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Intervención
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...
A penas tocó su cena. Y se centró en terminar su tarea en su habitación e ignorar las miradas preocupadas de su hermano. No era bueno escondiéndole cosas a Itachi, pero como era un experto en esconderse del mundo hizo lo mejor que podía; terminar su tarea. Como al otro día era viernes, consideró la idea de faltar. Pero tampoco era un llorón ni un dramático como Naruto, para faltar por algo sentimental. Que no era.
El idiota simplemente no había respondido su pregunta. No era grave, ni siquiera importante.
Itachi, como siempre, simplemente abrió la puerta y se sentó en su cama. Y se quedó en silencio durante una hora hasta que él se cansara de su presencia y le rugiera que se fuera. El maldito ni siquiera se movió.
–No estás siendo tan convincente, hermanito –replicó él, cruzándose de brazos. Con una sonrisa de condescendencia que le fastidió. Odiaba que lo tratara como un niño.
–Jódete –respondió, cruzándose de brazos y girando la silla hacia él. Itachi alzó una ceja.
–Muy adulto de tu parte –
–Quiero estar solo –
–¿Qué hizo Naruto esta vez? –Sasuke arrugó el entrecejo. ¿Porqué siempre tenía que darse cuenta de todo? Intercambiaron una larga mirada que el Uchiha sabía que no le serviría de nada, antes de rendirse finalmente. Podía ignorar tranquilamente a Naruto, pero nunca le había servido con su hermano mayor.
–Nada, no hizo nada –Ese era el problema. Que no le había hecho nada. Porque era tan obvia la respuesta que no necesitaba decirla. Cuando su olor cambiara, ya no podrían ser amigos.
Eso le dolió mucho más de lo que podía aceptar.
–¿Te declaraste a él y te dijo que no? – Sasuke bufó. Itachi se río –Bien. Aún están en negación ¿No están grandes para eso? –Él le levantó el dedo de en medio. Itachi rodó los ojos –Eres tan dramático Sasuke…–
–Búscate pareja y deja de molestarme –gruñó él en respuesta. Su hermano frunció un poco el entrecejo, pero no dijo nada. Sólo por haberle dado donde le dolía valió la pena el esfuerzo.
–¿Qué te dijo? –
–Le hice una pregunta y no respondió. Sólo es eso –
–¿Y por eso te enojaste con él? –Sasuke volvió a gruñir. ¿Tan difícil era dejarlo tranquilo? Itachi esperó pacientemente a que él respondiera. Sasuke dio vueltas en su silla e intentó volver a concentrarse en su tarea, pero resultó ser imposible. Diez minutos después se volteó hacia su hermano nuevamente. Quien se terminó echando en su cama, con los brazos sobre su cabeza en una postura mucho más relajada de la se esperaría de un hombre en camisa y pantalón de tela.
–Era una pregunta importante –
–Probablemente él no piense lo mismo –respondió solícito. Sasuke lo consideró. Naruto efectivamente podía ser tan tonto como para no tomarle importancia a una pregunta. Y lo había intervenido cuando el rubio estaba durmiendo. Se forzó a regañadientes a darle el beneficio de la duda. Muy a regañadientes. –Quizá deberías llamarle y preguntar –
–¿Tengo que? –Itachi se encogió de hombros.
–Yo lo haría –Ambos sabían que era mentira. Itachi nunca había tenido ese tipo de problemas, que él supiera. Pero como era el mayor de los dos, Sasuke tuvo la sensación de que su hermano simplemente lo habría dejado fuera de sus propios tormentos emocionales. Si es que alguna vez hubiese tenido un tormento emocional. Pero su hermano lo miró como su madre le habría mirado alguna vez, con esa expresión de amistosa severidad que resultaba irresistible, por lo que asintió secamente. Él se levantó y le sonrió.
–Recalentaré la cena. Te espero en diez minutos –dijo él. Sasuke volvió a asentir en silencio y le dejó partir sin decir absolutamente nada. Suspiró, en cuanto la puerta se cerró.
Cómo odiaba actuar con lógica cuando no quería hacerlo.
