Probablemente nunca te haga leer esto, si no es que llegas a él por ti mismo. Pero gracias a ti, comencé a pensar que el amor existe fuera de las palabras que escribo. Y eso es mucho más de lo que alguien me ha hecho sentir hasta el momento.


Kyūdō

...

Ni siquiera sé porque tenemos que ir –admitió Sasuke, abrochándose el cinturón. Itachi le dio una pequeña sonrisa, pero no dijo nada. Simplemente arrancó el auto y colocó la radio local. Escuchó la áspera voz del presentador, quien les recordaba que había un pervertido en el barrio. Alpha. Sasuke se cruzó de brazos, incapaz de dejar de sentirse molesto.

Era todo culpa de ese dobe, si lo pensaba un poco.

¿No puede sir solamente tú? –gruñó en el decimo rojo. Su hermano suspiró antes de dirigirle una mirada condescendiente.

No te molesta acompañarme a ver las Inter escolares de kendo. ¿Por qué el Kyūdō debería ser diferente? –¿Por qué quería quedarse acostado en su cama, gruñéndole al mundo? Además, no era como si Sasuke conociera personalmente a la gente que participaría. Nunca había entablado conversación con la selección de Kyūdō de su escuela, más que cuando entrenaba y ellos entraban cuando Sasuke salía.

¿Te interesa el kyūdō ahora? ¿No deberías enfocarte en tu cuarto dan? –preguntó, entrecerrando los ojos. Que él supiera, quedaba menos de un mes para que Itachi tuviese que examinarse para el cuarto. No dudaba que lo lograría, pero su hermano no solía perder los sábados arrastrándolo a algún lugar. Normalmente entrenaba en la mañana.

Descansar también forma parte del entrenamiento –replicó él, desinteresado. Y arrancando el auto cuando dio el verde. Ni siquiera sabía dónde Itachi le estaba llevando. Suponía que en el campo de entrenamiento de la universidad, dado que hace dos semáforos debía doblar para llegar a su escuela. –Además… hay gente conocida que estará allá

¿Irá alguno de tus amigos o qué? –su hermano lo ignoró durante el resto del camino, preocupado de adelantar autos y doblar rápidamente en las curvas. Sasuke lo miró con sospecha. Que él supiera, todos los amigos de Itachi se habían graduado. Y no recordaba haber visto a su hermano interactuar con gente de cursos menores, más que en el club.

Raro.

Itachi los posisionó cerca de lo que parecía el campo de tiro, consiguiendo un estacionamiento de pura suerte. Sasuke aún se encontraba furibundo, sin embargo, aquello le dio la curiosidad suficiente como para decidirse a quedarse. Al menos un rato.

Sólo aguántalo un rato. Almorzaremos fuera hoy –le prometió él. Sasuke asintió, mirándolo con curiosidad. Curiosidad que se transformó en una mirada airada, cuando su hermano levantó la mano, haciéndole señas a alguien para que se acercara a ellos.

Le terminó de arruinar la mañana.

¿Ustedes se pelearon? –preguntó Itachi, con curiosidad. Sasuke estaba demasiado pendiente de fulminar con la mirada a Naruto como para responder. El rubio, en cambio, le hizo un gesto de sin importancia.

No tengo idea, tebayo. Yo no hice nada –Sasuke decidió ignorarlo, por su bien. La otra opción era golpearlo, pero de seguro Itachi intervendría. Sasuke inspiró y sintió sólo el aroma del ramen. Y ya no era asqueroso. Al menos podía estar cerca sin que le repeliera.

Oh bueno, soluciónenlo ustedes –dictaminó Itachi, entrando a la cancha. Sasuke se apresuró a seguirlo, junto con Naruto. Quien lastimosamente para él, procuró el caminar pegado a ellos dos. E ignoró olímpicamente sus miradas asesinas, comentando con una animosidad que no necesitaba sobre la gente o cómo habían acondicionado el lugar. E intercambiaba comentarios con Itachi, por supuesto.

Ahora si quería irse a casa.

En lo que recordaba que era una cancha multivariada, habían puesto diferentes blancos a diferentes distancias y una especie de plataforma de madera que se extendía a lo largo de ésta. Los tres desfilaron hacia las hileras de gradas que mantuvieron sólo a uno de los dos lados de la cancha, por seguridad. Konoha se encontraba en medio de las otras escuelas, unas más pequeñas que otras.

Deberíamos ir arriba –recomendó él, perdiéndose en la cantidad de alumnos presentes más que en su disgusto por Naruto. Itachi negó con la cabeza.

Preferiría estar en medio, o abajo –admitió, ganándose una mirada de curiosidad de parte de Sasuke. No había ningún kyudoka en su clase, pero si en la clase de al lado. Tres o cuatro, si mal no recordaba de las conversaciones con Karin y los otros. ¿Conocería Itachi a alguno? Él lo habría sabido ¿no? O al menos el idiota de Naruto lo sabría. O Suigetsu lo habría comentado.

Me da igual, sólo sentémonos –respondió, alzando una ceja. Los trajes de kyūdō eran de diferente color para cada escuela. El de konoha era rojo con blanco, un color que le recordó a un animé que Naruto veía. Entre los asistentes, pudo ver a algunos padres que se encontraban en la parte de abajo. Y uno que otro alumno.

Oye, teme –murmuró Naruto, dándole un pequeño empujón para llamar su atención. Sasuke lo ignoró, siguiendo a Itachi por las escaleras de las gradas, encontrando lugar en la quinta, justo en medio. No estaban abajo, pero al menos podrían verlo todo. Refunfuñó en voz baja cuando Naruto se apresuró a ganarse a su lado. –¿Por qué estás enojado, tebayo? –Sasuke rodó los ojos. No era que estuviera enojado. No. Sólo le había causado rechazo el resto de la semana. –¿No es por lo del almuerzo, cierto? –él insistió.

No sé de que hablas –replicó, sin mirarlo. Pudo ver a un hombre de cabello plateado chillar, junto a dos perros que se encontraban sentados en el pasto, pero ladraban en respuesta. También a un hombre rubio de cabello largo, quien le gritó un par de improperios que provocaron risas y gritos ahogados. Ambos parecían ser extranjeros.

Sasuke…

¿Hay gente de su clase? –preguntó Itachi, curioso. Parecía divertido con el intercambio enérgico de los bancos de abajo. Sasuke negó con la cabeza.

Son de la clase de al lado, tebayo –replicó Naruto. Sasuke miró hacia abajo y reconoció a un chico de cabello pelirrojo quien se encontraba sentado cómodamente entre ambos extranjeros ruidosos. Era de kendo, si mal no recordaba. Nunca aprendió su apellido, sin embargo, aunque sabía que era un extranjero nacido en japón. Y tenía el mismo tinte que Sabaku no Gaara –Puede que tus amigos sepan quienes son

Puede –convino él. Aunque no le interesaba saber quiénes eran si no tenía relación con Itachi. No era como si fuese a tener algo que ver con ellos. Sin embargo, el cómo Naruto lo dijo llamó su atención. –Creí que también eran tus amigos

Tu decidirme aislarme de ellos, tebayo

Eso no es verdad –no del todo, al menos. Él no tenía la culpa si Naruto no almorzaba con ellos. Y tampoco tenía la culpa si quedaban para hacer alguna cosa después de clases, cosa que no involucraba la compañía de Naruto. De Naruto oliendo a girasoles, una mezcla que le desagradaba.

Me has estado evitando toda la semana –le acusó él. Sasuke se mordió el labio y miró hacia su hermano. Pero Itachi, ya sea consciente o inconsciente, estaba lo bastante entretenido con el público como para prestarles atención. Al menos no sería un frente unido, pensó descuidadamente.

Son solo tres días, dobe. Además, tu me evitas durante el almuerzo –se excusó él. Naruto arrugó el entrecejo.

¡No tiene nada de malo que almuerce con otra persona!

Entonces yo puedo irme a casa con quien se me antoje –respondió, alzando una ceja. Odiando el tono de voz que Naruto utilizó. Pero él tenía razón, sin embargo. No tenía nada de malo que él almorzara con quien se le antojara. El problema es que Sasuke estaba demasiado acostumbrado a almorzar con él y a tenerle alrededor suyo. Y probablemente ese era el motivo por el cual su olor había cambiado un poco. Según sus amigos, porque él no detectaba nada de nada.

Por supuesto que no –Replicó el rubio. A Sasuke le distrajo el ruido del asistente probando el micrófono en una de las orillas. Cuando volvió a posar su mirada en él, Naruto parecía un poco confundido por lo que había dicho. Aun así, decidió volver a la carga–¿Y si te pasa algo?

Quiero escuchar abajo ¿saben? Dejen su discusión de pareja para después –Les interrumpió su hermano. Dejando la replica de Sasuke bailándole en los labios. Ambos se voltearon hacia el hombre, fulminándolo con la mirada. O al menos Sasuke lo hizo.

No te metas Itachi –gruñó él. Itachi alzó una ceja e iba a contestar cuando la competencia comenzó. O al menos el presentador les pidió a los grupos que se juntaran para dar comienzo a la competencia. Konoha se reagrupó en una fila, comandada por una chica de cabello castaño y mirada dura. Yamaguchi o algo así era su apellido. Junto a ella, otra chica de cabello rubio hizo un bostezo y un comentario al parecer poco acertado, dado que la primera se volteó hacia ella.

Le recordó un poco a Naruto.

Suigetsu es un alfa –susurró el rubio. Justo después de que los capitanes se acercaran a una mesa que colocaron entre Konoha y Suna para el sorteo de los tiros. Sasuke desvió la mirada del sorteo para fulminar a Naruto.

Pero no deja su olor en mí. Yo no huelo desagradable –replicó entre susurros, con mucha más saña. Bien. No era correcto el decir que el olor de otra persona era desagradable, pero si que le molestaba la mezcla del olor de Naruto con girasoles. No lo podía aguantar. Lo vio sólo de reojo, pero los ojos del rubio se agrandaron de la sorpresa. Razón suficiente para voltearse hacia él y mirarle con curiosidad. Y perderse el resultado inmediato del sorteo de la competencia.

¿T-te desagrada mi olor? –Preguntó él, tartamudeando un poco. Sasuke no respondió de inmediato. Se concentró en la gente de Konoha que comenzó a celebrar por salir terceros en las rondas de tiro antes de responder. Otoga fue primero.

Sólo después de los descansos –Replicó, más para sí que para él. Naruto le tironeó del brazo y le hizo voltearse casi violentamente. Sasuke inmediatamente tironeó para soltarse del agarre, por puro instinto. Naruto le soltó al primer jalón. Tenía una expresión de sorpresa que llamó un poco su atención, a pesar de que sólo se le quedó mirando. Pero el pitido dejó en pausa cualquier cosa que Sasuke o Naruto fueran a decir, concentrándose en la competencia que había comenzado. Según Sasuke recordaba, Otoga era una pequeña escuela privada.

Media hora después, posterior al espectáculo dado por Konoha, Naruto tironeó la esquina del borde de la chaqueta que traía puesta.

Ya veo –simplemente dijo. Ni siquiera le miró para decir aquello. Sasuke se encogió de hombros y decidió enfocarse en la competencia. El rubio le siguió tironeando la chaqueta durante un minuto más, antes de tomar su mano y sobresaltarle un poco.

Pero Sasuke le dejó hacerlo.

El olor que emanó suavemente el rubio en respuesta era un poco ramen, un poco otra cosa.

Le agradó ese olor.