Las seis (veinte, de hecho) etapas de la separación

Sumario: Dicen que hay seis etapas que debes vivir tras separarte de alguien a quien amabas. Pero las de Draco incluyen a su enemigo y de pronto todo es un poco confuso.

Género: Hurt/comfort. Romance (lento).

Claves: Drarry/Harco, sexto año. Voldy ya no está, digamos que le han ganando en el Ministerio en quinto año. Puedes llorar, pero hay final feliz.

Disclaimer: la última vez que revisé, HP todavía le pertenecía a la Innombrable.


Etapa 6: Haces una tontería

Draco quemó todo lo que podía quemar. Las cartas, los dibujos que recibió de él, cualquier rastro tangible de su conexión que tuviese en su cuarto. Lo puso en una pila en la chimenea de la Sala Común a medianoche y se quedó allí, viéndolo arder.

Sólo faltaba una cosa.

Lo que estaba en su dedo.

Draco presionó la mano derecha sobre su rodilla y se pasó un rato observándolo.

Le parecía una tradición estúpida ahora que lo pensaba. Cuando se consideraba que una relación entre sangrepuras "tenía futuro", que era "seria" según los estándares que les enseñaban desde pequeños, se entregaban anillos. No era un compromiso, eso lo hubiese aterrado, no estaba ni cerca de sentirse listo y eran muy jóvenes.

Pero era…algo.

Significaba algo.

Bueno, significaba mucho para Draco al menos. El anillo era plateado y se usaba en el dedo medio, no el anular. Él se lo había diseñado. Draco diseñó el contrario.

Todavía lo estaba usando la última vez que se vieron.

Qué estúpido se sentía teniéndolo en su dedo.

Se lo retiró con cuidado y lo mantuvo contra la palma de su mano. Lo apretó, pasó el pulgar sobre el borde varias veces, volvió a cerrar sus dedos en torno a este y a observar el fuego en la chimenea.

Su cabeza estaba llena de ruido. Demasiados pensamientos, demasiadas ideas, iban a un ritmo tan acelerado que casi no las podía identificar.

Se sentía como si todas las discusiones de los últimos días estuviesen ocurriendo de nuevo. Al mismo tiempo.

Podía oír su voz tranquila y las disculpas. Siempre había disculpas y promesas. Y eso al principio le bastó.

Pero las últimas semanas había llorado casi todos los días.

Nunca una persona le dio tanta paz. Ni lo hizo sentir tan miserable después.

Ya debería ser suficiente. Ni siquiera creía que le quedasen lágrimas para esto. Para esta persona.

Tiró el anillo en el centro de las llamas. No debía destruirse tan fácilmente, pero quedaría enterrado entre las cenizas de todo lo demás y eso estaba bien. Su dignidad no le iba a permitir ensuciarse con cenizas rebuscándolo ni en su momento más desesperado.

Probablemente su dignidad fuese lo único de lo que se podía sostener en ese momento, así que pensaba aferrarse a ella.

Tú no haces estas cosas, se decía, observando el fuego. Tú no haces estas cosas. Tú no necesitas esto. Ya fue suficiente.

Has tenido suficiente.

Has dado suficiente.

El ruido en su cabeza fue calmándose y la sensación que apretaba en su pecho fue reemplazada por el ardor de algo que era muy similar a la rabia, mientras se recriminaba haber aguantado más de lo que debió aguantar y todavía decirse que bastaría con hablarlo, que eso seguro lo arreglaría, aunque ya lo hubiese intentado montones de veces.

Draco se dejó llevar por la rabia.

Y sí, hizo una estupidez.

Y no, no debió hacerlo.

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Potter estaba sobre la escoba en el campo de Quidditch. Volaba bajo y muy lento, sólo rozando la parte superior del césped con las puntas de los pies. Parecía concentrado en lo que hacía hasta que notó la presencia de Draco.

—Qué cara tienes…—murmuró, siguiéndolo con la mirada.

Draco avanzó a zancadas con su propia escoba y se subió de un salto sin detenerse en ningún momento. Estaba tan enojado que voló rápido y hacia arriba, lo más alto que pudo en unos segundos, y se lanzó en picada.

Tuvo el impulso estúpido de dejarse estrellar contra el campo, pero tampoco se consideraba tan imbécil como para causarse eso, así que se niveló a último momento, con la respiración agitada y los pies rozando el suelo.

Harry lo observaba con atención, como si estuviese preguntándose si tenía que intervenir.

Draco le regresó la mirada y sintió que toda esa rabia salía como una ola y ya no la podía parar.

—¡No puedo bailar con alguien más! ¡Qué idiota! ¡Qué estúpido!

—¿No puedes…qué? —Harry parpadeó varias veces hacia él, aturdido.

Ahora que había "abierto" esa llave, tenía que dejar salir todo esto o explotaba.

—¡Bailar con alguien más! No se puede ser más estúpido. Bailamos cuando nos conocimos. Era un estúpido evento y había una estúpida canción y me invitó a bailar. Y siempre bailábamos porque a mí me gusta mucho. ¡Y ahora no puedo bailar con alguien más!

Draco se empezó a reír de pura desesperación.

—¡Invité a un Ravenclaw a salir! Lo invité, ¿entiendes? Lo invité y pensé…pensé que estaba bien. Y estuvo bien. Por un rato. Pero luego ya no, porque me besó. Y no fue bueno. Sí besaba bien, pero no fue bueno, ¿entiendes? Entonces luego…luego íbamos a bailar, pero no podía, ¡no podía! ¡Qué imbécil! ¡Qué forma de arruinarme algo que me gusta! ¡Yo mismo me lo arruiné porque pensé que era algo "nuestro"! ¡QUÉ IDIOTA!

En cierto punto, ni siquiera estaba seguro de quién era el "idiota". Probablemente hablaba de sí mismo.

—¿Intentaste salir con alguien más estando…así? —Harry lucía bastante consternado—. ¿Esa persona sabía que…estás así?

Draco sólo lo observó con completa confusión. Su problema era que no podía ni sostener la mano de alguien más e invitarle a bailar porque recordaba todo. Todo, todo, todo, en especial lo malo.

No entendía su pregunta y su expresión debió dejarlo en claro, porque Harry meneó la cabeza y se bajó de la escoba.

—Abajo.

Draco seguía confundido, así que él lo repitió en el tono duro que usaba para darle una orden al equipo de Quidditch cuando no se comportaban:

—Abajo, Malfoy.

Draco descendió despacio. Aún tenía la escoba en su mano cuando Harry caminó hacia él dando zancadas y le sujetó el cuello de la camisa.

Lo sacudió con tanta fuerza que, por un segundo, pensó que empezarían a pelearse en ese mismo instante. Pero Potter no quería pelear ni lastimarlo, quería que reaccionase.

—¡¿Pero qué te pasa?! —le gritó y su voz tembló—. ¡¿Tienes alguna idea de cómo se siente cuando te das cuenta de que te están besando pensando en alguien más?! ¡Eso no se hace, idiota! ¡No sales con alguien estando así! ¡No buscas a alguien más estando así! ¡Eso no se hace!

Draco abrió la boca y la cerró, incapaz de decir cualquier cosa.

Hizo un rápido repaso de esa "cita" y recordó la expresión del chico cuando Draco se apartó de pronto.

Obviamente se había dado cuenta de que algo pasaba.

—Bien, eso fue…admito que eso fue…soy más idiota de lo que pensaba, sí —masculló Draco, de mala gana.

Las manos de Harry temblaban, por lo que su agarre no era firme y ya no lo podía sacudir bien. Draco intentó sostenerle las muñecas, pero él se alejó enseguida.

Se sintió peor al fijarse en la mirada que le daba y preguntarse si le había hecho pensar en ella.

Parecía que todo le salía mal estos días, hasta lo más simple.

—Sólo…sólo no le hagas eso a nadie —Harry se envolvió con sus propios brazos—. No lo hagas. No hagas que sean una opción.

—No lo haré —Draco procuró contestarle en tono muy suave—. Es que soy idiota…claramente no iba a servir de nada. No estaba bien. Y yo sabía que no estaba bien, sólo…

No podía explicar en qué pensó, porque sonaría todavía más estúpido fuera de su cabeza.

Harry evitaba mirarlo y ahora le preocupaba haber arruinado algo más, algo que estos días le estaba ayudando mucho y que en verdad no quería dañar.

En serio nada le salía bien.

Draco soltó la escoba y caminó hasta el borde del campo. Se sentó allí, de espaldas a las gradas. Necesitaba calmarse un poco para que su cabeza parase de decirle lo estúpido que era de las formas más variadas y creativas en que podía pensar.

Tras un largo rato en silencio, Harry caminó hacia él. Recargó la escoba en las gradas y se agachó frente a Draco.

—Oye…hm…

Acercó su mano, pero luego la alejó y frunció el ceño, porque debió recordar que ellos no eran amigos. Ni siquiera ellos podrían explicar lo que pasaba ahí, pero no eran amigos y eso lo tenían claro. No era como si pudiese abrazarlo igual que Pansy o Blaise y decirle que todo el mundo hacía estupideces y que le iba a lanzar una maldición si lo repetía.

—Siento que no puedas bailar con alguien más —Fue lo que murmuró al final—. Debe ser horrible si te gustaba mucho.

Draco tuvo que tragar con fuerza para pasar el nudo que se le formó en la garganta.

Estaba tan enojado desde que sucedió, pero con sus propias acciones, sintió que era una tontería. Que lo exageraba todo.

Sí se sentía horrible. Era una "tontería" y se sentía horrible. No por parecer absurdo dejaba de sentirse mal.

Draco asintió lentamente.

—Lamento…que esa persona te hiciera sentir que eras una opción.

Oyó un ruidito ahogado y apartó la mirada de inmediato. No sentía que a Potter le encantase que lo viese llorar. No por esto. Esto era diferente.

Mantuvo la vista en el césped en medio de ambos y tuvo que tragarse el nudo en su garganta un par de veces más. Qué lamentable era oír esos ruiditos que hacía intentando contener el llanto. No se imaginaba que alguien que se suponía que lo quería no sintiese todo lo que le dolía oyendo eso. O que pudiese seguir repitiendo las mismas acciones tras oír eso.

Tras unos momentos, los soniditos fueron reemplazados por respiraciones profundas. Se fueron haciendo menos frecuentes, hasta desaparecer por completo.

Por el rabillo del ojo, notó que Harry se sentaba en el césped y luego se dejaba caer hacia atrás. Quedó recostado sobre su espalda.

—Estoy cansado —susurró— y ya no tengo ganas de nada.

Draco también se tendió en el césped. Era picoso y estaba muy frío porque apenas le quitaron la nieve. Probablemente deberían lanzarse unos amuletos de calor si no querían correr el riesgo de enfermarse, pero esperaría un poco más, porque tampoco tenía la energía para sacar la varita y poner su cabeza a trabajar en el hechizo.

—No se puede estar más hasta el fondo, ¿no? —Draco intentó reírse de sí mismo, pero el sonido no le salió bien.

—Podría ser peor —aclaró Harry. Su voz estaba un poco ronca.

—¿Cómo?

—Podría decirle que volviésemos y convencerme de que no lo hará otra vez.

—Ni se te ocurra, Potter. Hay límites para la estupidez.

Escuchó algo que también intentó ser una risa de su parte.

—Maldíceme si lo intento.

—Por supuesto que te voy a maldecir si me llego a enterar de que quieres hacer eso —repuso Draco—. Mejor parar a la enfermería que eso.

—Yo te voy a maldecir si le intentas contestar las cartas entonces.

—Me harías un gran favor, Potter.

—Sería un honor, Malfoy. Prometo que no pasarás tantas noches en la enfermería.

—Asegúrate de que sea al menos una semana —insistió Draco—. Entre la detención que nos van a poner después, con suerte, no tendré tiempo de pensar hasta el final del año.

—¿Deberíamos conseguir una detención a propósito? Podríamos hacerlo…

—No tengo energía para pelearme contigo hoy —protestó Draco—. ¿Acaso tú sí?

Oyó un par de sonidos y quejidos que le hicieron pensar que intentaba sacar la varita de su bolsillo, pero por la posición en que debió recostarse, no podía.

—No —Harry se rindió—. No habrá pelea hoy.

—Será para la próxima, Potty.

—Sí, para la próxima.

En verdad el campo estaba helado ese día. No podía explicarse cómo no se enfermaron.


El que le sigue a este es uno de mis favoritos entre TODO lo que he escrito de Drarry. Originalmente iba a dejarles con la intriga, pero no me aguanto ni yo, jAJAJA