TREINTA DIAS
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Declaración: Ranma ½ y todos sus personajes, son propiedad de Rumiko Takahashi. Los he tomado prestados para crear una historia de mi propia autoría, sin fines de lucro.
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Capítulo diecisiete. Osaka y Londres. Días veintidós y veintitrés
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Londres, media noche
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Luego de haber hablado por más de dos horas con su amigo, después de haberse puesto frente a él, vulnerable y desnudo, ambos se despidieron. La situación había ido mejor de lo esperado, no fue el momento embarazoso e incómodo que Ryan imaginó, por el contrario, Josh se mostró comprensivo y solidario con su amigo, entendía a la perfección su situación, y ahora, le quedaba mucho más claro qué papel jugaba Akane en la vida de Ryan, y lo importante que era ella para él. Josh lo entendía, y lo apoyó, sin embargo, hubo un momento de "silencio incómodo", que se dio justo cuando Ryan confesó sus verdaderas intenciones con Akane, pero no porque esto hubiera molestado a Josh, sino porque cayó en cuenta de que, gran parte de lo que creía de su amigo y de lo que conocía de él hasta ahora, estaba totalmente equivocado, y pensó en por qué no había tenido la confianza de contarle todo desde un inicio.
Ryan repasó la larga conversación en su cabeza, una y otra vez. El haberse confesado, lo hacía sentir ligero, se había quitado un gran peso de encima. Al salir de aquel café, y despedirse del joven, Ryan optó por manejar un rato sin un rumbo específico, necesitaba sosegar un poco su mente. Sin darse cuenta, el tiempo se le vino encima y para cuando arribó a la mansión de sus padres, ya era entrada la media noche.
Tal y como lo suponía, la mansión estaba en penumbras y un silencio absoluto, dominaba el lugar, esto le provocó el querer entrar a hurtadillas, medía sus pasos meticulosamente, casi tuvo el deseo de quitarse los zapatos, en verdad no quería despertar a nadie en su casa, pero en especial, no quería despertar a su padre. Atravesó el recibidor, y caminó hacia la biblioteca, en no pocas ocasiones había encontrado en ese lugar, un refugio seguro, sobre todo cuando se sentía acosado y abrumado por las exigencias de su padre. Caminó hasta el fondo, y tomó asiento en su sillón preferido, el cual —dicho sea de paso— estaba ubicado junto a uno de los ventanales. Encendió la lámpara que estaba en la pequeña mesa junto al sillón y se dedicó a observar el paisaje nocturno. La noche, le mostraba una faceta del jardín trasero que, le parecía casi mágica. El sueño se había alejado por completo de él, tampoco se sentía cansado, aunque sabía que, asistiría a clases temprano por la mañana, poco le importaba, aún no deseaba ir a la cama. De repente, su paz se vio interrumpida por una presencia inesperada.
—¿Puedo saber qué es lo que haces aquí, y a estas horas de la noche? —Ryan giró su rostro sorprendido por la intrusión, y se topó con el rostro de su madre. La mujer de rostro afable, avanzó y se sentó en el sillón justo en frente a su hijo, dentro de ella, algo le decía que, había mucho oculto tras el silente estado de su hijo, así que optó por acercarse a él. —¿Estabas con Akane? —preguntó la mujer. Ryan la observó con un dejo de extrañeza en su mirar, por un momento le pareció que, a ojos de su madre eso era algo inapropiado —o lo hubiera sido, si fuera el caso— contempló a la elegante mujer y negó, continuando sin pronunciar palabra. Un suspiro, que expresaba mitad alivio y, mitad frustración, fue liberado de labios de la señora Townsend, presentía que su hijo se traía algo entre manos; por muchos años ya, se había portado distante y fría con él, guardando las formas y cumpliendo con el papel que se le exigía como mujer de la alta sociedad; pero luego de la cena con Akane, sintió que algo con su hijo "cambió" y, no estaba segura de que eso le resultara agradable, pues siendo la mujer que era, no tenía la capacidad para acercarse a su hijo, y siendo honesta consigo misma, no sabía cómo actuar o qué hacer.
—Hijo… entiendo que quieras pasar tiempo con esa joven… ella es… "especial". Entiendo tu fascinación. Pero debes entender que, tu padre no lo aprobará… deberías considerar a otro tipo de mujer… ¿por qué no intentar con Jane? Ella es de buena familia, sabes que nos sentiríamos muy felices de que ustedes dos se casaran, sin duda harían una pareja perfecta… —El discurso de la señora Townsend fue súbitamente interrumpido por su hijo, quien dejó salir una pequeña risa cargada de ironía y sarcasmo, su madre no lo conocía en absoluto.
—Madre, en primer lugar: No me casaré con Jane, apenas la tolero ¿cómo piensas que podría hacer vida a su lado? Y, en segundo lugar: No tienes ni idea de lo que Akane significa para mí, ni de lo que está ocurriendo con… Olvídalo, sé que nunca lo entenderás… pero estate tranquila, te aseguro que entre Akane y yo, no es como te imaginas.
—Eso espero…
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Santuario Meiji en Shibuya, siete de la mañana
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Todo estaba empacado y dispuesto para su partida. Caminó al patio central, y con agrado vió cómo los jóvenes pupilos, estaban por terminar su hora de meditación, siempre la llevaban a cabo antes del alba; una vez concluida la actividad, se pusieron de pie y todos se colocaron de frente a su sensei, hicieron una reverencia en señal de respeto, y comenzaron el entrenamiento, primero unos sencillos ejercicios de calentamiento y prosiguieron con las katas. El joven de negros cabellos, sonrió, atento al entrenamiento de los pequeños, en otra época, en otras circunstancias, gustoso se hubiera quedado a entrenar en aquel santuario, seguro estaba de que aquel anciano monje tenía mucho qué enseñar; pero ahora, su prioridad era otra, tenía claro su objetivo, y ese era alcanzar a su amada en Londres. Debía llegar a ella antes de que fuera demasiado tarde, ella debía saber que, él le amaba, desde siempre, y que ahora lo hacía más que nunca; ella debía saber que estos días lejos de su lado, habían sido tortura, y no solamente por la distancia que había entre ellos, sino por la incertidumbre de no saber de ella como él quisiera, y por la presencia de ese bastardo inglés… Ryan. Ya ajustaría cuentas con él, le dejaría bien en claro que, Akane Tendo, era su prometida, suya y de nadie más.
Luego de agradecer a su anfitrión por sus hospitalidades, tomó su equipaje y salió del santuario. Caminó de nuevo hasta llegar a la estación del tren de Yoyogi. Sin olvidar las precauciones que, de antemano sabía que debía tener, permaneció sentado cerca de una ventana observando el panorama y permitiéndose a sí mismo, soñar despierto con el momento de su encuentro con Akane. ¿Cómo le diría aquello que tan celosamente guardaba en su corazón? No lo tenía claro, pero le diría que la amaba, eso era seguro.
La vista frente a él, era impresionante; los altos edificios y las enormes estructuras, le recordaban que, ya no se encontraba en la tranquila Nerima. De cuando en cuando, suspiraba, revisó una última vez su mapa y las anotaciones de las indicaciones de Nabiki, iba por el camino correcto y su destino ya no estaba tan lejano. Cerca de cuarenta minutos después, descendió justo en la estación de Akabanebashi, y de ahí caminó de acuerdo a las indicaciones que le dieron, avanzó por diez o doce calles más hasta que llegó al lugar: El Hotel "The Celestine Tokio Shiba".
Esta vez, debía reconocer que, Nabiki se había lucido. Desde el exterior, podía apreciarse el lujo y la opulencia del enorme edificio. Ranma atravesó la puerta giratoria, para encontrarse con un fastuoso lobby, el exquisito decorado era, sin duda alguna, el complemento perfecto para el lugar. El joven continuó su camino, un tanto sorprendido, no recordaba haberse hospedado alguna vez, en algún sitio con tal elegancia; caminó hasta posicionarse justo frente al mostrador principal, ahí fue recibido por un amable joven quien le atendió, confirmando la reservación hecha a su nombre por una noche, luego de ello, le entregó la llave de su habitación, y fue escoltado por el botones hasta el que sería su próximo sitio de descanso.
Tan pronto se retiró el empleado del hotel, Ranma echó un vistazo a la habitación, si bien sabía que, era uno de los cuartos más económicos, no por eso, era más austero. Se recostó en la suave cama y se dio unos cuantos minutos para relajarse, hasta que un gruñido, proveniente de su hambriento estómago, le recordó que, no había desayunado absolutamente nada. Según le explicó el empleado de recepción, su estancia incluía las tres comidas de ese día, y dado que, debía marcharse al medio día del día siguiente, pensó en aprovechar bastante de ese beneficio. Guardó celosamente su equipaje, y bajó al restaurante.
Su ansioso estómago, agradecía sobremanera el abundante bufete que había dispuesto para él; compuesto de comida de cocina nacional e internacional, y con amplia variedad de postres y bebidas, Ranma observó la estampa sumamente complacido, se sirvió a manos llenas y tomó asiento en una mesa ubicada en un rincón del lugar. Una joven mesera, se acercó a su sitio, desde que lo observó sirviéndose su comida, el joven Saotome había captado su atención de inmediato. La chica, una hermosa jovencita de cabellos color ébano y ojos azules, no pudo resistirse al efecto del "encanto Saotome", no supo distinguir si fue el porte, la profunda mirada azul, o el hecho de que Ranma se veía graciosísimo comiendo como si no hubiera un mañana; pero definitivamente ella, se había sentido irremediablemente atraída por el azabache.
—Buenos días, bienvenido sea. ¿Le puedo ofrecer algo para beber? —Ranma alzó su rostro buscando a su interlocutora, tenía restos de comida en toda la cara, y la boca repleta de alimento, se apresuró a masticar y tragó. Observó a la mesera quien, con una enorme sonrisa coronando su rostro, esperaba pacientemente por su respuesta. Él, la observó indiferente e ignorante de lo que había despertado en la joven, tomó una servilleta, se limpió el rostro y colocó su dedo índice en el mentón, meditando un poco su respuesta.
—Me gustaría un poco de té y un vaso con algo de jugo de naranja, por favor. —La joven asintió y se retiró del lugar, mientras que Ranma, volvió al ataque devorando ansiosamente sus alimentos. Pocos minutos después, la camarera volvió y le entregó al joven su pedido. Ranma bebió el jugo de naranja de un solo sorbo y siguió comiendo. La joven seguía de pie muy cerca, a unos cuantos pasos de la mesa del joven Saotome, observándolo de vez en vez, cuando notaba la miraba del artista marcial sobre ella, giraba su rostro, mirando hacia la nada, fingiendo demencia, hasta que Ranma volvía al ataque con su comida y era entonces que, la mesera volvía a contemplarlo. Cuando terminó su desayuno, el joven se retiró del restaurante, con la intención de recorrer el hotel. La mesera lo siguió con la vista, hasta que lo perdió, y entonces su compañera le dio un pequeño codazo.
—Reacciona… pareces hechizada
—¡Ay! No seas fastidiosa…
—Pues es la verdad. Estabas ahí como tonta parada, viendo al muchacho, con la boca abierta, casi se te meten las moscas…
—¿Y? ¿Qué acaso no lo viste? El tipo está como quiere…
—No tienes remedio —respondió la otra mesera, mientras se sobaba el puente de la nariz, acto seguido, procedió a recoger los platos sucios y poner en orden la mesa. —Sabes muy bien que tenemos prohibido "fraternizar" con los comensales… —la chica pelinegra le dedicó una mirada de incredulidad a su amiga y a lo que le había dicho alzando la ceja izquierda y cruzándose de brazos —¡Oh qué rayos! Tienes razón… el hombre es un adonis. Pero da igual, no puedes hablar con él.
—Eso lo veremos…
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Kioto, nueve de la mañana
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La mañana se percibía fresca, pero agradable, lo cual resultaba extraño, pese a la estación, pero el joven pelinegro lo agradecía bastante. Siendo ya las nueve de la mañana, se encontraba arribando en la hermosa ciudad de Kioto, perteneciente a la prefectura del mismo nombre. Mousse andaba con cautela en su andar, seguro estaba de que, sus perseguidoras no le habían dado alcance aún, sin embargo, sabía que no estaba de más extremar precauciones. Quedó fascinado con el hermoso paisaje; en Kioto, había encontrado la inmejorable combinación del pasado con el presente; tradición y modernidad se mezclaban a la perfección, dando como resultado una ciudad inigualable. Podía admirar el paisaje rural que le obsequiaban los vistosos jardines coronados con los cerezos en flor; y a la vez, disfrutar de modernas y bien elaboradas edificaciones, propias del panorama citadino. Debía aceptar que, esta pequeña "aventura" en la que involuntariamente se vio inmiscuido, le había permitido gozar de Japón y conocer más a fondo parte de lo que tenía que ofrecer, reconociendo para sí que, por andar siempre en pos de su compatriota, nunca se había dado la oportunidad de visitar a consciencia Japón y todos sus sitios turísticos y lugares de interés.
Otro descubrimiento reciente, fue el hecho de percatarse de lo nada indiferente que le resultaba al sexo femenino, pues ahora con sus lentes de contacto, podía ver bien y mostrar sus hermosos ojos color agua marina, y las féminas a las que se acercó, respondían favorablemente a sus pequeños avances, inesperadamente —al menos para él— había conseguido más números telefónicos de los que hubiera imaginado antes; luego de reflexionarlo más a fondo, había decidido que, cuando todo esto terminara, seguiría utilizando los lentes de contacto, y quizá invitaría a una o dos de esas chicas a salir, tal vez había llegado el momento de mirar para otro lado e ir dejando de a poco, su obsesión por Shampoo.
Continuó su andar, maravillándose por lo hermosa y lo armoniosa que había resultado ser la ciudad. Decidió que continuaría su camino a pie, si sus cálculos no le fallaban, a un individuo promedio, el viaje le tomaría nueve horas; él, siendo el artista marcial que era, se había propuesto la meta personal de recorrer la distancia en 5 horas. No resultaría nada difícil, sólo tenía que llegar al Río Yodo y continuar a pie recorriendo el margen del afluente, hasta llegar a su objetivo final: la ciudad de Osaka.
Igual que hizo en el día anterior, debía ser precavido, "dejar migajas de pan" durante su trayecto, para asegurar que las jóvenes siguieran su rastro, pero no dejarse alcanzar, al menos no, hasta llegar a Osaka. Un escalofrío recorrió su espina dorsal, sólo de pensar en lo que el par de desquiciadas le pudieran hacer —sin remordimiento alguno, cabe agregar— tan pronto se percaten de su error y de que fueron en pos de él, creyendo todo el tiempo que era Ranma y no, quien realmente es; pero Nabiki había prometido una buena recompensa a su esfuerzo, eso sin mencionar además que, esto contribuiría a que al fin Saotome y Tendo se declararan como una pareja oficial, y Shampoo quedara libre del compromiso que la "ataba" a Ranma. "Nunca antes, a través de los siglos, una mujer de la Tribu de Joketsuzoku, se ha rebajado a buscar como prometido a un hombre que ya perteneció a otra mujer, yaciendo en su lecho y entregándole a ella lo más sagrado que tiene para ofrecernos… su simiente… su semilla de vida. Esto es ley, y lo sabes muy bien Shampoo… Si el prometido, se ha entregado a la chica Tendo, o a alguna otra más, y tienen manera de probarlo, deberás renunciar a él. Nuestro orgullo de Amazonas, nos lo exige… es por honor que estamos aquí, y también por honor, nos retiraremos, y el compromiso quedará disuelto". Sí, esas habían sido las palabras de la vieja Cologne, se las repitió a Shampoo hasta el cansancio, la noche anterior al día que emprendieron este loco viaje, producto de la astuta mente de Nabiki. Mousse había escuchado todo aquello, y sabía bien que, ellas no se percataron de su presencia, aunque, en nada hubiera cambiado que ellas se hubiesen dado cuenta de que él había escuchado su plática, él conocía las leyes de su tribu, tan bien como ellas, y de sobra sabía que, al ayudar a que la unión entre Akane y Ranma se concretara, él también saldría beneficiado… o al menos, hasta hace poco, ese había sido su pensar.
Shampoo estaba desesperada, de eso estaba seguro, la conocía bastante bien, y eso podría menguar mucho su capacidad de artista marcial consagrada. Shampoo era letal, pero en esta ocasión, dos cosas jugaban en su contra: el tiempo y sus emociones; cuando tomaba decisiones, viscerales, dejando de lado su astucia, era seguro que cometería errores, ya le había ocurrido con anterioridad, y las consecuencias habían sido desastrosas; y siempre tomaba decisiones de manera visceral en lo que respectaba a Ranma Saotome.
A medida que avanzaba a través del paisaje urbano, le resultaba más y más difícil dejar sus "migajas de pan" en el camino, "Es mucho más fácil dejar rastro en el campo", pensó para sus adentros. Debía ser cuidadoso, dejar sus huellas en el asfalto estaba definitivamente descartado, no sabía si estarían ahí para cuando arribaran las chicas. Observaba atento el panorama, asegurarse de que ellas tomaran el mismo camino que él, era imperativo. Estaba seguro de que, una vez que las guiara a las afueras de la ciudad, llegando a la orilla del río, le sería más sencillo dejar pistas convincentes, y que ellas podrían dar con su paradero.
Su andar lo llevó hasta el templo Kiyomizu-dera, la imponente estructura se erigía señorial y perenne, haciéndole sentir un escalofrío que recorrió su espina. Observándolo a detalle, reconoció la estratégica ubicación del mismo, por lo que decidió subir, para desde lo alto y con la panorámica frente a sí, encontrar el mejor camino hacia su destino final. Por el camino, pasó a una tienda de conveniencia en la que se compró un poco de comida, para cuando subió la enorme escalinata, se sentía más aliviado y menos hambriento, no así respecto al cansancio, todas las horas de andanza ya le estaban cobrando factura.
Suspiró, hastiado de todo este embrollo en el que había sido enredado, un poco en contra de su voluntad, aunque, en honor a la verdad, cuando Nabiki Tendo le propuso aquello, no puso mucha resistencia respecto al plan que la mediana de las Tendo había elucubrado y que requería de su participación. Atento, contempló el panorama frente a sí, y entonces, fue que la respuesta a su interno cuestionamiento, se le presentó. Justo a los pies de la gran escalinata que conducía al sitio en el que, actualmente se encontraba de pie, había un gran tablón, lleno de anuncios y propaganda de lugares turísticos y representativos de esta hermosa ciudad; emprendió la marcha, y pegó su propia "publicidad": "Venga a disfrutar de un delicioso okonomiyaki en el carrito rodante U-chans, promoción del dí ¡Aproveche! ¡Sólo por esta ocasión! Le esperamos, únase a nuestro recorrido por el río Yodo." "Perfecto…" pensó para sus adentros, se aseguró de colocar el panfleto con la propaganda, en un lugar que, fuera bastante visible, y pegó algunos otros, cerca del templo. Si conocía bien a Shampoo —y estaba muy seguro de que sí—, contaba con que sus instintos de guerrera, la harían subir a ese templo, sabía que buscar los sitios elevados, siempre eran una apuesta segura, le ayudaban a orientarse respecto a su ubicación, y podía tener una panorámica más clara del lugar; así que contaba con ello para que la amazona encontrara el panfleto. Satisfecho con su decisión, emprendió la marcha, rumbo al río Yodo, una vez ahí, le sería mucho más fácil dejar más pistas visibles. Osaka, estaba a aproximadamente, nueve horas de camino, andando a pie; Mousse, llegaría en cinco horas, esa era su meta, ya en Osaka, entretendría al par de locas tanto como le fuera posible, todo para comprarle tiempo a Saotome, su vuelo saldría al día siguiente por la noche, y sabía que contaban con él, para que Saotome pudiera abordar ese avión.
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Tokio, cinco de la tarde.
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Luego de haber dado un paseo por los alrededores del hotel, Ranma decidió que podría entrenar un poco, después de todo, el entrenamiento era ya parte de su rutina diaria, no se imaginaba tomando días libres y dejando de ejercitarse. Recordaba que, en alguna zona del hotel había visto un señalamiento, indicando la zona del gimnasio, y aun sabiendo que no sería igual que en el dojo, decidió ir a movilizar su cuerpo un poco. Cuando llegó al lugar, gratamente descubrió que el sitio estaba realmente muy bien equipado, incluso había una piscina olímpica, si no tuviera su maldición, muy seguramente hubiera disfrutado de una buena sesión de nado; suspiró y cayó en cuenta de que había estado tan concentrado en su dolor por la ausencia de Akane que, sin darse cuenta había postergado la búsqueda a una cura para su maldición. "Prioridades… Akane es más importante…".
Un par de horas más tarde, el joven Saotome, estaba haciendo repeticiones con las pesas, alternando entre un brazo y otro, su bíceps se marcaba con cada movimiento; el sudor perlaba su frente, ocasionando también que algunos mechones de cabello se pegaran a su frente; su respiración, acelerada, provocaba movimientos ascendentes y descendentes en su tórax, convirtiendo —con esto— al jadeante joven, en una de las visiones más sensuales que ella hubiera visto en toda su vida. Sí, Ranma no lo sabía, pero desde hacía un buen rato, era observado a detalle por la empleada del hotel que lo había atendido esa mañana, quien, a la distancia, decidió seguirlo, y vaya que estaba disfrutando de su acertada decisión.
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Londres, ocho de la mañana.
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Akane cepillaba su húmedo cabello, terminando ya de alistarse para dar inicio a su visita del día. Apenas podía creer que hubieran pasado más de veinte días, desde su arribo a Londres. Giró su rostro en dirección a la ventana, admirando el panorama, el lugar estaba bellamente decorado con los remanentes de la lluvia nocturna; las pequeñas gotas adornaban edificios y vegetación, brillando con los destellos de sol, dando la impresión de pequeños diamantes regados por toda la ciudad. Akane sonrió, pero su semblante reflejaba un dejo de nostalgia. Hacía ya varios días desde la última vez que había hablado con Ranma, y ya no había vuelto a tener noticias de él. Estaba segura de que las cosas con su prometido, iban por buen camino, pero ahora sentía que él le enviaba señales contradictorias, porque… ¿para qué molestarse en enviarle aquellas flores? O ¿para qué hacer el esfuerzo por comunicarse con ella? Si al final, después de esas muestras de afecto, desaparecería por completo de la faz de la tierra, como si ésta se lo hubiese tragado.
Continuó con lo suyo, soltó un nuevo suspiro y endureció su mirar, mostrando un semblante adusto, no quería preocupar a sus amigas con sus cosas, ni lidiar con ellas, de sobra conocía la naturaleza curiosa y entrometida de sus compañeras de cuarto. Terminó con su labor y se dio un último vistazo general, satisfecha con su atuendo, se dispuso a marchar con rumbo al restaurante, no sin antes advertir a sus amigas que el tiempo se les venía encima y ellas estaban retrasadas.
—Chicas, yo ya estoy lista. Me iré adelantando al restaurante, allá las veo. Dense prisa, o se quedarán sin desayunar. —Akane tomó su pequeña mochila y se retiró de la habitación. Yuka continuó con lo suyo, hasta que fue súbitamente interrumpida por Sayuri, quien le propinó un fuerte coscorrón. Yuka, dolida, giró sobre sus talones y encaró a su amiga quien, la observó con el ceño fruncido y las manos apoyadas sobre la cintura, como una madre cuando está a punto de reprender a su mal portado vástago por haber realizado una travesura.
—¡Oye! ¿Qué diantres te pasa Sayuri? ¿Por qué me pegaste?
—¿Cómo que "por qué"? ¿Has visto cómo está Akane?
—¿Qué? No sé de qué hablas, vas a tener que explicarte mejor —respondió Yuka, mientras retomó su actividad. Sayuri rodó los ojos y bufó, mostrándose más molesta que en un inicio.
—Pues se le nota que "algo" le ocurre… había tristeza… se le notaba en la mirada. Yo creo que extraña a Ranma, y me siento mal…
—¿Mal?
—¡Sí! ¡Mal! Porque le ocultamos el otro día que Ranma la buscó ¿recuerdas? El día que le habló por teléfono. —Sayuri cruzó sus brazos y aumentó un poco el tono de su voz, haciendo más notorio su enfado. Yuka detuvo lo que hacía, y de nuevo, miró a su amiga a los ojos, suspiró y dejó caer los hombros hacia abajo, un tanto derrotada, pues sabía que, aunque sus intenciones habían sido buenas, no había estado del todo bien el haberle ocultado a Akane que su prometido la había buscado. —Creo que debemos decirle que Ranma la buscó…
—¿y de verdad crees que sea eso? digo… pudiera ser algo más
—¿Ah sí? ¿cómo qué?... —dijo Sayuri con sarcasmo —¡Claro que no! Desde hace mucho sabemos que Akane está enamorada de Ranma. A lo mejor piensa que él ya se olvidó de ella… o tal vez ¡algo peor! Tenemos que decirle la verdad.
—Está bien… de acuerdo. Tampoco te pongas tan dramática. Sabes que, cuando te sugerí eso de ocultarle la llamada de Saotome, fue con la intención de hacerlo sufrir un poquito…. A "Él" … nunca quise que Akane sufriera. Creí que estaría bastante distraída con la compañía del apuesto inglés. —refutó Yuka, al tiempo que hacía un puchero, adoptando la pose de una niña mimada inconforme por la reprimenda recibida.
—Pues ya ves que no fue así. Y tenemos que arreglar esto. Hoy por la tarde, le diremos la verdad, ella debe saber que Ranma la buscó, no importa cuantos días hayan pasado ya. —Yuka asintió en silencio y ambas chicas abandonaron la habitación a toda prisa, el tiempo se les había venido encima y si no se apresuraban, el autobús las dejaría, y serían castigadas por sus profesores.
Josh caminaba por los pasillos del enorme recinto. No llevaba prisa, intencionadamente, había acomodado su horario escolar para, asistir a su entrenamiento diario por las mañanas, y tener una hora libre para desayunar antes de empezar con sus clases. Justo estaba saliendo de los vestidores, su cabello aún húmedo, despedía el aroma a shampoo y crema para peinar; ese día de verano, se percibía especialmente cálido, por lo que se había permitido a sí mismo utilizar ropa un tanto más ligera, en comparación a lo que habitualmente usaba; el pantalón de mezclilla se le ceñía a su figura, especialmente en la región de los glúteos, traía además una playera blanca, la cual enmarcaba detalladamente los pectorales, los fuertes bíceps y el plano abdomen del joven.
En su trayecto a la cafetería de la escuela, el joven ojiazul, se topó con dos que tres féminas, las cuales no se moderaron al momento de adularlo y hacer notar lo bien que se le veía el atuendo, pero Josh, amable como era, sólo agradecía los cumplidos, nada más, no había sonrojos, taquicardia, temblor o nerviosismo. Estaba tan ensimismado que, no notó el inminente choque, pese a que se veía venir, y tan absurdo como pareciera, —cual cliché de comedia romántica— inevitablemente, terminó por estrellarse con Ryan, justo a mitad del —extrañamente— desolado pasillo. Ambos se dolieron un poco, por la molestia causada por el choque y después reaccionaron al ver frente a sí, al objeto de su mutuo interés. Fue entonces que, Josh se percató de las reacciones que su cuerpo manifestó de manera inconsciente, y eso lo hizo caer en cuenta de lo que había sospechado en el pasado, pero sólo hasta la noche de ayer, había podido comprobar; su corazón se aceleró, y llegó a pensar que, no había sido tan buena idea haberse puesto esa camiseta tan ajustada; un fuerte sonrojo tiñó sus mejillas; sus manos comenzaron a sudar y se pusieron temblorosas, acentuando más su nerviosismo; trató de decir algo, cualquier cosa, pero su garganta se había vuelto un gran nudo, impidiéndole por completo el habla, tragó en seco y sólo consiguió tartamudear.
—¡Tú! Es-estás aquí… —Ryan, quien se encontraba más sereno, pero que también se había sonrojado, respondió de manera un poco más natural.
—Hola… Eh… son las casi las nueve de la mañana ¿en dónde más se supone que estaría? —comentó Ryan. Ambos jóvenes se pusieron en pie, y se quedaron ahí en silencio, sintiéndose un poco incómodos, pero no en un sentido negativo, su ansiedad y nerviosismo se debía a algo más, y ambos lo sabían. Ryan comenzó a rascar su nuca y observar a todos lados, manteniendo su vista en la "nada"; mientras que Josh, por su parte, fijó su mirada en sus zapatos pateando de vez en cuando "algo", un objeto que seguramente era producto de su imaginación, pues en realidad no había nada por patear. El cuadro resultaba francamente hilarante, a la distancia podía notarse que ambos querían hablarse, pero ninguno sabía cómo iniciar la charla. Luego de un par de minutos ambos alzaron la vista y sus ojos se conectaron, el sonrojo se acentuó, y sus labios se curvearon, en una pequeña, pero significativa sonrisa. Entonces las palabras dejaron de ser necesarias, pues todo se lo estaban comunicando con la mirada.
—¡Ryan! ¡Hola! Qué gusto verte, te estaba buscando. —Y entonces el momento mágico, se acabó. Ambos giraron hacia el sitio de donde provenía la voz, y su semblante cambió. Josh bufó y rodó los ojos; mientras que Ryan mostró un semblante que revelaba franco descontento, bajó la vista y se sobó las sienes, como si súbitamente le estuviera dando una fuerte jaqueca.
—Jane… —dijo Ryan entre dientes, y con una sonrisa forzada.
—Tan inoportuna como siempre… hasta parece que sólo nació para eso —dijo Josh sin disimular su enfado por la interrupción. No estando dispuesto para lidiar con la molesta joven, decidió emprender la huida. —Será mejor que me vaya, no quiero… tratar con esta mujer ahorita. Estoy de muy buen humor, y no quiero que me lo estropeé… ¿podemos vernos hoy por la tarde? Ahora soy yo quien quiere hablar contigo…
—Me encantaría… pero, tengo entrenamiento con Akane…
—No importa, los alcanzaré en el parque, me agrada verte entrenar… y cuando termines, podemos ir a tomar algo y… hablar. ¿Qué dices?
—¡Perfecto! … Hasta en la tarde… —dijo Ryan, al tiempo que le obsequiaba una dulce sonrisa a su interlocutor. Josh tragó en seco y su sonrojo se acentuó aún más, soltó una risa nerviosa y luego de asentir un par de veces, se retiró del lugar.
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Tokio, diez de la noche
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Luego de un extenuante entrenamiento, y un merecido y muy relajante baño, Ranma decidió salir a dar un paseo por los alrededores del hotel, esa parte de la ciudad le estaba resultando bastante vistosa, contempló la belleza del paisaje urbano, en otras circunstancias, hubiera disfrutado bastante de su paseo, y más aún si lo hubiera realizado en compañía de su amada marimacho. Tantos sueños, tantos proyectos por realizar, y en todos ellos, siempre aparecía Akane, ahí, al pie del cañón y dándole su apoyo. Le incomodaba aceptarlo para sí mismo, pero siempre la dio por sentada, esta aventura en la que ella decidió embarcarse, le había demostrado a él, todo lo contrario: "Nunca se debe dar nada por sentado".
Avanzó hasta toparse con un pequeño parque, ya era un poco tarde, así que lo encontró completamente solo. Tomó asiento en un columpio y disfrutó de la quietud que la soledad le regalaba, meditando, contando los minutos faltantes hasta que por fin pudiera reunirse con su amada. De súbito algo lo alertó, el sonido de pasos acercándose, se riñó internamente, pensando en lo peor, creyéndose descubierto por alguna de sus locas perseguidoras, de inmediato se puso en guardia y buscó con su mirada las posibles rutas de escape, pero se relajó al descubrir que la persona frente a sí, no era quien él creía.
—¡Por Kami! ¡Qué susto me has dado! Por un momento creí que me caerías encima y me molerías a golpes… —Ranma observó extrañado a la joven de oscuros cabellos frente a sí; la analizó, hizo memoria y la reconoció "La mesera del hotel"
—¿Tú? ¿Qué haces aquí? ¿acaso me seguiste?
—Bueno… ¿para qué negar lo obvio? —dijo la joven mientras se acercaba a él, su caminar era cauteloso y premeditado; con felina sensualidad, continuó con su andar, estaba determinada a conquistar a ese apuesto joven, aun cuando sólo fuera para pasar una noche con él… una muy buena, ardiente y larga sesión de sexo. Ranma la observó y se tensó, comenzaba a incomodarse, el proceder de esa mujer le recordaba a Shampoo y a su forma de insinuársele cada que podía. El joven frunció el ceño y se cruzó de brazos, eso sólo provocó que la joven mostrara una sonrisa ladina y siguiera con su camino, adoraba los retos, y más si eran poseedores de los ojos más azules y fieros que hubiera visto jamás.
—¿Y se puede saber qué quieres? —respondió áspero y frío, en el fondo sabía perfectamente de qué iba todo esto y su tolerancia ya se había agotado.
—Vaya ¡qué carácter! ¿qué te hicieron para que estés así, con ese humor? —La joven continuó con lo suyo, su forma de coquetearle era evidente casi llegando al descaro. Ranma, por su parte, mantuvo firme su postura, la mujer frente a sí le resultaba desagradable en demasía y quería cortar con la charla lo más pronto posible.
—Así soy yo… no es que me hayan "hecho algo" …
—Ya veo… Tosco en su trato y fuerte, eso sin mencionar lo apuesto que estás… eres el paquete completo… pero eso seguro ya lo sabes. —Ranma mantuvo su gesto adusto
—No entiendo de qué va todo eso que estás diciendo. Me marcho. Te sugiero que tengas cuidado, este lugar ya está bastante solo, no te vayan a sacar algún susto. —La joven se alzó de hombros, completamente indiferente al comentario del joven, adoraba cuando se hacían los difíciles… pero siempre caían, ella confiaba en demasía en su belleza.
—Conozco bien el vecindario, vivo por aquí. ¿Y tú? ¿estás de paso? ¿o piensas quedarte más tiempo? —comentó la joven al tiempo que rozó el brazo de Ranma con sus dedos, con un atrevimiento tal que, el joven decidió cortar con aquello de una vez.
—¿Qué es lo que quieres? Y sé clara… aunque, si es lo que pienso, estoy seguro que no podré ayudarte en nada.
—¿Alguna vez te han dicho que eres un poco arrogante? —Ranma continuó en silencio —Está bien… te lo voy a decir. Me gustas, y si tú aceptas, podemos… pasar una noche MUY interesante… —Ranma tragó en seco, a pesar de ya no ser el atolondrado adolescente de atrás tiempo, la timidez seguía imperando en él; sin embargo, en esta ocasión, algo dentro de él le hizo reaccionar y tomar valor, y le puso un alto a la atrevida chica a la voz de ya.
—No estoy interesado. —Pero la chica no se rindió. Se acercó más al joven y se inclinó mostrando su escote y restregando sus pechos contra su hombro. Ranma giró su rostro, volvió a tragar en seco y bufó, la joven tomó a Ranma por su hombro, pero él retiró su brazo, con un movimiento un tanto brusco, descolocando a la chica en el proceso. El joven Saotome soltó un nuevo suspiro, para después girar su rostro y encarar a la joven —Mira… eres muy bonita, pero yo sólo estoy interesado en entrenar y ser el mejor artista marcial… —y fue entonces que, de súbito, detuvo su discurso, y en ese momento "algo" hizo "click" en su cerebro y lo comprendió. La chica de negros cabellos continuó atenta a lo que Ranma tenía que decir. Él le dedicó una mirada intensa y diferente, disminuyó la dureza y la frialdad con la que la había observado desde el inicio y sonrió, pero no le sonrió a ella; sonrió para sus adentros, recordando a Akane y entendiendo el motivo por el cuál muchas veces riñeron; se rió de sí mismo, de lo tonto que había sido, y de lo bobo que seguramente luciría al momento de explicar lo que iba a decir, pero a estas alturas ya no le importó, nada importaba, sólo Akane.
—¿Decías? —preguntó la chica aún con ese aire coqueto, esperanzada en que podría hacer cambiar de opinión al chico de la trenza.
—No estoy interesado…. Porque yo… yo tengo una prometida, y… la amo… con todo mi ser. Akane… su nombre es Akane.
Sin percatarse del cómo, terminó por contarle a aquella extraña, todo lo que su corazón albergaba, y que tanto tiempo había callado, y se sintió más ligero, y entendió que eso debió haber hecho desde el inicio con las otras tres "prometidas", debió haberle dado su lugar a Akane como la primera y su única prometida, y quizá muchos problemas se hubieran evitado. Pero ahora que ya lo tenía claro, todo sería diferente.
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Londres, cuatro de la tarde
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La fecha de su regreso se acercaba cada vez más, eso le acarreaba una serie de sentimientos encontrados; por un lado, le emocionaba volver a su hogar, ver a su familia, pero en especial, le emocionaba verlo a "Él"; por otro lado, se sentía ansiosa, porque tenía que tomar ya una decisión respecto al rumbo que tomaría su vida, y no sólo en lo personal, sino que también en lo académico pues debía decidir si estudiaría en Tokio, o en Londres.
Inmersa en sus pensamientos, se dio a la tarea de dar inicio con su calentamiento. Descalza sobre el verde césped, hacía estiramientos de sus brazos y piernas, mientras esperaba por la llegada de su compañero de entrenamiento, el clima le resultó agradable, de nuevo hacía un día soleado y estaba consciente de que debía sacarle el mayor provecho mientras durara. Checó por tercera vez su reloj, Ryan llevaba ya quince minutos de retraso, y no le extrañaría en lo absoluto, si no fuera el joven puntual y responsable que sabía que era. Se dio un pequeño respiro y decidió escanear el lugar, giró su rostro en ambas direcciones, buscando a su amigo, se permitió observar todo a detalle, al tiempo que en su mente repasaba uno a uno, los ejercicios que realizaría esa tarde. Sonrió para sí misma, se sentía orgullosa de su evolución como artista marcial, el entrenamiento al que Ryan la había sometido, por fin estaba dando frutos, aunque estaba segura de que aún faltaba mucho por recorrer, sabía que iba por buen camino. Se preocupó un poco, su amigo seguía sin dar señales de vida, y de repente, al girar de nuevo su rostro, los vió venir. La sonrisa de Akane se amplió más, su rostro reflejó una mezcla de incredulidad y felicidad, detuvo sus ejercicios y corrió hacia ellos.
—¡Ryan! ¡Josh! Por aquí… —gritó Akane, al tiempo que alzaba su mano buscando llamar su atención.
—¿Ves? Te lo dije… te dije que ella ya estaría aquí. Eres muy lento.
—Deja de ser tan gruñón… estoy seguro de que a ella no le molestó esperarnos un poco… —Ryan rodó los ojos cuando escuchó la respuesta que Josh le dio, siempre había sido puntual y odiaba quedar mal.
El par de jóvenes se aproximó a la chica peliazul, y ella los saludó gratamente sorprendida.
—Josh… ¿viniste a entrenar con nosotros?
—Calma, linda Akane, lo mío es la natación, no las patadas y puñetazos…
—Oye, las artes marciales van más allá de eso… —dijo Ryan al tiempo que le dio un codazo a su amigo y Akane reía por ello.
—Yo sólo vine como espectador…
—Ya sabes cómo es de… entrometido. Creo que la curiosidad es uno de sus peores defectos.
Akane volvió a reír por el comentario e invitó a Ryan a que dieran inicio a su entrenamiento. En pocos minutos, Ryan había concluido su calentamiento y de pronto, ambos jóvenes, se encontraban inmersos en una tremenda lucha sin cuartel, Josh abrió más los ojos asombrado por las habilidades de Akane, a Ryan ya lo conocía, en más de una ocasión lo había visto entrenar, pero Akane lo sorprendió sobremanera y de forma positiva, jamás imaginó en detrás de ese rostro afable y tierno, se pudiera esconder a una fiera y letal guerrera, sin lugar a dudas, la joven peliazul estaba resultando ser una en un millón.
Las horas avanzaron, y el entrenamiento de ese día llegaba a su fin. Josh había ido a buscar un poco de agua para beber y acordó verse con Ryan momentos más tarde en el mismo sitio. Akane estaba secando el sudor que corría por su sien, al tiempo que observaba a detalle a su amigo, lo notaba diferente, aún no sabía definir si era bueno o malo, pero de algo estaba segura, no se iría de ahí hasta averiguar qué estaba pasando.
—Ryan… ¿Hay algo que quieras contarme? —Ryan observó a la joven con un dejo de extrañeza en su faz, resultaba inverosímil la facilidad con la que Akane había aprendido a descifrarlo ¿ó es que acaso era tan obvio? Observó su panorama en busca de Josh, pudo vislumbrarlos a lo lejos, caminaba con una bolsa de papel llena de algunas golosinas y víveres para ellos, seguro esperaba que pudieran charlar ahí, en medio de la naturaleza, en ese bello pulmón que tenía la ciudad capitalina del Reino Unido. Soltó un suspiro y después sonrió, meditando bien lo que le respondería a la peliazul.
—Le conté todo a Josh… —Akane lo miró expectante y atenta a las reacciones de su amigo, se sentía feliz por él y un tanto aliviada de saber que él había tenido las agallas para contar la verdad de su sentir.
—¿Y?
—Él… quiere que hablemos
—Supongo que eso es algo bueno ¿no crees?
—Supongo que sí.
—Todo saldrá bien. Pues, me retiro, no quiero ser entrometida… —dijo Akane regalándole una pícara sonrisa a su amigo inglés. Ryan asintió y después en un arranque de espontaneidad, le dio un fuerte abrazo a Akane, al inicio ella se extrañó por la reacción de su amigo, pero después correspondió al abrazo, reconfortándolo y otorgando esa calidez que ella sabía dar.
Akane se marchó, feliz por su amigo y deseosa de que todo le saliera bien, le daba orgullo ver que, al parecer por fin, Ryan estaba tomando las riendas de su vida.
"Ojalá Ranma fuera así… cobarde. Pero si él no toma las riendas, lo haré yo"
Con esa convicción en mente, llegó al hotel, se dio un baño y decidió pasar un rato en el jardín trasero del hotel, recostada sobre el camastro y acompañada de su diario, quiso plasmar todo lo que estaba sintiendo en ese momento, y lo feliz que se sentía por su amigo Ryan. Al poco rato, inesperadamente fue abordada por su par de amigas, quienes, a decir verdad, se notaban bastante nerviosas. Sabía que algo se traían entre manos, pero en honor a la verdad, no había imaginado nunca la realidad.
—Akane… ¿Tienes un minuto? —dijo Yuka en un tono que reflejaba un poco de angustia, además de que su lenguaje corporal revelaba que estaba bastante apenada.
—¿Qué? Hola chicas, no pensé verlas aquí ¿No salieron hoy con sus pretendientes?
—Hoy no… Yuka y yo teníamos algo más importante qué hacer ¿verdad, Yuka?
—Sí… verás hay algo que….
—¿Qué ocurre? No me vayan a salir con que quieren preguntarme sobre "el apuesto inglés", porque ya me cansé de decirles que entre Ryan y yo no hay nada…
—No es eso… lo que ocurrió fue que… mejor tú dile Sayuri…
—¡Ah no! Fue tú idea, ahora tú arréglalo…
—Yuka ¿de qué está hablando Sayuri? ¿es algo grave?
—¡No!
—¡No!
—Nada de eso, te lo aseguro —dijo Sayuri, observando a Yuka con un gesto inquisidor, exigiéndole con la mirada que hablara de una vez por todas. Yuka tragó en seco y ser armó de valor, lo peor que podría pasar es que Akane se enojara con ella, y que no le dirigiera la palabra por lo que restaba del viaje… o tal vez, lo que restaba de sus vidas, aún no lo dimensionaba bien. Pero como reza el viejo adagio: "A mal paso, darle prisa".
—Hace unos días… no recuerdo bien con exactitud cuántos, porque hemos hecho tantas cosas y además las salidas con Hiroshi y Daisuke, pues hacen más confuso todo…
—¡Yuka!
—¡Está bien! A eso voy. Bueno, hace unos días, recibiste llamada de Nerima… y era Ranma, él preguntó por ti, pero le dije que no estabas…
—¿Ranma?
—… porque en realidad, no estabas. No me dejó ningún recado para ti. El punto es que… Sayuri quería contarte de la llamada, pero yo le dije que… que no te dijera nada…
—¡¿Qué?!... ¿Por qué no me habían dicho nada?
—Akane… no te enojes por favor… la idea fue mía, sólo quería que Saotome sufriera un poco ¿sabes? Por años hemos visto cómo lo persiguen sus otras prometidas y no les habla claro… —decía Yuka desesperada, intentando por todos los medios posibles que, Akane no estallara encolerizada en contra de ella, de sobra conocía el temperamento explosivo de su amiga, y rogaba por no ser el blanco cuando decidiera descargar su enojo. —… y no queríamos que le regresaras la llamada de inmediato, pensé que sería mejor si él supiera que no estarías disponible siempre que él quisiera…
—Reconozco que no fue la mejor de las ideas, y lo sentimos en verdad, pero créenos, Akane que lo hicimos con la mejor de las intenciones…
—Por favor, perdónanos —dijo Yuka al tiempo que realizaba una reverencia y Sayuri la secundó. Akane las observó un tanto confundida, la duda estaba grabada en su cara cual tatuaje; por un lado, sí, quería reprocharles y gritarle a sus amigas por lo ocurrido pues se sintió burlada; por otro lado, sintió que había algo de verdad en sus palabras, pero sólo en parte, si bien era cierto que Ranma nunca había declarado una postura firme respecto al trío de locas, también era cierto que, él había hecho un esfuerzo para comunicarse con ella, las llamadas desde Nerima seguro le salían bastante caras —y no se refería necesariamente al costo monetario— y eso fue algo que sus amigas no habían considerado, obviamente.
Sin decir palabra, salió disparada hacia el lobby del hotel y pidió ayuda con el recepcionista para hacer una llamada a su casa, no importándole que allá seguramente serían pasadas la una de la mañana. Esperó ansiosa a que del otro lado de la línea respondieran, su nerviosismo era palpable, enredaba y desenredaba una y otra vez, el cable del teléfono entre sus dedos. ¿Qué le diría cuando él le contestara? No lo tenía claro, siguió aguardando, hasta que escuchó la voz de su interlocutor, por desgracia, no era quien ella esperaba.
—¿Hola? Casa de la familia Tendo…
—¿Kasumi?
—¡Akane! Que gusto escucharte ¿cómo estás?
—Bien, Kasumi, gracias. Eh… no quisiera ser grosera ni nada, pero tengo poco tiempo. ¿Podrías comunicarme con Ranma?
—¿Ranma? Lo siento Akane, pero eso no será posible…
—¿Por qué? ¡¿Sucedió algo?!
—No… o al menos eso creo. Es sólo que, no se ha aparecido por la casa desde hace un par de días. Supuse que a lo mejor se había ido a entrenar o algo así. Tía Nodoka se ve muy tranquila. Seguro aparecerá. ¿Quieres que le diga algo cuando lo vea? —Súbitamente, Akane sintió un nudo en su garganta ¿su prometido desaparecido?
—Sólo dile que pregunté por él… gracias Kasumi, y saluda a todos de mi parte por favor
—Hasta pronto Akane, y cuídate mucho por favor.
Tan pronto terminó su llamada, la mente de Akane se vió asaltada por una vorágine de ideas y pensamientos, no sabía qué pensar acerca de la extraña "desaparición" de Ranma, si a lo mejor se había ido a entrenar, o si había algo más detrás de todo eso. Trató de sosegar su mente, pero se fue a la cama con esa inquietud, y no pudo conciliar el sueño hasta muy entrada la noche.
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Osaka, diez de la mañana
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Mousse había decidido tomarse un merecido descanso, luego de la extenuante jornada, su agotamiento había llegado ya, a niveles inimaginablemente altos. Sentado en esa vieja banca, sobre el muelle y con la vista del inmenso océano frente a sí, bebía un poco de café caliente, recientemente se había vuelto aficionado a la deliciosa "bebida color marrón", como le nombraba Shampoo; una vez que comenzó a percibir en carne propia, los beneficios de consumir ese delicioso elixir, no pudo más que rendirse ante lo inevitable, y buscar por todos los medios, consumir por lo menos, una taza al día. En su otra mano, sujetaba un emparedado, lo había adquirido en una tienda de conveniencia, al igual que su bebida, le dio un mordisco y lo masticó de forma automática, trataba de saborearlo lo menos posible, él era un amante de la gastronomía, en especial de la proveniente de su país natal, y ese tipo de "alimentos", a sus ojos, no eran más que un burdo intento de "algo" comestible, creado para saciar el hambre, pero nada más, no había nada disfrutable en degustar aquel emparedado insípido. Pacientemente aguardaba por sus perseguidoras. Si sus cálculos eran exactos, ellas ya debían de haber arribado a la gran ciudad portuaria, el joven chino había dejado suficientes rastros, regados por todos los sitios importantes, esperando con eso, poderlas entretener y retrasar lo suficiente, para que no detuvieran a Saotome, y éste, pudiera abordar el avión.
"—Escúchame bien, pato cegatón… debes retenerlas en Osaka, el mayor tiempo posible. Cuento contigo para que este plan se pueda llevar bien acabo. Ahora bien, pon mucha atención, para ese día, hay dos salidas internacionales registradas; serán dos vuelos los que saldrán con rumbo a Londres; uno de ellos, saldrá a las cinco de la tarde, ese vuelo hará escala en Alemania; el segundo vuelo, saldrá a las once de la noche, ese vuelo es directo, sin escalas… ese es el vuelo que Ranma tomará. Tu tarea será, hacerles creer que Ranma tomará el primer vuelo… ¿entendiste bien?"
Mientras hacía un repaso mental de las instrucciones dadas por Nabiki Tendo, Mousse meditaba sobre lo que haría, una vez terminada la tarea. Tenía que asegurarse de sobrevivir a la paliza que muy seguramente le pondrían entre las dos… "Peccata Minuta". Lo incierto de su destino, lo emocionaba y asustaba en iguales proporciones, siempre había atenido un propósito en su vida, y sólo uno: vencer a Shampoo para reclamarla como su esposa. Pero esta empresa, le había hecho ver las cosas desde una perspectiva muy distinta, más amplia. Además de todo ello, el saberse atractivo a los ojos de más de una mujer, había elevado su autoestima a niveles que nunca antes hubiera imaginado. Un nuevo sorbo de su vaso de café y le dedicó de nueva cuenta una larga mirada al vasto océano. Entonces lo tuvo claro, realizaría un viaje bordeando la costa de la bahía de Wakayama, hasta llegar a la playa de Shirahama, ahí podría tomarse unas merecidas vacaciones, quizá montar su propio restaurante y empezar una nueva vida. De pronto, seguir con su propósito de casarse con la guerrera amazona, ya no le parecía tan tentador… o importante.
En un punto de la ciudad, ubicado más al noreste, el par de impetuosas jovencitas, exhaustas, y algo desaliñadas, corrían desesperadamente, siguiendo el rastro. Shampoo estaba segura de que "Ukyo" habría puesto su carrito ambulante en puntos y lugares estratégicos para la venta de sus okonomiyakis, así que, al llegar a Osaka, se decantó por buscar en esos sitios primero, y orgullosa había visto que, no se había equivocado. Kodachi, en no menos de una ocasión, había estorbado, más que ayudar, pero la joven amazona debía reconocer que, los recursos económicos de la joven Kuno, habían sido de mucha utilidad, por ese motivo hizo un esfuerzo sobre humano para tolerarla.
El tiempo apremiaba, las horas pasaban y Shampoo comenzaba a perder la poca paciencia que le quedaba y con ello, la cordura. No entendía bien el por qué, pero en el fondo, algo le decía que debía darse prisa, que esta era su última oportunidad y no habría más; la china estaba convencida de que ahora sería el "todo, o nada" y eso le aterraba sobremanera. Las pistas, poco a poco las fueron alejando del centro de la ciudad, y las acercaban cada vez más, a la bahía. Ambas avanzaban, corriendo con la seguridad de quien sabe exactamente a dónde dirigirse y con quién se toparán; sin hesitar, se deslizaban con la destreza que sus años de entrenamiento les había otorgado, hasta que, seguras de haber alcanzado su objetivo, cerca del mediodía, dieron con aquél muelle, encontrando, sobre una vieja y maltrecha banca, plácidamente sentado, al joven pelinegro quien traía su característica camisa roja y su trenza. El joven, contemplaba el océano, se le veía tranquilo, en paz; ellas pudieron distinguirlo en lontananza, Kodachi rió estruendosamente, emitiendo un sonido que se parecía más al de alguien que había perdido la razón, su risa, reveló su creciente estado psicótico, el cansancio ya estaba haciendo mella en ella. Shampoo, observó detalladamente como la pelinegra corría sin más, en pos de "Ranma", pero al estar más próxima al joven, cayó en cuenta de algo no pintaba bien. ¿En dónde estaba Ukyo? Supuestamente Ranma había ido en pos de Kuonji; y la otra duda ¿dónde estaba el afamado puesto de comida de la castaña? Shampoo continuó su avance, pero de manera más cautelosa. Cuando su objetivo estaba lo suficientemente cerca, fue que confirmó sus sospechas: todo esto había sido una trampa.
Kodachi llegó a donde estaba el joven, un poco antes que Shampoo, y bajo el sonoro grito de su tan conocido "Ranma-sama, mi amor", cayó sobre el joven e hizo un intento por besarlo, pero cuando tomó el rostro del joven en sus manos —quien, en honor a la verdad, trataba desesperadamente de quitarse de encima a la joven— se dio cuenta de la cruel treta… ése no era Ranma Saotome. Kodachi emitió un grito, horrorizada por lo que estaba por hacer, cayó sobre su trasero y se arrastró hacia atrás, gritándole al hombre en frente de sí que se alejara de ella. Shampoo observó la estampa, en otras circunstancias, hubiera aprovechado para mofarse de la joven Kuno, pero no en esta ocasión, en la que también había sido burlada. Enlenteció su paso y se puso alerta; sí, estaba cansada y deshidratada, además, moría de hambre; su mente comenzó a nublarse, y ya no pensaba con claridad, pero nunca permitiría que eso, hiciera mella en su habilidad de artista marcial. Se aproximó al joven y se puso en guardia, acto seguido, le exigió que se manifestara frente a ella. Kodachi seguía tirada en el suelo, en estado de shock, sin entender bien qué había ocurrido.
—¡Tú! ¡Revelar tu identidad! ¡Yo exigir! —El joven pelinegro que se encontraba de pie, dándole la espalda y de cara hacia el océano, guardó silencio. El momento había llegado, Mousse suspiró profundamente y se giró para encarar a la joven amazona. Se le venía una batalla intensa, eso era seguro, pues sabía que el precio a pagar por sus acciones era alto, pero él había entrenado para eso y más, y finalmente había llegado el momento de ver los frutos de su esfuerzo.
Y ahí, plantado frente a ella, Mousse adoptó una pose defensiva, su gesto se mostraba adusto, pero su mirada era fiera. Shampoo se extrañó un poco, no recordaba haberlo visto así antes, y por inverosímil que esto pudiese parecer, a sus ojos, su compatriota se veía extremadamente atractivo —pero eso era algo que, definitivamente, no reconocería en voz alta, nunca—; la joven de cabellos lila, respiró hondo un par de veces, y poco a poco una creciente ira se instaló muy dentro de su ser; empuñó sus manos y se preparó para atacar. Segundos más tarde, ambos, se vieron envueltos en tremendo combate, como hace mucho no se veía. El agotamiento extremo y el juicio nublado, tenían a Shampoo cerca de su límite, Mousse por su parte, aun cuando un gran cansancio lo aquejaba, su paz mental, le permitía ser más hábil que su contrincante, anticipando todos y cada uno de sus movimientos, bloqueando y esquivando cada golpe con suma destreza. Mousse estaba extasiado, su entrenamiento había valido cada maldito segundo, mientras que Shampoo, extrañada en demasía por las nuevas habilidades del chico pato, sentía que ya no podía más. La joven dio un salto hacia atrás, alejándose de su opositor, unos cuantos metros, quería analizar la situación, encontrar la manera de vencerlo y que, además, le dijera en dónde estaba Ranma, pero no encontraba el modo, y estaba agotándosele la paciencia. Sin pensar con claridad, dejándose llevar sólo por sus maltrechas emociones, se le fue encima, ya había tocado fondo, y no había vuelta atrás, de sus ojos brotaron abundantes lágrimas, y a medida que el combate avanzaba, sus gritos de batalla fueron sustituidos por sonoros sollozos, cargados de ira y frustración. La joven amazona estaba perdiendo, y ella lo sabía. Mousse, compasivo como era, decidió poner fin a este sinsentido, y en un hábil movimiento, pero cuidando de no golpear brutalmente a la joven, la precipitó hasta el suelo, quedando él sobre ella e inmovilizándola por completo. La chica luchó por zafarse de su prisión, pero tarde era ya, había sido vencida por Mousse, y sus leyes eran muy claras… ella debía casarse con Mousse.
Kodachi, quien recién se recuperaba del shock, miró asombrada cómo el chico pato, había derrotado a la joven amazona, increíble, pero cierto. Shampoo ahí acostada de espalda sobre la vieja madera del muelle, completamente sometida, miraba con tremendo odio a su vencedor; lloraba a mares, ya no hacía nada por ocultarlo, había perdido todo, y con ello, ella sentía que también su orgullo de amazona y su dignidad, se habían ido directamente por el desagüe. Mousse la retuvo un poco más de tiempo, la dejó desahogarse, y después la soltó.
—¡Dime plebeyo! ¿en dónde está mi Ranma-sama? ¡Exijo respuestas!
—En verdad eres igual de tonta que tu hermano… —respondió Mousse mientras se sobaba el puente de la nariz.
—¡¿Tú ser idiota?! ¿Qué no ver que esto ser una trampa? —dijo Shampoo hipando, aún no se podía creer que Mousse la hubiera vencido. Mousse revisó la hora y soltó un suspiro, ya no había caso en ocultar la verdad, pasaba de las dos de la tarde, ya faltaba menos para que Saotome abordara el avión, eso sin mencionar la última pista falsa que le quedaba por revelar.
—Saotome está en Tokio, en el aeropuerto Haneda. En tres horas, aproximadamente, abordará un avión que lo llevará a Londres.
—¡¿Qué has dicho?!
—¡Tú mentir!
—Acéptenlo ya… perdieron. Nunca tuvieron oportunidad con él. Saotome está enamorado de Tendo… no hay nada que puedan hacer ya… Y tú —dijo al tiempo que señalaba a Shampoo, quien tragó en seco y se mostró nerviosa —te dejo en libertad… ahora que te he vencido, tu compromiso con Saotome queda anulado, yo soy tu nuevo prometido, esa es la ley… pero te dejaré libre. Ya no me interesas. —Shampoo se tensó, y aunque de momento no estaba dispuesta a aceptarlo, algo dentro de ella se rompió, luego de haber escuchado esa declaración.
Mousse se levantó y liberó a la joven amazona de su prisión, le extendió la mano ofreciendo su ayuda para que ésta pudiese levantarse, pero ella, orgullosa y altiva como era, retiró la mano del joven de un manotazo y se incorporó por sus medios, con algo de dificultad, cabe agregar. Mousse fijó su vista en ambas chicas, hizo una pequeña reverencia a modo de despedida y así, sin decir más, se retiró del lugar, dispuesto a seguir con su plan, bordear la bahía y llegar a Shirahama, dejando tras de sí a una muy descolocada joven de cabellos morados.
Los minutos pasaron y parecía que ambas habían caído en un repentino estado catatónico, y para cuando reaccionaron, su estado no mejoró en nada, estaban al borde de la locura, hiperventilando y pensando en qué hacer, Shampoo no hacía más que observar con infinito rencor a su compatriota quien se marchaba —quizá para siempre—, mientras Kodachi tiraba de sus cabellos desesperada por resolver el asunto.
—¡Irnos!
—¿Qué?
—Si tomar tren, llegar a Nerima en tres horas, quizá alcanzar Airén antes de que abordar avión.
—¿Cómo sabes eso?
—Yo preguntar en estación, antes de llegar aquí —Kodachi observó a su interlocutora con un dejo de duda en su faz, meditó por unos segundos la situación y después, asintió decidida a secundar la moción de Shampoo, irían en pos de Ranma eso era definitivo. Ambas corrieron con rumbo a la zona central de la ciudad, iban rápido, cual alma perseguida por el demonio, estaban decididas a encontrar un taxi que las pudiera transportar a la estación de trenes, era imperativo, para ellas, llegar lo antes posible al aeropuerto Haneda de Tokio.
Mousse esperó y observó en lontananza cómo sus otrora perseguidoras, se alejaban cada vez más de ahí. Cuando lo consideró prudente, decidió caminar y avanzar sobre sus pasos, para volver a recorrer el camino anteriormente andado. Si mal no recordaba, a unos dos o tres kilómetros de ahí, había visto un teléfono público, y era muy importante que realizara una llamada a su actual "patrona". Luego de unos minutos, encontró la cabina telefónica, y una vez discado el número—el cual ya se sabía de memoria, cabe mencionar— esperó pacientemente mientras escuchaba el tono intermitente que le indicó que la llamada había sido exitosamente conectada.
—¿Sí? Dojo Tendo…
—Está hecho… justo ahora van para allá. —Nabiki, escuchó atentamente lo dicho por el chico-pato y sonrió al tiempo que asentía, como si en ese mismo instante, su interlocutor la estuviera observando.
—Perfecto…
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Tokio, aeropuerto Haneda, cuatro cuarenta de la tarde
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Corrían tan aprisa como les era posible…
De alguna manera, aún sin entender bien el cómo, Kodachi consiguió un taxi que las llevó en tiempo récord a la estación de trenes; de milagro —no hay otra forma de decirlo— pudieron alcanzar el tren que tenía como destino final Nerima. Tan pronto bajaron de la estación, Shampoo se percató de que ya había un automóvil esperándolas en la entrada, de verdad, los recursos de la heredera Kuno habían resultado mucho muy útiles; abordaron el automóvil y éste partió de inmediato, a una velocidad que rebasaba los límites permitidos, pero al parecer al chofer, poco le importaba.
Una vez dentro del aeropuerto, se dieron a la tarea de ubicar el anuncio respecto al vuelo hacia Londres que hacía escala en Alemania (era importante recordar ese detalle), Kodachi hizo uso de sus influencias y su dinero —de nueva cuenta— y les consiguió un par de asientos, los últimos boletos a la venta. Corrían tanto como les era posible, pasaron los puestos de chequeo aventando a la gente y abriéndose paso entre los viajeros formados. Una vez en la sala de espera, se dieron a la tarea de dos cosas: buscar la puerta de abordaje, y buscar a Ranma. Ambas estaban fuera de sí, ya no pensaban con claridad, veían a Ranma en cada hombre con cabellos color azabache, y en cada mujer de cabellos cortos, encontraban el rostro de Akane, su paranoia había escalado a niveles nunca imaginados. Frustradas en demasía, no les quedó de otra que abordar el avión, ya arreglarían cuentas cuando estuvieran en Alemania.
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Cinco horas habían pasado desde que Shampoo y Kodachi habían abordado el avión. Tal como su cuñada se lo había indicado, Ranma no había arribado al aeropuerto sino hasta las seis de la tarde, debían asegurarse de que no existiera posibilidad alguna de un encuentro fortuito con el par de locas. El joven artista marcial, estaba asombrado en exceso, no se imaginó que el aeropuerto sería así de grande. Repleto de salas, restaurantes y tiendas, realmente no sabía hacia dónde voltear, debía admitir que esta experiencia resultaba única hasta el momento, esto superaba por mucho la loca idea de su padre de haber ido y venido de China nadando. Buscó un cesto de basura en el que botó el envoltorio del emparedado que acaba de engullir; observó el reloj de su muñeca y soltó un suspiro, lo mejor era que, se acercara a la puerta por la cual abordaría, cada vez estaba más cerca de ver a su prometida y con ello, sus emociones se encontraban a flor de piel, las piernas le temblaban, no sabía a ciencia cierta si se debía a una súbita y desconocida fobia por subir al avión, o si se debía a que, ahora percibía más cerca su reunión con Akane.
Agradeció en silencio a su cuñada, le había conseguido un asiento junto a la ventana, así él podría observar el momento del despegue, y claro que lo haría, esta era una nueva experiencia y no pensaba perderse detalle alguno. Emocionado pudo ver cómo los edificios se hacían cada vez más pequeños, hasta que sólo distinguía pequeños y diminutos puntos brillantes y parpadeantes en medio de una inmensa oscuridad, abrasadora y abrumadora. Pronto se dio cuenta de que ya no distinguía absolutamente nada, sólo la oscuridad absoluta. Reclinó su asiento y se dispuso a dormir un poco, su vuelo sería bastante largo, y siendo sinceros, toda esta jornada lo había agotado en demasía.
Las horas pasaban, no tan rápido como él hubiera querido. En un par de ocasiones, se puso en pie para desentumir sus adormiladas extremidades, ir al baño, y tomar una bebida de la barra al final del pasillo. Una de las azafatas, muy amablemente le ofreció un poco de bocadillos para desayunar, y mientras degustaba sus alimentos, pudo divisar por la ventanilla el inmenso color verde, ya estaban cerca, el capitán anunció por el altavoz que en treinta minutos estarían aterrizando en el Aeropuerto Internacional Heathrow en Londres. Luego de doce horas de vuelo, y más de veinte días de espera, por fin vería a Akane.
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N/A: ¡UFFF! Ya ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que actualicé, pero créanme que siempre tenía muy presente en mi mente este IMPORTANTE pendiente. Una disculpa enorme por la tardanza, sé que a lo mejor no es un buen pretexto, pero la vida adulta no perdona, y si a eso le sumamos que soy trabajadora del área de la salud, pues mis tiempos libres para escribir pueden verse significativamente reducidos, pero sigo firme al pie del cañón, con el compromiso de terminar esta historia.
Ya estamos agarrando la recta final, a partir de aquí, sólo nos restan dos o tres capítulos más, para concluir este Fic, al cual considero mi preciado bebé, porque es el primero. Escribir este capítulo, me permitió conocer varias ciudades de Japón (al menos a la distancia mediante google xD) que me parecieron hermosas, curiosamente elegí Kioto y Osaka, por su ubicación geográfica para fines de mi historia, y al investigar más a fondo, resulta que son ciudades que tienen mucha importancia, en las notas finales en el último capítulo, les escribiré una pequeña reseña de todo lo que investigué.
Mousse venció a Shampoo, por lo tanto se convirtió en el prometido oficial, pero ya no quiso quedarse con la amazona ¿qué creen que ocurra? ¿qué pasará cuando Kodachi y Shampoo bajen en Alemania y se den cuenta de que estaban en el vuelo equivocado? ¿creen que se rindan, o viajarán a Londres? ¿Cómo se imaginan que será el encuentro entre Ranma y Akane? ¡Muero por contarles lo que sigue! Cuéntenme sus teorías acerca de cómo creen que terminará esta historia.
Me despido, no sin antes agradecerles todo su apoyo y paciencia. Mil gracias por todos sus reviews, son mi motor. Agradezco también a todos los que le han dado seguir y favorito a mi historia, en verdad muchas gracias. :D
Me retiro, reiterándoles mi compromiso de terminar esta historia y con la promesa de contestar de manera personal a todos sus reviews.
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¡Hasta Pronto!
