¡Buenas!

¡Perdón por la demora...recién me di cuenta que habían pasado casi dos meses desde la última vez que actualicé, maldita sea! Cuando pase más de un mes, empiecen a dejarme comentarios porque sino les juro que no registro el paso del tiempo DX

Una advertencia con respecto a este fanfic: le falta MUY poco para terminar, no quiero decir exactamente cuánto para que no lloren...PEEERO...bueno, no sé si es buena o mala noticia pero aquí va: al poco tiempo que terminé de escribir este fanfic arranqué la continuación, pero a los pocos capítulos dejé de leer JJK así que droppee violentamente lo que estaba escribiendo...conclusión: rueguen porque me vuelva la inspiración porque no tenemos más de 10 capítulos por delante entre todos xD (y a eso súmenle los fanfics que dejé en hiatus de JJK más los que estoy escribiendo de Tokyo Revengers jajant)

Sin más dilatación del asunto, acá vamos:

Y así había sido como Itadori literalmente la había cagado en cuestión de segundos.

Cuando su propio cerebro lo había traicionado al mencionar a Nanami, sus neuronas fueron incapaces de formular una mentira rápida y creíble en segundos, lo cual provocó que los niveles de violencia de Satoru fueran directamente proporcionales a su nerviosismo; procuró manejar la situación lo mejor que pudo sin entrar en detalles escabrosos. Satoru ya había desconfiado de Nanami en su momento — al igual que medio mundo — y como siempre, había llevado la razón cuando prácticamente le había gritado en su cuarto del colegio que Nanami buscaba otra cosa de él, más allá de sus "buenas intenciones". Por supuesto, a Itadori le había costado entender aquello un poco más que al resto y a la fuerza, más que nada porque aborrecía desconfiar de las personas que de una u otra manera le habían brindado su apoyo en los momentos más difíciles.

Por suerte, su cerebro logró suprimir a su boca antes de que soltara lo que había sucedido en la cocina aquella noche en la que prácticamente lo había echado de la casa. Aún así, sus explicaciones ambiguas no convencían a Satoru por mucho que Itadori insistiese en que nada más había sucedido y en que Nanami había tomado las distancias pertinentes, tal y como si Itadori le hubiese establecido una restricción perimetral; a decir verdad, se sentía un poco culpable por ocultar lo que había sucedido pero también fastidiado por la insistencia de Satoru en el tema, casi como si Itadori se tratara de un objeto de su propiedad.

Bueno, Satoru lo estaba tratando como tal e Itadori no podía poner objeciones. Visto y considerando lo estúpidos que se habían puesto Nanami y Sukuna, no podía esperar menos de Satoru.

¿Es que acaso no le bastaba con el vínculo y con el pequeño detalle de que en su interior estaba creciendo un hijo suyo?

— Lo mataré. Eso es lo que voy a hacer.

— No, tú no vas a matar a nadie...bueno, ¡ya sabes a qué me refiero!

— Yuuji, puedo hasta incluso oler la mentira. Te tocó, ¿no es cierto?

— ¡No!

Itadori supo el momento en el que las cosas comenzaban a descontrolarse cuando Satoru se incorporó de la cama con un bufido, sin creer en sus palabras. Lo vio yendo directo hacia el placard que le pertenecía a él, toda la ropa en su lugar. Al entender sus intenciones, Itadori también se incorporó rápidamente de la cama para frenarlo, sólo que en el proceso se enredó con las sábanas y casi se había estampado contra el suelo de no haber sido porque pudo trastabillar a tiempo para que Satoru atajara su caída, el Alfa reaccionando rápidamente al jadeo asustado del otro.

— Yuuji, por favor, ten más cuidado.

— Lo siento, me enredé.

Ni lento ni perezoso, Itadori aprovechó el momento para abrazarlo y buscar sus labios con la idea de distraerlo de su objetivo inicial. Pese a que no era bueno manipulando a la gente, sus feromonas parecieron ser efectivas cuando Satoru correspondió a sus caricias, suspirando.

— ¿Sabes?

— ¿Mmh?

— Tu aroma ha cambiado. Un poquito.— susurró contra su oído al tiempo que su nariz se hundía en su piel, sus labios besando y su lengua apenas acariciando su cuello.

— ¿Ah, si?

— Ajá. Hueles muy dulce, como siempre...pero hay algo de mi aroma en ti.

Itadori rodó los ojos cuando oyó el tono satisfecho y orgulloso en su voz. Otra vez marcando territorio, no podía ser cierto…

— ¿Es por el bebé?.— preguntó Itadori en un murmullo suave buscando sus labios nuevamente.

— Así es.

Increíblemente, la distracción había funcionado. Satoru relajó los músculos y se dedicó a abrazarlo y besarlo en medio de la habitación. Itadori sabía que aquello probablemente no le iba a durar demasiado, pero mientras más pudiese contenerlo, más chances tenía de rebajar su nivel de odio hacia Nanami.

De repente, Itadori percibió aquel tirón en su vientre y luego una sensación extraña, casi vertiginosa. Esperanzado con que aquello se repitiera, tomó una de las manos de Satoru y la posó allí donde había sentido el movimiento; intuyendo el motivo, Satoru permaneció casi inmóvil, aguardando igual que él. Nuevamente, se produjo el movimiento, sólo que Itadori podía afirmar con total certeza que aquello había sido una patada directamente hacia su vejiga. Satoru presionó más la mano sobre su vientre mientras sonreía, al tiempo que Itadori sentía la urgencia de visitar el baño cuanto antes.

— ¿Hace mucho que se mueve?

— De hecho, comencé a sentirla recién hoy. Sabía que ibas a venir.—murmuró avergonzado pegándose un poco más al torso de Satoru.

— Va a ser una niña muy inteligente, de hecho.

— Satoru…¿qué te parece si nos duchamos y vamos a buscar a Samuru? Me pone ansioso no tenerlo aquí.

— Sí, eso estaba pensando. Antes de matar a Nanami voy a romperle la cabeza a Yuta.

— ¡Pero…!

— Fue una broma, Yuuji.

Itadori sabía perfectamente que aquello no había sido una broma. Aún así, se relajó mientras el agua caliente corría por sus espaldas; tenía la esperanza de que Satoru bajara sus niveles de agresividad en cuanto se reencontrara con Samuru. Estiró la ducha todo lo que pudo hasta que las yemas de sus dedos se arrugaron; con parsimonia se vistió ante la mirada paciente de Satoru, quien parecía tener más prisa que él por motivos que Itadori desconocía y que lo ponían todavía más ansioso.

Al cabo de un rato, Satoru rebuscó entre los cajones hasta que Itadori comprendió que buscaba su teléfono celular. Itadori se lo entregó ante la mirada un tanto consternada del Alfa al ver que el aparato seguía encendido cuatro meses después de su último uso, por lo que tuvo que explicarle a grandes rasgos por qué había tenido que utilizarlo. De nuevo, Satoru pareció sentirse culpable cuando Itadori mencionó a Suguru, generándole una pizca de compasión que tampoco quería sentir. Ese era un tema que iban a tener que hablar un poco más a fondo, sobre todo porque ahora era Satoru el que desconocía ciertos hechos.

— ¿Vamos?

— ¿Sabes dónde se encuentran?

— Tengo una leve idea.

Ahora que hacía memoria, Yuta nunca le había especificado exactamente dónde dormía las noches que no pasaba en la casa junto a ellos.

...y cuando Satoru había dicho "vamos", Itadori lo había no lo había pensado en forma tan literal.

Se había olvidado que el Alfa podía teletransportarse como en las películas de fantasía. La situación lo tomó desprevenido cuando Satoru lo alzó y sin agregar nada más ni darle tiempo a Itadori para hacerlo, el envión ya conocido lo dejó momentáneamente sin habla, sin audición y sin vista. De repente, aquella sensación vertiginosa que sólo había durado un par de segundos se detuvo abruptamente.

Itadori parpadeó un par de veces, desorientado. Aún en brazos de Satoru inspeccionó el nuevo lugar donde se hallaban. El corredor era largo, muy largo pero angosto, decenas de puertas enfrentadas a cada lado de la alfombra roja; algunas luces parpadeaban y a Itadori no se le escapó que parte de las paredes y el techo estaban resquebrajados aunque la pintura en aparente buen estado de mantenimiento.

— ¿Dónde estamos? .— preguntó apenas Satoru lo depositó en el suelo, a su lado.

— En el único hotel que creo quedó en pie en la ciudad.

— ¿Qué…? Cómo que el único.

— Se me fue la mano.

— Se...se te fue la mano.

Satoru esquivó su mirada mientras comenzaba a caminar a paso lento por el corredor. Itadori intuía que aquel enfrentamiento primero con Sukuna y luego con los clanes había sido como mínimo destructivo y sangriento, pero no tanto. No sabía exactamente dónde se encontraban pero en la zona donde vivían no había hoteles que Itadori recordara, y por la cantidad interminable de puertas y los números altos de las habitaciones podía decir que aquel edificio superaba los 10 pisos.

Y los daños habían llegado hasta allí, pero qué…

¿Qué clase de catástrofe había sucedido afuera mientras él permanecía ignorante?

El lugar parecía deshabitado. Probablemente habían desalojado los pisos superiores cuando la estructura había temblado y los daños en las paredes se habían dejado ver, tal y como si se tratara de un terremoto. Itadori no quería hacerlo realmente, pero parte de su curiosidad radicaba en poder visualizar el mundo exterior a través de alguna ventana para ver cómo había quedado y qué se había salvado.

Finalmente, Satoru se detuvo frente a una de las puertas que permanecía intacta, aunque con la luz del techo un tanto inestable. De repente, Itadori volvió a sentir el nerviosismo inicial al no saber cómo iba a reaccionar Satoru ante aquella situación; por eso e impulsivamente, se colocó delante suyo ante la sorpresa del Alfa cuando vio su brazo estirándose hacia la puerta, esperando lo peor.

— Yuuji, ¿qué haces?

— Déjame hacer esto a mi, ¿si?

— Yuuji...no voy a tirar la puerta abajo. Puedo obviar golpearlo, si eso te hace sentir mejor.

— Aún así, es culpa mía. Yo dejé que se llevara a Samuru, déjame arreglar esto, por favor.

Satoru pareció pensar en sus palabras, su expresión seria y un tanto taciturna. Finalmente suspiró y pese a que Itadori no se lo esperaba realmente, pareció ceder ante su pedido. Descendió el brazo y volvió a resoplar.

Un movimiento que yo malinterprete, uno sólo que me indique que puedes llegar a estar en peligro...

El Alfa se había agachado hasta la altura de Itadori, enfrentándolo con un dedo elevado frente a su rostro; la advertencia filtrada en sus palabras acompañada de la condensación de energía maldita sobre su dedo que luego se disipó rápidamente le hicieron saber a Itadori que hablaba muy en serio. No había terminado por aclarar qué iba a suceder si intuía o sospechaba que Itadori podía llegar a correr peligro porque parecía algo obvio para esas alturas.

Si Yuta cometía el error de proceder en forma demasiado brusca o de realizar algún movimiento en falso, las cosas se iban a ir a la mierda tan rápido que Itadori sólo podía pensar en cómo iba a sacar a Samuru de allí antes de que Satoru terminara por derrumbar el edificio.

Itadori tragó saliva, asintiendo con la cabeza. Si bien le ponía ansioso ese nuevo nivel de violencia que Satoru parecía no querer esconder por más tiempo, también se sentía protegido y por qué no, un tanto relajado de saber que los vigilaba constantemente a él y al bebé.

— No sucederá nada, tranquilo.

— Más le vale.

Sin esperar a que llegara otro tipo de advertencia, Itadori dio media vuelta y golpeó la puerta con sus nudillos, una, dos, tres veces. Al estar tan cerca de la puerta, Itadori pudo oír el movimiento en el interior de aquel cuarto; finalmente se apartó un poco chocando contra el torso de Satoru al escuchar pasos acercándose a la puerta, la llave girando en la cerradura.

La puerta se abrió mientras Itadori rezaba hasta a santos inexistentes para que no se suscitara ninguna situación extraña en el marco de la puerta. Por suerte, Yuta actuó con movimientos pausados y bastante medidos cuando abrió la puerta en su totalidad, una sonrisa de disculpa en su rostro.

— Lo siento.— susurró Yuta e Itadori notó enseguida que su mirada se encontraba fija en Satoru, a sus espaldas.

— ¿Estás bien, Yuta? ¡Parece como si hubiesen visto un fantasma!

Itadori sintió la mano de Satoru en su hombro, el tono cantarín de su voz que lejos de hacerlo parecer despreocupado había activado todas las alertas en la mente del Omega; Yuta arqueó las cejas y retrocedió un paso cuando Satoru rodeó a Itadori y se le adelantó, ingresando en el cuarto sin pedir siquiera permiso.

Estaba claro que Yuta le temía...y que la paciencia de Itadori ya estaba llegando a su límite más alto.

— ¿Samuru está dentro?.— preguntó Itadori tranquilamente intentando alivianar la situación, la tensión en el aire mientras ambos ingresaban al cuarto al quedar rezagados por Satoru.

— Sí, está durmiendo. Pasó un buen rato, pensé que...que iba a venir antes.

— Pasaron cosas.

— Ya veo.

Ambos esquivaron la mirada del otro mientras evitaban el tema en sí; Satoru estaba de pie al lado de Samuru, quien yacía dormido en uno de los lados de la cama, ignorante de todo el movimiento. Con movimientos suaves, el Alfa se sentó a su lado, acariciando primero su cabeza y luego su espalda de forma tan sutil que a Itadori le costaba relacionar aquel acto con la agresividad que había demostrado antes.

— Iba a llamarte.— soltó Yuta de repente, dirigiéndose ahora a Itadori.— Para cerciorarme que todo estuviese bien.

— Te demoraste un poco.

La voz de Satoru hizo que ambos dirigieran la mirada hacia él. Ahora, el tono que había implementado era un poco más cansino e impaciente que antes, alterando a Itadori.

— Me está hablando a mi. Tú demoraste esto así que no le eches la responsabilidad a él.

Carajo.

Había sonado mucho más agresivo de lo que había pretendido, arrepintiéndose casi en el acto. La tensión en el ambiente se triplicó, si eso era posible. Sin embargo, Satoru se había volteado hacia él con una expresión completamente opuesta a la que Itadori había estado esperando. Lejos de parecer furioso, parecía consternado e incluso un poco espantado por su tono de voz.

— Pero...es que...no, Yuuji, las cosas no fueron tan así…

— Sí, sí que lo fueron. Si yo no te lo proponía, no íbamos a venir aquí primero, precisamente.

Itadori desconocía de dónde rayos había sacado aquellas ínfulas para hablarle en un tono tan autoritario a Satoru, pero no se arrepintió de expresar su opinión, menos cuando comprendió que poseía alguna especie de poder sobre la mente del otro a través de su voz fastidiada. Increíblemente, Satoru pareció desinflarse y perder toda intención de pelea con Yuta, incluso olvidándose de su presencia en el cuarto; éste los observaba entre precavido y ansioso, sin emitir sonido ni mover un músculo al igual que Itadori.

— Bueno...tienes razón.

Satoru relajó la expresión de su rostro y volteó de nuevo hacia Samuru, quien se había removido en sueños sobre las frazadas. Yuta e Itadori soltaron el aire que estaban reteniendo casi al mismo tiempo, aliviados.

— Muchas gracias por cuidar de él, Yuta. Puedes hacerlo cuando gustes.— Itadori elevó la voz innecesariamente, dirigiéndose en forma demasiado efusiva hacia Yuta quien aún evaluaba la situación a su alrededor.— ¿Verdad, Satoru?

— ¿Eh? Eh...sí, claro...lo que sea que hayas dicho.

Excelente.

Bueno, Itadori acababa de descubrir un súper poder que no conocía. Era eso o la estancia prolongada dentro del Gokumonkyo le habían alterado las neuronas a Satoru, pero parecía volverse más dócil en cuanto más violento se volviera Itadori con él.

¿...Papá?

La voz adormilada y el jadeo estrangulado dieron cuenta de que Samuru al fin había despertado casi derribando a Satoru por la fuerza que había empleado en su abrazo. El niño lloró sin remedio reprochándole absolutamente todo lo que recordaba de aquel tiempo mientras Satoru se limitaba a reír y retrucar cada una de las cosas que Samuru le decía; la cuestión se prolongó un poco más cuando minutos después Samuru no dejaba de llorar y Satoru no sabía cómo consolarlo, agotando todas las opciones que conocía.

— Yo...ah…

La voz suave de Yuta distrajo a Itadori de la escena que no quería interrumpir. Parpadeó y volteó hacia el Alfa quien también observaba a Satoru y Samuru con aire nostálgico.

— ¿Si?

— ¿Tú...fue en serio lo de poder cuidar a Samuru de vez en cuando?

Itadori se sintió conmovido por la inseguridad en el tono de voz de Yuta. Recordó las palabras de Satoru y la indignación apareció nuevamente. ¿Había algo que se le escapara a ese hombre? Quizás Satoru tenía razón y Yuta se encontraba frustrado por lo que le había comentado de su relación con Rika. O tal vez era ella quien lo estaba, a ese punto Itadori no podía saberlo con certeza. Si el amor que ellos dos se profesaban era tan fuerte como el que él sentía por Satoru...podía entenderlo perfectamente. Casi desde el inicio de lo que había sido su relación formal, en lo primero que el Omega había pensado tímidamente era en tener hijos con Satoru, la idea tomando cada vez mayor fuerza e insistencia en su mente.

Si en algún momento Yuta o Rika habían tenido aquello en mente y se habían topado con semejante imposibilidad…

— Claro que sí. Samuru los aprecia mucho.— la expresión de Yuta se aclaró bastante con la afirmación de Itadori y éste no pudo más que aliviarse.

— No puede ser que ya te estén llamando.

— Es la vida miserable de tu padre, qué quieres que haga.

Samuru parecía haberse recompuesto de su ataque de llanto; Satoru se incorporó de la cama, el teléfono vibrando en su mano. Itadori lo oyó farfullar algo que sonó a insulto y luego suspiró, apesadumbrado.

— Es Yuki, tengo que atender. Tú y yo después hablaremos, ¿sí?

— Claro.

Al menos aquello no había sonado a amenaza y Yuta tampoco parecía haberlo tomado como tal, el ambiente más distendido dentro del cuarto. Satoru salió hacia el corredor mientras le hacía una seña a Itadori de que lo estaba viendo igual y, en ese instante, el Omega se preguntó si Satoru podría vigilarlo incluso a través de las paredes.

— ¡Yuuji! ¿Cómo fue?¿Papá apareció de la nada?¿Qué te dijo?¿Qué había dentro del cubo ese? ¿Le dijiste lo de tu embarazo?¿Qué dijo?

Itadori no terminaba de procesar una pregunta que ya había surgido otra de la boca de Samuru apenas éste había detectado su presencia. Ni siquiera había respirado al soltar todo aquello y parecía que había todavía más.

— Bueno, espera, más despacio. A ver…

Mientras intentaba recordar todas las preguntas y contestar las que sonaban menos escabrosas y de las cuales sabía algo, Itadori trató de relajarse al notar que Satoru también estaba haciendo el esfuerzo. Más allá de su intervención, se había comportado bastante decente con Yuta pese a que ese último comentario no lo había dejado del todo tranquilo, menos ahora que sabía de lo que era capaz.

Itadori comenzó a hablar más distendido mientras Samuru seguía creando más preguntas, algunas relacionadas con temas que el Omega francamente desconocía y que tendría que esperar a que Satoru pudiese responderlas. Ahora que veía a Samuru sentado en la cama, enredado entre las frazadas, despeinado y las mejillas sonrojadas por la risa que le había provocado algunas de las respuestas disparatadas de Itadori, le resultó sorprendente que hubiese sido ese niño quien había sido capaz de recrear la expansión territorial de Satoru, al menos de forma incompleta. Le faltaba poco para cumplir los 13 años y aún así, seguía siendo un mocoso entrando en la pubertad. Si ya era capaz de algo así a esa edad...no quería imaginarse lo que sucedería si lo que le había afirmado Mei Mei llegaba a cumplirse del todo.

Ya se estaba imaginando la desaparición de la casa, Satoru y Samuru los causantes de la destrucción.

De imprevisto, Itadori notó las ventanas del cuarto cubiertas con las gruesas cortinas oscuras del hotel. Mientras Samuru seguía hablando hasta por los codos, toda la energía aparentemente recuperada, Itadori se dirigió a paso lento hasta los ventanales, no muy seguro de lo que estaba haciendo. Tomó una de las cortinas apenas con los dedos, rozándola al tiempo que decidía si aquello era una buena idea.

— ¿Estás seguro de que quieres hacer eso?.— la pregunta de Yuta lo puso todavía más ansioso, volteando hacia él.

— ¿Tan malo es?

— En realidad, ya es bastante tarde. No vas a ver absolutamente nada. No hay electricidad en la mayor parte de Tokyo.— aclaró el Alfa cuando Itadori frunció el ceño, confundido.

Bueno...si no se veía absolutamente nada como Yuta había afirmado, tampoco tendría nada de malo el correr la cortina y…

Al hacerlo, pudo confirmar en un principio lo que el otro le había dicho; Itadori sabía que se hallaban bastante alto pero aún así era incapaz de dimensionar las distancias. De casualidad, podía distinguir el cielo nublado del suelo, y eso sólo era porque las nubes de vez en cuando se movían dejando la luna un poco al descubierto…

Sin embargo, cuando su visión se acostumbró a la penumbra, comprendió que no eran nubes, sino humo. Retuvo el aire mientras sus ojos intentaban encontrar sin éxito la fuente del incendio; pronto, pudo distinguir algunos detalles más en medio de la oscuridad.

Cerró la cortina, ni siquiera queriendo imaginar lo que sería ver aquello de día.

Mientras tanto, Samuru seguía hablando.

Por supuesto, Satoru no alcanzó siquiera a escuchar la primera ola de preguntas que su hijo le había hecho a Yuuji luego de que había cerrado la puerta lo más suave que había podido, casi evitando cualquier ruido. Nuevamente, vio la llamada entrante en su teléfono celular y se sorprendió de la insistencia de Yuki. Sino le respondía enseguida era por algo, ¿no?

Presionando el botón rojo de la pantalla, colgó la llamada sin contestarla. Guardó el celular en su bolsillo y se preguntó si, tal vez…

Sí, de hecho podía hacerlo.

Sonrió satisfecho, pensando que aquello no le tomaría demasiado tiempo. Yuuji tampoco tendría que enterarse.

Movilizarse de un espacio físico hacia otro completamente diferente y lejano consumía casi tanta energía como expandir su territorio; igualmente, Satoru había almacenado bastante energía maldita dentro de aquella estúpida cosa donde Kamo lo había sellado. Contrario a lo que parecían creer desde el exterior, la Prisión Confinadora apenas y había consumido parte de su energía, sólo que no había podido utilizarla hasta que Sukuna había terminado de destruir el sello.

Por eso, teletransportarse desde el hotel donde se estaba alojando Yuta hasta aquella casa particular guiado únicamente por la energía maldita no resultó en un esfuerzo desmedido.

Cuando Satoru hizo contacto visual con Nanami Kento, su primer instinto le instó a cerrar el puño y romperle la cara de la forma más primitiva y placentera posible para la ira que había estado conteniendo hasta ese momento para que Yuuji no sufriera la ansiedad que había visto reflejada en sus ojos; sin embargo, la sorpresa en el rostro ajeno le resultó lo suficientemente satisfactoria para perdonar los huesos de su macizo facial, derribándolo únicamente con energía maldita.

Sólo que no había sabido calcular la cantidad empleada.

— Auch.— frunció el rostro en una expresión que intentaba parecer dolorida cuando el cuerpo de Nanami fue lanzado más allá de la pared del living...no, incluso de la pared del cuarto.— Eso debió doler, ¿eh?

Satoru caminó tranquilamente hacia Nanami en medio de la nube de polvo y escombros, el techo de la casa temblando débilmente. El otro aún seguía en el suelo y sólo su tos fue lo que le indicó que seguía vivo; permaneció de pie frente a su cuerpo en el piso y agachó el torso desprotegido, completamente seguro de que Nanami no era rival alguno para él.

— G-Gojo...eres un imbécil.

— Puede ser...pero, ¿sabes una cosa? Tengo algo que tú no.

Nanami tosió un poco más intentando incorporarse, lográndolo a duras penas. Satoru se limitó a observarlo mientras decidía realmente si no iba a romperle la cara, su mente pensando hasta qué punto había llegado a invadir su casa, a su pareja.

— ¿No vas a preguntarme qué es?

— No me interesa.

— Qué aburrido. Bueno, no importa, voy a decírtelo de todas maneras porque me da la gana.

Se acercó a paso lento, disminuyendo la distancia entre ellos hasta que sólo los separaron apenas unos centímetros. El polvillo no se disipaba, pero Satoru podía ver la expresión contrariada del otro frente a él. Por supuesto que Nanami estaba sorprendido con su presencia allí, más no con el motivo de la misma.

El hijo de puta lo sabía, sabía que Satoru conocía al menos algo de lo que había sucedido, y eso no hizo más que enardecerlo aún más.

— Lo que no tienes, es a Yuuji. ¿Sabes por qué?.— Satoru aguardó a que Nanami reaccionara de alguna manera, pero sólo detectó rencor en su mirada.— Porque me eligió a mí.

Su puño cerrado se estrelló a pocos centímetros de la cabeza de Nanami, casi traspasando la pared por la fuerza que había empleado. Tenía que controlarse, tampoco podía matarlo...pese a que deseaba hacerlo, debía pensar en Yuuji. Era demasiado bueno e ingenuo para perdonar ese tipo de cosas y no quería ser precisamente él la fuente de su sufrimiento, por mucho que le frustrara aquello.

— Se vinculó conmigo, y está esperando un hijo mío. No te mato porque increíblemente aún te aprecia. Te lo perdoné aquella vez, te lo estoy perdonando ahora. No habrá una tercera vez, Nanami.

Ante el mutismo del otro, soltó el aire que había estado reteniendo e intentó aflojar la mandíbula. Se alejó uno, dos pasos y le sonrió, un poco más tranquilo al ver la expresión frustrada y dolida en el rostro de Nanami.

Si no podía inflingirle dolor físico, lo haría de forma psicológica.

— ¡Lamento lo de tu casa! Luego te haré una transferencia bancaria, ahora me siento culpable.

— No es necesario. Sólo vete de aquí.

Satoru le sonrió por última vez y lo saludó con una mano.

Agotó lo poco de energía maldita que le quedaba al volver a aquel pasillo de hotel, al borde del derrumbe. Miró su teléfono celular...bien, habían pasado menos de cinco minutos, nadie debía de sospechar.

Un pequeño trozo de escombro golpeó su hombro antes de volver a abrir la puerta del cuarto, las voces de Samuru y Yuuji interponiéndose entre sí, a los gritos. Aquel lugar estaba cayéndose a pedazos...podía hacer de tripas corazón y ofrecerle a Yuta ir a su casa aquella noche, aunque fuera sólo un día.

Se limpió el polvillo que había quedado adherido en sus pantalones oscuros antes de ingresar a la habitación. Ya llamaría a Yuki más tarde, a ver qué era lo que quería.

¡Muchas gracias por todo su apoyo!

¡Nos leemos!