— Es imposible, no podemos romperlo, Rika-chan ya lo intentó.

Pero debe tener algún punto débil, algo en su superficie que sea más vulnerable.

— Pues no, tiene unas ranuras raras pero son imposibles de penetrar, lo he intentado incluso con la espada.

Les dije que esa cosa no se puede abrir así nomás. ¿Getou no les dio ninguna pista?

— No, y le creo...parecía más confundido que nosotros con ésta cosa.

Vamos a tener que ir, Sukuna.

Ni lo sueñes.

Itadori oía las voces de Yuta, Sukuna y Megumi discutiendo en el living. Yuta se encontraba de pie caminando alrededor de la mesa donde se encontraba el cubo, inmóvil en el medio. Parecía estar hablando solo pero en realidad, el teléfono de Itadori estaba en altavoz a un lado, en una de las esquinas. Itadori se limitó a sentarse en el futón, sus piernas aún entumecidas. Mientras ellos discutían sobre las opciones que tenían a mano, Itadori no dejaba de rememorar la corta conversación que habían tenido con Suguru antes de que éste decidiera que ya no era seguro permanecer allí; francamente, a Itadori le hubiese gustado preguntar más, mucho más, pero el tiempo y las circunstancias los habían limitado.

En lo poco que habían conversado a Itadori le habían quedado claras varias cosas. La primera era que Suguru no mentía o al menos, Itadori creía que su intuición no estaba fallándole al aseverar que era sincero al explicarles nuevamente las circunstancias confusas en las que Satoru había sido sellado.

Al parecer, Kamo lo había hecho con el objetivo de suprimir el último recuerdo en vida que Suguru tenía en aquel lugar y así poder hacerse del control completo del cuerpo, obteniendo lo contrario. Suguru estaba convencido de que el Gokumonkyo tenía posibilidad de revertir el hechizo impuesto porque Kamo había intentado destruirlo para borrarlo del mapa, sin éxito; para el hechicero, si su poder fuese irreversible se habría deshecho simplemente de aquel cubo en apariencia inofensivo, pero no había sido así.

Lo segundo que comprobó fue que Suguru desconocía de la existencia de Samuru, o al menos lo que alcanzaba a recordar de su pasado no incluía a su hijo. Sin mencionarlo directamente, Itadori había indagado de varias maneras en busca de una respuesta positiva que no pudo obtener. Suguru había afirmado, también de varias formas, que no tenía familiares con vida y que la única persona que lo ligaba a su pasado era Satoru.

Ninguno de los dos había tocado demasiado el tema de su relación con Satoru, pero Itadori intuyó que la cuestión le incomodaba más que nada por su presencia. Esa fue la tercera cuestión que a Itadori le quedó clara y le generó un poco de culpa...Suguru se sentía intimidado por su presencia. Seguramente, había recuerdos y vivencias que a Itadori se le escapaban completamente pero sabía que su relación con Satoru había terminado abruptamente, de un día para el otro. No sabía los verdaderos motivos que habían impulsado a Suguru a desechar la vida que ya había comenzado a armar junto a Satoru...pero Itadori intentó ponerse en sus zapatos aunque le resultase imposible, y lo primero que sentía al hacerlo era culpa y arrepentimiento. Sino lo hubiese hecho, probablemente habría seguido con Satoru y habrían tenido el hijo que habían planeado juntos, pero…

Bueno, en ese punto Itadori casi había terminado soltando la verdad. De no haber sido porque Suguru repentinamente se había sentido impelido en retirarse...Itadori no quería saber qué hubiese sucedido si acababa contándole la verdad.

Ahora, con algunas cosas claras y con renovada culpa, su mirada seguía el cuerpo de Yuta mientras se gritaba con Megumi a través del altavoz; de fondo y por si aquello no fuera suficiente, se oía la risa estruendosa y para nada pacífica de Rika desde el corredor de las habitaciones, Samuru con ella en su cuarto. Itadori le había pedido a Samuru que les dejara un poco de espacio sin mencionar lo que había ocurrido con su padre porque obviamente el mocoso sabía que habían ido a verlo a él, más no el por qué. Con esa pequeña ventaja y sin mencionar a Satoru, habían comenzado el arduo camino de intentar abrir esa cosa que parecía una caja cerrada sin abertura alguna.

Y la verdad era que Itadori ya había agotado el trabajo de sus neuronas aquella mañana.

Si no la ves en persona, ¿cómo puedes afirmar que no puedes abrirla? Me decepcionas.

Te…¿te qué?

El tono peligroso en la voz de Sukuna había hecho aterrizar nuevamente a Itadori. Yuta y él guardaron silencio mientras oían un sonido similar a un gruñido y luego, un bufido por parte de Megumi que no parecía para nada preocupado por la amenaza latente que lo acompañaba. El muchacho era propenso a resguardar tanto su situación como su ubicación pero Itadori se las había ingeniado para sonsacarle algunos datos; por ejemplo, que increíblemente era más Sukuna el que cuidaba de los niños, quien más los cargaba y quien más paciencia parecía tenerles.

Luego, que el sitio donde se hallaban parecía una caja tan cerrada como el Gokumonkyo y en las ocasiones en las que Itadori había llamado, la interferencia de la energía maldita de Sukuna había obligado a Megumi a salir parcialmente de allí para poder hablar en paz, motivo suficiente para iniciar varias disputas.

Es ir a la casa de Itadori. Tú ya la conoces.

Ah sí, ¿y quién se queda con tus hijos? Porque piensas ir también, o me equivoco.

Ahora son mis hijos.

No has respondido.

Los llevamos y ya. ¿Cuál es el problema?

Que no quiero. Mira, no voy a…

— ¿Sukuna siempre tuvo la misma capacidad de comunicación?

Yuta se había acercado hacia Itadori y había susurrado aquello con la esperanza que en medio de la pelea ninguno de los otros dos lo oyeran. Conocía parcialmente la historia y grandes rasgos cómo había sucedido el temita de los "niños", pero aún así no se había atrevido a tener una conversación directa con Sukuna, lo cual a Itadori le parecía un tanto hipócrita de su parte visto y considerando que su novia era un monstruo. Ahora que Yuta se lo preguntaba, Itadori rememoró todas las maldiciones de categoría especial con las que se había topado y en efecto, habían sido muy pocas las que se habían logrado comunicar tan fluidamente...y tan violentamente como Sukuna. O ellos habían tenido buena suerte o una muy mala, visto y considerando cómo había terminado Megumi.

— Desgraciadamente, sí.

— ¿Desgraciadamente? Rika-chan comprende muy bien lo que se le dice, pero a veces no logra expresarse como a ella le gustaría. ¿Sabes? Envidio que hayas podido tener esa conexión tan fluida con Sukuna.

— No la envidies tanto, no sabes lo que fue. Aunque entiendo el punto.

¡Bien! Entonces voy yo, si tanto quieres quedarte aquí encerrado.

Tú no vas a ir a ninguna parte solo. No voy a permitirlo.

¿Acaso me mantienes cautivo aquí dentro? Que haya tenido a tus hijos no te da derecho a encerrarme.

Ahora son mis hijos.

— Yuuji…

La voz de Samuru a sus espaldas hizo voltear a Itadori de la discusión entretenida. Al mirar al niño, lo segundo que notó al instante fue a Rika a sus espaldas intentando sobrepasarlo para llegar a Yuta. Itadori le hizo señas para que se arrimara a él y darle vía libre a la maldición que no dudó en rodear a Yuta hablando en murmullos con él mientras Sukuna y Megumi seguían discutiendo.

— ¿Todo bien con Rika?

— Sí, es bastante tranquila, dentro de lo que cabe.— a Itadori no se le pasó por alto que Samuru observaba el cubo sobre la mesa casi sin despegar la vista de él, como si estuviese hipnotizado.

— Me alegra. Quizás esto se repita, así que…

— Yuuji, ¿qué es eso?

Itadori desvió la mirada al objeto maldito escasos segundos y luego volvió la vista a Samuru. El niño no parecía asustado pero sí absorbido por la presencia de aquella cosa sobre la mesa y, por un momento, Itadori se replanteó si era buena idea tenerlo allí.

— Es un objeto maldito de categoría especial. Se llama Gokumonkyo.

— ¿Y...es una maldición?

— No, es sólo un objeto.

— Entonces…¿por qué me está mirando?

El Omega parpadeó varias veces ante su pregunta, descolocado. Samuru había torcido la expresión y ahora sí parecía un tanto temeroso.

— Ahí se le abrió otro ojo. Y los dos me están mirando a mi.

— ¿Qué...?

Cuando Itadori volteó de nuevo hacia el cubo jadeó, asustado y sorprendido a partes iguales. En efecto, a la superficie lisa de aquella cosa le habían surgido dos ojos; tardó varios segundos en comprender que eran las ranuras que habían visto antes en algunas caras del cubo…¡¿todas eran ojos?!

— Yuta…

— Sí, lo estoy viendo. No percibo energía maldita surgiendo del Gokumonkyo, no es el objeto maldito.

— Algo se activó o llamó su atención, sino no nos estaría mirando así.

¿Qué sucede? .— la voz de Sukuna se dejó oír casi en un grito sobre la voz de Megumi.

— Al Gokumonkyo le salieron dos ojos. No, tres. Ahí se abrió otro.

¿Ojos? ¿Antes no los tenía?

— No, surgieron recién, no entiendo por qué.

— Samuru…

La voz de Yuta sonó suave, casi en un murmullo. Itadori y Samuru lo observaron, la mirada de Yuta más concentrada que nunca.

— ¿Sí?

— Vuelve por donde has venido, vuelve al corredor.

— ¿Seguro…? Bueno, ahí voy.

Ambos vieron como Samuru daba vuelta y desandaba el camino hecho desde el corredor que conducía a los cuartos. En cuanto Samuru desapareció de sus miradas, ambos volvieron a mirar al Gokumonkyo. Los tres ojos seguían clavados en la dirección en donde Samuru había desaparecido y tras algunos segundos, volvieron a cerrarse dejando las antiguas ranuras.

— Ahora, ¡vuelve!

El efecto fue casi instantáneo. En cuanto Samuru apareció de nuevo, se habían abierto cuatro ojos que se habían movido en forma desquiciada en todas direcciones y finalmente habían quedado fijos en Samuru, que se había ido aproximando lentamente.

— Ahora hasta tiene cuatro abiertos...Yuuji, qué es eso, es espantoso.— pese al rechazo que el niño expresaba, se había acercado todavía más al cubo, el cual seguía con los cuatro ojos todos sus movimientos.

— Es…

— Es Samuru.— la voz de Yuta los distrajo.— Él atrae la atención del Gokumonkyo y activa algo en su superficie, no me animo a decir que también en su interior.

Hubo un pequeño silencio entre los presentes, incluso de Sukuna y Megumi. En ese momento, Samuru sintió la presencia de sus miradas sobre él, acobardándose.

— ¿Qué sucede?

Oye, niño.— la voz de Sukuna sonó fuerte y clara. Itadori frunció el ceño, fastidiado por el tono con el que se había dirigido a Samuru.— ¿Tienes miedo?

— No, no lo tengo.— respondió firme.

Entonces, ve y sostén ese cubo que ves sobre la mesa.

¡Sukuna!

— Estás loco si piensas que yo voy a permitir que haga una cosa así…

— Tiene que haber otro método…

Itadori no supo si fue por la provocación o porque Samuru en realidad ya había estirado una mano hacia el Gokumonkyo, pero no había dudado en apoyar la palma sobre la cara superior que no tenía ningún ojo en medio de los gritos que ellos habían proferido; de repente, al ver que lo había hecho, tanto Itadori como Yuta permanecieron inmóviles, absortos en la mano de Samuru. Los cuatro ojos se limitaron a desviarse hacia la mano, ningún sonido, ningún movimiento. Los segundos pasaron y, al comprobar que no sucedía nada raro, Samuru terminó levantando el cubo en su mano.

— No pesa mucho...qué...no puede ser.

Por un momento Itadori creyó que Samuru iba a desmayarse o había recibido algún ataque por parte del objeto maldito; lo vio yéndose hacia atrás y pensó que caería al suelo. Impulsado por la crisis, había salido disparado hacia delante para sostenerlo, pero Samuru sólo había querido sentarse en el futón, ahora ambas manos en el Gokumonkyo.

Pasaron varias cosas a la vez; Sukuna rió y soltó algo ininteligible incluso para Megumi, Yuta jadeó al comprender algo que a Itadori se le escapaba mientras exclamaba "¡ya veo, cómo no se nos ocurrió antes!" y Samuru presionaba uno de los lados del cubo contra su frente, al borde de las lágrimas. Itadori se agachó a su lado, asustado y confundido a partes iguales cuando el llanto finalmente se hizo presente.

— Samuru, por favor, dime que estás bien.

— S-Sí, yo sí...pero…

Tu padre intentó comunicarse contigo, ¿eh?

— ¿Qué?

Al oírlo, Samuru volvió a torcer el gesto incapaz de contestar mientras seguía llorando; Itadori se sentó a su lado completamente conmocionado por lo que Sukuna acababa de soltar, sin más. Lo oyó resoplar del otro lado de la línea y finalmente, habló.

El Gokumonkyo es un objeto maldito que sella completamente su interior, pero no la superficie. El chico está actuando como un espejo de su padre...es como si desde dentro, el hechicero lo detectase por la superficie y, al tocar el cubo puede hacer contacto a través de sus paredes.

— Despacio y en idioma que yo entienda.

Lo que te estoy diciendo es que ese chico es el único que puede romper el sello, estúpido. Megumi, si me vuelve a preguntar lo mismo, me retiro.

Yuuji, respira y piensa lo que Sukuna acaba de decir, tiene sentido. Samuru, ¿estás ahí?

— Sí, estoy aquí.

En todos estos años, ah…¿tu papá te ha dicho si heredaste alguno de sus poderes?

— Sí, casi todos. Menos los seis ojos.

¿Sabes hacer la expansión territorial de tu padre?

— Sukuna, tiene 12 años, ¿qué pretendes? .— Itadori bufó y Sukuna resopló, ambos molestos con el otro.

— Bueno...no, tanto no. Manejo la teoría, pero...me es bastante complicado.— Samuru había hablado con inseguridad y el brazo que Itadori tenía sobre sus hombros afianzó la presión en ellos.

— No tiene que darte vergüenza, es algo súper difícil...no quiero saber lo que debe ser lograr la de papá.

Pues bueno, vayan acelerando el proceso porque es la única forma de sacarlo de allí y no, no voy a poner a explicarte lo mismo con diferentes palabras.

Otro silencio, más incómodo y prolongado que el anterior.

— ¿Cómo pretendes que con apenas 12 años logre semejante barbaridad? Estás loco. Y sigo sin entender cómo eso rompería el sello.

No importa si lo entiendes o no, es así.

— Luego te lo explico, Yuuji.— Yuta parecía el más calmado allí y eso que Itadori lo veía nervioso.— Supongo que no tenemos opción.

— ¿Realmente no tenemos opción? .— jadeó Itadori, mareado con la nueva perspectiva.

No, a menos que nos digas que Gojo tiene otro hijo por ahí o algún otro pariente cercano.

Itadori desconocía semejante información...Satoru nunca le había mencionado ningún hermano o pariente cercano y por el gesto contrariado de Yuta, él tampoco manejaba algún dato. Ambos miraron a Samuru quien negó con la cabeza.

— No, no hay otros parientes. Papá era el único que quedaba, además de mi. Pero no importa, tampoco es imposible...sólo que me costará un poco más.

— Sukuna.

Qué.

— ¿Tenemos tiempo?

Niño, ¿cómo percibes la energía de tu padre?

— Bien, como siempre. Si me estás preguntando por su núcleo energético, está estable y no percibo ningún gasto excesivo de energía maldita. ¿Por?

Gracias al cielo el niño tiene más neuronas que tú, mocoso. Ahí tienes la respuesta. Lo tenemos.

— Yo te ayudaré.— terció Yuta alzando una mano.— Manejo un poco de esa teoría, así que seguro puedo ayudarte.

No es taaaan difícil. Si se les complica, acá estoy.— tanto Itadori como Yuta miraron sorprendidos el teléfono al oír el ofrecimiento de Sukuna.— ¿Qué? El chico no es un caso perdido.

— Entonces, hagámoslo.

Hubo un poco más de charla irrelevante hasta que Sukuna había puesto fin a su paciencia, Megumi disculpándose detrás y colgando la llamada.

Y ahí es cuando había surgido el verdadero problema. Samuru se incorporó del futón con el Gokumonkyo entre las manos, el ceño fruncido y la expresión más resentida que Itadori le había visto hasta ese momento.

— ¿Por qué no me lo dijiste? Sabías que papá estaba sellado en ésta cosa, me dijiste que no sabías dónde estaba.

— ¡No lo sabía! Cuando sellaron a tu padre, yo no tenía ni la más mínima idea de cómo había sido...hace poco me enteré y recién ahora pudimos recuperarlo.

— No me digas nada. Fue mi padre quien lo selló, ¿no? Por eso fuiste a reunirte, él te lo dio.

— No fue tu padre. Pero él pudo obtenerlo.

— ¿Sabes? No te creo.

Samuru guardó distancia cuando Itadori intentó aproximarse un poco más; al notar el rechazo del chico, Itadori se detuvo comprendiendo el enojo del niño. Si se ponía en su lugar él también estaría molesto, pero aún así no se arrepentía de habérselo ocultado, no porque fuese un mocoso sino porque Itadori no estaba seguro de los resultados. Si aquello hubiese resultado en un fiasco y no hubiesen podido conseguir el Gokumonkyo...si alguien tenía que cargar con la desilusión, quería ser él sin arrastrar al niño en ello.

— No te estoy mintiendo.— Samuru entrecerró los ojos y soltó un bufido, más molesto.

— ¿Te das cuenta? Terminaste contagiándote de papá. No mientes, pero ocultas cosas. Ocultar también es una forma de mentir, Yuuji. Rika-chan, vamos.

Descolocado, Itadori percibió la presencia hasta ese momento oculta de Rika en la habitación, detrás suyo.

— Ve, no hay problema.— oyó el murmullo de Yuta a sus espaldas. La sombra de Rika literalmente pasó sobre Itadori en forma incorpórea acercándose a Samuru.— Déjalo, ya se le pasará.

— Tiene razón, no supe manejar esto con él.

Itadori resopló oyendo a Samuru azotando la puerta del cuarto; cuando estaba restregando su rostro con ambas manos, sintió la mano suave de Yuta sobre su hombro, apenas presionando.

— Tiene razón en estar molesto. Todos estamos molestos con la situación, pero Yuuji, ¿qué iba a hacer si lo sabía? Nada. Ibas a sobrecargarte con las emociones negativas del niño y creo que no estás en condiciones para eso.

— Lo sé...no me arrepiento, pero aún así duele que me llame mentiroso.

— Estoy seguro que esas palabras fueron producto del enojo, no creo que lo piense realmente.

Yuta tenía razón, Itadori lo sabía perfectamente. Aún así, toda la tensión que venía acumulando más las fuertes emociones de aquella mañana lo golpearon de lleno, atontándolo. No sólo habían recuperado el Gokumonkyo sino que ya conocían la forma de liberar el sello, por muy difícil que fuera...además...Samuru había podido comunicarse con Satoru, sea lo que fuera que eso significase. No quería admitirlo abiertamente, pero envidiaba al niño. Tantas semanas de incertidumbre en las que Satoru se volvía cada vez más etéreo en su imaginación, en sus recuerdos...daría cualquier cosa por volver a verlo, aunque fuera sólo eso.

De repente, perdió un poco de estabilidad; se tambaleó en su eje pero Yuta lo sostuvo de ambos hombros, su voz tranquila muy cerca de su oído.

— Vamos, toma asiento en el futón un momento. Te traeré algo de beber.

— Gracias, Yuta. Creo que me mareé un poquito.

— No es para menos.

Yuta volvió enseguida con un vaso de agua fría y una compresa húmeda; luego de que Itadori pudo beber algo, Yuta lo acomodó en el futón boca arriba, la compresa sobre sus ojos. Poco a poco, Itadori fue relajando los músculos sobre la superficie acolchada mientras Yuta encendía la televisión a un volumen bastante bajo y cerraba las cortinas del living; sus movimientos eran medidos y para nada ruidosos, por lo que Itadori sabía lo que estaba haciendo por pequeños sonidos que lo delataban.

— ¿Mejor?

— Mucho mejor. Gracias, Yuta.

— Excelente. No es nada...quédate así un ratito más, ya vuelvo.

— Claro.

Itadori podía permitirse un momento para relajarse. Después de todo, había cargado con toda la situación desde el comienzo, con el niño, con la casa y ahora con otro niño en camino. Ya había pasado demasiado estrés y una de las etapas más complicadas de aquello había sido superada con éxito, por lo que sí, Itadori tenía derecho a distenderse aunque fuese por un corto período de tiempo.

El Omega sí podía hacerlo, pero Yuta no.

Cerciorándose de que Itadori estuviese lo suficientemente relajado para no notar el rumbo de sus pasos, Yuta se adentró en el corredor que daba hacia las habitaciones; guiándose por el olfato, siguió el aroma de Samuru y de Rika hacia la última puerta cerrada. Sin pensarlo dos veces, golpeó suavemente sin obtener respuesta, aunque tampoco la esperaba.

Golpeó un par de veces más y sin aguardar un permiso, Yuta abrió la puerta del cuarto. Samuru volteó hacia él bastante sorprendido desde su posición sobre la cama, Rika a su lado; el televisor del cuarto estaba encendido y ambos miraban algo, no sabía ni le interesaba qué. Con un movimiento de la cabeza, Yuta le indicó a Rika que saliera de allí y así lo hizo. En un abrir y cerrar de ojos, aquella mole imposible se había comprimido lo suficiente como para pasar a su lado, fuera del cuarto. Para Yuta habría sido más sencillo invocarla y hacerla desaparecer de aquel plano, pero ya había visto que se entretenía con el niño y eso pocas veces se daba.

— Pero…

— Dos cosas.— la voz de Yuta seguía siendo suave pero firme cuando se paró en medio de la habitación, las manos cruzadas en su espalda.— La primera, que sea la última vez que tratas así a Yuuji. Si bien te ocultó algunas cosas, fue para no sobrecargarte a ti, no porque te estuviese mintiendo. No lo sobrecargues tú a él con niñerías. Él sólo busca lo mejor para ti, igual que tu padre.

— Yo no…

— La segunda. Sukuna y yo vamos a ayudarte a lograr aunque sea una expansión territorial incompleta, no necesitamos más. Pero a la primera que no hagas lo que te digamos o salgas con alguna tontería como la de recién, vete olvidando de nosotros y reza porque tu padre encuentre otra forma para salir.

Había estado reteniendo el aire al decir todo aquello porque Yuta no estaba acostumbrado a dar correctivos. Sin embargo, la situación de Itadori lo indignaba lo suficiente como para hacer el esfuerzo y, sabía que si no le ponía un límite en esos momentos a Samuru las cosas se iban a complicar bastante en un futuro demasiado cercano. No sólo era un adolescente sino que era hijo de Gojo, por supuesto que iba a ponerse insufrible. Pero una cosa era que Itadori lo permitiera y otra muy diferente que él lo hiciera; la paciencia de Yuta era inmensa, pero sabía que la de Sukuna era ínfima. Ante el más mínimo berrinche que le hiciera aquello se iba a acabar tan rápido como había comenzado, así que las posibilidades eran limitadas.

Sólo esperaba que el niño lo entiendiese de la mejor manera, porque sino…

— No lo haré. Me comportaré.—agregó al ver el gesto torcido de Yuta.

— Bien. Luego ve y discúlpate con Yuuji, está descompuesto con lo que le dijiste.

— ¿Qué?¿Está bien?

— Ve a comprobarlo tú mismo, si tanto te importa.

Con un pequeño saludo, se retiró del cuarto antes de que su propia voluntad lo traicionara. Fuera, Rika estaba erguida cuan alta era a un lado de la puerta, sus garras extendidas hacia él temblando débilmente.

Yuta...estuviste...fantástico...yo...estoy...te amo, Yuta.

— ¿Te parece?.— Yuta tomó sus largos dedos, apenas presionando.— Yo también te amo, Rika-chan.

Yuta sonrió cuando Rika jadeó, emocionada. Se aproximó un poco más a ella con la intención de darle un pequeño beso en la soledad del corredor, y bien que lo hizo: Samuru había decidido aquel momento para salir de la habitación casi azotando la puerta nuevamente y de no haber sido porque se había inclinado hacia delante Yuta se encontraría en el suelo. Ni siquiera pareció verlos; se había recogido el cabello en un rodete desordenado e iba directo hacia el living.

Suspiró, aliviado. Al menos a él le había hecho un poco de caso.