Las seis (veinte, de hecho) etapas de la separación
Sumario: Dicen que hay seis etapas que debes vivir tras separarte de alguien a quien amabas. Pero las de Draco incluyen a su enemigo y de pronto todo es un poco confuso.
Género: Hurt/comfort. Romance (lento).
Claves: Drarry/Harco, sexto año. Voldy ya no está, digamos que le han ganando en el Ministerio en quinto año. Puedes llorar, pero hay final feliz.
Disclaimer: la última vez que revisé, HP todavía le pertenecía a la Innombrable.
Etapa 10: Pruebas algo nuevo
Draco no pudo contener un bostezo, lo que hizo que Pansy le diese un manotazo en señal de reprimenda.
—¿Me estás escuchando o estás fantaseando con Potter?
—Fantaseando con Potter —decidió Blaise al ver que Draco empezaba a arrugar el entrecejo.
—Mira, a mí me parece muy bien que ya estés más…—Pansy gesticuló con las manos al no saber explicarse. Luego debió cansarse de intentarlo, porque emitió un sonidito de disgusto y fue menos sutil—. Me alegra que le des al imbécil el lugar que se merece en tu vida, que es ninguno, la inexistencia misma. Pero no sé si salir con un Gryffindor sea…la mejor forma de superar esta etapa.
—Bueno…es una forma muy atractiva de superar una etapa —reconoció Blaise, despacio—, aunque sea un Gryffindor, hay que admitir que…
Draco ahora los veía con un muy obvio ceño fruncido y la nariz arrugada.
—No es nada de lo que están pensando.
—¿Entonces qué hacen? —preguntó Pansy con genuina curiosidad.
No estaba seguro acerca de cómo explicarle que la noche anterior descubrieron que el agua del Lago Negro sigue siendo helada a mediados de la primavera. Tampoco creía que le debiese una explicación detallada, así que sólo se encogió de hombros.
Pansy no estaba muy feliz con la respuesta, pero no pudo decir gran cosa, porque el hechizo alarma que Draco colocó antes de empezar con sus tareas le avisó que ya eran las cinco de la tarde.
Empezó a recoger de inmediato ante la mirada sorprendida de sus amigos.
—Eh, ¿a dónde vas…?
—Con Potter, claro —soltó Pansy, rodando los ojos.
—¿Ya terminaste? ¿Me prestas tu tarea si ya terminaste? —Blaise sonrió y agitó las pestañas, un truco que debió aprender de su madre al pedir algo.
—No te voy a prestar mi tarea, haz la tuya —Fue lo único que respondió Draco mientras echaba un vistazo a la mesa para comprobar que no se le quedaba nada.
—¡Vuelve antes del toque de queda! —le recordó Pansy—. ¡Hoy no tienes la excusa de la ronda nocturna!
Por supuesto que la bibliotecaria la regañó por alzar la voz así. Draco sólo agitó el brazo y abandonó la biblioteca.
Potter lo había citado en un pasillo en particular, y después de las últimas semanas, ya tenía memorizados algunos atajos de su mapita mágico. No era que él se los mostrase, sólo lo abría frente a Draco y no podía esperar revelarle secretos así a un Slytherin sin que este prestase el doble de atención.
Ya estaba ahí cuando Draco salió de la parte de atrás de un retrato. Harry le tendió su mano y lo ayudó a salir y Draco se burló diciéndole que era "todo un caballero".
—Bien, aquí estoy —Draco exhaló y se sacudió la ropa para eliminar cualquier posible rastro de tierra o polvo del atajo—. Hoy te tocó elegir a ti. ¿A dónde vamos?
La verdad es que no sabría explicar por qué seguían reuniéndose. Harry ya parecía mucho más centrado sobre lo que debía hacer y lo que no. Draco sentía que estaba bien estos días.
Su excusa de huir del resto no funcionaba desde que Pansy decidió que ahora estaba prendado de Potter y por eso no se preocupaba por aquella persona. Y por el lado de Harry, tenía la ligera impresión de que Ron sospechaba que la orientación de su mejor amigo no era "hetero", pero le preocupaba preguntar directamente.
Ellos en realidad no tenían nada como lo que insinuaba Pansy. Ni de cerca.
Pero, por alguna razón, se sentía a gusto estos días con él. Y a Harry debía pasarle lo mismo.
Supuso que en algún punto sólo se dijeron "bueno, esto es divertido, sigamos" y llegaron a una especie de acuerdo implícito en que escapaban del resto algunas veces a la semana.
Este era uno de esos días.
Harry le hizo un gesto para que caminase detrás de él y Draco arrugó el entrecejo al reconocer el aula a la que se dirigía.
—¿Por qué vamos al salón del club de música…?
—Porque acaba de llegar un órgano —le contó Harry, mirándolo por encima del hombro— y tú tocas el órgano. Dijiste que te hacía falta desde que se dañó el de la Sala Común de Slytherin.
Oh, sí, él recordaba haber mencionado algo de eso. El órgano de Slytherin se encontraba en una esquina húmeda y era muy antiguo, quizás de la época en que el instrumento fue creado. No era raro que se dañase, pero ahora Draco no podía pasarse un rato allí y fingir que sólo existían él y las teclas.
Vio de reojo a Harry, que tenía una sonrisita divertida, como si fuese una cuestión de lógica que iba a recordar este comentario al azar entre todo lo que le decía estos días.
Draco sólo negó, divertido, y se fijó en el instrumento recién instalado frente a ellos, en una de las paredes del aula.
El club de música no tenía una reunión ese día. Debió pedir permiso, o conociendo a Potter, usar un hechizo para abrir la puerta. Algunos instrumentos se encontraban a un lado, junto a los asientos donde se instalaban los miembros de la orquesta del colegio, y había una tarima al otro lado del salón con varias plataformas para los grande sapos que dormían ahí. Supuso que alguien los buscaría por la noche.
El órgano estaba en medio de ambos espacios y Draco avanzó un par de pasos sin pensar, antes de darse la vuelta. Harry lo alentó con un asentimiento y gestos de las manos, y aunque fuese absurdo, se sintió más confiado después. Se sentó en el banquillo frente al instrumento y rozó las teclas con los dedos.
Este era mucho más nuevo que el que solía estar en Slytherin y no tan espectacular como el de la Mansión, pero su mente, su cuerpo, reaccionaban al tener las teclas al frente. Eso era lo más importante. Comenzó a probarlas una a una para asegurarse de que el sonido salía de la manera en que debía hacerlo.
Harry se recargó en la pared al otro lado del aula, cruzado de brazos y sin quitarle los ojos de encima. Draco no podía verlo, pero sabía que estaba ahí y que recibirían el regaño juntos si no se suponía que estuviesen aquí.
Dejó de preocuparse por eso. Por todo. Sólo cerró los ojos y empezó a tocar una canción que se sabía desde que era un niño, una de las favoritas de su padre. Le gustaba tocarla para él y ver su expresión orgullosa.
La canción no era larga, se trataba de una tonada bastante vieja de su familia y la mayor parte se había perdido, por lo que después pasó a otra que conocía desde hace años. Y luego otra. Entonces acabó tocando algo al azar sólo para poder sentir los dedos contra las teclas.
—Esa me gusta más que lo que otro que tocaste.
Draco ralentizó sus movimientos y lo miró por encima del hombro. La expresión de Harry era muy tranquila al observarlo.
—Esa no es una canción real —No pudo evitar sonar algo divertido al decirlo.
—¿No? —Harry arrugó un poco el entrecejo—. Pues la acabo de escuchar. A mí me pareció muy real.
—Me refiero a una canción compuesta. Una canción de verdad. No tiene notas, no tiene…nada, estaba tocando lo que quería tocar —aclaró Draco.
—¿Y por qué eso sería malo?
Draco abrió la boca y luego la cerró. Sacudió la cabeza.
—Supongo que no es malo…
—No lo es —afirmó el Gryffindor sin el menor conocimiento en teoría musical, pero con una convicción contagiosa—. ¿La vuelves a tocar?
Era un poco difícil porque no estaba seguro de qué tocó y en qué orden lo hizo, así que se fijó en las teclas e intentó replicar algo similar. No fue igual, pero sonó como una continuación de la misma melodía.
Fue una experiencia diferente de tocar en casa y recibir correcciones de sus padres o en la Sala Común y oír comentarios de sus compañeros que parecían sacados de un manual sangrepurezco de buenos modales. Harry no tenía la menor idea de lo que estaba oyendo, sólo que sonaba bien para él.
Incluso si Draco erraba una nota o alteraba el ritmo que llevaba, no le importaba. Draco no tenía que voltear el rostro para buscar aprobación ni tampoco parar de tocar cuando se emocionaba para no perder la compostura en público. Y las "interrupciones" de Harry le resultaban extrañas y graciosas.
—¿Y esa?
—¿Esta? —Draco volvió a presionar la tecla que acababa de finalizar la melodía.
—Suena bien —alegó Harry—, incluso sola suena bien. Me gusta.
—¿Sabes cómo se llama esa nota?
Harry boqueó.
—¿Tienen nombres?
Draco lo invitó a acercarse con un gesto. Harry titubeó al hacerlo, hasta que le indicó que se sentase. Quedaban un poco apretados en el banquillo, pero era la mejor manera de que viese las teclas de cerca.
Él comenzó a explicarle cómo se llamaba cada una de las notas. Tocaba la tecla y lo invitaba a tocarla también. Primero parecía muy nervioso, como si creyese que el instrumento era mil veces más delicado de lo que en realidad era.
Luego Draco empezó a tocar algunos conjuntos de notas y lo hizo seguirlo. Era divertido porque recordaba la secuencia, pero no la tocaba dos veces al mismo ritmo. O lo hacía muy rápido o lo hacía increíblemente lento y en ambos casos la melodía sonaba diferente de la que Draco estaba enseñándole.
—Estoy tocando en allegretto y tú estás tocando en presto, casi llegando a prestissimo.
—¿Que yo qué de dónde? —Harry sólo parpadeó hacia él, sus ojos por completo confundidos a través del cristal.
Draco logró que mantuviese un ritmo más o menos similar y tocó una secuencia diferente, por lo que ambas sonaban casi a la par como un solo sonido. Harry estaba impresionado.
Iba a decirle algo cuando oyeron a un sapo croar. Draco se alarmó, giró el rostro y estuvo a punto de caerse del banquillo al percatarse de que uno de los sapos estaba despierto. No sólo eso, después de avisar de su presencia, saltó sobre las piernas de Potter.
—¡Aleja esa cosa de mí!
Harry echó la parte superior del cuerpo hacia atrás y sacó la varita. Debía tener intenciones de levitarlo sin lastimarlo, pero se alarmó cuando Draco se puso de pie y casi tropezó con otro, por lo que gritó todavía más fuerte.
El primer sapo se aburrió y abandonó el regazo de Harry. Sólo cuando este se levantó, ambos descubrieron que las plataformas de descanso estaban vacías.
Los sapos ya se encontraban en el suelo de la sala o la estaban abandonando por la puerta. Debieron moverse en silencio, acostumbrados a no interrumpir las melodías en que no eran requeridos por la orquesta del colegio.
—¡Se escapan! ¡Potter, se escapan!
—Deberían poder irse…¿no?
Intercambiaron miradas igual de horrorizadas. No estaban seguros de si deberían salir de ese modo o esperar que viniesen a buscarlos.
Ambos echaron a correr, varitas en mano, detrás de los animales.
Fue difícil explicarle al profesor encargado del club por qué los encontró levitando sapos de regreso a un aula que se suponía que estaba cerrada hasta las siete de la noche.
Sólo por si a alguien le da curiosidad, le ahorro el viaje a San Google: allegretto y presto son nombres de tempos, básicamente son lo que marca el ritmo de una melodía. Allegretto es "un poco animado" y presto es "rápido". Prestissimo es todavía más rápido que presto. El resumen es que Harry iba muy rápido, jAJAJA
