Las seis (veinte, de hecho) etapas de la separación

Sumario: Dicen que hay seis etapas que debes vivir tras separarte de alguien a quien amabas. Pero las de Draco incluyen a su enemigo y de pronto todo es un poco confuso.

Género: Hurt/comfort. Romance (lento).

Claves: Drarry/Harco, sexto año. Voldy ya no está, digamos que le han ganando en el Ministerio en quinto año. Puedes llorar, pero hay final feliz.

Disclaimer: la última vez que revisé, HP todavía le pertenecía a la Innombrable.


Etapa 11: Te vienes abajo

Malfoy no llegó a su salida del día. Era extraño, porque no le avisó de ningún modo y no había faltado hasta ahora sin una explicación previa. La única vez que cambiaron su fecha de encuentro fue porque tenía una reunión imprevista con otros Prefectos por un problema con unos estudiantes menores.

Harry caminó por la calle principal de Hogsmeade, dándole sorbos a su cerveza de mantequilla que cambió a un envase de plástico muy al estilo muggle que Hermione consiguió para él. No paraba de mirar alrededor. No diría que lo estaba buscando y mucho menos esperando (su reunión debió ser hace más de una hora), pero tenía una sensación bastante fuerte de que había algo fuera de lugar. Había algo mal ese día.

No localizó a Draco en ninguna parte del pueblo. Regresó a las Tres Escobas y descubrió que Ron estaba a mitad de una discusión con su hermana menor. Tenía la cara tan roja como el cabello y Hermione le jalaba el brazo, diciéndole que se detuviese y probablemente siendo la única de los tres que tomaba en cuenta que tenían un muy atento público de estudiantes.

Ron sólo se calló porque notó que Harry había entrado al local. Se sacudió para que Hermione lo soltase y masculló algo.

—Sí, ya, ¡ya! ¡Está bien! Vámonos. Qué importa. Mejor si no veo su cara…

Ginny le quiso contestar con algo mordaz acerca del parecido físico entre ambos y Hermione fue la que se hartó. Se giró y le gritó. Hasta Ron y Harry se sorprendieron.

—Bueno, bueno —Ron puso una mano en la espalda de Hermione y la intentó incitar a seguir caminando—, ahora eres tú quien se tiene que calmar un poco, vamos, vamos, respira…

Harry tenía una sonrisita divertida cuando abandonó el local.

Al menos sabía que podía contar con sus amigos, no sólo para salvar el mundo, sino también para las cosas más "cotidianas".

No pudo evitar preguntarse si Draco podría contar con sus amigos del mismo modo en que Harry lo hacía con los suyos. Esa sensación de que algo andaba mal seguía ahí y no le permitía disfrutar de la visita al pueblo.

En el camino de regreso, identificó el cabello negro de Pansy y murmuró algo para sus amigos antes de correr hacia allí. Iba junto a Theodore Nott, que le dirigió una mirada que mezclaba confusión y desagrado.

Harry se centró en ella.

—¿Le pasó algo a Malfoy?

Pansy arrugó el entrecejo y miró de reojo a Theodore, como quisiera una segunda opinión acerca de lo que podía o no decir al respecto.

—¿Eso es asunto tuyo? —La voz de Theodore fue bastante tranquila. No lo acusaba de nada, no lo odiaba, sólo preguntaba algo.

Harry boqueó por unos segundos.

—Pues…sólo quiero saber si le pasó algo.

—¿Pero es asunto tuyo? —repitió él, más tranquilo mientras más se frustraba Harry—. ¿Son amigos?

No, no eran amigos. No creía que fuesen amigos.

Pero no podían esperar que se quedase tranquilo si adoptaban esta actitud que gritaba a todas luces que algo sí le sucedió a Malfoy.

Ya que no le daban una respuesta, Harry echó a correr hacia el castillo.

Si había algo por lo que siempre le recriminaban, era por meterse donde no lo llamaban. Eso no había cambiado ese año.

Buscó la capa de invisibilidad y se dirigió a las mazmorras, oculto bajo ella. Se perdió durante unos minutos, antes de divisar a unos Slytherin de tercero que iban hacia su Sala Común. Los siguió hasta la entrada y se deslizó más allá del marco, pasándoles por un lado sin rozarles.

Era tan fría y elegante como la recordaba de su segundo año. Harry reparó en el órgano dañado en una esquina y tuvo que recordarse lo que hacía allí. Le costó descubrir dónde estaban las habitaciones, ya que se encontraban detrás de una pared que convertía el pasillo en una especie de pasaje oculto. Muy apropiado para las serpientes, en su opinión.

Deambuló durante unos minutos en el pasillo. Los cuartos no tenían una placa con el año como en la Torre de Gryffindor, sino unos símbolos que no tenía la menor idea de qué significaban.

¿Por qué los Slytherin tenían tal necesidad de complicarse con todo?

Por suerte, una puerta se abrió y vio a Blaise salir. Tuvo que apartarse enseguida para que no lo alcanzase y rodearlo tan rápido como era capaz para entrar antes de que cerrase la puerta. Puede que haya notado algo, porque se quedó mirando el vacío durante un segundo, pero debió pensar que se trataba de su imaginación, ya que después cerró la puerta.

Harry estaba adentro. El cuarto era mucho más grande que el suyo en la torre, sus camas, acomodadas en una línea, tenían doseles más gruesos y mantas de materiales lujosos. Pero hacía frío y era oscuro. No sabía cuántos hechizos tendrían que usar para poder dormir a gusto.

Draco se encontraba sentado frente a la única caldera del cuarto, que estaba pegada a la pared contraria a las camas. A pesar de que tenían un sillón ancho y una mesa de escritorio para dos personas, se había instalado en la alfombra, con las piernas flexionadas contra el pecho y los brazos rodeando sus rodillas.

Había pedazos de papel rasgado a su alrededor. Pergaminos y papeles de otro tipo. Harry distinguió trazos en muchos de ellos. Palabras, quizás.

Escuchó que Draco sorbía por la nariz y contenía un quejido y Harry realmente tuvo una sensación física de que algo en su pecho se partía un poco. Él mismo se sorprendió por esta reacción.

Caminó hacia él con cuidado, pero alertando de su presencia al darle golpecitos a los muebles, mientras se sacaba la capa.

Draco lo notó y giró la cabeza hacia él. Tenía los ojos y la nariz enrojecidos y rastros de lágrimas por toda la cara. Ni siquiera cuando lo asustó en tercer año con la capa puso tal expresión de horror.

—¿Por qué te has metido otra vez aquí? —masculló, girando el rostro de inmediato para evitarlo. Puso sus ojos en la caldera.

Harry enrolló la tela de la capa y se sentó a su lado en la alfombra. Ignoró todos esos papeles, y ya que no hubo una reacción negativa, supuso que fue lo mejor.

—¿Qué quieres decir con…?

—Segundo año —recordó Draco, de mala gana.

Oh, bien. Tal vez fue ingenuo de su parte creer que nunca se daría cuenta.

—Nos íbamos a encontrar hoy y no llegaste. Me…preocupé.

Se sentía un poco tonto diciéndolo en voz alta.

Draco dejó escapar un bufido de risa y meneó la cabeza.

—No podía ir así.

Harry asintió y lo aceptó. Sí, podía ver que no sería bueno que fuese a Hogsmeade en este estado.

Por un rato, estuvieron en silencio, observando la luz que escapaba por las rendijas de la caldera. Varias veces le pareció que Malfoy contenía quejidos, respiraba profundo y se "calmaba" de nuevo.

De pronto, extendió las manos y empezó a recoger los papeles que tenía por el suelo. Harry se movió para no estorbar y le preguntó si necesitaba ayuda.

—¡No los toques! —Draco notó su propia reacción y sacudió la cabeza, seguramente regañándose a sí mismo—. Sólo…quédate ahí. Quieto. Quédate quieto, no los toques, no toques nada.

Harry no pudo evitar preguntar, frunciéndole el ceño al trozo de papel más cercano.

—¿Volvió a escribir?

Draco negó, luego asintió y acabó haciendo un movimiento extraño que era una mezcla confusa de ambos. Se quejó, sostuvo su cabeza y volvió a respirar profundo.

—No, no volvió a escribir. No es eso. Sé qué debo hacer si es eso…

Lo aliviaba que no se le hubiese olvidado al menos.

Draco siguió amontonando los trozos de papel. Cuando los tuvo en una pila frente a él, se quedó mirándolos, como si fuese difícil decidir recogerlos y tirarlos.

—No estoy llorando por él —aclaró, muy tenso, sin mirarlo.

—Yo no dije que lo estuvieses haciendo —argumentó Harry, en voz baja—. ¿Llorar? No, no he visto a nadie llorando hoy…

—Sólo…—Draco ahogó un quejido y se pasó las manos por el rostro—. ¿Ustedes tienen clases de orientación?

Harry frunció el ceño y negó.

—¿Qué es eso?

Draco le restó importancia con un gesto.

—Son cosas de sangrepuras, supongo. Charlamos con el Jefe de Casa sobre nuestro futuro. Lo planeamos todo desde muy jóvenes porque la mayoría de las familias tienen una herencia para cada uno y hay…hay mucho en que pensar. Hay mucho que considerar.

—Suena bastante…inteligente planear así —Intentó razonar Harry.

—Se supone que lo es —Draco hizo una pausa y volvió a respirar profundo—. Ya lo saqué de todos los planes. Obviamente tenía que hacerlo, llevaba tiempo haciéndolo. Hubo mucho que reestructurar. Y ahora hay…huecos.

—¿Huecos?

—Hay huecos donde iba esa persona —La voz le tembló a Draco—, donde iban cosas que haríamos juntos. Es como…si todo se hubiese roto y me digo que sólo lo rearmo. Lo puedo rearmar. Pero al ver lo que hay…me faltan partes. No lo puedo rearmar como estaba antes, porque esas partes ya no están. Tiene huecos.

Draco se regañó a sí mismo balbuceando algo sobre que esto era una obviedad. Que así funcionaba cuando desechabas muchos planes, por supuesto que habría "huecos".

Harry supuso que él se "salvó" de esto porque nunca pensaba en su futuro.

En cambio, Draco lo había estructurado muy bien. No debía ser nada agradable perder esas "piezas" y ver los planes desmoronarse.

—Me siento estúpido —murmuró Draco, todavía sin verlo—. No es como que todo girase alrededor de él, por Merlín no, eso estaría muy mal, sería horrible. Pero había…había cosas importantes. Había cosas que me gustaban mucho y que quería…y esa persona estaba incluida. Ni siquiera lo quiero de vuelta. De verdad no lo quiero de vuelta, no lo quiero cerca de mí en lo más mínimo, pero…

Abarcó el desastre de papel con sus manos.

—No me gustan los huecos.

Harry soltó un suspiro y contempló los papeles destrozados durante unos segundos en silencio.

—Va a sonar bastante obvio —admitió en un susurro—, pero si no lo puedes rearmar de la misma manera sin sentirte mal…pues ármalo de otra manera. No me mires así- sabes a lo que me refiero. Si no te gustan los huecos, planea algo nuevo. Algo sin "huecos". Si no lo quieres de vuelta, planea algo nuevo que nunca lo haya incluido para empezar. No es como que debas cambiar todo, puedes tener lo que quieres tener, pero cerrando esos "huecos". Se puede, ¿no? Como cuando cambias una formación de Quidditch porque falta alguien…es la misma formación, pero no dejas "huecos".

Draco lo estaba mirando fijamente y él no estaba seguro de qué querían decir esos ojos, sólo que poco a poco se fueron apagando las emociones allí. Se fijó de nuevo en los papeles rasgados.

—Como una formación de Quidditch —No pudo evitar un resoplido de risa—. Vaya habilidad emocional…

—Entendiste el punto, ¿no? —se quejó Harry—. Eso es lo importante.

—Quidditch —se burló Draco.

Harry agarró uno de los cojines del sofá y se lo tiró a la cara. Draco lo atrapó y se lo devolvió.

Y los dos fingieron no darse cuenta de que todavía mientras se reía había un par de lágrimas y los planes para "rearmar" todo no empezarían ese día.

No hacía falta apresurar las cosas.