Ahora sí Itadori podía afirmar que en cualquier momento le iba a explotar la cabeza.

Frunció el ceño mientras presionaba el puente de su nariz con los dedos, el dolor en la zona frontal llegando a parecer puñaladas cada vez que lo acometía; no supo cómo, logró abrir la puerta de la casa mientras Satoru seguía discutiendo por teléfono mientras estacionaba el auto, primero con Mei Mei y ahora creía que con Ieiri.

— ¡Yuuji! Ah, ¿estás bien?

No quería saber qué aspecto estaba manejando; Samuru había oído el ruido de las llaves y había salido a su encuentro, pero cuando vio el rostro de Itadori también había fruncido el ceño, preocupado y un poco asustado. Itadori cerró la puerta despacio y le hizo señas con una mano para tranquilizarlo, otra puñalada instalándose en la parte lateral de su cerebro.

— Estoy bien, sólo me duele un poco la cabeza.

Un poco y casi no había llegado a la cocina, revolviendo el cajón donde solían guardar los medicamentos; aliviado, encontró la píldora que estaba buscando y se la tragó sin más. Tuvo que servirse un vaso con agua porque aquella cosa se había atascado en su garganta, todo bajo la atenta mirada del niño que lo observaba desde la puerta.

— ¿Papá?

— Peleando con tu tía. Vas a ir con ella unos días.

— ¿Por qué?

— Porque...tenemos que viajar, sí. Tenemos una misión.

— Yuuji, no eres bueno mintiendo.

Itadori gimió ante el comentario del niño aún sosteniéndose de la mesada; cerró la cortina para que la luz del sol no le diera de lleno en el rostro por la fotofobia que le causaba el dolor.

— ¿Qué van a hacer?

Por Dios Santo, Samuru no le daba tregua ni aunque viese su agonía en primera persona; en condiciones normales Itadori ya habría tenido problemas para inventar una excusa creíble, con ese dolor no podía siquiera pensar en algo coherente. Por suerte, el portazo lejano le anunció que Satoru había ingresado a la casa, aún peleando por teléfono.

¿Y qué quieres que haga, sino habla? No estoy todo el día mirando el techo como tú, Shoko. Ah sí, claro.

— Parece molesto.— sentenció Samuru mientras oían los gritos del otro provenientes del living.

— Hemos estado un poco complicados, es todo.

"Complicados" era definitivamente una palabra que definía aquella situación. En el camino de regreso a casa, Satoru se había percatado de que tanto Fushiguro como Samuru iban a tener que salir de allí en los próximos días si nadie quería quedar psicológicamente traumado. El Alfa le había dicho que como mínimo iban a tener que estar ausentes uno días pese a que Itadori había leído que el celo no solía durar más de tres...a lo que Satoru le había explicado con toda la paciencia del mundo que era su primer celo y no sabían cómo iba a ser, además de que iban a tener que ventilar la casa cuando aquello terminase.

Apenado, Itadori había sugerido ir a otro lugar y dejar la casa tranquila; apenas había soltado aquello no sólo se había arrepentido porque en realidad deseaba estar allí, en su habitación y en su casa, sino que Satoru se había negado rotundamente a moverse de su hogar en lo que el otro consideraba un suceso de vital importancia en sus vidas.

Lo cual no había hecho más que ponerlo nervioso mientras lo había oído discutiendo con Mei Mei sobre los horarios de Samuru y explicándole sin pena alguna el motivo del cambio repentino. Para Satoru aquello era importante pero algo natural, pero para Itadori no. Sí era importante pero no lo veía como algo que pudiese nombrar tan a la ligera como lo hacía el mayor; aún así, se había guardado el comentario mientras su mente intentaba explorar otros motivos por los cuales ponerse peor y no había tenido que escarbar demasiado: la ambigüedad de las palabras de Satoru para referirse al "despertar" de Sukuna lo habían dejado en la incertidumbre total.

Cuando se había planteado aquello unos meses atrás Satoru le había explicado que había logrado conseguir el último dedo y que en base a eso podían generar un cuerpo nuevo utilizando hechicería inversa muy avanzada pero también anticuada para la época, que iba a llevar tiempo porque no era una cosa de un día para el otro y que probablemente él iba a experimentar cambios cuando los objetos malditos de su cuerpo - es decir, los otros 19 dedos - terminaran desintegrándose y fusionándose entre sí mientras lo que quedaba de Sukuna en su interior se traspasaba al otro cuerpo...o algo así. A decir verdad, Itadori no había entendido mucho y le había confiado la parte difícil a Satoru; Sin embargo, como aquello nunca se había hecho antes porque significaba prácticamente revivir a una persona fallecida hacía más de mil años, Satoru había tenido que recurrir a gente "experta" en esas cuestiones y que lo habían puesto de mal humor tiempo atrás.

De nuevo, como no había antecedentes de aquello, no sabían en realidad qué resultados esperar. Ya habían pasado cerca de cinco meses desde que Satoru había comenzado a ponerse más serio con la cuestión y alrededor de dos desde que Sukuna había dejado de aparecer tanto en su vida diaria como en sueños; cuando el Alfa le había dicho que tenían que aguardar algún resultado con paciencia, Itadori se había preparado para no tener noticia alguna por lo menos un año entero, lo cual visto y considerando la situación de Fushiguro no había sido nada alentador…

Pero, ¿tan rápido?

— Ahí viene.

La voz de Samuru lo sacó de nuevo de sus pensamientos. En efecto, Satoru había colgado la llamada en algún momento y había ingresado en la cocina con expresión hastiada. Parecía a punto de revolear por los aires la silla de madera en la que había apoyado las manos mientras resoplaba. Ambos, Itadori y Samuru guardaron silencio mientras Satoru seguía bufando intentando tranquilizarse.

— Samuru, hazme el favor y ve a tu cuarto.

— Pero…

— ¿No me oíste? Ahora.

Samuru volteó hacia Itadori en busca de apoyo; como no sabía bien qué era lo que le sucedía a Satoru y para no empeorar su ya de por sí mal humor, Itadori le sonrió al niño y acarició su cabeza como gesto de disculpa. Samuru se limitó a suspirar mientras se retiraba pasando por al lado de su padre, entrecerrando los ojos con suspicacia.

— No van a empezar a pelear de nuevo, ¿no?

Satoru gruñó en respuesta y el niño huyó mientras Itadori reía por la agresividad fingida del otro con Samuru.

— No era para que lo trates así tampoco.

— Sino lo mando a encerrarse no me deja discutir tranquilo y eso me pone de los nervios.— Satoru caminó hacia la puerta de la cocina y la corrió, dejándolos a los dos encerrados.— ¿Megumi está en su cuarto?

— Ah, no lo sé...no vi nada. Vine derecho a tomar algo porque me explotaba la cabeza.

El Alfa lo observó con expresión compungida y preocupada mientras Itadori se sentaba en la mesa sintiendo con alivio como el dolor cedía rápidamente al medicamento.

— No es nada, ya se me está pasando.

— Las cefaleas son síntomas previos del celo. Yuuji, presiento que más que la casa vamos a tener que desalojar la manzana entera.

— ¡Oye!.— Itadori se sonrojó indignado y abochornado mientras Satoru reía de su reacción.— Tampoco para tanto.

Aunque no estaba muy seguro de lo que él mismo decía sabiendo que nunca había pasado por aquello y que los síntomas que estaba teniendo eran como mínimo...intensos.

— ¿Sabes? Recién colgué con Shoko.

Un momento de silencio y Satoru caminó tranquilamente hacia la mesa, sentándose al lado de Itadori; el ambiente cambió y pese a que no se volvió pesado ni incómodo, el Omega supo que ahora sí iba en serio. Satoru se reclinó en la silla cuan largo era dejando las gafas oscuras sobre la mesa, pasándose las manos por el rostro y despeinándose en el proceso.

— ¿Algo va mal?

— Bueno...mal, no. — Satoru parecía buscar las palabras adecuadas pese a que no solía tener demasiados reparos para hablar.— Tiene dos cosas adentro.

— ¿Dos cosas…? Satoru, ¿no serán dos bebés?

— Bueno, sí. Eso.

— Ah, ya me parecía…¡¿espera, dos?!

— Grita un poquito más fuerte a ver si te escucha.— Itadori se golpeó el rostro al tapar su boca arrepentido de su exabrupto.— Shoko me dijo que Megumi no quería que lo supiéramos.

— ¿Eh?¿Por qué no?

— Yo qué sé.— ahora sí, Satoru parecía un poco molesto, pateando la silla contraria.— Siempre fue un poco cerrado pero esto es pasarse de la raya.

— Bueno, es su cuerpo...tal vez necesite tiempo para asimilarlo.

— No tenemos tiempo, Yuuji. Shoko me dijo que esto complica las cosas. Su estado no está mejorando, está peor.

— Maldita sea.

Además de los cambios de humor que Fushiguro había experimentado hasta ese momento, también había estado la competencia por ver cuál de los dos dormía por más tiempo; Itadori ya había pasado con éxito aquella etapa una vez que Sukuna se hubo marchado de su cuerpo, pero Fushiguro no. Cada día, parecía acostarse más temprano y levantarse más tarde, comía menos pese a su insistencia - que por supuesto había derivado en un sinfín de peleas - y a Itadori no se le habían escapado las ojeras que a veces presentaba bajo sus ojos un tanto tristes.

Pese a todo el drama de la convivencia y de lo que a Itadori le costaba ceder un poco en determinadas cuestiones, se había esforzado en darle su espacio. La situación, si se ponía en los zapatos de Fushiguro era como mínimo incómoda. Poniéndose en su lugar, no supo cómo hubiese reaccionado él y Satoru hubiese desaparecido de la noche a la mañana casi sin previo aviso y peor aún, dejándolo a la espera de un niño que nunca conocería. Satoru había insistido aún en no mencionarle el tema del experimento con Sukuna a Fushiguro porque si aquello salía mal y lo ilusionaban...Itadori no quería siquiera pensar en el colapso que podría llegar a tener en semejante estado.

Seguramente se sentía triste y también solo. Que estuviese allí rodeado de los gritos y las rutinas de ellos no significaba realmente que se sintiera acompañado. Contenido probablemente sí, pero el sentimiento egoísta de desear que fuese otra persona la que se estuviese haciendo cargo de todo seguramente estaba allí e Itadori lo sabía...y como tampoco sabía muy bien cómo lidiar con un tema así con alguien reservado como Fushiguro…

— ¿Qué va a pasarle?

— Esperemos que nada. Confío en que Sukuna va a despertar antes de que las cosas lleguen a complicarse.

— ¿Y si eso no sucede?

— Bueno...Shoko no está muy segura, pero...no lo sé, Yuuji.

— Dímelo, no soy tan delicado.

Satoru lo observó largo rato evaluando la expresión concentrada de su rostro.

— Ella teme que éste embarazo en particular requiera más energía maldita que la que Megumi puede concentrar incluso para sí mismo. Si no consigue una fuente externa, comenzará a colapsar con el paso de los meses. Ahora duerme para conservar mayor cantidad de energía, pero en un punto eso no será suficiente.

— ¿Y no podemos pasarle nosotros energía a él?

— No. La rechazaría.— Satoru resopló y una risa sin alegría se escapó de sus labios.— Tiene que ser el padre el que lo haga.

— ¿No puedes...no sé, ir a patear a Sukuna para que se despierte de una vez?

— Si fuese tan fácil ya le habría pateado la cabeza. Desgraciadamente, no funciona así. Si alteramos el proceso sólo un poco intentando acelerarlo, la cagamos.

— Satoru, no podemos pedirle que se vaya estando así.

El aludido frunció el ceño, confundido por sus palabras. Al cabo de unos segundos en los que Itadori sintió su rostro arder ante el silencio del otro, Satoru reaccionó arqueando las cejas y golpeando la mesa con una mano.

— Ah no, Yuuji. Una cosa es que quiera mucho a Megumi y me preocupe por él y otra es permitir que se quede aquí adentro mientras nosotros follamos día y noche en el cuarto de al lado por no sé, cuatro días.

— Tampoco lo pintes así de mal.

Es así de malo, Yuuji. No vamos a salir de allí adentro. Mejor dicho, yo no voy a permitirlo.

El calor en las mejillas de Itadori aumentó un poco más mientras Satoru seguía indignándose. Mientras soltaba alguna que otra frase bochornosa, terminó comentándole que Ieiri había accedido a vigilarlo en las instalaciones del colegio por si algo sucedía mientras ellos realizaban "sus actividades".

Bueno, una cosa era que se fuese a un hotel y otra muy distinta que se quedara con Ieiri...ella estaba mucho mejor capacitada para atenderlo en caso de que algo extraño le sucediera a Fushiguro, por lo que…

— ¿Cómo te sientes?

— Se me pasó bastante el dolor, por suerte.

— ¿Y de lo otro?

— Voy a ver a Fushiguro.

Itadori se levantó despedido hacia la puerta por una energía sobrenatural mientras Satoru se reía de él, como siempre. No era mentira que iba a ver cómo estaba el otro; mientras caminaba por el corredor, sentía un poco de pena al recordar que lo había dejado solo con Ieiri por...bueno.

Cuando llegó frente a la puerta del cuarto que ocupaba Fushiguro su determinación flaqueó un poco. Tal vez el Omega se encontrara molesto porque lo había abandonado en el colegio o quizás afectado por la noticia que Ieiri le había dado y que Fushiguro había querido evitar que se supiera; de una u otra manera, su mano quedó suspendida en el aire, sus nudillos a centímetros de la puerta. Indeciso, suspiró intentando decidir cuál era la mejor opción.

— ¿Itadori?

La voz amortiguada de Fushiguro le llegó desde dentro de la habitación. Sorprendido, Itadori tragó saliva y apoyó el rostro contra la puerta, nervioso.

— Ah, sí...yo…

— Pasa.

Luego de un momento de silencio, Itadori abrió la puerta. Frunció el ceño cuando el aroma de Fushiguro lo golpeó de lleno; no es que oliese mal, ya conocía la fragancia de sus feromonas, algo parecido a la menta, pero...era demasiado. El olor estaba tan concentrado que Itadori lo pensó dos veces antes de dar un paso y cerrar la puerta tras de sí. Fushiguro se hallaba sentado en la cama, libro en mano. Primero lo observó con expresión curiosa, luego una leve sonrisa se instaló en sus labios asustando a Itadori.

— ¿Tan mal huele?

— ¡No! Yo no dije eso, ¿por qué piensas eso?

— Porque estás frunciendo la nariz. Mucho.

— Ah.

Itadori no agregó nada más y se animó a acercarse a la cama. Fushiguro cerró el libro y lo dejó a un lado, las piernas cruzadas delante suyo. Como Itadori no percibió hostilidad o incomodidad, terminó sentándose a los pies de la cama, lejos del otro Omega para darle su espacio.

No es que huela mal, es…

— Te asfixia. Sientes que es demasiado y quieres salir corriendo de aquí.

— ¡Exacto! Bueno, lo de salir corriendo no tanto, tampoco.

Fushiguro extendió su sonrisa y la expresión de su rostro se relajó un poco ante la mirada preocupada de Itadori.

— Me asustas.

— Al fin parece que estás actuando como un Omega normal.

— ¿A qué te refieres?

— Es normal que los olores molesten cuando estás cerca del celo. Vas a estar mucho más sensible a las feromonas de los Alfa y más reacio a las de los Omegas.

Ahora que Itadori lo oía y pensaba en ello, tenía que darle la razón. Hasta hacía unos meses, su olfato era un sentido en el que no podía confiar porque sencillamente le costaba incluso diferenciar feromonas. De un tiempo a esa parte los había captado con mayor facilidad, pero hacía unos días que el aroma de Satoru se sentía mucho más fuerte y el de Fushiguro le resultaba un tanto repelente.

— ¿Te duele el vientre?.— preguntó Fushiguro casi en un susurro.

— Doler no, pero me molesta un poco.

— ¿Te ha dolido la cabeza?

— Sí, recién casi muero.

— Bueno…— Fushiguro suspiró recargándose en los almohadones.— No creo que te falte mucho, a lo sumo uno o dos días. Date una ducha fría dos o tres veces en el día y ponte hielo en la cabeza, eso ayuda.

— Gracias.— Itadori le sonrió.— No sé mucho de estas cosas así que cualquier consejo viene bien.

— Nunca leer al respecto, ¿verdad?

Bueno…

— Itadori.

— ¿Sí?

Fushiguro volvió a sentarse entre los almohadones, su mirada más intensa que de costumbre. Los segundos de silencio se prolongaron mientras la tensión crecía en el cuarto, Itadori aguardando.

— ¿Has pensado en lo que te dije?

— ¿Sobre qué?

— Sobre los supresores.

— Sí. Hablé algo de eso con Satoru, de hecho.— Fushiguro torció el gesto al oír el nombre de su ex profesor.— ¿Qué?

El Omega abrió la boca, volvió a cerrarla. Separó los labios una vez más y suspiró.

— No me malinterpretes, pero en lo único en lo que suelen pensar los Alfa es en marcar y embarazar.

— Bueno, él parece más reacio que yo a la cuestión.

— Está usando psicología inversa.

— Mmh…

Itadori se rascó la cabeza un poco confundido por las palabras de Fushiguro. A él no le había parecido que Satoru hubiese utilizado...eso, más bien parecía preocupado; aún así le resultaba bastante sospechoso la ambivalencia con la que el Alfa trataba el tema. Por un lado le aseguraba que había tiempo, que podían ir despacio...pero por el otro ya habían sido varias las ocasiones en las que le había mencionado el tema con cierta ilusión, prendiéndole fuego el cerebro a Itadori.

— ¿Entonces?

— ¿Entonces, qué?

— Itadori…— Fushiguro ahora sí parecía exasperado y para Itadori aquella era la verdadera faceta del joven.— Vas a tomar los supresores o no.

— No.

Otro momento de silencio más incómodo que el anterior; ambos quedaron mirándose mutuamente como si pudiesen atravesarse con la mirada; Itadori no iba a ceder pese a que veía el enojo creciente en Fushiguro detrás de sus ojos entrecerrados.

— Cómo que no.

— No, no lo haré. Mira.— Itadori se recostó en el colchón, suspirando.— Si tiene que ser, que sea.

— Es decir que vas voluntariamente a cometer el mismo error que yo.

Al oírlo, Itadori ladeó la cabeza en su dirección. Fushiguro no estaba observándolo directamente, pero aún así podía ver un rastro de preocupación en su mirada.

— Fushiguro.

— Qué.

— Tú…¿tú querías...esto?

Finalmente, Fushiguro flexionó las piernas y se abrazó a ellas como si de un refugio se tratasen. Al cabo de un par de minutos de silencio se atrevió a cruzar miradas con Itadori quien aún aguardaba una respuesta.

— Lo voy a decir una sola vez, más vale que oigas bien.

— Adelante.— Fushiguro inspiró profundamente, suspirando.

— Yo no lo planeé. Nunca dejé de tomar los supresores, esto...sucedió aún con todos los recaudos.

— ¿Es eso posible?

— Creía que no, menos por un sueño.— ambos torcieron el gesto, un tanto espantados.— Pero no me arrepiento de seguir adelante con el embarazo, si eso es lo que te estás preguntando.

— Fushiguro.

— Dime.

— No tomes a mal mi pregunta, no quiero ofenderte, pero...¿Te has enamorado de Sukuna?

— ...un poco.

Un poco.

Ambos suspiraron, uno apesadumbrado y el otro avergonzado. Se quedaron allí largo rato disfrutando de la compañía silenciosa del otro; Itadori ya no se sentía tan asfixiado por el aroma de Fushiguro y el dolor de cabeza había cedido del todo.

— Itadori.

— Ajá.

— Si...bueno, si sucede...tienes mi apoyo.

El aludido tardó varios segundos en comprender de qué estaba hablando Fushiguro; lo que lo había delatado en realidad había sido el sonrojo de su rostro y su mirada esquiva, la expresión contrariada presente nuevamente.

— Gracias. Tú también lo tienes, aunque ames a una bestia asesina.

— Itadori…

— Ya,ya. Iré a ver qué hace Samuru, Satoru lo mandó a…

Un quejido sorpresivo escapó de la garganta de Itadori; frunció el ceño mientras flexionaba las piernas sobre la cama volteando hacia un costado. Fushiguro se acercó a él gateando sobre el colchón, preocupado.

— ¿Qué sucede?

— Me duele, ahora sí.— Itadori suspiró cuando la punzada que había atravesado su vientre cedió, dándole un respiro.— Ahí pasó.

— ¿Te duele el vientre o la cabeza?

— El vientre.

Fushiguro frunció el ceño y chasqueó la lengua, levantándose de la cama ante la mirada interrogatoria de Itadori.

— ¿Adónde vas?

— A llamar a Gojo...dime que está en la casa.

— Sí...creo.

Itadori inspiró bruscamente cuando otra puñalada atravesó la parte baja de su abdomen; se sentó en el borde de la cama y encorvó el torso hacia delante. En esa ocasión el dolor había sido un poco más fuerte, casi dejándolo sin aire. Cuando levantó la mirada nuevamente soltando el aire que había retenido, Fushiguro lo miraba espantado. Incluso se había cubierto el rostro con la mano.

— Hueles...yo...me voy. Haz lo que quieras con Gojo.

— ¿Qué, pero de qué hablas, Fushiguro?

Sin que Itadori pudiera evitarlo, Fushiguro había salido raudo por la puerta. En el corredor y más allá oyó voces un tanto alteradas; la voz de Satoru le llegaba un tanto amortiguada pero aún así detectaba la ansiedad con la que se estaba peleando con Samuru en esos momentos...poniendo aún más nervioso a Itadori.

¿Tan pronto había llegado el momento de…?


Chan,chan,chan...

Disculpen la demora con la actualización, literalmente me di cuenta hoy que habían pasado demasiados días xD

Como siempre, muchas gracias por todo el apoyo, amores míos

Nos leemos!