Decidí actualizar un capítulo más antes de seguir. Las cosas acá se están poniendo cada vez peor, por lo que salir a manifestarse se debe hacer con extremo cuidado. La buena noticia, es que me ha dado tiempo para escribir. Y que el amigo con el que jugaba parece pasar por un momento personal malo (y espero que las cosas mejoren para él) así que todo me ha orillado a tomar metafóricamente hablando el papel y el lapiz y bueno, acá estamos. Se agradece la paciencia. Un montón
A distancia
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...
Despertaba a momentos impredecibles, donde la mitad del tiempo era obligado a comer y la otra, a caminar hacia el baño. Una empresa difícil cuando sentías como si alguien te hubiese golpeado en el estómago una y otra vez. Las punzadas eran molestas y no le dejaban levantarse. Sin embargo, el aroma que su hermano desplegaba cuando volvía a la cama le ayudaba a dormir rápidamente.
Despertó quince veces antes de que el dolor comenzara a remitir. Cinco fueron durante el día. En una de ellas pudo contemplar el amanecer antes de que el cansancio y el sueño le venciera. No parecía que algo hubiese cambiado en él además de su percepción de los aromas. Cada vez que despertaba se sentía un poco más como si mismo.
La penúltima vez que despertó antes de que su celo finalizara, Naruto se encontraba en la puerta. Sasuke no lo reconoció al principio, acostumbrado a despertar y que Itachi fuese el único ser humano que veía. Pero cuando se enderezó y se restregó los ojos, pudo verlo sentado en una silla.
–¿Qué haces ahí? –Preguntó, sintiendo la garganta un poco seca al no haber hablado nada en todo ese tiempo. Se llevó la mano al cuello, sobando la zona que le había molestado. Naruto arrugó el entrecejo.
–No puedo acercarme más, teme. Tus feromonas…–
–¿Mis qué? –Sasuke arrugó el entrecejo. Naruto hizo una mueca.
–Tu aroma. Es intoxicante tebayo –El Uchiha le dirigió una mirada indignada, buscando con la mirada algo que lanzarle. Como no encontró nada, y la lámpara era su favorita, se acostó y le dio la espalda.
–Entonces ándate a tu casa, usuratonkachi –
–¡No lo decía de mala forma! –Se defendió él. Sasuke se evitó la mirada de rencor, pero bufó en voz alta.
–¡No hay…! –Sasuke tosió. Escuchó el sonido de la silla moverse, lo que hizo que el Uchiha se volteara otra vez. Naruto se encontraba de pie, pero no había avanzado ni un centímetro hacia dentro. Parecía preocupado. –No hay una forma de que eso sonara bien, dobe –
–¿Quieres agua, teme? –Sasuke asintió. Y sólo por verlo salir corriendo por un vaso para él decidió perdonar su estupidez. Asumió que su aroma debía ser fuerte, debido al celo. Aunque él estuvo con Naruto sólo el primer día del suyo, porque no le dejaron entrar, recordaba que su olor se había descontrolado un poco. Naruto volvió al cavo de algunos minutos, con Itachi a su lado. Su hermano si entró a su habitación y le dejó el agua encima de la mesa.
–¿No quieres dormir otro poco? –Sasuke negó con la cabeza. Itachi asintió, alborotándole los cabellos antes de salir de la habitación –Vendré por ti en diez minutos, Naruto. No es bueno que te expongas tanto a su aroma –
–¡Pero si no entré a la habitación, tebayo! –Se quejó él. Sasuke vio a su hermano rodar los ojos. Naruto puso una clásica cara de perro apaleado que siempre conseguía ablandar su corazón. Y si bien la expresión de Itachi vaciló, terminó por darles la espalda a ambos.
–Diez minutos –Escucharon, antes de que sus pasos se alejaran rumbo a las escaleras. Él volvió a enderezarse y decidió tomar un poco de agua antes de volver a hablar. Su garganta lo agradeció; parecía que habían pasado décadas de su última comida. Pero Itachi lo había despertado con el desayuno no hace tanto.
–¿Cuánto llevo incapacitado? –Naruto se volteó hacia él, levantando la silla y sentándose nuevamente en ella. Pareció pensarlo un poco.
–Cinco días. Iruka-sensei me dejó traerte la tarea –Sasuke alzó una ceja. Naruto soltó un bufido –¡No es mi tarea ttebayo! ¡No soy un desgraciado! –
–Lo notaré –Amenazó él. El rubio se cruzó de brazos y le miró desafiante. Mantuvieron un duelo de miradas durante unos minutos antes de que Naruto se aburriera de eso y bajara los brazos, suspirando.
–¿Ya no te duele? –Preguntó. Sasuke se llevó la mano al estómago. Itachi le había pasado uno de sus pijamas más cómodos de invierno, que era negro con lunares blancos. Ahora sólo era una molestia leve, en realidad. Mucho menos molesto que las punzadas dolorosas que había tenido anteriormente. Sasuke negó con la cabeza. Naruto asintió en consecuencia. El ambiente parecía tan incómodo que le resultaba difícil estar mirando al rubio de tanta distancia sin hacer algo al respecto.
Afortunadamente para él, Naruto perdió la paciencia primero.
–Ah, maldita sea. Esto es incómodo ¡ni siquiera debía ser incómodo, tebayo! –El rubio bufó. Sasuke rodó los ojos en consecuencia –No es como si dejases de ser un bastardo amargado por ser un omega, digo…–
–¿Qué dijiste, dobe? –Le interrumpió él. Naruto le miró con curiosidad.
–¿Lo de bastardo amargado? –Sasuke negó con la cabeza.
–¿Qué me dijiste que era? –Preguntó. Naruto le miró con desconcierto, durante un largo momento, para al final abrir la boca con sorpresa.
–¿Es que no te has dado cuenta? Oh, maldita sea –Él arrugó el entrecejo, cosa que no duró mucho al ver las mejillas avergonzadas del rubio. Sasuke ladeó la cabeza. ¿Por qué se avergonzaba tanto? No había hecho una pregunta extraña, que él supiera. Sólo le había pedido que repitiera lo que había dicho –No hay otra forma de que tu aroma se volviera muchomásdulceyadictivoqueantesy… –el rubio se avergonzó un poco más. Sasuke seguía desconcertado –…ynodigoquenofueseadictivoantes, dattebayo, pero nunca había sido tan… –Naruto llevaba un vómito de explicaciones tal, que terminó mareándolo un poco. Y hablaba tan rápido, que sólo pudo comprender la mitad.
–Al grano, dobe –musitó él, tosiendo en la última instancia y tomando otro sorbo de agua. Naruto se calló automáticamente.
–Que… eres un omega, teme –Sasuke ladeó la cabeza. Naruto suspiró y se levantó de la silla. Por primera vez en toda esa conversación, el rubio dio un paso hacia dentro de la habitación, avanzando lentamente hacia la cama. Sasuke tomó un poco más de agua y dejó el vaso en la mesita de noche, tragando saliva cuando el rubio se colocó a un paso de él. Podía haberle lanzado el vaso a esa distancia. Habría sido genial hacerlo. Pero la fragancia de Naruto le llegó a la nariz lentamente y Sasuke se fue levantando sin darse cuenta. –Puedes olerme, ¿verdad? –El Uchiha presionó el brazo contrario con su mano más cercana. Fuera de alejarlo como había pasado los últimos días, Naruto presionó su mano con la suya. Un gesto cariñoso que no era habitual en ambos, pero no se sintió como algo incómodo.
–¿Es por eso? ¿Es porque soy omega? –Preguntó él. El aroma de Naruto le rodeaba cada vez más. Sasuke tuvo el impulso de taclearlo y olisquear su cuello, pero se quedó en aquella posición. Naruto asintió finalmente.
–Tu aroma es más dulce, teme –dijo él a cambio. ¿Y eso era bueno o era malo? Se preguntó. Pero aquella pregunta no alcanzó a salir de su boca, debido al carraspeo de Itachi que los sacó de golpe de aquella atmósfera extraña pero correcta que se armó entre los dos.
–Te dije que no te expongas al aroma de Sasuke –
