Cuando Itadori finalmente oyó el sonido sutil de la puerta de entrada al cerrarse y supo que Yuta se había retirado al fin con Rika y Samuru, se incorporó de la cama presa de los nervios, de la ansiedad, de la anticipación. Había salido del cuarto y se había dirigido al living, apenas un par de luces encendidas, el silencio gobernando en aquel sitio que de repente, le pareció oscuro, frío y solitario, recordándole a aquella noche nefasta hacía cuatro meses atrás.
Itadori estaba nervioso con el posible desarrollo de las circunstancias, pero se encontraba todavía más expectante por la llegada de Satoru. Al fin, después de tantas frustraciones y de creer que aquello podía ser imposible, que no lo recuperaría y que tendría que hacerse a la idea de no volver a verlo nunca más...al fin la suerte estaba de su lado y estaba a punto de recuperar a…
Como aquella primera vez en su cuarto, Itadori supo el momento exacto en el que dejó de estar solo dentro del living, la sensación opresiva y fuerte de otra presencia detrás suyo. Soltó el aire suavemente antes de voltear lentamente, incapaz de concebirlo.
Satoru estaba allí, de pie detrás de Itadori. Los dos parecían petrificados en su sitio a unos metros de distancia sin moverse, sin hablar, sin respirar. Itadori lo observaba como si creyese que era una ilusión, su altura imposible, sus cabellos revueltos y sus ojos claros al descubierto apenas parpadeando, los labios ligeramente entreabiertos y la respiración casi inexistente. La expresión de su rostro estaba desencajada; por primera vez, Itadori vio temor en su mirada, ansiedad, ira. El Omega no podía avanzar, no podía decir absolutamente nada, conmocionado.
Lo único que su cuerpo atinó a hacer fue a jadear, las lágrimas cayendo nuevamente por su rostro.
Y finalmente, Satoru extendió una mano en su dirección, la palma hacia arriba. Luego la otra, ambos brazos en su dirección moviéndose con tanta parsimonia y precaución que Itadori lo vio como si fuese en cámara lenta, estudiando sus movimientos.
— Yuuji…
Itadori no pudo evitar que la expresión de su rostro se descompusiera y que el llanto aumentara al oír su voz después de tanto tiempo; había sido un murmullo ronco y apenas había entendido su nombre en el sonido que el aire llevó a sus oídos pero había sido su voz, la voz de Satoru. Los ojos de aquel color imposible se abrieron un poco más probablemente al ver sus lágrimas, el temor aumentando mientras los dedos se extendían un poco más hacia él, sin acercarse.
— Yo...no te haré daño, no me temas, no a mi, Yuuji.
Aunque no le hubiese aclarado aquello, Itadori iba a ir de todos modos. Aún si corría un peligro real, sus pasos lo iban a guiar de igual manera hacia Satoru, acortando la distancia que los separaba. Primero fueron pasos inseguros, luego se vio a sí mismo corriendo hacia el otro, el intenso aroma del café negro saturando el ambiente y sus fosas nasales cuando Itadori estuvo entre sus brazos, casi colisionando contra su torso. El primer contacto fue sublime, casi desesperante. Ambos se abrazaron con tanta fuerza que parecía temían que el otro pudiera desaparecer de un momento al otro; Itadori enterró su rostro en su pecho, olfateando y llorando cada vez más sin poder contenerse.
En ese instante, Itadori se percató de un par de detalles que había pasado por alto quizás por la emoción del momento. Satoru tenía sangre sobre la ropa, en sus manos. Mucha sangre, en parte seca, en parte aún fresca. Lo supo porque al ver sus manos rozando la prenda superior de su cuerpo, un tenue color rojizo impregnó su piel, asustándolo. Jadeó casi imperceptiblemente, aterrado de sí mismo...porque en realidad, lo único que le importaba era que esa sangre no fuese de Satoru.
— No es mía.
— ¿Eh?
— La sangre no es mía.— susurró el Alfa contra su oído probablemente al notar el escalofrío que había recorrido el cuerpo de Itadori en esos momentos. Suspiró, aliviado y asustado de sí mismo por no importarle el verdadero dueño de la sangre.
— Menos mal.
El Omega percibió la vibración suave de la risa ajena y no pudo más que contagiarse de su diversión y alivio un poco morbosos. Sintió las manos de Satoru en su espalda, en la parte posterior de su cabeza. Lo oyó jadear cuando la nariz ajena buscó su cuello e Itadori lo descubrió para él, dichoso de que lo hiciera. Aquellos largos y fuertes brazos se cerraron nuevamente en torno a él y un extraño sonido estrangulado parecido a un sollozo escapó de la garganta de Satoru mientras Itadori acariciaba su espalda, sus cabellos sin dejar de llorar.
Cuando finalmente las manos de Itadori viajaron a su rostro para encararlo, se sorprendió al ver sus ojos rojos y brillosos, sendos caminos húmedos por sus mejillas al igual que en su rostro. Con la yema de sus dedos, limpió un par de gotas de sangre que aún manchaban la piel blanca. Sus frentes chocaron suavemente sin que ninguno pudiera soltar al otro, embriagándose aún del aroma ajeno, del contacto entre sus pieles.
Con labios temblorosos, Itadori buscó la boca de Satoru sabiendo que aquel primer beso podría desencadenar una ola explosiva en ambos. Sin embargo, no fue así; Satoru buscó sus labios y los acarició con los suyos en forma contenida, casi temerosa. Tardaron varios segundos en profundizar el beso mientras se presionaban más contra el cuerpo del otro.
— Al fin…— Itadori intentó respirar pese a la congestión que tenía encima por el llanto incontrolable.— Al fin has vuelto.
— Yuuji...tú…¿estás…?
Itadori tardó en entender hacia dónde iba enfocada la pregunta de palabras trémulas tan impropio de Satoru y sólo lo hizo cuando una mano de largos dedos se deslizó desde su cintura hacia su vientre, apenas rozando sobre la tela, los ojos claros desviándose desde su rostro hacia aquel abultamiento en su abdomen que antes no se encontraba allí.
Probablemente lo había percibido por el olfato, o Itadori ya no lo sabía ni le importaba realmente. Sonriéndole y asintiendo con la cabeza sin poder emitir palabra alguna, se aferró a su cuello buscando otra vez sus labios y, lejos de rechazarlo, Satoru lo recibió con mayor intensidad que antes.
Y la cosa subió de nivel; Itadori no se había percatado del nivel de necesidad que había estado sintiendo por Satoru hasta el momento en el que se descubrió a sí mismo en un beso desesperado mientras jalaba de la ropa del Alfa en un intento por quitársela de encima, sus manos incluso luchando contra el cinturón y la cremallera de sus pantalones. Al igual que él, sin embargo, Satoru parecía sufrir del mismo apuro, un gruñido surgiendo de lo más profundo de su garganta deshaciéndose de la ropa de Itadori con mayor presteza y rapidez.
En la exasperación por deshacerse de la cantidad insana de prendas que ambos llevaban encima, Itadori oyó algún que otro sonido siniestro cuando alguna tela se rasgó, cuando algún botón salió despedido por la fuerza de sus manos, por el apremio del contacto ajeno. Pronto, Itadori fue cargado bruscamente mientras Satoru mordía su barbilla, su cuello, su hombro, sus dedos presionando la piel de su espalda al mismo tiempo que caminaba hacia el futón a un par de metros de distancia.
Hasta ese momento, Itadori sólo había experimentado la desesperación primitiva de tener a Satoru sobre él y en su interior durante sus celos, aún cuando lo deseara en todo momento. Por eso, cuando fue él mismo quien se quitó el resto de la ropa que ya sobraba entre ellos antes de que Satoru se recostara sobre él, se sorprendió del nivel de urgencia que sufría. Sus labios se encontraron de nuevo y mientras Itadori rodeaba las caderas ajenas con sus piernas y lo sentía luchando para descender el elástico de su ropa interior, notó el cuidado que Satoru tenía con él pese a la ansiedad que lo dominaba; si bien su cuerpo estaba sobre él e Itadori percibía su peso al completo, se estaba cuidando de no aplastar su vientre abultado.
— Te extrañé tanto…— la frase murmurada se convirtió en un jadeo cuando Itadori sintió la presión entre sus glúteos , el miembro ingresando en su interior húmedo y listo para él.
— Ya estoy aquí, te juro que nunca más voy a apartarme de ti.
Itadori no sabía si era la emoción del momento o las hormonas, pero mientras su cuerpo se acostumbraba nuevamente a recibir a Satoru en su interior, la conmoción hizo que las lágrimas fluyeran nuevamente, ésta vez en forma silenciosa; aún así, Satoru las vio y besó su rostro, lamió los caminos húmedos en sus mejillas mientras susurraba palabras de consuelo, de amor. Relajándose, Itadori supo que Yuta se equivocaba, que todos lo hacían. Satoru no había perdido el control, para nada. Ese era el hombre que él recordaba, su pareja y el padre de su futura hija.
No había nada qué temer.
Nunca supo la hora exacta en la que Satoru había aparecido, por lo que tampoco pudo calcular cuánto tiempo había pasado desde que habían comenzado a tener sexo dentro del living para luego trasladarse a la habitación; allí, Satoru se volvió un poco más exigente y salvaje sin recibir queja alguna por parte de Itadori hasta que ambos estuvieron exhaustos, sus respiraciones agitadas y sus cuerpos pidiendo un descanso.
Itadori percibió el calor del cuerpo ajeno a su lado sobre las sábanas y sonrió, acurrucándose contra el torso más amplio. Sintió la mano suave acariciando su vientre y posó la suya sobre la de Satoru, suspirando.
— Yuuji.
— Dime.
— ¿Cuánto tiempo pasó desde que fui sellado? .— la pregunta descolocó un poco a Itadori, pero le pareció natural que hubiese perdido la noción del tiempo.
— Unos...cuatro meses, creo.
— ¿Qué?¿Meses?
Satoru se apartó unos centímetros e Itadori elevó el mentón hacia él, ya un poco adormilado. En aquel estado de relajación que hacía no sabía cuánto tiempo no sentía, Itadori creyó estar soñando aún despierto al ver sus ojos celestes adornados por aquellas pestañas albinas, la mirada fija en su rostro.
— Ajá...no tienes ni idea de...bueno, en realidad, sí tienes idea.
En ese momento, Itadori espabiló recordándolo todo. En su mente se desató una batalla en la que luchaban la ansiedad por echarle en cara todo lo que le había ocultado y la necesidad de mantenerse en calma un poco más. Finalmente suspiró, ganando la urgencia por estar en paz un rato más.
— Da igual.
— Percibo cierto resentimiento en tu voz, Yuuji.
Itadori no contestó, sino que se acurrucó un poco más contra Satoru, abrazándolo. Pese a que aún se sentía un poco molesto por algunas cuestiones, no pudo evitar sonreír al volver a oír aquel tono sarcástico, aquella voz bailando en el aire oscilando entre la solemnidad y la diversión, si reconocer si aquello iba en serio o no.
— ¿Ya no me quieres?¿Es por eso que percibo el aroma de otro Alfa aquí dentro?
Itadori golpeó su pecho y se apartó; sólo pudo hacerlo unos centímetros antes de que los brazos de Satoru lo rodearan, su risa retumbando en su torso mientras Itadori detenía el acercamiento del otro con sus manos. La nariz del Alfa rozó su mejilla y descendió a su cuello, olfateando otra vez. Itadori lo oyó suspirar sin alejarse de su piel y ese sólo acto logró aflojarlo, permitiendo que se acercara nuevamente.
— Es una broma. Lo primero.— aclaró con otro tono de voz un poco más oscuro.— Porque sí percibo el aroma de un Alfa aquí.
— Dios. Fue Yuta, él estuvo aquí.
— ¡Y encima no lo niegas! Ya sabía yo, si te dejo sólo un par de días ya tienes a varios persiguiéndote..
— No puedo creer que digas algo así.— Satoru volvió a reírse y conforme la indignación de Itadori crecía, también lo hacían sus carcajadas.— ¡De qué te ríes, maldito! Cuatro meses estuve sin saber si iba a volver a verte, cuatro malditos meses, ¿y me echas en cara que hay olor a Alfa aquí dentro?
La risa de Satoru mermó y la expresión de su rostro cambió paulatinamente, la sonrisa desapareciendo mientras sus manos tomaban las mejillas de Itadori.
— No creí que hubiese pasado tanto tiempo. Cuando...bueno, cuando sucedió, sólo pude pensar en ti.— la intensidad de su mirada afectó a Itadori, creyendo sin dudar en cada una de sus palabras como si la potencia de sus ojos funcionara como un hechizo.— Cuando me di cuenta de que aquello era irremediable, sólo pude pensar en quién te lo diría, cómo lo tomarías, qué harías...sólo el pensamiento de salir para protegerte fue lo que me mantuvo con vida todo este tiempo, sino yo…
— Ya.— Itadori acercó su rostro y acarició la mejilla ajena con su nariz, depositando un beso corto sobre sus labios.— Por suerte me vi rodeado de gente que me ayudó a no colapsar.
— De las cuales presiento voy a tener que ajusticiar a un par.
— Satoru…
— Ya.— hubo un momento de silencio donde ninguno de los dos agregó más nada.— Lo dije en serio.
— Ya basta. No tienes que ajusticiar a nadie.— en ese instante Itadori dudó, pero se dijo a sí mismo que eso era justamente lo que tenía que evitar, dudar.— Quizás yo tenga que ajusticiar a otra persona, entonces.
Satoru lo miró y frunció el ceño, en apariencia perdido. Itadori le dio varios segundos para que dejara de hacerse el inocente; no cambió su actitud y finalmente Itadori resopló, resignado. Ni siquiera podía sentirse molesto con él.
— De dónde crees que obtuvimos el cubo ese donde estabas sellado.
— De…
De repente, el semblante de Satoru palideció mientras Itadori entrecerraba los ojos, perspicaz. Al cabo de unos segundos de tensión, Satoru comenzó a sonreír. Era una especie de sonrisa de disculpa, Itadori podía ver la picardía en sus ojos.
— Yo...tengo una explicación.
— Más vale que sea buena.
— Pues bien…
Satoru suspiró y con pocas ganas, comenzó a hablar. El relato coincidía en gran parte con el que Yuta le había contado hacía un rato; Satoru había comenzado a hablar desde el principio, desde el momento en el que había hecho aquel acuerdo con Sukuna para recuperar su cuerpo. Poco tiempo después, Noritoshi Kamo se había hecho presente para "brindar" su ayuda usurpando el cuerpo de Suguru y Satoru, desconociendo gran parte de los rituales que debían llevarse a cabo, había aceptado su colaboración a cambio de no revelar su identidad. Más allá de aquel pacto, Satoru le había aclarado a Itadori que nunca le había comentado sobre aquello porque realmente no se trataba de Suguru sino de un impostor, que no había valido la pena alarmarlos a Samuru y a él y que tampoco quería darle más importancia de la que se merecía.
Así, y mientras Satoru seguía su relato, Itadori comprendió que lo que él había pensado en su momento era cierto. Satoru desconocía que dentro del cuerpo usurpado Suguru aún estaba vivo. El Alfa le contó sobre la charla que había tenido con Yuta, sobre el convenio que había hecho con Yuki y a grandes rasgos sobre lo que planeaban hacer, todo camuflado en indirectas que no anunciaban directamente la muerte de medio mundo mágico de Japón.
— Y eso creo que es todo lo que recuerdo. Por cierto, ¿dónde está Samuru?
— Ah...se fue con Yuta. Todos parecían estar de acuerdo en que te habías vuelto loco y quisieron evitar una masacre.
Satoru entrecerró los ojos, su mirada clavada en la de Itadori. Éste sintió la intensidad y por un momento se sintió cohibido.
— ¿Qué?
— ¿Yuta te dijo eso? .— al oír esa pregunta formulada con tanto escepticismo, Itadori comenzó a dudar.
— S-Sí, fue él. ¿Por qué?
— ¿Se lleva bien con Samuru?
— Claro. También con Rika.
— Bueno, entonces no es urgente que lo busque. Luego le romperé la cabeza, pero ahora puedo quedarme aquí contigo.
— Satoru…¿qué sucede?
— Yuuji.— Satoru rió y realmente parecía divertido mientras volvía a abrazarlo.— ¿Realmente no te das cuenta cuando un Alfa está detrás tuyo?
— Oh no, ahora no. Yuta no es así.
— Es increíble. Saben que estoy sellado y que en cualquier momento puedo salir. Saben que estás con Samuru y que para colmo estás esperando un hijo mío y aún así…
— Una hija.— al decir aquello Itadori sintió todos los calores subiéndose hasta su rostro. La interrupción había descolocado tanto a Satoru que se había quedado sin habla.
— ¿...una...una...es una niña?
— Ajá.
La noticia pareció conmocionar de nuevo a Satoru e Itadori no estaba acostumbrado a verlo sorprendido; en un lapso demasiado corto de tiempo, le resultó increíble que fuese él quien dejase sin palabras a la persona que parecía siempre saberlo todo. Poco a poco, el Alfa se fue recuperando de su asombro y pareció escanear su cuerpo con la mirada de otra manera, sus ojos finalmente posándose sobre su vientre. Itadori no agregó nada más durante algunos minutos en los cuales la mirada de Satoru fue transformándose poco a poco; el Omega recordó el primer momento cuando sus ojos se habían encontrado en el living, hacía un par de horas atrás, quizás más.
Sus ojos claros habían transmitido temor, ansiedad y una ira que no había sabido ocultar. Ahora, todos esos sentimientos parecían haberse perdido una vez que Satoru pareció hallarse nuevamente en su zona segura junto a él. Itadori sólo podía ver amor y calidez en sus ojos, aunque también cierta determinación que le generó un poco de mala espina.
— Satoru…
— ¿Mmh?
— ¿Qué pasó con Sukuna?.— Itadori de repente recordó lo que Yuta le había comentado antes, curioso por conocer el motivo de su disputa.
— Ah. Bueno…
Satoru rió y besó su frente; Itadori entrecerró los ojos al percibir en el sonido de su risa aquel tono pícaro que indicaba cierta culpa, aunque no arrepentimiento, tal y como si se tratase de un niño al ser descubierto en una travesura.
— No me culpes, ¿si? Perdí cierta noción del tiempo y de mis propios recuerdos dentro de aquella cosa.— suspiró, apesadumbrado...aunque Itadori creyó que Satoru estaba fingiendo cierto dramatismo.— La cuestión es que no fue para nada agradable ver a Sukuna en ese momento porque de repente y por casualidad recordé lo que te había hecho. No iba a dejárselo pasar.
— No puede ser...tú...tenías planeado enfrentarte a él de todos modos, ¿no?
— Enfrentarme, no. Romperle la cara, sí. Que tú perdones tan fácilmente las cosas no significa que el resto sea igual, Yuuji.
— Espera…¿la sangre es de Sukuna?.-— Satoru se tomó varios segundos para responder, sus ojos estudiando su reacción.
— No, no lo es.
Itadori inhaló profundamente, luego suspiró. Lo sabía, Satoru no iba a ceder en su plan original, menos ahora que había pasado tanto tiempo sellado y aislado del mundo. Tomando coraje, decidió ser directo de una vez por todas.
— Satoru…¿qué has hecho antes de venir hacia aquí?
El aludido presionó la mandíbula casi imperceptiblemente, pero Itadori notó la inseguridad y el nerviosismo que le provocaba aquella pregunta. Probablemente, Satoru le había ocultado gran parte de su plan pensando que Itadori iba a estar en desacuerdo con semejante muestra de salvajismo al tomar como único camino el exterminar a las personas que él y otros hechiceros consideraban un estorbo para el desarrollo del mundo mágico en Japón.
Por supuesto, Itadori no estaba cien por ciento de acuerdo con aquello, pero tampoco podía ser tan hipócrita de no admitir el alivio que había sentido cuando se había enterado en primera instancia que Suguru había hecho desaparecer a aquellos vejestorios que le habían hecho la vida imposible durante todos esos años; con un poco de culpa, la mente de Itadori había sufrido cierto descanso al percatarse de que ya no corría efectivamente la pena de muerte sobre su cabeza. Había pensado en Samuru y luego en la niña aún dentro de su vientre. Con aquellos tipos fuera de combate, Itadori no tendría que preocuparse por ellos, no tendría que temer el dejarlos solos, menos ahora que Satoru había vuelto…
— Antes de venir hacia aquí, supe sobre la orden de captura que pendía sobre tu cabeza y la de Megumi. Además, no podía dejar pasar el hecho de mi expulsión de su sociedad inmunda, así que fui a darles las gracias a los demás clanes.
— ¿A cuánta gente asesinaste?
— ¿Importa?
— No. No realmente, pero…
— Si temes alguna posible represalia, olvídalo. No voy a permitirlo. Yuuji, no creas que soy sólo yo quien desea éste cambio.—el tono de voz de Satoru cambió e Itadori ahora sí reconoció la severidad de sus palabras.— Aún así, nadie podrá acercarse a ti ni a mis hijos, tenlo por seguro que no caeré en la trampa dos veces.
— Oye, tampoco soy tan debilucho. Puedo defendernos si algo sucede.— Satoru sonrió, sus dedos revolviendo su cabello.
— Lo sé. Pero tú vas a defender a los niños. Yo directamente voy a matar a todo aquel que intente hacerles daño.
Pese a lo terminante de su frase y a la determinación y el rencor que Itadori percibía en el tono grave de su voz, no se sintió incómodo ni molesto por el verdadero significado de sus palabras. Incluso creyó percibir que Satoru estaba evaluando su reacción, ahora que realmente estaba exponiendo sus verdaderas intenciones. Lejos de sentirse preocupado, Itadori sintió cierto alivio y por qué no, también un sentimiento cálido de protección sobre él. No entendía mucho de política y tampoco estaba familiarizado con las altas esferas de los clanes, pero Itadori sí podía velar por las personas que le importaban. Con cierta culpa renovada, se percató de que tampoco le interesaba la cantidad de gente que Satoru tuviese que borrar del mapa para obtener la paz que tanto deseaba con él, siempre y cuando dejara de lado a las personas que él conocía y apreciaba.
— Está bien. Ve y mata a los que tengas que matar, la verdad no me importa.
Ante sus palabras, Satoru pareció sorprendido por aquella nueva decisión.
— ¿Seguro? No es que todo éste tiempo estuvieses con un desconocido a tu lado, Yuuji...pero éste es mi verdadero yo, con todos los aciertos y errores.
— Lo sé. Te amo, con todos esos aciertos y errores encima. Si es...si es por el bien de los niños, yo también soy capaz de cualquier cosa.
Si aquellas personas que Satoru quería eliminar seguían con el mismo lineamiento de dudar de sus intenciones e intentar apresarlo por cuestiones propias del pasado, Itadori tampoco iba a quedarse de brazos cruzados, menos ahora que Satoru había revelado abiertamente su determinación y que había otro niño en camino.
— Yo también te amo.— susurró Satoru, sacándolo repentinamente de sus pensamientos.— Aún cuando no distingas lo obvio frente a tus ojos.
Al decir aquello, el Alfa no pudo evitar reírse quitándole parte de la seriedad a sus palabras. Itadori bufó, fastidiado con el tema.
— Yo distingo bien lo que tengo enfrente, gracias.
— Claro, como distinguiste las intenciones de Yuta.
— Ya te lo dije, él no quiere nada conmigo. ¿Qué?— la sonrisa de Satoru fue expándiendose, su mirada brillante burlándose de él.
— Bromeaba cuando te dije que Yuta iba tras de ti.
— Ah.
— Va tras Samuru.
— ¿Qué?¿De qué hablas?
Satoru suspiró y se le escapó una pequeña risotada.
— Es increíble como dejas de desconfiar de las personas casi en el acto, Yuuji. No está mal que seas tan ingenuo, pero en otras circunstancias vas a tener que usar un poco más la cabeza.
— ¡Oye! ¡Sí pienso!
— ¿De verdad? Yo que no estuve aquí y con lo poco que me has contado, puedo deducir que Yuta ha dejado bastante tiempo a solas a Rika con Samuru, ¿verdad?
— Bueno...sí, increíblemente ambos parecían cómodos con la presencia del otro.
— Yuuji, ¿tú sabes el tipo de relación que tienen Yuta y Rika?¿Él te lo contó?
— Eh...sí. No soy quien para juzgarlo, sabes.
— Aquí no se trata de juzgar, sino de saber distinguir. A mi tampoco me importa que Yuta esté en una relación amorosa con un monstruo cíclope y lleno de garras y dientes afilados.
— Oye, estás dejando muy mal parada a Rika.
Ese fue el turno de Itadori de reír, secundado por Satoru. Se sentía un poco mal por reírse de aquello, pero era imposible no sentir gracia al ver una pareja tan...dispareja.
— Bueno, más allá de eso…¿te has puesto a pensar que nunca podrán tener hijos propios? Esto no es como lo que sucedió entre Megumi y Sukuna. Megumi poseía cualidades físicas especiales que permitieron esa fecundación, pero Rika no las posee, además de que se trata de una maldición sin cuerpo físico real.
— Tienes razón, no lo había pensado. Bueno, Yuta tampoco me había hablado de eso, a decir verdad.
— Entonces…— Satoru habló lento y pausado adrede, exasperando a Itadori que notó otra vez como se estaba burlando de él.— ¿No te parece extraño que una maldición que sólo ve con buenos ojos a Yuta se haya llevado tan bien con Samuru?
— Bueno...sí, en su momento me llamó la atención, pero tenía la cabeza en otras cosas, sabes.
— No te culpo, no te culpo. Lo que intento hacerte ver es que Yuta se llevó a Samuru por capricho, no porque realmente creyera que yo iba a hacerle algo. ¿Cómo voy a lastimar a mi propio hijo?
— Pero…
Itadori bufó, fastidiado. Se fregó el rostro fuertemente intentando acomodar sus ideas mientras procuraba repasar en su mente algún indicio de que lo que la conclusión de Satoru era acertada...sabía que lo era, desgraciadamente el Alfa nunca se equivocaba.
— Maldita sea, primero Nanami, ahora Yuta...estoy harto de no distinguir éste tipo de cosas.
— ¿Nanami? Yuuji…
El Omega jadeó cuando se percató del error que acababa de cometer. Durante aquellos días se había olvidado completamente de Nanami después de la conversación telefónica que habían sostenido un par de semanas luego de aquel suceso en donde Itadori no le había reprochado nada más, pero le había pedido por favor que se mantuviera alejado, al menos un tiempo. Repentinamente y mientras se arrepentía de su propia estupidez, sus fosas nasales se saturaron del aroma fuerte y asfixiante de Satoru, arrugando la nariz.
— ¿Qué pasó con Nanami?
¡Buenas!
Muchas gracias por todo el apoyo y...¡feliz año nuevo!
Pensé: si alguien está aburrido en esta tarde/noche de 31 de diciembre, ¿por qué no podría leer el reencuentro de estos dos para alegrarse?xD
Nos leemos!
