— Ah…¿Se encuentra Itadori-kun…?
— Yuta, ¿verdad?
— Sí, sí. Tú…¿tú eres Samuru?
— Así es. Un gusto, Yuta.
— El gusto es mío…
— Yuuji está en el baño, no se sentía muy bien. Pero ya sale, es cosa de todos los días.
— ¿...todos los días…?
Desde su posición estratégica en el suelo del baño, abrazado a su nuevo mejor amigo, el retrete, Itadori oyó fuerte y clara la conversación entre Samuru y Yuta en la puerta de la casa. Le generó un poco de inseguridad y bastante preocupación que el niño hubiese abierto la puerta al primer llamado cuando Itadori le había especificado que no lo hiciera, visto y considerando que en realidad no sabían de quién podía tratarse…
Inspiró aire profundamente, luego lo soltó y repitió el proceso varias veces. Las náuseas cedían rápidamente y ya no sentía el estómago hecho una piedra. ¿Cuánto tiempo más iba a tener que soportar aquello?
Dejó de oír las voces con claridad pero aún oír el murmullo de una conversación; como pudo, Itadori se incorporó, tiró de la cadena y se higienizó un poco antes de salir de su refugio personal. No podía negar los nervios que sufría, más por anticipación que por verdadera incertidumbre. Era la primera vez que veía a Yuta en persona pese a que ya habían sido varias las veces que se habían comunicado telefónicamente desde aquella primera vez; por una cuestión de seguridad y por si la casa era vigilada, Megumi le había pedido explícitamente que evitara cualquier tipo de visita innecesaria, más si se trataba de personas especiales como Yuta a la que sabía podían estar vigilando desde el extranjero.
Itadori siguió el consejo de Megumi y Yuta estuvo de acuerdo con sus palabras y habían decidido posponer la reunión que habían planeado de antemano; aún así, sin embargo, Itadori no había dejado de darle vueltas a la cuestión de que la única persona que podría haberlo estado vigilando se trataba de Kamo, y como había estado aguardando la llamada de Suguru para coordinar un posible encuentro no creía que fuese para tanto misterio.
Por supuesto — y con una paciencia que Itadori no podía concebir — Yuta le había explicado que Kamo probablemente no trabajaba solo y que por mucho que Suguru ocupara su cuerpo ocasionalmente el resto de sus secuaces seguían activos; además, tampoco podían descartar la presencia de un traidor entre los suyos y, por mucho que le doliese admitirlo, tampoco sabían qué intenciones reales tenía Suguru, si es que la historia que le había contado a Itadori era real. Para alivio de Itadori, Yuta sí había estado de acuerdo con él en la reunión que había planteado; a diferencia de Megumi él sí había tenido la posibilidad de conocerlo. Con nerviosismo, le había explicado a Itadori lo que había sucedido años atrás y cómo él había vivido su experiencia con aquel hombre. Ambos habían coincidido en que, si no fuese por las circunstancias nefastas que lo rodeaban, Suguru parecía un buen sujeto, incluso por teléfono.
Así que con todos los jugadores alineados, habían decidido que ante el próximo llamado de Suguru, sería Yuta quien acompañaría a Itadori adonde sea que fuese la "reunión". Sukuna no había tenido objeción alguna — más que nada porque tampoco le importaba — y Megumi había estado de acuerdo, por lo que el siguiente paso era...esperar.
Esperar una llamada que Itadori había supuesto se daría al día siguiente, a lo sumo unos días después. Sin embargo, habían pasado semanas en el más sepulcral silencio e Itadori había comenzado a preocuparse. De nuevo, los fantasmas del arrepentimiento volvieron a él más fuertes que nunca, la preocupación cubriéndolo todo. ¿Y si Kamo había despertado y descubierto lo que Suguru planeaba?¿Y si había logrado suprimirlo o aniquilarlo del todo, y si lo había hecho con el Gokumonkyo? El Omega no podía dejar de pensar que, en el momento en el que había oído en aquel estado tan deplorable a Suguru luchando contra la voluntad de Kamo, tendría que haber hecho algo.
Lo había dejado solo y a merced de aquella otra bestia que había planeado todo aquello y no había hecho nada. Ni por Suguru, ni por Satoru, ni por nadie. Había dejado todo a la pasividad, a una resolución que no lo involucraba activamente y eso lo había puesto de los nervios en varias ocasiones en las que Megumi había tenido que refrenar cualquier impulso de idiotez que había surgido en su mente, y los pretextos preferidos que había utilizado habían sido su embarazo y la peligrosidad que representaba Kamo incluso desde la distancia.
Si no hubiese sido porque los vómitos matutinos y por los recordatorios constantes de Samuru, Itadori incluso casi había olvidado el tema del embarazo, no porque no le importara sino porque las otras cuestiones terminaban consumiéndolo. Aquel rechazo frente a ciertas fragancias y el llanto indiscriminado habían cedido bastante, dejándolo respirar...no así el niño, que se había esforzado en recordarle que ya el tiempo comenzaba a pasar, que tenía que pensar en un nombre, que debía elegir el cuarto que quería el bebé utilizara, que qué juguetes iba a comprar, que en qué mes iba a nacer…
Y así, entre nervios y explosiones emocionales, ya habían pasado dos meses. Itadori había estado al borde del abismo varias veces e incluso casi había marcado el número de Suguru otras tantas pero, de imprevisto una mañana muy temprano, la llamada tan esperada se había suscitado. Con una ansiedad que Itadori no había podido disimular, había contestado sólo para oír en peor estado a Suguru; no estaba agitado ni parecía costarle respirar, pero sí lo notaba dolorido, en sufrimiento. Aún así, no había perdido el dejo de alivio en su voz cuando Itadori le había contestado que el plan seguía en pie, y eso sólo logró que Itadori se sintiera peor.
Habían coordinado verse lo antes posible en un lugar público, a pocas cuadras de su casa; al principio Itadori había dudado pero terminó aceptando, llamando inmediatamente a Yuta quien increíblemente estuvo de acuerdo con la idea de Suguru. Luego, le había marcado a Megumi y había sentido el peligro desde el otro lado de la línea bajo los términos de "es muy temprano, dile al mocoso que no joda a éstas horas"; Megumi había estado de acuerdo también con Yuta y le había explicado a Itadori que, en caso de que las cosas se complicaran no sólo era más fácil ubicarlos para el resto de los hechiceros sino que además era un signo de buena voluntad por parte de Suguru...aunque Itadori aún se preguntaba qué voluntad, si casi no tenía ninguna.
Así, Yuta iba a ir a la casa y de allí iban a partir hacia la cafetería donde Suguru los había citado.
Cuando Itadori atravesó el corredor de las habitaciones e ingresó en el living vio el reloj de pared anunciando las 8:10 AM. Peinó un poco sus cabellos con una mano, inspiró profundo y se dispuso a entrar en la cocina, de donde provenían las voces.
La escena que vio disipó cualquier tipo de nerviosismo o inseguridad hacia Yuta. Sonriendo, recordó todas las veces que Megumi le había aclarado que se trataba de una buena persona y que lejos de sentirse inquieto con él debería sentirse reconfortado por la presencia de un hechicero de categoría especial de su lado; ese cargo era el que en realidad había asustado un poco a Itadori...pero al verlo de espaldas encorvado en un asiento de la cocina con Samuru dándole cátedra acerca de la vida y obra de Itadori con el mayor asintiendo a sus palabras un tanto nervioso...se le había pasado un poquito el tema del desasosiego.
— ¿Yuta?
El aludido casi salta de la silla al oír la voz de Itadori, volteando rápidamente. Al hacer contacto visual, tardó varios segundos en terminar de inspeccionarlo y sonreír tímidamente.
Yuta tenía incluso más ojeras que Ieiri.
— ¿Yuuji? Al fin.
Itadori no pudo sino contagiarse de su sonrisa cuando el muchacho amplió la suya, se incorporó del asiento y se dirigió hacia él con la mano extendida; sin embargo, Itadori sufrió del primer impulso de idiotez del día y en vez de tomar su mano, extendió sus dos brazos hacia el joven y lo abrazó con total confianza. Hasta ese momento y prácticamente desde que todo había comenzado, Itadori no había abrazado a nadie que no fuese Samuru. Yuta tardó varios segundos en recomponerse hasta que finalmente correspondió su muestra de afecto rodeándolo con sus propios brazos, acariciando su espalda.
Ninguno de los dos dijo nada, pero Itadori sabía que las palabras allí sobraban. Era un desconocido, pero a través de las decenas de llamadas que habían estado teniendo aquellas semanas habían logrado convertirse en amigos...y cuánta falta le había estado haciendo a Itadori el abrazo reconfortante de un amigo, maldita sea. No se había percatado de eso hasta aquel momento y, en ese instante, temió que la situación y las hormonas lo traicionaran; inspiró profundamente intentando controlarse y el aroma de Yuta llenó sus fosas nasales, algo similar al césped recién cortado. Fresco, agradable y sin ser demasiado fuerte para su nariz, Itadori se descubrió a sí mismo inspirando un poco más de aquella fragancia tan amable.
Finalmente logró calmarse y un poco de pena inundó su cerebro cuando soltó a Yuta; Samuru los observaba alternativamente sin comprender realmente qué había sucedido, pero una tímida sonrisa adornaba su rostro cuando los vio a ambos intentar disimular la vergüenza. Yuta no parecía incómodo pero sí avergonzado.
— Lo siento, me dejé llevar.
— Descuida...es la primera vez que alguien me abraza desde hace...mucho tiempo.— Pese a la frase un poco desesperanzadora Yuta rió como si manejara alguna especie de chiste que Itadori no alcanzaba a comprender.— ¿Te sientes bien? Samuru me dijo que estabas...eh...que te sentías un poco mal.
— Sí, ya se me pasó. Espero que el tema de los vómitos se pase pronto porque ya no lo aguanto más.
— ¿Vómitos?¿Algo te ha caído mal?
Itadori se había dirigido derecho a la cafetera; sabía que no iba a poder probar bocado ni consumir absolutamente nada en aquella cafetería a la que se dirigían producto de los nervios por lo que al menos quería un poco de café en su organismo; volteó al oír la preocupación de Yuta mientras le ofrecía una taza que el muchacho aceptó, aún con la mirada preocupada enmarcada por las ojeras oscuras.
En ese instante...cayó en cuenta que nunca le había contado sobre el embarazo.
— Ah, bueno...no, no exactamente. Lo siento, Yuta...no te lo había contado antes, se me pasó.
— ¿Qué cosa?.— Los labios de Itadori temblaron cuando intentó pronunciarlo en voz alta, sin conseguirlo. La expresión de Yuta se tornaba cada vez más sombría, probablemente pensando en lo peor.— ¡Descuida, no es algo grave! Es...es...
— Está embarazado. Yuuji, ¿por qué te cuesta más a ti que a mi decirlo?
Tanto Itadori como Yuta jadearon al oír a Samuru. Lo que el niño decía era real; Itadori había adquirido la manía de casi no mencionar su embarazo quizás por una cuestión de seguridad, tal vez por sus propias vacilaciones. Con la única persona con la que hablaba libremente de eso era con Samuru, ni siquiera con Megumi. Había que ver a qué nivel de estupidez podía llegar…
— ¡¿De verdad?! Es de Gojo, ¿verdad? Dios, qué estupidez acabo de preguntar, perdóname. ¡Felicitaciones! ¿Ya sabes si es niño o niña o…?
— Sí, es de mi papá y no, aún no sabe el sexo del niño.
— ¿Pero de cuánto está?
— No sabe ni él, pero calculo que de unos 3 meses.
— Yuuji, deberías ir a que te revisen, seguro ya pueden decirte porque…
El aludido entrecerró los ojos al ver lo bien que se llevaban Samuru y Yuta desplazándolo completamente de la conversación como si él no estuviera presente. Lejos de molestarse le estaban haciendo un favor, realmente. Samuru se había transformado en su representante para las conversaciones públicas que requirieran respuestas rápidas y concisas e Itadori no iba a quitarle el puesto justo en ese momento; mientras él seguía procesando la situación, palabras como "niño", "niña", "nombres" y "ecografía" llegaron a sus oídos, aturdiéndolo. Era verdad; Ieiri le había pedido que si todo salía bien y no sufría ningún inconveniente, volviese a un nuevo control a los dos meses...e Itadori lo había obviado olímpicamente, preocupado en otras cuestiones.
Ahora el conocer el sexo del bebé se convertía en algo tan peligroso como averiguar de qué manera podían romper el sello del Gokumonkyo. El mismo nivel de riesgo.
— Bueno…¿vamos?
— Ah...sí.
— Samuru, oye…— el niño rodó los ojos sabiendo lo que se avecinaba.— No me hagas esa cara, es por tu seguridad.
Itadori estaba listo para explicarle todos los consejos y advertencias que había planeado para evitar un desastre en caso de que algo saliera mal. No le gustaba nada dejar al niño a solas en la casa, pero todo había sido tan repentino que no había podido llamar a Mei Mei e inventar una excusa lo suficientemente urgente para llevarle al niño, volver, esperar a Yuta e ir hacia la cafetería. Suguru los había citado a eso de las 8:30 AM y la llamada había sido cerca de las 7:30 AM, no iba a hacer tiempo de nada…
— No te preocupes, Yuuji...no se quedará solo.
— ¿Cómo?¿...alguien más ha venido contigo?
— Claro.
El Omega volteó hacia Yuta; se había arrodillado en el suelo frente a Samuru, aún sentado. Al mirar el rostro del otro supo enseguida que algo no estaba bien, el mal presentimiento erizándole los vellos del cuerpo al ver su sonrisa extenderse; luego y como si se hubiese percatado de su propia emoción Yuta reculó, la inseguridad volviendo a él.
— Bueno, yo...pensaba que...Rika-chan podría quedarse aquí mientras nosotros vamos. Tiene un radio de alcance de 350 metros, así que no debería haber problema.
— ...Quieres dejar a un niño con una maldición.
— ¡Juro que es muy amable cuando quiere!
— ¿Quién es Rika-chan?
Itadori volteó de nuevo hacia Samuru, acomodándole los cabellos ante la mirada confusa del niño. Al final, Yuta había tenido que confesarle a Itadori en una de sus tantas llamadas que Rika-chan no era nada más ni nada menos que la maldición de categoría especial que en teoría habían exorcizado tiempo atrás en el colegio pero que había vuelto gracias al objeto maldito que Yuta había conservado consigo, el anillo de compromiso. Posteriormente, también había terminado soltando que como aquello representaba una falta grave de las normas Satoru había decidido enviarlo al extranjero para no levantar más sospechas y evitar que Rika volviese a intentar ser exorcizada...y…
Aquello, la verdad, no le generaba demasiada confianza a Itadori.
— Es...ah...la novia de Yuta.— Samuru desvió la mirada hacia el mencionado, el cual jadeó a sus espaldas.
— ¿Has venido con alguien más?
— Bueno…
Ahora era el turno de Itadori de jadear. En realidad, había sido un sonido estrangulado lo que había surgido de su garganta cuando percibió la presencia abrumadora y monstruosa tomando forma detrás suyo. Cuando la sombra se proyectó y los ojos de Samuru se ampliaron supo que la desgracia ya estaba de cuerpo presente, una risilla diabólica y deformada oyéndose a sus espaldas.
— Rika-chan, compórtate. Ellos son Yuuji y Samuru.
De nuevo, oyó aquella risilla para nada tranquilizadora a sus espaldas en medio del silencio de la cocina. Itadori estaba a punto de darse vuelta cuando Samuru también se rió, sus ojos asombrados enfocados en lo que había detrás de Itadori.
— Hola, Rika.— se oyó un jadeo y otra risa, la sonrisa de Samuru expandiéndose.— ¿Ella es tu novia? Qué genial.
— Ah...sí...ella es genial, ¿verdad, Rika-chan? No seas tímida, saluda.
— ...Hola…¿cómo...cómo te llamas?
— Samuru. Un gusto conocerte, ¿me harás compañía un rato, Rika-chan?
— No me mires a mi, Rika...te está hablando a ti, vamos.
Itadori bufó ante la escena irrisoria que se estaba desarrollando en semejante momento de tensión; finalmente se incorporó y volteó fingiendo enteresa. Por supuesto, la seguridad se fue al subsuelo de la casa cuando vio a la novia de Yuta de pie detrás del muchacho, aferrada a sus hombros como si ellos pudiesen verse más peligrosos que ella. Pese a lo imponente de su apariencia, Rika parecía estar sufriendo de un ataque de timidez detrás de Yuta e Itadori realmente se preguntó si aquella cosa era una maldición de categoría especial. Después de una pequeña lucha entre Yuta y su novia ella pareció recomponerse al fin, estirando la cabeza por encima del joven, la diferencia de alturas bastante notoria.
— Sí, yo...ah...me quedaré contigo, ¿verdad, Yuta?
— Así es. Mientras Yuuji y yo vamos a la cafetería, Samuru y tú se quedarán aquí jugando, ¿si?
Jugando.
— Hola, Rika-chan, un gusto.
Itadori intentó ser lo más amistoso posible, agitando la mano hacia ella. Rika le devolvió el saludo con la mano pero, de repente, algo en Itadori pareció llamarle la atención. Alarmado, vio como aquella masa monstruosa llena de dientes y uñas afiladas salía del escondite que representaba la espalda de Yuta y se dirigía hacia él. Sin saber qué hacer y ante la mirada neutra de Yuta, se quedó de pie en el mismo lugar, sin retroceder; finalmente, aquella bestia imposible de concebir llegó frente a él y se agachó casi a su altura. Itadori no reconocía un rostro humano, pero parecía nerviosa. Con movimientos lentos, estiró una enorme mano de dedos largos y garras aún más largas y la aproximó a su cuerpo, específicamente a su vientre. Itadori tuvo el reflejo de retroceder pero Rika había sido más rápida, una garra apenas posándose sobre su camiseta.
Una risilla y luego, la mano se apartó uniéndose a la otra, sus dedos largos retorciéndose.
— Yuta, tiene una niña ahí.
Los tres jadearon cuando comprendieron lo que realmente decían sus palabras.
— Yuuji, no te vayas a desmayar justo ahora.— la voz de Samuru lo alertó de que sus rodillas habían perdido estabilidad, el niño de pie detrás suyo abrazándolo por la cintura.— ¡Es una niña!
— No voy a desmayarme, cállate. ¿Cómo...cómo lo sabe?
— No lo sé, supongo que percibe muchas más cosas que nosotros no.— terció Yuta, tan sorprendido como ellos.— Una...una niña.
— Si...ah...una niña.— los tres habían dicho lo mismo con un tono tan asombrado como si aquello hubiese sido inconcebible.
— ¡¿Yo...te he molestado...Yuta…?!
— Nadie se ha molestado contigo, Rika-chan. Nos sorprendiste con lo que has dicho, es todo. Y sí, tiene una niña ahí dentro
— ¿Cómo...cómo es posible…?
Ay no. Itadori vio el reloj nuevamente. Las 8:20 AM.
Mierda. Se hacía tarde y no había tiempo para dar aquellas explicaciones.
— Yo te explicaré ahora.— Samuru habló y tanto Yuta como Itadori exhalaron el aire retenido.— Vayan.
— Gracias.
Ambos se despidieron de Samuru y Rika - lo cual fue un poco dificultoso para Yuta, ya que la maldición quería seguirlo pese a que habían acordado que se quedara allí - y partieron hacia la cafetería; pese al nerviosismo inicial y a tratarse de semejante monstruo, Itadori se sintió repentinamente confiado y aliviado de dejar a Samuru con Rika. Si alguien llegaba a intentar cualquier movimiento en su ausencia, tenía por seguro que Rika iba a...bueno, a destruir la casa si era necesario para proteger a Samuru.
Aquel pensamiento le quitó un poco de paz, la cual se perdió completamente cuando llegaron a la cafetería.
Desde la vereda de enfrente y antes de que ambos cruzaran, Itadori ya lo había visto.
Itadori sólo tenía una referencia del aspecto de Suguru y era Samuru. Satoru le había referido hacía más de un año que el niño era una copia de su padre y lamentablemente tenía que darle la razón. No había necesitado ninguna fotografía para reconocerlo, sentado con la mirada fija en el café que tenía sobre la mesa al lado de uno de los ventanales del local. Su corazón se aceleró, sus latidos ganando fuerza y vigor a medida que sus ojos lo estudiaban desde la distancia; algo en su imagen le transmitía una tristeza enorme y por un instante, por escasos segundos, Itadori se preguntó realmente quién era la víctima de aquella situación. Su garganta se cerró con un nudo que le impedía tragar correctamente y en ese preciso momento, Suguru pareció detectarlos. Itadori lo vio enarcar las cejas y voltear el rostro hacia la ventana, su mirada rastreando la acera hasta dar con ellos.
Cuando sus miradas se encontraron y pese a los metros que los distanciaban, Itadori comprendió muchas cosas de repente. Sintió una conexión casi inmediata con aquel sujeto del que poco y nada sabía, allí sentado en un café común y corriente y cargando con un objeto maldito especial que definía su propia existencia.
— Yuuji, ¿seguro puedes…?
— Sí, vamos.
Itadori no quería ponerse a pensar, menos a dudar en ese momento. En realidad, la incertidumbre se había disipado bastante de su mente al ahora ver al propietario de la voz atormentada que había oído aquella mañana más temprano. Ambos cruzaron la calle e ingresaron al local calefaccionado. El lugar era tranquilo y bastante concurrido para esas horas, las voces apagadas de las conversaciones entremezclándose con la música tranquila de fondo. Yuta apoyó una mano en su espalda y lo sacó de sus pensamientos guiándolo hacia la mesa luego de hacerle una seña a un camarero, Itadori moviéndose más por inercia que por voluntad propia.
Al llegar a la mesa, Suguru se incorporó y ambos notaron cuán alto era. Entrelazó ambas manos delante suyo y realizó una pequeña reverencia que los dos respondieron ansiosamente, sentándose delante suyo en el más profundo silencio. Suguru los observaba con aquella mirada felina que Itadori conocía tan bien pero sin expresión alguna y, finalmente, sonrió. Su sonrisa no era sarcástica ni parecía ocultar sentimientos negativos; por el contrario, a Itadori le resultó sumamente agradable e incluso se contagió de ella.
— Es bueno verte bien, Yuta.
— Lo...lo mismo digo.
— Tengo una sola pregunta.— su voz sonaba muy parecida a la de las llamadas pero aún así, Itadori se sorprendió nuevamente del tono suave y tranquilo de su voz grave, los ojos desplazándose de Yuta a él.— ¿Cómo me reconociste? Sé que Yuta no te lo dijo, tampoco me señaló cuando estaban fuera.
El aludido lo observó sorprendido. Era verdad. Yuta le había comentado a grandes rasgos sobre la ocasión en la que se habían enfrentado pero Itadori nunca había ahondado en aquello. La respuesta a aquella pregunta implicaba revelar algunas cosas que no estaba seguro si Suguru conocía, por lo que, por el momento, decidió guardárselas.
— ¿Y tú cómo supiste que era yo? No lo miraste a él, me miraste directamente a mi.— Suguru sonrió un poco más y rió despacio tomando la taza de café despreocupadamente.
— Bueno, veo que ambos guardamos secretitos.
De repente, Suguru movió la mano que tenía sobre la falda y ambos se alertaron al percibir el movimiento, incluso Itadori había estado a punto de levantarse del asiento cuando la mano se elevó sobre la mesa con un objeto en ella.
Con un golpe seco, un cubo de tamaño mediano que había entrado en la palma de su mano golpeó la mesa de madera con un golpe seco. Parecía realmente pesado, su superficie lisa con excepción de algunas ranuras en algunas de las caras del cubo. Yuta jadeó a su lado y miró para todos lados, nervioso.
— Esto es lo que vinieron a buscar.— Itadori miró a Suguru sin comprender o mejor dicho, sin querer entenderlo.— Eso, Itadori, es el Gokumnokyo.
