— Yuuji, ¿estás bien?

A Itadori no le pasó por alto que la pregunta no había sido hecha con preocupación, sino con diversión. Samuru había soltado una pequeña risilla casi a lo último quitándole seriedad a la cuestión.

Si es que ya tenía alguna a ese punto.

Jadeó por quinta vez, ya bastante desesperado y al borde de un nuevo colapso ahora provocado por la ira.

— No, claramente no estoy bien, ¿no ves acaso que la estoy pasando mal?

— Pero no entiendo cuál es el problema. Si me lo cuentas podría ayudarte. Tal vez. Quizás.

Itadori desvió la mirada del objeto presionado entre sus manos sudorosas hacia Samuru, un poco más alejado aún sobre la cama. El niño lo miraba con aire confundido y preocupado, pero al mismo tiempo divertido por la exageración que estaba haciendo Itadori desde hacía unos minutos. Se miraron durante varios segundos hasta que Itadori volvió a jadear, resignándose.

— No puedo desbloquear el teléfono de tu padre. No me sé el código y me quedan cinco intentos más antes de bloquearlo del todo.

— Oh.

Como sucedía siempre, Samuru entrecerró los ojos y paseó su mirada entre Itadori y el teléfono entre sus manos, la pantalla encendida y los dígitos esperando ser marcados. Itadori casi podía ver el proceso mental, sus neuronas moviéndose como engranajes mientras asimilaba la situación y se retorcía los sesos buscando una solución sin decir nada en el proceso.

Eran sólo seis números, seis. Con cada intento fallido y la vibración del aparato indicando que no le había acertado, la ansiedad de Itadori crecía cada vez más; sino lograba desbloquear aquella cosa, nunca podría obtener el número de Suguru y aún más importante, no sabría por qué le había estado marcando a un número que sabía podía estar fuera de servicio.

¿O acaso conocía que Itadori lo tenía en su poder...y estaba intentando comunicarse con él?

— ¿Has probado con mi cumpleaños?

— Sí.

— ¿Con el de él?

— Sí, también.

De repente, su propio celular comenzó a vibrar en la cama, abandonado. Samuru lo tomó entre sus manos, mirando la pantalla. Parpadeó un par de veces y extendió el aparato en su dirección bruscamente como si fuese a explotar en cualquier momento. Itadori tenía los codos apoyados en los muslos, una de sus manos ocupada con el teléfono bloqueado y la otra arrancándose los cabellos. Por el rabillo del ojo detectó el movimiento de Samuru y chasqueó la lengua, sintiéndose incapaz de atender a nadie en medio de aquella crisis. Si por hablar distraídamente llegaba a errarle otra vez al código que en su mente no podía esperar un segundo más a ser develado…

— Atiende tú. Di que no estoy.

— ¿Seguro?

— Sí,sí.— luego de varios segundos de tensión, Samuru suspiró, resignado.

— Ah…¿hola?

Samuru tenía el ceño fruncido pero no parecía molesto, y por un momento al verle aquella expresión Itadori sudó al pensar que Nanami podría estar llamándolo para saber si todo había salido bien.

Sin embargo, Samuru sonrió al oír lo que sea le decía la persona del otro lado de la línea, despertando la curiosidad de Itadori.

— ¿Quién es?

— Megumi.

— ¡¿Qué?!¡¿Fushiguro?!

— Dice que no grites, que puede escucharte. Ajá, sí. Sí, ha estado un poco nervioso estos días.

— Oye.— Itadori se sonrojó al oír aquello porque sabía que no se estaba dirigiendo a su persona, pero sí estaba hablando sobre él.

— ¿Has probado con tu cumpleaños, Yuuji? .— ambos parpadearon en silencio.— Sí, estamos intentando desbloquear el teléfono de papá.

— No, no he probado.

— Yuuji…

Pese a que lo había llegado a pensar, Itadori no había marcado su fecha de nacimiento en el teléfono porque le generaba inseguridad y un poco de pena considerarse tan importante como para ser el código de desbloqueo del teléfono del hechicero más fuerte. Con dedos un tanto temblorosos, Itadori marcó el día, el mes y el año.

El celular no vibró y la pantalla de inicio apareció frente a sus ojos, todas las aplicaciones, los mensajes, las llamadas. Ambos jadearon, aliviados.

— Ahora sí puedo respirar...pon el altavoz, Samuru.

— Claro.— el niño dejó el teléfono sobre las frazadas, ambos mirándolo como si en cualquier momento una maldición pudiera surgir de allí.

¿Itadori?

— Hey, Fushiguro. Tanto tiempo.

Una risilla del otro lado de la línea, un sonido muy sutil como respuesta. Itadori se cubrió la boca con la mano cuando sus ojos se anegaron en lágrimas de conmoción, Samuru sonriéndole. O riéndose de él.

Sí, ha pasado un tiempo. Yo...ah...siento todo lo que ocurrió. Y...felicidades, Sukuna ya...bueno, ya me contó todo.

Fushiguro había comenzado relativamente bien aquella frase para pasar luego al tartamudeo y terminar farfullando en forma violenta lo último. Lo oyeron suspirar, al parecer ahogado.

— Ah...sí, gracias.

— ¿Felicidades?¿Por qué felicidades?

La línea quedó en silencio al igual que Itadori. Con el temita del teléfono se había olvidado completamente del embarazo y de contarle a Samuru antes de empezar aquella travesía. Nuevamente, la ansiedad se apoderó de Itadori sin que le diera siquiera un segundo de descanso. Estiró la mano hacia el niño y acarició su cabeza, el rostro perspicaz y desconfiado.

— Prometo contarte con lujo de detalle después, ¿sí?

— Pero…

— Ahora no, por favor.

Ante la súplica un tanto cansina de Itadori, Samuru cerró de nuevo la boca, la expresión un tanto compungida en el rostro. En ese instante, Itadori se arrepintió de haber utilizado aquel tono de hartazgo con el chico temeroso de que iniciara alguna de sus cruzadas típicas de interrogatorio. Sinceramente, no tenía deseos de conversar aquel tema con los nervios de punta culpa de lo que acababa de suceder con el celular de Satoru y lo que había visto anteriormente en su pantalla y si a eso tenía que sumarle a Fushiguro de testigo en el teléfono, ya estaban listos. Sin embargo, tampoco quería que Samuru malinterpretara su tono de voz…

— Entiendo.

— Escucha, Samuru…

— No, no. Está bien, realmente entiendo.

— Luego hablamos tranquilos tú y yo solos, ¿si?.— Itadori susurró con la frente pegada a la de Samuru. Aún se sentía un tanto culpable, pero la sonrisa del niño lo alivió bastante.

¿Pudieron desbloquearlo?

La voz de Fushiguro sonaba un tanto lejana, casi como si su teléfono no estuviese en su rostro. Itadori se separó de Samuru segundos después, frunciendo el ceño.

— Sí, recién pude.

¿Y?

— ¿Y, qué?

Itadori, maldita sea. ¿Lo has buscado?

El aludido tardó varios segundos de procesamiento mental en entender lo que Fushiguro le estaba preguntando. Tuvo que atar cabos para comprender que Sukuna le había contado la conversación que habían mantenido aproximadamente una hora atrás y que estaba intentando disimular delante de Samuru sin delatarlos a ambos. Carraspeó, poniéndose otra vez ansioso cuando comprendió que iba a tener que disimular...e Itadori no era muy bueno fingiendo o mintiendo en ciertas circunstancias.

— No, no lo he buscado. Pero ha llamado.

¿Qué?¿De verdad…? Dios, a ver, Itadori, aguárdame un momento.

Repentinamente Fushiguro había pasado de la sorpresa al fastidio, luego a la concentración en su voz. Se miraron con Samuru mientras oían sonidos extraños del otro lado de la línea, tal y como si el otro estuviese acomodando algún objeto. Pasaron varios segundos sin que nadie agregara nada más y, de imprevisto, se oyó un ruido raro que Itadori y Samuru reconocieron casi al instante, ambos jadeando.

Era el sonido característico del gorjeo de un bebé.

— ¡Dios!¡¿Tienes a tus bebés ahí?¡¿Cómo son, cómo se llaman?!¡Mándanos una foto!

— ¡Fushiguro, maldito seas, me había olvidado con todo esto! ¡¿Cómo estás después de…?! ¿Son dos niños, dos niñas, qué…?

Cálmense.— ambos habían comenzado a los gritos al mismo tiempo con preguntas parecidas aturdiendo al Omega. Éste suspiró, resignado.— Estoy bien. Son dos niños. Y son más demandantes que el padre.

— ¿Quién es el padre?.— Itadori jadeó cuando comprendió que Samuru iba a iniciar el interrogatorio y que Fushiguro desconocía en dónde estaba a punto de meterse.

...su nombre es Sukuna.— Itadori se cubrió la boca con ambas manos para no reírse al oír el tono un tanto avergonzado con el que lo había dicho Fushiguro.— Bueno, basta. No llamé para hablar de mi.

— Fushiguro.— Itadori logró pronunciar su apellido casi en medio de un ataque de risa ante la mirada interrogatoria de Samuru.

Qué.

— ¿Aún lo llamas por su apellido? Vamos, no seas tímido.

Te detesto…

— ¿Cómo se llama?.— indagó Samuru, repentinamente interesado.

— Ryomen. Creo.

— ¿Cómo crees?

¿Cómo crees? Conviviste con él tantos años y no lo...no sé para qué me molesto si ya te conozco a ti.

— Oye, no…

¿Ha llamado al número de Gojo-sensei?

— ...Sí, varias veces.

El cambio rotundo de conversación descolocó a Itadori por unos segundos. Nuevamente, intentó disimular frente a Samuru. Para esas instancias y con todo lo que había sucedido, no quería agregar una presión más a la cuestión. En realidad, Satoru le había comentado al pasar que Samuru conocía a grandes rasgos la historia de su "difunto" padre pero no había ahondado en detalles. Por supuesto, con la memoria y la inteligencia que tenía el mocoso, Itadori no podía confiarse; además de saber el nombre de su padre probablemente conocía hechos aislados o algún detalle que podría hundirlos si lo mencionaban de casualidad...y la verdad, Itadori no comprendía siquiera qué era lo que había sucedido como para encima tener que intentar darle explicaciones a Samuru.

¿Cómo rayos iba a explicarle que el padre que consideraba muerto todo ese tiempo en realidad estaba vivo y no lo sabía?¿Por qué se había ocultado todo ese tiempo? Mejor dicho, ¿por qué Satoru se los había ocultado a los dos, sobre todo al niño que tenía derecho a saberlo?

Eso lo llevaba de nuevo a la orilla de aquel abismo en el que no quería entrar porque sabía lo difícil que sería salir una vez dentro.

¿Cuánto hacía que Satoru sabía que Suguru seguía con vida?¿Meses, años…?

...O en realidad…¿nunca había muerto y aquello había sido toda una farsa inventada por ellos?

Acaso…

No, no iba a poner el pie dentro del abismo...pero su mente iba sola, tal y como si hubiese un remolino nefasto y oscuro que lo atraía sin que él pudiese evitarlo…

¿Acaso Satoru se lo había estado ocultando adrede...porque se habían reconciliado?

— ¡Yuuji!

Itadori, ¿estás bien?

— ¿Eh?

— ¿Qué te pasa?

En ese instante, Itadori se percató de que se había hundido tanto en sus pensamientos que no había oído a ninguno de los dos llamándolos; Samuru incluso se había aproximado a él y aferraba su antebrazo, sacudiéndolo. El niño tenía el rostro lleno de preocupación, el ceño fruncido y los ojos un tanto brillosos.

Y fue ahí que Itadori se percató que él mismo tenía las mejillas húmedas. Con asombro y algo de bochorno, se secó las lágrimas de manera nerviosa, carraspeando. Se había dejado llevar, por supuesto. Había asomado la cabeza al abismo y ahí tenía el resultado, las inseguridades y la incertidumbre convirtiéndose en delirios que se alimentaban con hechos confusos y falta de información. Sin embargo…¿cómo no iba a pensarlo, si…?

— Estoy bien, Samuru. Lo siento.

— No, tú no estás bien.— Samuru lo soltó realizando un aspaviento con ambas manos, ansioso.— No sé qué me están ocultando, pero no te está haciendo bien.

A ese punto, Itadori temía que el llanto llegara de nuevo, los pensamientos intrusivos martillando su cerebro y la presión que ejercían las palabras de Samuru orillándolo a otra crisis.

Samuru, basta.— el tono severo de Fushiguro los sorprendió a los dos.— ¿No te das cuenta que Itadori está desbordado? Tenle un poco de compasión, quieres.

— Ah...yo...sí, claro que lo sé, pero…— increíblemente el modo en el que Fushiguro había hablado había descolocado a Samuru.

Déjanos hablar un poco a solas, ¿si? Es un ratito.

El tono se suavizó nuevamente, distendiendo el ambiente. Samuru se quedó mirando el teléfono unos segundos antes de incorporarse de la cama. Itadori se sintió incómodo por el cariz que había tomado la conversación en tan poco tiempo, pero no detuvo al niño. No iba a poder lidiar con él si le daba el espacio para que comenzara a hacer preguntas que Itadori no podía responder en ese momento.

— Luego te busco, ¿está bien?

— Claro...yo...lo siento, Yuuji. Sólo estoy preocupado.

Itadori le sonrió mientras tomaba su mano presionando suavemente.

— Lo sé, no te preocupes. Ahora, ve a matar algo en la play.

— Yendo.

Se hizo el silencio mientras Samuru abandonaba la habitación y cerraba la puerta. Itadori aguardó unos segundos más y como nueva medida de prevención, se incorporó y se encerró en el baño privado de aquella habitación, sentándose en la tapa del retrete.

¿Se fue?

— Sí. Gracias.

¿Por qué oigo eco?

— Porque vine al baño. Por si acaso.

Ah.

Otra vez, el silencio. Itadori tenía la mente en blanco, el celular aún en altavoz y el otro teléfono en su mano, la pantalla bloqueada nuevamente.

Lamento lo de recién...pensé que Samuru ya sabía lo del embarazo.

— No tuve tiempo...después de que hablé con Sukuna lo primero que hice al llegar fue buscar éste maldito teléfono...Fushiguro, estoy harto.

Háblame.

— No vas a molestarte si lloro, ¿verdad?.— el otro farfulló algo ininteligible y suspiró, luego resopló.

Si voy a molestarme con tan poco entonces no sirvo para escucharte. Adelante.

Itadori se reclinó hacia atrás apoyando la espalda en la pared. Suspiró sintiendo como si una especie de peso invisible abandonara sus hombros, sus brazos. La oportunidad tan deseada de poder conversar abiertamente con alguien de confianza, alguien que pudiese entenderlo sin miedo a que lo juzgara estaba allí, frente a él. Hacía semanas que Itadori venía acumulando pensamientos y emociones un tanto perturbadores, por lo que la advertencia de un posible llanto no había sido en broma.

Cuando separó los labios, incluso antes de soltar la primera frase, ya sentía un leve temblor en su barbilla.

— No sé qué pensar...no puedo creer que...que Suguru siga con vida.

Ni yo. Sukuna me lo comentó recién. Itadori, él no sabe nada y yo tampoco se lo expliqué, si te lo dijo en forma muy brusca…

— Oye, porque hayas tenido sus hijos no tienes que justificarlo.— un sonido estrangulado se oyó del otro lado de la línea haciendo sonreír un poco a Itadori.— Iba a hacerlo igual, aunque lo supiera. Igual no importa, agradezco la sinceridad. Estoy cansado de sentir que todo el mundo me oculta cosas, ¿sabes? Es como si creyeran que nunca me enteraría.

Creo que están todos muy acostumbrados a ocultar cosas, incluso Gojo-sensei.

— Pero…¿por qué tenía que ocultarme justo esto? Ni siquiera sabemos hace cuánto está vivo, si alguna vez murió siquiera...o cuánto hace que se estaban viendo.

Itadori, espera. Alto, ya estoy viendo hacia dónde te diriges.

— ¿Y cómo quieres que no lo haga?

Incapaz de contenerse por más tiempo, Itadori cubrió su nariz y boca en un intento porque el sollozo no se oyera demasiado lamentable. Aún así se escuchó y Fushiguro, seguramente incómodo con la situación, guardó silencio.

¿Realmente piensas que pudo hacer algo así? No lo creo. Itadori, escucha. Está vinculado contigo.

— ¿Y? No es como si los Alfa no pudieran...Dios. No puedo creer que esté teniendo ésta conversación, es...es la primera vez que desconfío así de Satoru.— ambos resoplaron, fastidiados.

Entiendo tu línea de pensamiento, pero no la comparto. No alcancé a conocer a Getou y desconozco cómo era la relación que ellos mantenían, pero escúchame bien, Itadori. ¿Me estás escuchando, o estás llorando?

— Las dos cosas.

Bien. Ten esto en claro: la vida de Gojo-sensei orbitaba alrededor de la tuya, no al revés. Él se desvivía por ti, ocupabas cada pensamiento que tenía, no importaba lo que fuera. Te lo digo porque lo conozco mucho antes que tú. Lo ablandaste, incluso lo volviste más idiota de lo que ya era. Bueno, lo contagiaste, mejor dicho.

— Oye…— contrario al efecto esperado, con las palabras de Fushiguro Itadori no pudo más que llorar con más intensidad.— No sé qué hacer.

Ahora lo importante es liberarlo del sello. Luego, ya tendrás tiempo de que te aclare las cosas. Pero si no actuamos pronto, ni eso vas a poder hacer.

— Bien.

Itadori se limpió la nariz, suspirando un poco más aliviado. Pese a que lo que Fushiguro acababa de decirle ya estaba en su mente, era esperanzador que otra persona se lo dijera, sobre todo alguien que conocía bien a Satoru. También necesitaba que alguien le dijera qué debía hacer a continuación, un poco mareado por sus propias emociones.

Lo primero es contactar con Getou, pero me has dicho que él lo ha intentado ya, ¿no?

— Sí, es extraño. Cuando encendí el celular había un montón de llamadas perdidas, una incluso hecha hace un rato.

Eso cambia las cosas.

— ¿Cómo?

Espera.

Otra vez, ruidos y movimiento. Luego, Itadori resopló un tanto fastidiado al oír la voz de Sukuna de fondo.

¿Mocoso?

— Me llamo Itadori.— un breve silencio seguido de un silbido.

Qué cosa extraña es esto. No se siente real.

— Pues acostúmbrate. ¿Qué sucede?

Escucha. Mientras hablabas con Megumi, recordé otra cosa.

— Qué memoria tan selectiva tienes.

Cállate. Recordé que el hechicero nombró también a otra persona. Un tal Kamo.

¿Noritoshi Kamo? .— la voz de Fushiguro se oía tan cerca como la de Sukuna y por un momento, Itadori deliró que se hallaba encima del otro.

Ese mismo.

— ¿Quién es?

Es un hechicero maldito. Es...ah...como la oveja negra del Clan Kamo. Pero tiene que estar muerto, sus historias son de hace como 200 años.

Bueno, el hechicero lo nombró como si hablara con él. Visto y considerando que parece peligroso, escucha, mocoso. Espera a que Getou se comunique contigo, no lo llames.

— ¿Por qué?¿No era que el tiempo apremiaba y todo eso?

Sí, pero esto lo cambia todo. Si Getou está llamando al aparato que pertenece a Gojo es porque sabe que tú lo tienes, sino no tendría sentido considerando que fue él mismo quien lo selló. Eso significa que está intentando contactar contigo. Quizás quiere un trato, pero no podemos confiarnos porque desconocemos qué quiere el otro sujeto, ¿por qué siempre tengo que explicar todo?

— Y cuando llame…¿qué hago, qué le digo?

Fushiguro jadeó del otro lado de la línea y Sukuna rió ante la desesperación en el tono de Itadori. Aquello era más complicado de lo que él mismo había creído posible…

Escuchas lo que tenga para decirte, le dices que lo pensarás...y llamas a Megumi. No es tan difícil.

— Bien.

¿Sabes? No confío en ti, vas a cagarla. No le des información, mocoso. No importa lo que te pregunte, no sueltes nada. Es él quien se está comunicando, no tú. Algo ha sucedido y no tiene derecho a exigencias, ¿lo has entendido o tengo que explicarlo otra vez?

— No, no, lo entendí. Entonces, escucho pero no suelto información y llamo a Fushiguro luego.

Así es. Dejaré el celular encendido, tú llama en cualquier momento.

— Gracias. De verdad.

Un nuevo movimiento, varios sonidos extraños y la voz clara de Fushiguro oyéndose segundos después. Había desactivado el altavoz e Itadori suspiró, un poco más relajado.

De nada. Llámame o escríbeme para lo que necesites, no sólo por Getou. Sukuna no sabe manejar esto así que no te preocupes.

— Lo haré, lo prometo. ¿Cómo...cómo se está comportando?

Bastante bien. Está entretenido con los niños así que incluso parece un hombre normal.

— No te creo.— Fushiguro rió y el sonido hizo sonreír a Itadori.

Si logro sacarles una fotografía sin que se den cuenta, te la enviaré. Es...todo nuevo, sabes. Aún no puedo moverme mucho, me duele todo.

— ¿Cuándo nacieron?

Hace unos días.

— ¡¿Tan poco?!

Ajá. Duermen casi todo el tiempo, pero cuando se despiertan...bueno, Itadori. Voy a comprobar que Sukuna no mate a ninguno de sus hijos por error.

— No entiendo cómo puedes decirlo tan tranquilamente.

Ya me hice a la idea. Ya sabes…

— Sí, sí. Gracias, Fushiguro. De verdad me alegra saber que todo salió bien.

Llámame por mi nombre, ya no tiene sentido tanta formalidad.Itadori amplió su sonrisa al oír el tono avergonzado con el que Fushiguro había dicho aquello.

— Claro. Y tú llámame por el mío.

Bien.

La llamada terminó e increíblemente Itadori sintió que sus ideas se acomodaban un poco, el panorama no tan oscuro por delante. Pese a que no sabía exactamente qué era lo que quería Suguru de él, Itadori no iba a amedrentarse, no sólo porque la vida de Satoru estaba en juego sino porque ahora sabía que tenía respaldo. Intuía que Sukuna lo estaba haciendo obligado por Megumi, pero eso no quitaba que Itadori sintiera un peso menos en sus hombros al saber que ambos lo apoyaban.

Suspiró, saliendo del baño donde se había recluido. Desbloqueó nuevamente la pantalla del celular de Satoru y subió el volumen al máximo de las notificaciones, dejándolo en la mesita de noche. Luego, salió del cuarto y se dirigió al de Samuru, la ansiedad volviendo a por él parcialmente. Todo estaba muy silencioso, por lo que la vibración de su propio teléfono lo asustó cuando recién había llamado a la puerta.

— ¡Adelante!

— Pensé que ibas a desquitarte con algún monstruo.

Itadori sonrió asomando la cabeza en el cuarto mientras veía la notificación de Megumi en la pantalla de su celular. Era una fotografía. Bloqueó la pantalla nuevamente para verla más tarde. Cuando ingresó al cuarto, el televisor estaba apagado y Samuru estaba recostado en la cama leyendo un libro bastante grueso. Al ver a Itadori le devolvió la sonrisa, cerrando el libro y sentándose en la cama.

— Me cansé, tienes que comprarme juegos nuevos.

— Bueno, luego vemos cuál te gusta.

El Omega se aproximó y se sentó en la cama, hundiendo el colchón. Dejó el teléfono a un lado, suspirando. ¿Por qué aquello parecía tan difícil?

— ¿Vas a contarme por qué Megumi te felicitó antes que yo?

— Oye, eso fue porque hablé con Sukuna antes y él ya lo sabía, no porque yo no quería contártelo.— Samuru se acercó a él gateando sobre las frazadas hasta que apoyó la cabeza en su brazos, olfateando su piel.

— Lo sé, pero yo quería tener la primicia. ¿Qué es?

— Bueno…recuerdas por lo que fui al doctor, ¿verdad?

— Claro.

— Ya saben de qué me voy a morir.

— …¿Eh?

Claramente, Itadori había querido jugarle un chiste y había salido mal. Al ver el rostro pálido del niño supo que no había captado su tono de broma y por un momento, pensó en lo idiota que había sido. Hacía menos de dos meses había perdido a su padre y ahora...Sukuna tenía razón, algo le fallaba en el cerebro.

— ¡No es lo que piensas, es una broma, no me voy a morir!

— ¡Yuuji, a ti te parece!.— Samuru bufó y golpeó su brazo con la frente, despertando un quejido de dolor en Itadori.

— No, la verdad es que no, lo siento.

— Sino te vas a morir, ¿entonces qué era?

— ¿Estás listo?

— Sí.

¿Seguro?

— Claro.

¿Muy seguro?

— Yuuji, me das miedo.

Itadori envolvió a Samuru entre sus brazos mientras el niño le devolvía el abrazo sin comprender la caricia tan repentina. Lo cierto era que Itadori iba a empezar a echarle la culpa a las hormonas, porque aquello no tenía sentido...ya estaba por echarse a llorar otra vez.

— Vas a...vas a tener un hermanito.


Lamento la demora en la actualización; la verdad, me he alejado un poco del fandom de JJK y eso me dificulta un poco actualizar jaja Este fanfic igualmente va a seguir adelante, los otros irán a hiatus indefinido por el momento. He estado escribiendo algunas cosillas de Tokyo Revengers, si les interesa pueden pasarse y leerlas :)

Muchas gracias por todo el apoyo que me dan, aunque esté alejada sigo leyendo todos sus comentarios y mensajitos. De verdad se aprecian mucho.

Nos leemos!

Chiru