En ese momento de crisis donde cada segundo contaba antes de que la llamada entrante se cortara, Itadori tenía que decidir rápido y establecer un orden de prioridades inmediato; en el estado en el que se hallaba Samuru no podía volver a echarlo de la cocina como lo había hecho anteriormente, primero porque no tenía derecho y segundo porque no podía hacerlo. Era claro que el niño estaba como mínimo consternado con lo que acababa de ver en la pantalla del teléfono de su padre. Su otro progenitor, el cual sabía se encontraba muerto...estaba marcando al teléfono de su padre desaparecido.
Si Itadori llegaba a maltratarlo en semejante situación iba a convertirse en un hijo de puta.
Por eso, la opción inmediata era atender con el niño allí y luego, en base a las circunstancias, encerrarse en otro cuarto y ponerse firme con Samuru. Le hizo señas con una mano para que detuviera cualquier intento de interrogatorio y, probablemente, la expresión de su rostro fue lo suficientemente seria como para frenar el impulso del niño, quien abrió y cerró la boca varias veces.
Con el teléfono en la otra mano y un nudo en el estómago producto de los nervios, presionó el botón verde de la pantalla y atendió la llamada.
— ¿...Sí?
— ¿Itadori?¿Eres tú, Itadori Yuuji?
Sin poder evitarlo, Itadori salió propulsado de la mesada y comenzó a caminar en círculos alrededor de la mesa, la ansiedad subiendo rápidamente mientras Samuru lo observaba de pie donde lo había dejado. Francamente, no sabía qué había esperado al oír por primera vez la voz de Suguru. Era grave pero tranquila, relajada. Aún así, detectó cierto dejo de ansiedad en el tono que había empleado al pronunciar su nombre y aquello se le había terminado contagiando a él.
— Sí, soy yo.— oyó un resoplido fuerte del otro lado de la línea, luego el silencio.
— Menos mal que eres tú. Por un momento...pensé que nadie respondería o que el teléfono había caído en las manos equivocadas. De todos modos, gracias por responder.
La conversación comenzó a sacarlo de quicio.
Se suponía que debía sentir como mínimo odio hacia aquel sujeto que prácticamente le había arruinado la existencia...pero el tono aliviado de su voz y la aparente alegría ingenua que había expresado segundos atrás descolocaron a Itadori. Aquella no era ni la voz ni el tono de un psicópata...probablemente había visto demasiadas películas de terror y se había hecho una idea equivocada, pero lejos de sentirse molesto al oírlo...estaba poniéndose más ansioso al percibir su propia intranquilidad.
— Debes...eh...estar sorprendido. Lo entiendo.— Suguru habló de nuevo y su voz sonó más insegura.— ¿Sabes quién soy?
— Sí, lo sé.
— ¿No puedes hablar libremente?¿Te están vigilando?
— Sí, y no.
Itadori se moría de deseos en decirle que en efecto sabía muy bien quién era, no sólo porque Satoru ahora era su pareja sino porque conocía su papel en su "secuestro". Si llegaba a soltar aquella información frente a Samuru, no quería ni siquiera pensar en qué consecuencias iba a tener para la mente ya confusa del niño.
Luego de soltar aquello, la línea quedó nuevamente en silencio.
— Escucha...sé lo que debes estar pensando, pero no fui yo quien selló a Satoru.
— ¿De qué hablas? Sé que fuiste tú.
— ¡No!.— en ese momento, Itadori sintió temor por la impaciencia que surgía de la otra voz, tal y como si estuviese exasperado.— Fue él, él tiene la culpa de todo. Yo no tenía...no tengo control de mi cuerpo, tienes que creerme, Itadori.
Itadori detuvo su caminata al oírlo. No podía encontrar el contexto de sus palabras, parecía sacado de quicio y no entendía a qué se refería. Podía ser una trampa, pero el instinto de Itadori le indicó que aquel hombre realmente estaba nervioso y desesperado porque Itadori le creyese, tal y como si nadie más pudiera hacerlo. Se despeinó con una mano mientras soltaba el aire que estaba reteniendo, ahora perdido en la llamada.
Había pensado que Suguru iba a ser claro desde un principio e iba a amenazar o a pedir algo a cambio de Satoru, eso era lo que habían conversado con Sukuna y Megumi más temprano ese mismo día; sin embargo, la conversación se había desviado hacia derroteros que no hicieron más que confundir a Itadori porque literalmente no sabía de qué estaba hablando.
— ¿Quién es él?¿De quién hablas?
— Kamo. Noritoshi Kamo es su nombre. Es un chamán maldito que se dedica a usurpar cuerpos ajenos...Itadori, por favor, tienes que creerme...no tengo mucho tiempo.
— ¿Te tiene cautivo...o algo así?
En ese momento le hubiese gustado que Sukuna o Megumi estuviesen allí con él para saber si alguno de ellos podría afirmar lo que Suguru le estaba diciendo. El tal Kamo era de quien había hablado Sukuna y al que Megumi se había referido en los mismos términos que acababa de hacerlo Suguru.. Sabía que existía el clan Kamo y que había un miembro de su facción que tenía el mismo nombre, pero no creía que Suguru se estuviese refiriendo a él por el tono temeroso de su voz...por lo que sólo quedaba aquella otra opción.
— Sí, así es. No puedo utilizar mi cuerpo a voluntad, pero estas últimas semanas logré cierto control.
— ¿Qué...qué es lo que quieres?
— Liberar a Satoru del Gokumonkyo.
Itadori sostuvo el teléfono entre su oreja y su hombro y le hizo una señal de súplica a Samuru para que no lo siguiera; el niño parecía tan confundido que asintió con la cabeza y ese fue el punto de partida para la carrera de Itadori hacia su cuarto. Una vez estuvo dentro, cerró la puerta y como otra precaución se encerró en el baño.
— Ahora sí. ¿Cómo quieres liberar a la persona que sellaste? Me cuesta creerte lo de Kamo, no esperes convencerme a la primera con eso.
— Ya lo sé, no te pido que me creas del todo...sólo que pienses en Satoru. Sé que...sé que son cercanos, él te quiere. Te ha nombrado varias veces en las ocasiones en las que él hablaba con Kamo y se le notaba el cariño que te tiene. Por eso apelo a ti, Itadori. Eres la única persona en la que yo puedo confiar ahora mismo.
Al oírlo decir aquello, Itadori sufrió un pequeño colapso sentado en la tapa del retrete, las lágrimas amenazando con inundar sus ojos. Lo que Sukuna le había dicho ahora tenía sentido. Él había mencionado a Kamo como el "aliado" detrás de todo aquello, pero Sukuna no había sabido en ese momento que Suguru y Kamo se trataban literalmente de la misma persona. Eso lo confundió todavía más. Si Satoru había mencionado tanto a Suguru como a Kamo cuando había hablado con Sukuna, ¿significaba que sabía de aquello, que aquel cuerpo estaba siendo usurpado por otro hechicero?
Eso cambiaba un poco las cosas. Si era así, ahora podía entender por qué se lo había guardado durante tanto tiempo. Aún así…
Satoru parecía no haber mencionado el detalle de que actualmente eran pareja. No sabía si Suguru lo estaba obviando por una cuestión de cautela o realmente lo desconocía...y la inseguridad de que Satoru se lo hubiese estado ocultando como a Itadori le había ocultado su existencia le enervó un poco los nervios.
— Claro que pienso en él, soy su pareja. Me importa su bienestar más que a nadie.
Otro silencio y, pese a que Itadori no era el que tenía que sentirse incómodo, deseó que lo tragaran los azulejos del baño. ¿Por qué había soltado aquello de manera tan impulsiva? Se golpeó mentalmente por su impulsividad…¿qué, ahora se había transformado en un Alfa territorial sólo porque estaba embarazado o qué carajo?
— Lo siento, no lo sabía. Supongo que Satoru no quiso que Kamo supiese ese detalle tan...delicado.
— Mira...da igual.— Itadori no quería ni siquiera pensar si aquello había sido un juego de palabras malintencionadas o si realmente Suguru hablaba desde la ignorancia.— Tienes razón, soy la persona más interesada en liberarlo del sello, pero…
— ¿Pero?
Itadori bufó y se despeinó por tercera vez desde el inicio de la llamada, incapaz de decidir hasta qué punto era conveniente ser sincero y hasta dónde podía confiarse en un desconocido que para colmo sabía era responsable de lo que había sucedido; si Suguru estaba siendo honesto con él, en el mejor de los casos sus intenciones de liberar a Satoru eran reales y estaba dispuesto a ayudar aunque Itadori no pudiese vislumbrar sus verdaderos motivos detrás de aquello...sin embargo, cuando habían coordinado con Sukuna y Megumi que el siguiente paso era comunicarse con él justamente porque tenía en su poder el Gokumonkyo y lo había sabido activar, habían pensado que también podría desactivarlo.
Y aquello sacó un poco de eje a Itadori, desorientándolo un poco más.
— ¿No sabes cómo...no sé, abrirlo?
— Kamo fue quien selló a Satoru, no yo.— Itadori no conocía a Suguru, pero en el poco tiempo que llevaban conversando ya había percibido aquel mismo tono de voz que indicaba impaciencia contenida.— Por lo tanto, desconozco el mecanismo inverso.
— Y piensas que yo lo sé.
— Pienso que tú tienes más posibilidades que yo de lograrlo si te doy el Gokumonkyo.
— Espera.— Itadori jadeó y se incorporó del retrete un poco mareado por aquella revelación dicha con total desparpajo.— ¿Piensas...vas a dármelo, así sin más?
— Sí, para eso te estoy llamando.
— No te creo.
— Itadori. Ponte un momento en mi lugar...si...si él vuelve, y lo hará...no sé cuándo podré volver a comunicarme contigo...si logra destruirlo…
— ¿Estás bien?
Itadori no estaba comprendiendo muy bien la situación porque aquello sí era inesperado. Habían supuesto que Suguru estaba en confabulación con Noritoshi Kamo y que ambos se habían vuelto contra Satoru, sellándolo por motivos que se les escapaban. Sin embargo, la cuestión parecía ser un tanto diferente ahora que Suguru le había revelado aquello; preso de Kamo, le estaba brindando la posibilidad de hacerse con el Gokumonkyo sin tener que luchar por él, sin tener que dar nada a cambio probablemente movido por la culpa. Aún así, si aquello resultaba ser tan simple como no había creído posible, Itadori se hallaba ante la difícil situación del principio: Suguru tampoco sabía abrir aquella cosa y claramente Kamo no iba a cooperar, visto y considerando que era el principal culpable de aquello.
Y para rematarla, mientras su cerebro estaba a punto de explotar, Suguru parecía no poder respirar. Repentinamente, el hombre al otro lado de la línea parecía levemente agitado y dolorido y por un momento Itadori pensó que estaba sufriendo algún ataque cardíaco. Nervioso, comenzó a caminar dentro del reducido espacio del baño, sin saber qué hacer.
— Escucha, se me acaba el tiempo. ¿Aceptas o no? Sólo...te lo daré y ya. Cuando pueda, cuando él no…
— Acepto.— ni siquiera lo pensó y al pronunciar aquella afirmación se golpeó mentalmente en la cabeza por su imprudencia.
— Gracias.— no quería sentir aquello, pero Itadori se vio conmovido por el alivio de aquel agradecimiento.— Me comunicaré cuando pueda reunirme contigo.
— ¿Y tú?¿Qué harás? Tienes que deshacerte de Kamo de alguna manera, no puedes…
— Agradezco tu preocupación, pero no es algo con lo que debas cargar. De nuevo, gracias, Itadori.
Y la llamada se cortó abruptamente antes de que Itadori pudiese responder. Lejos de sentirse indignado o nervioso por lo que acababan de hablar, se sentía ansioso y un tanto preocupado por la situación complicada que en apariencia estaba viviendo Suguru…aquello no estaba previsto, Suguru tenía que ser el malo de la historia, no…
Resopló, frustrado percatándose de que aquello se embrollaba cada vez más. Rápidamente buscó el número de Megumi y dudó varios segundos antes de marcar, sabiendo la que se le venía.
— ¿Ha llamado?
— Aunque sea podrías saludarme, sabes.— Megumi resopló del otro lado de la línea y con un poco de resquemor y nerviosismo Itadori también oyó la risa grave de Sukuna cercano a su posición.
— La situación me pone nervioso. ¿Y?
— ¿Y, qué?
— Ita...Yuuji, por favor. Llamó o no.
— Ah. Sí, acabo de colgar.
— Qué te dijo.
Itadori inspiró profundamente y exhaló el aire, repitiendo el proceso varias veces mientras Megumi soltaba jadeos impacientes del otro lado de la línea; finalmente, logró sentarse en el retrete de nuevo y comenzó a hablar desde el principio sin obviar ningún detalle. Le contó a Megumi la conversación completa que, si bien había sido corta, había revelado más de lo que esperaban. Mientras Itadori hablaba, Megumi jadeaba y Sukuna gruñía por lo que en un momento pensó que estaban discutiendo en un idioma que él no comprendía.
— Entonces.— Megumi suspiró, al parecer tan sorprendido como él.— ¿Getou y Kamo son la misma persona?
— Y no, el que me llamó fue Getou.
— Pero ocupan el mismo cuerpo, como tú y yo.
— Me parece que Getou está cautivo de Kamo.— terció Itadori al rememorar su condición pasada con Sukuna.— No parece ser similar a lo nuestro.
— Para ocupar un cuerpo, eventualmente tienes que hacer algún tipo de pacto, sino la cosa no funciona. Y sí, tú y yo lo hicimos pero no lo recuerdas.
— Por qué no me extraña.
— Getou ha hecho algún pacto con Kamo cuando ese tipo ocupó su cuerpo...aunque eso ya no importa. ¿No te ha pedido nada a cambio, de verdad?
— Nada.
— Qué sospechoso. Algo raro hay.
— ¿Qué vamos a hacer con el Gokumonkyo?¿De verdad no puedes abrirlo?
— En primer lugar, mejor tenerlo que perderlo. En segundo lugar, no lo sé. Nunca lo tuve en mi poder, no sé qué tipo de sello utiliza.
— Oigan.
— Si no puedes abrirlo tú, estamos jodidos.
— Ya lo sé.
— Hey, escuchen.
— Qué.
Al oírlos de mal humor, Itadori perdió parte de la seguridad que había ganado para soltar lo que quería decir. Al quedarse los tres en silencio, el Omega sopesó fingir demencia y guardarse para sí mismo aquello que había comenzado a molestarle minutos atrás; sin embargo, Megumi resopló, al parecer más molesto que él.
— Ni lo digas. Te conozco.
— No he dicho nada.
— No necesitas hacerlo.— luego, otro silencio. El siguiente en resoplar fue Sukuna.
— Olvídalo, mocoso. De casualidad quedé involucrado en esto como para encima tener que hacerme cargo de otro idiota.
— ¡Pero si no he dicho nada!
— No necesitas hacerlo.— la voz de Megumi parecía de ultratumba e Itadori no supo distinguir si estaba preocupado o al borde del estallido.— Quieres ayudar a Getou, ¿no es así?
— Es que…— atrapado, Itadori reculó en sus intenciones, sintiéndose atacado por la reticencia de los otros dos.— No puedo dejarlo así, Kamo está utilizando su cuerpo en contra de su voluntad. Tengo que hacer algo.
— No, no tienes.
— Fue él quien selló a tu hechicero, mocoso.
— No, fue Kamo.
¿Por qué Itadori siempre se las ingeniaba para complicarse todavía más la existencia? Era increíble, pero no podía evitarlo, menos en ese tipo de circunstancias. Sukuna y Megumi no habían dudado tanto como él cuando les había explicado lo que Suguru le había transmitido y habían creído de buenas a primeras que Kamo había usurpado su cuerpo; sin embargo, ambos parecían hallarse en contra de ayudarlo pese a que se encontraba cautivo, más allá de que existiera no sabía qué pacto que los hubiese unido en un principio. Si Itadori aceptaba el Gokumonkyo sin más y dejaba a Suguru a la deriva en su lucha contra Kamo, era probable que la perdiese e Itadori no iba a poder con eso.
Y...también pensó en Satoru, principalmente pensó en él.
Estaba ya casi convencido de que desconocía la existencia de Suguru dentro de su propio cuerpo. Estaba seguro de que desde un principio, Satoru había hecho arreglos con Kamo creyendo que el cuerpo había sido usurpado completamente y que ya no quedaba rastro alguno del usuario original e Itadori no pudo más que intentar ponerse en sus zapatos.
¿Qué hubiese hecho Satoru en su lugar?
Si se ponía a pensar seriamente en la actitud que el mayor hubiese tomado...probablemente si se hubiese tratado de cualquier otra persona, Satoru lo habría dejado de lado. Tristemente, Itadori ya había comprendido que ambos manejaban niveles de empatía muy diferentes y no por eso eran incompatibles, pero en ocasiones al Omega le resultaba complejo entender cómo Satoru podía pasar por alto situaciones que Itadori no podía soportar. Sin embargo, Suguru no era "cualquier otra persona". Era el hombre con el que había estado en pareja y había tenido un hijo, más allá de todos los sucesos desagradables que se sucedieron luego. ¿Habría hecho lo mismo dominado por el rencor? El resentimiento que Satoru tenía hacia Suguru era tal que incluso se había interpuesto en la relación con su propio hijo…¿hubiese sido capaz de perdonar a Suguru o en todo caso, ayudarlo en una situación tan grave como aquella?
Y detrás de eso venía lo peor.
Samuru.
El niño había creído lo que todo el mundo sabía: su padre había muerto hacía unos años en una batalla en la que había salido perdedor. Satoru le había contado a grandes rasgos sobre su pasado y la deserción de su padre sin ahondar en los motivos por lo que Samuru no era ignorante de su propio pasado. Ahora...Itadori iba a tener que explicarle algo, lo que fuera. No era su hijo de sangre pero lo amaba como si lo fuese, además de que no podía dejar de ponerse también en su lugar e imaginarse cómo se sentiría él mismo. Probablemente confundido y enojado, creería que su propio padre le había mentido, quizás Itadori mismo. Sin haberlo conocido ni siquiera en su infancia, Itadori tampoco podía establecer el grado de importancia que Samuru le daría a aquello, tal vez haciéndose problema en vano.
Pero, ¿y si no era así y el niño sí le daba la suficiente relevancia a la cuestión? O peor, ¿y si quería conocerlo?¿Qué iba a decirle, que no iba a poder hacerlo porque aún era el enemigo?
Probablemente era la respuesta que Satoru le hubiese dado.
Pero no él.
— Yuuji, sea lo que sea que estés pensando, detente. No va a funcionar. Romper un pacto es más difícil de lo que parece, más en estas circunstancias.
— No estaba pensando en nada, no te preocupes.
— Claro.— el resoplido de Megumi sonó a lo contrario.
— Yo le creo, no le da la cabeza para tanto.
— Oye.
— Yuuji.— Megumi habló ignorando a ambos.— Cuando Getou vuelva a llamarte, avísanos. Ni se te ocurra ir solo a verte con él.
— Lo sé, no soy tan tonto. Tampoco para tanto.
— Bien.
Había sido una charla más bien informativa porque la cabeza de Itadori iba a terminar explotando si le agregaba algo más en qué pensar a su cerebro. Cuando Megumi estuvo conforme luego de hacerle repetir un mínimo de diez veces que no iba a intentar nada sólo y que iba a llamarlo apenas Suguru se comunicara nuevamente, la conversación había finiquitado con Itadori sentado en la tapa del retrete sin atreverse a salir del baño, porque lo que le esperaba afuera era peor que la próxima llamada de Suguru.
En realidad, Itadori perdió la noción del tiempo y cuando volvió a ver la pantalla de su teléfono había pasado más de una hora desde la primera llamada. De repente, recordó lo que había sucedido con Nanami hacía más de una hora y bufó, molesto. Se había olvidado por completo de aquello...y era un asunto que iba a tener que esperar.
Con parsimonia finalmente salió del cuarto de baño y de la habitación; la luz de la cocina seguía encendida pero Itadori supo de inmediato que Samuru ya no estaba allí, sino en su propia habitación. Demorando más de lo usual, prácticamente se arrastró hacia el cuarto del niño y demoró aún más en tocar la puerta despacio con la esperanza de que se hubiese dormido.
Samuru no respondió al primer llamado, lo que le hizo aumentar la esperanza de dejar aquello para el día siguiente. Sin embargo, había cometido el error de volver a golpear y en esa ocasión, la voz suave y amortiguada del niño le dio el permiso que Itadori no quería tener en ese momento.
Lo primero que notó al abrir la puerta fueron las luces apagadas; Itadori dudó en el umbral de la puerta, un pie fuera y otro dentro de la habitación. Sopesó la posibilidad de huir bajo el pretexto de que el sueño enfriaría un poco la cabeza del niño pero lo descartó enseguida sabiendo que iba a ser peor, conociendo a Samuru. No sólo no iba a dormir sino que para colmo, además de con su confusión Itadori iba a tener que lidiar con su ira. Suspiró, ingresando del todo.
Sin encender ninguna lámpara, Itadori entrecerró los ojos y agudizó la vista mientras se acostumbraba a la oscuridad. No tardó demasiado en notar el bulto bajo las frazadas completamente cubierto por ellas en medio de la cama. Nuevamente, dudó en acercarse hasta que finalmente se sentó al borde de la cama, sopesando la reacción de Samuru. Ni siquiera se movió al sentir el peso del otro sobre el colchón, tampoco cuando Itadori gateó hacia él sobre las frazadas. Terminó recostándose a su lado con un bufido cansado, una mano apoyada sobre la masa que representaba Samuru escondido bajo las cobijas.
— ¿Quieres hablar?.— susurró despacio en medio de la oscuridad. Samuru no respondió enseguida y los segundos pasaron en tensa espera.
— No. Quiero decir, sí...pero no ahora.
— Entiendo. Mira, yo...no sé mucho. Sé un poquito más que tú, pero…
— ¿Por qué no dijo nada? Ni siquiera a mi. Tú tampoco me lo contaste. Lo sabías y no me lo dijiste.
Con aprensión Itadori no necesitó preguntar para saber que Samuru se refería a Satoru. El niño se movió debajo de las frazadas y terminó destapando su cabeza mientras se acercaba un poco más a Itadori; en medio de la penumbra a la que ya se había acostumbrado, el Omega lo vio apartándose bruscamente el cabello de la cara mientras se refregaba violentamente los ojos, la nariz congestionada. Con un poco más de delicadeza, Itadori acercó la mano y peinó él mismo el desastre que Samuru tenía en la cabeza con sus propios dedos.
— Yo no te lo conté porque literalmente me enteré recién.
— Esperabas su llamada. Por eso encendiste el teléfono de papá.
— Esperaba una llamada, no sabía que iba a ser de tu padre.
Itadori no estaba mintiendo realmente; había sabido semanas atrás sobre la existencia de Suguru pero había sido recién durante esa llamada que realmente había comprendido el cariz de la cuestión. Había endurecido el tono de voz intentando que Samuru dejara de atacarlo porque realmente ya se sentía lo suficientemente culpable con la situación; si el niño seguía presionándolo, iba a seguir metiendo la pata y probablemente se hundiría a sí mismo.
— Papá seguro tenía sus motivos para no decírtelo, no te enojes con él.— Itadori se aproximó con cautela y depositó un beso en la frente del niño en un intento por consolarlo.
— ¿Cómo no voy a enojarme? No me importa qué motivos tenga, me mintió. Y tú...bueno, decido creerte. Por ahora.
Itadori gimió internamente al comprender que aquello era complicado y natural al mismo tiempo. No podía pretender que el niño no estuviese como mínimo molesto por la situación aunque ni el mismo Itadori la comprendía del todo. Tenía casi las mismas dudas que él, aunque quizás más preocupaciones que ganas de enterarse de la verdad...a la cual aún le temía un poco.
— Bueno...como mentir, no es una mentira.
— Le pregunté varias veces si...si él realmente estaba muerto, y me dijo que sí. Ahora ni siquiera le creo cuando me dijo que no quiso conocerme cuando nací.
Wow, aquello sí se estaba poniendo delicado. Alarmado, Itadori no conocía esa parte de la historia porque no había indagado lo suficiente. Sí sabía que Suguru había partido cuando Satoru ya estaba encinta...pero no que efectivamente habían hablado de Samuru tiempo después. Otra vez nervioso, se limitó a acariciar la cabeza del niño en un intento por consolarse también a sí mismo.
— Eso es algo que vas a tener que hablar con papá.
— Lo sé. Si es que vuelve.
Ambos guardaron silencio probablemente inmersos en sus propios pensamientos. Itadori se recostó mirando el techo, una mano sobre la cabeza de Samuru quien se había acurrucado contra su costado, la otra sobre su vientre aún plano. Pensamientos intrusivos comenzaron a mezclarse con los sucesos de aquel día y repentinamente pensó en el futuro de aquel bebé. ¿Él hubiese podido ocultarle la existencia de su otro padre? La respuesta era clara y el sólo pensar que Satoru había podido hacer aquello…
— ¿Qué quería?
— ¿Qué?.— Samuru bufó mientras se apoyaba en sus codos, al parecer más compuesto.
— ¿Qué quería mi padre?¿Por qué llamó?¿De qué hablaron?¿Dónde está?¿Te preguntó por mi? Sabe lo de papá, ¿no?
Fue una pregunta tras otras y sin pausas de por medio, Itadori intentando captarlas a todas.
Menos mal que no tenía ganas de hablar.
— Bueno...quería hablar justamente de papá. Quiere ayudar. No sé dónde está, no le pregunté. Y no, no me preguntó por ti, no pude hablar mucho con él.
— ¿Ayudar?¿Cómo? Bueno, lo otro es secundario.— al decir aquello, Samuru pareció consolarse a sí mismo y se recompuso, ahora gobernado por la curiosidad.
— No...no lo sé, ¿sabes? Es todo demasiado difícil. Estoy tan impactado como tú.
Samuru no agregó nada más luego de sus palabras. Itadori no mentía cuando decía que aquello era complicado a muchos niveles; tampoco podía revelarle toda la información al niño no porque no confiara en él sino porque iba a ser demasiado.
— Yuuji.
— Dime.
Otro silencio.
Itadori había aprendido a temerle a esos silencios porque sabía que detrás de ellos había una elucubración de la que no iba a poder zafar sencillamente. Samuru se removió a su lado antes de proseguir.
— ¿Crees que...crees que ahora quiera conocerme?
— Pues...yo creería que sí, ¿por qué no? Si fuese yo, querría a toda costa conocer a mi hijo.
— ¿Eso crees?
— Claro.
— Entonces, ¿crees que pueda verlo?
Ay no.
— Samuru, espera...no es tan…
— ¿Puedo verlo, Yuuji?
Iba a tener que empezar a resolver cuestiones si es que no quería que todo aquello se le amontonara y terminara aplastándolo inexorablemente.
Disculpen la tardanza en la actualización. Muchas gracias a todos los que siguen leyendo esta historia, muchas gracias por todo su apoyo, de verdad.
Al paso que voy actualizando terminamos el fanfic cuando salga la próxima temporada animada JAJA
Nos leemos!
