Kingdom Hearts y las series/películas/libros/videojuegos/etc. que aparezcan no me pertenecen, pertenecen a sus respectivos autores. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
Capítulo 5:
EL LEGADO DE LOS PRECURSOR — PARTE 02
El Desfiladero era sin lugar a dudas un lugar increíblemente caliente. Todo el paso estaba cubierto por lava o roca súper caliente. Con solo estar cerca uno ya se asaba por el calor que desprendía. Debía haber un volcán por aquí cerca, aunque no he podido divisarlo. El zoomer estaba listo para ser pilotado por Jak, quien debía llegar hasta el otro extremo y activar el portal de la cabaña del Sabio Azul, el Sabio de la Aldea de Piedra, como era llamado el lugar donde residía. Después de una larga explicación sobre el escudo térmico, Jak y Daxter subieron al vehículo. El sonido del motor rugiendo resonó en todo el desfiladero, y a gran velocidad ambos se lanzaron hacia el otro lado del paso.
—Espero que lo consigan —murmuró Keira con gran preocupación.
—Esos dos mocosos estarán bien, Keira. Ahora nosotros tres debemos volver a mi cabaña y esperar a que activen el portal.
El viejo verde y yo comenzamos a caminar de vuelta a la aldea, aunque Keira se quedó unos segundos observando el horizonte visible del Desfiladero. Jak y Daxter hacían segundos que se habían marchado y esperábamos que llegaran sanos y salvos a la aldea. Si hubiera algún tipo de desgracia, entonces yo mismo iría hasta la aldea… pero esperaba que no tuviera que llegar a ello. Atravesamos la aldea y subimos hasta la cabaña del viejo, la que se encontraba justo encima de la casa de su hija. Allí estaba el portal, pero Samos pudo comprobar que aún no estaba abierto. Durante largos y angustiosos minutos quedamos ahí, esperando, y a cada segundo que pasaba nuestro nerviosismo aumentaba.
Keira se mordía las uñas mientras no paraba de ir de un lado para otro. Su preocupación por el rubio era más que notoria. Samos no despegaba la mirada del portal, pero, aunque su cuerpo no lo diera a entender, se podía notar que también estaba muy preocupado. Pero para alivio de todos, el portal acabó reaccionando.
—¡Lo han logrado! —exclamó Samos.
Ambos suspiraron y recobraron la compostura. Saltaron hacia el portal, desapareciendo. Yo salté justo después, y en un instante, me encontraba en otro lugar: una cabaña, también circular, bastante desordenada y lleno de trastos tecnológicos.
—Creo que nunca me voy a acostumbrar a la sensación de hormigueo de estos chismes —La voz del viejo Samos llamó mi atención—. ¡Eh! ¡Parece que el Sabio Azul ha hecho una fiesta!
Enarqué una ceja al escucharle. Ciertamente parecía que aquí había habido una gran fiesta… pero en verdad me parecía más producto de una pelea. Keira se acercó hasta una gran estructura que parecía usarse como prismático.
—¡Dios mío! ¡La Aldea de Piedra está que arde! —exclamó asombrada.
Yo me acerqué para observar también. No tenía un buen presagio de lo acontecido aquí.
—Menuda fiesta.
Samos lo malentendió, pues sonreía divertido.
—Te equivocas, no es ese tipo de fiesta —comenté con el ceño fruncido.
—Es cierto. La aldea está siendo atacada con peñascos llameantes.
—Aunque… parece ser que el Sabio de por aquí ha pensado en algo para moverlos.
Me aparté del enorme prismático y dejé que Keira pudiera observar lo que yo. Una gran máquina que apuntaba a una roca que bloqueaba el paso que daba acceso a la montaña donde un gigantesco lurker lanzaba los peñascos.
—Sí, eso parece. Necesitaremos baterías para activarlo, y estoy segura de que serán muchas más de las que actualmente tenemos.
—Entiendo. Jak, Daxter, ¿os parece si vamos en busca de más baterías? —pregunté al rubio y la comadreja.
—¡Por supuesto colega!
Daxter alzó el pulgar y Jak asintió.
—Bien. Nosotros investigaremos las notas del Sabio Azul mientras tanto. De paso, mirad a ver cómo están los aldeanos.
Nuevamente activé mi dispositivo para ver los datos que había sobre esta aldea.
El terreno que conecta el Desfiladero de Fuego con la Aldea de Piedra era una transición abrupta, que se convertía en un acantilado cubierto de hierba conectado a la cabaña de Sabio Azul que dominaba el pueblo y sus alrededores. El pueblo en sí consistía principalmente en grandes promontorios de piedra llenos de pequeñas chozas plantadas a grandes alturas, situadas en la costa este del continente, con vistas al océano. Las estructuras de piedra parecían ahuecarse y usarse como las chozas, con los exteriores de las unidades de vivienda actuando como terrazas. Debajo de la montaña central se encontraba un pabellón flotante conectado a un café, pontones y otras estructuras de madera que rodeaban las aguas que conectaban con otras partes del pueblo, o ubicaciones circundantes, como el pantano cenagoso. En el otro lado del pueblo era también el hogar de la cuenca del precursor, más o menos una parte extendida pero deshabitada de la aldea.
Los tres procedimos a bajar de la cabaña del Sabio hasta la aldea, evitando los ardientes peñascos que había por todos lados. Una vez abajo, caminamos hasta un Oráculo, una estatua de precursor grande y de construcción pesada, hecha de metal precursor que tenía la cabeza típica de una estatua del Precursor: una cara de insectoide, dos ojos grandes de insecto, una nariz hueca y una gran probóscide que se extendía más allá de su cara, a menudo utilizada para presentar células de energía o disparar un rayo de eco oscuro. La nariz hueca tenía una forma notable como un orbe Precursor, y podía actuar como un medio para recibirlos. Poseía dos baterías por ojos. Entonces la máquina de comunicación surgió de la bolsa de Jak.
—*Hasta que descubramos que ha pasado con el Sabio Azul, tendréis que recoger un total de cuarenta y cinco baterías para alimentar su máquina. ¡Conseguirlas! *
Hum, cuarenta y cinco… iba a ser una tarea harto difícil.
—Bueno, pues podemos empezar por cambiar las esferas precursor con este oráculo de aquí. Jak, Beren, ¿tenemos un total de ciento dos esferas precursor?
Ante aquella pregunta procedí a mirar en mi bolsa, contando todas las que tenía. En verdad era bastante dificultoso.
—Yo tengo un total de ochenta y cuatro. ¿Y tú Jak? —El rubio hizo el número de cuarenta con los dedos—. Perfecto, pues entonces nos llega ese número.
—¡Guay! Pues intercambiémoslas con este trozo de tecnología precursor.
Daxter señaló al Oráculo Precursor, el cual guardaba dos baterías. Admito que era impresionante.
—Guardaos de la Luz Oscura... que ha sesgado el destino de uno de los tres… Traedme ciento veinte esferas de precursor por cada batería que albergo —Nos miramos y acercamos mi bolsa al Oráculo. Las esferas precursor comenzaron a salir hasta que se agotaron las ciento veinte esferas—. He aquí una batería, por vuestros esfuerzos.
—¡Genial! ¡Ahora tenemos una batería más!
—Sí, pero necesitaremos muchas esferas para obtener la otra batería.
Jak guardó la nueva batería en su bolsa y continuamos nuestro camino en dirección al centro de la aldea, pero nos detuvimos al ver a una geóloga, pues por las pintas lo parecía. La mujer parecía bastante preocupada, lo más posible es que fuera por los peñascos ardientes. La mujer, al vernos, asintió satisfecha, pero ¿por qué?
—Vosotros tres parecéis tipos capaces. Tengo en marcha un proyecto de investigación y a lo mejor me podéis ayudar.
Hmmm, parecía que no estaba preocupada por los peñascos. Entonces, ¿qué podría ser más importante que esto?
—Eh, que nosotros tenemos una misión que cumplir —comentó Daxter—. Somos nosotros quienes te pedimos ayuda.
—Pues a lo mejor nos podamos ayudar —señaló la fémina con satisfacción—. Durante años he estado estudiando los hábitos de excavación de las topoardillas en la Cuenca de Precursor. Pero ahora esos malditos lurkers han hecho que ellas salgan asustadas a la superficie, y como son ciegas no pueden encontrar el camino de vuelta. Si las reunís y guiais de vuelta a los túneles les salvaríais la vida. Os doy una batería si lo conseguís.
—Si... nos importan las topoardillas... pero a cambio de dos baterías.
—Buen intento. Pero os daría otra batería si me conseguís noventa esferas de los precursores para comprar equipo de investigación. ¿Qué os parece?
—Ahora mismo no tenemos tantas esferas precursor —comenté—. Pero tranquila, las conseguiremos para negociar contigo —ella asintió, mostrando estar de acuerdo—. Bien, ahora lo importante, Jak, Daxter, ¿podríais ocuparos de las topoardillas? Yo seguiré investigando la ciudad para comprobar cómo está el resto de ciudadanos.
Jak asintió con el pulgar y ambos fueron hasta la Cuenca mientras la geóloga les daba las gracias. La cuenca se encontraba siguiendo un camino que torcía hacia la izquierda, por lo que yo continué a la derecha, pasando un puente amplio de madera hasta una especie de foro. Allí había dos tipos: un tipo grande y fuerte vestido con armadura, aunque curiosamente se encontraba llorando; el otro tenía como pantalones un barril de madera y miraba con molestia al guerrero. Primero me acerqué al grandote.
—Hola colega, ¿qué te pasa? Es raro ver llorar a un tipo como tú de una manera como esta.
—¿También vienes a burlarte de mí? —vaya, parece que toque un punto sensible sin querer—. ¡Aaah, como me duele la cabeza!
—¿Sólo por eso estás llorando así? Pues o es un dolor increíblemente doloroso o tienes pinta de duro, pero no eres para nada duro.
—¡Pues sí! —para mi sorpresa, el guerrero dejó de llorar y se incorporó de golpe, haciendo gala de sus músculos—. ¡Yo era un tipo duro! ¡Quizás el más duro! Durante casi un año defendí solito la aldea de aquellas terribles criaturas. Después llegó aquel monstruo espantoso y empezó a lanzar peñascos —salimos un poco del foro para poder asomarnos. Señaló en lo alto del acantilado, donde un lurker de considerable tamaño vigilaba, y de vez en cuando, lanzaba algún peñasco calentito—. Así que... lleno de valor... enfundado en mi brillante armadura, ¡subí la colina para enfrentarme a él! Pero aaah... pero me machacó como quien ablanda un filete de yakow.
—Creo que servirías para el teatro —murmuré, pero no me escuchó.
—Tras derrotarme de aquella manera, bloqueó el corredor hacia su guarida —desvié mi mirada al corredor que ascendía por el acantilado, donde estaba la enorme piedra al rojo vivo que bloqueaba el paso— con una roca de treinta toneladas, evitando así que alguien le desafiara de nuevo. Así que nuestro Sabio, un Maestro del Eco Azul, y un genio mecánico, diseñaron una máquina capaz de quitar la roca de en medio. Pero ay de mí, desapareció antes de que pudiésemos encenderla, y se llevó todas sus baterías con él —dirigió una mirada furiosa hacia las plataformas flotantes que comunicaban este foro con el lugar donde estaba la máquina—. ¡Al menos he podido quitar los suficientes flotadores a nuestro puente para evitar que el monstruo baje aquí a hacerme daño!
—Pues temo darte malas noticias —el guerrero me miró extrañado—. Verás, necesito que vuelvas a poner los puentes. Tenemos que llegar a esa máquina.
Aquella petición le enojó, pues se dio la vuelta y volvió a sentarse en el lugar donde estaba.
—¡Sí, claro! ¡Y firmar mi sentencia de muerte! —ambos compartimos una dura mirada, pero su autoestima estaba tan baja que suspiró, dándose por vencido—. Aaah, muy bien, de acuerdo, tráeme noventa esferas de los precursores y volveré a poner los flotadores... ¡pero no me enfrentare a ese monstruo de nuevo!
Hum, puñetas, no los tengo.
—¿Tienes alguna batería? Nos sería útil.
—Te la daré, si me entregas las esferas precursor.
No ha dicho nada del puente, así que mejor me callo eso.
—De acuerdo, tenemos un trato. Ahora no las tengo, pero volveré con ellas.
Ya tenía la solución para el problema del puente flotante, aunque necesitaba las esferas precursor. Además, podía conseguir una nueva batería. ¡Punto para el menda! Ahora iré a ver al otro tipo, que sin duda era un apostador compulsivo, seguro.
—¡Oh no! ¡Otro héroe no! —Sin duda decía eso por haber escuchado la conversación con el guerrero—. Perdí mis pantalones por apostar que el supuesto héroe vencería al monstruo —se acercó a mí, señalando al lurker gigante—. Créeme, hay que apostar por el monstruo. Esta apuesta me ha dejado hecho polvo. Te propongo una cosa, tráeme noventa esferas de los precursores para que pueda ponerme en marcha y salir de este barril, y te daré una batería a cambio., y si te atreves, tengo otra apuesta lista... mi gran retorno. Supera el tiempo de la carrera del Desfiladero del Muerto en la Cuenca de Precursor y conseguiré una buena cantidad. A cambio te daré otra batería.
—Me temo que yo no puedo, pero tengo un amigo que podrá encargarse de machacar ese tiempo, si te parece bien.
—No veo el problema.
—Genial —saqué de mi mochila el aparato para comunicarme con Jak—. Jak, Daxter, ¿me oís?
—*Te oímos Beren. ¿Qué pasa? *
—Veréis, hay una carrera en la Cuenca y un tipo me ha propuesto mejorar ese tiempo y nos dará una batería. ¿Creéis poder hacerlo?
—*No hay problema. ¡Déjanoslo a nosotros! *
—Buena suerte —con una sonrisa de victoria, pues estaba seguro que ambos ganarían, guardé el aparato—. Espero te sirva.
—¡Genial muchacho! Veamos si pueden superar ese tiempo. Es muy justo.
—Tranquilo, lo conseguirán. Ahora yo me voy. Ya vendrán ellos cuando terminen por la Cuenca.
Ahora, con otra promesa de dos baterías, me marché del foro, bajando unas escaleras que había al principio del mismo, a la derecha. Abajo había una plataforma de piedra y madera y un puente flotante que llevaba hasta una gran estructura precursor. Desplegué mi dispositivo para ver si había algún dato sobre ella.
La Ciudad Pérdida de Precursor.
Se situaba en las profundidades marinas de la Aldea de Piedra a la que se podía acceder mediante un ascensor. Era una cámara de redes submarinas masiva, ubicada a través de un ascensor, y el hogar de un gran silo de eco oscuro. La ciudad submarina en sí misma era una red complicada con varios pasillos, plataformas, habitaciones y cámaras. Fue construido principalmente con ventanas de vidrio y metal precursor, lo que permitía la observación de la vida silvestre marina. También estaba lleno de mecanismos de defensa tales como cuerpos de agua energizados, pozos de eco oscuro, tuberías metálicas abrasadoras y trampas temporizadas.
Vaya, pues sí que les gustaba tener las cosas bien seguras a estos precursor. Comencé a ir de flotador el flotador, saltando hasta poder llegar al último, cuando me di cuenta de un pequeño islote situado a mi izquierda. Parecía haber varias esferas precursor, y las necesitábamos con urgencia. Invoqué varias plataformas mágicas para poder llegar al islote sin tener que tirarme a la fría agua para llegar nadando. Recogí las esferas y volví hasta la entrada, donde salté a la plataforma, activando el ascensor. La entrada a la ciudad perdida de Precursor adoptaba la forma de una cúpula. La plataforma circular, al igual que la del Templo situado en la selva de la otra aldea, comenzó a descender. Conforme bajaba pude ver, a través del cristal precursor, el frío mar y varios peces, algunos de aspecto bastante fiero, debo añadir.
Al final, luego de varios segundos, llegué al fondo: una cámara semi esférica que solo tenía una salida. Atravesé aquella puerta circular y me encontré con un pasillo. Unos tubos al rojo vivo transmitían energía, por lo que me mantuve alejado. Luego había una piscina, dividida en dos por un pequeño puente, de agua cristalina... hasta que cambió a un tono verde, del cual surgieron varias chispas. Hmmm, no me da buena espina. Mejor alejarme de ese tipo de líquido.
Llegué al final de la piscina y atravesé otra puerta. El lugar al que accedí era una sala inmensa, cuyo suelo era una gigantesca piscina de agua cristalina... o por lo menos así era durante unos segundos. Apenas y tenía alguna plataforma en la que uno pudiera evitar el agua de color verdosa. ¿Pero qué medidas defensivas eran estas? No muy eficaces a mi parecer. Me adelanté hasta el final de mi plataforma, observando varias que funcionaban. Eran plataformas redondas más pequeñas que conectaban otras plataformas de la sala. Salté a una de ellas, la cual descendía hasta una plataforma a mi izquierda. En ella había otra tubería ardiente y varias esferas precursor. Hmmm, ¿estará todo este lugar lleno de ellas?
Caminé, evitando la tubería, hasta el borde, donde pude divisar otra plataforma casi al nivel del agua, pero esta tenía un enorme dispositivo y una extraña arquitectura que parecía activarse con Eco Azul. Cogí un poco de carrerilla y salté, cayendo sin problema alguno en la plataforma inferior. Antes de acercarme al dispositivo, preferí acercarme a la estructura. Esta no se abría, por lo que invoqué mi llave espada ¡y voila! La estructura se abrió, y para mi sorpresa, un buen número de esferas precursor aparecieron una detrás de otra. No perdí el tiempo y comencé a guardarlas, reuniendo un buen número de ellas. ¿Esto era una especie de baúl? Bueno, se parecía más a una caja fuerte, solo que no pudo evitar que Recuerdos del Mañana la abriera. ¡No hay nada que una llave espada no pueda abrir!
Me acerqué hasta el enorme dispositivo, activándolo. Unas plataformas cuadradas salieron del fondo de la piscina, a un nivel por encima del agua, las cuales llevaban hasta otra plataforma al otro lado de la sala.
Escuché entonces un tic-tac. ¿Una cuenta atrás? Estos precursores pensaban en todo. Sin perder tiempo comencé a saltar de una plataforma a otra hasta llegar al otro lado. La plataforma a la cual llegué tenía también un dispositivo para activar las plataformas sumergidas, pero no me interesaba. Aunque sí una cosa no esperaba encontrarme en este lugar... eso era lurkers. Este lurker era muy extraño, pues eran dos que formaban uno... dos lurkers, uno grande y sin cabeza sujetando a uno pequeño con cabeza. Perturbador debo decir. Dado que en esa plataforma no tenía nada que me interesara, salté a una de las plataformas flotantes, subiendo hasta una plataforma de nivel superior, justo en frente por la que había llegado.
Allí había más esferas precursor, pero estaban custodiadas por un lurker con apariencia de pez globo morado que se infló cuando se dirigió hacia mí. Al hacerlo, unas afiladas púas se pusieron tensas. Invoqué a Recuerdos del Mañana, pero cambié su forma a una pistola, con la cual disparé un hechizo básico de Hielo. El lurker quedó congelado en un cubito de hielo, el cual cayó al suelo de la plataforma. Yo cogí todas las esferas precursor y caminé hasta la parte derecha, donde una placa de hierro iba de derecha a izquierda bajo un tubo ardiente de energía. En serio, ¿cómo diseñaron los Precursors sus ciudades? Porque debía llegar ahí para poder alcanzar las plataformas flotantes que me daban acceso a la salida que estaba situada mucho más arriba... que si nooo…
Este pasillo tenía otra piscina de agua cristalino-verdosa, por lo que creé más plataformas mágicas para evitar tocarla. Podría saltarlo con facilidad, pues ser portador de la llave espada te permite usar su poder para aumentar tus propias capacidades hasta límites insospechados, pero meh. La siguiente sala tenía dos plataformas redondas flotantes, pero estas no se movían. Puse un pie en una y esta comenzó a girar. Aaah, ya veo. Solo funcionan cuando hay alguien encima… Interesante.
Escuché ruidos y miré abajo. Tres lurkers: un soldado y el de doble piso. Los ignoré y continué hasta el saliente del siguiente pasillo, donde un soldado lurker vigilada. Nada de qué preocuparse. Me libré de él y continué, atravesando el pasillo mientras evitaba más y más tubos al rojo vivo. La siguiente sala era perfectamente dos o tres veces más grande que la primera que me había encontrado, y como no, tenía lurkers y una piscina llena de agua cristalino-verdosa abajo. Genial…
—En serio, los Precursors tenían un serio problema... ¿o acaso esto ha cambiado desde que se largaron?
Subí a la plataforma giratoria de la izquierda para que esta empezara a rodar y así poder llegar a la plataforma que había al fondo a la derecha. Por lo que mi vista podía captar, ahí había otra estructura que debía servir para guardar esferas precursor, pero había un lurker volador custodiando aquella zona. Bah, nada preocupante. Poco a poco fui moviéndome a través de las plataformas redondas hasta llegar, y una vez ahí, utilicé Paro para dejar al lurker detenido durante el tiempo necesario para, saltar la piscina de agua cristalino-verdosa y abrir la estructura y recoger todas las esferas precursor que ahí había, y no eran precisamente pocas.
Una vez recogidas volví a las plataformas giratorias, yendo esta vez hacia mi derecha, donde tres cápsulas huecas transparentes situados en otra plataforma a lo lejos guardaban más esferas precursor y una batería. Un buen botín. Poco a poco, sin pausa, pero sin prisa, fui llegando hasta alcanzar la plataforma. Las cápsulas eran de tres colores: rosa, verde y azul. Primero me acerqué al azul, activando el dispositivo. Al instante las esferas que este guardaba fueron absorbidas por la parte de arriba y se desplazaron a través de pequeños tubos, apareciendo en la plataforma que tenía al lado. Volvió a sonar una cuenta atrás, pero me dio tiempo a saltar y recogerlas todas.
Hmmm, debía tener suficientes como para pagar al guerrero porque desplegara los flotadores... o puede que no… En fin, volví a la plataforma de las cápsulas y activé la de color verde, que contenía más esferas. Estas se tele transportaron hasta una plataforma que se encontraba en medio de la sala, y un cronómetro volvió a escucharse. Rápidamente usé Magia para crear plataformas y poder llegar hasta ellas.
Entonces, ya con todas estas esferas precursor recogidas, clavé mi mirada en mi siguiente objetivo... la batería. Volvía a la plataforma y activé el último dispositivo. Esta vez la batería fue depositada en la plataforma más alta, la cual era accesible a través de unas cajas metálicas que aparecían y desaparecían en las paredes. El tiempo volvió a correr y fui saltando de caja en caja, teniendo cuidado de no saltar antes de tiempo. Al final no fue difícil llegar hasta arriba y obtener la batería.
Ahora, con todos los premios obtenidos, bajé abajo, pues la salida de aquella sala estaba en la parte izquierda inferior de la sala, siempre y cuando esto se viera desde la entrada a la misma. Creé una nueva plataforma mágica, la cual descendió hasta el hueco que daba acceso a esa sala. Para mi sorpresa, me encontré con uno de los silos de Eco Oscuro. Había varias plataformas girando en torno a una circular justo en el centro, la cual tenía una batería. El problema era que esas plataformas giraban cada poquísimos segundos, así que había que tener cuidado.
Logré llegar al centro y coger la batería, la cual guardé, pero a punto estuve de caer cuanto intenté llegar a la siguiente salita. Para mi sorpresa, nuevamente, había unos extraños lurkers metidos en unas máquinas llenas de cuchillas con las cuales giraban y giraban. Era como un tiovivo. Debían acabar desmayados de tanta vuelta. Invoqué a Recuerdos del Mañana y destruí sus máquinas asesinas. Estos intentaron atacarme con sus cuerpos, pero los congelé y ya no tuve que preocuparme.
Esta sala semiesférica tenía dos posibles caminos, uno a mi derecha y otro a mi izquierda. Preferí empezar por el de la derecha, el cual tenía otra piscina que dificultaba el paso. Cogí carrerilla y salté todos los metros de la piscina. ¡Bendito poder el de la llave espada! Ahora, frente a mí, tenía otro silo de Eco Oscuro sobre el cual había un tubo de energía al rojo vivo y una tabla rectangular de metal. Pasé la tabla sin demasiados apuros, llegando a una piscina de eterna agua verdosa, y eliminé al lurker volador que había aquí. Lo curioso de esta piscina es que tenía una especie de cubos con extrañas líneas flotando sobre ella. Con cuidado subí al primero, el cual iluminó las líneas con un tono azulado.
—Hmmm, un rompecabezas, ¿eh? Veamos, esto puede ser divertido —Con una sonrisa de aquel que disfruta de un juego nuevo, comencé a saltar de plataforma en plataforma, dándome cuenta de que, cuando pisaba una ya encendida, esta se apagaba—. Entiendo. Así que tengo que ponerlas todas azules para que se abra esa puertecita.
Dirigí mi mirada hacia la puerta que intentaba abrir para ver qué contenía. Durante varios minutos probé y probé, pero no lograba dejarlas todas iluminadas, así que…
—¡A tomar por culo! ¡Ábrete!
Apunté con mi llave espada a la puerta y esta se abrió. Soy un tipo bastante paciente... por lo menos en la mayoría de casos, pero en este rompecabezas llevaba ya un rato y no lograba atinarle. Además, había más sitios que ver en la Aldea de Piedra y no podía perder demasiado tiempo aquí. La puerta se abrió, mostrándome la batería que guardaba. La cogí y volví a la sala semiesférica para continuar por la izquierda, ya que este lugar no tenía otra salida más que el sitio por donde había llegado.
El pasillo de la izquierda también tenía una piscina, aunque este tenía un saliente a la mitad, y justo al final otro lurker doble. Hum, pues sí que hay lurkers por aquí. Llegué al otro lado y me libré de ellos. Esta sala también tenía una piscina de permanente agua verdosa, con dos plataformas al fondo, a derecha e izquierda. Un dispositivo en el suelo activó unas plataformas que se encontraban bajo el agua, formando una escalera. Subí a la primera plataforma, recogiendo una batería que descansaba allí, por lo que volví al suelo firme.
La plataforma de al lado tenía una puerta sobre un saliente, pero la cuesta que descendía más en el mar me llamó la atención. Esa cuesta se encontraba a la derecha de la sala, viéndolo desde el fin del pasillo que conectaba esta sala con la semiesférica. Me asomé y toqué el suelo. Era muy resbaladizo. Una sonrisa surgió en mi rostro. Convoqué a Recuerdos del Mañana, la convertí en un monopatín... ¡y me lance cuesta abajo!
La cuesta era impresionante. Había tubos transportando energía al rojo vivo tanto a los lados como en medio, aunque de forma intermitente, por lo que debía tener cuidado para evitar acercarme a ellos y quemarme. No es agradable quemarte... lo sé por experiencia. Con gritos de alegría y diversión me desplacé a gran velocidad hasta llegar al fondo de la cuesta, donde había una sala semiesférica bastante grande. Había un respiradero de Eco Azul, unos extraños dispositivos de cuatro brazos sosteniendo una especie de pelota, una especie de nave precursor justo en medio… y unos cuantos lurkers metidos en esas máquinas con pinchos.
Me libré de todos los que había por aquí de un modo u otro. Luego fui hasta el respiradero de Eco Azul, dejando que este me envolviera y aumentara mi velocidad. Con curiosidad me acerqué hasta la puerta de esta especie de nave, pero no se activó. Entonces me acerqué hasta los extraños dispositivos, tocándolos. Estos se activaron, pues los brazos se abrieron y las pelotas empezaron a girar. Una vez todas estuvieron activas al mismo tiempo, la puerta de la nave se abrió. Miré al techo, donde había una batería. Usando Magneto atraje la batería, guardándola.
Ahora que miraba el techo... esto no era una nave, era un sumergible. Seguramente debía llevar a los de aquí abajo a la superficie sin la necesidad de llegar hasta el lugar por donde he llegado, y viceversa, de la superficie a aquí abajo. Pero aún no quería subir arriba, pues había otro pasillo que conducía a otro lugar, por lo que decidí recorrerlo. Pasé por encima de la maldita piscina, encontrándome con una pequeña sala de agua verdosa y dos respiraderos de vapor, pero no había nada interesante, por lo que seguí hacia la izquierda, donde había otra rampa, la cual decidí recorrer de la misma manera que la anterior, solo que esta tenía más obstáculos de por medio... ¡pero eso solo lo mejoraba!
Para cuando llegué al final me encontré con una sala redonda que subía y subía con diferentes escaleras las cuales formaban una especie de escalera de caracol. En medio de este lugar había una plataforma redonda con una batería justo encima de otro silo de Eco Oscuro. Salté y agarré la batería, pero entonces la plataforma dio un bajón. Una compuerta cerró el acceso a la rampa y el Eco Oscuro comenzó a subir.
—En serio... si algún día me encuentro con esos condenados Precursors... ¡pienso darles una patada en su peludo trasero! Menos mal que no le he mencionado a Daxter nada de esto, le subiría el ego más de lo que ya lo tiene... y eso no es una opción.
Dado que no había sitio por el que huir, cogí el patinete que era Recuerdos del Mañana y lo transformé en mi nave, comenzando a subir y subir a medida que el Eco llenaba todo este lugar. Bah, nada de qué preocuparse. Al final llegué a una pequeña sala semiesférica, la cual tenía una batería y una puerta. Cogí la batería y salí por la puerta. Para mi sorpresa, esta puerta daba acceso a esa plataforma que antes no había querido investigar, la que había en la sala de la primera rampa.
Dado que ya no había otro lugar que revisar, bajé la rampa y llegué al lugar donde estaba la máquina sumergible, a la cual subí y activé para que me llevara a la superficie. Nuevamente estaba en la superficie, por lo que decidí volver al foro de la Aldea para intercambiar todas estas esferas precursor con el jugador y el guerrero.
Fue ahí donde me encontré con Jak y Daxter. El rubio se encontraba guardando una batería en su bolsa mientras Daxter hablaba con el jugador.
—Así aprenderás que nosotros no perdemos.
—Sabía que no perderías, compañeros —saludé mientras me acercaba al guerrero—. Hola tipo duro. Aquí tengo el pago.
El guerrero revisó mi bolsa, suspirando.
—Aaah, maravilloso —no estaba nada emocionado con esto—. Me has traído las esferas de los precursores. ¡Muy bien! Arreglaré el puente. Pero no me pidas que me acerque a esa criatura otra vez.
—Sin problemas, colega.
El guerrero se guardó las esferas precursor, me dio la batería y se marchó para proceder a soltar los flotadores. ¿Esta gente salta de flotador en flotador para ir al corredor del acantilado y el otro lugar que no soy capaz de divisar? Flipa. Entonces me acordé del trato que tenía con el jugador, por lo que me acerqué a él y le di las esferas pedidas.
—Eje, je, je, je. Si señor —El tipo estaba sin duda muy contento con este intercambio—. Con estas esferas podré salir de este maldito barril. Toma la batería prometida.
Sonriendo guardé la batería. Aún no teníamos suficientes para la máquina, por lo que debíamos encontrar otro sitio que pudiera tener.
—Ahora que recuerdo, ¿ya habéis intercambiado con la geóloga?
—Si. Encontramos muchas esferas escondidas en la Cuenca. Ahora solo nos falta encontrar más baterías para esa dichosa máquina —masculló Daxter al no saber dónde encontrar más.
—¿Buscáis más baterías? Podéis encontrar en el Pantano Cenagoso —El jugador señaló hacia un lugar que conducía el puente flotante que el guerrero ya estaba reconstruyendo—. Aunque os aviso que no es un buen lugar. Este infestado de lurkers y zonas muy peligrosas en las que caes y ya nunca más puedes salir.
Daxter tragó saliva, pero se subió a la hombrera de Jak y ambos comenzamos a caminar por el puente flotante en dirección al pantano.
El Pantano Cenagoso es, como el nombre dice, una zona pantanosa con numerosos árboles, dominado por marismas, que incluían lodo y alquitrán espeso y peligroso, así como grandes espinas y estacas de madera. También contaba con una red de cuevas. Estas cuevas eran comúnmente el hogar de ratas de pantano.
En esta Aldea apenas había llovido desde nuestra llegada, pero en este pantano la lluvia parecía ser continua e incesante. Lo primero que nos encontramos al llegar al pantano fue, tal y como mi guía de este mundo me había explicado, lo primero que encontramos fue un agua verdosa y asquerosa que nos cubría todo el pie, y una extraña rata roja de un tamaño bastante considerable. Jak corrió hacia ella, golpeándola repetidas veces hasta dejarla KO. En serio, la fuerza de este tipo impresiona. Tiene mucha fuerza física. Una vez que se libró de la rata subió por una estructura de madera mohosa, recogiendo varias esferas precursor.
Luego, una vez bajó, nos vimos en el impedimento de llegar al otro lado debido a las grandes espinas que nos cortaban el paso.
—Tengo una idea —señalé con mi dedo al cielo y luego a las espinas—. Esas espinas nos impiden llegar al otro lado con un solo salto, o por lo menos a ti, pero yo no tengo problema—Jak alzó una ceja por las últimas palabras—. Por eso yo te daré impulso.
—¿Y cómo lo harás? —Con una sonrisa ladina invoqué a Recuerdos del Mañana, sorprendiendo a ambos— Guau. Nunca dejaré de flipar por cómo aparece y desaparece.
Jak asintió y se separó lo suficiente como para coger carrerilla. Entonces corrió y saltó sobre mí. Yo coloqué la llave espada para poder darle el impulso suficiente como para pasar todas las espinas, y por suerte las pasó sobrado. Se giró para verme, quedándose ambos con las bocas abiertas cuando me vieron saltar toda aquella distancia sin ayuda de nadie.
—Soy lo máximo, ¿eh?
—¡Eso no vale! ¡Yo también quiero una!
Daxter comenzó a hacer una pataleta, provocando que Jak y yo nos riéramos. Ahora lo que estaba frente a nosotros era un estanque de alquitrán, y sobre este, una pasarela de madera con dos plataformas cuadradas con apariencia poco estable. ¿Acaso los lurkers estaban por aquí o esto lo construyeron las gentes de la Aldea? Bueno, eso ahora no importa demasiado.
Uno a uno saltamos a las plataformas, que rápidamente comenzaron a hundirse y luego a la pasarela de madera, que era mucho más estable. La pasarela llegaba hasta el otro lado del estanque, pero había unas extrañas criaturas parecidas a vampiros volando por ahí, por lo que, al ver cómo se abalanzaba sobre nosotros al acercarnos, lancé la llave espada hacia ellas, dejándolas KO. Algunas cayeron al suelo y otras al alquitrán, por lo que corrimos para sacarlas afuera antes de que se hundieran del todo. No eran lurkers, sino animales naturales de este entorno, así que, ¿qué derecho teníamos nosotros a eliminarlos?
Una vez llegamos al otro lado pudimos ver un respiradero de Eco Azul y una plataforma de salto. Jak decidió que aquel era su turno, pues se puso encima del respiradero y luego saltó gracias a la plataforma, cayendo prácticamente al lado, pero debido a lo denso de los árboles y las espinas, me fue imposible ver nada. Luego, cuando volvieron, pregunté.
—¿Algo interesante?
—Un poco: algunas ratas y esferas precursor.
Asentí y continuamos nuestro camino, pero nuevamente algo nos cortaba el paso. Se trataba de estacas de madera muy afiladas que surgían del suelo a través de un mecanismo oculto. Sin duda esto lo habían puesto adrede para impedir el paso. Las estacas se ocultaban y al segundo salían con tanta fuerza que atravesarían cualquier cosa, por eso apunté con mi llave espada hacia ellas y usé el hechizo Paro para permitirnos pasar sin problemas.
Lo que nos encontramos al otro lado era un árbol con enormes agujeros del cual empezaron a salir ratas del pantano. Jak corrió hacia ellas, comenzando a noquearlas mientras yo cargaba de energía la llave espada para así poder destruir el árbol de un solo ataque, pues estas ratas no dejaban de salir y salir las muy condenadas. Si no fueran hostiles no habría problema, pero como sí lo eran, eran muuuuy violentas hacia nosotros, no nos dejaron otra opción.
Para poder continuar nuestro camino hacia la derecha teníamos que pasar sobre un buen montón de espinas, por lo que tuvimos que usar la misma estrategia que la primera vez, lo que nos permitió llegar al otro lado. No había nada más que más agua de horrible olor y textura y más estacas… o al menos eso creía. Resulta que, cuando avanzamos un poco, descubrimos una cueva a nuestra izquierda, pero esta también tenía estacas de madera.
—Vale, separémonos. Yo iré por aquí —señalé el camino de la izquierda—y vosotros por ahí —señalé recto—, ¿os parece?
Jak asintió, por lo que continuó a pesar de las quejas de Daxter sobre querer dejar de mojarse. Me aventuré en la cueva, encontrándome con una serie de dos trampas de estacas de madera. Nuevamente usé Paro para pasarlas sin demasiado apuro, encontrándome con otro nido-árbol de ratas. Rápidamente eliminé las ratas y luego el árbol, continuando el camino, teniendo que pasar un nuevo grupo de espinos hasta llegar a un lago de alquitrán. Una nueva estructura de madera estaba instalada sobre el alquitrán, y pude ver varias cajas metálicas por el recorrido. No pasó mucho hasta que Jak y Daxter aparecieron a mi lado.
—No os ha llevado mucho.
—Solo teníamos que soltar una cuerda atada a una roca gigante. Al parecer los lurkers tienen un zepelín enorme en este pantano —explicó Daxter mientras agitaba su cuerpo para quitarse tanta agua como le era posible, aunque rápidamente volvía a empaparse.
—Un zepelín, ¿eh?
—Sí, y tenían una batería junto a la roca, pero no sabemos para qué han podido usarla.
—A saber. Pues yo me he encontrado con esto —señalé las cajas metálicas metidas en el alquitrán —. ¿Qué apostáis a que están llenas de esferas precursor? —comenté mientras me cruzaba de brazos, tiritando.
En serio, ¿no deja de llover nunca en este apestoso, peligroso y horrible pantano?
—Es probable que sea una trampa, como las otras que hemos visto.
—Lurkers… Yo me ocupo.
Apunté con Recuerdos del Mañana a las cajas, lanzando un básico hechizo de Piro para destruirlas. Las esferas quedaron hundidas en el alquitrán, por lo que invoqué esta vez a Magneto para atraerlas a todas y guardarlas. Una vez adquiridas comenzamos a caminar a través de la estructura de madera. Para nuestra sorpresa, cuando llegamos al otro extremo de la estructura, la cual era bastante alta, a unos tres metros por encima del suelo, vimos una piedra enorme que llevaba atada una cuerda. Alcé mi vista y ahí estaba, el zepelín.
—Bien, ocupaos de ello mientras distraigo y elimino a estos bichos.
Bajé de la estructura a través de una escalera, encontrándome con unas ranas lurker. Jak y Daxter fueron hasta la piedra, desatando el nudo al tiempo que yo me ocupaba de las ranas. Para mi sorpresa, ahí había otra batería. Hmmm, no es casualidad que haya una junto a esas enormes piedras.
Abandonamos aquel lugar, encontrándonos con un doble camino. Los bichos voladores vigilaban uno, por lo que Jak y Daxter fueron a investigar el camino de la derecha mientras yo investigaba el de la izquierda. Una vez eliminados los vampiros voladores continué, pero para mi sorpresa el camino cambiaba de sentido, volviendo al punto de partida, solo que en este caso había más cajas metálicas en medio de un estanque de alquitrán. Repetí la misma jugada que antes, obteniendo todas esas esferas que nos serían útiles para más adelante. Continué recto, pues por ese camino se habían ido Jak y Daxter. Era una cueva que tenía un muro de madera, por lo que tuve que saltarlo, teniendo cuidado de no golpearme la cabeza ya que la distancia entre el techo de la cueva y la cima del muro era muy pequeña, pero teniendo aún más cuidado con las cajas de Eco Oscuro colocadas aquí. Si las rozaba… ¡kaboom!
Continué por el camino hasta llegar a un lago de alquitrán y una estructura muy alta de madera. Para mi sorpresa, cierto pájaro reconocido estaba en una plataforma precursor, un portal, con Jak montándolo. Lo habrán pedido al ver la estructura.
—¡Beren, fíjate! ¡Aquí está el flut-flut! —exclamó Daxter mientras sonreía en el hombro del rubio.
Me sorprende, la verdad. Apenas y nació ayer, como quien dice, ¿y ya está aquí para ayudarnos?
—Coincidimos en esta idea —asentí mientras me cruzaba de hombros—. Vosotros id por arriba y yo iré por abajo.
Jak asintió y guio al pájaro hacia la estructura, subiendo con poderosos saltos hasta la parte más alta. Espero que la mojada y mohosa madera sea capaz de aguantar su peso. Yo continué por abajo, llegando hasta la orilla del lago de alquitrán, donde había un par de árboles-nido de ratas. Lo destruí y continué, encontrándome con una pequeña explanada llega de cajas de Eco Oscuro. Hum, ¿por qué las habrán puesto aquí? Había sitios mejores. Crucé una nueva trampa de estacas de madera, llegando hasta una extraña casa de madera donde había un tipo con un jarrón de dudoso líquido dejándose mojar por la lluvia.
Para mi sorpresa, había un respiradero de Eco Amarillo en el límite del lago de alquitrán.
Eco Amarillo.
Este tipo de Eco básicamente permitía generar bolas de fuego que podías lanzar contra lo que quisieras. Moooola.
Preferí esperar a Jak, quien ya había dejado al pájaro y se apresuraba a venir. Una vez estuvimos los dos juntos, nos acercamos hasta el tipo extraño.
—Necesito un buen refrigerio —masculló el tipo extraño. Cuando nos vio acercarnos saludó—. Aaah, amigos... ¿disfrutando de mi precioso pantano? Soy el dueño de estas tierras, ¡de todo lo que no se hunda en el barro! ¡Ja, ja, ja, ja, ji, ji, ji, ji!
Daxter se acercó y olfateó, tapándose la nariz.
—A juzgar por el olor juraría que tu bañera está hundida en el barro desde hace muuucho.
El «dueño del pantano» ladeó la cabeza sin entender.
—¿Qué es una bañera?
A ver, no soy alguien que juzgue a los demás por la primera impresión, pero me considero alguien bastante limpio. En aquellos lugares que tenía que estar viajando mucho, intentaba bañarme en los ríos o estanques al menos una vez al día… Que peste llegaba a tener luego de dos días sin ducharme cuando hacía calor.
—Creo que sería un desperdicio de tiempo explicártelo… —comenté.
—¡Bah! Da igual. Tengo problemas más serios. Parece que unas alimañas lurker están merodeando por ahí, ¡agarrando lo que pueden con sus mugrientas garras! Y asustando a mi hip hog, Farthy... lleva desaparecido ni se sabe cuánto —empezó a sollozar, totalmente apenado—. He estado poniendo afuera su aperitivo favorito, ¡pero esas ratas de pantano no dejan de robarlo! Si pudiera mantener lejos a esas criaturas el tiempo suficiente sé que Farthy olería el papeo y volvería. ¿Me ayudaréis? Os daré una batería.
Jak y yo asentimos, por lo que fuimos hasta el respiradero de Eco Amarillo. Vimos que aquel tipo había plantado una especie de setas en el alquitrán. ¿En serio eso puede plantarse ahí? Sorprendente. Daxter se quedó tras nosotros, para vigilar por si venía algún enemigo. Jak y yo esperamos pacientemente a que las ratas comenzaran a aparecer, y luego de varios minutos, empezamos a ver figuras rojas corriendo por el alquitrán. Diría que me sorprende, pero lo más probable es que esos seres, las ratas de aquí, hubieran evolucionado para que el alquitrán no les afecte.
Lo que es la evolución.
Las ratas comenzaron a aparecer de dos en dos, luego de cuatro en cuatro y de seis en seis. Parecía que no iban a acabar nunca. Este tipo debía haber plantado esas «setas» hacía no mucho para que hayan aparecido todas estas de golpe. Si solo hubiera sido uno de nosotros, lo hubiera tenido difícil, pero siendo dos, la tarea era mucho más sencilla. Esta vez no usé a Recuerdos del Mañana, sino que preferí experimentar el lanzar Eco Amarillo con mis propias manos... ¡y era impresionante! Después de unos pocos minutos, no había rata que se acercara a esos cultivos. No mucho después escuchamos unos pasos y vimos a una extraña criatura correr hacia el «dueño del pantano».
—¡Tenéis buena puntería! Gracias por vuestra ayuda.
Nos entregó la batería prometida y vimos cómo su mascota se acercó a saludar a su dueño toda contenta. Con una nueva batería en nuestras bolsas, continuamos hacia la izquierda, atravesando una cueva hasta llegar a una explanada que tenía un pequeño muelle y un camino hacia la derecha. El nuevo sitio resultó ser un lago de alquitrán con más estructura de madera. Empezaba a pensar que era el «dueño del pantano» el que construyó todo esto durante toda su vida y no los lurkers.
Atravesamos todo el lago hasta llegar al otro extremo, donde nos encontramos con un nuevo lugar lleno de barro y una estructura alta de madera con una roca que ataba la última cuerda del zepelín. Esta vez fui yo quien llegó a esa estructura a través de plataformas de madera y una especie de artefacto precursor, desatando aquella cuerda y recogiendo la batería que guardaba. Entonces pudimos ver el zepelín alejándose lentamente en la tormenta.
—*Buen trabajo muchachos* —el viejo Samos nos felicitó a través del aparato—. *Jak, tu tío estaría orgulloso, Beren, los antiguos Elegidos también estarían orgullosos. Lo que intentaban sacar era el brazo gigante de un antiguo robot precursor. Nunca había visto uno en tan buen estado. No me imagino para qué lo querrían los lurkers, pero creo que para nada bueno. *
Chocando nuestras manos por habernos librado de aquel zepelín. Continuamos por el lago hasta llegar al otro extremo, donde atravesamos una cueva hasta llegar al otro extremo. La última parte era cuesta arriba, por lo que el lugar donde aparecimos era un agujero en la montaña casi a la entrada del pantano.
Una vez salimos y llegamos hasta el puente, pude respirar nuevamente, libre del olor del pantano. Saqué la máquina para contactar con Keira.
—Hola Keira, Samos, ¿me oís?
—*Si, te oímos. ¿Qué ocurre muchacho? * —interrogó Samos.
—Tenemos todas las baterías suficientes para la máquina.
—*¡Perfecto! * —escuchamos a Keira gritar—. *Ahora mismo voy hacia la máquina. Esperadme ahí. *
—Bien, pues ya hemos terminado en este maldito pantano. Ahora podemos ir a por la batería del Oráculo y ya tendremos todas las de aquí.
—Jak y yo iremos. Tú ve a donde está la máquina y ayuda a Keira.
Levanté mi pulgar y ambos fueron de vuelta al foro para ir en busca de la batería del Oráculo mientras yo iba a la derecha para llegar al inicio del corredor del acantilado. Allí estaba la máquina, y Keira no tardó mucho en aparecer. Comenzamos a hablar mientras esperábamos a que Jak volviera con la batería del Oráculo. Para cuando llegó, le dimos a Keira todas las baterías que necesitaba.
—¡Bien! Ya tenemos las baterías de la máquina. Ya tiene bastante energía como para levantar el peñasco.
Introdujo las baterías en la máquina y esta se vio envuelta en unos relámpagos de color azul… o bueno, una especie de electricidad parecida a los relámpagos. Keira la activó y un rayo salió disparado desde la punta, impactando en la roca, la cual comenzó a levitar.
—Ahora tened cuidado al enfrentaros a ese monstruo lurker de ahí arriba.
Jak y yo asentimos, pero Daxter…
—¡Esperad! Yo... em... me quedaré aquí para proteger a Keira. Jak, Beren, creo que estáis listos para enfrentaros a ese monstruo sin mí.
—Oh, es muy valiente por tu parte.
Buen trabajo Keira. Debido a sus palabras, Daxter se sintió totalmente ofendido, por lo que decidió seguir con nosotros. ¡Era hora de patear un gigantesco trasero!
Bueeeno, pues aquí el siguiente capítulo sobre el mundo de Jak and Daxter. Espero que os esté gustando. Vuelvo a comentar, si alguno está interesado en participar en este proyecto, o bien se pone en contacto conmigo o los demás escritores a través de comentarios o mensajes privados, o puede hacerlo a través de mensajes privados en la cuenta de este proyecto.
¡Nos leemos!
