Pocas veces encuentro el valor de arriesgarme para hacer algo. Eso también me ha hecho pensar una y otra vez, que soy más bien el tipo de persona que gusta de vivir en una burbuja de falso confort hasta que todo le explota en la cara. Mas o menos.

Sin embargo…

Sin embargo, todo ha sido tan raro, tan diferente, tan extraordinario, que me encontré a mi misma otra vez haciendo cosas de la que no me creía capaz. Conocer a alguien, dedicarle unas palabras. Tratar de construir algo en la distancia, sabiendo bastante bien que, a pesar de la cercanía, resulta imposible hacer más que mirar por la ventana y desear que todo esto termine, y hacer algo. Algo tan simple como salir de tu casa con la seguridad de que no habrá consecuencias.

Cuando viste mi comentario anterior, pensé que moriría de la vergüenza y no miento si digo que me escondí debajo de las sábanas como una cría. Pero supongo que da igual. ¿Quién sabe cuándo podremos vernos? ¿Quién sabe si saldremos de esto? ¿Quién sabe si de acá a un mes no desaparezcamos de la vida del otro sin aviso por culpa de toda esta pandemia? No miento si digo que has sido una de las pocas cosas que me distraen de la horrible realidad, que trato de evitar por sanidad mental. Quizá por eso es por lo que pensé 'demonios, si eso pasa, no quiero arrepentirme'. Y… acá estamos.

Armándonos de paciencia. Esperando. Desear algo tan simple como poder tocar al otro.

No es una dedicatoria, ni siquiera son las palabras bonitas que fue lo que pensé escribir al principio. Pero todo lo bonito que pienso, te lo suelo decir, como si el filtro que me autoimpuse desde siempre simplemente hubiese desaparecido. Pero dudo que alguien pueda culparme cuando lo único que nos rodea es desesperanza y sufrimiento, y no podemos hacer otra cosa que… esperar. Esperar. Esperar.

Esperar que se haga real para poder besarte por primera vez.


Almuerzo

...

Comieron fuera, en un restaurante cercano a la universidad que tenía ramen casero. Itachi parecía de buen humor, a pesar de ser un egresado de Konoha y no tener mucho que ver con la competencia. Pero lo habían hecho bien, pensó él. Sobre todo la capitana, un chico de cabello negro y la chica rubia que parecía ganarse constantes miradas fulminantes. Era casi imposible no contagiarse por el espíritu de Konoha en esa instancia.

Kumo había ganado el primer lugar. Pero Konoha había ganado el segundo, gracias al esfuerzo de ellos tres en una pelea bastante reñida que le hizo recordar sus tiempos (y los de Naruto) en el equipo de Kendo. Sólo que acá disparaban a una diana a una distancia que él no habría podido darle si no entrenaba como ellos. Y ni siquiera eso.

No deberías celebrar tanto –dijo él, alzando una ceja al ver a Itachi de tan buen humor. Su hermano le miró con curiosidad, alzando la cara por sobre el menú que un mozo les había traído.

Yo también fui alumno de Konoha, ¿sabes? –bufó en respuesta. Él negó con la cabeza. Las interescolares de Kendo eran una cosa, pero Kyūdō era otra. Naruto le miró con curiosidad.

¿Conoces a alguien del equipo? –preguntó el rubio. Sasuke asintió en respuesta. Itachi no dijo nada.

Dijo que conocía a alguien de allá. Supongo que del equipo, dado que no les quitaba la mirada de encima –recordó. Pero no prestó la debida atención para saber a quién miraba con tanto ahínco, por culpa de Naruto. Para eso, tendrían que esperar al festival deportivo de Konoha. Pero lo averiguaría, como que era un Uchiha. Itachi le dirigió una mirada irónica.

¿Tuviste tiempo para mirar lo que yo hacía? –contraatacó él. Sasuke alzó una ceja.

¿Disculpa? –Preguntó en respuesta. Itachi sonrió de medio lado, pero permaneció en silencio. Y Sasuke iba a insistir, cuando la voz del camarero solicitando su orden les interrumpió. El restaurante comenzaba a repletarse de familias y una que otra pareja. Al lado de ellos se encontraba un matrimonio con dos niños que no paraban de hacer ruido. Sasuke se concentró en el menú un momento, mientras Naruto pedía alegremente ramen casero, como siempre. Optó al final por el especial del día, al igual que su hermano.

¿Nunca vas a comer algo que no sea ramen? –le preguntó a Naruto, en cuanto el camarero se alejó. El hombre, afortunadamente, ni siquiera intentó liberar su aroma a pesar de ser un alfa. Ni le miró más de lo necesario. Algo que, por primera vez, le hizo sentir como una persona normal y no como un objeto.

¿Qué tiene de malo? –replicó, entrecerrando los ojos. Sasuke decidió centrarse en la puerta, antes de responder tamaña estupidez. "Porque siempre comes lo mismo, baka" quería responder. Pero recién habían salido de una discusión, no pretendía entrar en otra. No era tan obtuso.

Deberías simplemente traer a cenar a tu novio, si no te gusta lo que come –murmuró Itachi, alzando ambas cejas. Sasuke dejó caer el menú que había estado sosteniendo, encima de la mesa. Y le miró con incredulidad. Frente a él, Naruto había hecho algo parecido.

¿Qué dijiste?

Oh, por favor ¿Creen que no me di cuenta lo de las manos?

¡I-Itachi! –chilló él. La cara de Naruto se había tornado de un rojo fácilmente comparable con el color de la tapa de la salsa de soja que estaba en la mesa. Sasuke no quiso pensar en cómo estaba su cara. Su hermano les dirigió una mirada divertida. Por supuesto que estaría divertido el muy…

Pero no se preocupen, lo apruebo. Naruto es la pareja perfecta para ti

¡Itachi! –insistió. El hombre le dirigió una mirada divertida.

Lo único que les pido es que esperen un poco antes de intentar tener sex… –Naruto se tapó los oídos mientras comenzaba a repetir 'no escucho' en voz alta. Sasuke fulminó a su hermano con la mirada. ¿Cómo se atrevía a decirles eso? ¡Y en un lugar público! No era como si la gente a su alrededor estuviera interesada en saber lo que ellos hacían o no, pero era vergonzoso. Y tampoco era como si ellos salieran o algo parecido.

Sasuke quiso, realmente quiso golpear a su hermano con el menú del almuerzo, pero consideró que el menú valía mucho más la pena que su traidor hermano.

Voy a averiguar quien es tu pareja… y cuando lo haga… –amenazó. Itachi se rió y acercó dos dedos a su frente, golpeándole fuerte pero amigablemente. Sasuke cerró los ojos automáticamente.

Ya quiero verte intentarlo, hermanito –replicó con burla, haciendo un gesto de sin importancia. En ese momento la puerta del restaurante se abrió y entraron aquellos extranjeros ruidosos, junto con los tres kyudokas y un par de chicos más. Itachi desvió la mirada sólo un momento, para observarlos a ellos pasar por delante de su mesa, antes de volver a mirarlos a ellos –Claro, si puedes quitarle las manos de encima a tu novio

¡Itachi!