TREINTA DIAS

.

.

Declaración: Ranma ½ y todos sus personajes, son propiedad de Rumiko Takahashi. Los he tomado prestados para crear una historia de mi propia autoría, sin fines de lucro.

.

.

.

Capítulo quince. Él no la ama. Día veinte

.

.

Nerima una de la mañana

.

.

El comentario del azabache se vio súbitamente interrumpido, esto debido a que Ukyo, se lanzó sobre Ranma y rodeó su cuello con sus brazos, en un intento desesperado por robar un beso de los labios del joven, "un beso suyo, aunque sea uno solo, es todo lo que necesito, y entonces él lo sabrá, sabrá todo lo que siento por él, sabrá que es conmigo con quien debe estar… sólo un beso" pensaba Ukyo, y acercó peligrosamente, sus labios a los de Ranma.

.

.


.

Londres ocho de la noche

.

.

La pequeña habitación estaba totalmente llena de vapor, y lo consideró la "cereza del pastel", pues pese a que era verano, hubo una o dos mañanas en las que el clima estuvo fresco, y la ciudad se vio coronada por espesa bruma, la cual le daba, a la capital británica, ese aire de misterio, ese toque clásico y medieval que la hechizó desde el momento en el que pisó ese país por vez primera, y curiosamente esa noche, el clima había descendido unos cuantos grados, por lo que su cuerpo clamaba por un poco de calor. En ese instante, pese a que durante el día entero estuvo sumida en la angustia y desesperación de ni siquiera saber de dónde provenía ese extraño "presentimiento", pudo por fin sentirse en paz. Akane disfrutaba de un largo y relajante baño en la tina, que si bien, no se comparaba en nada al cómodo y espacioso ofuro que tenían en casa, sí le permitía, en cambio, disfrutar y llegar a ese estado de profunda relajación que buscaba cada vez que se introducía en ella. El agua, estaba deliciosamente caliente y, aunado a esto, se dio a la tarea de prender un incienso de vainilla, para disfrutar enteramente de su momento.

Pensó por un instante, en todo lo acontecido en su día, llegando a la conclusión de que, quizá había sobre reaccionado y le dio demasiada importancia a algo sin fundamento alguno, soltó un sonoro suspiro, y a su mente llegó el recuerdo de las palabras dichas por su amigo inglés: "quiere invitarme a cenar y presentarme a sus padres". El nerviosismo la invadió de forma repentina, y tragó en seco, para la peliazul, todo esto estaba avanzando a pasos agigantados, y le pareció algo precipitado el hecho de que Ryan quisiera introducirla con sus progenitores, cuando muy seguramente, éstos no sabían siquiera de su existencia. Volvió a suspirar, quizá ya sería muy tarde para que le externara al joven británico, su arrepentimiento, o se inventase alguna excusa, muy poco convincente, dicho sea de paso, para no asistir a la mencionada cena. Akane debía cumplir con su palabra, por su honor; sólo esperaba no hacerlo quedar en ridículo, pues si bien se consideraba portadora de las normas de educación que dictaba su cultura, desconocía totalmente las costumbres de la aristocracia británica, sumándole a todo ello, además, su habitual torpeza, aquello podría terminar de forma desastrosa, sólo esperaba poder ponerse a la altura de las circunstancias y no condenarse a sí misma a pasar por algún momento embarazoso frente a los padres de Ryan. "No estoy segura de que esto sea buena idea, quizá Ryan quiera hacerle frente a sus padres y decirles toda la verdad… y me necesita ahí con él, apoyándolo, pero… no lo sé, creo que es un poco apresurado, aún faltan cosas por arreglar antes de que él decida dar ese paso…"

.

.


.

Nerima tres de la mañana

.

.

Ranma corría apresurado por las calles desiertas, súbitamente detuvo su andar y decidió trepar al tejado más próximo, para así, hacer su recorrido en menos tiempo. Su corazón latía rápidamente, y su consciencia le reclamaba una y otra vez por haber sido tan ingenuo y haberse dejado embaucar por su amiga de la infancia y por la ambiciosa de su cuñada Nabiki, lo recientemente acontecido lo había descolocado sobremanera y no sabía exactamente qué hacer, pues no había reaccionado bien ante las abiertas insinuaciones y los reclamos de Ukyo… él era, sin dudas, un tonto.

"Un redomado idiota, eso es lo que soy… ¿cómo permití que las cosas llegaran hasta ese punto?... debí detenerla cuando aún tenía oportunidad, debí detenerla… a ella, y a todas las demás también… No lo vi venir, me negué a ver lo que ocurría, lo que para todos los demás era obvio… yo… nunca… ¿y ahora qué voy hacer? ¿voy a perder a Akane? ..."

La noche estaba repleta de nubes, ni una sola estrella se observaba en el firmamento, el cielo ennegrecido amenazaba constantemente con desatar un terrible diluvio, y Ranma se daba cuenta de que el cielo, reflejaba de algún modo, su interior. Se sentía oscuro y desolado, la angustia de la que era presa, en ese instante, la veía como el preámbulo de que algo mucho peor estaba por acontecer, y al igual que la feroz tormenta que no tardaba en llegar, el acontecimiento presentido, sería igual de devastador.

Ranma apresuró su paso, ya poco faltaba para que pudiera llegar a su hogar, lo último que deseaba en ese instante era convertirse en chica, su mente y su vapuleado corazón, no daban para soportar más problemas. Arribó al dojo y con esa destreza que siempre le caracterizó, se coló hasta la habitación de su prometida, sin ser visto por nadie. Esperó a que sus ojos se acostumbraran a la penumbra, y posterior a esto, recorrió la habitación detalladamente, no perdiéndose de nada, grabando a consciencia todos y cada uno de los objetos y muebles que había en la recámara. Avanzó y se tomó la libertad de sentarse sobre la cama de Akane, en otras circunstancias, nunca lo hubiera hecho, su marimacho seguramente lo hubiera mandado a volar por los cielos de Nerima tildándolo de pervertido, pero en esta ocasión era diferente; acarició el lecho, justo como le hubiese gustado acariciarla a ella, con infinita ternura y devoción, de alguna manera, el azabache sintió que, al estar ahí en ese sitio, podía conectarse de alguna forma con su prometida, anhelaba tanto verla, ansiaba su tacto —aun cuando sólo fuera una bofetada o un puñetazo directo a su quijada— la extrañaba tanto, que dolía, y más aún ahora, que no sabía cómo saldría de este nuevo embrollo en el que Ukyo lo había envuelto, y no dudaba que su padre también estuviera involucrado en esto. El muy rastrero de Genma, por unos cuantos yenes era capaz de todo, se lo había demostrado en más de una ocasión, pero hablaría con él, y esta vez, no se saldría con la suya, Genma Saotome, tenía que librarlo de este problema sí o sí. Ranma estaba decidido, cualquier temor a ser rechazado, se había ido a segundo término, él se quedaría con Akane, sin importar el costo, así tuviera que viajar a pie y a nado hasta Londres, lo había decidido y así lo haría, y esta vez, no permitiría que nadie se interpusiera entre ellos. Sus sentimientos hacia a Akane serían, a partir de ese momento, su secreto mejor guardado, pero en esta ocasión sería, por razones distintas. Dicho esto, y con plena convicción de lo que debía hacer, salió a hurtadillas del cuarto de Akane y se dirigió a su habitación, sin percatarse de que, fue observado por alguien más, alguien que utilizaría ese pequeño, pero significativo hallazgo para beneficio de sus planes.

.

. . .

.

Las nueve de la mañana, todos los alumnos del Furinkan se encontraban ya dentro de sus aulas, iniciando actividades… todos excepto cierto joven de cabellos azabaches quien, por no haber dormido más allá de un par de horas, se despertó sumamente tarde esa mañana, lo que derivó en una serie de eventos desafortunados que dieron como resultado final el que él terminara castigado en el pasillo sosteniendo un par de baldes con agua. El joven no podía estar de peor humor, esto era sin dudas, la "cereza del pastel", las cosas sólo iban de mal en peor y lo único que quería era que las clases terminaran. Dio un rápido vistazo al interior de su salón de clases, observando al profesor impartiendo la lección de matemáticas, casi por inercia, buscó a su prometida, recordando en el instante que, ella no estaba ahí, su decepción fue notoria, Akane sin dudas, le hubiera explicado la lección de ese día, de sobra sabía que, las matemáticas no eran su fuerte; pero Akane no estaba, así que decidió recurrir a la otra persona que seguramente le explicaría la lección, aunque de inmediato descartó la idea, luego del bochornoso momento de la noche pasada, lo último que quería era verse a solas con Ukyo. No, definitivamente no recurriría a ella hasta no haber pensado bien las cosas y en el cómo resolvería su embrollo con ella y con las otras dos locas autoproclamadas "prometidas". Inconscientemente dirigió su mirada al pupitre en dónde se supone debía estar sentada la joven Kounji, en un vano intento por asegurarse de que se encontraba bien, sin embargo, se sorprendió bastante al percatarse de que, su amiga de la infancia no estaba, y más grande fue su sorpresa al ser consciente de que ni siquiera había reparado en ello, hasta ese instante. Entendió que quizá, la joven en cuestión, no tenía deseo alguno de toparse con él, luego de haber sido rechazada por él de manera tajante, seguramente, se sentía humillada y dolida, Ranma sabía muy bien que no era fácil superar el sufrimiento por perderlo, y es que, ¿en dónde encontraría un prometido mejor que él? sí, Ranma lo sabía, Ukyo tardaría una eternidad en recuperarse de semejante pérdida. El azabache soltó un sonoro suspiro y sintió pena por su amiga, pues no deseaba lastimarla.

Alzó la vista fijándola en el techo, viendo a la nada y recordando, el embarazoso momento que vivió cuando su amiga intentó besarlo.

. . .

FLASH BACK

Ukyo, se lanzó sobre Ranma y rodeó su cuello con sus brazos, en un intento desesperado por robar un beso de los labios del joven, "un beso suyo, aunque sea uno solo, es todo lo que necesito, y entonces él lo sabrá, sabrá todo lo que siento por él, sabrá que es conmigo con quien debe estar… sólo un beso" pensaba Ukyo, y acercó peligrosamente, sus labios a los de Ranma…

Por suerte, para el joven, alcanzó a reaccionar cuando los labios de Ukyo estaban a milímetros de hacer contacto con los de él, giró su rostro y la chica terminó por estampar su boca en la mejilla de Ranma, acción que provocó gran dolor e indignación en Ukyo, quien se separó de Ranma —de una forma bastante brusca— y le dirigió la mirada más cargada de resentimiento que le había mostrado en su vida, los ojos de la joven se anegaron en lágrimas, abrió su boca con ansiedad contenida queriendo gritar y reprocharle al joven por su rechazo, pero el gran nudo en su garganta, le impidió soltar palabra alguna, así que fue Ranma quien, haciendo un esfuerzo sobrehumano, rompió el silencio, mencionando un simple "No puedo" y le dio la espalda a su amiga. Ukyo rompió en llanto, giró sobre sus talones y corrió, tan rápido como le fue posible sin mirar atrás, nunca en su vida la habían humillado tanto. Ranma no tuvo la más mínima intención de detenerla, en honor a la verdad, lo que quería, era deshacerse de su amiga, y se sentía tremendamente aliviado de que ella se fuera por voluntad propia. En ese momento lo supo, ya no había vuelta atrás, debía arreglar todo de una maldita vez.

FIN DEL FLASH BACK

. . .

.

Al llegar la hora del receso, el joven Saotome, se escabulló en una bodega en la cual guardaban los artículos de deportes, sin importar lo mucho que ansiaba comenzar a resolver sus "problemas" con sus otras prometidas, sabía bien que, si no conseguía dormir, aunque fuera un poco, perdería la poca cordura que tenía, luego de haber pasado por toda esa serie de sucesos sin control.

El joven azabache, estaba tan sumido en sus problemas que, nunca se percató de que lo vigilaban; ahí oculto entre el follaje de los árboles aledaños a la bodega, estaba Mousse, custodiando. Tan pronto como Ranma cerró la puerta del lugar, el joven chino, de un salto, bajó del árbol y se dirigió hacia el ventanal más próximo que encontró, al observar a través del cristal vió cómo el azabache rápidamente era vencido por el cansancio y caía en un profundo sueño —en honor a la verdad, se debe aclarar que, el azabache no necesita de mucho para caer en brazos de Morfeo, pero en esta ocasión le costó mucho menos trabajo, pues estaba sumamente agotado— una vez que tuvo la certeza de que Ranma no despertaría, se retiró del sitio, rumbo al bosque que se encontraba en la parte trasera de la escuela, para encontrarse con aquella que le había vuelto a pagar por sus servicios.

—Tendo, tal y como lo dijiste, está dormido en la bodega, se le ve bastante cansado…

—Eso es perfecto. Ahora tienes que ayudarme con la segunda parte del plan —dijo Nabiki al tiempo que señalaba una caja la cual contenía cinco pequeños gatitos —¡rápido! No tenemos tiempo que perder…

—No lo sé… considero que esto es jugar sucio, sabes muy bien que Saotome le tiene pavor a los gatos

—Exacto, por eso quiero que se los eches encima…

—Pero se despertará…

—¡Ese es el punto!

—… y se veía bastante agotado…

—Precisamente por eso tenemos que despertarlo…

—… pero ¿qué caso tiene? ¿eso en qué te va a beneficiar? —Nabiki rodó los ojos, dejó escapar un sonoro suspiro haciendo notar que su paciencia estaba llegando al límite y se sobó el puente de la nariz.

—Mousse, Mousee… de verdad no alcanzo a entenderlos. Todos ustedes se consideran a sí mismos "artistas marciales", pero definitivamente en lo que a estrategias de ataque se refiere, son bastante lentos, no entienden que la mejor manera de vencer a un enemigo, no es con los puños, se requiere mucho más que eso, necesitan astucia e inteligencia, y al parecer todos ustedes, carecen bastante de ello… —Mousse apretó los labios y se tragó sus palabras, siendo sincero, no tenía con qué refutarle a la joven Tendo, pues tenía razón, nadie le ganaba a ella en inteligencia y astucia. Nabiki lo observó y le regaló una sonrisa cargada de malicia, decidió ser un poco compasiva y le explicó al joven chino lo que quería saber, después de todo, a pesar de que le pagaba por ello, había accedido ayudarle sin rechistar. —Mi cuñadito está exhausto, tanto física como mentalmente, eso significa que no tendrá claridad en su actuar, ni en sus pensamientos… o sea que, si perpetúo su agotado estado, podré despedazar su voluntad fácilmente, y entonces me dará lo que quiero… a estas alturas del partido ha cargado con mucho… y está a punto de quebrarse, sólo necesita un pequeño empujón, y ese, se lo darás tú, evitándole el descanso que tanto necesita. —La mandíbula de Mousse se cayó tanto, que parecía que en cualquier momento se desarticularía, apenas podía creer que, la mente de Nabiki pudiera urdir tan maquiavélicos planes ¿Qué acaso no tenía ni una pizca de compasión en su ser? Tragó en seco y la miró fijamente a los ojos, como si pudiera leer en ellos qué era lo que esperaba conseguir con todo esto, pero no vio nada, sólo un vacío escalofriante, y prefirió retirarse. Tomó la caja con los gatitos y se encaminó hacia la bodega, los acomodó estratégicamente y en poco menos de un minuto se escuchó el estridente sonido, producto del grito de pánico del azabache, poco después, se observó al chico de la trenza salir corriendo despavorido, cual alma perseguida por el diablo, con un gatito fuertemente prendido de su espalda, en ese momento Mousse se escondió, de nuevo en el follaje, y siguió con la mirada al azabache, quien corría hacia donde estaban sus compañeros, para que lo auxiliaran y le quitaran al felino de encima. Era seguro que el susto recibido lo mantendría despierto por lo que restaba del día.

Cerca de las cuatro de la tarde, Ranma se dirigía a paso lento rumbo al dojo, había estado huyendo de los felinos todo lo que restó de la mañana y parte de la tarde también. Sin entender bien el porqué, se percató de que se había estado topando con gatos a cada paso que daba, él de sobra sabía que su suerte no era la mejor, por el contrario, siempre terminaba envuelto en problemas del tipo "estar en el lugar y momento equivocados", pero lo que estaba viviendo en ese día rayaba en lo ridículo, ni él mismo podría tener tanta mala suerte, como para toparse con gatos —lo único a lo que le tenía terror— en cada esquina, ¡No señor! Algo le daba muy mala espina.

Nodoka, que se encontraba sentada en el salón principal de la casa tomando un poco de té, observó a su hijo con detenimiento, desde el instante en el que llegó. Tan pronto arribó al dojo, el azabache caminó rumbo a su cuarto con la firme intención de echarse a dormir. El corazón de la mujer se llenó de angustia, sin embargo, sabía que lo que estaba por hacer, era por el bien de Ranma, ya era momento de que su hijo se comportara como un hombre… y un hombre lucha siempre por permanecer al lado de la mujer que ama.

—¡Ranma! Hijo, qué gusto ver que al fin llegas, tengo una encomienda para ti, lo haría yo misma, pero Kasumi salió y debo preparar la cena… —El joven miró completamente horrorizado a su madre, pues era bien sabido por él que, nunca podría decirle que "NO" a su progenitora, sin embargo, de verdad sentía que empezaría a funcionar en piloto automático de un momento a otro. Su cerebro no funcionaba ya, sus neuronas no hacían sinapsis y no se pudo inventar ninguna excusa convincente, para no hacer el encargo de su madre.

—Ho-hola mamá… claro, dime ¿qué necesitas?

—Quiero que vayas al negocio del señor Yamada y que me traigas estas especias —dijo Nodoka, mientras le entregaba una nota con una lista de lo requerido. Cuando Ranma tomó la lista, abrió los ojos tanto, que Nodoka tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano para aguantar la carcajada que amenazaba con escapar de sus labios. Ranma comenzó a sudar copiosamente, y de súbito, también, su respiración se aceleró.

—¡Pero mamá! ¡esto queda del otro lado de la ciudad! Tardaré una hora, nada más en trasladarme… ¿No puede ser en otro lugar? —Nodoka negó.

—Sólo tienen esas especias en el negocio del señor Yamada, debes ir allá… —El rostro de Ranma se tornó sombrío, maldijo para sus adentros y renegó de su mala suerte, ese día se le estaba haciendo largo en demasía, lo único que quería era poder dormir un poco antes de hablar con sus autoproclamadas prometidas, sabía que necesitaba tener claridad de mente, y se reprochaba a sí mismo por no poder decirle "No" a su madre. No pudo hablar, las palabras se le atoraron en la garganta, sólo asintió, soltó un suspiro, y con la nota en sus manos, tomó rumbo hacia la salida del dojo para ir a cumplir con la diligencia encargada.

Nodoka lo observó alejarse, se quedó ahí de pie, fija en su lugar, hasta que por fin perdió a Ranma de su vista, luego de eso, caminó rumbo a la habitación de Nabiki y llamó a la puerta.

—¡Adelante!

—Nabiki, he hecho lo que me pediste…

—¡Perfecto! Si tu intuición de madre no se ha equivocado, hoy es el día tía…

—Créeme, una madre nunca se equivoca. Aunque sigo teniendo dudas respecto a tu… método. Mi pobre Ranma se veía bastante agotado… cuando lo vi salir de la habitación de Akane, pude notar que no durmió nada…

—Así debe ser, confía en mí.

.

.


.

Londres ocho de la mañana

.

.

El agua resbalaba a través de su cuerpo y de sus manos, regalándole una sensación placentera, que difícilmente podía sentir de otra forma. Las poderosas brazadas, en conjunto con el fuerte pataleo, le hacían avanzar a una velocidad apenas verosímil, no por nada, él era el campeón invicto desde hacía ya dos años. Los minutos en el reloj avanzaban y en su contador personal, las yardas se iban acumulando poco a poco, él estaba ya bastante cerca de romper su propia marca personal. Día con día, se presentaba en aquella piscina, para realizar su acostumbrado entrenamiento, desde las seis de la mañana, hasta las ocho de la mañana, sin excepciones, en ese aspecto era bastante disciplinado. Era uno de los pocos aspectos de su vida, en los que Josh, no se daba el lujo de ser holgado respecto a las reglas, no en el nado, él sabía que, para llegar a dónde él había llegado y mantenerse ahí, la disciplina y el orden eran indispensables. Y Ryan lo sabía también.

Josh dio las últimas brazadas y emergió hacia la superficie, estiró sus manos para apoyarse en la escalinata metálica y salir de la piscina, cuando súbitamente, se encontró con Ryan quien le extendió el brazo pasándole una toalla, la cual Josh recibió de buena gana.

—Sabía que te iba a encontrar aquí

—No es una gran hazaña, sabes bien que no perdono mi entrenamiento. A estas horas, siempre estoy aquí. —Ryan asintió al tiempo que un suave sonrojo coloreaba sus mejillas, soltó un suspiro tratando de calmar su nerviosismo ¿por qué se estaba poniendo nervioso? A decir verdad, ni él mismo lo sabía con claridad. —Y dígame… joven Townsend ¿qué puedo hacer por usted? —soltó Josh con cierto sarcasmo al tiempo que le dedicaba a su amigo una reverencia un tanto exagerada; Ryan lo observó y puso los ojos en blanco para después darle un fuerte golpe en el hombro a su amigo.

—No seas ridículo, vengo a hablar contigo en serio.

—Ja, ja, ja… ya pues… lo siento, pero no lo puede evitar… —ambos tomaron rumbo hacia los vestidores, y continuaron con su charla.

—Vengo a invitarte a cenar en casa conmigo… y mis padres…

—Y, ¿a qué debo el honor? ¿alguna ocasión especial?

—Quiero que mis padres… no, mejor dicho, quiero que mi madre, conozca a Akane… y pienso que si tú vas… ella tal vez se sienta más cómoda…

—¡Vaya! Así que, en verdad vas en serio con ella —Ryan tragó en seco y bufó un poco nervioso, y un tanto fastidiado a la vez.

—Ya te dije que las cosas no son como tú crees… pero ¡ya! Basta de tus tonterías y dime, ¿vendrás o no?...

—Akane conociendo a tus padres… ¡Ja! No me lo perdería por nada del mundo, así tendré material nuevo para fastidiar a Jane… —Ryan soltó una carcajada, de sólo imaginar lo que su amigo era capaz de hacer, cuando alguien lo fastidiaba, rió y bastante, su amigo era de cuidado.

—¡Eres increíble! ¿qué te ha hecho la pobre de Jane?

—Existir… su sola presencia es irritante… además, el otro día recibí una fuerte bofetada de su parte, sólo porque le dije la verdad... y eso me lo cobraré con creces

—Pareces una niñita haciendo una rabieta…

—¿Tú crees? —Ryan asintió y Josh tragó en seco y comenzó a ponerse nervioso, pero soltó un sonoro suspiro y recobró la compostura —no me importa… me voy a desquitar… cuenta conmigo para la cena, ahí estaré.

.

. . .

.

En otro sector de la ciudad, los alumnos del Furinkan se encontraban reunidos ya afuera del que sería su sitio a visitar ese día. Su profesor y el guía los contaban asegurándose de que todos estuvieran completos, en tanto una muy distraída joven de cabellos azules era observada por su par de amigas, quienes no tardaron mucho en acosarla con sus acostumbradas e incómodas preguntas.

—Akane… ¿ahora qué te ocurre?

—¿Eh?

—Sí Akane, cuéntanos qué tienes

—¿Por qué dicen eso?

—No te hagas la desentendida, has estado muy distraída y callada desde que salimos del hotel, a ti te pasa algo. —Le soltó Yuka, sin más, claramente demostrando que la sutileza no era lo suyo.

—¡Yuka! —la regañó Sayuri —perdona Akane… es sólo que… nos preocupamos por ti… lo sabes, ¿verdad? —Akane las observó un tanto incómoda, pero de inmediato reflexionó en que su estado ensimismado, no se debía a nada grave, y se sintió un tanto culpable por preocupar así a sus amigas.

—No es nada chicas, en serio… sólo estoy un poco nerviosa porque… —Akane hizo una pequeña pausa y se lo pensó bien ¿sería conveniente decirles la verdad sobre su cena en casa de los padres de Ryan? Seguramente no pararían de burlarse de ella y hacerle comentarios insinuantes respecto a Ryan; por otro lado, no le gustaba mentir, y menos a sus amigas, podría salirse por la tangente, pero sabía que no conseguiría mucho con eso, sus amigas eran casi tan tozudas como ella o Ranma, cuando se trataba de obtener información, además, tal vez podrían ayudarle en su pequeña disyuntiva. —verán… Ryan me invitó a cenar hoy a casa de sus padres, y… no estoy segura de tener algo apropiado qué usar, al parecer su familia es bastante adinerada, y estaba pensando en ir a comprar algún vestido, aunque no traigo mucho dinero y pues… —Yuka y Sayuri abrieron los ojos tanto, que cualquiera diría que se saldrían de sus cuencas, inmediatamente después se lanzaron una mirada cómplice y gritaron al unísono

—¡Nosotras te acompañamos!

—¡Nosotras te acompañamos!

—¿En serio chicas?

—¡Claro Akane! Además, no te preocupes por el dinero, yo cooperaré con gusto para la causa —dijo Sayuri ilusionada

—Yo también quiero cooperar. Estoy feliz de que por fin hayas decidido hacerle caso a ese guapísimo británico, y hayas mandado a volar a Saotome… —El rostro de Akane se desencajó por el comentario.

—Oye, yo nunca dije…

—¡Sí! Ya era momento de que por fin fueras feliz, Akane… conquistaste a un británico ¡Y es rico! —Akane rodó los ojos y suspiró frustrada, era más que obvio que no le estaban poniendo atención.

—¡Ni siquiera me están escuchando! Yo no…

—¡Te ayudaremos a encontrar el vestido perfecto!

—Y podrás olvidarte de Saotome y de lo mucho que te ha hecho sufrir

—Pero es que… chicas, yo no… —Akane soltó un sonoro suspiro, claramente derrotada, una gruesa gota de sudor resbaló por su sien e hizo una mueca tratando de simular una sonrisa, mientras sus amigas daban de brincos emocionadas por ir de compras; no tenían remedio, al parecer, para ellas, lo trascendental era ver a Akane enamorada y con novio, sin importar quién fuera el joven afortunado. Quizá eso fue lo que las motivó a aceptar tener una cita con los amigos de Ranma, aunque a ojos de la peliazul, ambas parejas se veían bastante felices, pero… ¿sería genuina esa felicidad? ¿se puede ser feliz aun cuando no se esté con el ser amado, con la persona con la que se supone estamos destinados? Poco a poco y sin percatarse de ello, Akane volvió a sumirse en su previo estado meditabundo, y sin quererlo inevitablemente pensó en Ryan, al tiempo que por su mente rondaban incesantemente, varias interrogantes que, lejos de tranquilizarla, la inquietaban más y más "¿y si Ranma y yo no estamos destinados a estar juntos? ¿Y si nunca lo estuvimos?... pero… NO, no puedo pensar así, ¡no más! … ví la señal, él estaba ahí, el colibrí me lo mostró, el caballo salvaje es mi destino…"

Los alumnos siguieron con su visita del día, y Akane, como siempre, continuó prestando tanta atención como le era posible, haciendo anotaciones en su cuaderno y complementando la información otorgada por el guía, con lo que leía en el libro que Ranma le obsequió.

Sin darse cuenta, la mañana se había terminado, y luego de comer, Akane y sus amigas se dirigieron a Oxford Street, en búsqueda del vestido que usaría para su cena de esa noche, Ryan pasaría por ella al hotel, en punto de las ocho, por lo que tenía el tiempo contado. El entusiasmo de sus amigas, le causaba gracia y, hasta cierto punto, la hicieron olvidarse un poco de la ansiedad que le ocasionaba la pronta cena. Llegaron al hotel con lo que sus amigas describieron como el "perfecto vestido de coctel", el atuendo era elegante y conservador, pero le permitía a Akane conservar un aspecto fresco y jovial, al mismo tiempo. Se orientaron mucho con la dependienta que las atendió en el almacén en el que compraron el atuendo, pues el trío de jovencitas, no sabía a ciencia cierta qué era lo más apropiado para una ocasión como esa. Satisfechas con su elección, ahora sólo se concentraron en ayudar a su amiga a alistarse y que estuviera a tiempo en el lobby del hotel.

.

.


.

Nerima once de la noche

.

.

Caminaba parsimoniosamente por las quietas y, a esa hora, silenciosas calles de Nerima. El joven de cabellos color azabache, mostraba una calma que, estaba muy lejos de sentir en realidad; guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón, pues los nervios lo traicionaban a tal punto que no sabía qué hacer con ellas, le sudaban bastante y lo único que se le vino a la mente para tratar de tranquilizarse, fue guardárselas en sus bolsillos; el corazón le latía intensamente, tanto, que sentía como si se le hubiese subido hasta la garganta, lo que le dificultaba tragar; su respiración estaba tranquila, serena, acorde a su marcha, pero eso sólo porque él se había empeñado en hacer ejercicios respiratorios para ayudar a tranquilizar su excitado estado.

Ranma, había pasado toda la tarde envuelto en tareas por demás inverosímiles, y que, casualmente, resultaban de carácter urgente, agregándole, además, el hecho de que solamente él podía llevarlas a cabo, pues para no perder la costumbre, el resto de los hombres del hogar, se encontraban —convenientemente— ausentes y no volverían hasta después de la cena. Luego de haber cumplido con el encargo que su madre le solicitó, Kasumi se apareció con otra "encomienda urgente", la cual le llevó el resto de la tarde, a penas y había tenido tiempo suficiente para comer un rápido bocadillo, y escapar del dojo sin ser visto, para llevar a cabo su plan. Sin embargo, no consideró que el cansancio acumulado más el peso de lo que estaba por hacer, afectaría su estado mental de tal manera.

Todo él era un manojo de nervios, y en el fondo comprendía por qué se había tardado tanto en dar este paso, lo que estaba por hacer, no era tarea fácil, pero tampoco podía seguir así, y él no era ningún cobarde ¡No señor! Ranma Saotome, era un hombre entre hombres, y este era el momento de demostrarlo. Así pues, haciendo acopio del valor que tenía y teniendo en cuenta su principal objetivo, que era ella —porque siempre había sido ella— se dirigió a hurtadillas, con rumbo al hogar de Ukyo.

Debía enfrentarse a su amiga primero, deshacer esa promesa de matrimonio, al parecer firmada por él, y dejarle en claro que, sin importar qué, ella siempre sería su amiga, pero no más que eso. Conforme se acercaba al lugar, la marcha se tornó más y más pesada, los pies le pesaban como plomo, una casi imperceptible e irónica sonrisa se le formó en los labios, pues nunca imaginó que la primera persona a la que le revelaría su intención de terminar con el impuesto compromiso, sería Ukyo. Él mismo se imaginó, en más de una ocasión en esa situación, pero en circunstancias diferentes, y siempre imaginó que las cosas se desarrollarían de manera distinta.

Bufó, fastidiado y harto, sería difícil, pero lo mejor era ponerle fin a toda esta locura de una vez por todas, esa madrugada, mientras meditaba y contemplaba la habitación de su prometida, se dio cuenta de que, definitivamente no podría con el peso que implicaba estar sin ella y perderla, no podría seguir, no podría vivir.

Ukyo sería la más difícil de todas, pues es a la que más quería y a la que menos deseaba herir, por eso mismo decidió empezar por ella, una vez superada esa prueba, Shampoo y Kodachi serían pan comido. Detuvo su andar frente a la entrada principal del local de comida, ya era bastante tarde así que no le extrañó para nada que el local ya estuviera cerrado y las luces apagadas, sin embargo, algo no iba bien. Tocó varias veces, sin recibir respuesta, por lo que decidió subir a la segunda planta del lugar, buscando así, poder entrar por una de las ventanas. Para su suerte, una de las ventanas estaba sin seguro, la deslizó y se introdujo en el lugar, fue sumamente cauteloso, pues de sobra sabía que, si no tenía cuidado, podría ocasionarle un susto a su amiga y recibir un fuerte golpe. Anduvo por el pasillo y caminó hacia las habitaciones, al deslizar la puerta, un fuerte escalofrío le recorrió la espalda, pues nunca esperó encontrarse con esa escena… la habitación estaba completamente vacía, no había nada, ni un mueble. Corrió, ya sin ningún esfuerzo por ser cuidadoso, y verificó en la habitación contigua lo que ya comenzaba a sospechar: la habitación también estaba vacía. Corrió y bajó por la escalinata de madera y se dirigió a la cocina, para encontrarse con el mismo escenario, muebles y anaqueles desprovistos de víveres, un refrigerador desconectado y vacío y la plancha limpia y fría y sobre ella, los bancos que servían de asiento para los comensales. No entendía nada, su entendimiento no le daba para descifrar qué estaba pasando ¿cómo es que su amiga se esfumó así, sin más? Revisó el pequeño patio trasero y obtuvo el mismo resultado, cuando volvió a la cocina, observó un detalle que había pasado por alto, un pequeño trozo de papel pegado en la puerta de uno de los anaqueles, lo tomó y se percató de que era una pequeña carta dirigida a él:

.

"Ranma:

Si estas leyendo esto, seguramente ya te diste cuenta de que ya no estoy en el restaurante; me he marchado, para retomar mi vida y buscar mi propio camino, ya llegó la hora de dejar de perseguirte sólo por una tonta promesa de la infancia y de la que tú no sabías nada. No me quise despedir de ti, porque sabía perfectamente lo que planeabas decirme, sé muy bien lo que sientes por ella, siempre lo supe, en realidad… y contra eso no puedo competir, me marcho, no sé si algún día nos volvamos a ver, pero por ahora sólo te digo adiós…

Ukyo "

.

Ranma arrugó el pedazo de papel y lo guardó en su bolsillo, los engranajes en su cerebro poco a poco comenzaron a encajar y su mente formó teorías y conjeturas respecto a lo que estaba ocurriendo. Salió del lugar, por el mismo ventanal por el que entró y fue cuidadoso de dejar todo bien cerrado. Corrió y de un salto se posicionó sobre uno de los tejados, para acortar distancias y llegar al dojo en tiempo récord, tenía fuertes sospechas de quién podría estar atrás de la partida de Ukyo, y algo en el fondo le decía que no se equivocaba.

Cuando arribó al dojo, brincó la barda, caminó a pasos agigantados por el jardín y subió las escaleras, dando saltos hasta que por fin avanzó y se plantó frente a la puerta de la habitación de quien era, sin duda alguna, la que había estado orquestando un plan maestro y malévolo, pensando sólo en su beneficio. Tomó el picaporte, lo giró y abrió la puerta sin siquiera tocar antes de entrar, no le importaba ya nada, ignoraría por completo los reclamos y cualquier protesta que proviniera de la mediana de las hermanas Tendo, a ojos del azabache, Nabiki había sobrepasado los límites y por mucho.

—¡Nabiki, ahora sí te pasaste de la raya! —le soltó Ranma sin más preámbulo. Nabiki, que se encontraba sentada frente a su escritorio contando su dinero y haciendo anotaciones en un cuaderno, no se inmutó ante la invasión de la que fue víctima, muy por el contrario, continuó con lo suyo como si nada hubiese ocurrido y ni siquiera se molestó en girar su rostro para responderle a su cuñado.

—Yo no diría eso. —Ranma se encolerizó ante la indiferencia que le mostraba su cuñada, comenzó a hiperventilar y se acercó peligrosamente a ella, quería arrancarle el dinero de las manos y tirarlo por la ventana; quería girar la silla en la que ella estaba sentada y obligarla a mirarlo, y que viera toda la rabia que estaba sintiendo; quería que Nabiki Tendo, por una vez en su maldita existencia, sintiera el peso de las consecuencias de sus actos y que temblara de terror, ¡oh sí! Ranma deseaba eso y muchas otras cosas más, pero hizo acopio de todo su autocontrol y se detuvo, no sabía por cuanto tiempo podría contenerse, pero de momento, lo hizo, limitándose sólo a alzarle la voz, aunque de sobra sabía que, con eso, no intimidaría en lo más mínimo a su cuñada.

—¡¿Qué?! ¡¿acaso perdiste la razón?! U-chan… —Nabiki soltó un sonoro suspiro, dejó de contar su dinero y se giró para encarar a su cuñado, interrumpiéndolo en el acto.

—Ukyo perdió, y se hizo a un lado. Ese era el trato y lo debía cumplir sin importar qué. —dijo Nabiki al tiempo que se cruzaba de brazos y elevaba el mentón adoptando una posición altiva

—¡Es mi mejor amiga! ¡Y salió lastimada! —Nabiki observó fijamente a los ojos a Ranma y soltó un bufido, claramente fastidiada, ese cuento de "es mi mejor amiga" ya comenzaba a cansarle

—Ella se lastimó a sí misma, te utilizó vilmente sin medir las consecuencias de sus actos. —Ranma se descolocó con el comentario hecho por Nabiki, sus ojos se abrieron y abrió tanto su boca que parecía que en cualquier momento su mandíbula acabaría por luxarse.

—¿Qué? ¿a qué te refieres?

—Ranma, Ranma… para tener dieciocho años, sigues siendo un niño muy ingenuo. —Ranma puso los ojos en blanco, cruzó los brazos y bufó molesto, sospechaba que lo que Nabiki estaba por revelarle, no le iba a gustar nada. —La carta que Ukyo utilizó para chantajearte es falsa. Y lo sé… porque yo misma la escribí.

—¡¿Qué?! ¡¿Es que estás demente?! ¡Nabiki, eres de lo peor! —El joven apretó los puños tanto, que sus palmas comenzaron a dolerse por la fuerte presión, e instintivamente adoptó una pose de ataque, su respiración se aceleró a niveles alarmantes y Nabiki se puso en alerta, pero en el fondo sabía que, Ranma no sería capaz de golpearla, aunque lo mejor era terminar con esta plática lo más pronto posible.

—Ranma, Ukyo me pagó una fuerte suma de dinero por esto… ¿creíste que dejaría escapar la oportunidad? Era un negocio seguro y bastante lucrativo.

—¡Eres despreciable! —El azabache bufaba cual toro encabritado a punto de envestir a su adversario, ¿cómo había sido capaz, esta mujer, de llegar tan lejos?

—Creo que no sabes lo que dices, no conoces los motivos que me incitaron a hacer todo lo que he venido haciendo —dijo Nabiki, al tiempo que caminaba lentamente por su habitación y se dirigía a su cama, para tomar asiento sobre ella, necesitaba tener un "paso libre" con salida directa de su habitación al pasillo, en caso de que las cosas se le salieran de control, aunque bien sabía que la velocidad de su cuñado era incomparable a la suya, al menos haría el intento de hacer algo por salvaguardar su integridad. Así pues, fingiendo una seguridad que en realidad no tenía, continuó con la charla.

—¡Claro que los conozco! A ti sólo te mueve la ambición.

—Y a ti ¿qué más te da? ¿Eh? Ambos ganamos con todo esto. Tu estuviste hablando por teléfono con Akane y yo gané bastante dinero con eso. —Nabiki continuaba luciéndose con su cínica y descarada actitud, esta vez debía arriesgarse y llevar a Ranma al límite, de esa manera podría poner en marcha la segunda mitad de su plan o darlo por terminado de una vez por todas.

—¿Cómo que qué más me da? Estuviste traicionando la confianza de tu hermana, y de paso, con tus intrigas y tus arreglos casi provocas que yo también… ¡arrgg! No debiste hacer lo que hiciste…

—Ranma, no seas melodramático… —Ranma la observó sorprendido, no se podía creer lo que estaba pasando, ni la facilidad con la que Nabiki le soltaba toda esa cháchara así, sin más.

—¿Qué? ¿Por qué dices eso?

—Siempre has dicho que mi hermana no te importa, que no te casarías con ella… ¿Qué más te da a ti?

—Nabiki… eso no tiene nada que ver con lo que has hecho

—Te equivocas, tiene todo que ver —El azabache observó a la joven castaña, relajó un poco su postura, no así su semblante, el cual guardaba ese gesto serio y cargado de resentimiento.

—¿Por qué?

—Es tu oportunidad para deshacerte de Akane y también del compromiso que te tiene atado a ella. ¿No es eso lo que siempre has querido?

—¡Tú no sabes lo que quiero! —gritó Ranma volviendo a su postura defensiva, sintiendo de inmediato la posible amenaza de perder a su prometida o de ser alejado de ella.

—¿Seguro? ¿Por qué dices que no "sé" lo que quieres?

—Porque… porque no lo sabes y punto —"Maldita seas Nabiki, no conseguirás que lo diga en voz alta"

—Pues esa no es una respuesta convincente para mí, por lo tanto, esta charla ya se terminó —refutó Nabiki al tiempo que se ponía de pie para dirigirse rumbo a la puerta de su cuarto y escapar de una vez de ahí.

—¡No te atrevas! ¡Tú no te vas a ir de aquí! Esta plática no termina hasta que yo lo diga —dijo Ranma, mientras le cerraba el paso, haciendo gala de su gran velocidad. Nabiki se ofuscó, pero siguió interpretando su papel de reina del hielo, cruzó sus brazos y le dirigió a Ranma una de esas miradas, tan conocidas en ella, como cuando se observa a una cucaracha que está a punto de ser aplastada sin piedad.

—Ranma, Ranma, Ranma… no te equivoques conmigo, no soy como esas tontas que andan detrás de ti y que puedes manipular a tu antojo. Sabes muy bien que, si algo no me da ganancias, no vale la pena mi tiempo.

—¡Cállate! Después de todo lo que me has hecho pasar, me lo debes… y me vas a escuchar… —Nabiki sonrió de lado "Bien, ya te tengo en donde quiero".

—Exacto, has pasado por mucho… ¿no es así?

—¿Eh? —Ranma se descolocó por completo con ese comentario.

—Dímelo, te quejas y dices que soy una aprovechada…

—Nabiki ¡Te lo advierto!

—¿No será más bien que aceptaste todo esto para poder darte el lujo de salir con el trío de locas, sin que nadie te pudiera reclamar nada?

—Pero ¡¿Qué dices?!

—Anda Ranma, acéptalo, esas eran tus verdaderas intenciones ¿No?

—¡Claro que no! Ninguna de esas locas me ha interesado nunca…

—Entonces… ¿Por qué tomarse tantas molestias? Si Akane no te interesa, ni el trío de locas, no entiendo ¿por qué aguantaste todo lo que te hice pasar?

—¿Po-por qué?

—Sí. No le encuentro motivo… ¿por qué? A ti ¿qué más te da, si Akane decidiera hacerle caso a ese sexy británico, o si te hubieras besado con alguna de las locas?... —Ranma enfureció y Nabiki volvió a sonreír con ese cinismo tan característico en ella, y decidió continuar con el rumbo que llevaba la plática. —Oh sí, Ranma… aún no he olvidado al sexy británico con el que "sale" Akane, y gracias a mis contactos, ahora sé todo de él…

—¡Cállate! Te repito, Nabiki que, no sabes nada.

—No Ranma, tú insististe en continuar con esta charla y ahora me respondes.

—Yo…

—¿Por qué, Ranma?

—Yo…

—¡Dímelo! ¡Dime por qué! ¿Por qué hiciste todo esto? Sería mejor si Akane se quedara en Londres para siempre ¿no es así? Supe que le habían ofrecido una beca en la universidad de Oxford, ¿tú lo sabías? y dado que aquí no fue aceptada pues…

—Nabiki… si sigues con esta cháchara te arrepentirás ¡Eso te lo puedo jurar!

—Lo dudo mucho… Contéstame Ranma ¿por qué te tomaste tantas molestias en todos estos días? —Ranma observó fijamente a Nabiki, su semblante se endureció, sus ojos reflejaban un fuego, que pocas veces se le había visto, tragó en seco, estaba muy lejos de mantener la calma, ya no podía más; el joven era un estratega innato, eso le valía la ventaja, muchas veces, en lo que a las artes marciales se refería, pero en esta ocasión todo era diferente, su cuñada lo había acorralado, y lo había conseguido en poco tiempo y de una forma —a ojos de cualquier espectador— bastante sencilla; se sabía vencido, sabía que, en esta ocasión, ser un prodigioso luchador, no le serviría de nada, pues en cuestiones de astucia mental, Nabiki le llevaba la delantera, y por mucho. Apretó la mandíbula, y rechinó sus dientes, su cerebro trataba de evaluar toda la situación para poder salir librado de esta, así como lo había estado consiguiendo a lo largo de dos años, pero su cerebro se negaba a trabajar… nada, eso era lo que recibía en respuesta, una fuerte y brutal ¡Nada! Nada qué decir o con qué refutar, nada con qué negar lo evidente, nada con qué poderse salir por la tangente y dejar esta plática a medias… Nada, nada, nada ¡NADA! Y lo peor era que, al parecer, Nabiki y se había dado cuenta de todo esto desde mucho antes que él… evaluó de nuevo su situación y fue cuando lo decidió, decidió rendirse y mostrarse vulnerable frente al ser más rastrero de la casa Tendo, porque no estaba dispuesto a correr el riesgo de perder a Akane, eso ya lo tenía decidido, así que, se rendiría, y lidiaría con las consecuencias, como el hombre que era.

—¡Porque la amo! ¿me escuchaste Nabiki? ¡Amo a Akane con todo mi ser! ¡La amo más que a mi vida! ¡y estoy dispuesto a hacer todo por ella!

—Entiendo… sólo eso quería escuchar… ¿De verdad te resultaba tan difícil aceptar lo obvio? —Ranma se quedó sin habla, su rostro fue atacado por un fuerte sonrojo, que hacía pensar que en cualquier momento haría combustión interna, balbuceó unas cuantas cosas, distinguiéndose sólo un "no creo" y un "no era obvio" entre todo el balbuceo. En ese instante, Nabiki moría por soltar una sonora carcajada y reír hasta más no poder, pero se contuvo, su cuñadito al fin había avanzado, y lo mejor era no intimidarlo más de lo que ya estaba. Ahora sólo hacía falta poner en marcha la segunda fase de su plan, su cerebro ya estaba trabajando en ello, debía apresurarse, aún no estaba en sitio seguro, y las cosas podían complicarse en cualquier momento, así que no era momento de relajarse; súbitamente, su estado de ensimismamiento se vio interrumpido, por la intrusión de alguien inesperado, quien terminó por darle al traste a la muy maltrecha calma del azabache.

—Lo mismo digo… Hijo ¿De verdad era tan difícil que aceptaras tu amor por Akane? —Ranma miró aterrado a su madre, ahora sí, ya no habría manera de "arrepentirse" de lo dicho, su madre lo obligaría a mantener su palabra con katana en mano.

—Tía Nodoka, tan oportuna como siempre, estaba a punto de ir a buscarte, pero ya que estas aquí creo que podremos proseguir sin problemas. —Nodoka asintió.

—Sí, debemos darnos prisa, para cuando amanezca, la noticia de la partida de Ukyo seguro llegará a oídos de las otras dos, y eso pondría en riesgo todo lo planeado, debe ser esta misma noche. Nabiki ¿tienes todo listo ya? —Nabiki asintió y le dirigió un rápido vistazo a Ranma y sonrió con suficiencia, el rostro descolocado de Ranma resultaba un regalo de los dioses.

—Todo está listo, el único contratiempo fue que, no pude encontrar una salida para esta misma noche, aunque confiaba en tu intuición y en mi plan, confieso que me costó calcular con mayor exactitud el momento en el que vería el fruto de mi esfuerzo, por lo que no pude prever que sería hoy, cuando todo se pondría en marcha.

—Entonces ¿cuándo será la salida?

—Dentro de tres días más, por la noche. Por lo demás, todo está listo. —Nodoka asintió, sus ojos reflejaban poder y decisión, sonrió satisfecha y tomó asiento en la cama de Nabiki, para continuar con su charla. Ranma giraba el rostro entre una y otra, sin poder entender absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo, según parecía, su madre y Nabiki tenían una especie de "plan" y, resultaba más que obvio que el directamente involucrado en dicho plan, era él. En esos momentos fue testigo de cómo entre su madre y su cuñada, se fraguaba algo, y hablaban entre ellas, de él, como si no estuviera presente, como si él no tuviera nada que decir, y eso lo encolerizó, sentirse tratado como un crío inmaduro y sin voz ni voto, era una de las cosas que más lo enfurecía, así que con miedo a la katana y todo, Ranma se puso en pie en frente de las dos y las interrumpió de una manera tan abrupta, que rayaba en lo grosero.

—¡¿Se puede saber de qué narices están hablando?! ¿Cuál salida? ¿Qué va a pasar en tres días? ¡Exijo saber todo ya mismo! —Ambas mujeres giraron su rostro, observaron a Ranma y después le dedicaron una sonrisa cómplice, Nodoka suspiró y fue la que comenzó con la explicación.

—Ranma, querido, baja la voz, o despertarás a todos en la casa, y créeme que no te conviene que eso ocurra. ¡Oh por kami! Tu padre cumplió entrenándote y volviéndote un hombre entre hombres, pero tus modales dejan mucho que desear, creo que tendré que pulirlos un poco, no es nada varonil que me estés gritando de esta manera… —Ranma tragó en seco y asintió, para después hacer uso de su técnica del "tigre caído" y pedir disculpas, Nodoka lo observó más satisfecha y prosiguió. —… bien, te lo diré de la manera más simple que se puede explicar esto, y Nabiki se encargará de darte todos los detalles, es importantísimo que uses esa cabeza tuya y prestes mucha atención —Nabiki soltó una risita burlona por el comentario hecho por su tía y Ranma la observó fastidiado.

—Sí madre, prestaré atención

—Partirás a Londres… esa es la salida a la que nos referimos.

—¡¿Qué?!

—Irás a Londres y le declararás tu amor a Akane, y la convencerás de que lo mejor es que se quede aquí en Japón, con los suyos, y al lado del hombre que la ama; le harás ver que no vale la pena que acepte esa beca que le dieron, y me harás sentir orgullosa por lo varonil que eres…

—¡¿Acaso perdieron la razón?! ¡¿Irme a Londres?! ¿Cómo creen que pagaré ese viaje?

—De eso me encargué yo cuñadito… ¿qué crees tú que estuve haciendo con el dinero que obtuve de todo esto? —y en ese momento Ranma sintió como si le hubieran vertido encima una cubeta con agua helada, ¿Así que todo este tiempo, sin darse cuenta, estuvo "trabajando" para pagar su viaje, y poder alcanzar a Akane en Londres? Esto sí que no lo vio venir, pero dentro de su estado de confusión, emergió un pensamiento, que le hizo recuperar la compostura y mantener la cordura: "él iría a Londres y vería a su marimacho".

—¡Pronto! Debemos darnos prisa, no tenemos tiempo que perder, hijo ¡reacciona de una vez y ve a hacer tu maleta!

.

.


.

Londres ocho de la noche

.

.

Acorde a como dictan las viejas tradiciones, a las ocho en punto, Ryan estaba en el lobby del hotel, esperando por Akane, su porte regio era algo digno de contemplarse, más de una joven se vio fuertemente atraída hacia él e inevitablemente detenían su andar para echarle una mirada más detallada; aquel personaje principesco, mostraba una calma tal, que contrastaba por completo con su interior, temía sobre manera que sus padres —pero más en concreto su padre— fueran a desdeñar a Akane de alguna forma que rayara en lo ofensivo, pues conocía la naturaleza conservadora y un tanto snob de sus progenitores, pero sabía también, que por cuidar su imagen, su madre era capaz de conservar la compostura frente a situaciones inusuales.

A los tres minutos de su arribo, el timbre del elevador se escuchó, anunciando la llegada de su pasajera, la joven de ojos color avellana estaba descendiendo del mismo, al tiempo que Ryan dirigía su vista hacia las puertas color oro. Cuando Akane hizo su aparición, Ryan quedó sin aliento, la joven portaba un vestido de cóctel color rojo, la suave tela vaporosa del faldón, caía suavemente por las caderas de la joven y el largo llegaba justo arriba de la rodilla, el discreto pero coqueto escote en "V" había sido elegantemente ornamentado con una fina cadena de oro, que hacía juego con los pendientes que había elegido para la ocasión, y una pequeña capa de maquillaje, fue el complemento perfecto para el atuendo, Akane lucía perfecta… no había calificativo alguno que le hiciera justicia.

—Akane… te ves… te ves hermosa. —Las mejillas de la joven se colorearon de un suave sonrojo y le dedico una sutil sonrisa a su amigo.

—Gracias… no estaba segura de qué atuendo pudiera resultar apropiado para la ocasión… espero que este vestido esté bien.

—Akane… cualquier atuendo que hubieses elegido, hubiera estado bien, no importa cómo te veas, yo sólo quiero gozar de tu compañía. —El sonrojo de Akane aumentó más, poniéndola en total evidencia frente a él. Debía aceptar que, normalmente estaba —hasta cierto punto— acostumbrada a recibir cumplidos, pero toda la aburrida cháchara que recibía por parte de sus "pretendientes" le parecía vacía, poco sincera, sin sentido; pero cuando los cumplidos venían por parte de Ryan, la cosa cambiaba, pues todos y cada uno de sus halagos, eran honestos, eran mucho más que sólo palabras, y ella no estaba muy habituada a recibir adulaciones de ese tipo, y menos, teniendo un prometido como Ranma.

Caminaron hasta el auto de Ryan, y abordaron el vehículo con rumbo hacia la mansión Townsend. Ryan manejó hacia el norte de la ciudad, hasta llegar al barrio de Hampstead. Akane quedó maravillada por la hermosa arquitectura de las mansiones, la calle estaba totalmente desierta, hermosamente coronada por las luces color azafrán que estaban encendidas fuera de las mansiones; el ambiente no podía ser más propicio para una cita o un paseo romántico, todo era sencillamente perfecto. Arribaron a una mansión, igual de grande y señorial que las otras, la entrada de la mansión mostraba un muy ornamentado cancel color negro con adornos dorados, toda la propiedad estaba rodeada por columnas y un enorme muro perimetral de color marfil; Ryan oprimió el botón del control que tenía en su automóvil y el cancel se abrió, recorrieron el camino central, rodeado por un hermoso jardín frontal, hasta que llegaron a una pequeña glorieta ubicada justo en frente de la entrada principal de la mansión, ahí, el joven estacionó el automóvil, se bajó y corrió hacia el lugar del copiloto, para abrirle la puerta a Akane y ayudarla a bajar del vehículo. Subieron por una escalinata de cantera y al llegar a la puerta de entrada al enorme recinto, ambos jóvenes fueron recibidos por un mayordomo, ataviado con un traje gris oscuro, camisa blanca y una corbata azul marino; de pelo cano y con un corte de cabello bastante conservador, el hombre de impecable rostro le dio la bienvenida al joven de la casa. Ryan por su parte le presentó a su amiga, Geoffrey, el mayordomo, hizo una pequeña reverencia, en señal de respeto hacia la amiga de su joven "amo" y sin más los dirigió hacia el salón de té, en dónde aguardarían por el resto de los invitados.

Mientras caminaban con rumbo al salón, a Akane le fue imposible disimular su asombro, por lo majestuosa que resultó ser la mansión en la que vivía su amigo. Caminaron hasta llegar a unas puertas de cedro adornadas con coloridos vitrales, Geoffrey las abrió y los invitó a pasar al salón. Dentro, la joven peliazul se topó con una habitación con paredes color marfil, en el centro había un tapete persa sobre el cual había una mesa de centro de madera finamente tallada, en la periferia del tapete se encontró con tres sofás de fina tela color café con leche, adornados con cojines que hacían juego con el tapete; los muros estaban decorados con pinturas del período renacentista, observándose réplicas exactas de obras de Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel; los enormes ventanales, permitían la entrada de luz natural —en el día— y por la noche, permitían apreciar la noche estrellada y el jardín trasero que, de vez en cuando, era visitado por luciérnagas, resultando un espectáculo mágico para sus espectadores. Tomaron asiento, y de inmediato fueron abordados por una mujer, menuda y robusta, de tez blanca y unos cálidos ojos color miel, con una sonrisa gentil, tendría aproximadamente la misma edad del mayordomo, su pulcro uniforme en color negro y su resplandeciente delantal, le hicieron comprender a Akane de inmediato que, esa mujer también era trabajadora de la mansión. Colocó en la mesa de centro, un par de tazas, una tetera con líquido color ambarino el cual se encontraba ya en su punto y listo para ser servido, y unos cuantos bocadillos. La mujer se inclinó para susurrar un par de cosas al oído de Ryan, acto seguido, se despidió de los jóvenes y se retiró del lugar.

—Mary, es esposa de Geoffrey y ha trabajado para mis padres por más de veinte años. Es una mujer muy agradable… me ha dicho que mi padre viene un poco retrasado de la oficina, y que ha llamado para informar de su retraso y te envía sus disculpas por ello…

—No hay problema, Ryan. Estoy segura de que debe ser un hombre con muchas ocupaciones, no era necesario que se disculpara. ¿Fue todo lo que Mary te dijo?

—¿Por qué la pregunta?

—Por la expresión en tu rostro, me dio la impresión de que te dijo algo más…

—Me dijo que mi "Novia" era una mujer muy hermosa… —Akane se sintió abochornada por el comentario, y por la naturalidad con la que su amigo le soltó esa palabra… "Novia"… esa etiqueta le había resultado tan insignificante, no se identificaba con ella para nada, luego llegó Ranma a su vida, y de pronto y sin darse cuenta, se encontró a sí misma, ansiando ser reconocida como la "NOVIA" de Ranma Saotome, pero más que eso, ansiaba que su bobo prometido se lo pidiera, de manera real y sincera, aun cuando el resto del mundo no lo supiera, porque ella lo sabría y él también, y con eso le bastaba. Akane se sonrojó y miró, un tanto extrañada, a su amigo, quien, de súbito, dejó escapar una sonora carcajada, al tiempo que señalaba a su amiga japonesa. En medio de las risas, Ryan dejaba escapar murmullos apenas entendibles de los cuales sólo se rescataba la frase "mi novia", y eso, parecía incrementar más y más el bochorno de Akane, quien estaba empezando a perder la paciencia.

—¡Oye! ¡deja ya de reírte! No me parece nada gracioso —Se levantó de su sitio con la clara intención de darle un fuerte coscorrón al joven británico, al tiempo que éste levantaba sus brazos para protegerse del fuerte golpe que estaba a punto de recibir, pero fueron interrumpidos por la inesperada presencia de alguien que llegó al lugar, sin ser apropiadamente anunciado.

—Vaya, vaya… Que gusto me da ver que el par de enamorados se lleva tan bien —Ryan y Akane quedaron congelados en su sitio, después, lentamente giraron sus rostros hacia la entrada del salón encontrándose con el joven de ojos azules que, divertido en demasía, observaba la escena con suma atención. Akane tragó en seco, su mente quedó en blanco y su cuerpo perdió toda capacidad de movimiento, Ryan por su parte se vio súbitamente atacado por un fuerte sonrojo, y extrañamente no podía dejar de ver a su amigo Josh, quien seguía de lo más divertido, observando la escena y al par de "tortolitos". —Vaya, pero hagan algo, no es como si los fuera a "regañar" por actuar de forma "indecorosa", ni que los hubiera cachado haciendo algo malo.

—No seas ridículo, Akane y yo sólo estábamos bromeando…

—Pues, por su manera de reaccionar, déjame decirte que los ridículos fueron otros… pero bueno basta de charla. La amable señora Mary, me dijo que aquí estaban, y que, había preparado unos de sus famosos bocadillos, así que, si me lo permiten, quiero empezar a comer.

—¿Pero no vamos a cenar ya? —preguntó Akane, con suma curiosidad y un poco apenada, pues desconocía en verdad, qué costumbres se tenían en casa de su amigo.

—Descuida, la cena será servida dentro de unos cuarenta y cinco minutos, esperaremos a que llegue mi padre, mientras si así lo deseas, puedes comer uno o dos bocadillos para que calmes el hambre. Además, Josh no arruinará su apetito, es un pozo sin fondo ¿sabes? Difícilmente queda satisfecho con una porción normal de comida. —Akane sonrió y de inmediato pensó en su prometido, él también era un pozo sin fondo.

Degustaron los bocadillos y bebieron el té, sin darse cuenta, los tres se encontraron inmersos en una interesante charla, Josh por su parte, no perdía oportunidad para abochornar a su amigo, mientras que Akane reía por las disputas que se desataban entre ambos chicos. Pasado un momento de agradable plática, un silencio sepulcral reinó en el lugar, la madre de Ryan ingresó al salón y fue vista por éste, por lo que súbitamente se puso de pie y guardó silencio. Akane y Josh, giraron su rostro, un tanto extrañados por la reacción del joven, para, segundos después, percatarse de la presencia de la mujer. La madre de Ryan, una mujer hermosa sin lugar a dudas, estaba de pie, su rostro era totalmente inexpresivo, pero un pequeño dejo de alegría se vislumbraba en su mirar, hacía mucho que no veía a su hijo tan pleno y feliz; de rubios cabellos y ojos color azul claro, derrochando porte y elegancia con su conservador, pero refinado vestido color azul marino, caminó con calculada parsimonia hacia el sofá y saludó a su hijo regalándole un beso en cada mejilla.

—Madre, qué gusto que estés aquí.

—El gusto es mío, hubiera llegado antes, pero la reunión con la junta directiva de la fundación tomó más de lo previsto. —Dicho esto, le dirigió una mirada detallada a la joven peliazul, quien de inmediato se sintió intimidada ante la presencia de semejante mujer, curiosamente, aunque de un modo un poco distinto, su porte y garbo al hablar y al caminar, le recordó a la madre de Ranma; sin duda, las marcadas diferencias entre ambas culturas, no le pasaron desapercibidas, pero a la vez, le dio la impresión de que ambas mujeres estaban íntimamente ligadas por su deseo de buscar la perfección en su proceder.

—Madre, quiero presentarte a Akane Tendo… es extranjera, proveniente de Japón, con ella es con quien he estado yendo a entrenar durante las tardes.

—Es un honor conocerla señora Townsend —Akane hizo una reverencia en señal de respeto, eso hubiese sido lo habitual en su país, y esperaba no estar incurriendo en ninguna falta de educación al haber actuado de esa manera. La madre de Ryan sonrió ante el gesto que recibió por parte de la peliazul, y cuando la joven se incorporó, grande fue su sorpresa al darse cuenta que la señora Townsend le regresó la reverencia.

—El honor es mío, querida. ¿Sabes? Moría de curiosidad por saber quién era la joven misteriosa con la que mi hijo pasa sus tardes, y he de decir que me he llevado la más agradable de las sorpresas, eres, sin duda alguna, una mujer muy hermosa. Ahora entiendo por qué mi hijo está tan cautivado contigo. —Akane se quedó sin habla y sus mejillas se tiñeron de un suave, pero muy notorio, sonrojo, giró su rostro hacia su amigo quien sonrió galantemente.

—Madre, quiero decirte, antes que cualquier otra cosa, que Akane es mí…

—Señora Townsend, el señor Townsend ha llegado, y ha pedido que se reúnan todos en el comedor, de inmediato. —El nerviosismo de Akane se elevó mucho más de lo que creyó, mientras que Ryan se frustró un poco por haber sido tan abruptamente interrumpido, quería dejarle en claro a su madre, la situación de su relación con Akane, para así obtener su favor y tenerla de aliada al momento de la cena, ya con su padre ahí, pero al parecer no le sería posible. Todos caminaron detrás del mayordomo con rumbo al comedor, para así prepararse para la tan temida y esperada cena.

.

.

.


.

Hola, primero que nada, quiero ofrecer una ENORME disculpa, por haber tardado tanto en actualizar mi historia. He de decir a mi favor que, en estos meses, ocurrieron muchas cosas con mi vida, tanto en el plano personal, como en el profesional. A finales del año pasado, tuve pérdidas bastante dolorosas, y me resultó un poco difícil encontrar la inspiración necesaria para poder continuar con el capítulo (el cual ya iba bastante avanzado); en diciembre, suele aumentar considerablemente mi trabajo; después empezando el año, mi bloqueo mental continuó y avanzaba con el capítulo, pero no de la manera que yo deseaba; y por último, se desató esta terrible pandemia, así que de nuevo, mi trabajo aumentó considerablemente. He de confesar, que si bien, he tratado de llevar todo este asunto con la mayor calma posible, el estar trabajando desde la trinchera, me ha dado una perspectiva que pocos pueden llegar a tener de todo esto; esta situación es real, y nos ha tomado con sorpresa y desprevenidos a todos, poco a poco he visto cómo compañeros míos de trabajo, han caído enfermos, víctimas de este peligroso virus, sin embargo, afortunadamente hasta el momento, sin víctimas mortales. Quiero tomar esta pequeña oportunidad para pedirles que no olviden las medidas de prevención y hagan todo lo posible por respetar la cuarentena QUÉDENSE EN CASA Es una frase tan sonada y tan repetida, que hasta pudiese llegar a ser fastidiosa, pero no me cansaré de repetirlo, hasta que esto termine. Ruego porque pronto podamos volver a la normalidad y nos podamos dar un fuerte y largo abrazo colectivo para festejar.

Bueno, ahora sí, retomando el asunto de la historia. ¿Se esperaban a caso que esto fuera a ocurrir? ¿Sospecharon en algún momento que Nabiki tuviera estas intenciones? Estoy muy interesada en conocer sus opiniones al respecto. Quise terminar el capítulo ahí, para empezar el siguiente con todo lo que va a acontecer en la cena con los padres de Ryan. Además, no olvidemos que, Ranma aún no lo tiene todo ganado, pues debe desaparecer de Nerima por tres días, y evitar a toda costa que el par de prometidas que aun queda rondando, lo arruinen todo y le impidan viajar a Londres. Ya veremos qué planearon Nodoka y Nabiki para ayudar a Ranma a que viaje y se encuentre con su prometida.

Hasta aquí mi capítulo, me despido, no sin antes reiterarles mi compromiso de TERMINAR ESTA HISTORIA :) Espero con ansías sus comentarios, y una vez más ¡Cuídense mucho por favor!

Hasta Pronto.