Se supone que publicaría esto hace dos días, pero se me olvidó completamente (en serio) pero acá va, (casi) recién salido del horno pese a todo. Estoy confinada en mi casa y pensé en aprovechar ese tiempo para escribir, cosa que no he hecho (xD). Yo estoy sana, hasta el momento mi familia está sana y espero que todos y cada uno de ustedes lo esté también. De todas formas: Cuídense, cuídense mucho. Tomen todas las precauciones del caso porque los tiempos no están para hacer algo menor de esto, pero sin entrar en pánico (y parece que la gente tiene una forma muy especial de no entender y saltar a la peor conclusión de una y así, sembrar el miedo entre todos ellos).
Día Blanco (O el día que Sasuke no pidió) [Especial]
...
Hace un año
Pensó que el drama de San Valentín había terminado. O más bien, consideró el tema por zanjado cuando pasaron los días y Naruto dejó de armar jaleo por la carta y el chocolate que había recibido. Si bien aquello le generó mucho menos mal genio que de costumbre, después de dos días de lo mismo su paciencia comenzó a terminarse. Tampoco Haruno se había acercado a él –o a Naruto– después de aquellas palabras que habían intercambiado, así que el resto del mes había sido bastante pacífico.
Hasta el día 13.
Había un cuchicheo anormal entre pasillos de algunos estudiantes que llamó su atención. No lo suficiente como para hacer algo con ello e ir a su fuente oficial de chismes –Ino–, pero si como para preguntarle a Naruto durante el almuerzo, intentando que su pregunta fuese casual y desinteresada. Funcionó, al menos un poco.
–¿Realmente no lo sabes, tebayo? –preguntó Naruto, sorbiendo el fideo de su ramen instantáneo de una forma bastante burda. Sasuke hizo una mueca, arrugando la nariz –porque no podía hacer otra cosa ante tal asquerosa demostración–.
–No te lo preguntaría, si lo supiera –replicó él, finalmente. El rubio ladeó la cabeza, con restos de vegetal en la barbilla. Sasuke se prometió el intentar enseñarle a comer a aquel neandertal cuando fuese a comer a su casa, o no pasaría de la puerta –¿Estás seguro de que el químico de esa comida instantánea no está afectando tus procesos neuronales? –
–Bastardo –refunfuñó él. Sasuke se permitió sonreír un poco y tomar otro sorbo de su sopa de miso. Naruto, después de comer un poco más de ramen instantáneo y asqueroso decidió dejar pasar su pulla. Supuso que para él era mucho más importante el regodearse de saber algo que Sasuke no. No le importó –Mañana es el día blanco, Teme. ¿Sabes lo que es el día blanco, cierto? –El azabache puso mala cara. Por supuesto que lo sabía. No le había llamado la atención como para responder el único chocolate que aceptaba –el de Ino– ni ella había dicho algo o le hubiese reclamado –tampoco es como si fuese a darle algo porque ella lo dijera–.
–¿Y por qué hay tanto bullicio? –
–Supongo que hay más gente que recibió chocolates este año. Los que rechazaste, tebayo –Sasuke bufó y se limitó a seguir comiendo. Ni era su asunto ni le interesaba, pero era bastante patético aceptar un chocolate que ni siquiera era para ti. Naruto terminó el ramen instantáneo que comía, lo dejó a un lado y se estiró. Le resultó increíble el que aquel año no terminaran peleando porque él hubiese rechazado el chocolate de Haruno. Es más; Naruto ni siquiera preguntó por ella, lo que fue un alivio. No era entretenido ni tenía sentido recordarle a gritos que no aceptaría un chocolate honmei si no sentía nada, aunque Naruto suplicara –Meh, debo ir a la tienda ¿Me acompañas? –
–¿Comprarás algo? –Naruto asintió.
–¿No lo recuerdas? ¡Recibí un chocolate, tebayo! –él sonrió. Sasuke se encogió de hombros con indiferencia, tomándose su tiempo con la comida.
–¿Ino espera que le des algo? –preguntó, inocentemente. Naruto soltó un bufido. ¿Cómo podía olvidarlo, si había fastidiado una semana entera con ello? ¿Si había tenido que lanzarle algo para que se callara y dejara de parlotear sobre el maldito asunto?
¿Si él había elegido la caja, hecho el chocolate y escrito la maldita carta?
–No, idiota. La carta y el chocolate, la carta y el chocolate que dejaron en mi casillero, dattebayo… ¡Realmente quiero responderle! –Espera ¿Qué?
¿Qué él quiere qué?
–¿Cómo demonios vas a darle algo a alguien que no conoces? –preguntó, con genuina curiosidad. Naruto sonrió y puso una expresión de sabihondo arrogante que no iba con él.
–Tú solo espera –
La curiosidad fue tan grande, que Sasuke le esperó mansamente en las puertas de la escuela y esperó que Naruto dejara de parlotear con Shikamaru y Choji Akimichi. Ni se quejó demasiado ni le miró feo durante el camino –algo que habría sido su comportamiento usual– esperando que el idiota se decidiera a contarle su plan. No porque creyera que pudiese descubrirlo –no lo haría a menos que él dijera algo–, sino porque tenía auténtica curiosidad sobre lo que estaba dispuesto a hacer como para encontrar al remitente. Y conocía a Naruto lo suficiente como para saber lo original que podía ser.
No esperaba, que Naruto llegase a malinterpretar su intento de amabilidad.
–No me pasa nada, idiota –replicó él, rodando los ojos. Naruto le miró con sospecha y le pasó el brazo por encima de sus hombros, como si aquel gesto sirviera para mantenerlo seguro. Sasuke bufó y le dirigió una mirada irritada casi automáticamente. ¿Qué demonios? ¿Realmente pensaba que con hacer un gesto como ese iba a resolver algún supuesto problema? O peor ¿Tenía cara de doncella en apuros o qué? Pero antes de plantearse darle un manotazo nada amistoso e iniciar una discusión por nada, Naruto lo arrastró a una tienda de dulces, casi de improviso.
No era una tienda cara, pero tampoco tenía dulces en oferta. Había uno que otro estudiante y algunos oficinistas, vagando entre los dulces con cara de desconcierto. Sasuke rodó los ojos. Era un maldito dulce, por dios. No tenían por qué exagerar. Pero cuando pasaron el primer pasillo y Naruto comenzó a poner la misma cara Sasuke lo consideró. Si bien era cierto que la tónica de San Valentín era hacer un dulce para la persona que te gustaba, pensando en los gustos de esa persona, tampoco era para perder la cabeza. Sólo tenías que imaginar lo que le gustaría, la expresión que tendría al comer aquel dulce fruto de tu trabajo y esfuerzo. O algo así había comentado Itachi. Y Sasuke le dio la razón; si supuestamente esa persona era tu interés romántico, extraño sería no entender parte de sus gustos.
–Sólo compra cualquier cosa –
–¡No puede ser cualquier cosa, tebayoo! –se quejó Naruto. Sasuke bufó. Si que podía, el idiota no conocía al remitente de su carta. ¿Por qué debería pensar excesivamente en los gustos de un desconocido? –Esa persona pensó en mi cuando hizo ese chocolate ¡Tenía tazones de ramen! Yo debería también… –Naruto tenía un punto, tuvo que reconocer. Pero no conocía al remitente. No sabía nada sobre ella.
–No le conoces, compra cualquier cosa –bufó. Naruto colocó una expresión de real aflicción. La dulcería tenía tres pasillos que llegaban a la altura de sus hombros, repletos de bolsas de dulces. El mostrador tenía pasteles y galletas que parecían reponer a medida que eran vaciados. Naruto le arrastró hacia el fondo de la dulcería, donde había galletas en cajas de diferentes colores y probablemente sabores, algo que no pudo apreciar hasta que se acercaron lo suficiente.
–¡Tu no entiendes, teme! Debe ser especial –Naruto bajó la voz a propósito, a pesar de no ser necesario. No había nadie más que ellos dos al fondo del pasillo, y las otras personas parecían inmersas en la elección de sus galletas. Sasuke se obligó a despegar la vista del resto de la gente y posarla en Naruto. Su cara no reflejaba ningún sentimiento común que pudiera interpretar. Sus alarmas internas se alzaron rápidamente.
–¿Por qué? –Se sumieron en un silencio incómodo.
–Porque fue la única persona que pensó en mi ese día. La única persona que pensó que valía lo suficiente como para ser merecedor de su afecto –Aquello parecía ir más allá de un simple y estúpido chocolate por San Valentín. Sasuke no supo que decir al comienzo. No era el ego absurdo e irritante por recibir un chocolate en san Valentín, era mucho más que eso. Era esa soledad latente que nunca había podido alejar de él. Era sentirse no querido, menospreciado. Indigno de los demás.
Era aquel niño maldito que había conocido a los cuatro años.
–No midas la cantidad de afecto de la gente hacia ti por un chocolate, idiota –Sasuke odio a todos y cada uno de aquellos adultos que lo trataron como basura durante tanto tiempo. Odió incluso, durante un momento, a su propio padre por haber hecho lo mismo que ellos. Le habían quitado mucho más de lo que merecía, a pesar de no haber hecho nada. Por haber nacido. No había sido justo en su momento y no lo era ahora. Los odiaba cada vez que veía esa expresión de congoja que le hacía querer matarlos a todos.
Porque Naruto no podía, Sasuke los odiaba por él.
El rubio le miró con la boca abierta unos segundos, sorprendido porque Sasuke siquiera respondiera algo sin que fuese una pulla. Luego sonrió un poco. No era una sonrisa normal y aún había ese rastro de niño perdido, pero al menos ya no tenía aquella sombría expresión. Se la había tragado.
–Teme –replicó él, como si fuera un apelativo cariñoso y no un insulto. Sasuke comenzó a sentirse incómodo cuando el ambiente se volvió demasiado personal en un lugar demasiado público. Decidió que era suficiente por hoy, así que tomó una galleta al azar y arrastró a Naruto a la caja, sin decir ninguna palabra. El rubio, por supuesto se quejó.
–Sólo paga la maldita caja, dobe. Y lo que quieras decirle, escríbelo correctamente. De seguro lo entenderá –casi rugió. Afortunadamente para él, Naruto se colocó mansamente en la fila y pagó las galletas sin alegar más. Seguramente por su mirada fastidiada, seguramente porque lo había entendido. Mañana, de una u otra forma lo sabría.
Mentiría si dijera que había dormido bien.
Sin embargo, el 14 de marzo pasó sin pena ni gloria. Naruto había llegado tarde y había sido castigado en detención y uno que otro compañero había respondido con un regalo. O al menos, Shikamaru y Chouji lo habían hecho –seguramente por obligación– con Ino. Sasuke, recordando que había horneado galletas para desestresarse, rebuscó en su bolso y dejó en el escritorio de la chica una bolsa pequeña. Ino, literalmente, se quedó de piedra. Naruto se cayó de la silla derechamente.
–¿E-es un regalo? –tartamudeó ella. ¿Qué era entonces, veneno? Sasuke rodó los ojos. No era muy educando de su parte responder con una pulla sobre su estupidez, pero lo pensó. Aquel maquillaje no podía ser del todo sano para su cerebro.
–¿¡Teme?! –gritó Naruto, apuntándole con el dedo, sorprendido. Sasuke se sintió observado –y bastante fastidiado por ello–, limitándose a hacer un gesto de indiferencia.
–Supongo –replicó él. Ino, Naruto y otras personas a su alrededor –no quiso ver quienes– gritaron al unísono de forma muy ridícula para sus estándares –¿realmente era para tanto? – Ino comenzó a dar saltitos de alegría y a agitar la bolsa plástica con las galletas, como si fuese alguna especie de trofeo. Sasuke trató de quitarle importancia, pero se prometió que sería el primero y el único regalo que le daría en la vida. No podría aguantar la misma cháchara año tras año. Sería como someterse a la confesión anual de Haruno, por dios.
–¡Seré la envidia del colegio entero! –rugió ella, agitando el regalo hacia la pelirrosa, quien la miró feo. Claramente envidiosa. Naruto le tironeó el brazo, llamando su atención.
–¡Le diste galletas a Ino y a mí no, tebayoo! ¡¿Es que me odias?! –Ok, eso se estaba volviendo dramático a niveles absurdos. Sasuke rodó los ojos, ignorándolo a propósito. Naruto hizo un gimoteo que se esforzó por no mirar, conociendo de primera mano lo débil que era ante ese idiota. Y esperando internamente, que ninguna otra persona se atreviera a reclamarle por no haberle dado un regalo.
Se equivocó.
Escondido en el tejado del colegio junto a Naruto –porque era obvio que se le uniría– durante el almuerzo, pudo evitar recriminaciones. Pero de vuelta a clases, una que otra chica se les atravesó para preguntarle tímidamente si era verdad lo del regalo. Y Karin, durante el cambio de hora. Sasuke, por supuesto, no contestó. Naruto se encargó de hacerlo por él, anticipando que Sasuke les dejaría con la palabra en la boca –cosa que hizo–. Y aunque los rumores se distorsionaron un poco –y la mitad del colegio pensó que Ino y él salían– el resto del día fue más o menos normal. Exceptuando por una cosa.
–¿Y tu plan? –preguntó por curiosidad, justo antes de la última hora. Durante todo el día sólo se habían centrado en él y el rubio no había mencionado nada que tuviera que ver con aquel regalo. Naruto levantó una ceja, sonriendo un poco por encima de sus deberes de inglés, a pesar de odiar el inglés.
–Realmente tienes curiosidad, tebayo –replicó, haciéndose el interesante.
–Y así quieres galletas… –respondió Sasuke, jugando su juego. Naruto, por supuesto, inmediatamente comenzó a reclamar.
–¡No es justo, tebayooo! ¡Yo debo aguantarte todo el año y no hay regalo para mí! –
–No creo haber recibido un chocolate de tu parte en San Valentín, dobe –replicó, inocentemente. Naruto hizo un puchero.
–Pero tú odias ese día –dijo él, haciendo una mueca. Sasuke se encogió de hombros con indiferencia y apuntó hacia uno de los ejercicios que el rubio hacía. Naruto inmediatamente procuró el arreglarlo antes de volver a mirarle –Lo dejé en mi casillero –murmuró, haciendo una mueca y mirando hacia todos lados, como si no quisiera que alguien más le escuchara.
–¿Qué? –¿Le había preparado algo a él y lo había dejado en su casillero? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Porqué? ¿Había sido por lo de ayer? No, no podía ser posible. Incluso se sintió avergonzado, algo que procuró disimular mirando hacia la ventana.
–El regalo. Y una carta ¿No soy inteligente? ¡De seguro ella lo mirará y lo verá, tebayoo! –inquirió él. Sasuke dejó salir un suspiro de alivio, a pesar de no sentirse del todo de esa forma. Tampoco quiso otorgarle un pensamiento a descifrar porqué se sentía de esa forma. Naruto parecía bastante resuelto. Era eso, o esperaba que los deberes de inglés se resolvieran de manera milagrosa.
–¿Por qué ella miraría en tu casillero? –inquirió él. El rubio se encogió de hombros, volviendo a su cuaderno.
–¿Cómo que por qué? ¡Porque no sé quién es, dattebayo! –
–Pero ¿No querías saber quién era? –Si no ¿Por qué había hecho tanto drama? ¿Por qué le había llevado a aquella tienda y había dicho aquellas palabras? Naruto no respondió y se limitó a seguir con sus deberes, Sasuke le dejó. Insistir demasiado sería sospechoso y no parecía ser algo de urgencia. O al menos, para Naruto no lo era. Sasuke se mordió la lengua y se concentró en su cuaderno y en el profesor, cuando comenzó la clase. Parecía mucho más saludable. Mucho menos complicado.
–No, ya no lo necesito –Entonces dijo él, a mitad de la clase. Sasuke le prestó atención sólo porque compartieron libro de texto. Tampoco supo que responderle.
Naruto tuvo que quedarse una hora de más por su atraso, por lo que Sasuke resolvió irse solo a casa. No era como si necesitara una escolta, sin embargo, lo normal era al menos compartir el metro y uno que otro día pasar a Ichiraku ramen. Tampoco Naruto le había dicho que le esperara, como otras veces, así que no habría recriminaciones ni se sentiría culpable. Pero hoy…
Sasuke esperó a que hubiese poca gente antes de acercarse al casillero de Naruto. Estaban uno al lado del otro, así que era fácil. Como él lo había dicho, Sasuke encontró una carta y una caja de galletas que metió a su bolso inmediatamente. Salió lo más rápido que pudo y a pesar de no tenerlo planeado, se devolvió y caminó rumbo a uno de los jardines del colegio. Donde no pudieran molestarlo. Se sintió como si hubiese robado algo importante y, no pudo evitar mirar hacia todos lados en consecuencia. Pero cuando estuvo en un rincón, sólo, supo que había valido la pena. Su corazón no aguantaría si era interrumpido por alguna chica estúpida.
Inspiró dos veces y abrió la carta, esperando una respuesta cursi al mensaje cursi que había escrito.
Pero no se esperaba encontrar aquello.
En vez de una respuesta cursi, Naruto había abierto un poco de su corazón. Había escrito un poco sobre él, sobre su historia. Sobre lo poco querido que se había sentido, sobre lo mucho que había pensado si merecía o no aquel regalo por ser quien era. Por estar maldito. Sobre la gente que le había dado un poco de cariño, a pesar de todo. Sobre Sasuke.
Mientras leía, no había podido evitar tragar saliva, mientras un nudo se formaba en su garganta.
Había rechazado sus sentimientos, pero Sasuke no lo sintió como un rechazo. Fue más bien, la confirmación de algo que venía sabiendo desde siempre; Naruto nunca se había sentido suficiente para ninguna persona, pero tampoco podía aceptar a una desconocida, porque no estaba bien. Porque su soledad no era tan grande como para conformarse con cualquiera. Porque aún esperaba buscar a alguien que lo quisiera tanto como él lo hacía.
Él suspiro. Y dobló aquella carta como si fuese un tesoro, antes de meterla entre medio de sus deberes de matemáticas. Fuera del contenido emocional, debía darle puntos por haberse esforzado por escribir correctamente y en un papel decente.
Le sorprendió el entender, que había mucho de Naruto que no sabía. Parecía un universo entero de sentimientos y emociones que habían pasado desapercibidos para él. Era extraño y decepcionante, pero emocionante a la vez. Como si fuese un desafío al que no podía negarse por mucho que perdiera. Algo tan atractivo, que no podía eludirlo por mucho que lo intentara.
Y peligroso. Muy peligroso.
Habían pasado cuarenta minutos, antes de darse cuenta. Sasuke se levantó y caminó hacia la entrada, antes de sacar una bolsa que había mantenido todo el día en su bolso. Naruto apareció diez minutos después.
–¿Qué haces acá, teme? –preguntó él con curiosidad. Sin decir nada, Sasuke le colocó la bolsa con galletas en las manos. Y dejó que Naruto le estrujara en un abrazo unos segundos, antes de quitárselo de encima y comenzar a caminar. No se le pasó la sonrisa de felicidad ni el parloteo más enérgico de lo usual, pero por aquel día lo dejó ser.
De todas las cosas irritantes que Naruto podía tener, su felicidad era lo menos. Bien podría ser igual, todos los días. Sasuke podía con eso.
Al día siguiente, procuró el llegar antes que nadie y dejar un pequeño sobre en su casillero, antes de ir al salón. Naruto llegó tarde, corriendo y disculpándose en voz alta.
Pero había una sonrisa en su rostro.
