Capítulo IV

Cortina de mentiras

Buenas noches, Andley. Disfruta éste placer porque muy pronto dejarás de tenerlo, ella estará conmigo más temprano de lo que piensas. ¡Maldición! ¿Qué quiso decir? ¿Fred? - llamé a mi hombre de confianza por el celular.

Señor Grandchester, ¿quiere que vaya por usted? - me preguntó cuando contesto a mi llamado.

Sí, gracias - cerré el teléfono y caminé hasta donde mis hermanos se encontraban. Archie - lo llamé.

¿Qué pasa, Terry? - preguntó preocupado, después del numerito que hice en realidad todos me veían.

El contrato Grandchester- Andley, ¿de qué es? - cuestioné sin tomar en cuenta que recordaba algo de un contrato, Archie me exigía que lo cubriera.

Bruno te he dicho mil veces que debes revisarlo, no es con William con quien harás el trato, no es solamente Grandchester- Andley, los Rocco también estará ahí - repitió Archie alejándose un poco de su familia.

¡Maldición! ¿Qué mas? ¿Quiénes más de los Andley? Aparte de William y Anthony... - aclaré lo poco que sabía.

Candice Andley parece ser pan comido, Ferrel dejó a una total inepta al frente de sus negocios - refirió Archie notando mi molestia con su comentario.

¿Quién es Ferrel? - quise saber.

No sabes ¿quién es Ferrel Andley? Terry ,ese contrato no saldrá bien si no pones de tu parte - Archie quería estrangularme, pero por mi rostro creo que se detuvo.

Pues cuéntame... - respondí con sorna.

Para tú mala fortuna, tú eres el que debe realizarlo y para tu información te platico que tienes un gran problema y yo también, tengo un gran problema, Candice Andley no es ninguna inepta, pero si multimillonaria, más que tú y que yo juntos, Candice heredó la inmensa fortuna de Albert su marido y Ferrel, su tío político - terminó por aclarármelo cuando le había llegado un informe a su correo, que lo revisaba esa noche.

¡No es cierto! - esto debería de ser una broma de muy mal gusto, que es lo que mis hermanos habían hecho. ¿Cuánta participación tienen los Andley, en el contrato? - cuestioné, tenía que ser más o menos el 40%.

Sesenta por ciento - me soltó dejándome frío y helada tenía la mirada.

¿Desde cuándo aceptas contratos tan minoritarios? ¿Quiere decir que solo obtendremos el veinte por ciento de éste contrato? - quise averiguarlo.

No, sólo el diez por ciento - comentó Archie como esperando que explotara.

¿Por qué rayos hiciste eso? ¡El diez por ciento! ¿Qué es lo que te pasa? - exploté finalmente. caminando hacia donde hacia un momento estaba, en el jardín.

No nos alcanzó el capital, Rocco tiene el resto, treinta por ciento - me informó muy hazle como quieras.

¿Cómo que no nos alcanzó el capital? - le exigí que me explicara.

No, es lo más que pudimos con los bancos ese día y fue al último minuto - me aclaró.

No puede ser posible, ¿a cuánto asciende el monto? - pregunté rápidamente.

¿De lo nuestro o de los demás? - preguntó como queriendo tomar el control de nada mientras perdía la paciencia.

¡El del contrato total! - alcé la voz enfadado.

¡Cien mil millones! - casi susurró.

Vamos hermano, con lo de los cinco hubiésemos juntado cien mil millones de dólares - expliqué como si se lo explicara con manzanas.

¡De euros hermano, de euros! - especificó.

¡A cualquiera hubiese dejado en bancarrota! - solté sacándome de mis cabales.

A ella no, su fortuna asciende a unas trece veces más que eso... - me aclaró atinándole a mi mal humor, a él parecía divertirle.

¡Rayos! ¿Tanto? - pregunté sin poder creérmelo, esto era una pesadilla de la cual no quería despertar.

Entonces ¿para qué trabaja? ¡Tiene tres empresas! De ellas, ¿qué obtiene? - nada tenía ahora lógica, desde que Candice apareció en mi vida todo era un caos.

Le da para vivir me imagino - me soltó Archie desganado.

¡Increíble! ¿En que nos metimos Archie? Debimos estudiar eso cuando nos comprometimos a ésta locura, voy a tu casa en este momento, no mejor no, ve tú a la mía y llévate a Nympha contigo - le ordené al punto del desquicio.

¡Son la una de la mañana Terry! - me advirtió observando el auge de la fiesta.

¡Ahora! ¡En mi casa! - grité con lo que más pude.

¡Ahí te veo! ¡Maldición! - se despidió de mí y fue a donde se encontraba su esposa, que al oído le informaba lo que sucedió.

¿Qué pasa mi amor? ¿A dónde vas? - le preguntó Annie.

A casa, tenemos un problema con Terry, llama a los demás, que los quiere en su casa inmediatamente - refirió él tomando un taxi, ya que su chofer se quedaría con su esposa e hija.

¡Maldita sea mi suerte! ¿En qué estaban pensando? ¿Sería ésta una trampa de los Rocco? - meditaba cuando iba en la limusina llegando a mi casa.

Mientras Terry se dirigía a su mansión y ordenaba lo que quería para una larga noche de negocios, en el escondido departamento de Candice, Anthony acababa de llegar.

¡Hola! - Candy saludó.

¡Hola! ¿Cómo te sientes? - Anthony se acercó y la abrazó, tocando su suave rostro.

Mejor y ¿la fiesta? - cuestionó mientras se sentaban cerca del ventanal que daba a la mejor vista de la ciudad.

Mis padres se encargarán y yo me encargaré de ti - le sonrió coqueteándole.

Y Terrence, ¿por qué dice eso? - le preguntó mirando la gran noche a lo lejos.

No lo sé, quizás pensó que estamos aliados con los Rocco para sacar información de su biblioteca - explicó el rubio sin pensarlo ya que en parte tenía razón en un par de cosas.

¡No es así! - Candice gritó.

Yo lo sé y tu también lo sabes, a los demás no debes hacerles caso y lo sabes - confesó él sabiendo que era así y al mismo tiempo sirviendo una copa.

Sí - aceptó ella y recogió las piernas.

Bueno, estábamos en que tu y yo haríamos el amor hoy - le dijo, acercándose a ella, juntando sus frentes y viéndola a los labios.

Pero... - ella quiso decir algo.

¿No quieres? - Anthony preguntó enfadado.

Yooo... - titubeó. No sé ¿qué pensar? - Anthony aceptó que no debía alardear porque podía ocurrir esto.

Bueno, medítalo y si quieres algo o me quieres a mí, házmelo saber, ya sabes cuál es mi puerta - el rubio se levantó y dándole lo mismo le dio la espalda dirigiéndose a su habitación.

Anthony...

¡Candy, déjalo estar...! ¡Duerme...o haz lo que quieras...! - respondió enfurecido, había esperado tres años a que ella le dijera cuándo, pero al parecer tenía que seguir esperando y realmente esperaba que no se arrepintiera de hacerlo.

No quería... - intentó disculparse, pero en realidad lo sentía.

De hecho Anthony no dejó que terminara esa oración, comprendía de alguna manera que ella no lo deseara con algún otro amor al de cuñados, el rubio regresó de su habitación y pasó por la sala del ventanal, no había nada, ella ya no se encontraba por ahí, Anthony le dio un golpe a la pared y se dirigió hacia la cocina, se preparó algo de comer y al final se dio una ducha, aceptando que su día había sido largo, después de desnudarse se metió debajo de la regadera para sentir el agua caliente sobre su nuca, eso fue de lo mejor, necesitaba relajarse, cerrando los ojos se quedó unos momentos así. Cuando se sintió más tranquilo, dirigió su mano a donde se encontraba la botella de jabón, sin encontrarla, así que al darse la vuelta, abrió los ojos, sorprendiéndose.

Delante de él estaba Candice, desnuda, con la mirada ardiente de deseo y sintió cómo su cuerpo ansioso lo deseaba. Ella llegó hasta a él, lo miró a los ojos y de pronto sin pedirle permiso acercó el rostro al del rubio, observándolo como se hacía un poco hacia atrás, al mismo tiempo, ella acercó más su cuerpo y le tocó los brazos, colocando la botella de jabón en su lugar, rozó su piel con los labios y sin más lo besó, con ternura para luego pasar a un entendimiento de pasiones y cuerpos y culminar con ese deseo que contenía su abstinencia, ella dio el primer paso y eso lo agradeció el rubio, ya que él se había dado por vencido. Al pasar por la sala hacia tan sólo una hora, sabía a dónde se refugiaba, al ala prohibida del pent-huose, Candice no sólo tenía mariposas en la bóveda, si no cerca del corazón, esas que revoloteaban en su taller con la esperanza de alguna vez ver el sol de la mañana y reflejarse entre ellas para iluminar la gran terraza, esa colorida resolana que disfrutaba con Albert, su gran amor.

Anthony la apretó contra sí, él deseaba sentirla al máximo, quería tocarla y acariciarla, al igual que amarla, con una mano tomó la melena rubia, quitándole los pasadores que ataban el chongo que se había elaborado en la fiesta, ella sonreía porque a veces se atoraba con ellos así que la rubia terminaba ayudándole, eso sí sin dejar de besarlo, la mojó y de lo grande que era, se había reducido a unos cuantos mechones, el agua caía desde su cabello hasta los pies, pasando por sus turgentes senos, abrazándole la piel, los pezones erectos en su pecho se amoldaban a su cuerpo. Seguía besándola, acariciaba su lengua con ahínco, necesitaba sentirla así, húmeda, de pronto se detuvo...todo se detuvo sin dejar que la magia de la pasión desapareciera.

¡Anthony! - dijo su nombre con enronquecida voz.

Dime, ¿he hecho algo malo? - preguntó el rubio, observando los labios inflamados de Candice.

No, sólo que estamos empapados - sonrió tontamente ella.

Estamos tomando un baño - siguió besándola, no quería que cambiara de opinión.

Pero...es que... Lo necesito - soltó con pena sonrojándose.

¿En este momento? - preguntó él cariñosamente.

Sí - aceptó ocultando su rostro en el hombro de él.

¡Vamos, te llevaré al lugar indicado! - Anthony cerró las llaves de la regadera y se dispuso a que ella lo siguiera sin importarles la desnudez de su cuerpo.

¿Dónde? - preguntó curiosa.

Anthony se limitó a llevarla a otra habitación de la casa, una especial para ese momento, caminaron por los pasillos del pent-house, hasta que llegaron a una puerta.

¡Aquí es! - aseguró Anthony.

¿En serio? - cuestionó ella.

¡Sí, ven! - el rubio asintió y abrió la puerta invitándola a entrar.

Sin más la jaló, colocándola frente a ella, abrió las puertas y Candice se encontraba absorta, la habitación que antes tenía recortes de revistas que ella había dejado, ahora tenía una hermosa cama en dorado y blanco, adornada con rosas rojas. Un camino de velas aromáticas blancas y rojas fueron colocadas y encendidas, cerca de la chimenea algunos cojines en los mismos tonos.

¡Es precioso! - mencionó ella emocionada.

¿Te gusta? - preguntó el rubio abrazándola por la espalda.

Me encanta, ¿cómo...? - intentó cuestionar sus habilidades.

Lo sabía, aunque si no hubieses aceptado sólo las hubiera apagado y ya sería otra vez - soltó resignado y un poco desanimado.

¡Me encanta! Gracias... Anthony - la rubia dándose vuelta, lo abrazó para después besarlo, se detuvo por un momento cuando lo llamó.

Dime - respondió él con voz cálida.

Sin comparaciones - aseguró la rubia.

Eso espero - Anthony sonrió y la besó ardientemente.

Candy y él habían esperado el momento indicado, hacía tres años que su hermano había fallecido y sinceramente él se había enamorado de ella en el aeropuerto; cuando Albert lo envió a traerla. Claramente no sabía que era su esposa. Su padre lo supo al instante, Anthony se dedicó en cuerpo y alma a protegerla de todos y sobretodo de Niel, ellos tenían un acuerdo, vivirían éste idilio hasta que se acabase o hasta que alguien más llegara...para ambos. Sabía de alguna manera que ella lo cumpliría, pero se preguntaba si él ¿podría hacerlo?

Muy entrada la madrugada se quedaron profundamente dormidos y saciados, habían hecho el amor en repetidas ocasiones, siendo la primera tan sublime como Anthony la esperaba, hacerle el amor a la mujer que amaba desde los veinticinco años era más que un sueño para él, así que desnudos y laxos descansaban hasta que el nuevo día los despertó.

Mientras en la mansión Grandchester, los cinco hermanos se encerraron en la biblioteca, Nympha sólo escuchaba y tomaba nota, había llevado copias del contrato y las traducciones de las reuniones en las que Archie y Rocco cerraron y acordaron su porcentaje. Me encontraba confuso, Marie había preparado comida y al parecer litros de café, ésta sería una larga noche, apenas había pasado el umbral de la mansión y parecía que una sombra se había apoderado de mí, la única sombra era yo mismo ¡Terrence y su mal humor!

¿Qué es lo que tenemos? - preguntó Archie cuando llegó a la casa de su hermano.

¡Un desastre es lo que tenemos Archie! - respondí aventando el contrato sobre el escritorio. ¿No han aprendido nada? ¿Cuánto llevan en el negocio? Pareciera que no han aprendido nada - volví a repetírselos.

William sonrió cuando se cerró el trato de colaboración - soltó Stear distraído ganándose la reprimenda de los demás.

¡Grandioso! Debe estarse riendo de nosotros, ¡pobres tontos! - maldije, observando cómo mis hermanos se reprobaban mutuamente.

Terry, dinos ¿qué pasa? ¿Qué es lo que te tiene tan molesto? Cuando hicimos el cierre, tú ni siquiera te hacías cargo de la empresa, ¿por qué nos lo hechas en cara, ahora? - preguntó Stear como reclamándole.

¿Perdón? - me sentí insultado, mientras ellos crecían y disfrutaban de su juventud yo me la pasaba en la oficina de mi padre tratando de que no nos fuéramos a pique.

Si no más recuerdo, andabas enredado con Susana y ni en cuenta que te vimos en otro momento, ¡así que no te quejes! - aseguró Franco.

¡Bueno chicos, alguna vez tengo que divertirme! - respondí lo único que se me ocurrió, pero fue una reverenda tontería.

Te divertiste con ella mucho tiempo y ahora ¿qué es? ¿Otra mujer? - cuestionó Biagio.

No es eso, en este momento los Rocco son los que me importan - zanjé el cuestionamiento, podía hacer lo que quisiera en mis ratos libres.

Son ellos o ¿Candice Andley? - aseguró Archie que desde que ella había aparecido su hermano había perdido la cabeza.

¿De qué hablan? - me hice el occiso.

De eso precisamente, todo tiene que ver con ella, así que la investigué - se aseguró Biagio, extendiéndome un sobre.

¿Qué has hecho, qué? - pregunté sin saber qué decir, al menos no me vería tan interesado con Thomas.

Candice Andley es heredera universal de dos fortunas, inmensas, la de su ex marido Albert Andley y la del tío George Ferrel. Tiene tres trabajos más, es ingeniero administrativo en Kolios, es propietaria de Il caveau de lla farfalle que es una empresa única en su ramo y es escritora, tiene en su colección doce cuentos seleccionados de Terry, El Castor y cinco novelas de alta venta, se dedica de entre otras cosas a la crítica de ventas, best sellers y esas cosas, novelas rosas sobretodo. Vive en un sencillo apartamento ubicado al sur de Roma y algunos nos dijeron que se desaparece por temporadas en algún lugar de la campiña a una hora de Roma, ¿a dónde va? Es un misterio. ¿Le sigo? - preguntó Franco, observando el rostro dubitativo de su hermano.

No, hay algo que no entiendo, ¿quién es Anthony Andley? - pregunté sólo para asesinarlo...al menos en mi mente.

Depende, había un rumor hace años de que era gay, pero sólo ha sido una broma de mal gusto. Es incierto como lo es su relación con Marcelo Rocco III - aseguró Archie.

¿Hay una? - pregunté sin acabar, seguramente los demás si entendieron a qué me refería.

Sí, sólo laboral y de amistad. No Terry, no sé si son amantes, ¿por qué la pregunta? - en realidad ellos sospechaban que me traía algo con Candice y no estaban tan errados.

¿Hay algo que deberíamos saber? - preguntó Biagio reacio a dejarme en paz.

Debemos ser cautelosos, los Andley estuvieron el pasado fin de semana en la biblioteca del chalet en Lacio - solté a mis hermanos y se sorprendieron bastante.

¡Ah sí! Espera, mmm si aquí está, la señora Candice Andley posee una cuantiosa cantidad de libros en un pent-house de domicilio desconocido, es una fastuosa biblioteca...tipo Alejandría con un millón doscientos mil libros, fiu... - silbó Franco, sorprendiéndose.

¡Ávida lectora! - sonrió Stear.

¿O coleccionista? - suspiró Biagio.

La de papá es pequeña, sólo tiene 600000 volúmenes - calculó Franco.

Quizás, se haya tratado de una visita, Terry - Biagio mi hermano menor confundía las visitas con las señoras que husmean donde no las llaman. Pero se está divirtiendo de lo lindo.

¡Quizás! - respondo sonriendo.

¿Qué es en realidad lo que te preocupa? - suelta Biagio pretendiendo que les presto atención a sus elucubraciones.

El monstruo con el que hemos hecho contrato, nos comerá vivos si fallamos. Archie, ¿qué pasa con Niel Legan? Tengo entendido que no se encarga de ningún negocio en la familia - cuestiono y relato lo que Anthony me contó.

Su familia lo tiene lejos de ellos, le han dado una pequeña empresa de Ferrel y nada más, ¿por qué la pregunta? - cuestiona a su vez Archie.

Sabes ¿por qué ha sido eso? - vuelvo al ataque, no sé por qué mi hermano todo me lo cuenta a cuenta gotas.

Ferrel le heredó a la mujer de Albert, no a él por diferencias con su tío, Niel presumía de que Candice había sido su mujer antes que su primo, su tío, Bennedetti y Anthony, aunque también hablaba de un griego...en realidad no le puse mucha atención - respondió y explicó Archie como si no le diera tanta importancia.

¿Cuántos hombres ? - pregunté sin querer entender.

Anthony decía que no era confiable, dista mucho de lo que conocí en la universidad - refirió nuevamente mi hermano.

¡Ustedes díganme si esto no es un enredo! - tenía que sacar mi frustración.

¿Crees que los Andley pertenezcan a la mafia rusa? - preguntó Stear con inocencia.

¿Ellos? No lo creo, pero tampoco tengo la certeza, debemos averiguar más de todos los hombres de Candice, de los Andley y de Niel en especial... Parece que Bennedetti sabe más, pero obviamente no, ¡nos lo dirá! - expliqué en parte lo que me había confesado.

¿Qué sucede si no cerramos el trato? - preguntó Franco.

Perderemos el monto con el que entramos, ¡eso es lo que sucederá! - aseguré, antes de que mis hermanos llegaran me leí el contrato tres veces.

¡Rayos! - exclamaron al unísono.

Es tarde, tenemos que descansar para resolver esto. Buenos días, descansen por hoy, los veo mañana - los despedí, quería dejar de pensar.

Buenos días hermano, hasta mañana - me desearon todos, menos Biagio.

¡Terry! - me llamó Biagio.

Dime, ¿qué pasa Biagio? - le pregunté advirtiéndole con la mirada que no estaba de humor para oír reclamos.

Esto será complicado si también estás enamorado de Candice Andley, ¡esperemos que no sea así! - advirtió, ya era la segunda persona que me lo decía en tan pocas horas, quizás ellos sabían algo que, yo no.

¿De dónde sacas eso? - cuestioné sin entenderlo.

Por tu bien y el de tu cordura, reza porque no sea así - me advirtió nuevamente.

No hay nada de eso. Buenos días Nympha, tómate este día y mañana ve a trabajar - le ordené a mi secretaria para después sentarme en el escritorio.

Hasta pronto, señor - ella se limitó a despedirse.

Si lo que mi hermano estaba pensando era cierto, tendría un gran problema, Anthony lo había dicho, hacía cuatro años la vi bailando con Albert, parecían ser sólo una persona, ella sonreía para él y se enorgullecía de la alianza de compromiso y matrimonio que portaba en su mano izquierda, tenía que recordar que en esa ocasión Susana iba conmigo como una cita ideal, no hablaba mucho, pero era buena en la cama, perfecta para mí.

Inicio del flash back

Llegamos a la fiesta y la mayoría de los hombres estaban embelesados con una mujer allí presente, nadie se atrevía a sonreírle aunque ella lo hiciese por cortesía, nadie le coqueteaba y sobretodo nadie filtreaba por la sencilla razón de que era esposa del multimillonario Albert Andley, un empresario escocés que a pesar de su edad ya era un As en el mundo de los negocios.

Todas suspiraban por ese hombre que a la prematura edad de 26 años se había casado con una mexicana que no era modelo ni actriz; mientras que la identidad de la joven en cuestión era un cúmulo de dudas, nadie sabía a ciencia cierta dónde se habían casado, pero era un hecho de que así era, las argollas y un gran número de cuentas en Ginebra lo decían. La noche avanzaba y al parecer nadie se animaba a invitarla ni si quiera por una copa, todos se miraban y me decidí a hacerlo, cuando estaba a un par de pasos de ella, sus ojos miraban a otro lado, ligeramente hacia atrás, salió por detrás de ella, su marido, más alto por supuesto, Albert Andley, el importante y hombre con suerte, multimillonario escocés. Eran un poco extraños, ella sólo le sonreía a su esposo y para él sólo existía ella, sentí que una persona se había colocado al lado mío.

¡Buenas noches! - me saludó.

¡Buenas noches! - respondí malhumorado.

Espero que sea bien atendido - me dijo con gusto.

Sí gracias - le respondí sin saber exactamente a qué se refería.

Señor... Grandchester, ¿no es cierto? - me preguntó como queriendo saber cómo me llamaba.

Sí y usted... - yo devolví la pregunta.

Anthony Andley, soy el hermano de Albert y ella, es mi cuñada Candice - rectificó señalando con la mirada.

¡Al parecer se aman! - exclamé señalando de la misma forma.

Son almas gemelas de hecho, aunque en la vida de ambos él llegó en su edad madura y ella le llegó a él en la juventud - me informó tomándolo como algo increíble. ¿Cree usted señor Andley en las almas gemelas? - me cuestionó soñadoramente. Necesita observarlos bien, mientras usted señor le ordena todo a su novia, Candice no necesita que Albert lo haga, no hablan, sólo se miran y saben qué es lo que deben hacer - explica sin dejar de hablar.

¿Eso no es muy... complicado? - refiero sin creer todo lo que me dice.

No, de hecho sólo debe ser observador. Por ejemplo, observe lo que pasa, él le pasará un dedo sobre la palma, eso significa: que quiere bailar con ella; ella a su vez dejará la copa que tiene en la otra mano sobre la mesa, su bolso lo dejará encargado con alguna de las personas que tiene a los lados y subsecuentemente se dará la vuelta para encaminarse a la pista, Albert la guiará con sus dedos en la cintura. Cuando hayan llegado, ella tomará la posición para una balada, él posicionará su mano en el talle de ella y ella recargará su cabeza sobre su pecho, levantará el rostro y le sonreirá. Le dirá: ¡qué hermosa te ves! Ella le contestará: ¿te lo parece? Después ella lo mirará y viceversa. Así será en toda la noche, hasta que ella le sonría y le diga te amo, él la sacará de la fiesta cueste lo que cueste y le hará el amor toda la noche - explicó detalle por detalle, finalmente era la táctica que siempre utilizaban.

¿Cómo sabes eso? - quise saber, quizás me estuviese jugando una broma.

Porque lo he visto muchas veces, ésta no es la única fiesta a la que he asistido en los años de matrimonio que tienen, señor Grandchester - me aseguró firmemente.

Tal cual Anthony me describió lo que sucedería, sucedió; no era tan complejo como parecía, se movían, hablaban a la par como si fueran sólo uno, cuando yo veía a Candice no la veía a ella, lo veía a él, a Albert, no al burdo y feroz empresario que quería robarme cada contrato, sino al hombre que tenía a una sola mujer, una mujer que sólo respiraba a Albert Andley, por el que daba su vida y por el orgullo de sentirse suya.

Cuando caí en cuenta de lo que eso significaba, supe de qué me hablaba, en los círculos empresariales de Europa sólo había un tema, la esposa de Albert Andley no se prestaba a ningún cotilleo porque sencillamente no daba pie a ello, y al mismo tiempo su marido no era presa de ninguna dama de alcurnia ni amante porque la misma fidelidad que le daban, él la pagaba con mucho amor. Siempre fue Candice Andley y Albert porque para él, ella era muy importante. No era la familia, nunca colocó sus compromisos antes que el bienestar de su esposa, ahora lo entendía todo, si Candice le era fiel al cien por ciento a su esposo, Albert lo era al quinientos por ciento y con eso se daba por bien pagado.

Fin del flash back

A decir verdad Anthony tenía razón, siempre quise que una mujer me amase como Candice amó a Albert, pero a cambio me metí más en una relación puramente física con Susana, una de las que no me dejaba nada, pero qué podría hacer, Albert era más rico que yo, ella no se fijaría en mi ni aunque se lo pidiera. Fue entonces que comencé a pensar, si lo amaba a él aunque fuese pobre qué la hacía tan especial, esa forma de amar no la da una persona que no ha tenido nunca dinero, sino todo lo contrario, fui a buscar la investigación de Biagio y ahí estaba, los padres de Candice eran funcionarios del gobierno en México, pero su señor padre tenía cinco hijas que mantener, donde Candice era la mayor de ellas, todas profesionistas, aquí no concordaba algo, qué fue lo que en realidad le llamó tanto la atención a Albert para amar tanto a su esposa.

Continuará...

Comentarios:

Iris Adriana: Gracias espero que te guste.

Naty: Mientras tenga capitulo pues tendré uno por día.

Lady Graham: Un gusto que me felicites, como siempre.

Skarlett Northman: Gracias, espero que la sigas.

Liz Carter: He estado escribiendo, tengo tres historias en FF, Liz. ¡Búscalas!

Maquig: Gracias, espero que te guste.

Liz Ros: Que bueno que te esté gustando.

Guest: Gracias por la felicitación.

Liz Carter: Debería estar muy corto, es la visualización o panorama de la historia. Todas queremos un Terry así, jiji, pero lo malo es que esta es una adaptación.

Analiz: Sí ya lo hizo, pero aún falta mucho.

Iris Adriana: Muchas gracias pequeña.

Dulce Lu: Gracias.

Liz Ros: Los hermanos de Terry son Archie, Stear, Franco y Biagio. Candy estaba casada con Albert como ya lo podrán descubrir en este capítulo y es viuda. Anthony es hermano de Albert. No de hecho la grande ahí es Candy, jijiji un poco solamente. Espera la historia.

Alyvenus: No al revés, del presente al pasado.

Skarllet Northman: Candy es todo lo contrario a las novelas rosas.

Maquib: Espero que lo disfrutes.

Angdl: Gracias.

Carolinamaciaslandaeta: Pasión africana subí dos capítulos la semana pasada, hoy subí el de Ávemagnolia, gracias por la felicitación.

Liz Carter: Calma en tres capítulos no les puedo contar toda la historia...

Angdl: Gracias chica.

Alyvenus: ¿Cómo? Bueno con tres capítulos, vaya no es ni el comienzo.

Angdl: Pues es que a ella no le impresiona que sea rico, ni apuesto, vaya, han escuchado del ¿feminismo? Pues en ésta historia se divertirán de lo lindo por ello. Si no crean que aquí la chica sufrirá.