TREINTA DIAS
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Declaración: Ranma ½ y todos sus personajes, son propiedad de Rumiko Takahashi. Los he tomado prestados para crear una historia de mi propia autoría, sin fines de lucro.
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Capítulo dieciséis. El perfecto escondite. Verdades a medias. Día Veintiuno
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Londres nueve y media de la noche.
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Todos fueron conducidos hacia el comedor principal, Geoffrey caminaba delante de ellos con paso lento y calculado, a su lado, estaba la señora Townsend, ultimando detalles y dándole indicaciones, nunca en toda su vida de esposa se permitiría cometer un error al momento de organizar una cena, no en su casa y no bajo su supervisión. Avanzaron hasta llegar a un gran salón, mucho más grande que el salón de té, en el centro estaba el comedor tallado en fina madera, con veinte plazas, el asiento y el respaldo de las sillas tenían una tela de fondo rojo con fino bordado en color oro; la mesa, estaba pulcramente preparada, Akane quedó sorprendida con el arreglo de la mesa, sólo había visto esta elegancia en las películas, aunque por un segundo tuvo un tétrico recuerdo del pasado, cuando conoció a la familia de Picolet Chardin, pero de inmediato sacudió de su mente esos incómodos recuerdos; los platos de porcelana estaban ya acomodados en los respectivos sitios, los cubiertos eran de plata, la peliazul tragó en seco, nunca antes había visto tantos cubiertos acomodados y dispuestos para una sola cena; las copas eran de cristal cortado y había dos para cada invitado, una llena con agua natural y la otra con vino tinto. La iluminación del lugar no podía ser más perfecta, con un cálido color ocre, suave, que daba el toque perfecto al sitio.
A la cabeza del comedor, se encontraba sentado ya, el señor Harry Townsend. El hombre, ataviado con un traje color gris oscuro, ya con sesenta años de edad, pero con un porte regio, era sumamente apuesto, sus ojos verdes con una mirada intensa y penetrante, Akane reconoció en ese momento que la genética, había hecho de las suyas, pues pese a que Ryan tenía la sonrisa de su madre, los ojos indudablemente, habían sido herencia de su padre; el cabello del hombre que, al parecer, en algún momento fuera castaño, ahora brillaba con el tono plateado que predominaba en él; tenía barba en candado, detalladamente recortada, todo en él emanaba un aire de seriedad y pulcritud.
Pasados unos pocos minutos, luego de que todos estuvieran a la mesa y preparados para dar inicio a la degustación de los alimentos, sirvieron el primer platillo, una crema de champiñones, el olor que despedía era delicioso, Akane sintió cómo se le hacía agua la boca, pero esperó a que alguno de los presentes diera la primera cucharada a la sopa, para imitarlo y así no cometer algún error. Todos comieron en silencio, y así pasaron del primer platillo hasta el plato fuerte y por último el postre, acompañado de un poco de té. Akane pudo notar cierta tensión en el ambiente y el cómo su amigo Ryan, se comportaba como un robot programado con los modales adecuados para la ocasión. Cuando estaban por terminar el postre, que estaba delicioso al igual que el resto de la comida, se dispusieron a tomar el té, sorbo a sorbo fueron terminando con el ambarino líquido, y fue entonces que la madre de Ryan, como buena anfitriona que era, decidió iniciar con la sobremesa.
—Y dime, Akane ¿A qué se dedica tu familia en Japón? —La joven peliazul se sonrojó de inmediato, sin poderlo evitar, y un creciente nerviosismo se instaló en su estómago, tal vez no fue tan buena idea haber comido de más cuando, a pesar de sentirse satisfecha, decidió ingerir dos o tres galletas extras, su estómago se sintió envuelto en una extraña revolución, le dieron náuseas y sus manos comenzaron a sudar copiosamente, suerte para ella que, había servilletas de tela así que tomó su servilleta e hizo un delicado ademán fingiendo que se limpiaba de la boca el remanente del té que recién había degustado, y aprovechó para secar las palmas de sus manos, tragó en seco y respondió.
—Mi familia… mi familia posee un dojo en el que mi padre da clases de artes marciales. —La madre de Ryan mantuvo un gesto adusto, mientras que el padre del joven le dedicó una dura mirada a la joven Tendo, alzó su ceja izquierda y tomó un sorbo de su té, Akane —quien de inmediato notó el gesto de aquel imponente hombre— volvió a tragar en seco y continuó con su respuesta.
—Mi padre y el tío Saotome se han dedicado a estudiar el arte; durante su juventud, se sometieron a un duro entrenamiento para aprender, y ahora mi… —fue entonces que se detuvo súbitamente, no sentía la confianza para revelar la naturaleza de su "relación" con Ranma —… quiero decir, el hijo del tío Saotome, Ranma, está entrenando duro para ser el heredero del dojo y de la dinastía del combate en la categoría de estilo libre.
—¿El hijo del tío Saotome? ¿es decir, tu primo?
—¿Primo?... ¡Ah! No, disculpe, Ranma no es mi primo, porque el tío Saotome no es en realidad "mí" tío, Genma Saotome, el padre de Ranma, sólo es el amigo de juventud de mi padre.
—Ya veo. Perdona mi intromisión, pero, el dojo de tu familia, ¿No debería heredarse a algún familiar directo de tu padre, como tú o algún hermano?
—Sí… la cuestión es que, mi padre es un poco… apegado a las tradiciones, y por esa razón él quiere heredar el dojo, y todo lo que conlleva, a un hombre; mi padre sólo tuvo tres hijas, y a pesar de que yo también practico el arte, a ojos de mi padre, Ranma es una mejor opción.
—Sin duda eso es lo mejor, un "deporte" como ese no es adecuado para una mujer, puedo ver que eres inteligente y hermosa además, seguro encontrarás otra cosa en que entretenerte. —Akane quedó completamente muda ante las frías palabras emitidas por la madre de Ryan, guardó la compostura, por respeto a su amigo, pero sin lugar a dudas quería replicar a todo lo que le habían dicho, las artes marciales significaban todo para ella, eran su pasión, su vida, mucho más que un simple pasatiempo para entretener; reconocía y le frustraba en iguales proporciones que, en el camino recorrido desde que Ranma llegó a su vida, se había topado con contrincantes mucho más fuertes y mejor entrenados que ella, pero sabía también que el que ella se hubiese estancado en su entrenamiento, no era cien porciento su culpa, su padre se rehusó a seguirla entrenando, y ella se tuvo que conformar con hacer lo que pudiera por sí sola.
—Madre, Akane…
—¡Ryan! No te atrevas a contradecir a tu madre, ella tiene razón, ese tipo de actividades jamás serán bien vistas en una mujer, ni en una sociedad respetable. —Soltó de súbito el señor Townsend quien se había mantenido al margen de la conversación, y sus palabras fueron tan frías y poco empáticas que, de repente todos se encontraban sumidos en el más abrumador de los silencios. Josh le dio un sorbo a su taza de té y de inmediato comenzó a urdir con su pequeña y astuta mentecilla una adecuada salida para tan embarazosa situación. Carraspeó un poco y entonces, una vez conseguida la atención de todos empezó su cháchara.
—Bueno, nada como un poco de tradición para recordarnos el por qué luchamos constantemente por romperla… Ja, ja, ja, ja… —Todos lo miraron con un dejo de extrañeza en su mirar, al parecer a ninguno le había parecido grato el comentario Josh. —… o, quizá no… —carraspeó y de nuevo dio otro sorbo a su té dando por terminada su intervención. La madre de Ryan, se consideraba a sí misma experta en "reparar" o solucionar situaciones embarazosas, así que no tardó en continuar con la charla.
—Akane, según me comentó mi hijo, estás por terminar la preparatoria… —La peliazul asintió —¿Qué piensas hacer al terminar? Dado que el dojo de tu familia ya tiene heredero, supongo que algo tendrás en mente, como alternativa a las artes marciales. —Los ojos de todos los presentes se posaron en ella, de nuevo tragó en seco, jamás en su vida había tenido que hacer tanto esfuerzo por guardar la compostura; aún a pesar de que ya tenía dieciocho años, y que había madurado, aún a pesar de que ya no explotaba ante la primera provocación, sino que, analizaba un poco a más detalle todo antes de emitir un juicio; aún con todo eso, todavía le costaba horrores, mesurarse cuando recibía ataques directos, tal cual estaba ocurriendo en estos momentos. Respiró hondo, su amigo no merecía que ella hiciera una escena, y por él decidió continuar con su papel de niña educada, aguantando las ganas de decirles a estos pomposos señores, una o dos cosas.
—Tengo pensado estudiar una licenciatura, que me permita aportar algo al negocio de la familia, aun cuando no sea la heredera directa. Ya he sido aceptada en la universidad de Tokio, y se me ofreció la beca Rhodes, para estudiar aquí en Oxford.
—Akane es una estudiante destacada —dijo Ryan con orgullo —estoy seguro que le irá bien en cualquier carrera que elija.
—Ya… Te felicito Akane, una mujer, además de hermosa y educada, debe ser culta, demostrar inteligencia en su hablar y su actuar. La belleza sin la preparación adecuada, es un total desperdicio. ¿Qué clase de esposa serías? —dijo la madre de Ryan, mientras daba otro sorbo a su taza de té. Akane observó fijamente a la señora Sarah Townsend, sí, sin duda alguna, su porte y elegancia, se equiparaban a las de la madre de Ranma, pero, había algo en la forma de pensar, en la manera en cómo decía las cosas que, no encajaba, definitivamente Sarah Townsend y Nodoka Saotome, aunque eran amantes de las tradiciones, eran dos mujeres totalmente diferentes. La madre de Ranma admiraba la fuerza y la tenacidad de Akane, amaba la disciplina y el empeño que ponía en las artes marciales, Nodoka una vez dijo que, sabía perfectamente que Akane era la mujer perfecta para su hijo, por su fuerza y su coraje; Nodoka admiraba esas cualidades.
—Madre, creo que Akane es un poco joven para pensar en… ser esposa.
—Tonterías —dijo el padre de Ryan —Tu amiga, parece una mujer sensata, e inteligente. No tiene nada de malo que vaya aceptando desde ahorita el papel que le corresponde.
—Tus padres tienen razón, Ryan.
—¿Qué? —Un muy descolocado Ryan dirigió su vista hacia Akane, quien lo miraba detenidamente y después sonrió.
—Siempre es bueno tener presente hacia dónde queremos llegar. —Porque Akane lo sabía, ella soñaba con ser esposa, pero ella quería ser la esposa de "ÉL", y lo deseaba, pero a su muy particular forma, no del modo en que se esperaba que lo fuera, no del modo en el que se supone dictaban las tradiciones, no como una esposa florero, sino como una unión real, producto de un amor real… ella quería eso… o no quería nada.
La noche continuó con una charla llena de trivialidades, Harry Townsend hablaba de vez en cuando, pero cuando lo hacía dejaba en claro que era un hombre de mente cerrada, y no hesitaba en demostrar poca o nula empatía hacia los demás, en especial si el criterio de la persona en cuestión, difería de el de él, y su juicio era implacable. Ocasionalmente sometía a Akane a su escrutinio, había algo en ella que no le gustaba para nada, su hijo aún no revelaba la verdadera naturaleza de su relación, con esa joven, pero sabía de antemano que, él debía elegir a una mujer digna de sí, por lo que esperaba no le saliera con la locura de que deseaba involucrarse en una relación seria con Akane.
La señora Townsend, acaparó la plática, haciendo gala de su acervo cultural, en una o dos ocasiones hizo notar que dominaba otros dos idiomas, además de su lengua materna, y se empeñó en que Akane le hablara más a detalle de los aspectos importantes de la cultura nipona, en ese aspecto estaba genuinamente interesada. Akane no tuvo reparo alguno en hablarle a detalle de todo cuanto pudo, de pronto, se sintió como pez en el agua, y apreció el sincero interés que la madre de Ryan mostró por sus raíces. En un par de ocasiones más, la madre de Ryan, volvió a halagar la belleza y educación de Akane, consiguiendo que ésta se sonrojara inevitablemente, Josh por su parte, no perdió oportunidad de hacer segunda a los cumplidos que Sarah Townsend le dedicaba a la joven Tendo, pues seguía convencido de que su amigo Ryan, estaba enamorado de ella.
Al final la cena se terminó, el señor Townsend se disculpó con los invitados, alegando un asunto urgente de negocios y se retiró a la biblioteca, no sin antes despedirse de Akane, lo hizo de una forma elegante, pero fría, Akane pudo notar en los ojos del señor Townsend que, ella no le había agradado en lo absoluto, sin embargo, admiró la manera en la que el padre de Ryan tenía la capacidad de guardar la calma, en ese momento "el corazón de hielo" tomó para ella un nuevo significado.
Los invitados se despidieron de su elegante anfitriona, agradeciendo las atenciones y se encaminaron hacia la salida de la mansión. Akane y Josh iban por delante, y Ryan les seguía a una corta distancia, pero poco antes de que éste llegara al recibidor, fue interceptado por su madre.
—Hijo, tu padre me ha dicho que quiere hablar contigo, tan pronto vuelvas. —Ryan soltó un suspiro, y asintió. —Cuida bien de tu amiga y asegúrate de que llegue con bien a su hotel. Es… es buena chica, además muy hermosa, entiendo tu fascinación con ella, sólo… —La señora Townsend guardó silencio por unos instantes, se pensó bien lo que iba a decir, y rectificó —… hablaremos cuando vuelvas.
Ryan tragó en seco y asintió, giró sobre sus talones y se encaminó hacia la salida, sus amigos le llevaban ya mucha ventaja, casi habían llegado al automóvil que les esperaba ahí, justo donde lo había dejado Ryan en un inicio.
—Felicidades, Akane… —dijo Josh, y le dedicó una sincera sonrisa a la joven. Akane, miró un tanto extrañada al chico, no entendiendo del todo a qué se refería con eso que le había dicho.
—¿Felicidades? ¿Por qué?
—Es más que obvio que te has ganado a la suegra… recuerda, siempre le tienes que gustar primero a la suegra, una vez logrado eso, lo demás se dará muy fácil. Aunque… ahora que lo pienso, como en todo, hay sus excepciones, —dijo Josh mientras se acariciaba el mentón —Jane, le agrada mucho a la señora Townsend, pero Ryan la detesta… bueno en eso radica una de las tantas diferencias entre tú y ella, por eso creo que tú, mi estimada amiga asiática, las llevas todas de ganar. —Akane dejó escapar una risa nerviosa y se sonrojó un poco por el comentario que Josh hizo, ciertamente, había unas cuantas cosas que el joven atleta no entendía, ni sabía, pero ella no era la indicada para aclararle las cosas, así que decidió cambiar el tema de conversación.
—¿Cuándo será tu competición?
—En septiembre… he estado entrenando mucho, ser el número uno no es trabajo fácil, y no estoy dispuesto a permitir que me quiten el título.
Ryan los alcanzó, los tres abordaron el automóvil y fueron llevados a sus respectivos destinos. Hora y media más tarde, el heredero Townsend arribaba de nueva cuenta a la mansión de sus padres. Anunció su llegada y se encaminó rumbo a la biblioteca. Ahí, sentado en el escritorio principal y frente a su ordenador, se encontraba el señor Townsend. Tecleaba en su computadora, al tiempo que revisaba algunas notas en sus libros; en una esquina del escritorio había un vaso con un wisky en las rocas, y junto a él un cenicero con un puro encendido. Ryan caminó hasta colocarse frente al escritorio, justo en medio del par de sillas forradas en piel marrón, que había dispuestas para atender visitas; carraspeó un poco y esperó por lo que su padre tenía que decir, Harry Townsend dejó de teclear, alzó la vista y se recargó en su cómodo sillón.
—Siéntate Ryan —dijo con tono imperativo. El joven asintió y tomo asiento frente a su padre, mantuvo un gesto adusto, pero por dentro temblaba, sus nervios le estaban jugando una muy mala pasada.
—Bien, aquí estoy, padre ¿qué es lo que quieres hablar conmigo? —El señor Townsend le dedico una dura mirada a su hijo, le dio el último sorbo a su vaso de wisky, y luego entrelazó sus dedos mientras apoyaba sus codos sobre el escritorio.
—¿Cuál es la naturaleza de tu relación con esa… jovencita? —Ryan frunció el ceño, presentía que algo así iba a ocurrir, pero prefirió escuchar lo que su padre le tenía que decir, a estas horas de la noche, su mente no daba para lidiar con una pelea con él.
—¿Por qué lo preguntas? —la tensión entre ambos comenzó a elevarse, si había algo que el señor Townsend no toleraba era el no tener el control de la situación, y cuando hacía preguntas, siempre esperaba recibir respuestas rápidas y concretas.
—Contesta mi pregunta ¿qué tipo de relación tienen tú y Akane? —Ryan apretó los dientes y presionó el descansabrazos con su mano derecha, resultaba inverosímil que su padre, además de todo, quisiera también controlar sus relaciones personales. —Entiende algo de una vez… fuiste educado en las mejores escuelas, perteneces a una de las familias más importantes e influyentes del Reino Unido, vas a ser el heredero universal de todo lo que tenemos ¿entiendes? De ¡TODO! Y como tal, debes elegir una esposa que esté a tu altura.
—Padre…
—¡No me interrumpas! Esa joven, Akane, sin duda es hermosa y, seguramente es inteligente, la beca Rhodes no se otorga a cualquiera. Pero no es el tipo de mujer que haría una digna esposa para un Townsend, se ve que es demasiado… subversiva; esas jóvenes son un peligro para las tradiciones y buenas costumbres. Así que, si la consideraste para algo serio y a largo plazo… te ordeno que desde ya vayas desechando esa idea. Diviértete con ella, pasa el rato, fóllatela, si eso es lo que quieres, pero de ninguna manera permitiré que avances hacia algo más con ella ¡Lo prohíbo! —Ryan estaba estupefacto, nunca pensó que su padre sería capaz de llegar a esto, con tal de continuar con su "intachable" reputación… pero ahora ya lo sabía. —¡¿Está claro?!...
—Sí señor…
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Nerima cinco de la mañana
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—"Presta atención a lo que te voy a decir, porque es muy importante que sigas mis instrucciones paso por paso… sólo así podremos despistar al par de locas restantes, y evitar que te impidan abordar ese avión…"
Ranma repetía en su mente una y otra vez las indicaciones iniciales recibidas por parte de Nabiki, al mismo tiempo, palpaba su camisa roja, asegurándose, cada cinco minutos de que, el papel en el que escribió todo su itinerario, siguiese en ese lugar seguro en donde lo había resguardado, porque para él, no había mejor lugar que ese bolsillo interno en su camisa. Sentado en aquel vagón del tren, pasaba su vista a través del lugar y revisaba concienzudamente a todos y cada uno de los pasajeros, en busca de algún sospechoso… o sospechosa.
—"… tienes mucha razón, cuñadito; sólo son un par de chicas obsesionadas contigo… lo que olvidas es que estas ya no son sólo unas CHICAS… Shampoo es una experta en artes marciales y es tan letal como hermosa, una mujer hábil en muchos sentidos y que fue capaz de seguirte el rastro desde China; Kodachi, por otro lado, es una mujer con recursos ilimitados, si ella no puede, paga por alguien que pueda, y seguro tiene contactos en todos lados… en TODOS. Así es, cuñadito, estas ya no son las chiquillas mimadas que andaban detrás de ti, estas son MUJERES, con una meta y sólo una, y no se detendrán hasta obtener lo que quieren. Desde que inicié con esta locura, siempre supe que la que estaría dispuesta a manipularte, para conseguir lo que anhelaba, era Ukyo, pero sabía que no haría nada que atentara contra tu integridad física, ni la de Akane, porque muy en el fondo, Ukyo es noble; en cambio, las otras dos, eran una historia completamente diferente, ellas están locas, desquiciadas, no conocen límites, y no les importa por encima de quien deban pasar para tener lo que quieren …"
El tren seguía avanzando, en pocos minutos llegaría a su destino, la estación de Yoyogi. Se puso en pie, y se acercó a la puerta para descender, echó otro rápido vistazo y se acomodó su mochila, la puerta del tren se abrió y el joven Saotome descendió, a partir de ahí, haría el resto del recorrido a pie.
—"… Vas a bajarte del tren en la estación de Yoyogi, de ahí tendrás que caminar hasta que llegues al distrito de Shibuya, no está muy lejos, prácticamente bajarás en los límites de Shinjuku. Después de eso, debes dirigirte hacia el Santuario Meiji, ahí, un monje de nombre Yoshida te estará esperando, él te dará alojamiento y comida por lo que resta del día, y mañana en punto de las siete saldrás de ahí …"
Ranma salió de la estación, y echó una rápida mirada a su mapa, después se orientó y comenzó a caminar, el trayecto no era largo, había calculado que tal vez haría unos quince o veinte minutos caminando. Admiró el panorama, el lugar estaba repleto de edificios, nada parecido a su hogar, Nerima. Las calles, desiertas aún, por lo temprano que era, coloreadas de tonos grises y negros, adornadas con brochazos verdes, por los escasos árboles que había plantados de manera aleatoria, se le revelaban más y más conforme él avanzaba; le resultaba curioso como el panorama, a pesar de ser distinto a lo que él admiraba o prefería, no perdía belleza, sin duda cada barrio tenía su encanto propio. A medida que avanzaba, se veía de a poco en poco, una que otra persona llegando a sus negocios, alistándose para comenzar el día, anduvo zigzagueando por las calles, permitiéndose ir un poco más lento, bajar su ritmo habitual, más no la guardia, siempre estaba alerta. Andando, dio con una pequeña cafetería que al parecer ya estaba en servicio, entró, ordenó un té y un poco de arroz con vegetales, acompañado de carne de cerdo y tomó asiento junto a una ventana, mientras esperaba su orden. Degustando su delicioso desayuno, observó cómo la calle retomaba vida, los transeúntes iban y venían, todos concentrados en sus asuntos, el ritmo era más acelerado que en Nerima, sin duda, pero no por eso, la vista resultaba desagradable. Terminó sus alimentos y continuó con su camino, llegó a un sendero que lo llevó hasta un enorme bosque, el idílico paisaje que se revelaba frente a sus ojos, parecía como sacado de un cuento, o de una antigua leyenda nipona, o cuentos del Japón de la época feudal. Atravesó el bosque, a sabiendas de que, el antiguo santuario se encontraba en medio del bosque.
Avanzó siguiendo el sendero indicado en su mapa y obedeciendo a los letreros y señalamientos, y de pronto, frente a él se encontró erigida a la perenne estructura que le indicaba que el santuario estaba ya muy cerca. El enomre torii se alzaba, majestuoso e imponente, tallado en madera y perfectamente preservado a pesar de los años. Ranma sabía que ya faltaba menos, sólo debía seguir por el mismo camino, y llegaría al santuario. Continuó con su avance, el camino lleno de vegetación, le daba una sensación de paz, que hacía mucho no sentía, siendo sincero consigo mismo, había dejado de sentir esta paz desde que su prometida se había marchado. Pronto llegó al lugar, otro torii, más pequeño que el anterior, pero no por ello menos imponente, se encontraba frente a sus ojos, y atrás de él, se podía observar la imponente estructura. La construcción, estilo tradicional, estaba conformado por madera oscura y amplias columnas, sus techos eran de color verde, resultaba indescriptible por su belleza, el joven Saotome se quedó sin habla, sin duda la majestuosidad del lugar, podía dejar sin aliento a cualquiera que visitase aquel sitio. Se introdujo en el edificio y caminó hasta llegar al patio central, ahí se detuvo un momento, parado justo en medio, respiró hondo y buscó con la mirada algún indicio que le mostrara hacia dónde debía dirigirse, hasta que escuchó una gentil voz masculina, hablarle con total naturalidad.
—Tú debes ser Ranma… —el joven giró sobre sus talones, y buscó con la mirada a su interlocutor, hasta que dio con un joven monje, que lo miraba fijamente mientras le regalaba una sonrisa. Ranma se sorprendió, el hombre, probablemente era de la edad del doctor Tofú, y, a decir verdad, él se esperaba a un viejo quizá de la edad de Happōsai o de la vieja Cologne.
—Sí, Saotome Ranma —el joven se presentó e hizo una reverencia, la cual fue cortésmente respondida por el monje.
—Soy Yoshida Kazuhiro, es un placer conocerte, Saotome Ranma. Debes estar cansado, por lo que me informaron, anoche no tuviste mucho tiempo para dormir… —el joven asintió —ven, te mostraré tu habitación y el baño, ahí podrás asearte y relajarte un rato en el ofuro, luego podrás dormir un poco.
El joven fue conducido, como dijo el monje, hacia sus aposentos, dejó sus pertenencias, tomó sus artículos de baño y presto se dirigió al cuarto de baño. Ya en el ofuro, seguía repitiendo mentalmente todo lo que acababa de pasar en la noche anterior, apenas le parecía creíble que en dos días estaría camino a Londres para encontrarse con su prometida. Ahora sí, debía hacer las cosas bien y ser valiente, enfrentar su miedo al rechazo y declararle su amor a Akane. Las instrucciones de Nabiki habían sido precisas, sin embargo, aún no terminaba de entender cómo es que haría ella para despistar al par de locas restantes, de repente, su mente vagó, sin poderlo evitar, hasta su amiga Ukyo, deseaba que ella estuviera bien, nunca había sido su intención lastimarla, y la verdad es que nunca pensó que su amiga llevaría las cosas hasta el punto al que llegaron, pero ya no había marcha atrás, él amaba a Akane, y haría todo lo que estuviera a su alcance por traerla de vuelta a Japón. Salió del ofuro, se colocó sus habituales calzoncillos amarillos y una camiseta de resaque color blanca y regresó a su alcoba, tan pronto se recostó en el futón, cayó presa de un profundo sueño y se desconectó por completo de su realidad, ansiaba descansar.
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El joven de cabellos negros, corría por las calles, debía abordar el tren los más rápido que le fuera posible, se sabía perseguido, pero también conocía a quienes lo acechaban, y sabía perfectamente que no se arriesgarían a ser descubiertas, si en algo podía darles crédito, era en el hecho de que, con los años, habían aprendido a ser mucho más discretas… pero él había estado entrenando arduamente, y se sabía mucho mejor que ellas.
Había corrido desde Nerima hasta Nakano, haciendo uso de su agilidad en el aire, se había ahorrado mucho tiempo y recorrido grandes distancias en tiempo récord. Dejó algunos rastros ahí, en el barrio de Nakano, y después retomó su viaje, dirigiéndose hacia el barrio de Shinjuku. En Shinjuku, se encargó de dejar una o dos pistas más, nada que fuera demasiado obvio para sus perseguidoras, o de inmediato sospecharían, pero tampoco quería que le perdieran el rastro. Atravesó el barrio entero, paseándose de aquí a allá hasta que por fin decidió que era momento de llegar a su principal meta: la estación de trenes de Akihabara; era imperativo que tomara el tren justo al medio día, o todo el plan se vendría al traste. Llegó a la estación, compró su boleto, para después ingresar al baño de caballeros, se cambió de atuendo, guardó la camisa roja que traía sobre sí, y se colocó una camisa azul cielo, se echó un último vistazo al peinado, la trenza seguía en su lugar, intacta, y el fleco, a pesar de no tener el mismo aspecto, podía engañar a quien no tuviese tiempo de verle a detalle; su complexión era prácticamente igual a la de "él" y aunque lo superaba un poco en altura, si seguía como hasta ahora, sin permitir un acercamiento total, tampoco se echaría de ver dicha diferencia; la cereza del pastel, sin duda alguna habían sido los lentes de contacto, sin sus estorbosos y llamativos anteojos, ahora veía bien, todo era tan claro y tan nítido, de haberlo sabido, seguramente hubiera buscado utilizarlos desde mucho antes. Tomó su mochila y se encargó de dejar otro indicio de su reciente visita a la estación, ellas debían saber que él abordaría el tren.
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FLASH BACK
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—Tendo, sigo sin entender en qué me beneficia a mí ayudarte con tu plan… ¿sabes lo que ese par me harán si me descubren?
—Mousse… ¿sabes? Para ser un artista marcial, a veces pienso que eres un tanto patético y un cobarde…
—Pero es que ¡están locas! Eso hasta tú lo sabes…
—¡Mira! Cegatón de pacotilla —Nabiki estaba empezando a perder la paciencia —Esta es una oportunidad de oro para todos. Mi cuñadito podrá reunirse con mi hermana en Londres, pero tiene que quitarse al par de desquiciadas de encima. Tú por otro lado, lograste sembrarle la duda a Shampoo, respecto a lo que ella de verdad quiere, aquella vez que tuvo su cita con Ranma; Si Ranma y Akane están juntos, Shampoo no tendrá otra que rendirse, entonces tú podrás retarla a duelo o lo que sea para que se quede contigo, después de todo, para eso te has matado entrenando todo este tiempo ¿no es así? —Mousse asintió —y Kodachi… bueno digamos que es una piedra en el camino que también tenemos que quitar, si el plan da resultado, la loca hermana de Tatewaki te seguirá también, y si ambas caen en mi trampa, seguramente harán una alianza momentánea para evitar que Ukyō "se quede con Ranma" —dijo esto al tiempo que hacía un ademán con sus dedos índices y medios simulando el signo de comillas.
—¿Por qué diablos pensarían ellas que, Saotome se fue con Kuonji? Todos sabemos que a quien él quiere es a tu hermana menor.
—Porque Ukyō se fue de Nerima, y yo me encargaré de que ellas piensen que mi cuñadito se fue tras ella.
—¿No será peligroso para Kuonji?
—Descuida, sé perfectamente hacia dónde se fue Ukyō, y a ti te voy a mandar al lugar opuesto, y al mismo tiempo, te voy a alejar del sitio en el que realmente esta Ranma, para que pueda tomar el avión a tiempo. Para cuando se den cuenta de su error, estarán a muchos kilómetros de distancia de él, y mi cuñadito, seguramente ya estará volando con rumbo a Londres.
—De acuerdo, te voy a ayudar… —Mousse soltó un sonoro suspiro, subió su mano derecha a la altura de su cabeza y se sobó las sienes, esta situación le estaba empezando a ocasionar una fuerte jaqueca, pero si con esto conseguía que Shampoo dejara su obsesión por Saotome de una vez por todas, cooperaría gustosamente con la joven castaña y sus locas ideas. — … ¿a dónde voy a viajar? —preguntó el joven con cierta resignación en su tono de voz.
—Te irás a Osaka… —el joven abrió los ojos, bastante sorprendido, no se imaginó que iría tan lejos —pero debes hacer las cosas exactamente del modo en que yo te lo diga, para que ellas pesquen el anzuelo y te sigan hasta allá.
—De acuerdo
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FIN DEL FLASH BACK
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A bordo del tren, Mousse estaba sentado, dentro de un camarote, admirando el paisaje y repasando el plan mentalmente. El tren iba a una velocidad apenas creíble, el joven debía estar atento para cuando llegara a su parada. No haría el recorrido en un solo día, a pesar de que el tren lo podría llevar directamente a la ciudad de Osaka, Mousse tenía que hacer dos paradas antes de llegar allá, de esa manera, daría la impresión de querer "despistar" a sus perseguidoras, y que ellas siguieran sin tener la certeza del destino final del joven de cabellos negros. Sonrió para sí, eludirlas había sido tan fácil, y haberse puesto la pequeña boina que traía de la cual salía la trenza de cabellos negros, había sido una excelente idea, podría tapar su rostro, pero dejaría a la vista la trenza, esa tan característica de Ranma, y que, sabía bien, era una particularidad física difícil de olvidar.
Cuando llegó a la estación de trenes de Akihabara, luego de haber comprado el boleto y de cambiar su indumentaria, intencionadamente se paseó por el lugar, observando una o dos tiendas, coqueteando con una o dos chicas, trabajadoras de ahí, incluyendo la joven que le vendió el ticket. Se sorprendió gratamente al percatarse de lo rápido que respondían las jovencitas ante sus insinuaciones, y de lo positivas que eran las respuestas, pues sin proponérselo, había conseguido el número telefónico de tres hermosas chicas. Tan pronto se percató de la presencia de Shampoo y Kodachi, se movió de su sitio, pasando prácticamente frente a ellas, para que advirtieran su presencia, luego caminó de nuevo al baño de hombres, pero salió de ahí a hurtadillas por la puerta trasera, se escondió tras unas columnas manteniendo su distancia con las jóvenes, pero asegurándose de que seguían esperando por él fuera del baño de caballeros; contó el tiempo justo para abordar el tren en el último momento, y en cuanto se llegó el momento, corrió hacia el andén, haciéndose notar de nuevo, y de un salto, abordó el tren justo antes de que las puertas se cerraran y, justo antes de que Shampoo y Kodachi le dieran alcance; ambas frustradas y enojadas por igual, se dejaron caer de rodillas y gritaron haciendo una rabieta, pero no se rendirían, hicieron averiguaciones, usando sus métodos de convencimiento y descubrieron hacia dónde se dirigía ese tren, por lo que tomaron el siguiente inmediato.
Como se había repetido una y otra vez, debía tener el cuidado de dejar pistas en el camino, en tren avanzaría un muy buen tramo, pero el resto del camino debía hacerlo a pie, pidiendo aventón, en bus, en caballo, o como fuera, pero tenía que darle esos dos días de ventaja a Ranma para que pudiera descansar un poco y tomar a tiempo su avión. Cuando llegó a la estación de Kanayama, se supo ya en su primera parada, procuró dejar a la vista otra "migaja de pan" y de nuevo, se aseguró de no pasar desapercibido, para que el guardia y algunas de las empleadas lo recordaran a la perfección. La ciudad de Nagoya, perteneciente a la prefectura de Aichi, fue el destino que Nabiki eligió para que el joven hiciera su primera parada. Al salir de la estación, el joven se sintió abrumado por el paisaje urbano, a donde fuera que volteara sólo veía enormes edificios erigidos uno tras otro, imponentes estructuras de tamaños y alturas que nunca imaginó llegar a ver; el joven, acostumbrado al paisaje rural de su natal aldea en China, no se consideraba especialmente fanático de las grandes ciudades. Caminó hasta dar con una cafetería, cerca de la estación, de hecho, desde ahí podía ver la entrada de la estación, sin exponerse demasiado, así sabría en qué momento saldrían las chicas y podría dejar su siguiente pista. Shampoo era experta en rastrear y encontrar personas, no por nada había encontrado a Ranma, quien viajó desde China, huyendo, hasta Nerima, pero esta ciudad era enorme, y no podía darse el lujo de que las chicas le perdieran la pista.
Había hecho cálculos y lo había decidido, desde ahí, viajaría a pie hasta Kioto. Una persona promedio, a una velocidad constante y adecuada, con sus respectivos descansos, haría aproximadamente unas veintiocho horas de viaje; pero él no era una persona promedio, y sin lugar a dudas, tenía la capacidad de viajar a una velocidad mayor y mantenerla por más tiempo, sin mencionar además las ventajas de acortar distancias si viajaba saltando por los techos y azoteas, por lo que tomando en cuenta todo lo ya mencionado, el joven chino, estaba seguro de que haría entre doce o catorce horas de viaje.
Terminó su desayuno y siguió deambulando cerca de la estación, pensando qué podía hacer para dejar su siguiente pista, hasta que se encontró con un peculiar personaje sentado en la acera. Cuidadosamente se acercó al indigente, lo saludó y le ofreció un poco de comida, de esa manera, esperaba ganarse su confianza. El desaliñado hombre tomó los bocadillos ofrecidos y agradeció por ello, y casi de inmediato comenzó a ingerirse todo con tal desesperación y ansiedad, que casi ni masticaba, Mousse sintió pena por aquel hombre, él nunca había experimentado el hambre de esa manera tan despiadada. Luego de que el indigente terminara con su bocadillo, le agradeció de nuevo y continuó con lo suyo, en ese mismo sitio, pidiendo limosnas y fue entonces que al joven pelinegro se le vino la idea. Se quitó la boina y se la obsequió al hombre, quien gustoso aceptó el obsequio y de inmediato se la colocó haciendo un ademán mostrando arrasadora coquetería alegando que "las mujeres caerían a sus pies". Mousse rió junto con él por la broma y siguió platicando por un rato más.
—¿Y a dónde se dirige joven? —Entonces supo que el momento de dejar su siguiente "migaja de pan" se había llegado.
—Voy a Kioto.
—Mmm… ¿qué acaso el tren en el que iba usted, no se dirigía hacia allá? Porque te he visto, has salido de la estación de trenes.
—¡Vaya! Me has pillado…
—Niño, tengo muchos años siendo… esto que soy, y la experiencia me ha vuelto un hombre muy observador… ¿por qué no seguiste en el tren, quizá en una hora o poco más ya estarías llegando a Kioto?
—Bueno… mi respuesta es sencilla, pero mi historia no lo es…
—Cuéntame, me encantan las historias… y tengo mucho tiempo para escucharte. —Mousse sonrió y tomó asiento, asegurándose de estar oculto, pero al mismo tiempo, de tener a la vista la salida de la estación de trenes.
—Mi nombre es Ranma Saotome —dijo Mousse con un tono un poco teatral —y estoy aquí porque estoy buscando a al amor de mi vida… Ukyo Kuonji… —El hombre abrió los ojos como platos, mientras escuchaba una muy elaborada historia de amor que involucraba a Ranma y a Ukyo, el pelinegro hacía mucho énfasis en los nombres de los involucrados, mencionándolos cada que podía, debía estar cien porciento seguro de que el hombre no olvidara esos nombres, así tendría la certeza de que el par de mujeres lo seguirían.
—¡Oh! Ya veo, así que, irás a pie hasta Kioto, para ver si en el trayecto te encuentras con tu novia, Ukyo. ¿Entonces estás seguro de que viaja con un carrito de comida?
—Sí, nunca dejaría su carrito, es su vida. Además, tuve una pista de alguien que me dijo haberla visto pasar por esta ciudad. Y sé con toda certeza que va hacia Kioto, porque su familia es de allá… —Mousse continuó con su historia de amor, observó el reloj de su muñeca y de acuerdo a sus cálculos, en menos de treinta minutos, arribaría el tren que seguramente tomaron Kodachi y Shampoo, así que más le valía emprender su marcha, para sacarles bastante ventaja, pues había resuelto ya el tema pendiente de la pista que las enviaría en pos de él. —Bueno, buen hombre, me retiro. Será mejor que siga con mi camino, con suerte, podría topármela, y entonces conseguiré que mi amada me perdone.
—Ve con cuidado, Saotome Ranma. Que tengas suerte…
—Adiós buen hombre.
Luego de esto, Mousse se alejó del lugar, se sentó en una banca, sacó su mapa y su brújula y trazó una ruta a pie, que él consideró, sería la más efectiva. Una vez bien orientado, de un brinco llegó al techo de un pequeño negocio y se fue corriendo y saltando por azoteas de edificios y casas para avanzar en tiempo récord.
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A bordo de un tren, un par de jovencitas observaban, impacientes, el avance de la enorme maquinaria. Eran cerca de las seis de la tarde, el hambre y el cansancio comenzó a cobrarles factura, pero no podían rendirse, no ahora que se sabían tan cerca. Conocían de sobra que, debían estar atentas, pues si bien el tren llegaba hasta Osaka, no tenían la certeza de que "Ranma" fuera para allá. En cada parada, ambas hacían una minuciosa y rápida revisión para asegurarse de no perderse de alguna pista. Shampoo era buena en ello, y sabía bien qué hacer, pero reconocía que los recursos monetarios con los que contaba Kodachi, les eran de gran utilidad, por lo que dejando un poco de lado su orgullo, y aguantando las locuras de la pelinegra, decidió que lo mejor sería hacer equipo con ella. A Kodachi, le había desagradado tener que tomar el transporte público, pero no le había quedado otra más que aceptar que, Shampoo tenía razón, para seguirle la pista a Ranma, debían tomar el tren. Seguían en lo suyo cuando llegaron a la estación de Kanayama, de nuevo se acercaron a la puerta e hicieron su revisión, de pronto, algo llamó la atención de la china; ahí, atrapada en una de las puertas giratorias estaba una bufanda atorada, y Shampoo de inmediato reconoció que esa bufanda pertenecía a su airen.
—¡Rápido, mujer loca! ambas deber bajar de tren ahora…
—¿Qué? ¿Por qué? —Kodachi siguió a Shampoo y bajaron justo segundos antes de que las puertas del tren se cerraran. La joven de cabellos púrpuras, corrió y tomó la bufanda, desenredándola de manera desesperada, al alcanzarla, Kodachi la observó y rodó los ojos. —Escúchame bien plebeya, si por tus tonterías le perdemos el rastro a mi Ranma-sama, lo vas a lamentar mucho.
—¡Tu callar mujer loca! Yo estar segura de que airen bajar aquí del tren…
—¿Y cómo lo sabes?
—Porque esta ser bufanda que yo regalar a airen, para que él poder deshacerse de pedazo de estambre inservible que chica violenta regalar. ¡Venir! debemos darnos prisa, antes que airen llegar demasiado lejos… —dijo Shampoo, mientras corría hacia la salida de la estación, seguida muy de cerca por la joven Kuno.
Al salir, el paisaje urbano, acompañado de todos los ruidos propios de una ciudad tan grande como esa, terminaron por abrumar a la joven china. Definitivamente, le urgía encontrar a Ranma y terminar con esto de una vez. Kodachi, por su parte, no sintió nada parecido a lo que la joven china experimentó, siendo quien era, estaba acostumbrada a viajar a grandes metrópolis, no sólo en Japón, sino a nivel mundial. Shampoo analizó la situación, observó detenidamente todo a su alrededor y decidió que lo mejor sería separarse, estableció un radio de búsqueda y quedaron de verse de nuevo en el sitio en el que estaban una hora después, para saber si habían conseguido algo. La amazona, comenzó a correr a una velocidad increíble, recorría avenidas y callejuelas, se subió a edificios, a los más altos, para intentar tener mejor campo de visión, preguntó por el joven en los puestos y locales, sólo hubo una mujer, que atendía una cafetería, quien le refirió haber visto a un apuesto joven con negros cabellos, los cuales iban atados en una trenza y una boina, pero la chica no reveló más indicios. Una hora más tarde, volvieron al punto de inicio, Kodachi estaba fastidiada, y no se molestaba en disimularlo, su altanera actitud estaba comenzando a cansar a Shampoo. La joven de cabellos morados, comenzó a hiperventilar, estaba llegando a su límite, en ese momento creyó que le habían perdido el rastro a Ranma, pero súbitamente, algo llamó su atención, algo que había pasado por alto desde el momento en el que salieron de la estación, claro ninguna de las dos reparó en él, cómo podría interesarles alguien a quien consideraban tan insignificante, hasta que ese pequeño —pero a la vez enorme— detalle saltó a la vista. Un indigente estaba sentado, pidiendo limosna, no muy lejos de la estación de trenes, y traía puesta la boina que le habían visto al pelinegro utilizar, más temprano en la estación de trenes de Akihabara. Convencidas de que ese hombre, seguramente sabía algo del paradero de Ranma, se acercaron para interrogarlo. Shampoo decidió que sería ella quien lo haría, a pesar de las limitaciones de su lenguaje, estaba segura de que obtendría más información del hombre, utilizando sus encantos de mujer; si le dejara la misión a Kodachi, seguramente terminaría por ahuyentarlo, con su altanería y su evidente demencia.
—Disculpar señor
—Dime niña
—Esa gorra que usted usar…
—¿Esta? Me va muy bien ¿no lo crees? —Shampoo contuvo la carcajada que amenazaba con escapársele de manera explosiva, no podía permitirse cortar la comunicación que había conseguido con el hombre.
—Sí…irle muy bien. Yo preguntar ¿dónde conseguir gorra? —dijo la joven china al tiempo que pestañeaba de manera coqueta con el hombre. El indigente, tragó en seco y comenzó a ponerse nervioso, reconoció para sí mismo que la chica era hermosa en verdad.
—Bu-bueno, me la regaló este joven amable… —Shampoo comenzó a sentirse ansiosa y ahora más que nunca, estaba segura de que había dado en el clavo.
—¿Ser joven apuesto?
—Pues sí… supongo que pudiera decirse que sí era un joven bien parecido.
—¿Tener cabello negro atado con una trenza?
—Sí, ahora que lo mencionas, sí, así tenía su cabello. Espera, entonces ¿conoces tú a Saotome Ranma?
—¡Sí! Ser airen de Shampoo ¿A dónde irse?
—¿Eh? ¿el joven Saotome tu "airen"? esto es extraño, no me dio la impresión de que fuera de esos, aunque… supongo que nunca se sabe… —dijo el hombre mientras se sobaba la barbilla.
—¿Tú saber a dónde irse airen? Ser importante para Shampoo —dijo la china en tono meloso, se acercó de forma insinuante y se inclinó un poco hacia el frente, mostrando un poco de su escote, el indigente volvió a tragar en seco, y empezó a sudar, y cayó fácilmente en la trampa.
—El joven Saotome dijo que se iría a pie con rumbo a Kioto. Mencionó algo de ir a alcanzar a su prometida Ukyō… —La joven se tensó, su rostro mutó hacia una mueca que mostraba total desagrado por lo que acababa de escuchar. Agradeció al hombre por la información, y junto a Kodachi, emprendieron la marcha, si se apuraban, seguro podrían darle alcance pronto.
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Luego de un sueño reparador, el joven Saotome, se sentía renovado, el no haber dormido le había costado caro, pero en aquel lugar, pudo obtener la paz que tanto ansiaba. Salió de su habitación en búsqueda del monje, para agradecer por las atenciones y se encontró con la agradable sorpresa de que le habían dejado una bandeja con comida, la cual devoró en tiempo récord, después se dispuso a dar un paseo por el santuario, para conocerlo a fondo. Cuando llegó al patio central, se encontró con que se estaba desarrollando una situación que le era muy familiar y le resultaba agradable a la vista, en iguales proporciones; un grupo de pequeños alumnos, estaban siendo entrenados, por monjes de edad más madura, mientras que, todo el conjunto era observado detenidamente y a detalle, por un monje mucho mayor, se le veía más maduro incluso que su padre o que el tío Soun, era un anciano en realidad; todos los allí presentes eran sometidos a su escrutinio, cada que realizaban una kata de manera adecuada, el viejo monje se limitaba sólo a asentir y con un ademán con su mano les indicaba que continuaran. Ranma continuaba viendo la escena, cayendo en una especie de frenesí, aquello le parecía perfecto, sencillamente estaba fascinado con lo que veía.
—Ellos son fuertes… y muy disciplinados… —Ranma respingó y dio un pequeño salto por la inesperada presencia, Yoshida Kazuhiro estaba de pie justo detrás de él, y observaba con orgullo la estampa.
—Yoshida-sama… —Ranma reverenció al monje —quiero darle las gracias por sus atenciones y su hospitalidad. —El monje asintió y después le regaló una sonrisa a su joven huésped.
—No hay de qué. Por cierto, no es necesario que seas tan formal, Ranma… puedes llamarme Kazuhiro. —El joven Saotome le regresó la sonrisa y asintió. Pasaron unos cuantos minutos más observando el entrenamiento de los pequeños niños y después el monje se aventuró a preguntar aquello que le mataba de curiosidad. Nabiki no había dado muchos detalles respecto a la situación de Ranma, analizándolo a detalle, no parecía que fuera un hombre problemático o con maldad en su interior; a leguas se notaba que era poseedor de un temple y una fuerza que, pocas veces había visto en jóvenes ordinarios y tan jóvenes, por lo que la teoría de que su vida estuviera en peligro, quedó rápidamente descartada, Ranma era sin duda de los que primero luchaban con todas sus fuerzas, antes que acobardarse y huir de la batalla; así que, la pregunta que lo tenía sumamente intrigado, seguía rondando por su cabeza. —Ranma… he estado pensando mucho y… ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro, monje Kazuhiro.
—¿Por qué estás aquí? —Ranma abrió los ojos por el asombro, su rostro, completamente desencajado, se coloreó de un intenso color carmesí, tragó en seco y dijo un par de balbuceos, intentando conseguir que su cerebro conectara con sus palabras. El monje rió y entonces se dio cuenta de que había dado en el clavo, la correcta era su tercera opción: un asunto de mujeres… o mejor dicho de UNA mujer. —Tranquilo, si no quieres darme explicaciones no es necesario. Nabiki… no fue muy específica respecto a tu… situación; y he de admitir que la curiosidad siempre ha sido mi debilidad —dijo el monje al tiempo que se rascaba la nuca un tanto apenado y soltando una risa nerviosa —Tanaka-sama siempre me ha reprendido por ello —explicó, al tiempo que, con un ademán que hizo con su cabeza, señalaba al monje anciano. Ranma soltó una risa nerviosa, una gruesa gota de sudor resbaló por su sien, y comenzó a rascarse la nuca denotando aún más su incómodo estado.
—Bueno pues… es una historia larga de contar… y bastante enredosa, a veces, ni yo mismo entiendo cómo es que las cosas llegaron hasta aquí. Lo que sí le puedo decir es que… esta historia, involucra a una mujer, a la mujer que amo, y estoy emprendiendo un viaje para encontrarme con ella, en Londres.
—Oh vaya, qué interesante… ¿ella sabe que vas para allá? —El pelinegro negó con su cabeza y por unos segundos, su semblante se tornó triste y un tanto sombrío.
—Ni siquiera sabe de mis sentimientos… yo… fui un cobarde en el pasado, y no tuve el valor para confesárselo. Y ahora, temo que, si no me apresuro, podría perderla para siempre. No sé si ella me ama, pero no pienso rendirme así, sin dar batalla. —Kazuhiro asintió y sonrió de nuevo.
—¿Sabes? Hay un viejo proverbio chino que dice: "Aquel que lo piensa mucho antes de dar un paso, se pasará toda su vida en un solo pie". Lo importante ahora, creo yo, es que te decidiste a dar el paso, estoy seguro que lo demás, se resolverá y todo estará a tu favor. —Ranma soltó un sonoro suspiro y asintió. —Ahora bien, ¿te gustaría entrenar un poco? Te confieso que estoy un poco oxidado, pero estoy seguro que me podrás enseñar una o dos cosas. —Los ojos de Ranma brillaron, y una sonrisa ladina coronó su rostro, asintió y ambos hombres tomaron camino rumbo al salón de entrenamiento. —Tengo entendido que mañana temprano, partirás de aquí…
—Así es…
—Ya… y cuéntame ¿es hermosa la joven a quién amas? Tengo mucho interés… háblame sobre ella…
—Monje Kazuhiro… ahora entiendo por qué Tanaka-sama lo reprende tanto por su "curiosidad" …
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Mousse corría a una velocidad que antes, nunca se hubiera imaginado que podría alcanzar. El ocaso estaba haciéndose presente, pronto oscurecería por completo y le sería un poco más difícil trasladarse con tanta rapidez, debía apretar un poco más el paso para aventajar lo más que le fuera posible. No tenía la certeza de que el par de mujeres fueran a descansar durante la noche, por lo que no debía confiarse, estaba seguro de que habían mordido el anzuelo, no tenía duda de que Shampoo había conseguido sacarle información al indigente. Hacía más de dos horas que el joven había cruzado el río Kiso, el río Nagara y el río Ibi, hacia varios kilómetros atrás que había abandonado el paisaje urbano, y lo había cambiado por uno un poco más "rural". Corría por la carretera, por el momento le resultaba más rápido correr por terreno plano, pero sabía que lo ideal era que tomara camino a través del campo y la montaña, para despistar a sus perseguidoras. Era imperativo que él llegara a Kioto antes que ellas, con bastante ventaja, para planear su siguiente movimiento. A estas alturas ya iba casi a mitad del camino, iba llegando a la Prefectura de Shiga, esta vez, en lugar de adentrarse en la ciudad, buscaría algún lugar en dónde poder acampar, alguna cueva o un sitio escondido, debía descansar cuando menos un par de horas antes de retomar la marcha, quizá en el trayecto podría encontrarse con alguien que le diera aventón. Siguiendo sus cálculos, y de acuerdo a su mapa, muy temprano por la mañana del día siguiente, él debía ya estar en Kioto.
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Londres, dos de la tarde.
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Kuno y Gosunkugi esperaban de pie, sobre la acera de Deanery ST, en las cercanías del Hotel Dorchester. El sitio en el que estaban les daba una vista impresionante del gran edificio, una clara muestra de lo que la arquitectura podía llegar a conseguir, y es que, a pesar de la "sencillez" de la construcción, no por ello dejaba de ser admirable. Sin embargo, si giraban su rostro y observaban un poco más hacia su izquierda, el panorama cambiaba por completo, ahí obtenían una privilegiada vista de Hyde Park, pese a que ya habían paseado por el parque en más de una ocasión, Gosunkugi siempre se sentía encandilado por la belleza de ese "pedazo" de bosque, en medio de aquella enorme ciudad; Kuno, en cambio, era un cabeza hueca, que hablaba bonito, pero difícilmente podía apreciar cosas como esas, para él, todo el universo giraba en torno a sí. El kendoka se veía impaciente, golpeaba el piso con su pie, tenía los brazos cruzados a la altura de su pecho, y bufaba una y otra vez. Gosunkugi miraba en todas direcciones, si esta chica no aparecía pronto, Kuno iba a enloquecer y él pagaría los platos rotos.
—Estoy empezando a perder la paciencia, no sé por qué teníamos que esperar a esa chica Jane, como si un Kuno no fuera capaz de conseguir una mesa en ese restaurante.
—Kami-sama dame paciencia… —dijo Gosunkugi, mientras rodaba los ojos, para después sobarse el puente de la nariz, esta situación de tener una alianza con Kuno estaba empezando a rebasarlo.
—¡Ah! Es ¡MUY TARDE YA! —dijo en inglés alzando la voz con toda la intención de ser escuchado.
—Primero que nada… déjame decirte que no es tarde… ustedes llegaron temprano —Una voz chillante se escuchó a sus espaldas, ambos giraron buscando con la mirada el origen del sonido, y de pronto, quedaron mudos y atónitos, frente a ellos estaba de pie Jane Collingwood, utilizando un vestido que delineaba perfectamente cada una de sus curvas, ella era sin duda alguna, una de las mujeres más sexys que hubieran visto en su vida; ambos hombres abrieron su boca formando una gran "O" —… y segundo, no hay forma alguna de que tú —dijo esto al tiempo que señalaba a Kuno con su dedo —pudieras conseguir una mesa en este restaurante. Es muy exclusivo, sólo celebridades o gente de la alta sociedad, como yo —recalcó esa última palabra y se señaló a sí misma —podemos conseguir una mesa aquí, sin necesidad de hacer reservación, de otro modo, tendrías que esperar… digamos… algo así como, no sé… seis meses, quizá ocho, no se sabe. —La joven rubia, caminó frente a ellos y se dirigió hacia la entrada del lugar, en donde fue recibida, como la realeza. Ingresaron al hotel Dorchester y los atendió un empleado de recepción.
—Restaurante Alain Ducasse, por favor —dijo la joven rubia, el empleado la condujo hacia la entrada del lujoso restaurante. La empleada de recepción del restaurante, de inmediato reconoció a Jane, por lo que habló con uno de los meseros pidiéndole que preparara uno de los reservados VIP para la señorita Collingwood y sus acompañantes. El trío de jóvenes ingresó, Kuno avanzó, mostrando su clásica altanería y demostrando que no era tan sencillo impresionarlo, Gosunkugi, por su parte, era todo lo contrario, estaba estupefacto. Atravesaron el salón principal, el cual estaba lleno de comensales dispuestos todos en pequeñas mesas redondas, repartidas por todo el lugar, los grandes ventanales, le daban paso a la luz natural, la cual alcanzaba a iluminar todo el lugar, el cual revelaba armoniosos contrastes con la elección de colores que habían elegido para la decoración; el reservado no se quedaba atrás, los muros tenían un hermoso papel tapiz, del techo colgaba un muy ornamentado candelabro, y el ventanal estaba coronado por una elaborada y detallada cortina estilo Luis XIV. Una vez instalados, Jane ordenó una costosa botella de vino blanco y pidió el platillo de entrada, Kuno revisó el menú y extrañamente hizo la traducción para que Gosunkugi pudiera elegir el plato fuerte que iba a degustar. Ya con medio plato consumido y bajo los efectos relajantes del vino, empezaron a adentrarse en el tema.
—Y bien… ¿A qué debemos esta reunión? ¿Qué es eso tan importante que debías contarnos? —dijo Kuno con cierto fastidio en su tono de voz, esa "plebeya" no entendía que el tiempo de Tatewaki Kuno era valioso y, por lo tanto, no debía importunarlo con nimiedades, más le valía a la británica tener una razón que justificara su reunión.
—Hoy por la mañana, me topé en la universidad con Ryan, y se le veía inusualmente alegre… —Kuno rodó los ojos y soltó un bufido, ¿qué diantres le importaba a él, si el maldito inglés que frecuentaba a su amada, estaba feliz?
—¿Y para eso me has llamado…? —Jane se cruzó de brazos e hizo un puchero, como una infante a punto de hacer una rabieta, e interrumpió, con bastante rudeza, al kendoka.
—Eso no es lo importante… Lo que importa es que también me topé con el idiota de Josh, el muy infeliz, se atrevió a contarme que anoche, Ryan llevó a Akane a cenar a casa de sus padres…
—¡¿Qué?! —En ese momento el trozo de carne que Kuno iba a engullir, se cayó del tenedor hasta el piso, abrió los ojos tanto como le fue posible, además de que su mandíbula cayó, tanto que parecía que en cualquier momento se desarticularía. Gosunkugi, se percató de que, lo que Jane había dicho, era algo muy malo, lo dedujo por la reacción de Kuno, pues él no entendía nada de inglés. Le preguntó, un tanto desesperado al kendoka, el porqué de su reacción, pero el joven Tatewaki, parecía haberse quedado mudo.
—… y no sólo eso. Al parecer, la madre de Ryan "quedó gratamente impresionada con Akane" … esas fueron sus exactas palabras. Esto se nos va a salir de control, tenemos que hacer algo, pero ¡YA! O esa mosquita muerta se va a interponer entre Ryan y yo.
—¡Kuno! Reacciona de una vez y dime ¿qué es lo que está pasando? —dijo Gosunkugi dándole una fuerte sacudida, Kuno reaccionó y puso al tanto a Gosunkugi de todo, el escuálido joven soltó un grito de pánico al tiempo que se llevaba las manos a la cabeza, tirando fuertemente de sus cabellos.
—¿Qué vamos a hacer? Mi bella e inocente Akane, seducida por las mentiras y artilugios de ese bellaco, que no tiene honor, ni es digno de tan hermosa y pura criatura. Pero la culpa es de ese Ryan, y lo pagará muy caro…
—… No permitiré que esa… esa ¡MUJERZUELA! Me quite lo que tanto me ha costado, Ryan será mi esposo cueste lo que cueste…
Gosunkugi trataba a toda costa de mediar entre ambos, sin embargo, cada uno de sus acompañantes, parecía inmerso en su monólogo personal, ausentes de todo el mundo y de lo que ocurría a su alrededor.
—Esto va a ser más difícil de lo que pensé, a este paso, el chico británico terminará por quedarse con mi amada Akane… eso sin mencionar a Saotome… —dijo Gosunkugi con un tono sombrío y angustiado.
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La tarde se había llegado, mucho más rápido de lo que hubiese querido, pero a estas alturas, finalmente comprendía que, el tiempo, al igual que muchas otras cosas, era algo completamente relativo, todo dependía de las circunstancias que giraban en torno a él. Mientras esperaba, pacientemente por su acompañante, jugando con el escaso líquido que quedaba en la pequeña taza de porcelana, para matar un poco el tiempo, se encontró a sí mismo, sumido en una enredadera de pensamientos que le llegaban atacándole hasta abrumarlo, llegando a un punto en el que no alcanzaba a comprender del todo cómo es que había terminado con ese hilo de pensamiento que lo tenía bastante ensimismado. Había concluido que, cinco minutos podían ser extrañamente cortos, o agobiantemente eternos; no era lo mismo durar cinco minutos besando al ser amado, parecerían, sin duda alguna, sólo cinco segundos; al mismo tiempo, pasar esos cinco minutos, aguantando la respiración bajo el agua, podrían parecer eternos, interminables —en honor a la verdad, era justo mencionar que no conocía en persona a alguien capaz de contener la respiración por esa cantidad de tiempo, pero le parecía un buen ejemplo para puntualizar o comprobar su teoría sobre la relatividad del tiempo—; sí, no había duda, todo dependía de las circunstancias, y eso justamente le había pasado a él. Había estado toda la mañana, imaginando los distintos escenarios en los cuales se podría desarrollar esta particular situación, y todos y cada uno habían tenido, al menos en su mente, un final devastador. Pero había decidido ya, que debía dejar de ser el cobarde que siempre había sido, la charla nocturna que anoche había tenido con su padre, terminó por abrirle los ojos, por lo que se aventó al vacío y sin red de seguridad, buscó a su amigo y quedó con él para verse esa misma tarde. Fue en ese preciso instante en el que, pudo comprobar su teoría, al haberse convertido en víctima de la misma. Su día pasó rápido, y el tiempo se le escurrió de entre las manos, como si fuera agua, sintiendo así que, las horas transcurridas, hubieran sido sólo minutos.
El joven castaño, tamborileaba la mesa constantemente, presa del creciente nerviosismo que se apropiaba de él cada vez más. Una y otra vez, observaba hacia la calle, a los transeúntes pendientes de lo suyo, intentaba encontrar con qué distraerse, pero era en vano, ya estaba ahí, y ya no había vuelta atrás, no más, sólo esperaba que su decisión fuera la correcta, y no arruinar todo lo que ya llevaba avanzado, no estaba seguro de si quería o podría lidiar con las consecuencias, si estas fueran negativas, pero, estaba empezando a cansarse de que su vida fuera una "verdad a medias", necesitaba, desesperadamente, sincerarse con Josh, como lo había hecho con Akane, días atrás.
—Hola —escuchó a su costado el amigable saludo que, terminó de inmediato con sus cavilaciones, un pequeño sobresalto fue la señal, y finamente se armó de valor y giró su rostro hacia su interlocutor para responder al saludo.
—Hola… me alegra que vinieras —el joven de ojos azules, observó a su amigo con extrañeza, se le veía anormalmente nervioso, pero no por eso dejaba de ser apuesto, al contrario, su actual estado, le otorgaba ese algo "especial" que lo hacía irresistible ante el sexo femenino. Josh le regaló una sonrisa ladina a su amigo, esa que denotaba altanería y que, en no pocas ocasiones, había hecho temblar a más de una. Ryan lo observó y tragó en seco.
—¿Por qué no habría de venir? —dijo Josh mientras tomaba asiento frente a su amigo, con un ademán pidió al mesero que se acercara, ordenó un café y giró su rostro, otorgándole a su amigo toda su atención. Ryan se puso aún más nervioso. —Por cierto, antes de que me empieces a contar, lo que sea que quieres decirme… Me topé con Jane, esta mañana, en la universidad. Lo siento, pero no pude resistirme, y golpéame si quieres, bien valdrá la pena…
—¿Por qué? ¿Qué hiciste?
—Le conté de la cena de anoche, le conté que invitaste a Akane, y mejor que eso… le dije que a tu madre le había encantado, y que ya le llevaba ventaja… mucha ventaja.
—¿Qué?
—Ja, ja, ja, ja… debiste haber visto su cara, fue como un obsequio de los dioses. Esa ilusa que, cree que ya es la señora de Townsend ja, ja, ja. Ahora de seguro piensa que te vas a casar con Akane, o algo así —Josh no paraba de reír y Ryan lo observaba sorprendido, tragó en seco y decidió que lo mejor sería soltarle aquello que deseaba decirle de golpe, para no prolongar más la agonía que guardar ese secreto, le estaba provocando.
—De eso quiero hablarte…
—¿Qué? ¿Qué has dicho?
—Quiero hablarte de Akane… de la verdadera naturaleza de mi relación con ella… y también quiero hablarte de mí.
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N/A: Bueno, aquí les traigo esta nueva entrega. Una vez más (ya sé que soy muy repetitiva con esto, lo siento mucho) mil disculpas por la tardanza en actualizar, como les he dicho en otras ocasiones, la vida adulta no da tregua, y peor aún si se es adulta y trabajadora de la salud; pero he aprovechado cada momento libre que he tenido y aquí está.
Bien, entrando ya en materia, en esta ocasión escribí más sobre lo que ocurría en Japón, porque, si mal no recuerdan, Ranma no podía viajar de inmediato a Londres, por la fecha para la cual Nabiki consiguió los boletos de avión, así que, ella ideó esta manera, un tanto rebuscada, para que Ranma viajara hacia el aeropuerto, y a la vez pudiera esconderse del par de locas autoproclamadas prometidas que aún quedaban por evadir, Nabiki Tendo piensa en todo. Por otro lado, en Londres, hay varias cosas en desarrollo, la cena no salió tan mal ¿? Akane se contuvo, por el respeto que le tenía a su amigo. Jane, Kuno y Gosunkugi se pondrán manos a la obra, porque ahora sí están desesperados, creyendo que Akane y Ryan tal vez formalicen "su relación". ¿Qué creen que será lo que Ryan le va a contar a Josh? Espero con ansias sus teorías.
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DATOS CURIOSOS:
SANTUARIO MEIJI: Situado en Shibuya (Tokio), es un santuario sintoísta dedicado a los espíritus deificados del Emperador Meiji y su mujer, la Emperatriz Shōken. La construcción comenzó en 1915, el templo fue construido en el estilo tradicional nagare-zukuri. Fue consagrado oficialmente en 1920 y finalizado en 1921, los terrenos se terminaron oficialmente en 1926. El edificio original fue destruido durante el bombardeo de Tokio en la Segunda Guerra Mundial. La actual representación del santuario fue realizada mediante aportaciones de dinero público y fue completado en octubre de 1958.
El Santuario Meiji está situado en un bosque que cubre un área de 700.000 m² (unos 175 acres). El bosque es muy frecuentado como zona de recreo y tranquilidad en el centro de Tokio. El Santuario está compuesto por dos zonas principales:
El Naien es el recinto interior, que se centra en los edificios del santuario e incluye un museo del tesoro que contiene pertenencias del Emperador y la Emperatriz.
El Gaien es el recinto exterior, que incluye el Memorial de Galería pictórica Meiji que alberga una colección de 80 grandes murales ilustrativos de los sucesos en la vida del emperador y su esposa. También incluye una variedad de recintos deportivos, incluyendo el Estadio Nacional, y es reconocido como el epicentro deportivo en Japón. También incluye el Salón Memorial Maiji, que fue usado inicialmente para las reuniones del gobierno como los debates a cerca del borrador de la Constitución Meiji a finales del siglo XIX. Hoy es usado para celebrar bodas sintoístas.
Ciudad de Nagoya: es la cuarta ciudad más grande de Japón. Localizada en la costa del Pacífico en la región de Chūbu, en el centro de la isla de Honshū, es la capital de la prefectura de Aichi. Es la capital japonesa de la industria automovilística especialmente por la firma Toyota. Nagoya posee dos aeropuertos: Komaki para vuelos principalmente domésticos y el Aeropuerto Internacional de Chubu. Además, cuenta con el Puerto de Nagoya, uno de los puertos con más tráfico de Japón.
Restaurante Alain Ducasse: Es un restaurante situado en el prestigioso hotel The Dorchester. Se trata de unos de los 27 afamados restaurantes propiedad del reputado chef francés Alain Ducasse. En el 2011 obtuvo la tercera "estrella Michelin". La cocina que se sirve es francesa. Aunque los precios de su carta hacen que comer o cenar en el Alain Ducasse at The Dorchester se reserve para ocasiones especiales o para economías muy saneadas, existe la opción más económica del menú. Es imprescindible reservar, aunque existe una lista de espera de dos meses.
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Hasta aquí el capítulo, espero de verdad que sea de su agrado, poco a poco nos vamos acercando a la recta final. Agradezco a todos los que han seguido esta historia, a los que le han dado Follow y Favorite y también agradezco sus maravillosos reviews, son un importante motor para mí. Me despido, reiterándoles de nuevo mi compromiso para con esta historia, asegurándoles que no quedará en el abandono, la voy a terminar.
¡Hasta Pronto!
