Las seis (veinte, de hecho) etapas de la separación
Sumario: Dicen que hay seis etapas que debes vivir tras separarte de alguien a quien amabas. Pero las de Draco incluyen a su enemigo y de pronto todo es un poco confuso.
Género: Hurt/comfort. Romance (lento).
Claves: Drarry/Harco, sexto año. Voldy ya no está, digamos que le han ganando en el Ministerio en quinto año. Puedes llorar, pero hay final feliz.
Disclaimer: la última vez que revisé, HP todavía le pertenecía a la Innombrable.
Etapa 3: La (falsa) indiferencia
Harry ya no aguantaba. Si alguien más en el equipo de Quidditch le daba esa mirada sólo porque Ginny acababa de pasarle por un lado, iba a terminar destruyendo su taquilla con una corriente de magia sin varita.
Cerró la taquilla y no le importó no haberse terminado de cambiar. Abandonó los vestuarios mientras se ponía su camiseta y se lanzó un amuleto de calor al encontrarse en medio del frío de inicios de febrero.
Sus rivales en ese juego fueron los Slytherin. La otra puerta daba al vestidor que utilizaban y vio a Malfoy salir y arrojar una bludger hacia la entrada. Tenía la cara roja de rabia y empezó a dar zancadas de inmediato, hasta que notó a Harry a unos metros.
Desde lo de la enfermería, entraron en una especie de tregua. Ninguno tenía la energía ni la disposición para fastidiarle la vida al otro. Ya se la fastidiaban bastante por su cuenta.
Harry le saludó con un movimiento de cabeza tras unos segundos muy tensos. El Slytherin soltó un resoplido, intentó relajar la tensión de sus hombros y le devolvió el gesto.
—¿Enojados porque no les fue tan bien?
La primera reacción de Draco fue entrecerrar los ojos y mostrarle el dedo medio. Harry imitó el gesto.
—Estaban…diciendo unas cosas estúpidas —Draco meneó la cabeza. Entonces se fijó en él y arqueó las cejas, preguntando en silencio por qué iba medio vestido con el uniforme y medio con su ropa normal.
Harry ahogó un quejido y movió la cabeza hacia el vestidor.
—Lo último que necesito es una palmadita en la espalda y a alguien diciéndome en el oído "si no soportas ver a esa persona tan cerca, puedes cambiarte después, te avisaré cuando se vaya". ¿Por qué tendría que esperar? Yo también quiero cambiarme ya.
Draco arrugó la nariz por el disgusto.
—Considerando que ella fue la infiel, debería tener la decencia de dejar que tú te cambies primero sin ver su cara al menos.
—Oh, decencia —Harry no pudo evitar burlarse de esto—. Si es que hasta en la maldita Sala Común…no pienso volver a sentarme en ese sillón después de lo que vi ayer.
Draco soltó un sonido de asco y Harry sólo asintió, resignado.
Guardaron silencio porque las dos chicas del equipo de Gryffindor acababan de salir del vestidor. La primera caminaba muy rápido para alejarse de Ginny y por supuesto que le dio esa mirada a Harry.
Él contuvo un suspiro, se dijo que no era intencional y evitó ver a Ginny cuando le pasó por al frente. En su lugar, notó que Draco le mostraba el dedo medio a su espalda mientras se alejaba.
Esto le sacó una risita.
—Se lo merece y lo sabes —repuso Draco en un susurro—. Hazlo, hazlo.
Harry negó.
—No lo voy a hacer.
—Quieres hacerlo, hazlo.
—No —Harry se rio y volvió a negar.
—Tú te lo pierdes. Ya lo hago yo por ti.
Harry se rio más fuerte cuando Draco repitió el gesto con su otra mano. Tuvo que detenerse apenas empezaron a salir los Slytherin.
Varios se despidieron de Draco con una frase o una palmada en el hombro, mucho más sutil que las que daban los Gryffindor capaces de empujarlo hacia adelante, y Harry observó sus interacciones con mucha atención, buscando cierta voz, pero no la halló.
Draco debió notarlo, porque se burló en cuanto se alejaron lo suficiente.
—Buen intento, Potty entrometido, pero no lo vas a encontrar.
—¿No es de Slytherin?
—Ni de Slytherin ni de ninguna otra, estudia en Francia.
—Suertudo.
Se le había escapado sin pensar y luego se dijo que era un poco cruel decir que tenía "suerte" tras lo que escuchó ese día. Pero Draco soltó un bufido de risa.
—Sí, la verdad sí, no tengo que ver su cara a diario. Ya es algo.
Harry empezó a caminar de vuelta al castillo. Y también Draco. No es que fuesen juntos, es que iban al mismo sitio y por el mismo camino al mismo tiempo.
—Eres la primera persona que no me "sugiere" dejar el Quidditch por un tiempo para no tener que verla…
—¿Dejarlo? ¿Tú? ¡Lo que faltaba! —espetó Draco—. Hacerle la vida más fácil a alguien infiel no es opción. Yo no lo dejaría, me quedaría ahí bien plantado en mi maldito equipo, y si siente culpa cuando me ve, que la sienta, pero no hay razón para que tú te vayas cuando la otra persona hizo mal.
—Hermione mascullaba algo sobre salud mental y emocional…
—¿Pero tú quieres dejarlo?
—No —admitió Harry, negando—, volar me hace sentir mucho más tranquilo. Probablemente sea lo único estos días que me hace sentir tranquilo. Ni siquiera me importa si está o no, sólo es alguien más en el aire, yo voy por la snitch, lo demás…no importa por un rato.
—Pues sería una estupidez que lo dejes —concluyó Draco, encogiéndose de hombros—. Vuela más, en realidad.
—¿Qué?
—Que vueles más —repitió Draco, viéndolo de reojo—. Si te hace sentir tranquilo, vuela más. Puedes hacerlo cuando estés libre, sólo traes la escoba y ya, no pasa nada.
Harry paró de caminar y se sintió estúpido por no darse cuenta de que técnicamente el campo siempre estaba abierto. Claro, si un equipo tenía permiso de ocuparlo por completo, podría meterse en problemas, pero el resto del tiempo se encontraba vacío.
Malfoy también se había detenido y ahora lo veía con las cejas en alto. Los Slytherin que se fueron antes ya entraban al colegio y los pocos Gryffindor que se quedaron en el vestidor estaban por alcanzarlos.
En realidad, era muy buena idea. Probablemente la mejor sugerencia que le daban desde eso.
Harry empezó a caminar de vuelta.
—¡Voy a volar! —decidió. Hizo una pausa y lo miró por encima del hombro—. ¿Vienes?
—¿A volar contigo cuando está anocheciendo y podría ir al comedor que está caliente y lleno de comida? —Draco observó el cielo durante unos segundos y masculló algo—. En el campo no harán preguntas sobre cómo me siento, así que sí, voy al campo.
Harry siguió caminando y Draco fue detrás de él. Aceleraron hasta que estaban corriendo al pasarle por un lado a los demás Gryffindor. Uno preguntó a dónde iban y otro les gritó que los iban a meter en problemas a todos si se empezaban a pelear ahí mismo.
Ambos los ignoraron. Entraron al campo, buscaron las escobas y se subieron de forma errática y torpe. Estuvieron por estrellarse antes de poner la distancia mínima y sentir la brisa helada de una noche de invierno contra la cara.
Draco maldijo incluso a Merlín mismo por el frío que hacía y Harry se empezó a reír de nuevo.
—¿Tu madre te ha oído diciendo eso?
—Mi madre me lo enseñó —repuso Draco—, no intencionalmente, pero fue ella.
No tenían mucho que hacer ahí con los artículos ya recogidos y guardados bajo llave, así que sólo volaron de un lado al otro. Se persiguieron, se separaron y volaron por su cuenta, volaron hasta casi tocar la hierba, luego más alto que los postes y gradas superiores del campo y en picada hasta abajo.
Tras largo rato, Draco se recostó en el centro de la escoba, por lo que su cabeza quedó en la parte delantera del mango y sus piernas caían junto a la parte inferior. Harry no sabía hacer eso, así que lo intentó. Estuvo por caerse dos veces, hasta entender cómo mantenía el equilibrio apoyándose justo sobre la columna.
No se dio cuenta de que lo estaba halagando hasta que terminó de decirlo.
—Tienes un equilibrio increíble. Incluso de pequeño. No creo que la mayoría de los niños de once años puedan ponerse de pie sobre la base de la escoba, avanzar así y luego sentarse estando en el aire…
La escoba de Draco estaba un poco por encima de la suya y lo vio darse la vuelta, haciendo uso de ese gran equilibrio, para recostarse boca abajo. Su mejilla estaba presionada sobre el palo de la escoba, uno de sus brazos se sostenía de esta y el otro caía por un costado.
Le mostró lo más cercano a una sonrisa que se le podía dar a alguien a quien odiabas.
—Supongo que es algo de lo que siempre he podido presumir y ni siquiera tú me lo negarás.
—Es mejor verte presumiendo —alegó Harry.
No mencionó esa tarde, pero ambos sabían que se refería a eso. Había algo sobre la voz de Draco quebrándose que estaba mal, que era incorrecto en muchas formas, aunque no supiese cómo explicárselo a otra persona, ni siquiera al mismo Malfoy.
—Tampoco te pases —Draco arrugó la nariz de forma teatral—, ya voy a pensar que me vas a pedir algo, Potter.
Harry soltó un bufido de risa.
—¿Qué podría pedirte yo a ti, Malfoy?
—No sé, eso es lo preocupante —indicó el Slytherin, muy serio.
Harry sólo meneó la cabeza y se acomodó para sentarse en la escoba. En verdad que era difícil cambiar tanto de posición, Draco lo hacía ver más fácil.
Las luces ya estaban encendidas en el castillo y el campo se encontraba casi en su totalidad a oscuras. Ya debían estar cenando.
Harry contempló la silueta del castillo a lo lejos y suspiró. Era una de esas pocas ocasiones en que no se sentía emocionado por estar allí.
De pronto, tuvo una idea y sonrió.
—Oye —Harry alzó la cabeza. Draco ya se había sentado también—, ¿quieres quejarte sin que te haga preguntas?
—¿Disculpa? —Draco arrugó el entrecejo.
—Tengo una idea —aclaró él, divertido—. Te estoy preguntando si te quieres quejar de esa persona sin que te hagan preguntas. Quejarte en serio. Muy fuerte. Gritos, si quieres.
Por lo que podía ver entre la oscuridad, Draco lucía interesado en la idea.
Harry señaló hacia cierta zona del castillo.
—Intenta llegar antes que yo.
Cometió el error de pensar que Draco esperaría una señal o haría más preguntas frente a un reto. En un instante, ya volaba hacia allí a gran velocidad y Harry tuvo que apresurarse para alcanzarlo.
Faltaron a la cena.
