*sonido de tambores* TENGO UN BETA READER! SADJSADSADHKASHDJAK estoy muy contenta a pesar de haberle arruinado la vida a otra persona (xD) pero al menos podré asegurarme de que cada capítulo que publique no va a ser una soberana estupidez (o por lo menos, que estará bien escrito). So, señorita Beginnerdreams ¡Bienvenida al equipo! (que somos yo y mi gato). A pesar de haber dicho que no lo haría, acá hay un especial de San Valentín. Que pasen un buen día (yo me pondré a jugar en breve xD) y no se olviden que siempre hay amor, aunque no sea amor de pareja :3


San Valentin

...

Hace un año

¿Existe alguna fecha, sólo alguna…? –Preguntó Naruto, durante el receso. Sasuke alzó la cabeza por sobre su almuerzo para prestarle atención. No porque creyera que Naruto diría algo interesante, sino porque le conocía lo suficiente como para saber que fastidiaría un buen rato si no lo hacía –¿…que no te ponga de mal humor?

Sasuke arrugó el entrecejo, pero lo pensó un poco. No se dignó a contestar, pero internamente decidió que no, que en realidad no existía una festividad que le gustara realmente.

¿Estás aburrido? –preguntó en respuesta. Naruto rodó los ojos, ladeando la mirada hacia su tazón de ramen. Sasuke suspiró. Había que ver lo que hacían tres minutos en un idiota como Naruto.

No tiene nada que ver con mi aburrimiento tebayo –replicó él. Pero aquello sólo le hizo confirmar que, en realidad, no tenía nada más que hacer que hablarle tonterías. ¿Por qué eran amigos, en primer lugar? El reloj de mano de Naruto aún no sonaba, lo que le daba minuto y medio para hablarle alguna tontería y luego un espacio de diez minutos de silencio. Era increíble cómo podía haber llegado a calcular algo tan inútil como eso –pero… has estado de mal humor desde hace un par de días

¿Y tú no? ¿No te molestas todos los años por el asunto del chocolate? –o al menos desde que tenía doce y cierta chica hostigosa se había declarado a él por primera vez. Naruto frunció el entrecejo, pero la alarma del reloj interrumpió cualquier línea de pensamiento coherente –no apostaría aquello– o algún tipo de insulto dedicado a su persona, por lo que se apresuró a abrir el envase y a separar los palillos.

Ah, huele tan bien…

Huele a agua condimentada, dobe. ¿Por qué te gusta tanto? –bufó en respuesta. Naruto, como siempre, simplemente hizo caso omiso y comenzó a devorar su almuerzo. Pero si fuera Naruto y tuviese que responder a eso, probablemente contra preguntaría. Al menos Sasuke tenía una respuesta a esa pregunta; le gustaba el tomate porque su sabor pseudo dulce-cítrico era lo mejor que había probado en su corta vida. Sin embargo, Naruto sabía eso.

¿Por qué te gusta el tomate? –preguntó él, haciendo eco a sus pensamientos. Sasuke abrió la boca, impresionado por el hecho de haberle anticipado tan bien. Naruto era predecible, se dijo él. Cualquiera con un poco de conocimiento sobre el rubio podría hacer ese ejercicio.

Nos estamos yendo del tema. Tampoco te gusta esta fecha –el rubio se encogió de hombros, Sasuke rodó los ojos.

No tanto como a ti. Yo sólo pido un simple chocolate… –Si, claro. Si eso fuera así, hacía rato que habría dejado de quejarse. Pero insistía en quejarse año tras año porque recibía un chocolate giri y no un honmei. Porque Haruno se le declaraba a él y Sasuke la rechazaba. Porque él era supuestamente popular.

Y que Haruno te declare su amor –replicó él, soltando un bufido. Naruto estuvo cerca de escupir el ramen, pero no lo hizo por poco. Sasuke se sintió molesto, al recordar los episodios de estupidez anuales del rubio. ¿Por qué insistiría en quererla si ella no lo hacía? ¿Por qué ella insistía en declararse si Sasuke siempre le decía que no? ¿Por qué él siempre tenía que estar en medio de aquellos dramas que no eran suyos?

Ah, sí. La amistad.

No puedo forzarla a eso. Pero sería lindo dattebayo… –musitó en voz baja. Sasuke tuvo el impulso de golpearle la cabeza con su almuerzo, pero su almuerzo valía mucho más que el cerebro de un idiota. Sasuke se limitó a comer en un molesto silencio, considerando la idea de faltar mañana. Porque no iba a aceptar el chocolate de ninguna persona –y no le gustaba el chocolate– ni tampoco disfrutaba aquel caos que se formaba aquel día.

Era una lástima que su hermano no pensara igual.

No puedes faltar porque odies una fecha, Sasuke –inquirió el alfa. Sasuke soltó un bufido, alcanzándole la jarra de jugo cuando el azabache estiró la mano. Después de aquella absurda declaración de Naruto, Sasuke no pudo dejar su molestia a un lado. De hecho, aquella había incrementado un poco por culpa del jaleo de las tiendas y de la fila de escolares y universitarios en busca de un chocolate. ¿Por qué tenía que existir San Valentín? Ni siquiera era parte de su religión y allí estaban.

Si que puedo. Declárame enfermo –replicó él, jugando con los fideos del udon que se encontraban cenando. Itachi negó con la cabeza, con diversión.

No lo haré. Además… –murmuró en voz alta, llevándose un poco de fideos a la boca a propósito, haciéndole esperar. El mal humor de Sasuke no amainó con aquello – …vendrían a la casa a hacerte una visita, y no puedes cerrarles la puerta. Es de mala educación –le recordó, porque Sasuke si que se creía capaz. El chico se limitó a ponerle mala cara, pero continuó comiendo en silencio. No era un mocoso para gritarle que lo odiaba por no hacerle caso –aunque sí que tenía ganas de gritarle por ser tan poco empático con él–, pero no significaba que tenía que estar de buen humor por ello. Todo lo contrario; iba a hacerle la vida imposible durante esa semana, hasta que se le pasara el mal humor.

Su hermano aguantó comiendo en silencio aproximadamente diez minutos, siendo el único sonido que se podía escuchar en la casa el de la televisión y el de los cubiertos. Tampoco era como si ellos dos fueran grandes conversadores. Era Naruto quien hablaba hasta por los codos cuando iba a comer con ellos y les forzaba a hablar más que de costumbre.

Y, Sasuke –musitó él, después de pensarlo un poco. El azabache levantó la mirada, atrayendo hacia él el jarro de jugo. Itachi esbozó una sonrisa que no tenía nada de amable –… ese chocolate no se va a entregar sólo

¡Dijiste que no dirías nada! –se quejó él, levantándose estrepitosamente de la silla. Su hermano levantó el plato como si no hubiese visto las mejillas de su hermano menor. Sasuke podía apostar que no le había molestado más por la cantidad de objetos contundentes en la habitación.

Y no dije nada. Absolutamente nada –murmuró él, con un falso tono inocente. Sasuke apretó la manilla del jarro con fuerza, deseándole lo peor a aquel mal nacido hermano mayor. Itachi levantó el brazo, esperando recibir el plato de comida de Sasuke –Pero quiero mi chocolate giri o accidentalmente voy a recordar

Sasuke refunfuñó una maldición que hizo reír a su hermano mayor.

Por supuesto que aquel día fue tan nefasto como lo había pensado. Las tiendas ya no se encontraban llenas de estudiantes –al menos no en la mañana– y ya no había promotoras intentando meterle chocolate de muestra por las narices, pero si un par de chicas habían intentado abordarlo durante el metro. Algo que, obviamente, no le había hecho ninguna gracia.

Lo siento, no puedo aceptarlo –había repetido aquellas dos veces. Y fastidiosamente tuvo que recordarse que habría al menos unas dos o tres veces más que debería repetir aquella frase. Sin mencionar que, si el día iba como los años anteriores, tendría a Haruno citándole a algún rincón alejado para declarar sus sentimientos.

Suspiró. La vida era tan estresante…

¡Teme! ¿Cuántas son este año? –preguntó Naruto, saludándole en la entrada. Sasuke hizo una mueca, caminando hacia su casillero. –Temeee no me ignores tebayoo

Cuando vuelva ese miligramo de cerebro que tienes, considerare hablarte dobe –se quejó él. Pero parecía que el rubio estaba tan habituado a sus pullas, que además de golpearle el brazo con el puño amistosamente no hizo más. Sin embargo, sí se acercó a su casillero para ver cuantas cartas llegaban este año. El azabache se permitió soltar un bufido de indignación –¿Cinco? ¿En serio?

¿Por qué es una diversión para ti algo como esto? –El rubio se encogió de hombros, abriendo su casillero y dejando sus zapatillas ahí. Como todos los años, no había ninguna carta. Tuvo que admitir para sí mismo que aquello era tranquilizante. Aún no podía olvidar cuando hace unos cinco meses Naruto se había enfadado, sólo porque recibió una carta de una chica que quería entregarle algo a él. Y a Sasuke aquello le había estresado lo suficiente como para decidir que no saldría con alguien que usara un intermediario.

Porque a ti te fastidia –replicó con una sonrisa. Sasuke rodó los ojos, golpeándole en la cabeza con aquellos cinco papeles.

No estoy interesado en ninguna de estas personas. ¿Por qué me gustaría recibir una confesión de alguien que no me interese? –musitó, comenzando a caminar hacia la sala de clases. Naruto le pasó el brazo por encima de los hombros, como era usual.

¿En serio no eres asexuado, teme?

Cierra la boca, usuratonkachi – Y la mañana después de eso, transcurrió más o menos tranquilamente.

Sasuke, como todos los años, leyó las cartas y las botó a la basura. Tres chicas y dos chicos que declaraban sus sentimientos hacia él y le pedían verlo en diferentes lugares de la escuela, durante el almuerzo. No era nadie que conociera ni que fuera a recordar, no obstante, memorizó los lugares para evitarlos y no producir un malentendido innecesario. Habían recibido chocolates giri de Ino como todos los años, y como todos los años Naruto los había guardado en su mochila para comerlos después.

El problema fue durante el almuerzo.

Sakura fue la primera que se acercó, en cuanto el timbre sonó. Sasuke ni siquiera había sacado su almuerzo cuando ella estuvo encima de su pupitre y le preguntó si podían hablar en privado. Sasuke no pudo evitar hacer una mueca; aquello siempre solía terminar con la chica llorando por su rechazo y con Naruto enfadado por ello.

No puedo, lo siento –admitió en voz alta, más rápido de lo aconsejable. Naruto le miró inmediatamente, alzando una ceja. Sakura hizo un puchero, amenazando con echarse a llorar. Crispando un poco sus nervios.

¿Por qué? –no tenía una razón válida, sólo quería ahorrarse su confesión. Pero luego recordó aquellas cartas y le hizo saber en voz alta, que todos los lugares privados de la escuela se encontraban ocupados con personas que deseaban confesarse –a él–. Y que, si ella quería privacidad, no era el mejor momento del día. Aquello suavizó el encuentro, pero no pudo salvarse de compartir un almuerzo con ella y Naruto –estúpido, estúpido Naruto –, ni que hubiese una leve discusión con Karin. Todo porque la pelirroja decidió aparecer de la nada queriendo darle un chocolate honmei a toda regla.

Pero incluso el golpe que Naruto recibió de la chica –y que le hizo fulminarles a ambas con la mirada– podía tomarse como algo normal. Omitiendo la cara de cachorro perdido de Naruto cuando Sakura hizo un gesto desdeñoso hacia él y le culpó de ponerse al medio –y tenía razón. Pero las ruidosas habían sido ellas–. No obstante, eso mantuvo a Naruto depresivo la mitad de la tarde, y se negó a hablar con él como si fuera el culpable.

Y el rubio le preguntaba por qué detestaba a esa mujer.

Si dejas de ser un idiota, tal vez te invite a comer ramen –gruñó en voz alta, cuando se cansó de su actitud estúpida. No era justo y no era un arma que usaba muy a menudo, pero sirvió para sacarlo de su tonta depresión. Y eso mejoró considerablemente su día, hasta que las clases terminaron y Naruto fue el encargado de llevar papeles a la sala del profesor. Y le dejó a solas con aquella chica.

Entonces… ¿Ya podemos hablar, Sasuke-kun? –ella preguntó, mansamente. Sasuke se preguntó distraídamente cómo aquella chica podía sonar tan dócil y ser capaz de tirar al piso a un chico como Naruto de un solo golpe. Resignado ante su suerte y decidiendo que era mejor despacharla que otra cosa, asintió. Y comenzó a preparar su mochila rápidamente, como si aquello sirviera para deshacerse de ella. Haruno Sakura movió sus pies en señal de nerviosismo y apretó uno de sus puños contra la falda del uniforme. En el otro traía un chocolate, seguramente para él –Yo… no sé cómo decirlo… – Qué, ¿declararse como siempre? ¿Por qué tendría que ser creativa al respecto? Sasuke tuvo que admitir que, para aquellas cosas, realmente tenía la sensibilidad de una piedra –pero… siento que este año pasamos mucho más tiempo juntos que antes, Sasuke-kun. Y yo… no puedo evitar preguntarme… –ella cerró la boca, creando un preámbulo innecesario. Si bien era cierto que aquel último año se había visto obligado a pasar tiempo con ella, sólo lo había hecho por insistencia de Naruto. Porque a Naruto le gustaba aquella chica, y aunque aquella chica estuviera obsesionada con él, parecía ser tan terco como ella en su obsesión. Aunque ella fuera un poco cruel con él y siempre rechazara sus citas. Quizá el mundo sería un lugar mucho más simple si ella simplemente correspondiera al rubio y dejaran de meterlo en medio.

Pero aquella idea se le antojó tan repulsiva, que no pudo evitar sentirse molesto con sólo pensar en eso.

Quien sabía por qué.

Preguntarme… si quizás tu estuvieras interesado en… –¿Salir con ella? Por supuesto que no. Aquello rompería el corazón de Naruto y Sasuke realmente no estaba interesado en ella como para arriesgar una de las pocas cosas buenas que tenía –quizá tener una cita conmigo. ¡Sólo como amigos! –Sí, claro– Me gustaría conocerte fuera del ambiente del colegio, Sasuke-kun –Ella parecía amable y era muy probable, que de tratarse de cualquier otro chico –alguien tan idiota como Naruto–, habría aceptado encantado tener una cita con ella. Tal vez algo más que eso.

Pero se trataba de él, de todas las personas.

Lo siento –murmuró él, sin saber cómo dejar en claro el hecho de que no quería nada con ella sin ser cruel. Era un problema de todos los años que nunca había logrado resolver. Ella hizo una mueca instantánea –La verdad es que no estoy interesado en salir con ninguna persona en este momento –con ella, de todas las personas. Las lágrimas de Sakura se acumularon en sus ojos, pero no cayeron. No faltaba mucho para que comenzara a hipar. Sasuke se movió al escritorio de Naruto y comenzó a arreglar sus cosas. Mientras antes salieran de ahí, sería mejor.

¿P-por qué? –Sasuke se encogió de hombros. ¿Por qué no podía? ¿Por qué no sentía la necesidad de hacerlo? Ni siquiera se había parado a pensar en eso demasiado, sólo lo había decidido.

No lo sé. Sólo no quiero –admitió. El idiota tenía tan desordenado su escritorio que gastó minutos enteros en intentar meter sus cosas correctamente. Sakura se limpiaba las lágrimas de sus ojos e intentaba que no cayeran. Ni siquiera le había rechazado correctamente –Tampoco puedo aceptar tu chocolate –murmuró, mirando hacia la otra mano de la chica. Pero ella, para su sorpresa, negó con la cabeza.

No, yo… –murmuró, mirando hacia la puerta –Pensaba dárselo a Naruto

¿A Naruto? –preguntó, volteándose completamente hacia la chica. Ella asintió, esbozando una pequeña sonrisa. La molestia de Sasuke aumentó bastante más de lo que había sospechado. No lo evidenció en su rostro, pero personas como Naruto e Itachi se habrían dado cuenta inmediatamente.

Si es que él… fue tan lindo incentivándome a intentar hablar contigo otra vez que yo… –¿Ese idiota hizo qué? Sasuke iba a matarlo, definitivamente. Y podía olvidarse del puñetero ramen, como que su apellido era Uchiha. Ignorante ante su conflicto emocional y sus ganas de asesinar a su estúpido mejor amigo, las lágrimas de Haruno Sakura se habían convertido en una tímida sonrisa a pesar de que sus ojos aún estaban aguados. Aquello le hizo pensar que Haruno era mucho más frívola de lo que había anticipado. Y que su obsesión era tal, que era capaz de pasar por encima de Naruto con tal de llegar a él.

Sasuke se sintió asqueado.

¿Planeas jugar con los sentimientos de un hombre sólo por tu vanidad? –preguntó, sin medirse en lo absoluto, ni siquiera con el tono de voz. Sakura abrió los ojos y la boca sorprendida. Sasuke nunca había sido excesivamente amable con ella –ni con nadie en realidad–, sin embargo, había mantenido su mejor tono de cortesía y empatía –que casi no sentía– pero nunca había usado un tono hostil, ni siquiera para rechazar sus avances. Ahora mismo sólo quería ahorcarla.

¡Por supuesto que no! –se excusó ella. Sasuke alzó una ceja. Las mejillas de ella se tornaron de color rosa –¡Es un chocolate giri, por supuesto! ¿No te molesta, cierto? –Por supuesto que le molestaba. Tanto que no podía negarlo, por mucho que lo intentara. Pero no por las razones que ella esperaría escuchar ni las que Sasuke trataba de autoconvencerse.

Bien podía dejar salir su furia, aunque fuese sólo para verbalizar su molestia.

Detesto la gente frívola, Haruno –admitió él con el peor tono de odio que tenía, echándose el bolso de Naruto y el suyo propio al hombro –Y si hay algo que odio de verdad, es a la gente que trata de herir los sentimientos de las personas importantes para mí –Aunque fuese un cabeza dura, flojo e increíblemente molesto personaje. Sasuke no esperó respuesta y se apresuró a salir de la sala, dejando un mensaje hacia Naruto de que le esperaría en la entrada del colegio. Afortunadamente para él, Haruno no le siguió. Sasuke gastó los diez minutos que Naruto se demoró en llegar en crear una excusa creíble por haber llamado frívola y vanidosa a una chica, pero no fue necesario. El rubio llegó corriendo con una sonrisa en los labios y una caja de chocolates en sus manos.

Una caja que conocía malditamente bien.

¡Teeeeme! –Gritó Naruto, haciendo aún más bulla que de costumbre. Sasuke arrugó el entrecejo casi automáticamente. Naruto aleteaba como un pollo aprendiendo a caminar y no dejaba de agitar la maldita caja. Y un papel que recién venía a mirar –¡A que no adivinas qué pasó! –

No tengo idea. ¿Encontraste un chocolate y decidiste comértelo? –preguntó inocentemente. El rubio soltó un bufido, pero eso no pareció afectar a su estado de ánimo.

¡No, idiota! ¡Alguien me dejó un chocolate, tebayooo! ¡Y una carta! ¡Nunca había recibido una carta! –Naruto siguió aleteando y siendo tan bullicioso, que cinco minutos después Sasuke le chilló que bajara la voz. Pero el rubio le mostró la caja que contenía chocolate en forma de tazones de ramen y declaró que no le daría ninguno. Sasuke simplemente rodó los ojos y le obligó a caminar e intentar no ser un idiota.

Falló miserablemente en lo segundo. Pero tuvo que admitir para sí mismo y sólo para sí mismo, que lo único bueno de aquel día fue haber visto aquella sonrisa contagiosa de bobo.

Aunque le doliera la mano por todo el esfuerzo que hizo en cambiar su letra por una manuscrita.