TREINTA DIAS

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Declaración: Ranma ½ y todos sus personajes, son propiedad de Rumiko Takahashi. Los he tomado prestados para crear una historia de mi propia autoría, sin fines de lucro.

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Capítulo catorce. El plan de Nabiki y Ukyo. Días dieciocho y diecinueve.

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Londres ocho de la mañana.

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El lugar estaba abarrotado, el ir y venir de los alumnos era una constante en los pasillos del recinto estudiantil, Ryan estaba abandonando el salón de clases y tomó rumbo a la biblioteca. Avanzó a pasos agigantados, a duras penas contaba con un par de horas libres y quería aprovechar para adelantar algunos de sus deberes. Tan pronto llegó a su destino buscó un espacio libre para sentarse y comenzó con lo suyo. Tomó algunos libros los cuales abrió al azar y luego ojeó, buscando la información que necesitaba, sacó de su mochila un cuaderno, un bolígrafo y su calculadora y se puso manos a la obra. Estaba tan concentrado en lo suyo que nunca se percató de dos hechos:

Primero: Jane lo estaba siguiendo muy de cerca, en uno de sus tantos infructuosos y desesperados intentos por hacer contacto con él. Segundo: su amigo Josh se sentó frente a él y tenía un par de minutos observándolo de lo más divertido.

Pasó un corto lapso de tiempo cuando Ryan comenzó a sentirse un tanto incómodo, levantó la mirada y al encontrarse con los ojos azules que lo miraban con detenimiento se sobresaltó, pues no se esperaba que alguien estuviese ahí, sentado frente a él. En tanto, la rubia bufó frustrada, porque el joven había tomado ya el lugar que ella quería ocupar, frente a Ryan, así que optó por ocultarse tras una columna, lo más cerca posible de su objetivo para tratar de escuchar lo que el par de amigos hablaba.

—¡AH! ¡Josh! ¡Torpe! Me asustaste.

—Ja, ja, ja, ja. Lo siento, no pude aguantar la tentación, te veías tan concentrado, admítelo, eras un blanco fácil.

—Pues no le veo la gracia, tengo mucho por hacer y tú me distraes.

—¡Qué humor el tuyo el día de hoy! Tanto juntarte con Akane te está afectando ja, ja, ja, ja. —Ryan alzó la mirada y observó fijamente a Josh al tiempo que un suave sonrojo coloreaba sus mejillas, mientras Josh reía a carcajada abierta, encantado con las reacciones de su amigo. Por unos minutos Ryan lo contempló, su amigo Josh Wilton era un "espíritu libre y aventurero", difícilmente encarnaba el papel de un "caballero inglés de la alta sociedad", pues se encontraba por fuera de todo estereotipo y convencionalismo; Josh era un joven de la misma edad que Ryan, con tez blanca, cabello negro y ojos azul claro. Un hombre apuesto y con un cuerpo atlético, gustaba mucho de hacer ejercicio, pero las artes marciales no eran lo suyo, él pertenecía al equipo de natación de la universidad y competía a nivel nacional quedando siempre en muy buena posición, nadie había podido quitarle el título de campeón en dos años consecutivos. De sobra estaba el decir que era el "sueño imposible" de muchas mujeres en la universidad, ya que, hasta el momento, no se le había conocido ninguna novia. Pertenecía al mismo círculo social que Ryan, pero hasta hacía apenas un par de meses, se habían vuelto más cercanos. Decir sus opiniones, y externar sus emociones, nunca fue un problema para Josh, por lo que tenía pocos amigos íntimos, entre ellos Ryan, y a diferencia de este último, a Josh, sus padres lo apoyaban en todo cuanto podían; el joven nadador se había decidido por estudiar arquitectura, y era bastante bueno en ello. Ryan y Josh compartían algunas clases —sólo las asignaturas optativas— en las que ambos se habían inclinado por tomar talleres de pintura y dibujo artístico.

—No digas ridiculeces, eso no es verdad. —Dijo Ryan, con el ceño fruncido, y después bajó la mirada y la posó sobre sus libros para seguir con lo suyo.

—Está bien, no te enfades. No digo que sea algo malo… Y cuéntame… ¿le contaste a tu amiga asiática la verdad? —Ryan se detuvo en seco y retuvo la respiración, levantó los ojos y miró a Josh a los ojos, su semblante cambió por completo hacia uno que denotaba un poco de tristeza y también algo de sorpresa, tragó en seco e hizo una mueca que intentó simular una sonrisa. Josh abrió los ojos como platos, estaba gratamente sorprendido, no esperaba que su amigo tuviera las agallas para decirle a Akane, lo que ni a él le había confiado, pero que sospechaba. Al joven Wilton no le cabía duda de que su amigo Ryan estaba enamorado, lo único que no alcanzaba a dilucidar era de quién y pensó que tal vez la joven japonesa que, había cautivado a Ryan, era el blanco del afecto de su amigo. Pero el joven ojiverde, era tremendamente reservado con los asuntos concernientes al corazón —hablando en sentido figurado— y aún no se sentía con el ánimo ni el valor suficiente para confesar nada a su interlocutor.

—Josh… ayer hablé con Akane, mi amiga asiática, porque ella tenía ganas de contarme de su viaje a Amesbury, sólo eso. No sé qué rayos estás pensando, pero muy seguramente estas en un error.

—Ryan… te conozco, sé que hay algo que te perturba, lo puedo notar… y estoy seguro de que ese "algo" tiene que ver con Akane. —Ryan se sonrojó de nuevo ante el comentario hecho por su amigo, pero prefirió salirse por la tangente, no era el momento de contarle a Josh lo acontecido con Akane ni lo que habían hablado.

—No digas sandeces. Te repito que no sé qué estás pensando, pero te aseguro de que estás equivocado.

—Ryan…

—¡Josh! Ya no quiero hablar más del asunto.

—De acuerdo, niégalo todo lo que quieras, pero sé que te traes algo entre manos… y lo voy a averiguar. —Y dicho esto le guiñó el ojo y se puso de pie. —Te dejo para que termines con tus deberes. —Ryan bufó y se despidió de su amigo con un ademán que hizo con su mano.

En un sitio no muy apartado, una rubia escuchaba atentamente toda la conversación y de inmediato giró sobre sus talones y caminó velozmente con toda la intención de abordar a Ryan tan pronto Josh se alejara del lugar, sin embargo, no logró su cometido. Josh, había advertido la presencia de la joven desde hacía unos minutos, y al cruzarse por su camino, tomó del brazo a Jane y la obligó a que tomara asiento en uno de los sillones, lejos de Ryan. Josh tenía en su rostro una sonrisa ladina, la cual no disimulaba en los más mínimo, mientras que Jane, prácticamente lo fulminaba con la mirada, y justo cuando estuvo a punto de reclamarle y soltarle toda una sarta de improperios, el joven hizo un ademán con su mano y la calló.

—Sshh, no grites querida, no sería correcto que alguien "como tú" pierda la compostura… ¿Qué diría la gente? —Jane le dio un manotazo al joven y bufó, estaba cabreada por todo.

—¡Cállate idiota! No tienes ningún derecho a interrumpirme, estaba a punto de…

—De ser rechazada y humillada como siempre…

—¡¿Qué has dicho zoquete?! ¡No te permito…!

—Perdón… ¿Dijiste algo? Tú no eres nadie para prohibirme nada, mucho menos si se trata de decirte tus verdades… querida. —Jane lo miró contrariada, estaba acostumbrada a que todos cumplieran su voluntad y cayeran rendidos ante su belleza, pero Josh y Ryan, parecían ser la excepción a la regla, y eso la sacaba de quicio. —Jane, seré… benévolo contigo, por esta ocasión. Sé muy bien que pensabas acercarte a Ryan, sé muy bien que andas detrás de él porque en algún momento, tu cabecita loca creó la absurda fantasía de que tú y él serían la "pareja del año" eso, sin contar, con el hecho de que él pertenece a una de las familias más adineradas e influyentes del Reino Unido; sí que eres ambiciosa, ya veo que te gusta soñar a lo grande… además es sumamente atractivo… o al menos eso es lo que dicen todas las mujeres que lo conocen, o sea, que es el paquete completo… —La chica rubia se quedó boquiabierta, sin la posibilidad de refutar absolutamente nada, y ante esto, el joven Josh decidió continuar con su cháchara. —Pero… también sé… que NO le interesas en lo más mínimo… así que recoge los pocos pedazos de dignidad que te quedan y mejor pon tus ojos en alguien más, hazte un favor a ti misma, y deja de acosarlo, lo único que vas a conseguir es ahuyentarlo más y quedar en ridículo.

—¡¿Cómo te atreves a hablarme de ese modo?! ¡No tienes ni idea de lo que estás hablando! Yo no…

—Ahórratelo querida, sé que tengo razón porque eres bastante obvia. Y sólo para que estés enterada… ayer Ryan tuvo una muy interesante conversación con su nueva amiga Akane, no me sorprendería que en cualquier momento nos sorprenda con la noticia de que por fin alguien se ganó su corazón. Akane… muero por conocerla ¿sabes? Creo que ella, sí es del gusto de nuestro amigo… yo que tú, mejor iba poniendo mis ojos en otro lado. —Cuando terminó de hablar, Josh fue súbitamente interrumpido por una tremenda bofetada cortesía de la joven Jane, después de eso, ella se puso de pie y se retiró del lugar, maldiciendo y empujando a cualquiera que se cruzara en su camino.

Josh protestó momentáneamente por el golpe, pero después sonrió, su plan había resultado exitoso, o al menos así lo esperaba. Desde hacía mucho tiempo atrás que quería decirle dos o tres cosas a esa rubia mimada, y aprovechó la ocasión. Además, lo mejor sería alejarla de su amigo, para que tuviera el camino libre para conquistar a Akane, porque, aunque Ryan no le hubiera dicho nada, Josh estaba convencido de que Ryan estaba enamorado, y algo le decía que la afortunada era Akane, él lo sabía, Josh era bastante bueno intuyendo ese tipo de cosas, no por nada, las jóvenes lo buscaban tanto pidiéndole consejo. Tomó camino de regreso a las aulas sin darse cuenta de que a unos metros de él estaba Ryan, un tanto descolocado, había presenciado la escena entera y nunca se esperó que Josh lo "defendiera" de esa manera, al caer en cuenta de ello, se sonrojó un poco, luego pensó en Akane y sonrió, lo mejor sería que se apresurara, su próxima clase estaba a punto de dar inicio.

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Nerima tres de la tarde.

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Ranma caminaba con rumbo al dojo, su estado melancólico se estaba volviendo más y más notorio para todos a su alrededor, y su madre se veía especialmente afectada por ello. Nodoka estaba de pie en la entrada del dojo Tendo, había salido a hacer algunas diligencias y justo cuando estaba por entrar al dojo, pudo distinguir a la distancia a su hijo, caminando parsimoniosamente. ¿Qué podía hacer para que su hijo volviera a ser el mismo de antes, si la única persona capaz de animarlo se encontraba muy lejos de ahí? Al final Nodoka llegó a la conclusión de que debía tener paciencia y esperar a que su nuera volviera, después de todo, ya faltaba poco, doce días ya no era tanto.

La señora Saotome, esperó pacientemente a que su hijo llegara, cuando estuvo junto a él, le regaló una dulce y maternal sonrisa y lo invitó a pasar, preguntándole además qué tal había estado su día en la escuela. El joven le respondió con una sonrisa forzada, y después le soltó un escueto "Bien". Nodoka se entristeció por el estado en el que estaba su hijo, pero se lo guardó para sí misma, por fuera, hizo todo lo posible por mantener un semblante alegre y hacer las veces de madre consoladora, por lo que evitó a toda costa el hacerle algún comentario que reflejara la preocupación que tenía en el fondo por él.

Ya en el interior del hogar de los Tendo, Ranma se dirigió a la cocina, Kasumi le sirvió su comida, la cual fue rápidamente devorada por el joven, quien después partió con rumbo a su habitación. "Al menos el apetito no se le ha ido del todo, y esa es una buena señal, si mi Ranma dejara de comer de nuevo, creo que no podría con la preocupación" pensó Nodoka para sí.

Cerca de las cinco de la tarde, el joven decidió dedicarle un poco de tiempo a una fastidiosa tarea de matemáticas, si bien ya tenía su pase asegurado para la universidad, tenía que pasar las materias por lo menos con el mínimo aprobatorio y eso, no estaba a discusión. Bufó frustrado, dándose cuenta por milésima vez, de lo mucho que extrañaba a su prometida marimacho, "Akane siempre me ayudaba a estudiar matemáticas" pensó para sus adentros, y con franca resignación tomo asiento sobre un pequeño cojín, colocó sus libros sobre su mesa y comenzó con su tarea. Estaba sumamente concentrado en sus estudios y sin darse cuenta, ya habían pasado tres horas, fue entonces que el joven azabache, decidió darse un descanso de las actividades escolares y se dirigió al dojo a entrenar, sin darse cuenta de que su cuñada lo espiaba oculta en el pasillo.

Tan pronto Ranma desapareció de su vista, Nabiki se escabulló en la habitación de su cuñado, le resultaba desconcertante lo ordenada que estaba, normalmente, Ranma era un desastre a la hora de dormir, pero en el día, el lugar se encontraba pulcramente arreglado, además, mucho ayudaba el hecho de que el joven fuera austero y se inclinara más por un decorado minimalista. Observó sobre la mesa, los libros y cuadernos debidamente ordenados, tomó uno de los cuadernos y lo ojeó rápido, buscando "eso" que con tanta urgencia requería. Debía ser cuidadosa y meticulosa, pues su cuñado, siendo quien es, seguramente se daría cuenta de que ella había estado husmeando en su habitación. Continuó con lo suyo hasta que por fin dio con lo que necesitaba y en ese instante, una sonrisa ladina se dibujó en su rostro, sacó su cámara tomó la fotografía, cuidadosamente volvió a colocar el cuaderno de notas en su sitio original, y después caminó hacia el armario, lo inspeccionó detalladamente y hurgó en los cajones, hasta que dio con "eso otro" que también necesitaba, convencida de que Ranma no se daría cuenta de la ausencia de aquel objeto, se lo llevó consigo. Satisfecha con su búsqueda, giró sobre sus talones y se retiró, no sin antes dar una última vista al lugar, asegurándose de que había reacomodado todo exactamente igual a como estaba justo antes de que ella llegara.

Se encaminó hacia su habitación, colocó algunas cosas en una pequeña mochila y le dio un vistazo al reloj antes de abandonar su recámara. Salió del dojo y se dirigió a paso apresurado hacia el punto de encuentro con su clienta en turno, se cercioró en varias ocasiones, de que nadie la estuviera siguiendo, sabía a lo que se estaba arriesgando con esa reunión, y sabía también lo importante que era y todo lo que estaba en juego. Caminó a pasos agigantados, le faltaban ya sólo un par de cuadras para llegar, estaba consciente de que esa era un punto crucial en su plan y que, si no actuaba con cautela, todo su trabajo se iría al carajo, por lo que debía asegurar el éxito.

Nodoka, había visto a la cuñada de su hijo abandonar el hogar de los Tendo, no le resultó extraño, al menos al inicio, pues sabía de las constantes idas y venidas de la joven, debido a sus actividades escolares y a las extracurriculares; pero la actitud sospechosa de la joven más el hecho de que la matriarca Saotome era experta en leer a Nabiki, la hizo pensar que quizá sería buena idea seguirle los pasos. Tuvo que ser extremadamente cuidadosa, pues Nabiki Tendo era astuta, y continuamente giraba el rostro buscando a algún posible perseguidor. La observó virar hacia la derecha en una esquina y adentrarse en un pequeño local de comida, la madre de Ranma, esperó unos minutos y después ingreso al comercio, buscó con la mirada a Nabiki y la observó ingresando al sanitario, Nodoka decidió pedir una mesa y esperar a que Nabiki saliera del baño, para averiguar qué se traía entre manos. Lo que nunca se esperó, fue que Nabiki la vio justamente una cuadra atrás, por lo que realizó esa maniobra para despistar a su tía, y salió por la parte trasera del restaurant hacia su encuentro con Ukyo.

No muy lejos de ahí, la joven Tendo llegó a su cita, Ukyo se vistió como con un pantalón de mezclilla, una chamarra que ocultaba su cuerpo de mujer y una gorra, para tratar de ocultar su rostro lo más que se pudiera. Nabiki la observó y puso los ojos en blanco, esa no era su idea de un "atuendo discreto", pero finalmente no era su problema, ya bastante había hecho por Ukyo. Tomaron asiento en una banca, Nabiki le hizo entrega de una pequeña caja, la cual fue cuidadosamente destapada por Ukyo, quien al inicio se mostró un poco incrédula respecto a contenido de la misma, inspeccionó a consciencia el interior de la caja, conservando ese gesto escéptico del inicio, pero en cuanto terminó de revisar el contenido de la caja, sonrió complacida.

—¡Nabiki! Te has lucido, quedó perfecta… ¿crees que funcione? —La joven Tendo alzó ambos hombros y mostró total indiferencia en su gesto.

—Estamos apostando todo en esto Ukyo, debería de funcionar… Ranma es muy ingenuo, pero también es un hombre de honor, y contamos con eso para asegurar la victoria de nuestro plan… pero debes recordar también, que éste es tu último recurso, tienes un noventa porciento de posibilidades de conseguir lo que quieres y lograr que Ranma se case contigo, yo ya puse mi parte, el resto depende de ti… —Ukyo sonrió satisfecha, convencida de que Ranma sería todo suyo.

—Sí, lo sé… Ran-chan será mío, cueste lo que cueste.

—… también debes recordar en cumplir con tu parte del trato, sabes lo que debes hacer si no…

—¡Lo sé! No necesitas recordármelo —dijo Ukyo cortando de tajo el comentario de la castaña —No será necesario recurrir a eso, Ran-chan se casará conmigo, lo sé. Aun así, sigo creyendo que tus condiciones en este trato fueron algo extremas…

—Es una gran apuesta, míralo desde este punto de vista, para ganar mucho, hay que apostar mucho, sólo así te llevas el premio mayor… el que no arriesga, no gana. —dijo Nabiki alzando los hombros, tratándole de restar hierro al asunto. —No te concentres en lo que puedes perder, más bien concéntrate en lo que vas a ganar. —Ukyo le dedicó una mirada decidida y asintió; y con ese último comentario, se despidió de Kuonji y se retiró con rumbo al dojo, por un camino distinto, para no toparse con su tía Nodoka, porque ahora sí no sabría qué excusa darle, del por qué había salido de manera tan inusual, ya a estas alturas estaba mentalmente tan agotada, que su cerebro estaba trabajando a la mitad de su capacidad habitual, y seguramente su torpeza mental arruinaría todo.

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Pasada una media hora, y dos tazas de té más tarde, Nodoka desistió en su intento por "capturar" a Nabiki, no necesito mucho tiempo para darse cuenta de que había sido burlada por la joven castaña. "Sí que es astuta y escurridiza, pero esto no se quedará así, averiguaré qué se trae entre manos". Se levantó de la silla, depositó unos billetes sobre la mesa y se retiró del lugar con ese derroche de elegancia que la caracterizaba en su andar, llamando la atención de más de algún comensal debido a su porte y belleza. Continuó su camino de regreso al dojo, decidida a esperar por el momento adecuado para atacar, sabía bien que Nabiki estaría a la defensiva y evitaría cualquier momento a solas con ella, por lo que aguardaría a que la joven bajara la guardia y entonces la confrontaría.

Cuando llegó a su hogar, Nabiki se dirigió al dojo, seguramente ahí encontraría a su cuñado, y era importante hacerle saber que, al día siguiente, sería su cita con Ukyo. En sus charlas mantenidas durante los días previos, ambas jóvenes habían acordado que lo mejor era que ese encuentro se diera cuanto antes, pues ya no tenían tiempo que perder.

Camino al dojo, se topó con Ranma, quien estaba sudado, debido a su entrenamiento, y traía consigo una toalla en el cuello. Tan pronto vio a Nabiki, puso los ojos en blanco y detuvo su andar, tener a su cuñada frente a él le ponía los nervios de punta, ya no sabía qué nueva treta o maquiavélico plan se traía entre manos, y obviamente él siempre resultaba hundido en el asunto hasta el cuello. Bufó claramente fastidiado, se posó frente a Nabiki y se cruzó de brazos, no emitió ni una sola palabra, sólo hizo un ademán con su cabeza indicándole a la castaña que le dijera lo que tuviera que decir, además de fruncir el ceño mostrando su descontento. Nabiki lo observó y sonrió, revelando esa faceta cínica, fría y calculadora que todos conocían de ella.

—Cuñadito, no es necesario que pongas esa cara, sólo vengo a informarte que tu cita con Ukyo será mañana… —Ranma suavizó un poco el gesto, pero mantuvo ese semblante de seriedad, en señal de que no estaba dispuesto a bajar la guardia.

—Es que contigo yo ya no sé ni qué pensar…

—No pienses nada. Tú y yo hicimos un trato y yo, lo voy a cumplir a cabalidad. —Ranma asintió.

—Más te vale Nabiki. —La chica soltó una carcajada, ver a su cuñado en ese estado la divertía bastante.

—Te ves tan gracioso cuando me amenazas… pero desde ahorita te digo que no es necesario, todo se hará como lo acordamos.

—De acuerdo. ¿A qué hora será la cita mañana?

—Por la tarde, al salir de clases, Ukyo te estará esperando en este domicilio —Y le extendió un papel con una dirección escrita en él —llega a las cinco de la tarde, sé puntual, eso es importante.

—¿Y qué será lo que haremos? Ya me cansé de tontos paseos por el parque y salidas al bosque para tener picnic, y todas esas tonterías…

—Eso te lo revelará Ukyo, a su debido tiempo. Tu sólo preocúpate por asistir. —El joven soltó un sonoro suspiro y tomó el endemoniado papel, se frotó el fleco un poco y le devolvió una fría mirada a su cuñada.

—Si ya no tienes nada más qué decir, me largo de aquí. Tengo muchas cosas por hacer y sólo me estás haciendo perder el tiempo.

—Tienes el camino libre, "cuñadito" yo ya terminé contigo.

Y dicho esto, Nabiki se apartó del camino y le cedió el paso a Ranma. Desde su sitio, observó cómo el azabache se retiró y se encaminó hacia el baño, mientras ella sonreía satisfecha con sus logros, dio un giro sobre sus talones y se retiró con rumbo a su recámara.

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La mediana de las Tendo se encerró en su habitación y no salió de ahí hasta entrada la madrugada; tomó rumbo hacia la cocina por unos bocadillos y se preparó un café. Tantas noches de desvelo, ya comenzaban a cobrarle factura y hacer estragos en ella, pero estaba segura de que este era el último esfuerzo, pues su plan estaba por concretarse, sólo necesitaba dos ó, a lo mucho, tres días más. Una parte de ella se encontraba agotada sobremanera, y se reprochaba a sí misma, por haberse metido en ese embrollo justamente en época de cierre de ciclo escolar, sabiendo de antemano la cantidad de trabajo que se le avecinaba; sin embargo, su otra mitad, se enorgullecía por no haber dejado escapar el negocio del año, sus ganancias eran estratosféricas, además, ella no sería la única beneficiada con el generoso trato que había logrado cerrar al final con Ukyo, lo que la hacía sentir enteramente satisfecha, "Al final todos saldremos ganando, claro que yo me llevaré la mejor parte".

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Londres cuatro de la tarde

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Ryan estaba ya entrenando en Hyde Park en el punto de reunión de siempre. Lucía un semblante distinto al habitual, se le veía fiero, salvaje, poco mesurado, todo lo opuesto a lo que él siempre era. Se encontraba inmerso en un estado de perturbación, por lo exasperante que le estaba resultando tener que aguardar para poderse encontrar con Akane y así conocer su respuesta. No dudaba en que su amiga empatizaba por completo con su situación y con su sentir, pero no podía evitar que las inseguridades lo invadieran y que esa zozobra inundara su ser, por el pánico que le daba el sólo pensar que pudiera perder a Akane y tal vez para siempre. Por ello, se había dado a la tarea de ir a entrenar un poco antes y tratar de —con ello— calmar su excesivo nerviosismo, pero se dio cuenta de que en realidad no le sirvió de mucho, más le hubiera valido haberse ido a pintar, seguramente de esa manera hubiese encontrado la paz que ansiaba sentir, pero en ese momento la pintura, no era una opción viable, ya lo intentaría después, quizá el fin de semana que ya se encontraba próximo. Continuó con lo suyo, y se dedicó a hacer un par de katas nuevas y que tenían un grado de dificultad mayor al acostumbrado, necesitaba vaciar su mente cuanto antes.

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Akane caminaba, ataviada ya con su acostumbrada ropa deportiva, con rumbo hacia el habitual punto de reunión entre él y su amigo. Decir que se sentía ansiosa se quedaba corto, pues tenía desatada una tormenta de sentimientos que le resultaba difícil sobremanera lograr disimular. Desde la noche anterior ya tenía su respuesta, aunque siendo sincera con ella misma, nunca hubo necesidad de que quedara una pregunta al aire, pues para ella, la obviedad de sus sentimientos hacia el joven inglés, a estas alturas, era tal que, le parecía totalmente innecesario que ella tuviese que dar una "respuesta". Pero Akane es de carácter noble, y el profundo respeto y el enorme cariño que sentía por su amigo, la motivaban a querer cumplir con su parte y ser sincera y clara con Ryan.

Avanzó por el camino de asfalto, hasta cruzar la avenida y de ahí entrar al parque, cuando se acercó al punto de encuentro, la imagen que vio la dejó completamente anonadada, sin palabras. Pudo observar a la distancia a un Ryan totalmente distinto al que ella había conocido, se le veía fiero, peligroso, letal. Haciendo uso de una habilidad increíble, reproduciendo movimientos que para ella eran hasta ahora desconocidos, Akane estaba segura de que nunca había visto ese estilo de lucha en él antes, tragó en seco y de nuevo entendió, que ella distaba mucho de ser una rival digna en una contienda con el ojiverde y, de nuevo comprendió que su amigo, se contenía demasiado con ella en los entrenamientos. La imagen que el joven le regalaba era sumamente erótica y sensual, el brillo que pudo notar en sus ojos, le recordó —por una fracción de segundo— a su prometido; la energía, el aura de batalla que Ryan despedía, le resultaba tan familiar, pues casi podría jurar que era exactamente la misma que emanaba de Ranma mientras estaba en combate, y a la vez, le resultaba tan ajena, pues nunca se imaginó ver a su amigo en ese estado. Caminó sigilosamente, tanto como pudo, no quería distraer a su amigo, y quedó ahí a la expectativa de que el joven terminara, para entonces sí abordarlo.

Ryan terminó su kata, y se dio un respiro, se agachó para tomar una toalla y secar un poco su sudor, y en ese instante quedó estático, pues sus ojos se encontraron con una Akane que no ocultaba su sorpresa, observándolo fijamente, con los ojos abiertos hasta el máximo de su capacidad y su boca dibujando una gran "O". Ryan tragó en seco y saludó a su amiga con un ademán que hizo con su mano. Akane tardó unos segundos en reaccionar y responder, pero lo hizo, y se acercó a su amigo con un caminar lento y precavido, tomándose su tiempo, casi como si fuera la primera vez que veía al joven inglés en su vida.

—Akane… hola. Perdona es que… no te vi venir. ¿Estuviste esperando por mucho tiempo? —La joven peliazul continuó sumida en su estado de estupefacción y sólo pudo cerrar la boca y hacer un suave movimiento con su cabeza en señal de negación. —¿Ocurre algo? ¿estás bien? —La joven tuvo que darse una cachetada mental para obligarse a salir de su estado y poder articular palabras.

—¡No! ¡Nada! Quiero decir… todo está bien, no me ocurre nada.

—¿Segura?

—Ryan… ¿desde cuándo tienes esa capacidad de pelea? —El joven se sonrojó rápidamente por el comentario hecho por Akane.

—Bueno pues… desde hace algún tiempo, un año quizá… mi sensei es muy estricto conmigo, y siempre está exigiéndome más y más.

—¿Tu sensei? Pero… ¿quién rayos es tu sensei?

—¿Eh? ¿por qué la pregunta?

—Porque en todos estos años, nunca había visto esa técnica de combate… y no me parece justo que yo te esté enseñando mi estilo de pelea y tú no me enseñes el tuyo… —dijo Akane haciendo un pequeño mohín que denotaba su molestia. Ryan miró con extrañeza a su amiga y después soltó una risa dulce y sutil, Akane lo sorprendía día con día.

—Ja, ja, ja. Así que, quieres aprender… de acuerdo, no tengo problema con eso, pero debes entender que primero tienes que caminar, antes que correr.

—No te rías, además, eso ya lo sé, me queda bastante claro que tu nivel de pelea está muy por encima del mío… y no me quiero quedar atrás, soy una guerrera, y aprendo rápido… por favor, enséñame.

—De acuerdo, pero te advierto que soy un maestro estricto, y no te tendré ninguna consideración. —Akane sonrió con suficiencia, mostrando ese brillo en la mirada que la hacía lucir fuerte, decidida, lista para afrontar cualquier reto. Asintió y de inmediato se puso manos a la obra, para iniciar con ese nuevo entrenamiento. Ryan por su parte se sintió orgulloso de la peliazul, daría todo de sí para que ella aprendiera lo más posible en tiempo récord. Vigiló detalladamente el calentamiento de Akane, y pensó para sus adentros que, lo mejor sería dejar "esa charla" para después de terminar con el entrenamiento.

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Nerima una de la mañana

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Eran poco más de la una de la mañana, y en el dojo Tendo todo se encontraba en franca paz. Nabiki seguía en su habitación enfrascada con sus deberes escolares, los Saotome y el señor Tendo dormían plácidamente, disfrutando de esa paz que pocas veces se hacía presente en el lugar, Kasumi hacía lo propio también, sin embargo, había un habitante que desde hacía casi tres semanas que no podía conciliar el sueño de manera decente. Ranma se removía en su futón, girando continuamente ante la desesperación de no poder dormir. Su mente no le daba tregua y vagaba continuamente por pensamientos, que le hacían imposible la tarea de descansar en brazos de Morfeo; constantes pensamientos e imágenes aleatorias lo agobiaban, en los que veía a su prometida en brazos de alguien más, o enviando una carta informando su decisión de quedarse a vivir en Londres… eso no era nada nuevo, pero en esta ocasión se sumó el estrés ocasionado por la próxima cita que tendría con su amiga de la infancia, estaba preocupado sobremanera, pues no quería que su amiga resultara lastimada como resultado de esta absurda locura que Nabiki se había empeñado en realizar. Lo que más angustia le generó fue una imagen, mejor dicho, una pesadilla, en la cual sin darse cuenta del cómo, terminaba siendo besado por Ukyo ante la desoladora y sufrida mirada de Akane, y en ese momento, Ranma se despertó de manera súbita y sumido en un estado de agitación. Parpadeó un par de veces hasta que se ubicó en tiempo y espacio, y entonces se permitió unos minutos para tranquilizarse. "Eso no lo permitiré" pensaba mientras movía la cabeza de manera negativa "No sé porque tengo un mal presentimiento respecto a mi cita de mañana con U-chan, pero no permitiré que me bese… no pienso engañar a Akane, yo sólo quiero estar con ella… con Akane y nadie más, ahora lo tengo claro, siempre lo supe…"

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Londres seis de la tarde

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Los jóvenes habían terminado su agotador entrenamiento, ya a esta hora, estaban realizando un poco de ejercicios de estiramiento y se disponían a abandonar el parque. Ryan observaba de reojo a su compañera, Akane estaba sumamente concentrada en los suyo y no se percató de la forma en la que era contemplada por el ojiverde. El joven inglés tragó en seco, la hora de la verdad había llegado, y lo mejor sería confrontar la situación, y preguntarle a Akane de frente, si tenía algo que decirle respecto a todo lo que le había revelado el día anterior. Súbitamente los colores se le subieron al rostro, y su corazón comenzó a ser víctima de una fuerte taquicardia; Akane se había comportado con él de manera habitual, y eso, en el fondo, lo tranquilizaba; sin embargo, no se sentía con la victoria total, pues tal vez sólo había sido amable, y, según se había dado cuenta a lo largo de estas semanas de tratarla, la amabilidad era un rasgo inherente al carácter de Akane, así que de ninguna manera, podría sentirse "especial" o "privilegiado" por ser tratado con cordialidad. Soltó un par de sonoros suspiros en un vano intento por recobrar la calma, y se acercó a la joven, quien justamente se estaba poniendo de pie, luego de haberse sentado en el césped para terminar sus estiramientos.

—Akane… —la joven se giró sobre sus talones y observó a Ryan directo a los ojos, pudo notar en su mirar un dejo de angustia, así que le regaló una de sus tiernas y sinceras sonrisas para tratar de tranquilizarlo.

—Dime…

—Yo… esto… qui-quiero preguntarte… quiero saber tu opinión respecto a… a lo que te confesé ayer… —dijo esto y tragó en seco, sin poderlo evitar, sintió como gruesas gotas de sudor comenzaban a formarse en su frente y a resbalar por sus sienes. Akane abrió los ojos, revelando su sorpresa, después su rostro se tornó serio, taciturno como si toda la ternura y amabilidad se hubiera esfumado de su ser, lo que hizo que el nerviosismo en Ryan aumentara más de nivel. Akane pudo notar el creciente estado de ansiedad de su amigo, así que decidió ponerle fin a su agonía y darle una respuesta, aunque no estaba del todo segura de si sería la respuesta que él esperaba escuchar, pero ella tenía que ser sincera con él, necesitaba ser sincera.

—Ryan… sabes muy bien que todo lo que te he dicho acerca de mí, de mi vida y mis sentimientos, ha sido con honestidad… —El joven asintió —pues debes entender también que, no necesitas que te dé una respuesta… tu confesión no necesita una contestación, o al menos no era tan necesario que yo reflexionara en qué respuesta te daría —dijo Akane al tiempo que una sincera sonrisa se volvía a reflejar en su rostro —yo… quiero que formes parte de mi vida, siempre… dudo mucho que pueda encontrar a alguien con quien pueda conectar, como lo he hecho contigo… y quiero que eso siga, tanto como sea posible. —Ryan liberó el aire que involuntariamente retuvo ante la zozobra que tenía, por la respuesta de la joven peliazul, y después, en un gesto puramente espontáneo y no muy propio de él, se aventuró a abrazar a la joven Tendo, comunicándole en ese abrazo todos los sentimientos que le fue imposible expresar, pero que le urgía comunicarle de alguna manera. Akane correspondió al abrazo que Ryan le dio, sin ser consciente, además, de cómo un par de lágrimas rodaron de los ojos del joven, para terminar en los hombros de la joven.

—¡Gracias!... ¡Muchas gracias, Akane!

—Por favor, no digas eso… no tienes que darme las gracias

—Está bien… ¿nos vamos? Se nos ha hecho algo tarde y tus amigas pueden estar preocupadas.

—Sí vámonos. —y ambos se dieron la vuelta y tomaron rumbo hacia el hotel.

Se alejaron por el pequeño camino de graba, con intención de volver al hotel, Ryan le estaba comentando a Akane, lo mucho que le gustaría invitarla a cenar a su casa, y que, de ser posible, le encantaría presentarle a sus padres, en especial a su madre, quien, a pesar de ser estricta, era una mujer dulce, y, ocasionalmente, comprensiva con su hijo. Akane sonrió y aceptó de buena gana la invitación de su amigo, sólo tendrían que acordar la fecha y la hora. Ambos seguían con lo suyo, hasta que se toparon con alguien que les cerró el paso y que apareció frente a ellos de la manera más inesperada.

—Vaya, vaya. ¡Qué sorpresa! Ryan… nunca pensé que podría toparme contigo aquí y menos a esta hora… —le soltó el joven frente a ellos, con un tono cargado de ironía al tiempo que les dedicaba una sonrisa ladina. Ryan, sintió que en cualquier momento caería presa del pánico, tragó en seco y se quedó sin palabras, su rostro se coloreó por un intenso sonrojo y no supo de qué manera actuar. Akane por su parte, se extrañó por completo de la reacción de su amigo, cambiaba constantemente su vista, dirigiéndole rápidas miradas a Ryan y después al joven que estaba de pie frente a ellos, sin entender del todo, cuál era el problema, si es que había uno.

—Hola… perdona ¿quién eres? —preguntó Akane, en un vano intento por sacar a su amigo del shock en el que estaba.

—Oh, disculpa mis modales… y también los de mi amigo aquí presente, al parecer se ha quedado mudo de la impresión. Mi nombre es Josh Wilton, es un placer conocerte… tú debes ser Akane —la joven asintió —He oído mucho sobre ti… —Akane se sonrojó ante el comentario lanzado por Josh y después giró su rostro y posó su mirada sobre Ryan, quien parecía estarse recuperando del estado letárgico en el que había estado sumido.

—¡Josh! ¿qué es lo que haces aquí?

—Uy, pero qué grosero de tu parte, si ya te he dicho que me he topado con ustedes por casualidad.

—¡¿Crees que te creo semejante mentira?!

—Bueno, lo que creas o no de mí, no es mi problema ¿verdad? Akane, me disculpo de nuevo por los nulos modales de mi amigo… ¿te gustaría acompañarme a tomar un café? ¿o quizá, prefieras un té? Me encantaría conocer más a fondo sobre ti. Has dejado bastante impresionado a Ryan y estoy interesado en saber por qué. —Le dijo sin más el joven ojiazul, agregando además un guiño al final de su comentario que provocó que ambos jóvenes se sonrojaran en demasía.

—¡No seas descarado! ¡¿Cómo se te ocurre pensar si quiera, que Akane aceptará esa invitación?! —gritó Ryan, quien, por alguna extraña razón, estaba perdiendo por completo la compostura, lo que intrigó bastante a Akane.

—Acepto —respondió Akane, descolocando con su comentario a Ryan.

—¡¿Qué?! —exclamó Ryan, quien de nuevo estaba siendo víctima de un ataque de histeria.

—Ja, ja, ja, ja. Vaya, al parecer tu amiga entiende de buenos modales… y buenos gustos…

—Pero… Akane…

—Ryan… ¿nos vamos? Creo que a una cuadra del hotel hay un café, y por días he tenido el deseo de probar los pasteles que exhiben en la vitrina, de seguro están deliciosos.

—Bien, será en ese café… yo invito, y antes de que digan algo, quiero dejarles en claro que eso no está a discusión, la paga corre por mi cuenta. —dijo Josh, al tiempo que hacía un ademán con su mano, cediéndole el paso a la joven.

—¿Así que has oído hablar mucho de mí? —dijo Akane mientras le echaba un rápido vistazo a su amigo Ryan, quien los seguía a pocos pasos de distancia, después miró a Josh y le regaló una de sus dulces sonrisas —Yo no he oído mucho de ti, Josh… pero seguro me encantará conocerte, si eres amigo de Ryan, no veo por qué no hemos de congeniar…

—Yo estoy absolutamente de acuerdo contigo, querida… Ryan, no me habías dicho que Akane fuera tan dulce e inteligente…

—Mejor cierra la boca, y camina —le dijo Ryan, mientras soltaba un bufido, por la frustración que estaba comenzando a sentir, de todos los escenarios posibles, jamás se imaginó que se fuera a topar con Josh… o al menos no tan rápido y menos de esa forma. Tenía pensado en algún momento presentarlos, claro que quería hacerlo, para él era importante que ellos se conocieran, pero no contaba con lo arrebatado que solía ser su amigo. Resignado a su destino, decidió que lo mejor sería tratar de disfrutar lo más que se pudiese, del resto de la tarde.

—Uf, pero qué genio el tuyo… deberías tenerme más consideración…

—Josh tiene mucha razón, es la primera vez que te veo tan alterado… ¿ocurre algo malo, Ryan? — dijo Akane ingenuamente. Ryan se fue de espaldas ante los comentarios del par de chicos, tenía los nervios de puntas y le estaba costando mucho trabajo contenerse de darle un par de golpes en el rostro a su amigo.

La tarde se les fue como agua, y pese al repentino mal humor de Ryan, los tres jóvenes pasaron un rato muy agradable. Bebieron café, Akane pudo probar los deliciosos postres que había mencionado, y Josh tuvo oportunidad de conocer más a fondo a Akane, inclusive tuvo el descaro de interrogarla a fondo respecto a la existencia de Ranma y su relación con él.

Akane constantemente era atacada por fuertes sonrojos, ante los comentarios jocosos de Josh y que además distaban mucho de ser discretos, en el fondo, la peliazul se preguntaba cómo era posible que dos hombres con un carácter tan opuesto pudieran llevar tan buena relación de amistad. Luego de la confesión que Ryan le había hecho, y de la inesperada aparición del joven Josh, Akane se dedicó a prestar mucha más atención al par de jóvenes sentados frente a ella, y de vez en cuando sonreía más para sí misma, que para ellos, poco a poco se dio cuenta de lo afortunado que era Ryan, pues Josh, parecía ser un amigo honesto y fiel, quien seguramente lo apoyaría siempre que lo requiriera. Finalmente, la noche los alcanzó y la hora de marcharse había llegado. Ambos chicos escoltaron a Akane hasta la puerta del hotel y se despidieron de ella, la joven les dedicó una última sonrisa y se encaminó hacia el elevador.

—Ahora lo entiendo todo… Akane es… especial —Ryan miró un tanto asombrado a Josh, pero guardó silencio, meditando bien en lo que le iba a responder.

—Sí, lo es. Akane… digamos que me tiene fascinado, de una forma que me resulta difícil poder explicar, sencillamente no tengo palabras…

—Pude notarlo…

—Ya, pero te aseguro que, mi fascinación con ella no tiene nada que ver con lo que debes estar pensando, Josh.

—¿Tú crees?

—Estoy seguro… lo que yo siento por Akane… olvídalo… Quizá después te lo llegue a explicar, y entonces tal vez me entiendas… por el momento mejor dejemos las cosas así.

—Como gustes —dijo Josh al tiempo que alzaba los hombros tratando de quitarle hierro al asunto. Pudo ver claramente que había una conexión especial entre su amigo y Akane, internamente hasta pudiera decirse que sintió celos, aunque aún no sabía definir bien por qué. —¿Es por su "prometido"? —le soltó Josh, de repente.

—¿Disculpa?

—Que, si la razón por la que has decidido guardar distancia es por ese chico, Ranma. El supuesto prometido de Akane.

—Josh, creo que estás confundiendo las cosas, él no tiene nada que ver aquí. No sé qué rayos estés pensando, pero te aseguro que te equivocas.

—¡Vamos! No te pongas así, sólo pienso que tienes una gran oportunidad de conquistar a Akane, y más si tiene un prometido que ni siquiera la ha besado… Sólo mírate, eres atractivo a los ojos de otras mujeres, vienes de buena familia, eres inteligente… tienes el paquete completo… —Le dijo Josh sin miramientos, provocando en Ryan un intenso sonrojo, el cual luchó por ocultar.

—¡Para ya! Ese no es nuestro asunto, no pienso inmiscuirme ahí. Respeto a Akane y lo que decida respecto a Ranma sólo le concierne a ella. Además, ¿qué sabes tú de si soy o no un buen prospecto?

—Digamos que… tengo buen ojo para ese tipo de cosas. —dijo Josh al tiempo que le guiñaba el ojo a su compañero, lo que ocasionó que el sonrojo de Ryan aumentara de intensidad.

—Esas son sandeces, mejor ya vámonos.

—Ja, ja, ja, ja. ¿Alguna vez te he dicho que suenas idéntico a tu padre cuando hablas así?

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Nerima, ocho de la mañana.

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La mañana era perfecta, pues pese a estar en verano, un toque de frescura se hacía presente en ese lugar, lo que la puso de mejor humor, si es que fuera posible. La joven castaña había puesto especial atención en su arreglo personal ese día, se dedicó a ver que todo en ella fuera perfecto, haciendo especial hincapié en los detalles, vio su reflejo en el espejo y se regaló una sonrisa, satisfecha por lo bien que se veía. "No hay duda de que, de las tres, yo soy la más hermosa" pensó con total convicción, y estaba decidida a que ese día, Ranma también aceptara ese innegable hecho —innegable para ella— y, además, se quedara con ella definitivamente.

Empacó en una pequeña maleta, un cambio de ropa que consistía en un pequeño vestido, un par de zapatos y una chaqueta a juego; sabía que, su cita daría inicio por la tarde, después las clases, y debía darse prisa para acomodar todo lo necesario y estar preparada, así pues, previó que seguramente no tendría tiempo suficiente para volver a su hogar a cambiarse de ropa. Esa mañana optó por ponerse —de nuevo, como en aquella ocasión— el uniforme de las chicas, ese vestido color azul que acentuaba su figura femenina, se colocó en el rostro un poco de maquillaje, algo discreto, tampoco quería dejar de ser ella misma, y un prendedor en el cabello en forma de rosa, fue el complemento final a su arreglo.

Salió con rumbo al Furinkan, por primera vez en mucho tiempo, las horas le parecían eternas, estaba sumamente ansiosa por estar a solas con Ranma. Ya en el recinto escolar, los halagos no se hicieron esperar, la mayoría de sus compañeros se le acercaron con ofrecimientos que iban desde cargar sus libros, hasta llevarla a comer o al cine. Ukyo los observaba a todos derrochando altanería, se sentía orgullosa de sí misma, su ego se alimentaba cada vez más con los comentarios y las actitudes que tomaron los varones del instituto, pero ella no se sentiría completamente satisfecha hasta ver la reacción del azabache. Continuó su andar y con la mirada inició la búsqueda del joven de la trenza, pero fue infructuosa, le extrañó bastante no verlo a la entrada de la escuela, Ranma no solía ser puntual y nunca se imaginó que el joven se encontraba ya en el salón de clases, esperando a que las lecciones dieran inicio.

Al llegar al salón, Ukyo observó sumamente entusiasmada al objeto de su amor, parado junto a una ventana, con la mirada perdida, sumido en un estado meditativo, poco propio de él. Caminó a pasos agigantados y lo llamó, al tiempo de se colocaba a su costado, había ansiado ese momento desde que se despertó, con la plena convicción de que Ranma quedaría atónito ante su belleza. Pero no fue así. Ranma salió de su ensimismamiento al escuchar que "alguien" lo llamó, y giró su rostro hacia la fuente del sonido, observó a Ukyo de arriba abajo y de nuevo se dedicó a mirar a través de la ventana.

—Hola U-chan —fue su escueta respuesta al saludo que le dedicó su amiga de la infancia. Ukyo se sintió descolocada ante el comentario de su amigo, por no decir que se ofendió, pero no se rindió, así que hizo un último intento por llamar su atención.

—¿Hola? ¿Eso es todo lo que me vas a decir? ¿te fijaste siquiera cómo me veo hoy? —Ranma la volvió a mirar y le regaló una forzada sonrisa.

—Te ves bien…

—¡¿BIEN?! ¡¿Sólo eso piensas decirme?! ¡Ahora sí vas a ver…!

—¡Orden todos! ¡Vayan a sus asientos! —Ukyo estaba decidida a soltarle cuanto improperio cruzó por su cabeza, sin embargo, fue interrumpida de manera súbita por la llegada del profesor, frustrada bufó, y con las palabras atoradas en la garganta, se fue a su lugar y tomó asiento, no sin antes, dedicarle una mirada al azabache, que denotaba bastante su enojo. Ranma, por su parte, no entendía a qué venía semejante pataleta, definitivamente nunca entendería a las chicas, además, tenía cosas más importantes en qué pensar, como para estar adivinando qué rayos le sucedía a Ukyo.

Las clases avanzaron, y en contraste con lo que Ukyo había sentido al iniciar el día, para Ranma, el tiempo avanzó mucho más rápido de lo usual, y a medida que se acercaba la hora de salir de clases, su nerviosismo crecía más y más. De vez en cuando, le dedicaba furtivas miradas a su amiga de la infancia, quien no disimulaba nada su dicha, y eso, lo hacía sentir mucho más incómodo.

Al sonar la campana, Ukyo corrió hacia el asiento de Ranma y se acercó a él invadiendo de forma inusual su espacio personal, a grado tal que, cualquiera hubiera creído que era Shampoo, y no Ukyo, quien estaba presente en ese instante.

—¡Ran-chan! Las clases por fin terminaron, estoy muy emocionada por nuestra cita, sé puntual, nos vemos más tarde. —dijo la castaña y se retiró del salón dando brincos cual infante con juguete nuevo. Ranma se sonrojó por la actitud de su amiga, y su vergüenza empeoró al darse cuenta de que, era presa de las miradas inquisitorias de todos sus compañeros de clase, quienes no habían perdido detalle de todo lo que Ukyo le había dicho.

—Así que Ranma saldrá con Ukyo…

—Pobre Akane…

—Quién lo diría…

—Al parecer sí es un mujeriego, como algunos dicen…

—Ya mejor debería decidirse por alguien…

—Las quiere a todas para él…

Ranma se enfureció por el cotilleo y de manera brusca, se puso de pie, tomo sus cosas y enfrentó a todos con la mirada, la cual fue fría y feroz, y provocó que todos de inmediato guardaran silencio. Salió del salón de clases con parsimonia, reflejando en su rostro la indignación que le provocó la actitud de sus compañeros, pero siendo honestos, cualquiera pensaría mal después de haber escuchado el comentario de Ukyo, y más aún, porque la castaña se empeñó en decirlo en voz alta, lo suficiente para que todos la escucharan; sin embargo, el orgullo de Saotome no lo dejaría reconocer ese detalle, él sólo estaba viendo su parte, esa en la que él se había estado sacrificando para conseguir hablar por teléfono con Akane, y obviamente nadie lo vería así, porque desconocían ese hecho. Ranma continuó su andar hacia la salida del Furinkan, constantemente se repetía a sí mismo que "todo saldría bien" y que, afortunadamente, este sería el último disparate al que lo sometería su cuñada.

A medida que avanzaba, se convencía más y más de no llegar a comer al dojo Tendo, pues seguramente no podría inventar un excusa que fuera verosímil, para justificar su sorpresiva salida justo en medio de la tarde, cuando era más que obvio, y del conocimiento de todos en el dojo que, desde que Akane se había marchado, Ranma se rehusaba a abandonar su hogar a no ser que fuera absolutamente necesario, así pues, verlo abandonar el dojo en medio de la tarde, así como así, levantaría sospechas en todos y siendo sinceros, Ranma no estaba de humor para lidiar con su familia ni tampoco con los Tendo.

El joven decidió dar una caminata por el parque y compró algo para comer, sus experiencias pasadas, le habían hecho ver que quizá no sería buena idea comer de lo que Ukyo le ofreciera, si es que llevara algo de comer, y él no pensaba pasar hambre a causa de ello. Tomó asiento en una de las bancas, mientras degustaba su delicioso alimento, meditaba respecto a todo lo que había pasado en todos estos días, con su prometida tan lejos de él y de su hogar; muy en el fondo empezaba a reconocer lo cobarde que había sido al no externarle sus sentimientos, pues de saberlos Akane, quizá el viaje no le hubiese causado tanta angustia, como hasta ahora. Con algo de bochorno, recordó los sueños que había estado teniendo con ella, el último había sido particularmente detallado, lo sintió tan vívido, casi como si hubiera sido más bien un recuerdo de algo ya ocurrido.

Soltó un suspiro, satisfecho por sentir su estómago lleno, y su mente volvió a volar, muy en contra de su voluntad, hacia ese sueño; recordó el aroma que emanaba del cuerpo de Akane, el suave tacto de su piel, el sabor de sus labios… sería mentir, si dijera que, nunca había soñado con Akane de esa manera, la peliazul protagonizaba todos y cada uno de sus sueños húmedos, la diferencia en esta ocasión radicaba en que, en ningún sueño anterior, había percibido tan bien esos detalles, como en esta ocasión. Esa noche se sintió enloquecer, al percatarse de cómo respondía ella a su tacto, a sus caricias y a sus besos, secretamente ansiaba que, en la realidad, su prometida fuera así de receptiva con él. Sacudió su cabeza, tratando de alejar lo más posible todas esas imágenes mentales de sí, pues se percató de que cierta parte de su anatomía estaba respondiendo a ello, y no le convenía encontrarse con Ukyo con una erección incipiente, eso terminaría por darle al traste a todos sus intentos por poner tierra de por medio con ella.

Respiró hondo de nuevo, observó con pesar que ya sólo faltaban quince minutos para las cinco de la tarde y que, por mucho que no lo deseara, ya era hora de encaminarse hacia el punto de encuentro con su amiga de la infancia.

Siguiendo las instrucciones que le habían sido entregada, arribó a un pequeño lote baldío, al principio, se extrañó un poco, llegando a creer incluso, que quizá se había equivocado, pero eso era imposible, el único desorientado para extraviarse de esa manera, era Ryoga, él nunca se perdía. Observó una pequeña casa de campaña, apta para un niño, él sin duda no cabría ahí, al centro estaba una pequeña fogata que, al parecer, acababa de ser encendida, un par de troncos alrededor del fuego hacían las veces de asiento, y frente a los troncos, del otro lado de la fogata, había una especie de mesa improvisada y sobre ella, una caja de madera finamente tallada, con grabados de flores y pequeñas hojas que acompañaban el diseño. Ranma observó el panorama con un poco de extrañeza, no entendía a qué venía todo aquello. Justo cuando pensaba retirarse del lugar y verificar si se encontraba en el sitio correcto, la voz de una muy entusiasmada joven llamó su atención.

—¡Ran-chan! ¡Hola! Qué puntual eres, me alegro… —Ranma giró su rostro hacia la joven y se impresionó, debía admitir que Ukyo se veía bastante atractiva, traía puesto un vestido color azul, que resaltaba sus ojos, cuyo faldón era más corto y holgado de lo habitual, sobre él traía una chaqueta negra y unos zapatos de piso a juego con la chaqueta, conservó su peinado acompañado por el adorno en forma de flor y su ligero maquillaje en el rostro. Ranma tragó en seco y su nerviosismo se hizo presente incrementándose a pasos agigantados. La apariencia de la joven, no hacía mella alguna en sus emociones, lo que lo puso en ese estado de inquietud, fue el hecho de hacer un poco de consciencia en el esmero que su amiga puso para arreglarse sólo para agradarle a él, y eso, hacía mucho más difícil lo que el joven tenía planeado hacer en esa cita: había decidido poner fin ya a todo este asunto de las "prometidas", y Ukyo sería la primera en saberlo. Lo haría de la manera más sutil posible, las palabras no eran su fuerte y había estado practicando todo el día —mentalmente hablando— el cómo le diría todo, pero convencido de que, de cualquier manera, su amiga de la infancia resultaría lastimada.

—Hola U-chan… sí, esto… lo que ocurre es que me parecía de muy mal gusto hacerte esperar… —Ukyo sonrió aún más en respuesta al comentario de Ranma.

—Bien, pues ¡empecemos! Toma asiento por favor. —Ambos se dirigieron a los asientos improvisados, después Ukyo sacó de su mochila una pequeña olla y una serie de ingredientes que extendió de manera aleatoria sobre un tapete. Ranma la miró extrañado, y su mirada pareció reflejar una pregunta muda que la castaña comprendió perfectamente. —¿Qué? Voy a preparar la cena, aún es temprano, pero este platillo se cocina a fuego lento, para cuando esté listo, será justa la hora perfecta.

—¿Y lo prepararas aquí?

—¡Por supuesto! Quiero que lo hagamos entre los dos… tú y yo, juntos. Además, con todo lo que ese par de locas te han de haber hecho, seguramente podrías dudar de mí si hubiese traído comida ya preparada, así podrás comprobar que no pienso envenenarte, embrujarte o nada que se le parezca, y ambos podremos disfrutar de una deliciosa cena. —Ukyo le regaló una dulce sonrisa a su amigo de la infancia, el azabache asintió en respuesta, y se dispuso a ayudar con la preparación de la cena.

Ukyo le pasó a su amigo, una pequeña tabla de madera, un cuchillo y unos vegetales, indicándole qué y cómo cortarlos; ella tomó la carne y comenzó a marinarla. Ranma se concentró totalmente en su tarea, sin embargo, le resultaba un tanto difícil conservar la compostura, Ukyo no se lo estaba poniendo nada fácil, ocasionalmente le pedía al chico de la trenza que le alcanzara ingredientes, especias, utensilios, y cada que Ranma le entregaba lo que le pedía, hacía roces "accidentales" y le prodigaba suaves caricias, eso sólo lo hacía sentir más nervioso e incómodo de lo que ya estaba, y Ukyo se frustraba al notar lo poco receptivo que el joven estaba ante su tacto.

Poco a poco fueron vertiendo todo en la pequeña olla, Ukyo le dio un último vistazo y sonrió satisfecha por el trabajo realizado, colocó la tapa y se relajó, ahora sólo hacía falta esperar a que el fuego hiciera lo suyo.

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Londres nueve de la mañana

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Los estudiantes del Furinkan se encontraban reunidos en el restaurante del hotel, terminando ya su desayuno, y se disponían a abandonar el lugar para dirigirse a su próximo destino. Extrañamente, desde que despertó, Akane se había sentido incómoda, un sentimiento de angustia y desazón se instaló en su pecho y no le dejaba tranquila. Internamente se preguntaba, a qué podía deberse aquello, puesto que el día anterior había pasado una tarde tranquila en compañía de Josh y Ryan, además, la "situación" respecto a todo lo que Akane había hablado con Ryan, estaba prácticamente resuelta —si es que hubiera habido algo qué resolver— y dudaba mucho que el hecho de haber conocido a Josh, fuera la causa de semejante aflicción. No, no entendía qué podría ser, y eso la angustiaba sobremanera. Un pensamiento rondó por su cabeza, fue súbito, fugaz y efímero, así como llegó, se marchó, pero fue suficiente para alimentar aún más su zozobra, "Ranma… ¿será acaso que está en peligro?" inconscientemente llevó su mano a su pecho, y pudo percibir, a través de sus ropas, el acelerado latido de su corazón.

Lentamente, avanzó hacia el elevador, iría por su pequeña mochila, para después alcanzar a sus compañeros en el autobús. Sayuri y Yuka la observaron un tanto preocupadas y decidieron acompañarla.

—Akane… ¿te encuentras bien? —preguntó Yuka con algo de incertidumbre, la peliazul giró y miró a su amiga y le regaló una sonrisa un tanto forzada.

—¿Uh?... Sí claro, ¿Por qué no habría de estarlo?

—Bueno… lo que pasa es que te ves un tanto… pues pareciera que algo te preocupa… —dijo Sayuri tratando de ser sutil, eligiendo bien sus palabras. Yuka por su parte, puso los ojos en blanco, exasperada por la manera de hablar de su amiga, y optó por ser más directa.

—¿Preocupada? Eso se queda corto… pareciera que estás angustiada, como si te hubieran dado una muy mala noticia o que algo malo hubiera ocurrido contigo o con alguien muy querido para ti. —Akane dio un respingo y su gesto mutó frunciendo el entrecejo, ni ella misma entendía por qué se sentía así, ¿cómo podría explicarse ante sus amigas?

—¡Yo no sé de qué me hablan! Yo estoy…

—¿Ocurrió algo con tu amigo el británico? —la interrumpió Yuka.

—¡¿Qué?! Por supuesto que no…

—Perdón Akane, no queremos hacerte enojar, ni estamos insinuando nada… es sólo que… —Sayuri replicó tratando de calmar los ánimos de Akane, quien amenazaba con estallar con uno de sus clásicos arranques de furia. La joven Tendo suspiró, sonoramente y después se rindió, estaba claro que esta vez no podría librarse de sus amigas, así que les iba a tener que decir lo que le ocurría, o lo que ella pensaba que le ocurría.

—Sólo queremos ayudarte… si es que necesitas que te ayudemos…

—No lo sé… me desperté con esta sensación en mi pecho… es como una opresión, que no me deja respirar, y ha ido creciendo más y más.

—Y ¿sabes a qué se deba?

—No… lo único que cierto es que desde que empecé a sentirme así, no he podido dejar de pensar en…

—¿En quién?

—Dinos Akane…

—En Ranma. No he podido dejar de pensar en ese idiota, como si presintiera que algo malo pudiera ocurrirle.

—Pero, no tienes por qué sentirte así, seguramente Ranma está bien.

—Sí, Akane. No te angusties.

—Lo sé, que boba ¿no? Quizá se deba a que ya pasó tiempo desde la última vez que hablé con él… Será mejor que nos vayamos, el autobús podría dejarnos y nos ganaríamos un castigo por parte del director Kuno. —Las amigas de Akane asintieron y le dieron el paso para de inmediato caminar tras ella, con rumbo a la salida del hotel. Sayuri, entabló un diálogo silente, con su mirada, observando fijamente a su amiga y señalando con los ojos a la peliazul, refiriéndose a la ocasión en que Ranma llamó al hotel buscando a Akane, y que esta a su vez, no pudo tomar la llamada, puesto que no se encontraba en el lugar; Yuka, por su parte, entendió a la perfección a qué iban todos esos gestos, y con un ademán que hizo con su mano, trató de calmar a su amiga, haciéndole entender que más tarde le dirían todo. En tanto, Akane, seguía su andar, aún atribulada, tratando de encontrar una explicación lógica a su sentir.

Sin más, abordaron el autobús y se sentaron juntas. Guardaron silencio, algo poco común en ellas, tanto que sus compañeros les dedicaron unas miradas de extrañeza.

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Nerima seis de la tarde.

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Nabiki estaba arribando a su hogar, el día se le había hecho mucho más largo de lo normal, y su última clase había estado por demás fastidiosa. Para colmo, había tenido que pasar por la biblioteca y permanecer ahí por un par de horas, hasta que había reunido toda la información que requería para sus deberes escolares. El fin de semana se encontraba prácticamente a la vuelta de la esquina, y pese a que muy seguramente lo pasaría encerrada haciendo su tarea, estaba agradecida en demasía pues al menos no tendría que pisar la escuela por un par de días.

A todo esto, se le sumaba, además, el hecho de que se encontraba sumamente ansiosa, a estas alturas del partido, Ranma muy seguramente ya se encontraba en su cita con Ukyo. Nabiki soltó un par de sonoros suspiros y se dirigió directo a su habitación, hizo un intento infructuoso por darse ánimos, mentalmente, a sí misma, necesitaba recobrar un poco la calma, pero le resultaba difícil sobremanera, pues sabía perfectamente que, en esta ocasión, se estaba jugando el todo por el todo, y ansiaba desesperadamente que su plan fuera un éxito, aunque en el fondo sabía que, en este momento, las cosas ya no dependían de ella.

Suspiró cansinamente, de nuevo, ahí parada frente a la puerta, ubicada en silencio y de pie, justo antes de entrar a su habitación, al menos ahí adentro en ese sitio que consideraba su santuario, estaría un poco en paz. Giró el picaporte y abrió la puerta, pero súbitamente se quedó helada ante la imagen que se le reveló: Ahí, sentada sobre su cama y con una bandeja llena de bocadillos, una tetera y un par de tazas, estaba Nodoka Sotome, quien, de manera muy elegante, se puso en pie y saludó a Nabiki haciendo gala de la elegancia que le era característica.

—Hola Nabiki-chan, bienvenida a casa.

—Ti-tía Nodoka… ¿qué haces aquí? —dijo Nabiki al tiempo que tragaba en seco, su frente se perló por el incipiente sudor, en ese punto se dio cuenta de que ya no tendría escapatoria. Observó la bandeja con los bocadillos y pudo notar que justo sobre su escritorio, descansaba aquella bien afilada katana, con la que podía doblegar a su antojo a los hombres Saotome. La indirecta estaba más que clara, Nabiki no era ninguna tonta, así que, haciendo uso de todo el autocontrol del que fue capaz, avanzó dentro de su alcoba, cerró la puerta tras de sí y tomó asiento junto a su tía, quien, le hizo segunda y procedió a servir un poco de té.

—Nabiki… he venido a tener una charla contigo… ya sabes, algo así como de… "mujer a mujer". Sé muy bien que te traes algo entre manos, y que ese "algo" involucra a mi hijo… y TODO lo concerniente a mi hijo, y a su felicidad, me concierne a mí. ¿He sido clara? —Nabiki asintió —Ahora bien, cuéntame ¿qué es lo que has estado haciendo desde que Akane-chan se marchó? —En ese momento, Nabiki sintió en carne propia, el terror que Ranma y Genma sufrían al ver la poderosa katana de Nodoka, y comprendió el fuerte poder de persuasión que tenía. Se resignó y se dispuso a contar todo, a fin de cuentas, ya no había nada que su tía pudiera hacer, el plan ya se había llevado a cabo, ya sólo era cuestión de tiempo para que todo caminara de acuerdo a lo previsto, y todo el maldito embrollo en el que ella misma se había metido, culminara por fin. Quién sabe, a lo mejor tenía oportunidad de negociar con su tía y conseguir una alianza con ella, después de todo, Nabiki estaba convencida de que todo mundo tenía un precio al que se le podía llegar, incluso Nodoka Saotome.

—Pues verás, te contaré todo, pero creo que tú y yo, primero tenemos que llegar a un acuerdo…

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Las horas fueron pasando, el cielo comenzó a oscurecerse y poco a poco se fue coronando con los pequeños astros luminosos que lo embellecían tanto. Los jóvenes habían terminado con su labor gastronómica y la joven castaña decidió que sería buen momento para sacar a la luz algunas de las remembranzas que compartía con su amigo de la infancia, hasta el momento, parecía que ambos estaban pasando un rato agradable y ella quería que todo siguiera igual.

Sobre las brasas ardientes, el alimento hervía, despidiendo un exquisito aroma que inundó sus sentidos, la cena prometía satisfacción total; Ukyo y Ranma estaban sentados en los asientos improvisados, ambos reían a carcajada abierta, recordando las bochornosas situaciones en las que se metieron por sus travesuras.

—… y entonces… ja, ja, ja… tuvimos que huir ¿lo recuerdas Ran-chan?

—ja, ja, ja… ¡Claro que lo recuerdo! Si por poco nos atrapa, el señor Nobutada era bastante rápido, a pesar de lo gordo que estaba… y tú eras muy lenta ja, ja, ja…

—¡oye! Hacía mi mejor esfuerzo, no te burles…

—Lo sé ja, ja, ja… lo siento U-cha… —dicho esto, el azabache soltó un pequeño suspiro tratando de calmar la risa que amenazaba con volver a atacarle. —Entonces ¿hiciste todo esto para rememorar nuestros días acampando juntos, cuando niños? —La joven castaña asintió. —Vaya, nunca lo hubiera imaginado… me agrada —dijo Ranma al tiempo que le sonreía y su amiga se sonrojó y le regresó el gesto.

—Pensé que esto sería más original… ya sabes… mejor que ir al cine, al parque o a cenar a algún restaurante…

—Lo es… esto es mejor. —Ukyo le regaló una mirada que revelaba todos los sentimientos que albergaba por Ranma, el azabache se incomodó por ese gesto y carraspeó un poco, tratando de cortar con el rumbo de la situación. —Y dime… ¿qué hay en esa caja? —dijo al tiempo que señalaba la mencionada caja. Ukyo bufó frustrada por cómo su amigo había terminado con el momento "mágico".

—¿Eh? ¡Ah! Bueno… esta, es la SORPRESA de la noche, está reservado para el final… primero tenemos que cenar, y al parecer esto —dijo mientras destapaba la olla y olisqueaba el delicioso aroma relamiéndose los labios —ya está listo.

—¡Qué bueno! Muero de hambre… —Ukyo sonrió y tomó el par de cuencos que había llevado, sirvió el caldo acompañado de los vegetales y generosos pedazos de carne, terminó de colocar la salsa que acompañaría su platillo y le tendió el cuenco a Ranma para que comenzara a comer. Ranma sintió como se le hacía agua la boca, a pesar de que no recordaba haber probado ese platillo antes, tenía muy buena pinta y el aroma que despedía simplemente lo hizo ansiar más su alimento.

Comieron animadamente, Ranma sacó a relucir su tan conocido y voraz apetito, lo que hizo feliz a Ukyo, mientras degustaban su cena, Ukyo poco a poco le iba explicando los "simbolismos" de todas y cada una de las cosas que había acomodado en aquel lugar. Para cuando terminaron de cenar, la joven se tomó unos momentos para relajarse y "hacer la digestión" y después se puso de pie y le entregó al joven artemarcialista, la caja de madera. Ranma la tomó lleno de curiosidad, levantó la tapa, descubriendo así que era un pequeño cofre y al mirar el interior se sorprendió gratamente.

—¡U-chan! Pe-pero si es…

—Así es… es tu viejo y pequeño Gi de entrenamiento… ¿te gusta Ran-chan?

—¡Vaya! ¿cómo lo conseguiste? ¿dónde lo encontraste? Creí haberlo guardado yo… —Ukyo tragó en seco y comenzó a ponerse nerviosa.

—Eh… pues… Tú lo olvidaste ¡Sí! El último día que estuvimos juntos lo dejaste olvidado y yo pues… lo conservé todo este tiempo, pensaba regresártelo y supuse que este sería un buen momento para hacerlo.

—Ah, es extraño… juraría que siempre lo cargué conmigo…

—Es que eres muy despistado, lo olvidaste y no lo recuerdas.

—Sí… seguramente fue así… ¿qué más hay aquí? —dijo Ranma mientras le echaba otro vistazo al cofre. Sacó un libro un tanto extraño, grueso y un poco pesado, tenía una pasta color negra y sin ningún grabado, no título ni apelativo. —¿Qué es esto?

—Ábrelo —y cuando lo hizo descubrió que era un viejo álbum de fotografías, fascinado con el descubrimiento, recorrió una a una las páginas repletas de imágenes que revelaban diversos momentos compartidos entre ellos. Ukyo estaba satisfecha con su plan, sabía que, si de alguna manera le hacía recordar a su amigo, los momentos compartidos y el lazo que los unió desde su infancia —lazo existente para ambos, pero con diferente significado— con lo que seguía a continuación, tendría prácticamente asegurado el convertirse en la próxima señora Saotome. Ranma no pudo evitar el sentirse afligido, pues sabía que, al terminar la noche, cuando aclarara todo con su amiga, muy seguramente saldría lastimada y no había nada con qué evitarle el trago amargo. Era un mal necesario.

Continuaron con su velada, del cofre sacaron unas pequeñas espátulas, que eran con las que Ukyo comenzó su entrenamiento y un par de juguetes, los cuales llegaron a compartir en sus ratos de recreación. Cuando el cofre quedó prácticamente vacío, Ranma descubrió en el fondo, una esquina irregular que sobresalía del resto, llevado por la curiosidad, decidió dar un pequeño tirón y descubrió que el cofre tenía "doble fondo".

—Mira U-chan, hay algo aquí… —Ukyo se sorprendió y de inmediato se asomó al fondo del cofre para observar lo que había encontrado su amigo. En el segundo fondo, se encontraba un saco de terciopelo rojo, de forma rectangular y atado con hilos dorados. Ukyo lo tomó y poco a poco fue desatando los nudos, abrió el sobre y de ahí extrajo algo, que parecía ser un sobre con una carta adentro del él, la epístola, al parecer, estaba dirigida a Ukyo. —U-chan ¿qué dice en esa carta? ¿por qué crees que estaba ahí escondida?

—No lo sé, este cofre ha estado en mi familia por generaciones, forma parte del legado de mi padre —respondió Ukyo al tiempo que alzaba sus hombros en un intento por quitarle algo de hierro al asunto. —Bueno, supongo que lo único que me resta es leer la carta, sólo así saldremos de dudas. —Y comenzó a leer:

-0-

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"Querida Ukyo:

Cuando leas esta carta, será porque yo ya no esté aquí, contigo. A estas alturas, es muy probable que Kami-sama haya reclamado ya mi presencia, y yo estaré complacido de irme, pues sé que tú no estarás sola. Mi pequeña, me marcho, pero sólo será por un tiempo, en algún momento, tú y yo nos volveremos a encontrar. Me voy y me quedo en paz, puesto que sé muy bien, que Ranma cumplirá su palabra, y se desposará contigo, y tal y como lo prometió Genma, al cumplir ambos dieciocho años se formalizará su compromiso y quedarán unidos en matrimonio, para que ambos continúen con el negocio familiar.

Ranma es un hombre de honor, y por ello sé que va a cumplir con su palabra. Llegado el momento, muéstrale esta carta, aquí está la muestra fehaciente de lo que te digo, estoy seguro de que esto será suficiente para que ambos cumplan con lo pactado y tú pronto te conviertas en la futura señora Saotome.

Sé muy feliz.

Te quiere, tu padre"

-0-

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Ranma quedó petrificado ante lo que leyó su amiga, su piel adquirió un tono pálido, su sangre se había precipitado súbitamente llegando hasta sus pies, de pronto sintió que todo daba vueltas a su alrededor, producto del despiadado vértigo que lo atacó, no podía creer lo que su amiga había dicho, no había manera alguna de que él, consensuadamente, contrajera matrimonio con Ukyo no, no, no y ¡NO! Eso debía ser un error. Sin ninguna sutileza de su parte, Ranma le arrancó de las manos la terrible misiva y quiso verificar por cuenta propia todo lo que ahí decía.

Ranma releyó las líneas una y otra vez, esto debía de ser una pesadilla, alguna vieja artimaña de su amiga, aunque nunca la creería capaz de jugar tan sucio, esto le resultaba por demás inverosímil, debía de haber gato encerrado. Quizás todo esto era producto de alguna alucinación, seguramente la comida sí tenía algo después de todo, o sencillamente estaba inmerso en un profundo sueño y ni cuenta se había dado del momento en el que se quedó dormido. No sabía a ciencia cierta qué iba a pasar, pero Ranma tenía que encontrar la manera de librarse de este perverso plan. Entones, su vista bajó, continuó leyendo las siguientes líneas, que se encontraban al final de aquel maldito papel, y lo que siguió lo dejó frío, totalmente anonadado.

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"En este documento, hago constar que yo Ranma Saotome, renuncio a cualquier compromiso previo y a cualquier compromiso futuro, nombrando así, a Ukyo Kuonji, como mi única y oficial prometida.

Firma

Ranma Saotome"

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Y ahí se encontraba, esa abominable declaración, y firmada por su puño y letra. Costaba mucho trabajo definir con exactitud, la edad que Ranma tendría cuando escribió eso, pues su caligrafía siempre había distado mucho de ser buena, así que, bien podría haberlo escrito en su infancia, o en su adolescencia; aunque al final ¿qué más daba? Lo alarmante de la situación se encontraba en dos puntos principales:

Primero: En efecto, al parecer él había escrito esa promesa de matrimonio, reconocería su propia letra en cualquier lugar —era demasiado fea, como para no hacerlo— no había modo alguno de que pudiera negar que él había escrito ese endemoniado papel. Segundo: No recordaba haber escrito eso… lo que le hizo creer que probablemente lo hubiera hecho en su infancia. Pero no estaba seguro de nada.

—¿Qué mierdas es esto? ¿significa que tengo que casarme con U-chan? —declaró el azabache para sí mismo.

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Londres cuatro de la tarde.

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Akane se había ido a encontrar con su amigo británico para realizar su rutina de ejercicio, aunque por alguna razón su amigo parecía haberse retrasado, por lo que decidió iniciar sola. Esa zozobra que venía padeciendo desde que se despertó no la había abandonado, por el contrario, se acentuó cada vez más. Ingenuamente creyó que, el entrenamiento le ayudaría a liberar tensión y la tranquilizaría, pero a medida que incrementaba la intensidad y la dificultad de las katas, menos conseguía sosegarse. Ryan llegó al punto de encuentro y encontró a Akane sumida en un estado de concentración que nunca le había visto antes, se veía letal, fiera, su aura emanaba fuerza como nunca antes, y eso le llamó la atención. Sin más, el joven comenzó sus ejercicios de estiramientos y se le unió a la peliazul, ambos se enzarzaron en una batalla cuerpo a cuerpo, que culminó con el joven británico derivando a la peliazul.

—Akane ¿estás bien?

—Claro que sí, soy fuerte, y lo sabes ¿por qué no habría de estarlo?

—No me refiero a eso…

—No quiero hablar de eso, preferiría que nos retiráramos por favor —Ryan asintió y dejó el asunto por zanjado, poco a poco se había dado cuenta de que, si Akane se negaba a tratar algún asunto, lo mejor era dejarlo por la paz.

—De acuerdo, vámonos entonces. —Recogieron sus cosas y se retiraron del lugar con rumbo al hotel.

Akane seguía taciturna, inmersa en sus pensamientos y en su angustia, el silencio compartido entre ambos se tornó tenso, incómodo, de hecho, era la primera vez que sentía poco placentera la compañía de su amigo, por lo que decidió iniciar un tema de conversación para distraerse un poco y distraer a su amigo.

—Y cuéntame, Ryan… ¿le has contado algo a Josh? —Ryan detuvo su andar de súbito y tragó en seco, luego giró su rostro hacia Akane, quien lo observaba con un gesto adusto en su faz, lo que puso más nervioso al joven inglés.

—¿A-a qué te refieres Akane? —Akane puso los ojos en blanco, y después bufó, el joven la estaba empezando a exasperar.

—¡Pues a qué va a ser! Me refiero a si ya le contaste a Josh algo de lo que me confesaste el otro día.

—Bu-bueno pues… la verdad es que no pensé que le "tuviera" que contar así que… No. No le he dicho nada.

—¡¿Eh?! Pero… disculpa, tal vez mal interpreté todo, pero me dio la impresión, cuando lo conocí, de que él es… alguien importante para ti… pensé que tal vez querrías que él estuviera al tanto de las cosas.

—Sí, lo es. Es uno de mis mejores amigos… es sólo que… no he encontrado el momento idóneo para contarle lo que tú y yo hablamos, es eso.

—Tal vez no existe "el momento idóneo" sólo te armas de valor y lo haces. Como ocurrió conmigo. —Akane le obsequió una dulce sonrisa a Ryan, quería infundirle algo de confianza, ya que parecía que en cualquier momento caería presa del pánico; no deseaba que se viera afectado por su estado de angustia, así que pensó en la mejor manera de reconfortarlo. El joven la observó y luego de dar un par de sonoras respiraciones, se tranquilizó, era desconcertante sobremanera, verlo actuar de esa forma tan "impropia" él se reconocía a sí mismo como alguien de carácter mesurado y capaz de siempre conservar la compostura, sin importar qué; pero ahí estaba, frente a Akane, quien —sin planearlo— lograba sacarlo de su "zona segura" provocando en él un sentimiento de inseguridad que no pensó experimentar, más que en presencia de su padre. Cuando el joven recobró la calma, le devolvió el gesto a la peliazul y asintió.

—Tienes razón… se lo diré, de verdad deseo que él esté al tanto de todo.

—Me alegro.

—Esto… Akane… qui-quiero pedirte algo

—Claro, dime

—¿Recuerdas que te comenté acerca de la posibilidad de ir a conocer a mi madre?

—Sí

—¿Te gustaría ir a cenar, mañana por la noche, a casa de mis padres? Me encantaría que fueras, y así, aprovecharíamos la oportunidad, para que conocieras a mi madre. En ocasiones puede ser un poco pretenciosa, y le gusta husmear en la vida de otros, sobre todo en la mía, pero en el fondo es amable y cariñosa. Creo que podrían llegar a llevarse muy bien. —Akane tragó en seco y de inmediato una gruesa gota de sudor resbaló por su sien, el sentimiento de tener padres entrometidos le resultaba bastante familiar, aunque le doliera admitirlo, ella misma debía lidiar con eso todo el tiempo, así que pensó que quizá, la madre de Ryan, no sería tan terrible, después de todo.

—Claro, me encantaría, eres muy amable.

Y luego de esta charla ambos continuaron su camino con rumbo hacia el hotel, había sido una tarde agotadora, llena de emociones y un extenuante entrenamiento, por ello decidieron que lo mejor era retirarse a descansar.

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Nerima media noche

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El shock debido a los recientes acontecimientos era tal, que el tiempo se le había escapado de las manos sin siquiera sentirlo, y cuando menos pensó ya era media noche, definitivamente esta cita, se había postergado mucho más allá de lo deseado y era momento de ponerle fin.

—¡Oh qué felicidad! Ran-chan por fin podremos estar juntos, nos casaremos y seremos felices… me ayudarás con el puesto y viajaremos por todo Japón… No… ¡Viajaremos por toda Asia! Y tendremos muchos hijos… —En ese punto, Ranma había dejado de escuchar todo lo que Ukyo le estaba diciendo, claramente sintió cómo el suelo ubicado justo debajo de sus pies se partía, haciéndolo caer hacia un oscuro vacío que al parecer no tenía fondo. Súbitamente, su estómago se revolvió, y fuertes náuseas lo atacaron generándole un terrible malestar, su garganta amenazaba con emitir el fuerte sonido de las arcadas que, estaba luchando por contener y su frente comenzó a sudar copiosamente. Nunca en su vida imaginó que su padre podría embaucarlo de esa manera, obligándolo a escribir semejante declaración. Tampoco se imaginó que su amiga de la infancia se vería involucrada en ello. Quería correr, huir de ahí y alejarse de Ukyo lo más posible, pero él no era un cobarde, ¡no señor! Su madre, sabía que su hijo era un hombre entre los hombres, y él debía enfrentar todas y cada una de las vicisitudes que se le presentaran, pues todo formaba parte de su crecimiento como artista marcial que era. Así pues, respiró hondo, hizo un esfuerzo sobrehumano para reponerse del malestar, y se dispuso a aclarar todo con su amiga de la infancia.

—No —dijo Ranma interrumpiendo la cháchara de Ukyo quien, a su vez, se sorprendió al ver el semblante de su amigo, se veía determinado, feroz, enojado…

—Perdona, ¿qué has dicho Ran-chan?

—He dicho que ¡No! Lo lamento Ukyo, pero no me casaré contigo.

—Pe-pero Tú… no puedes… ¡Tú tienes que casarte conmigo! ¡Esta promesa de matrimonio te obliga! ¡Por tu honor…! No puedes faltar a tu palabra… ¡¿Qué acaso no eres un hombree?!

—¿Por mi honor…?

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N/A: Bien ¡Por fin! les traigo una nueva entrega. No me maten por terminar este capítulo así, lo cierto es que era necesario, porque el desenlace de la situación con Ukyo es parte crucial del capítulo siguiente, así que no podía adelantarles más. Bueno, pues como pueden leer, me enfoqué un poco más en las emociones y la situación personal que esta viviendo Ranma, más que en Akane o en el lugar que visitó en estos dos días, a pesar de que uno de mis objetivos con esta historia es precisamente dar a conocer un poquito de lo que es Londres y sus atractivos, en este capítulo no era relevante para la historia, por lo que ahora no mencioné nada de la bella ciudad Británica, pero aún quedan capítulos por delante y lugares por conocer.

Nabiki fue confrontada por Nodoka y como leyeron, la hizo sudar, jejeje, amo el rol de Nodoka Saotome en esta historia, ¿creen que le llegue al precio? ¿qué tanto creen que le revele de su plan? ¿Nodoka estará de acuerdo con la manera en cómo Nabiki está haciendo las cosas? Ya pronto lo sabremos.

Yuka y Sayuri están empezando a sentir remordimientos respecto a haberle ocultado a su amiga, que Ranma la buscó por teléfono, aunque aún no le han revelado ese secreto. ¿Y qué hay de la "respuesta" que Akane le dio a Ryan? ¿Creen que el secreto que le guardan Yuka y Sayuri a su amiga, influyera en algo en la respuesta de Akane, y que, de haberlo sabido, hubiese actuado de la misma manera?

Tenemos la aparición de un nuevo personaje: Josh Wilton ¿Qué papel jugará en esta historia? ¿Intentará jugarle al celestino entre Ryan y Akane?

Hay varias incógnitas, pero todas ellas (o al menos la mayoría) se responderán en el siguiente capítulo.

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Reviews

Necros Neflilim: ¡AAAHHHHH! No sabes lo emocionada que estoy por tu comentario, una de las cosas que me preocupaba de la historia, era que se volviera predecible, pero con eso me has demostrado que no es así. 😊 De hecho, esa parte del capítulo, en la cual describo a Nodoka como aleccionadora de su hijo, fue una de mis favoritas, me da mucho gusto que te agradara, siempre la he visto como una mujer fuerte y que oculta mucho tras esa máscara de elegancia y porte (que también me agarada), así que quise darle un rol de empoderamiento en mi historia. Que bueno que te gustó.

Guest: I know, Nabiki could be a selfish bitch jejeje, ando some times, (most of them) she only worry about her own Benefit and don't tihink about others feelings, as long as she recived a loto f money, nothing else matters to hers. But soon or later she's gonna recived waht she deserve.

Kaysachan: ¡Muchas gracias por tu comentario! No sabes cómo lo aprecio. Siempre supuse que terminarían odiando a Nabiki y quizá a algunos de los otros personajes, de hecho, contaba con ello, jajaja así que me encanta saber que ha causado en ti el impacto que deseaba.

Kariiim: ¡AAAHHHH! ¡Leíste la historia en dos días! Estoy al borde del colapso, no encuentro palabras para agradecerte que hayas hecho eso, me halaga como no tienes idea. Lo del colibrí, desde el momento en que lo leí por primera vez, me fascinó, y cuando ideé esta historia, busqué la manera de ubicar esa leyenda en esta historia, me encantan los simbolismos, siempre he creído que vivimos rodeados de ellos, sólo que la vida nos distrae y no nos damos la oportunidad de prestar atención. Muchas gracias por tomarte el tiempo para leer mi historia y dejar tu comentario, espero en verdad que este capítulo sea de tu agrado.

Ranma84: Creo que ahora te he hecho sufrir un poquitín más.

AzuzaCT: Creo firmemente que no eres la única de odia a Nabiki en esta historia jejeje, pero todo tiene su razón de ser, incluido el comportamiento de las amigas de Akane. Ya falta poco para que nuestros personajes vean la luz y todo lo que se tenga que revelar, sea revelado. Gracias infinitas por tu comentario, me emociona mucho y me alienta a seguir escribiendo.

Own son: Tienes mucha razón, aunque he de decir que Nabiki es plenamente consciente de que Ranma y Akane son el uno para el otro, pero su ambición es demasiada y difícilmente dejará ir una buena oferta de negocios.

Creo que son todos los reviews, si olvidé contestar alguno, por favor mil disculpas y háganmelo saber para responderles.

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Agradezco a todos los que han seguido esta historia hasta aquí, y agradezco en especial a todos los que se tomaron la molestia y el tiempo de dejarme un comentario, lamento mucho no actualizar tan pronto como yo quisiera, pero las responsabilidades de la "Adultez" a veces no deja mucho tiempo disponible para escribir tanto como yo quisiera. Espero con ansias sus comentarios, y de verdad deseo que disfruten de este capítulo, tanto como yo disfruté escribiéndolo. Nos leemos pronto.

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¡Hasta Pronto!

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