Si Itadori pudiese definir su situación actual, la primera palabra a la que su mente acudiría sería "blanco". Todo allí era blanco; el techo, las paredes, las sábanas, incluso el suero que colgaba de su brazo también era blanco. También podía definir a sus pensamientos así, atontado y desorientado como estaba.

Su mente estaba, literalmente, en blanco.

Cerró los ojos y con nerviosismo intentó percibir alguna sensación de malestar en su cuerpo. Poco a poco los cabos se unían y había recordado qué hacía allí en primer lugar; ya no sentía ninguna molestia en el vientre y aquello que Satoru había mencionado como una posible contracción no se había vuelto a repetir hacía rato, dejándolo respirar un poco más tranquilo pero manteniéndolo alerta.

— Yuuji, ¿me oyes?

La voz de Satoru se oyó lejana. Separó apenas los párpados percatándose del esfuerzo que había hecho para lograrlo; sus ojos tardaron en enfocar al Alfa sentado a su lado, su silueta cerniéndose sobre él. Itadori separó los labios para responder, pero tenía la garganta tan seca y aquello suponía tal esfuerzo que, resignado y frustrado, cerró la boca otra vez.

— ¿Es normal que esté así?

No le estaba hablando a él y supo gracias a esa pregunta que no estaban solos. Sus ojos viajaron por el espacio limitado que podían observar, pero no logró captar a nadie más.

— Sí, está sedado. Satoru, tranquilízate o voy a tener que sedarte a ti también.

— Cómo carajo quieres que me tranquilice. Mira cómo está.

— Vamos a hacer esto corto y conciso porque no te soporto.— por el tono cansino de la voz, Itadori supo que era Ieri. Claro, habían ido a su nuevo consultorio luego de…¿luego de qué? No lo recordaba.— Si sigues así de nervioso y territorial, vas a contagiarle la ansiedad a Yuuji y esto no va a hacer más que empeorar. Si no te controlas, voy a tener que sacarte de aquí o mantenerlo sedado a él. Tú eliges.

Itadori cerró los ojos, cansado. Luego de la advertencia de Ieri, Satoru había guardado silencio. Repentinamente, captó en el aire un dejo de sus feromonas, el aroma a café tan suave que pensó lo estaba alucinando.

— Qué eliges.— si bien el tono de voz había sido suave, la voz de Ieri sobresaltó a Itadori.

— Me quedo. Me calmo.

— Bien.

Frunció el ceño percibiendo el tono apesadumbrado de Satoru al hablar. ¿Aquello era su culpa, estaba así por él? Probablemente, aunque él no había pedido ni por asomo aquella situación de mierda. Ni siquiera recordaba qué había sucedido luego de llegar al consultorio, sólo que Satoru y la mujer habían discutido, Itadori había sentido otra contracción y Ieri le había inyectado algo rápido para "bajar el estrés" que estaba viviendo. Luego, blanco, blanco y más blanco. Itadori no podía negar que si bien no le gustaba sentirse aislado física y emocionalmente de la realidad, aquello había sido un lindo respiro. Sus piernas y cintura no dolían, su cabeza no le daba vueltas una y otra vez a las mismas ideas y no había tenido que soportar peleas o enfrentamientos, ansiedad o dolor.

Aún se sentía así, ido y blanco. Había comenzado a percibir voces y su cuerpo relajado sin dolencias, pero parecía no querer responder con la celeridad que él deseaba. Fue en ese momento en el que se percató que su mano izquierda estaba entre las de Satoru, el calor y la presión presentes, sus manos cálidas aliviando la ansiedad de sentirse solo en aquella burbuja de sospechosa paz.

— ¿Yuuji? Creo que está despierto.— su tono de voz había cambiado, la ansiedad en sus palabras. Itadori había presionado suavemente su mano ya que, como aún no podía hablar, tenía que hacerse notar de alguna manera.

— ¿Por qué lo dices? Déjame ver...Satoru, muévete.

— Ve por el otro lado, no voy a soltarlo. Shoko, pega la vuelta porque no voy a mover el culo de aquí.

— Qué insoportable.

En ese instante, Itadori percibió con fuerza el aroma a café negro, sus fosas nasales saturadas y felices. Sonrió instintivamente al sentirse tranquilo, contenido y seguro aunque sólo fuese un olor; súbitamente, notó que Ieri tocaba su brazo derecho al tiempo que sentía el tacto de Satoru sobre la piel de su rostro. Tardó varios segundos en percatarse que se trataba de sus labios, un beso suave y casi efímero rozando su mejilla, luego la comisura de sus labios. De nuevo, Itadori ladeó el rostro en su dirección e hizo el esfuerzo titánico de separar los párpados, sus ojos topándose de lleno con la mirada cristalina frente a ellos; Satoru no parpadeaba y en el instante en el que sus miradas contactaron, Itadori notó la sorpresa reflejada, incluso el detalle de sus pestañas arqueadas por la proximidad en la que se encontraban.

— Sus signos vitales están bien, aunque la frecuencia cardíaca un poco baja.

— ¿Eso es malo?

— No, diría que es normal.

— ¿Qué…? ¿Qué pasó?

Itadori tuvo que formular la pregunta dos veces en su mente y tres en su lengua, seca y negándose a trabajar. Carraspeó y tragó saliva, sintiéndose un poco mejor. Abrió un poco más los ojos mientras Satoru se movía de su asiento a la cama, el colchón hundiéndose a su lado por el peso. Ahora, era su torso entero lo que se cernía sobre Itadori proyectándole una sombra hasta que sus rostros estuvieron cerca de nuevo.

— Tuviste contracciones, pero ya pasó, no sucedió nada malo.— agregó rápidamente Satoru probablemente al ver el terror reflejado en su rostro.— No eran fuertes ni tampoco tan frecuentes, Shoko logró detenerlas.

— ¿La niña…?

— Está bien, no te preocupes.

El Omega tomó las palabras, las masticó y procesó. Al cabo de unos segundos, cuando comprendió que su hija no corría peligro y que el momento real de tensión había pasado, la mente de Itadori se activó súbitamente, la carga emocional volviendo con todo. Sin poder evitarlo comenzó a llorar. Miedo, angustia y culpa se amontonaban en su cerebro que hasta hacía unos segundos se hallaba aletargado e ignorante de todo lo demás; oyó la voz de Satoru, el susurro contenedor, el consuelo de sus palabras. Se aferró a él mientras sentía los brazos ajenos rodeándolo, Itadori refugiándose en su pecho intentando calmarse.

Fue en ese instante que notó que sus manos estaban temblando, lo cual no hizo más que ponerlo todavía más nervioso, sus hombros también comenzando a temblar.

— Yuuji, tranquilo, ya pasó…

— Lo siento, yo...realmente, lo siento, lo siento…es mi culpa...

— Shh…

Mientras Itadori seguía temblando, notó la presión de los brazos de Satoru a su alrededor atrayéndolo aún más contra su torso, el rostro de Itadori enterrado en su pecho. En ese momento se sintió de nuevo como en una burbuja de seguridad, pero aquella era su burbuja, la que conocía y buscaba cuando se sentía inseguro o ansioso.

— Shoko, está temblando.— el murmullo de su voz lo percibió también desde su pecho. Sí, en efecto seguía temblando sin poder controlar sus brazos.— No se le pasa.

— Satoru, lo que Yuuji tiene es estrés crónico. No va a pasarse de un minuto al otro.

¿Estrés crónico? ¿Qué era eso…? Bueno, quizás sí. Itadori no recordaba algún momento de paz en el que no hubiese estado ansioso o deprimido cuando Satoru aún estaba sellado y, si bien ahora se sentía más tranquilo, los problemas no habían hecho más que seguir apareciendo...quizás Itadori había acumulado todo eso sin darse cuenta, aunque…

De nuevo percibió aquella sensación pesada, las voces lejanas. Si no hubiese sido porque volvió a oír de nuevo la voz de Satoru a la distancia, Itadori habría pensado que se había desmayado.

— Lo sé, pero…¿no puedo hacer nada? Quiero decir.— Itadori retuvo el aire al oír el tono histérico en la voz de Satoru. Nunca lo había escuchado tan nervioso, ni siquiera en sus primeros ataques emocionales.— No...no puedo hacerme a la idea...me siento impotente, maldita sea.

— Por primera vez, lo eres. Y sí, puedes hacer mucho, empezando por calmarte. Ya te lo dije, parte del estado en el que se encuentra Yuuji es tu culpa, tú lo orillaste a esto.

Satoru no respondió nada e Itadori intentó salir de su muro personal de contención, empujando el pecho del Alfa para hacerse lugar. Satoru se lo permitió, pero en ese momento hubiese deseado no hacerlo; la expresión de su rostro mostraba angustia y culpa mientras los largos dedos blancos acariciaban el rostro de Itadori.

— Lo siento, Yuuji. Es...es mi culpa que estés así.

— ¿Tu culpa? ¿Por qué dices eso?

— Has estado bajo mucho estrés en la casa y no te ha hecho nada bien. Entre todo lo que has pasado en mi ausencia más las peleas con Samuru...no he hecho más que traerte problemas.

— ¿Qué estás diciendo?

— Creo que lo mejor es que...me aleje de ti. No soy bueno para ti, Yuuji.

— ¿Qué…?

Itadori lo observó esperando que aquello fuese una broma. La expresión en el rostro de Satoru no cambió; en ese momento, cuando la ansiedad alcanzaba un nuevo nivel, percibió algo frío en el vientre. Al voltear, notó que Ieri había apoyado el transductor del ecógrafo sobre su vientre abultado y observaba preocupada las imágenes que le devolvía el aparato.

— Esto no está bien...sus latidos son muy débiles…

— ¿No...no era que se encontraba bien?¿Satoru?

Volteó hacia él nuevamente. Satoru no sólo no le respondía sino que tampoco lo observaba, sus ojos clavados en la pantalla del ecógrafo.

Algo ahí no estaba bien.

Incluso dentro del pánico que estaba comenzando a apoderarse de Itadori podía discernir cuando algo era imposible...y sabía que Satoru jamás lo abandonaría, como él tampoco podría hacerlo nunca con el Alfa.

La presión dentro de su cabeza aumentó, una especie de zumbido molesto instalándose en sus oídos; Itadori ya ni siquiera podía escuchar su propia voz pese a que se sabía hablando, intentando que Satoru lo mirara aunque fuese una sola vez para confirmar sus sospechas...

¿Yuuji? Shoko, creo que se desmayó.

Apártate, ahora sí.

Las voces volvieron a sonar lejanas, pero distintas. De repente, Itadori comprendió que en efecto sí se había desmayado; la ansiedad salió propulsada en el momento en el que su cerebro había recuperado la conciencia y antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, había empujado a Satoru y casi le había propinado una patada a Ieri, ambos alejados de su posición en la cama, alertas.

— Yuuji…¿te...te sientes bien?

— Dime que no vas a dejarme.— fue lo primero que atinó a decir al ver la expresión alarmada en el rostro de Satoru.

— ¿Eh? ¿Por qué…?

— Sólo dilo, maldita sea, no es tan difícil.

El cambio en la atmósfera del sitio fue casi instantáneo. Satoru distendió la expresión de alerta y por su semblante, Itadori hubiese creído que acababan de propinarle un buen golpe en medio del rostro.

— Yo...jamás podría dejarte, Yuuji…¿cómo podrías sugerirlo siquiera…?.— los calores y colores subieron inmediatamente al rostro de Itadori al comprender que Satoru estaba atontado por sus feromonas y su voz, más que él mismo. — Yuuji…

— Sí, sí. Ahora, ven aquí.

Itadori soltó el aire que había estado reteniendo mientras extendía los brazos, abriéndolos para Satoru. El Alfa no tardó en reaccionar yendo hacia la cama, subiéndose a ella y amoldándose al cuerpo de Itadori en un abrazo tan estrecho que el Omega supo no iba a poder desprenderse de Satoru en horas. Aún así, el alivio de comprender que aquello que había experimentado había sido un sueño o un delirio le permitió ver las cosas desde otro punto de vista.

— Me alegra ver que lo tengas tan dominado.— la voz de Ieri no hizo sino aumentar la pena que le provocaba saber que había habido testigos de aquello.— Es un alivio para el resto del planeta.

— No lo hago adrede.— intentó defenderse al decir aquello pero sólo logró que la mujer sonriera.

— Lo sé, es algo hormonal. Si yo intentara acercarme a ti ahora, lo más probable es que me descuartice.

— No es para tanto.

Itadori rió...pero sabía que Ieri hablaba con la verdad. No quería probar su suerte provocando a Satoru porque sinceramente, a esas alturas, tampoco sabía hasta dónde lo afectaba la enajenación mental que sufría en ese estado.

Mejor prevenir, sí. Satoru se encontraba laxo y relajado en sus brazos, tanto que Itadori creyó por un momento que se había dormido. Lo único que le indicaba lo contrario era el aroma constante que fluía de él directo hacia su nariz.

— La bebé está bien.— soltó finalmente Ieri en el silencio.— Pero vas a tener que cuidarte un poco más, Yuuji. El estrés genera contracciones y creo que tú estás pasando por mucho ahora mismo.

— En realidad, me dejo afectar por la situación. No debería tomarme todo tan personal.

— Es imposible, eres demasiado empático. Aún así, me gustaría que al menos aguantes un mes más. Es muy pronto para que des a luz.

Al oír aquello, el estómago de Itadori pareció caerse de varios precipicios hacia el vacío. El Omega sabía que al final de la gestación y de todo lo que aquello acarreaba venía el tan temido "parto". Ni siquiera podía imaginarse cómo podía ser aquello, pero el sólo saber que ya era una cuestión a conversar lo había puesto ansioso de nuevo.

¿Y si lo hacía mal, y si no le salía? ¿ Y si dolía tanto que iba a terminar partiéndose en dos o desangrándose? ¿Y sino podía expulsarlo…?

¿Y sino llegaba ni siquiera a los 8 meses…?

— Yuuji, alto ahí.

La voz de Satoru contra su pecho lo hizo jadear, sorprendido.

— Te estás empezando a hacer la cabeza de nuevo, detente un momento.

— Si estuvieras en mi situación harías lo mismo.— se defendió, sonrojado al ser descubierto.

— Te olvidas que yo ya pasé por esto.

Itadori lo observó unos segundos, parpadeó y sonrió a modo de disculpa. Mientras Satoru se incorporaba sólo un poco para poder depositar un beso corto sobre sus labios y luego uno más sonoro en su mejilla derecha, Itadori se resignó a no iniciar una discusión delante de Ieri porque, sencillamente, le daba vergüenza. Siempre se había demostrado valiente y aguerrido en todo tipo de situaciones y en ese caso, no sabía si era una cuestión hormonal o el hecho de enfrentarse a una experiencia desconocida...toda su valentía y seguridad se habían tomado vacaciones permanentes. Itadori no podía dejar de asociar la idea de dar a luz con todos los posibles problemas que podía sufrir durante el proceso, además de su propia incompetencia. No se creía capaz de algo tan complicado aunque pareciera algo natural, pero tampoco se animaba a exponerlo tan abiertamente porque…

— Voy a buscar el ecógrafo, ya vengo. Satoru, basta.

— Ya te dije que no puedo evitarlo. Vete.

Tardó varios segundos en comprender que Ieri se refería a las feromonas de Satoru. Estaba tan acostumbrado a su aroma que sólo en ese momento había inhalado a conciencia para darse cuenta que la pobre mujer necesitaría horas enteras de ventilación y difusores ambientales para sacar la peste que había allí dentro; ambos, Satoru y Ierri se observaron con rencor pero finalmente la Beta cedió, bufando y dando marcha atrás dentro de la habitación, finalmente saliendo y cerrando de un portazo.

— No la trates mal, de casualidad y nos aguanta.

— Más le conviene. Yuuji…

— Dime.

— Tienes miedo, ¿verdad? Del parto, digo.

Itadori guardó silencio ante su palabra y sus ojos intentaron esquivar la mirada de Satoru todo lo que pudo, pero fue imposible que al final terminara desviándolos hacia el rostro del Alfa; el rubor que se instaló en su rostro al ver la seriedad y concentración con la que Satoru lo observaba lo delató más que cualquier afirmación. Apretó los labios en una línea fina, sin saber muy bien qué decir.

— No...no me creo capaz de poder hacerlo.— Itadori soltó aquello y aguardó una respuesta que nunca llegó, poniéndose más ansioso.— No quiero hacerlo.

Finalmente se había decidido a escupir su inseguridad más grande; si Itadori se veía obligado por las circunstancias estaba seguro de que podría sobreponerse por el bien de su hija y haría el esfuerzo, pero...si le daban a elegir, prefería evitar la situación a toda costa y como diera lugar. Satoru buscó su mano y entrelazó los dedos largos entre los suyos, apenas presionando.

— Yo confío en ti más que en nadie, Yuuji, pero no quiero que te sientas obligado a hacer algo que te genera inseguridad. Se puede programar una cesárea.

— ¿Se-Seguro?¿No te molesta?

— ¿Molestarme? ¿Por qué algo como eso me molestaría? Yuuji, es tu cuerpo.

— Pero...no lo sé, últimamente me siento más inseguro que nunca con respecto a todo lo que me rodea. Ahora que Ieri-san mencionó lo del parto, no sólo tengo miedo de no poder tenerla sino que también de no poder cuidarla, ¿y si hago algo mal…?

— Yuuji, espera.

Las manos de Satoru tomaron su rostro, deteniendo la catarata de frases impulsivas que Itadori estaba soltando presa de la ansiedad.

— Por supuesto que vas a equivocarme, yo también voy a hacerlo. Ya tuve un hijo pero como bien sabes, prácticamente lo crió Mei Mei. Es normal hacer las cosas mal y aprender de nuestros errores, nadie te está juzgando, menos yo. Quítate eso de la cabeza, por favor.

— Ya lo sé, lo sé...pero no puedo.

Satoru le sonrió e Itadori vio cierta diversión en sus ojos; se aproximó a su rostro y capturó sus labios en un beso tranquilo, el suspiro de ambos entremezclándose.

E Itadori saltó en su sitio al oír la puerta azotándose contra la pared, el gruñido de Satoru detrás de su jadeo sorprendido.

— Ni se les ocurra, aquí dentro no.— al comprender a qué se refería, Itadori apartó a Satoru con ambas manos, abochornado.

— Qué aburrida eres, Shoko.

— No soy aburrida, tú eres un pervertido. Mira en el estado en el que está y…

La mujer discontinuó la frase con un bufido molesto mientras traía el equipo ya conocido sobre pequeñas ruedas. Mientras lo preparaba e Itadori se acomodaba otra vez sobre la cama, Satoru se sentó a su lado prácticamente abrazándolo sin que al Omega le fastidiase su cercanía constante.

— Bien, levántate la camiseta. Y Satoru, suéltalo un momento.

— No lo haré, así que sigue con lo tuyo.

De nuevo, la pelea de miradas mientras Itadori se recostaba y levantaba su camiseta hasta la altura del pecho; Ieri ignoró — o intentó hacerlo — a Satoru en todo momento al tiempo que colocaba aquel gel frío sobre su abdomen y apoyaba el transductor del equipo, presionando.

— Ah...Ieri-san, no presiones tanto porque…— la mujer desvió la mirada hacia Itadori, frunciendo el ceño. Luego arqueó las cejas, sorprendida.

— ¿Has estado orinando mucho?

— Sí, demasiado. Muchas veces y mucha cantidad.

— Estás reteniendo mucho líquido, quizás por eso aumentaste tanto de peso.

El silencio incómodo que siguió a sus palabras sólo fue interrumpido por el sonido abrupto de los latidos del bebé; se escuchaba rápido y fuerte, tal y como si de un tambor se tratase. Ieri movió la pantalla del equipo para que ambos pudieran ver a la niña en aquel espacio reducido. Itadori entrecerró los ojos sin poder creer lo que estaba viendo, intentando acercarse a la pantalla.

— ¿Acaso está…?

— Ajá, se está chupando el dedo.— soltó Ieri casual mientras Itadori no podía dar crédito a lo que veía.— ¿Quieres esa imagen?

— Sí, por favor.

Con aquel estudio, toda posible duda remanente sobre el estado de su hija había sido sepultada. La niña crecía bien, tenía el tamaño adecuado y tanto el flujo sanguíneo de la placenta como sus latidos eran perfectos. Mientras Ieri secaba su vientre del aquel gel resbaladizo, Itadori se recostó del todo, suspirando aliviado. Iba a tener que pensar cómo bajarle al nivel de estrés sino quería volver a pasar otro susto más…

— Satoru.— la voz de Ieri llamó la atención de Itadori. Desviando la mirada hacia ella, la vio de pie a su lado, ambas manos en los bolsillos de su chaqueta blanca.

— Qué.

— Sal de aquí. Y hablo en serio. Necesito revisar a Yuuji adecuadamente y me estorbas.

— Puedes hacerlo conmigo aquí.

La mujer gruñó mientras se acercaba a Satoru sobre el cuerpo de Itadori, inclinándose. Satoru no cambió la expresión de su rostro y, pese a que había vuelto a colocarse aquella venda sobre los ojos que Itadori hacía mucho tiempo no le veía puesta, supo que su mirada debía ser amenazante por debajo de la tela. La tensión en el ambiente volvió a instalarse; Itadori no sabía exactamente a qué se refería Ieiri con "revisarlo adecuadamente", pero sospechando que aquello podía ser bochornoso, tanteó el colchón y encontrando la mano de Satoru, la tomó y presionó sólo un poquito. El Alfa desvió el rostro hacia él sin cambiar la expresión malhumorada que traía.

— Será sólo un ratito.

— ¿Quieres que me vaya?.— Itadori jadeó suavemente a punto de perder la paciencia. Satoru se estaba tomando aquello demasiado personal, tal y como si lo estuviera expulsando.

— Quiero estar a solas con Ieri-san. Es sólo…

— Yuuji, deja de intentar aplacar la situación. Si quieres echarlo hazlo y listo, no tienes obligación de soportarlo todo el tiempo, ¿qué eres, su pareja o su esclavo?

— Shoko.

Itadori se sentó de nuevo en la cama al ver que Satoru se había incorporado cuál alto era. Le llevaba al menos una cabeza a Ieri, y pese a que la cama estaba de por medio, el Omega percibió la amenaza en la postura corporal de Satoru. Aún así, Ieri no retrocedió sino que por el contrario, lo miró con mayor fastidio.

— Me iré. Sin embargo, ten cuidado con lo que dices. No te golpeo porque eres tú. Si te rompo la cabeza no tendré a quién recurrir si a Yuuji le sucede algo.

— Qué tierno y considerado eres. Ahora, sal de aquí.

Satoru se inclinó nuevamente hacia Itadori; su lenguaje corporal había cambiado completamente y el Omega ya no percibía la amenaza, su rostro un poco más relajado.

— Estaré ahí afuera cualquier cosa, ¿si?

— Claro.

Con un beso corto, se despidió de Itadori no sin antes empujar a Ieri antes de salir de la habitación.

— No quiero ni saber cómo estás viviendo en esa casa. Es insoportable.

— Sólo se comporta así cuando estamos fuera, en serio. Lamento que sea tan infantil.

— Más que infantil, te diría hormonal.

Ieri se sentó en el colchón, al lado de Itadori. El Omega aguardaba algún otro tipo de instrumentos, pero la mujer se limitó a jugar con un mechón de su cabello mientras parecía perdida en sus pensamientos.

— Satoru siempre fue así de tóxico. Cuando estaba con Suguru, no tienes idea de los desplantes que le hacía. Era mucho peor, de hecho.

— ¿De...De verdad?

Aquello, repentinamente interesó a Itadori. Satoru nunca le contaba nada de aquel pasado un tanto doloroso y turbulento salvo que Itadori buscara algún tipo de información particular. Ahora que se percataba de ello...Ieri había estado junto a ellos la mayor parte de su adolescencia. Si había alguien que sabía de esos temas, era ella.

— Así es. Suguru sólo dejaba que gritara, al cabo de un rato se le pasaba porque no encontraba la pelea que buscaba. Para ser un Alfa, Suguru siempre fue bastante pasivo en ese sentido. Por eso...bueno, fue un golpe muy duro cuando se fue. Nadie lo esperaba, de hecho.

— ¿Qué...qué hizo Satoru cuando sucedió todo aquello?

La mujer se tomó su tiempo para responder, su mirada aún perdida en algún punto fijo.

— Cuando Suguru se fue, Satoru ya sabía sobre el embarazo. Pensó varias veces en abortar, pero finalmente se decantó por tener al niño. Aún así, no pudo soportar criarlo y se lo dio a Mei Mei. No sé cómo será contigo o si algo ha cambiado con todo lo reciente, pero Satoru muy pocas veces nombra a Suguru. Es como si intentara sepultarlo y hacerlo desaparecer de su mente.

— No suele mencionarlo salvo que yo lo haga.

— No debió ser nada fácil...volver a verlo.

Un silencio un tanto incómodo se instaló entre ellos; había lagunas oscuras de información que Itadori no manejaba, pero podía hacerse una idea de todo lo que había sufrido Satoru en ese período de tiempo. Tampoco se había explayado demasiado para contarle qué había sentido cuando había visto el cuerpo de Suguru usurpado por otro hechicero, pero Itadori estaba seguro que como mínimo, se había molestado bastante.

— Bueno, eso ya no importa.— Ieri palmó e Itadori se sobresaltó, el tono de voz de la mujer cambiando completamente.— Ahora, Yuuji, levántate la camiseta.

— ¿De nuevo? Está bien…

— No, levántatela del todo.

Ah, ahora sí.

Itadori la observó fijamente mientras su mano aún sostenía la camiseta por encima de su vientre. De nuevo, su rostro lo delató antes que cualquier palabra, ruborizándose instantáneamente. Ieri aguardó pacientemente, pero al notar que Itadori no se movía ni hacía lo que le pedía frunció el ceño, confundida.

— ¿Sucede algo malo? Que no te dé pena, es un cambio fisiológico del embarazo.

— Ya lo sé, pero…

— A ver.

Ieri se movió sobre el colchón sin levantarse y se aproximó a su torso, extendiendo sus manos. El contacto suave de las manos ajenas sobre las suyas y la presión suave relajaron un poco a Itadori quien, aún inseguro y avergonzado, permitió que la mujer levantara lentamente su camiseta mientras el Omega aún recostado desviaba la mirada hacia otro lado, sintiéndose un tonto. Se sintió todavía más abochornado cuando percibió el tacto de la mujer sobre sus pechos, los dedos presionando y deslizándose por los costados.

— ¿Ves que no pasa nada? Hice salir a Satoru porque sabía que esto te daría pena, más delante suyo.

— Es...no puedo terminar de asimilarlo.

— Y te diría que crecerán un poco más...sólo que...noto tus glándulas un poco congestionadas, ¿te duele si aprieto?.— Itadori inspiró profundamente alcanzando el ápice de su vergüenza cuando la mujer presionó más firmemente sus pechos, acercándose peligrosamente a sus pezones.

— No, no me duelen.

— Yuuji...perdóname por lo que voy a preguntarte y que no te dé vergüenza decírmelo, y no me extrañaría...pero...ah…¿Satoru ha estado, no sé, estimulándote ésta zona?

— ¿Por qué lo dices?

De nuevo, Itadori se hundía solo por el tono defensivo que había utilizado.

— Porque tienes los pechos llenos de leche y si presiono correctamente, sale. Eso no sucede hasta casi antes de dar a luz. Es normal que cada tanto tengas alguna pequeña pérdida de un líquido un tanto translúcido, pero esto no es así, es blanco, ni siquiera tiene el color amarillento que debería tener.

— ¿Es...es malo?

— No, claro que no. Lo que te quiero decir es que se nota que ese hijo de puta ha estado prendido a ti, ¿ o me equivoco?

— No lo digas así porque me voy a morir de la vergüenza.

— Lo siento. ¿Es así, Yuuji?

Bueno, ya estaba. Jamás pensó siquiera que Ieri iba a revisarlo de aquella manera, mucho menos que iba a descubrir aquel secreto tan bochornoso. Itadori se sintió repentinamente expuesto, tal y como si la mujer hubiese abierto la puerta de su intimidad y se asomara sin pudor alguno. Resopló, resignado. Al menos agradecía que Satoru no estuviese presente, porque si ya la estaba pasando mal estando solo…

— Sí, bueno...sí, es así.

Ieri dejó de presionar sus pechos y colocó la camiseta en su lugar, cubriendo también su abdomen con movimientos suaves. Posó una mano en su vientre y cruzó las piernas, observándolo sin expresión alguna.

— No voy inmiscuirme en su intimidad, pero deberían detener esto, Yuuji. Ahora...puedo entender un poco mejor lo que te sucedió.

— ¿A qué te refieres?

— Mmh...mira, para hacértelo más fácil de comprender, digamos que si tus pezones son estimulados regularmente durante el embarazo, se libera una hormona que es la causante de las contracciones que también aumentan durante el trabajo de parto. Así que no me resultaría raro que me digas que las contracciones las sentiste justo después de que Satoru jugara al bebé contigo.

— Ieri-san…

— Lo siento. Pero es que me indigna que sea tan estúpido. No creo que el idiota se haya dado cuenta, pero aún así...si no quieres que esto vuelva a suceder, trata de frenarlo. Sé que debe ser difícil visto y considerando lo insoportable que es, pero explícaselo.

— Se va a echar la culpa. Seguro no sabía que podía tener ésta consecuencia.

— Yuuji, voy a aclararte una cosa. Satoru es tu pareja, no tu hijo. No lo consientas tanto, se malacostumbra y es peor.

— Pero...ya sé que no es mi hijo.

— No se nota. Pero bueno, allá ustedes. Haz lo que quieras, pero recuerda lo que puede suceder.

— Lo sé, no lo haremos más.

— Bueno. El resto está todo bien, así que...voy a dejar entrar al animal, ¿está bien?.— Itadori sonrió ante la palabra y asintió.

Ieri se incorporó y fue hasta la puerta; al abrirla, se asomó pero no la oyó llamar a Satoru. Aguardó un poquito más, curioso. Finalmente, la mujer pareció hablar con alguien de afuera pero como todo era en murmullos, Itadori no entendió qué era lo que decían. Volvió a ingresar y cerró la puerta, el rostro un tanto confundido.

— ¿Qué sucede?

— Está hablando por teléfono.

— Qué raro.— ambos bufaron ante la ironía.

— Supongo que…

La puerta recibió dos golpes secos; luego, se abrió sin esperar respuesta. Era Satoru y aún mantenía el teléfono pegado a su oreja.

En ese instante, al ver la expresión disimulada de su rostro, Itadori supo que algo andaba mal.

— Te lo encargo. Confío en ti.— dijo a la persona con la que hablaba.

Finalmente, Satoru cortó la llamada luego de oír algo más del otro lado de la línea. Guardó el teléfono en uno de sus bolsillos, pero no ingresó al cuarto.

— ¿Qué sucede?

— Yuuji, Yuta se quedará contigo un rato, ¿está bien? Tengo que hacer algo.

— Sí, está bien...pero dime qué sucedió.

— Nada grave, pero es algo que tengo que resolver yo mismo de una vez por todas.

— Ten cuidado, sea lo que sea.

— Volveré pronto.

Y sin mediar palabra, Satoru desapareció de la puerta casi literalmente. Itadori había sabido que Satoru no iba a soltar qué había sucedido y...estaba intentando no hacerse la cabeza, pero era imposible. A los pocos minutos de soledad y confusión junto a Ieiri, Yuta se encontraba allí con una expresión tan o más fastidiada que la de Satoru antes de irse. Al hacerle un par de preguntas, Itadori se percató con frustración que Yuta tampoco iba a decirle qué era lo que estaba pasando.

¿Qué carajo había sucedido?


¡Penúltimo capítulo ya de esta historia! Increíble que hayamos llegado tan lejos xD ¡Muchas gracias a todos los que no me abandonaron en mis ausencias durante este año y algo que estamos aquí juntos!

Nos leemos en el siguiente capítulo, el último.