

Otra vez estaban discutiendo por aquello.

Es demasiado fuerte.terció Fushiguro casi en un susurro. Sin embargo, Itadori alcanzó a comprenderlo perfectamente.

¿Demasiado fuerte?.bufó, molesto.El de Sukuna no te molestaba. Ese sí es espantosamente fuerte.

Claro que no, es sólo un poco más fuerte de lo normal.era el turno de Itadori para torcer el gesto en una expresión de consternación.

¿Sólo un poco? No te estoy diciendo que es horrible, pero...es...tóxico.

Un momento de silencio pareció poner fin a la pelea en algo que ambos compartían. Fushiguro no podía negar a esas instancias que las feromonas de Sukuna eran la cosa más radiactiva que alguien hubiese olfateado alguna vez, Itadori estaba de testigo.

No quiero que vuelvas a entrar al cuarto, ¿bien?

Lo voy a hacer si no puedo respirar, Itadori.

Pero…

De nuevo, ambos resoplaron, molestos. Itadori lo estaba un poco más que Fushiguro. Comprendía perfectamente que estaba embarazado y que cualquier olor lo alteraba más de lo normal, el de Satoru de forma preponderante; pero una cosa era que le fastidiara sentirlo dentro de la casa, y otra muy diferente que su disgusto llegara al punto de invadir el cuarto que compartía con el Alfa y soltar aquel desodorante de ambiente como si ellos…¡como si algo allí oliese mal! ¿Cómo se había atrevido a hacer semejante estupidez?

Ese cuarto de ahíseñaló Itadori como si Fushiguro no supiera de cuál se refería.Es mío. Y allí duermo con Satoru. Por lo tanto, no lo estás jodiendo a él, me estás jodiendo a mi. Yo no voy entrando a tu cuarto porque tu olor me moleste echando perfume, Fushiguro. No vuelvas a entrar ahí.

No sabía si había sido el tono o la postura en la que había soltado aquello, quizás la advertencia latente en su voz; sin embargo, Fushiguro parecía haber captado el mensaje claramente. Frunció todavía más el ceño y agachó la cabeza en una clara postura de rendición que a Itadori lo ablandó un poco, arrepintiéndose de haber sido tan agresivo.

Fushiguro se había sentido amenazado por Itadori, eso estaba a la vista. El Omega aflojó un poco su postura defensiva e intentó buscar las palabras adecuadas para suavizar la situación, rascándose la cabeza. Samuru aún seguía detrás suyo abrazado a su cintura observando a Fushiguro por un costado.

Papá despierta los sentimientos más fuertes.soltó el niño casi en un susurro, alterando todavía más a Itadori.

Cállate, esto es culpa mía, no de él. Fushiguro, es broma, no fue una amenaza ni nada por el estilo

A mi me sonó a una clara amenaza de muerte.

Los tres voltearon hacia el cuarto; Satoru acababa de salir de bañarse y apenas llevaba una toalla amarrada a la cintura, el cabello aún goteando. Probablemente se había sentido atraído por el griterío y había salido así nomás de la ducha.

Lo cual, por alguna razón, hizo estallar de nuevo a Itadori.

¿Qué haces así? Vístete.Fushiguro arqueó la cejas por el tono agresivo que había usado Itadori mientras la sonrisa de Satoru flaqueaba en su rostro, también sorprendido.

Pero… es mi casa, tengo una…

No me importa que sea tu casa, ponte algo encima. No quiero que estés...así.

Así, ¿cómo? Yuuji, cálmate, no estoy mostrando nada raro.

¿Te parece?

Yo me retiro. Mátense entre ustedes.

Ambos observaron como Fushiguro se refugiaba en su cuarto dando un portazo; pocos segundos después, Samuru se soltó de Itadori y siguió a Fushiguro, ingresando al cuarto después de golpear.

Yuuji, ¿qué te pasa?

Satoru se aproximó a él y lo tomó de la cintura, atrayéndolo y besándolo. Pese a que el mal humor aún seguía allí, Itadori correspondió el beso mientras se aflojaba un poco, las feromonas del Alfa fluyendo en el aire.

Te estoy escuchando gritar hace más de diez minutos. Desde el baño. ¿Qué te hizo Megumi para que te pongas así?

Fue...fue una tontería. Yo reaccioné mal.

Ahora que Fushiguro no estaba, Itadori se había replanteado la situación y su reacción le parecía desmedida. Satoru tomó el desodorante de ambiente que Itadori aún sostenía en la mano, arqueando las cejas.

El cuarto huele a esto...fue Megumi, ¿no es así?

Si, él roció todo con esa porquería.Satoru se limitó a reír besando su frente.¿Qué?

Yuuji...ponte en su lugar. Está embarazado y los olores lo alteran más que en otras situaciones. El mío debe darle asco.

¿No te molesta que se ponga así?

No tanto como a ti.

Yo no estoy molesto.

Yuuji…

¿Mmh?

Itadori se dejó hacer cuando la nariz de Satoru buscó su cuello, olfateando fuertemente detrás de su oreja derecha; su mano se deslizó por debajo de la sudadera que llevaba puesta, sus labios y lengua saboreando la piel delicada y sensible de su barbilla.

Tu olor...me está volviendo loco. Está más fuerte que nunca, juraría que estás por entrar en celo.

Yo juraría que estoy por explotar.

Itadori resopló aún de mal humor y Satoru se apartó de él, suspirando. Acarició su cabello e Itadori vio en su rostro una expresión un tanto cansina.

Seguramente las hormonas de Megumi te están afectando un poco. No te sientas amenazado por él, Yuuji.

Yo no me siento amenazado, ¿qué dices?

Inconscientemente tu cerebro asume que él quiere meterse en nuestro cuarto. Espera, no así, ya sé que Megumi no va a hacer eso, y es lo que tienes que pensar constantemente para que no termines asesinándolo. No puedo estar presente en cada pelea que tengan, ¿si? Controla un poco tu genio, Yuuji. Tampoco soy tu enemigo.

Y sin dejar que Itadori pudiese agregar algo más volvió a meterse al cuarto con un gesto de su mano simulando estar apurado, dejándolo solo en mitad del corredor.

Cada vez que lo recordaba se le revolvía el estómago, y eso que habían pasado ya un par de horas.

— Hace calor aquí.

Itadori inspiró profundamente logrando que el aire frío del aire acondicionado de aquella salita de espera ingresara en sus pulmones; aún así, aquello no era suficiente. Pese a que sólo llevaba unos pantalones finos y una sudadera, Itadori temía deshidratarse en cualquier momento por la cantidad de sudor que estaba perdiendo. Mientras se abanicaba con una revista con una mano se pasaba las otra por los cabellos, la cabeza caliente.

Resopló, molesto e incómodo cuando apoyó la espalda en el respaldo del asiento. Su espalda también estaba húmeda por la transpiración.

Sus ojos se desviaron a un costado. Fushiguro lo observaba con expresión cautelosa. Sí, esa era la palabra. Sentado a su lado, el Omega…¡se había puesto la chaqueta que había llevado por si acaso! ¡Era agosto!

Aquello por supuesto lo hizo sudar todavía más.

— ¿Qué? Por qué me miras así.

— Fushiguro, te vas a morir con eso puesto.— el aludido frunció el ceño hasta que notó la revista del otro revoleándose en el aire.

— Itadori, afuera hace calor. Aquí dentro hace frío. Esa cosa está demasiado fuerte.

— Estás loco, es como si estuviese apagado.

Por favor.

— ¿Fushiguro-kun?

La voz de Ieiri los distrajo a ambos. Se encontraban en las instalaciones del colegio de hechicería, lugar que no visitaban hacía más de un mes; finalmente y luego de quejas, advertencias y amenazas varias, Fushiguro había terminado mudándose a la casa que Itadori compartía con Satoru. Por supuesto, el espacio era amplio y parecía pensado justamente para que todos los habitantes del recinto pudiesen estar aislados en diferentes sectores del hogar sin chocarse con otro en todo el día, lo cual parecía haberle venido fantástico a Fushiguro y sus violentos cambios de humor; si Itadori lo había conocido callado y con dificultades para socializar, aquello parecía haber empeorado un poco más.

— Ve, te espero aquí fuera.

Mientras Fushiguro se incorporaba y avanzaba hacia el cuarto por donde se asomaba Ieiri, sus ojeras más pronunciadas que nunca, Itadori rememoró el drama de la adaptación.

A la semana de convivencia, se había dado por vencido. Fushiguro no había querido integrarse como él lo hubiese deseado pese a los esfuerzos titánicos que parecía realizar por no insultar a Satoru y por participar en las actividades que Itadori compartía con Samuru. Lo había logrado, de hecho, solamente porque Samuru se había puesto insistente con Fushiguro. Insistente, en el idioma de Itadori, significaba que en realidad sí se parecía a Satoru en varios aspectos; no pudo evitar reírse cuando se percató del ataque sistemático que Fushiguro sufría día a día.

Si Satoru se encontraba en la casa era él quien interrumpía a Fushiguro en cualquier actividad que estuviese haciendo preguntándole cosas que no venían al caso o realizando comentarios incómodos que Itadori le había pedido por favor tratara de evitar. Luego, por si aquello no fuese suficiente, Samuru se había creído con la impunidad suficiente como para invadir el territorio sagrado de Fushiguro escudándose en que, como era aún un niño, lo estaba haciendo sin maldad ni dobles intenciones.

O eso había pensado Itadori hasta que Samuru había soltado todo lo que Fushiguro le había dicho a su padre apenas éste le había preguntado una tarde en la que el Omega no había estado presente.

Por lo que aquellas salidas ayudaban un poco a Fushiguro a distenderse; durante una semana no se había animado a salir solo de la casa y aquello había alarmado un poco a Itadori, quien siempre lo había visto como una persona muy independiente y autosuficiente; luego de un par de charlas educativas con Satoru, éste le había explicado que aquella conducta de reclusión era normal en los Omegas embarazados y que nada tenía que ver con un sentimiento de miedo al exterior o dependencia hacia ellos y que eventualmente ya se le pasaría para volver a empeorar en los últimos meses de gestación, que lo dejara tranquilo y que, por sobre todas las cosas, Samuru y él evitaran entrar al cuarto de Fushiguro aquellos días.

Itadori había pensado que exageraba, sobre todo por el tono de advertencia no fingido que había utilizado Satoru en aquella ocasión; sin embargo, la cosa había sido todavía peor de lo que el Alfa le había dicho. Fushiguro no sólo no había querido salir de la casa por una semana completa sino que tampoco del cuarto; a eso, le había tenido que sumar una pequeña batalla que se había instalado entre ambos cuando Fushiguro se había negado rotundamente a poner a lavar ciertas ropas específicas que Itadori no comprendía qué tenían de especiales y que casi había terminado en una pelea a gritos. Satoru los había observado desde una posición segura hasta que había tenido que intervenir y había obligado sutilmente a Itadori a soltar aquellos malditos pantalones por el bien de la estabilidad de todos en la casa.

¿Aquello era producto del desequilibrio hormonal anormal que tenía encima o era el embarazo? Los dos, probablemente. Por suerte, la crisis de reclusión había concluido tan bruscamente como había empezado pero, para esas instancias, Itadori ya aguardaba algo peor si era posible. Había decidido dejar de opinar o intervenir en las conductas extrañas de Fushiguro y aquello había traído cierta paz en la casa, al menos momentáneamente.

O eso era lo que su cerebro había decidido en ese momento. Lo que había seguido al confinamiento quizás había sido un poco más gracioso, pero también incómodo. Al principio, ninguno de los tres — Satoru, Itadori o Samuru — habían logrado identificar la causa del mal humor creciente de Fushiguro cada vez que salía del cuarto; luego, cuando Itadori se había puesto manos a la obra para averiguar qué era lo que le molestaba tanto, se había percatado de que su ira se incrementaba cuando pasaba por delante del cuarto que compartía con Satoru o se acercaba al futón del living, en el que hacía ya varios días no se animaba a sentarse.

Y había tardado poco menos de un día en percatarse que lo que ahora lo traía tan mal era, de hecho, el olor de Satoru. Se había dado cuenta porque el cuarto era el sitio donde más soltaba sus feromonas y el futón el sitio que más ocupaba en la casa. Desde ese momento había comenzado a tomar la precaución de cerrar la puerta del cuarto y de dejar abiertas las ventanas del living; incluso había comprado un par de difusores de fragancias por si aquello no era suficiente e, increíblemente, había funcionado.

Fushiguro se había calmado, y el que se había puesto de mal humor había sido Itadori.

Itadori resopló sacando el celular del bolsillo cuando éste había vibrado; sonrió cuando vio que Samuru le había enviado una foto de él mismo sosteniendo al muñeco boxeador infame que Itadori aún conservaba. Satoru le había pedido al director que hiciese un par de modificaciones para adaptarlo de nuevo a niveles bajos de energía maldita con el objetivo de que Samuru pudiese utilizarlo sin peligros, pero contrario a lo que había creído, la cosa esa le había pedido cada vez más energía maldita a un punto que consideró no era normal semejante avance en tan poco tiempo. En la fotografía, el muñeco estaba profundamente dormido mientras Samuru sostenía un libro peligrosamente grueso que su padre le había dado una semana atrás.

"Rocky ya se cansó, y yo también." Incluso le había puesto nombre a aquella cosa espantosa que tantos golpes le había propinado…

Con aprensión hizo algo que no debía, aún acalorado. Salió de la conversación de Samuru y se metió en la de Satoru. Eran las 10:36 AM y desde las 9 no había dado señales de vida. La fecha de última conexión figuraba hacía poco más de media hora.

Volvió a resoplar, un poco arrepentido por el escándalo que había armado antes de salir aquella mañana. De nuevo, Fushiguro y él habían discutido por una tontería pero como ambos estaban ya demasiado alterados por compartir el mismo espacio físico, Itadori se las había terminado agarrando con Satoru y éste parecía haber encontrado un límite a su paciencia con aquellas peleas. En esa ocasión realmente parecía haberse ofendido, sobre todo porque se había levantado de buen humor pese a ser tan temprano y...Itadori la había cagado.

El mal humor le había durado un poco más pero no se había animado a escribirle; había salido con Fushiguro hacia el colegio donde sabía estaba Satoru casi una hora después que él y no le había avisado como le había pedido, cagándola todavía más.

Inspiró aire profundamente y decidió controlar sus nervios cuando finalmente escribió el primer mensaje de la mañana.

"Fushiguro ya está con Ieiri-san. Hace demasiado calor aquí."

Lo envió y bloqueó la pantalla del teléfono para no ponerse paranoico revisando constantemente si había leído el mensaje o no; sin embargo, la respuesta llegó a los pocos segundos, logrando que soltara el aire que había estado reteniendo, aliviado.

"Qué extraño, Shoko es más calurosa que yo, vive con todos los aparatos encendidos. ¿Te sientes bien?"

"No, creo que me estoy por deshidratar pero sobreviviré. ¿Qué haces?"

Esa vez, la respuesta tardó alrededor de dos minutos en llegar.

"Yaga casi me quita el teléfono como si fuese un niño. Estoy en una reunión del profesorado viendo cómo puedo hacer para escapar."

"Qué pesados, es pleno verano."

Itadori envió aquel mensaje sin pensarlo demasiado; Satoru estaba en línea y no parecía importarle demasiado lo que el director estuviese diciendo al resto en ese momento. Parecía de buen humor y eso alivió bastante a Itadori.

Demasiado, en realidad.

Sin que pudiera controlar sus dedos, el siguiente mensaje se había escrito prácticamente solo. Y lo había enviado sin desparpajo.

"Te necesito."

Y era una realidad. El calor sofocante que estaba teniendo no tenía nada que ver con los 30 grados que hacía afuera ni con el enojo inicial con el que había llegado a aquella sala de espera. Su piel estaba ardiendo de una manera anormal al punto en el que comenzaba a dolerle la cabeza.

"¿Cómo me necesitas, Yuuji?¿Sucedió algo?"

El aludido suspiró sabiendo que Satoru se estaba haciendo el tonto con él; pasó una mano por su rostro, acalorado y sonrojado pero no intimidado.

"Te necesito a ti, tonto. En mi interior, ahora."

Su sonrojo había aumentado un poco más debido a lo osado del mensaje; aún así lo envió sin importarle las posibles consecuencias.

La respuesta no fue un mensaje, sino una llamada. Itadori se incorporó de su asiento repentinamente ansioso, atendiendo.

— ¿Sí?

¿Cómo vas a decirme una cosa así cuando estoy en plena reunión? .— la voz de Satoru sonaba molesta pero congestionada, la advertencia de una represalia en la punta de su lengua.

— No creo que estés en plena reunión diciendo eso.— Satoru maldijo, chasqueó la lengua y maldijo de vuelta mientras Itadori intentaba no reírse de su desesperación.

Tuve que decir que era urgente, no sabes con la cara con la que me miró. Yuuji, ¿por qué ahora? No es justo, no me hagas esto.

No es justo para mi, ¿sabes? Me duele un poco, ¿es normal?

¿Qué te duele?

Al oír el tono alarmado de Satoru, Itadori posó inconscientemente una mano en su vientre. Desde hacía varios días sentía una pesadez extraña a la que le había restado importancia pero que desde esa mañana había sido partícipe de su mal humor, convirtiéndose en una molestia sorda, una compresión invisible allí abajo como si algo aplastara su vejiga constantemente.

— No sé, algo en el vientre.— oyó a Satoru jadeando del otro lado de la línea y no supo si estaba asustado o sorprendido.— ¿Qué?¿Es algo malo?

¿Cómo es ese dolor, Yuuji?

— Bueno, no es dolor. Es como si algo me apretara...imagínate como si tuvieses la vejiga llena, pero sin ganas de orinar.

Por Dios querido.

El tono lastimero y el gemido que acompañó a sus palabras alertaron un poco a Itadori, comenzando a preocuparse; dio un par de vueltas más en la sala de espera rogando porque Fushiguro no saliera de su control justo en ese momento.

— Dime que no me voy a morir.

Yuuji, estás por entrar en celo.

— ¡¿Qué?!

Incluso podrían faltarte sólo unos días...¿dónde estás?

— Te lo dije, esperando a Fushiguro. Pero espera, ¿cómo es posible?¿No tendrías que haberte dado cuenta antes, o algo así?

Te lo dije ésta mañana, solamente que por tu pelea con Megumi no me escuchaste.

Itadori oyó pasos del otro lado de la línea y una puerta abriéndose bruscamente.

¡Lo siento, director, lo siento mucho, queridos colegas!¡Me ha surgido un imprevisto impostergable, debo partir!.— el tono frívolo de sus gritos hizo reír a Itadori, un poco ansioso.

— Satoru, a ti siempre te surgen imprevistos, ¡vuelve aquí!

Un par de insultos más y la puerta se había cerrado bruscamente; otra vez oyó pasos y supo que Satoru se estaba moviendo por algún pasillo.

Yuuji.

— Dime.

¿Has sufrido como...algún espasmo, alguna contractura fuerte en el vientre?

— No, para nada.

Bien, eso es bueno. ¿Dónde me dijiste que estabas?

Itadori resopló riéndose; era la tercera vez que le preguntaba su ubicación y, por la ansiedad que se filtraba en la voz de Satoru supo que estaba perdiendo la compostura rápidamente. Itadori no quería sentirse orgulloso pero lo hacía igualmente porque sabía que él era el único que provocaba aquel caos en su cerebro.

— En lo de Ieiri-san, esperando a Fushiguro.

Ah, cierto, ya me lo habías dicho...maldita sea. Puta madre.

— Oye, tranquilo.

El Omega se rió cuando lo imaginó caminando en círculos por un pasillo agarrándose la cabeza, como él en esos momentos; en varias ocasiones sus ojos se desviaron hacia la puerta que temía se abriera en cualquier momento, el calor sofocante sin irse de su cuerpo. Frunció el ceño cuando el dolor de cabeza aumentó mientras volvía a caminar frente a los asientos.

Estoy pensando qué hacer.— lo oyó resoplar, chasquear la lengua y luego el silencio.— Yuuji.

— Dime.

Entra y dile a Megumi que yo te llamé de forma urgente, que te espere. O que vuelva a la casa, que haga lo que quiera. Si sabe que estás conmigo, no va a buscarte. Trata de que Shoko no te oiga.

— Ah, claro, ¿y cómo quieres que haga eso? Además, ¿qué pretendes?

Sólo ve y díselo.

Itadori evaluó la posibilidad de iniciar una nueva discusión pero la descartó rápidamente; un poco acalorado y desesperado porque no sabía mentir, decidió utilizar la excusa que Satoru le había proporcionado sin revelar mayor información. Apartó el teléfono de su oreja y se aproximó a la puerta, golpeando dos veces. Cuando oyó la voz queda de Ieiri del otro lado dándole permiso, abrió apenas para asomar la cabeza.

— Ah, Fushiguro, ¿puedo hablar contigo? Será sólo un momento.

— Claro.

Obviamente Fushiguro salió de aquel cuarto que olía a desinfectante con expresión perspicaz.

— Oye, tengo que irme. Surgió algo urgente, pero volveré pronto...si quieres puedes regresar solo a casa.

— ¿Está todo bien?

— Sí, sí.

— ¿Seguro? Pareces más acalorado que antes.

— Tengo calor.

— Mira.— Fushiguro cerró la puerta para tener mayor privacidad en el corredor vacío, encarándolo.— No vayas a hacer ninguna tontería. No sólo te veo, te estoy oliendo, Itadori. Eres un asco en estos momentos.

— Lo siento, no estoy pudiendo controlarlo.— soltó finalmente, un poco avergonzado.

— No estás tomando los supresores, ¿no es así?

— No.

— ¿No piensas hacerlo nunca, acaso?

— No, estoy bien sin ellos.

Seguro. Vete. Volveré a la casa apenas termine aquí.

— Bien...eh…¿todo bien…?

— Si, ahora vete.

Itadori no esperó que se lo dijera dos veces. Con un saludo se alejó de allí, saliendo del corredor para toparse con el infierno del exterior. Hacía incluso más calor que antes, si era posible.

— No puede hacer tanto calor.

No hace tanto calor, eres tú. Yuuji, tercer piso del edificio lateral, ¿te ubicas?

— Eh...sí, creo que sí.

Ve allí. Te espero.

Y con aquella promesa por delante, Itadori desvió su camino colgando la llamada.