Para esa instancia, Itadori no sólo estaba acalorado, sofocado y sudado por completo al subir escaleras y recorrer pasillos que ubicaba parcialmente, sino que se sentía fuera de lugar invadiendo propiedad privada porque ya no se trataba de un alumno del establecimiento generándole más sentimientos encontrados de nostalgia, indiferencia y ansiedad.
Claro, Satoru se conocía la escuela entera pero él no había recorrido todos aquellos recovecos; indignado, se permitió un leve descanso luego de subir las últimas escaleras; había un piso más pero allí el calor ya era enfermizo, insano. Sospechando que aquel edificio estaba deshabitado porque el ciclo lectivo todavía no había comenzado, Itadori se quitó la sudadera transpirada, abanicándose con ella. Incluso podía sentir el sudor recorriéndole el rostro, el cuello. Con fastidio, se secó con la prenda y comenzó a avanzar preguntándose si aquello realmente había sido una buena idea.
Si el lugar adónde Satoru lo había convocado no tenía al menos un ventilador, iba a encontrar la muerte allí mismo. Y fue en ese momento donde se percató, entrecerrando los ojos en mitad de un corredor desierto, que Satoru no le había dicho dónde. El maldito le había dicho que fuera al tercer piso de uno de los edificios laterales, intuyendo el único que conocía y que había visitado alguna vez, pero...no le había dicho salón, corredor, ventana.
Aquel nuevo problema le había hecho dar más calor del que ya tenía. Bufó, un poco molesto por la falta de información; sacó el celular del bolsillo de sus pantalones, la sudadera aún colgada de su hombro.
Y descubrió.
"No voy a decirte dónde estoy. Usa el olfato, Yuuji." El mensaje lo había enviado casi al minuto de que habían cortado la llamada y recién lo había visto ahora, Satoru probablemente intuyendo que Itadori iba a darse cuenta de aquel pequeño escollo más tarde. Como siempre.
Ah, claro.
Satoru había sabido casi desde un principio que su olfato estaba un poco desajustado al resto y le costaba reconocer fragancias que no estuviesen muy concentradas en un cuarto cerrado o sobre su ropa, y le estaba pidiendo…¿que reconociera su olor en un recinto de aquella envergadura? Era una broma.
Secándose nuevamente el sudor del cuello, Itadori guardó el teléfono otra vez mientras avanzaba uno, dos pasos; inseguro, no sabía si lo estaba haciendo en la dirección correcta o la contraria porque literalmente no percibía nada. Para colmo, inspiraba aire caliente en un intento por recibir alguna fragancia por allí y no hacía más que sofocarse peor. Suspiró, parpadeando y golpeándose el rostro a sí mismo con la palma de su mano. Aquello tampoco podía ser tan difícil, era un sólo maldito piso de un edificio, tampoco era interminable; podía registrarlo rápidamente y sino hallaba nada, volver a hacerlo con más calma.
Sí, no era mala idea...sólo que iba a morir de calor en el proceso.
Eligiendo una dirección a los lados de la escalera, siguió aquella por donde había comenzado a avanzar. Caminó despacio con la intención de no acalorarse más y procurar percibir algo en el aire; llegó al final del corredor y se dispuso a girar por el pasillo siguiente, a unos 20 metros de la escalera.
Y al respirar, lo sintió.
Jadeó sin poder creer que su nariz hubiese captado aquel aroma a café negro que tanto conocía en un rastro tan sutil; apenas lo había sentido en el aire, casi como si hubiese pasado delante de su rostro adrede. El corredor frente a él también era largo y un tanto angosto, puertas de madera cerradas de un lado, ventanales cerrados del otro, el infierno desatándose allí con el sol golpeando aquel lado del edificio. Tragando saliva y animándose a caminar en el calor abrasador que hacía allí dentro, supo que estaba por el camino correcto cuando nuevamente, el aroma de Satoru se dejó percibir ahora con mayor intensidad; aceleró un poco el paso, siguiéndolo.
Y finalmente, el olor desaparecía tras una puerta cerrada, la penúltima de aquel corredor desierto. Itadori apoyó ambas manos en el marco de la puerta cerrada, su respiración agitada por motivos varios. Finalmente, su mano abrió lentamente la madera, el efluvio del otro surgiendo de allí con una intensidad que arrolló a Itadori de distintas maneras, una más fuerte que la otra.
Cuando ingresó al lugar supo que era un salón de clases que no conocía; el lugar estaba sumamente oscuro y con alivio notó que también estaba fresco. Aún así, por la luz que se filtraba del corredor podía ver el escritorio y los primeros pupitres. Y nada más.
Itadori se sentía más agitado que antes, casi como su hubiese subido muchas más escaleras de las que realmente había recorrido; su corazón golpeaba fuerte su pecho mientras sus ojos se adaptaban a la oscuridad intentando descubrir qué…
Y la puerta a sus espaldas se cerró bruscamente, dejándolo todo en la penumbra. Itadori no veía absolutamente nada; aquel lugar no tenía una sola ventana ni una luz artificial encendida, el único rastro de luz solar ingresando por debajo de la puerta en forma de rendija. No se sentía particularmente nervioso ni a la defensiva porque sabía que Satoru estaba allí dentro con él, pero le generaba un poco de ansiedad no poder verlo. Se había volteado hacia la puerta cerrada y como no percibía nada delante suyo, comenzó a retroceder hasta que sus caderas chocaron contra el escritorio, casi en medio del salón.
En un segundo, Itadori perdió estabilidad, su cuerpo siendo manipulado de forma tan sencilla y liviana que no tuvo tiempo de reaccionar, su rostro ya contra la madera del escritorio; un jadeo surgió de su garganta cuando sus cabellos fueron jalados hacia atrás, su cuello estirándose mientras otra mano se deshacía hábilmente de su cinturón, el sonido del metal y el cuero moviéndose y moviendo su cuerpo.
— Mira en el estado en el que estás.— la voz de Satoru contra su oído, enfadado y ansioso hizo gemir de nuevo a Itadori, la mano que ya se había deshecho del cinturón desprendiendo los botones y descendiendo la cremallera de sus pantalones en forma un tanto brusca.— Tu olor es tan provocador...lo hiciste a propósito, ¿no es así?
— ¿Eh? ¿Qué cosa?
Su cabello fue tironeado con mayor ímpetu y pese a que la posición le fastidiaba un poco, también le enardecía. Sentía el torso de Satoru pegado a su espalda, su mano de largos dedos introduciéndose por debajo de su ropa interior en forma casi exasperada; Itadori gimió y movió las caderas contra la mano ajena cuando ésta había tomado su erección en forma suave pero firme, sus piernas separándose instintivamente.
— Estabas buscando esto, ¿verdad? Que te folle en el colegio de nuevo.
— ¡No!...eso no es…
La mano que sostenía sus cabellos lo soltó y repentinamente lo empujó contra el escritorio, su torso ahora recostado en él; Itadori se apoyó en sus codos cuando Satoru jaló de sus pantalones y ropa interior hacia abajo de manera ruda haciendo temblar sus piernas y dejándolo completamente expuesto. Sus dedos acariciaron su piel desde sus pantorrillas hasta sus glúteos pasando por la parte posterior de sus muslos, y…
Itadori saltó en su sitio cuando una mano grande y firme golpeó su trasero repentinamente. No le había dolido pero sí le había sorprendido.
— Vamos de nuevo.— la voz seguía molesta sin ceder un sólo momento.
— Satoru…
Otro golpe, ésta vez más fuerte y rápido lo hizo dar otro respingo sorprendido, la mano que lo había golpeado ahora sobre la nalga maltratada presionándola. Itadori apoyó el rostro contra la madera fría del escritorio, suspirando y mordiéndose el labio inferior; Satoru nunca había demostrado una faceta sádica en la cama y que lo estuviese haciendo en el colegio, en una situación tan arriesgada y en el estado deplorable en el que él se encontraba...lo estaba disfrutando más de lo que su dignidad se animaba a admitir…
— Cuando yo hable, no puedes interrumpirme. ¿Está claro?
— Sí.
— Sí, ¿qué?
Itadori no podía pensar con claridad, entre el calor, la oscuridad y la excitación; pronto y ante su silencio, recibió otro golpe que ardió un poquito, haciéndolo gemir.
— Sí, señor.
— Bien. Ahora responde, ¿lo has hecho adrede?
— S-Sí, lo hice para...para...provocarlo a usted.
— Qué mocoso insolente.
Otro golpe, y sus glúteos fueron separados repentinamente, las dos manos apoyadas allí peligrosamente donde Itadori sentía las cosas un poco húmedas; sin previo aviso, uno, dos dedos se colaron en su interior despertando en él un jadeo ahogado, sus caderas alzándose cuando ni siquiera notó incomodidad en aquella primera penetración. No podía separar las piernas porque su ropa aún estaba enredada en sus tobillos y aquello le generó desesperación.
— Debería darte vergüenza el estado en el que estás.
Los dedos se abrieron y cerraron en su interior mientras iban aún más profundo. Itadori volvió a apoyarse en sus codos con la intención de voltear y pedirle a Satoru que lo hiciera de una vez sintiéndose listo y preparado desde un inicio para él; sin embargo, el Alfa parecía tener otros planes cuando su otra mano empujó su cabeza otra vez contra el escritorio, obligándolo a recostarse.
— No te muevas a menos que yo lo diga, ¿me has oído? Encima que me obligas a hacer esto…
— Yo no…— otro golpe certero en sus nalgas, ésta vez más fuerte y contundente lo hizo saltar otra vez, los dedos incrustándose en su interior.
— ¿Qué te he dicho?
Itadori percibió su voz y su respiración repentinamente cerca de su oído nuevamente, un tercer dedo introduciéndose en él. Resopló frustrado cuando en un nuevo intento no pudo separar las piernas más de lo que la ropa le permitía.
— Lo...lo lamento...por favor…
— ¿Por favor, qué?
— Necesito...tenerte en mi interior...ah…— un nuevo azote lo hizo gemir, sobre todo porque se había combinado justo en ese momento con el aumento del ritmo de aquellos dedos invadiéndolo.
— No me faltes el respeto. ¿Para qué me quieres en tu interior?
A Itadori se le ocurrían muchas respuestas a esa pregunta, una más subida de tono que la otra. Sin embargo, se tomó su tiempo para contestar mientras aquellos dedos largos hacían un trabajo maravilloso, la humedad entre sus glúteos siendo ya vergonzosa.
— ¿Y? Estoy esperando.— el tono autoritario lo devolvió a la realidad, su respiración demasiado agitada mezclándose con el sonido bochornoso que producían aquellos dedos entrando y saliendo.
— Quiero...quiero que me hagas un hijo…
La respuesta había salido en un gemido un tanto lamentable, sus palabras temblorosas. Aún así, los dedos en su interior frenaron repentinamente sus movimientos, el silencio instalándose entre ellos. Itadori abrió los ojos pese a saber que no alcanzaría a ver nada cuando percibió el vacío, los dedos retirándose en forma suave.
Ahora se arrepentía de haber dicho aquello tan a la ligera, ¿Satoru se habría molestado con él, había sido demasiado repentino? Ese pensamiento era uno de los preponderantes que tenía en esos momentos, la fantasía de que Satoru acabara en su interior durante su celo la cantidad de veces suficientes como para embarazarlo; se sentía avergonzado de sí mismo, sobre todo porque un pensamiento que no había compartido con el otro pese a que habían hablado varias veces de la posibilidad de tener un hijo más adelante.
Iba a voltear nuevamente cuando Satoru no agregó nada a sus palabras, preocupado por su silencio. Sin embargo, éste le ganó de mano sosteniéndolo por su trasero, separando sus glúteos nuevamente con ambas manos. Ahora, una invasión más firme y grande obligó a Itadori a arquear el torso cuando no hubo interrupción alguna en la penetración, sintiéndose completamente lleno en cuestión de segundos.
La embestidas no se hicieron esperar, el cuerpo de Itadori golpeando el escritorio conforme las caderas de Satoru chocaban en forma cada vez más violenta contra su trasero; intentó contenerse, de verdad lo hizo. Por supuesto, los gemidos y jadeos salieron sin que Itadori pudiese hacer nada al respecto, más cuando la mano de Satoru volvió a sostenerlo por sus cabellos obligándolo a arquearse hacia él.
— ¿Cuántos quieres que te haga?¿Eh? .— el resoplido de su voz agitada y el roce de sus torsos en cada embestida estaban llevando a Itadori a otro nivel, su aliento caliente contra su cuello.
— Los que...los que quieras…— una embestida particularmente profunda y certera hizo gritar a Itadori, mordiéndose el labio, resoplando.
— Respuesta equivocada. ¿Cuántos?
Como pudo, Itadori se arqueó un poco más y apoyó la nuca en el hombro de Satoru, buscando su oído; sus labios rozaron su piel y también la tela de su venda, aún en su sitio. Gimiendo contra su oreja derecha intentó hilvanar una frase coherente, si es que eso aún era posible.
— Lléname, por favor...tendré los que...todos los que pueda darte…
Finalmente, Satoru soltó sus cabellos y lo abrazó sosteniéndolo entre sus brazos mientras seguía penetrándolo en forma brusca y vehemente. Buscó sus labios y luego, cuando Itadori al fin había podido seguirle el ritmo a aquel beso ansioso, la boca de Satoru se deslizó por su mandíbula hasta su cuello dejando un rastro de saliva en el proceso...e Itadori sintió una molestia, un leve dolor instalándose en la base de su cuello. Jadeó sorprendido y complacido al comprender que Satoru había tenido el instinto de morderlo, de marcarlo pese a que Itadori aún parecía no haber entrado en celo del todo; sus dientes presionaron sin lastimar mientras Itadori lloriqueaba presa del orgasmo arrollador que lo embargó en ese preciso instante.
Y Satoru salió de su interior con un jadeo extraño, casi temeroso.
Itadori volteó el rostro intentando darse la vuelta para saber qué había sucedido, preocupado por el cambio repentino en su actitud; sin embargo, Satoru no se lo permitió y en medio de su confusión, Itadori percibió el líquido caliente y resbaladizo contra su espalda deslizándose hacia abajo.
Y siguió sintiéndolo, como si Satoru nunca terminara su orgasmo. No es que aquello fuese malo, pero era...extraño.
— ¿Estás bien?
— Yuuji, lo siento...dime por favor que acabaste.— la voz de Satoru parecía insegura, ansiosa. Finalmente, Itadori venció la resistencia de sus brazos y volteó, encarándolo.— Lo siento.
— Ah, sí...yo estoy más que bien, ¿pero qué sucedió contigo?¿Por qué te lamentas?
— No lo sé, yo...no lo sé.
Itadori frunció el ceño, más confundido que antes por su actitud repentinamente preocupada y consternada. En medio de la oscuridad, el Omega buscó sus labios y se alivió al comprobar que Satoru no lo rechazaba; sus manos descendieron por su torso hasta su entrepierna y descubrió que, sorpresivamente, aquel líquido caliente seguía surgiendo de su erección.
— Oye…¿estás bien? .— volvió a preguntar en un susurro mientras acariciaba su miembro. Satoru jadeó y tomó firmemente una de sus manos.
— No, la verdad no. Estoy...sorprendido.
Su mano guió la de Itadori hasta la base de su erección; fue hasta ese momento que Itadori comprendió parcialmente lo que había y estaba sucediendo. Una protuberancia bastante pronunciada que antes no había estado allí había inflamado esa porción de su anatomía, su pene aún rígido pese a que ya habían pasado un par de minutos.
— Estoy seguro de que todavía te falta para entrar en celo...pero aún así, mi cuerpo cree lo contrario.
— Eso...ese es el nudo, ¿verdad?.— preguntó Itadori un poco avergonzado y también sorprendido mientras seguía rozándolo con sus dedos.
— Ajá. Se da sólo cuando...Yuuji, ¿qué haces?
Sin pensarlo dos veces, Itadori se había arrodillado frente a Satoru mientras hablaba y había comenzado a limpiar lo que aún seguía saliendo de allí; oyó un quejido mal disimulado, la mano del otro sobre su cabeza. Podía jurar que aquello olía mucho mejor y más intensamente que sus feromonas, podría…
— Yuuji, sino dejas de hacer eso...voy a tener que estar en tu interior de nuevo.
— Genial. Por mi perfecto.
Satoru rió, su cuerpo temblando levemente por su risa.
Y sucedió otra vez. Con un poco de vergüenza, Itadori se percató de que habían tenido sexo más de tres veces dentro de aquel salón de clases en penumbras. Luego de un largo rato, Satoru finalmente se había dignado a encender las luces para que pudiesen acomodarse y salir decentemente de allí. Un poco decepcionado, Itadori se percató avergonzado de sí mismo que Satoru no había podido acabar una sola vez en su interior por aquella maldita cosa.
— ¿No te duele? Se sentía...duro.— dijo Itadori incómodo mientras salían del salón, ahora sintiendo menos calor que antes.
— ¿El nudo? No te sonrojes, Yuuji. Es algo natural, aunque inesperado. Tus hormonas me afectan demasiado. Y no, molesta un poco pero no duele.
— Ah...bueno...yo…
Al bajar las escaleras en forma tranquila, Satoru atrajo a Itadori con un brazo rodeando su cintura; con un poco de ansiedad, Itadori notó que había gente a los alrededores y que varias de esas personas los estaban viendo. Sin importarle nada, Satoru elevó su mentón con una mano y posó sus labios sobre los suyos, acalorando a Itadori.
— ¿Te da pena que nos vean?
— N-No estoy acostumbrado, es todo.— Satoru besó su mejilla sonoramente y su nariz rozó su rostro, su boca ahora sobre su oído.
— ¿Y qué hay de cuando estés embarazado? Te van a ver, Yuuji.
Ahora sí, toda la sangre se le había subido al rostro al oír aquello susurrado en forma tan íntima contra su oreja; apenado, comenzó a balbucear incoherencias intentando explicarle que tampoco le importaba pero no tenía caso, Satoru sonriéndole. Burlándose de él, como siempre.
— Yuuji, creo que deberíamos hablar de eso.
— ¿De qué?
— ¿Realmente quieres que tengamos un hijo ahora? Podemos esperar.
Caminaron un poco más bajando un par de escalinatas hacia el estacionamiento; Satoru parecía dejar el vehículo ahí en caso de emergencias pese a que no solía utilizarlo porque la mayoría de las veces se desplazaba solo de formas misteriosas. Al oír la alarma del carro, Itadori reaccionó, su cabeza quemándose en el camino.
— ¿Tú no quieres? .— dijo tímidamente mientras se colocaba el cinturón de seguridad.
— Bueno...no es que no quiera, pero para mi es inevitable pensar en que tienes la edad que yo tenía cuando tuve a Samuru.— Satoru arrancó el vehículo y salió del estacionamiento, el sonido del auto y del aire acondicionado arrullando en el silencio.
— Pero no te arrepentiste de tenerlo.
— Claro que no, es mi hijo.
— ¿Entonces?
— Sólo te estoy preguntando si estás seguro. Yo estoy seguro de que quiero tener hijos contigo, pero no es necesario que sea ahora. Podemos…
El teléfono celular de Satoru comenzó a sonar en su bolsillo. Chasqueando la lengua, Satoru estacionó el auto en una callejuela lateral aún dentro de los terrenos del colegio. Itadori se limitó a observar y luego a mirar el paisaje cuando Satoru atendió la llamada.
— ¿Sí? Ajá, si, algo sabía. ¿De verdad?
Satoru parecía sorprendido pero no preocupado; al contrario, su pregunta parecía haber sido retórica acompañada de una sonrisa que se transformó en una risa alegre y despreocupada mientras jugaba con los botones del volante.
— Vaya, qué pronto. Éste sujeto no nos da tiempo a nada...no, aquí todo normal. Pero dime, ¿estás realmente seguro?
Otro silencio y una nueva sonrisa, ahora dirigida a Itadori quien se la devolvió sin saber de qué rayos estaba hablando y con quién. Al cabo de unos minutos más la llamada finalizó, Satoru aún sonriendo.
— ¿Todo bien?.— se atrevió a preguntar Itadori cuando Satoru volvió a reír, negando con la cabeza y encendiendo el vehículo nuevamente.
— La verdad, no lo sé. Creo que sí. Yuuji, ¿no sientes nada...raro, o fuera de lugar?
— ¿Raro? Define raro.
— No lo sé, alguna sensación en tu cuerpo o en tu mente fuera de tus calenturas.
— ¡Oye! Mmh…
— Cualquier cosa.
Itadori se rompió la cabeza pensando mientras el vehículo ingresaba ya a las calles de la ciudad, el aire acondicionado golpeando su rostro. Había dicho cualquier cosa, algo raro, algo fuera de lugar en su rutina de todos los días, algo que llamara su atención…
De repente lo recordó. Si Satoru no hubiese logrado que exprimiera su cerebro de aquella manera probablemente Itadori lo habría olvidado por completo. Un sonido estrangulado surgió de su garganta cuando finalmente dio con algo "fuera de lugar", algo que no le había sucedido hacía bastante.
— ¿Qué has recordado?
— Anoche soñé con Sukuna.— Satoru clavó los frenos bruscamente en el semáforo, riéndose.
— ¿En serio?
— En serio. No recuerdo qué me dijo, pero se reía. De mi, por supuesto. Aunque ahora que lo pienso...estaba un poco, no se...diferente. ¿Eso sirve?
— Sí, claro que sirve.
Satoru guardó silencio mientras el vehículo arrancaba nuevamente, el semáforo en verde. Itadori parpadeó, un poco confundido y aún intentando recordar qué le había dicho Sukuna, aunque probablemente había sido un sueño tonto salido de su imaginación.
— Me acaba de llamar un colega. No lo conoces, él no frecuenta el colegio.
— ¿Y?
Itadori se vio obligado a preguntar cuando Satoru no continuó la frase. Éste se limitó a sonreír, golpeando el volante con sus nudillos al parecer muy animado.
— Parece que Sukuna finalmente está despertando, Yuuji.
