Desde una posición segura, Yuta observaba el descontrol en el que se había convertido la casa que anteriormente pertenecía a Satoru y que ahora había quedado en manos de Itadori y su hijo. Había dejado la puerta de la casa abierta porque sabía que con el conjunto de hechizos que todos habían puesto sobre el mobiliario era imposible que incluso un hechicero oyese los gritos que soltaban desde dentro aún si pasaba caminando por ahí, mucho menos visualizarla. Desde el corredor externo, Yuta observaba o mejor dicho, escuchaba a Itadori gritándole a Fushiguro y a éste, devolverle los gritos.

Yuta se había apartado del resto por dos motivos; primero porque la cantidad de gente dentro de la casa lo estaba poniendo un poco ansioso...a él y a Rika, quien no toleraba muy bien el griterío, sobre todo cuando no sabía cómo participar. Segundo, porque necesitaba privacidad para atender la llamada que había llegado desde el número desconocido que le había marcado hacía apenas unos minutos y más que Itadori, le preocupaba que Fushiguro lo oyera.

¿Estás con Itadori? .— la voz femenina lo sacó de su ensimismamiento rápidamente. Nervioso, comenzó a caminar lejos de la puerta.

— Sí, pero no me oye. ¿Qué sucedió? Es raro que llames ahora.

¿Alguien sabe algo?

— ¿De qué?

Del plan original.

El muchacho suspiró y volvió a mirar la puerta entornada de la casa. Dentro, Itadori estaba en el living con Fushiguro y los niños que había tenido con Sukuna...y un poco más allá, en otra de las habitaciones de la casa se encontraba nada más y nada menos que Sukuna haciendo de tripas corazón y ayudando a la causa perdida que era congeniar con Samuru. Yuta lo había intentado, sí que lo había hecho; el problema no había sido que el niño no entendía la teoría o no sabía llevarla a cabo, sino que quería implementar otros métodos que a Yuta no sólo no le convencían sino que desconocía totalmente. Luego de un par de semanas intentando redirigir la situación se había dado por vencido, sobre todo porque Itadori no iba a soportar mucho más aquel momento estresante.

Ni él ni todas las personas que estaban aguardando a que Gojo saliese del Gokumonkyo. Como él.

— No...pero hay un par que...vamos a decir que sospechan.

¿Cómo van con el Gokumonkyo?

— Mal. El hijo de Gojo no está colaborando como pensábamos. Déjame intentarlo un poco más.— agregó al oír el bufido de la mujer del otro lado de la línea, poniéndose más ansioso.

Yuuta, sabes que nos estamos jugando la vida en esto, no puede haber errores.

— Ya hubo uno. Mira, yo...yo le prometí a Gojo que no iba a estar en su contra pero tampoco que iba a intervenir directamente, ustedes me están arrastrando…

¿Vas a dejar a tu querido profesor a la deriva, después de todo lo que él hizo por ti?

La risilla femenina lo obligó a fruncir el ceño, contrariado. Por supuesto que no caería tan bajo, Yuta estaba agradecido con todos los movimientos que Gojo había hecho para que no lo ejecutaran en su momento y luego para mantener a Rika a salvo. Si allí había alguien agradecido con él, se trataba de Yuta. Sin embargo...él no había querido inmiscuirse en el plan original que Gojo le había propuesto porque significaba asesinar a demasiadas personas, un cambio demasiado radical para una sociedad que sabía no estaba lista para ello...y ahora, esto. Ninguna de las personas que había formado parte de aquel plan hubiesen pensado en su fantasía más retorcida que Noritoshi Kamo dentro del cuerpo de Suguru Getou iba a traicionar de aquella manera a Gojo y lo iba a sellar indefinidamente.

Cuando Yuta había recibido el último llamado de Gojo un par de semanas antes de que todo aquel incidente nefasto sucediera, tendría que haberlo sabido, tendría que haberse dado cuenta de que algo no estaba bien. Gojo no le había pedido participación directa, pero sí algo quizás más difícil: lo había hecho prometerle que, en el caso de que a él le sucediera algo y no pudiera estar de cuerpo presente, se hiciese cargo de Itadori Yuuji hasta que las cosas se acomodaran un poco. Que no lo dejara solo, pero que tampoco le revelara todo lo que había detrás.

Yuta sabía quien era Itadori no sólo por Gojo, sino también por los demás. Todos en algún momento se lo habían nombrado y el concepto general había sido que el muchacho era una excelente persona; cuando Gojo le había confesado que eran pareja, Yuta no pudo más que sorprenderse al darse cuenta que no confiaba ni en la persona que tenía al lado para participar en un plan que él mismo había creado.

Sin embargo, no había puesto objeciones porque le pareció irrisorio que a Gojo le sucediera algo. Prometió volver del extranjero y cuidar de Itadori lo más que éste le permitiera porque sabía que a Gojo no le sucedería nada…

...y había sucedido. Trastornado, había oído incrédulo la noticia y había tardado varias semanas en reacomodarse para volver a su país de origen. Por suerte y al igual que él, Itadori había oído hablar de él por las mismas personas y no había desconfiado de sus intenciones.

El problema había sido cuando "los demás" se habían enterado que Yuta tenía contacto con Itadori. Increíblemente habían intuido que a su vez Itadori tendría contacto con Sukuna, quien había aparecido con un cuerpo propio y original durante aquel incidente. Si Itadori tenía contacto con Sukuna, era un hecho que éste tendría un contacto con Kamo y que así podrían obtener el Gokumonkyo o por lo menos, liberar a Gojo del sello. El inconveniente había surgido en la segunda parte de aquella suposición; Itadori sí tenía contacto con Sukuna pero éste no lo tenía con Kamo y, aún así, tampoco sabía cómo romper el sello de aquel objeto maldito de categoría especial.

Yuta sufría de una ambivalencia única en aquella situación que se estaba suscitando dentro de la casa. Por una parte, ansiaba que Gojo saliera de aquel sello porque sabían que, si bien estaba resistiendo estoicamente con su energía maldita, ésta en cualquier momento podría agotarse y él morir en el proceso. Yuta no quería eso, él...bueno, quería ayudarlo. Pero al hacerlo, iba a ser partícipe directo de todo aquello, aún cuando había sido Kamo quien había eliminado a los peces gordos.

Porque eso era sólo el principio del plan, empezar a limpiar.

— No voy a dejarlo, por eso estoy aquí.

Bien. Yuta, escucha. No te llamé para charlar, te he llamado para advertirte.

— ¿Qué sucede?

En cualquier momento va a salir una orden de captura.

— ¿Eh?¿Para quién?

Para Itadori...y para Fushiguro Megumi, debes conocerlo, ¿verdad?

— A ver, espera.

Yuta se aproximó a la puerta e inspeccionó el interior de la casa rápidamente; Itadori seguía entretenido con los hijos de Fushiguro mientras éste justo en ese momento se dirigía a la cocina. Espero a que ingresara allí y sin hacer ruido cerró la puerta tras él, alejándose nuevamente, más nervioso que antes.

— ¿Qué implica una orden de captura?

Tú lo sabes mejor que yo.

— No puede ser.

No podrás levantar el hechizo hasta nuevo aviso. La orden todavía no fue emitida, pero no van a tardar. Los clanes Kamo y Zenin se pusieron de acuerdo por primera vez en sus vidas y quieren eliminar a cualquier persona implicada.

— Itadori no tuvo nada que ver, Fushiguro menos.

Díselo a ellos, no a mi. Por cierto…¿qué tal Itadori?

— Bien, es decir...lo está sobrellevando bastante bien, pese a todo. Admiro su resiliencia.

No me refería a eso, tonto.

— ¡Yuki! Maldita seas.— oyó la risa de la mujer del otro lado de la línea, burlándose de él.— Sabes que soy un sujeto comprometido.

Lo sé, lo sé. Es que el chico parece muy lindo. Muy agradable, quiero decir. No entiendo qué le vio a Gojo.

— No voy a hablar sobre gustos amorosos.

En ese momento, la puerta de la casa se abrió. Yuta volteó repentinamente sobresaltado para comprobar que había sido Fushiguro; se observaron durante algunos segundos y finalmente, pese a que Yuta aún no había colgado la llamada, Fushiguro salió y cerró la puerta, apoyando la espalda sobre ella.

La mirada felina y siniestra que le dedicaba a Yuta lo hizo dudar de si había hecho bien en cerrar la puerta.

— Ah...luego hablamos, ¿si? Cualquier cosa te la haré saber.

Mmh...ten cuidado. No sé con quién estás, pero cuídate, Yuta.

— Sí. Lo haré.

Y la llamada finalizó, dejando a Yuta sin una excusa para no encararlo.

— ¿Todo...todo bien?.— preguntó algo temeroso al ver que la expresión de Fushiguro empeoraba conforme pasaban los segundos.

— La verdad, no.

— ¿Qué sucede?

— Okkotsu-senpai…

— No me llames así, ya no soy tu senpai. Además me haces parecer más viejo de lo que soy.

— Bueno...Yuta-san.— el aludido sonrió nervioso al ver que Fushiguro no iba a ceder.— Estás al tanto del plan de Gojo-sensei, ¿verdad? No intentes ocultármelo, lo sé.

— ¿Plan?¿De qué plan hablas?

Fushiguro entrecerró los ojos y por un momento, Yuta estuvo a punto de colapsar. ¿Sukuna se lo había dicho, o Gojo había hablado con él también? Lo primero le resultaba lo más probable porque en ningún momento su ex profesor le había nombrado a Fushiguro como uno de los partícipes de todo aquello.

— Lo único que voy a decir es que Itadori no lo sabe. Y tiene derecho a saberlo.

— Si se lo dices, va a colapsar.— Yuta suspiró, resignándose.— Ya...ya se ha enterado que Gojo le ocultó varias cosas, si se entera de eso también…

— Es su vida. Gojo-sensei iba a…— Fushiguro pareció alterado de repente, callándose y acercándose a Yuta, farfullando.— Iba a matarlos a todos. Él iba a hacer el trabajo de Kamo.

— ¿Y?

El Omega jadeó ante su respuesta indiferente y Yuta volvió a resoplar, cansado. Nadie le había dicho que aquello iba a ser tan difícil.

— Mira...sí, lo sabía. Gojo me llamó hace poco más de un año y me comentó a grandes rasgos lo que pensaba hacer. Le dije que no iba a participar, pero tampoco iba a oponerme.

¿Más de un año? No puede ser.

— Creo que todo empezó cuando planearon devolverle el cuerpo a Sukuna, no estoy seguro. Más allá de eso...creo que ahora ya no es relevante.

— ¿Te parece que no lo es? Sukuna está luchando ahí adentro para que Samuru logre liberar a Gojo, ¿a ti te parece que…?

— ¿Y a ti te parece que Sukuna haya recuperado su cuerpo, con lo que eso implica?

El silencio los envolvió a ambos, incómodos.

— Son cuestiones diferentes.

— Sí, claro. Lo de Sukuna es peor.— Yuta sonrió a modo de disculpa y elevó las manos delante de su cuerpo en posición defensiva ante la mirada cargada de resentimiento que Fushiguro le estaba dedicando.— De cualquier manera, el orden de los factores no altera el producto.

Yuta bajó uno de sus brazos y elevó el otro mostrando dos dedos en dirección a Fushiguro.

— Hay dos opciones: que Gojo salga...o no salga de la Prisión Confinadora. Si sale...probablemente va a terminar el trabajo que empezó. Habrá más muertes, eso te lo aseguro...y yo no he decidido qué posición tomar al respecto ahora que volví del extranjero. Si por cualquier motivo no logra salir...hay gente detrás de él que continuará lo que comenzó, incluyendo a Sukuna. No va a quedarse de brazos cruzados escondiéndote eternamente, a ti y a sus hijos. Además, supongo que de cierta manera lo beneficia no tener que compartir el poder con Gojo.

— Si Gojo-sensei no logra salir del Gokumonkyo…¿tú qué harás?

Fushiguro tenía el rictus serio y parecía un poco desbordado por lo que le había dicho Yuta. El muchacho lo conocía y sabía que el Omega no era tonto y que probablemente ya había pensado y repasado todo lo que Yuta le había dicho; sin embargo, una cosa era pensarlo y otra que la posibilidad se volviera realidad. La situación era por demás compleja, sobre todo ahora que los clanes Zenin y Kamo al fin parecían empezar a reaccionar. Estaba claro que en un futuro tal vez no tan lejano los dos clanes terminaran por desaparecer, ya fuese a manos de Gojo o de Sukuna. O de ambos.

Por un momento, Yuta pensó en Rika e intentó ponerse en el sitio de los otros dos; si alguien quisiese atacarla y separarla de él de alguna manera, la única forma que se le ocurría para responder al agravio sería con otro, utilizando toda la fuerza bruta que tuviese a disposición. Entonces, sabía que ambos dos estarían dispuestos a matarlos a todos en caso de que tanto Itadori como Fushiguro estuviesen en peligro, aún más con niños de por medio...y Gojo ni siquiera sabía que iba a tener otro hijo.

Sabía que toda la problemática iba más allá de una simple cuestión hormonal y territorial, pero aún así…

— Me quedaré por aquí un tiempo.— suspiró, un poco nervioso.— Sé que no es buena idea, pero Itadori no puede quedarse solo en esta etapa de su vida. Al menos necesita un Alfa de confianza que lo apoye.

Fushiguro pareció considerar seriamente sus palabras; en ese momento, Yuta recordó las palabras de Yuki y se le erizaron todos los vellos del cuerpo, un escalofrío recorriendo su espalda. Si Gojo no lograba salir del Gokumonkyo, Yuta iba a quedar confinado a aquella casa porque tampoco iba a poder abandonar a Itadori en semejante situación, más cuando su cabeza iba a comenzar a ser rastreada y el primer lugar adonde irían sería allí. Conociendo a esa gente rancia, Yuta no tenía ninguna duda de que lo ejecutarían sin juicio previo, y el sólo pensar que pudieran hacer algo así con un Omega embarazado…

Más le valía a Gojo salir de ese maldito cubo y los matara a todos de una buena vez.

— Bien, le caes bien.— Fushiguro sonrió.— Bueno, a Itadori le cae bien todo el mundo.

— Lo sé. Él también cae muy bien, se nota que es un buen chico.

El jadeo proveniente de la parte interna de la casa los sobresaltó a ambos; era la voz de Itadori. Yuta y Fushiguro se observarón durante algunos segundos, consternados y preocupados antes de que el último abriese la puerta. De pie desde la entrada de la casa, Itadori se encontraba sentado en el futón frente al televisor, solo. El problema era que no estaba sentado, sino reclinado hacia delante, sus dos brazos cruzados por delante de su abdomen. Los hijos de Fushiguro descansaban tranquilamente a su lado, en dos pequeñas cunas que el Omega había llevado por si acaso. Al evaluar rápidamente la situación y mientras sentía que le bajaba la presión, Yuta tuvo que literalmente empujar a Fushiguro de la entrada porque sencillamente le estaba obstruyendo el paso, petrificado. Se movió rápidamente rodeando el futón y arrodillándose delante de Itadori. Su expresión se descompuso un poco más al ver el rostro del Omega; tenía los ojos cerrados y el ceño fuertemente fruncido, su semblante pálido. Tomó sus brazos con la intención de retirarlos pero le fue imposible; todo su cuerpo estaba duro, sus músculos contraídos en una expresión de dolor.

— Yuuji, ¿qué sucede?

Itadori no respondió en el acto sino que tardó varios segundos en los que Yuta supuso el dolor cedía; finalmente, Itadori suspiró y soltó todo el aire que había estado reteniendo, sus brazos relajándose un poco.

— No...No lo sé. De repente...fue tan fuerte el dolor, tal y como si alguien...no lo sé, nunca me había sucedido.

El temor ascendió por el pecho y la garganta de Yuta atenazándolo. Si Itadori estaba sufriendo una complicación de su embarazo...no tenía muy en claro cuándo iban a publicar aquella orden de captura, pero sacar a Itadori del lugar seguro donde se encontraba no era una opción. Tampoco lo era traer alguien externo, aún si se trataba de Ieiri Shoko...no por ella en sí, sino por la gente que podría seguirla sin que la hechicera se percatara de ello.

Lo siguiente que Yuta percibió en la habitación y que no había notado antes enfocado en Itadori, fue una inmensa cantidad de energía maldita fluyendo por todos lados.

— Están inquietos.— la voz de Fushiguro distrajo a Yuta. Volteó la cabeza para comprobar que finalmente había reaccionado e ido hacia allí.— Esa energía maldita…

— Tenemos un problema.

Ambos voltearon hacia Sukuna, de pie a unos metros de su posición. Yuta estaba acostumbrado al aspecto llamativo y nada pacífico para el resto de las personas de Rika, pero aún así no podía dejar de asombrarse al ver el aspecto temible e imponente de Sukuna. Comparado con él...debía ser tres, cuatro veces más alto y más robusto, sin contar aquellos ojos y brazos extras que traía, los tatuajes de su cuerpo dando una sensación de peligro inminente al igual que la expresión contrariada de su rostro en esos momentos. Pese a que había hablado en general, a Yuta no se le pasó que su mirada estaba sobre Fushiguro, la intensidad de sus ojos afectando incluso a Yuta.

— ¿Qué sucede?

Por primera vez, los ojos de Sukuna se desviaron de Fushiguro a Itadori, quien aún seguía encorvado hacia delante. Éste intentó voltear hacia el otro pero le fue imposible, la expresión de dolor acentuándose en su rostro.

— Increíblemente...el Gokumonkyo cedió y se rompió.— todos guardaron silencio sin comprender exactamente qué significaba aquello, sí era algo bueno o malo.— En teoría tendríamos que haber logrado un avance, pero...la Prisión Confinadora no hace más que perder energía maldita, y es del hechicero. Es como si tuviese una pérdida que se filtra a través del daño de su superficie.

— ¿Qué...qué significa eso?

— Que voy a tener que implementar la fuerza bruta.

— Espera.

— Yuuji, no, no te levantes…

Itadori había hecho un esfuerzo titánico y había logrado ponerse de pie, aunque a duras penas y aún levemente encorvado hacia delante. Sukuna entrecerró los ojos hacia él, ambos desafiándose con la mirada.

— Qué significa usar la fuerza bruta.

— Eso. Intentar partirlo a la fuerza, ahora que hay una apertura. El mocoso lo logró, después de todo.

— ¿Samuru?¿Cómo está, dónde…?

— Está bien, mocoso. Sólo está agotado. Si no lo hago, no sólo se va a quedar sin energía maldita y se va a morir, sino que tú también. Mírate cómo estás, das asco. La energía maldita en grandes concentraciones está afectando a la cosa que tienes dentro.

— ¿Eh? ¿Entonces fue por eso?

— Ajá.

Un silencio incómodo...muy incómodo y tenso se instaló en la sala. Yuta percibió el aroma de Itadori fuerte, muy fuerte para sus fosas nasales, el olor dulzón de sus feromonas inundando todo el lugar. No podía culparlo, estaba completamente descolocado, igual que todos. Se suponía que abrir el Gokumonkyo iba a ser una tarea sencilla una vez que Samuru lograra la expansión territorial aunque fue incompleta, no que la Prisión Confinadora se rompiera sin liberar a Gojo de su interior; ahora, la situación parecía haber cambiado y el tiempo limitado del que parecían disponer los obligaba a tomar una decisión rápida; comprendía la duda de Itadori porque era también la suya propia. Si Sukuna abría aquella cosa a la fuerza, corrían el riesgo de que Gojo estuviese ya con muy poca cantidad de energía maldita y no resistiera el impacto...pero sino lo hacían indefectiblemente iba a morir allí dentro y el bebé de Itadori tampoco iba a soportar mucho tiempo más aquella avalancha de energía maldita.

— ¿Están bien?

El susurro de Sukuna a Fushiguro lo espabiló de sus pensamientos. Aquella bestia de imposible tamaño se había aproximado y estaba sólo a unos pasos del Omega, quien asintió un tanto inseguro mirando a los bebés. Yuta se acercó a Itadori y posó una mano en su hombro, presionando. Podía ver la duda en su semblante, el temor de equivocarse.

— No sé...no sé qué hacer.— al ver que sus ojos se tornaban vidriosos, Yuta atrajo su cuerpo en un abrazo que sabía el otro necesitaba. Lo presionó fuertemente contra su cuerpo cuando sintió un espasmo en el torso de Itadori, su respiración un tanto agitada.

— Hazlo.

Sukuna volteó hacia él con expresión seria. Yuta estaba conteniendo la respiración porque sabía que era él y no Itadori quien estaba tomando aquella decisión tan importante.

— Hazlo de una vez. Rompe esa maldita caja.

Spoiler...SE ACERCA, SE ACERCA XD

Gracias por leer!