Buenas!

Para quien preguntó dónde estoy: AQUÍ MISMO, SOLO QUE CON MUCHO TRABAJO XD Lamento la demora en la actualización!


Aún con una pared y una puerta de por medio, Itadori oía los gritos fastidiados como si estuviese en la misma habitación que las dos personas que estaban discutiendo...no, no sólo existían una pared y una puerta, sino también parte del living y del corredor que llevaba a las habitaciones.

No te lo voy a permitir. Se terminó el temita de considerar las opiniones del resto, ésta es mi casa y aquí mando yo.

Claro que es así, porque el resto no te interesa.

Vuelve a repetirlo, vamos.

Al oír el tono de advertencia y la agresividad con la que Satoru había soltado aquello, Itadori decidió al fin levantarse de la mesa de la cocina.

Ni siquiera lo dejaban desayunar en paz, ¿Qué carajo era aquello?¿Un campo de guerra?

Su vientre se encontraba ya demasiado abultado, cursando los 7 meses de embarazo. Parte de las inseguridades de Itadori con respecto a su cuerpo se habían esfumado no porque realmente no estuviesen allí sino porque se había resignado a que sólo empeorara la situación, sabiendo que ya le faltaban apenas un par de meses, si es que llegaba. Se había atrevido a buscar imágenes en internet desde su teléfono celular - porque la fibra óptica todavía funcionaba mal desde hacía 3 meses - y, comparando con la pelota de playa que él ya tenía en el abdomen podía afirmar que, si aquella niña seguía creciendo en el tiempo que le restaba de gestación Itadori literalmente iba a explotar.

Abrir la puerta de la cocina realmente había sido un error garrafal. Samuru gritaba tan o incluso más fuerte que Satoru y sus quejas y reclamos seguramente se oían hasta la despensa de la esquina; bufando y harto de aquello, Itadori hizo de tripas corazón y se dirigió hacia el tenebroso corredor de las habitaciones donde sabía había estallado la nueva batalla campal.

Desde que Satoru había vuelto, las cosas se habían complicado un poquito con Samuru hasta un punto en el que Itadori ya no podía permanecer en el mismo cuarto que ellos por un lapso mayor a diez minutos; increíblemente, lo que Satoru había denominado simplemente como "celos" había escalado a una agresividad que Itadori había intentado refrenar por parte de ambos, sin éxito. Igualmente tenía que admitir que, en un principio y como Satoru le había prometido, había hecho el esfuerzo de entablar una relación más cercana y sana con su propio hijo. Por un tiempo había funcionado; Samuru se había mostrado un tanto receloso y desconfiado pero finalmente había cedido. Sin embargo, de un mes a esa parte, algo parecía haberse quebrado en la paciencia del menor y las peleas habían comenzado a estallar por la cuestión más nimia, por el motivo más estúpido.

Y Satoru tenía paciencia, pero no tanta. Había dejado pasar la mayoría de las provocaciones indirectas — algunas de ellas bastante directas — que Samuru le había hecho durante semanas. No había respondido ni había sido quien iniciara las peleas pero, como la gota que rebalsa el vaso, una vez que su tolerancia había traspasado el último límite de su paciencia, las cosas literalmente se habían vuelto un infierno. Itadori no sabía si ese había sido el objetivo de Samuru desde un principio o realmente las cosas se le habían escapado de las manos, pero lejos de amedrentarse con los enojos y advertencias de su padre, el mocoso le había hecho frente.

Y el que estaba perdiendo los estribos observando aquello de forma pasiva era Itadori. Había intentado hablar con ambos por separado, incluso establecer límites y normas de convivencia hasta que el terremoto pasara — que, Itadori estaba seguro, era su embarazo — pero tampoco estaba completamente seguro de que una vez que la niña naciera las cosas iban a calmarse...o por el contrario iban a seguir empeorando.

Si se trataba de lo segundo, ya podían ir controlándose porque Itadori no iba a soportarlos, a ninguno de los dos.

— Ya estamos, ya me cansaste.

— ¿Te cansaste de tu propio hijo? Mira qué novedad.

— Samuru, basta.

Ambos voltearon al oír la voz de Itadori. Los había encontrado literalmente en el corredor de las habitaciones, ambos enfrentados cara a cara; Satoru se hallaba apoyado en la pared y, si bien su voz sonaba enojada y al borde del ataque de ira su expresión corporal le insinuaba lo contrario. Una cosa muy diferente era el lenguaje corporal agresivo y confrontativo de Samuru, a un par de metros de su padre. El Omega había llegado quizás en el peor momento; frunció el ceño y arrugó la nariz cuando el aroma de ambos se había entremezclado en aquel espacio tan reducido, haciéndolo resoplar.

Las feromonas de Satoru ya de por sí eran fuertes y estaban impregnadas en cada mueble de la casa, pero ahora también tenía que lidiar con las de Samuru; de un tiempo a esa parte, el chico había desarrollado un aroma espantosamente fuerte, quizás incluso más que el de su padre. El aroma similar a Satoru que había tenido Samuru cuando Itadori lo había conocido se había ido diluyendo con el paso de las semanas, de los meses; el cambio había sido tan progresivo que si bien Itadori lo había notado, no le había dado mayor importancia. Ahora, un aroma leñoso y penetrante se había instalado en el cuarto del joven y en todo aquel lugar donde tuviese sus estallidos emocionales, los cuales ya competían en intensidad con los de Itadori.

— ¿Ahora lo defiendes?.— Samuru había suavizado el tono para dirigirse a él e Itadori había apreciado que no le hubiese gritado. Sin embargo, el resentimiento estaba allí filtrándose en sus palabras.

— No es cuestión de si yo defiendo o no. Te estás pasando.

— ¿En qué? ¿En decirle la verdad que tú no te animas?

— ¿La verdad? Espera.

Itadori atajó con una mano el intento de Satoru por intervenir. Ya estaba cansado de que si bien los ataques no iban directamente hacia él, Samuru se la pasaba soltando indirectas sobre la pasividad con la que Itadori trataba a Satoru en aquel período de tiempo.

— ¿Qué verdad?¿Que estás completamente fuera de control, esa verdad? Samuru, parece como si te hubieses vuelto loco de repente.— el aludido frunció el ceño pero no agregó nada a las palabras de Itadori.— Te la pasas gritándole a tu padre, me desafías a mí y cuando no lo haces, te encierras en tu cuarto. ¿Qué te pasa? Sino nos dices tampoco podremos ayudarte, no podemos leerte la mente.

Un silencio muy incómodo se extendió entre los tres. Itadori inspiró profundamente y suspiró, soltando el aire despacio. Era como la quinta vez que le planteaba aquello a Samuru, delante de su padre y en soledad...pero no había caso. Cada vez que se lo preguntaba, el chico se cerraba y no respondía; Itadori sabía que sí había una razón más no la estaba compartiendo ni siquiera con él.

Y lo peor es que sospechaba por dónde venía la mano, y no tenía ya nada que ver con los celos ni las hormonas alborotadas.

— No me pasa nada.

Ni Satoru ni Itadori agregaron nada. Era evidente que Samuru mentía por el tono apagado pero defensivo con el que había dicho aquello; sin embargo, Itadori al menos ya podía respirar como una persona normal. Samuru había dejado de soltar sus feromonas en respuesta a la confrontación con su padre y al menos eso ya era un logro. Como solía suceder y sin poder aguantar más la tensión del lugar, Samuru había terminado por retroceder sin encarar a ninguno y había huído a su cuarto ante la mirada de ambos adultos.

— Ya no soporto más ésta situación.

La voz de Satoru, las palabras dichas casi en un murmullo hicieron desviar el tren de pensamientos de Itadori; parpadeó un par de veces cuando vio al Alfa resoplar, revolverse los cabellos y abandonar la pared, caminando en su dirección. Pese a la incomodidad que generaba el vientre abultado, Satoru igual se las ingeniaba para abrazar a Itadori. Lo largo de sus brazos y la altura desmedida lo ayudaban y eso terminaba relajando un poco al Omega; si bien a Itadori no le salía tan bien como a ellos, en esos momentos de tensión procuraba liberar sus propias feromonas sabiendo que aquello calmaba bastante a Satoru. Satisfecho, lo sintió relajarse entre sus brazos mientras acariciaba su espalda, la nariz ajena buscando su cuello.

— Mei Mei me advirtió que esto iba a suceder. Son las hormonas, ¿no?

— Sí. No, no lo sé. Yo era igual o peor a su edad, así que no sabría decírtelo.— Satoru guardó silencio unos segundos y presionó más a Itadori contra su torso.— Tenía la esperanza de que...bueno, claramente no.

— ¿De qué?

— De que se pareciese un poco más a Suguru en ese aspecto.

Itadori no agregó nada ante aquello. No conocía lo suficientemente a Suguru como para afirmar que tenía una personalidad más tranquila y estable que Satoru, pero sí su carácter era igual a su voz...Itadori también hubiese deseado lo mismo.

Con un poco de nerviosismo, Itadori acarició la cabeza de Satoru mientras sus labios temblaban levemente ante lo que iba a decir.

— Satoru…

— ¿Mmh?

— Estuve pensando, y…

— ¿Y?

Itadori suspiró, frustrado pero relajado a la vez. Satoru se había distendido lo suficiente como para empezar a molestarlo justo cuando él quería ponerse serio; sus labios recorrían su cuello desde su hombro hasta la parte posterior de su oreja derecha despertando escalofríos en el cuerpo del Omega, las manos de largos dedos intentando introducirse bajo su camiseta.

— Así no me dejas hablar…

— Podemos hablar después.

— Pero…

Yuuji…

El Omega percibió la urgencia en el tono de voz de Satoru, la ansiedad. Sintió su nariz inhalando más fuertemente la piel de su cuello, descendiendo. El Alfa literalmente lo estaba olfateando como si buscara el origen de algún aroma en particular, cohibiendo a Itadori.

— ¿Qué...Qué sucede?

— Tu olor...me das hambre.— susurró contra su oído haciendo sonrojar a Itadori.— Vamos al cuarto, ¿sí?

— ¡Pero Satoru, es de mañana! Lo único que falta es que Samuru nos vea...

— Será rapidito, lo prometo.

Aquello descolocó un poco a Itadori porque claramente sus relaciones sexuales tenían de todo, menos corta duración. Además, ahora le tenían que sumar lo engorroso que estaba volviéndose la cuestión con el vientre ya demasiado abultado. Aún así, Itadori se dejó empujar hacia su propio cuarto, un poco confundido pero ansioso.

Al menos, luego de que habían dejado clara aquella situación un tanto malinterpretada por parte de Itadori cuando creyó que Satoru ya no sentía interés físico por él, las cosas habían fluido bien. A medida que su vientre crecía Itadori se sentía cada vez más incómodo y menos dispuesto a mantener relaciones sexuales por la misma razón pero, a diferencia de la vez anterior, sí lo había hablado con Satoru y éste parecía haberlo entendido y aceptado con una paciencia que al Omega le había generado cierta sospecha.

¿Iba a ceder, así tan fácil? Bueno, tampoco es que se iban a morir si no…

— Satoru…¿otra vez?¿Qué hablamos?

Ya dentro del cuarto y en la seguridad de la intimidad, Satoru se había desatado. Lo que había empezado con besos y abrazos, había terminado con las manos de Satoru introduciéndose finalmente bajo su camiseta; habían acariciado su espalda, su cintura y su vientre suavemente para finalmente ascender hacia aquella parte de su anatomía que...bueno, ya había crecido bastante.

Bufó, molesto cuando el Alfa comenzó a jalar de su ropa para quitársela, ambos ya sobre la cama. Itadori no se sentía decepcionado, pero sí un poco asombrado por la insistencia de Satoru con aquella cuestión.

Y es que por supuesto la culpa era de Itadori. Había sido demasiado permisivo e indulgente con Satoru y así estaban. El Alfa había desarrollado la costumbre mañosa de que Itadori lo amamantase.

El sólo pensamiento lo hacía poner nervioso, el sonrojo volviéndose evidente en su rostro. En un principio lo había dejado porque aquello parecía limitarse sólo a las prácticas sexuales y había sucedido de vez en cuando; sin embargo, conforme pasaban las noches y así las semanas, Satoru había querido hacer aquello en cualquier momento, independientemente de si se hallaban envueltos en una situación lujuriosa. Itadori tampoco podía negar que aquello no sólo le agradaba a Satoru, sino que conforme fue acostumbrándose también le encontró el gusto. La circunstancia los relajaba a ambos así que, ignorando el pudor que le provocaba, Itadori lo había dejado hacer.

Sin embargo, había traído ciertas consecuencias indeseadas.

Ahora Itadori podía comprender a qué se refería cuando Satoru le había susurrado que su aroma le provocaba hambre. De un tiempo a esa parte, lo que antes eran pequeñas gotas translúcidas escapándose de sus pezones cada tanto se había transformado en cierta congestión y pesadez que le indicaban con pena a Itadori que sus nuevos pechos estaban produciendo leche de verdad, todo culpa del estímulo diario al que se veían sometidos.

Como ya estaba comenzando a hacer bastante frío para la época, Itadori no tenía tantos problemas para camuflar los dos abultamientos que acompañaban a su vientre, las camisetas y suéters cubriéndolo todo; sin embargo, tenía que revisar cada tanto para cerciorarse que la camiseta no se le manchara al punto de traspasar la última capa de ropa, porque si eso llegaba a suceder Itadori no sólo no iba a salir más de la casa, sino tampoco de su propia habitación. Para Satoru aquello no representaba el problema que sí lo era para Itadori e incluso parecía disfrutar de la situación...pero si Samuru llegaba a percatarse de algo así, se iba a tener que sepultar vivo por la vergüenza.

Finalmente, se dejó quitar la camiseta y se acomodó contra el cabezal de la cama, todas las almohadas detrás de su espalda; sin mediar palabra dejó que Satoru se amoldara a su cuerpo como pudiese, suspirando cuando lo vio acercándose y haciendo desaparecer el pezón dentro de su boca sin vergüenza alguna, la succión suave, cadente.

Satoru había cedido a no tener relaciones sexuales porque había encontrado otro divertimento con el cual torturar a Itadori...e Itadori estaba de acuerdo, porque aquella "rutina" lo relajaba bastante y le generaba otro sentimiento de intimidad y cercanía con Satoru que no creyó experimentar jamás.

En el silencio que siguió sólo interrumpido por el sonido periódico de alguna succión especialmente fuerte y húmeda, Itadori se permitió cerrar los ojos y relajar el cuerpo entero, sus manos en la espalda ajena acariciando sobre la prenda en forma lenta, tranquila. Al cabo de unos minutos levantó la camiseta de Satoru y rozó su piel en un vaivén suave, arriba y abajo. El Alfa suspiró y se aferró un poco más a Itadori, los brazos cerrándose con mayor firmeza detrás de su espalda.

— ¿Ya te has decidido por un nombre?.— preguntó Itadori casi en un murmullo sin detener las caricias ahora también en la cabeza del otro.

— Mmh.

Itadori rió suavemente cuando escuchó el sonido profundo surgiendo de la garganta ajena. Podía interpretarlo de forma negativa sino le estaba fallando el oído. Ni siquiera se había desprendido de su pecho para contestar, lo que hizo que rodara los ojos por lo infantil que estaba siendo.

— Falta poquito...

Contuvo de mala forma un gemido que resonó en su garganta cuando Satoru lamió y jugó con aquella zona tan sensible, finalmente dejándolo libre. Aún con un poco de pena, sus ojos hicieron contacto con la mirada transparente. Itadori no podía definirlo bien pero parecía que Satoru se desconectaba del mundo en esos momentos, su mente quizás relajándose a un punto que el Omega no comprendía. Acarició el rostro ajeno y apartó los cabellos de su frente, jugando con ellos; ninguno parpadeaba y ambos se perdían en los ojos del otro de una forma tan profunda que Itadori no quería apartar la mirada jamás.

— ¿Quieres...quieres un poco más?.—Itadori sentía el rostro arder mientras pronunciaba aquellas palabras. Por supuesto, Satoru no sentía vergüenza alguna por lo que sin mediar palabra se acomodó de nuevo procurando no aplastar su vientre.

— Siempre voy a querer un poco más, Yuuji. Es delicioso.— su voz había sonado un poco ronca antes de que sus labios capturaran su otro pezón de manera más ansiosa que antes logrando que Itadori gimiera por la impresión.

— Mmh...bueno, pero tampoco te acostumbres tanto.

Había intentado sonar firme pero Itadori sabía que había fracasado estrepitosamente; aún así, Satoru suspiró largo y tendido en forma dramática dándole a entender al Omega que lo había oído pero que no le importaba una mierda. Iba a tener que ponerse serio con aquel tema porque...Itadori ya se veía a sí mismo amamantando a dos personas en breve sino detenía aquello antes del nacimiento de la niña.

— Los que más me gustan a mí son Narumi, Aimi o Yukiko, pero también me agradan Yusa y Aiki…¿no puedo ponerle todos? No puedo decidirme por uno sólo...Satoru, ¿me estás oyendo?

— Mmh.

Itadori bufó, frustrado. ¿Aquella era una nueva forma de comunicación entre ellos? Porque esa parte si no le estaba convenciendo del todo. Aún así, lo dejó estar; Satoru había dicho que aquello iba a ser "rapidito" pero, como siempre y como Itadori ya intuía, se prolongó bastante e incluso se habría dormido relajado como se encontraba de no haber sido porque la niña le había propinado una patada letal en su vejiga justo en el momento en el que sus párpados comenzaron a pesar demasiado. Chasqueó la lengua, molesto por la sensación dolorosa.

— ¿Estás bien? Lo siento, ¿te mordí?.— la voz de Satoru lo espabiló del todo dándose cuenta de su situación.

— ¿Eh? No, fue la niña.

— ¿Te pateó?

— No deja de patearme, anoche casi no me dejó pegar un ojo.

Itadori se estiró, desperezándose; Satoru lo ayudó a colocarse de nuevo la camiseta porque comenzaba a enfriarse. Luego, invirtieron posiciones en forma casi instintiva, Satoru recargado entre los almohadones mientras acunaba el cuerpo de Itadori entre sus brazos y piernas, el aroma de ambos relajando al otro en el proceso.

— Bueno, es normal. Se vuelven más activos en los últimos meses.

— ¿Samuru también te pateaba así?

— Me torturaba día y noche, parecía no dormir en ningún momento.

— Carajo.

— Y bueno, sigue haciéndolo.

Itadori golpeó en forma amistosa a Satoru ante el comentario, despertando una risilla por parte del otro. Permanecieron en silencio unos minutos mientras Itadori sentía la mano cálida de Satoru acariciando su vientre. Su mente ya estaba más despierta y no podía dejar de pensar y unir ideas que lo ponían cada vez más nervioso.

— ¿Qué sucede, Yuuji?.— susurró Satoru haciendo sobresaltar a Itadori.

— Nada, ¿por?

— Estás nervioso, puedo notarlo. ¿Te sientes mal?

— Ah...no, estoy bien.

— ¿Entonces?

Los segundos pasaron e Itadori no respondía, inseguro de las reacciones de Satoru con los temas que estaba pensando. A medida que corría el tiempo, el Omega percibió la tensión creciendo en el ambiente pese a que Satoru no había dejado de acariciarlo ni se había movido un centímetro de su posición.

— ¿Yuuji?

— Es...mira, no te enojes, ¿si?

Itadori se puso aún más nervioso cuando Satoru no respondió. Aún así, suspiró profundamente y se decidió a continuar.

— Estaba pensando en Samuru y sus ataques de ira.

— ¿Has llegado a alguna conclusión?

— Sí...y no.— al percibir el retumbar de la risa ajena contra su torso Itadori respiró un poco más tranquilo, animándose.— Puede que me equivoque.

— Vives con la cabeza en la estratósfera, pero cuando tienes una teoría generalmente le aciertas, Yuuji. A ver, dime porque a mí ya se me acabaron las excusas.

— Ya te digo yo, puedo equivocarme, pero…

Dejó la frase al aire pensando en la mejor forma de soltar aquello sin herir susceptibilidades, porque de hecho aquella charla ya la habían tenido e Itadori conocía lo suficientemente bien a Satoru para saber que su paciencia disminuía conforme el tema se volvía reiterativo. Tragó saliva y se acomodó contra su pecho, soltando el aire que estaba reteniendo como si estuviese por saltar de un acantilado.

— Creo que sigue resentido por lo de Suguru.

A pesar de lo que había dicho, la tensión del ambiente no aumentó, pero Satoru no agregó nada a su declaración. Los segundos pasaron e Itadori, nervioso e inseguro como estaba apoyó las manos en el pecho del otro y se elevó un poco en su posición, buscando la mirada de Satoru. Lo descubrió mirando un punto fijo más allá de la cama, su expresión seria y cansina.

Estaba de mal humor.

— ¿Satoru?

— Tienes razón, debe ser eso.— Itadori relajó los músculos al saber que coincidían.— Aún así, eso no cambia mi postura, Yuuji.

— Pero...entiendo que te da miedo, pero aún así…

— Yuuji.

Al oír su nombre, Itadori se envaró, la espalda rígida. El tono de voz que había empleado no era amenazante pero sí cortante.

— Ya te lo dije. Entiendo que hayas hablado con él y que te haya ayudado, pero la cosa con la que hablaste no era Suguru.

— Sí, era él.

— No, Yuuji. Mira…

Satoru parpadeó un par de veces y su expresión se relajó. Sin embargo, Itadori percibió cierta pena y algo de nostalgia en su rostro, la inseguridad en el leve temblor de sus labios.

— Suguru está muerto. Es un hecho. Tú conversaste con el remanente de sus recuerdos. Si él aún estuviese con vida, puedo asegurarte que yo lo sentiría y haría algo al respecto, pero no es el caso. Tarde o temprano, Kamo terminará por consumir lo que queda...o cambiará de cuerpo, no lo sé. Estoy esperando que eso suceda sólo para matarlo, no quiero destruir el cuerpo de Suguru otra vez.

Ahora el que parpadeaba rápido era Itadori, intentando evitar que las lágrimas lo delataran. El tono de Satoru había sido terminante al principio pero, conforme avanzaba se había vuelto más tembloroso y apesadumbrado al punto de volverse conmovedor. Ya habían tenido esa charla, pero volver a oírlo perforaba alguna fibra sensible en la mente de Itadori. Cuando le había contado con cierta ansiedad que Suguru seguía vivo dentro del cuerpo de Kamo, Satoru había dudado...pero Itadori también había percibido un brillo de intranquilidad en sus ojos. Como Itadori no comprendía bien cómo sucedía aquello de la manipulación de cuerpos y Satoru ahora ya no estaba tan seguro de las cosas, habían decidido guardar silencio y confirmarlo antes de hablar con Samuru al respecto.

Y llegar a aquello no había sido tarea fácil.

Desde la última vez que Itadori había visto a Suguru en aquella cafetería, el hechicero no había vuelto a dar señales de vida y eso sumado a la inseguridad que sintió luego cuando Satoru comenzó a dudar de si era factible o no que siguiera con vida, cautivo de Kamo, alteraron a Itadori al punto en el que Satoru tuvo que rastrearlo por otros métodos. En el medio y cuando las cosas habían comenzado a calmarse, Samuru había comenzado con el tema de querer conocer a su padre, volviendo a derrumbar la calma que habían logrado.

Finalmente, Satoru había dado con él y había confirmado lo que Itadori, en el fondo, ya sabía. El Alfa le había explicado que en realidad, Kamo nunca hubiese podido ocupar el cuerpo de una persona viva física y mentalmente por lo que desde el principio era imposible que Suguru siguiese con vida. Había llegado a la teoría de que el cuerpo había almacenado los recuerdos y eso había perturbado la psiquis de Kamo al punto de creer que había dos personas ocupando la misma carne. Sin embargo, aquello no era así. En realidad, Itadori y Yuta siempre habían estado conversando con Kamo, quien alterado por los recuerdos había perdido plena conciencia de lo que hacía...y eso había puesto de los nervios a Satoru, considerando el peligro que había corrido Itadori en aquella circunstancia.

Luego de digerir aquello, era el turno de intentar explicárselo a Samuru, lo cual había resultado literalmente imposible. Satoru había perdido la paciencia más rápido porque sus propios sentimientos habían estado en juego, el pasado asomándose amenazante otra vez. A Samuru en cambio le había costado mucho más comprender que en realidad su padre no se hallaba con vida sino que era el reflejo de lo que alguna vez había sido. Comprendía la teoría, pero no quería aplicarlo en la práctica y para colmo, se aferraba a que Itadori había estado seguro de que se trataba de él y no de un impostor.

Y aquello seguía, porque Samuru se había sumergido en una negación que fastidiaba a Satoru pero conmovía a Itadori. El Alfa había dejado de mencionar el tema a la cuarta o quinta ocasión en la que Samuru había insistido y se había negado a volver hablar de aquello; Itadori podía imaginar lo doloroso que aquello podía ser, pero también había comprendido la insistencia de Samuru, quedando entre la espada y la pared.

Ahora, Samuru había desviado todo su resentimiento en otras cuestiones, peleando y provocando a su padre por cualquier cosa. Como Satoru se había negado a permitir que Samuru conociera a una persona que en realidad no era su verdadero padre, Samuru le había declarado una guerra irracional basada en la decepción que no quería aceptar, y a eso le tenía que sumar el tema hormonal, más el embarazo de Itadori, más…

No, si es que el chico en cualquier momento iba a explotar.

— ¿Estás completamente seguro?

— Sí, Yuuji, estoy muy seguro. Ese tipo no es Suguru.

Guardaron silencio luego de aquello. Con los minutos, la atmósfera de tensión comenzó a disolverse mientras Itadori intentaba resignarse con el tema. Bufó mientras Satoru reía cuando la niña lo pateó otra vez, ahora sí logrando que se incorporara para ir al baño.

Dios, creo que ya fui al baño como cuatro veces desde que me levanté.

— Tu vejiga está aplastada, es normal que aguante menos.

— Sí, pero…

Itadori jadeó al dar uno, dos pasos. Oyó a Satoru incorporarse rápidamente porque el sonido estrangulado que había surgido de su garganta era de fastidio, casi llegando a ser dolor. Rápidamente, percibió la mano de Satoru en su hombro y sobre su vientre.

— ¿Qué pasó?

— No lo sé, sentí como…¿sentiste eso?¿Satoru?

— Yuuji, tienes el vientre duro. Eso...eso fue una contracción.