HE VUELTO, EN FORMA DE CHAPITAS. No, en realidad no, tengo un montón de cosas que hacer con mi vida ahora, pero acá estamos. Estaba calculando que alrededor de cuatro capítulos se viene uno que en realidad tiene un montón que ver con omegaverse (que anunciaré en su momento) como para que estén preparados. No, no es nada malo, pero es para que se entienda cual es el universo de omegaverse en el que están situados.
Dedicado al hombre que canta cumbias, (según él) habla tonterías, pero se las arregla para ser un romántico, hablarme bonito y sorprenderme gratamente cada día.
Decisiones de vida, parte 2
...
–Recuerden que esta tarde deben entregar el papel de aspiraciones –les recordó Iruka-sensei, justo al final de la clase de japonés. Durante los tres días de semana Naruto y él volvieron a la rutina. Más o menos. Porque los amigos de Sasuke habían terminado por unirse, y el día anterior lo había hecho Shikamaru, Ino y Choji. Sasuke nunca supo si Naruto había hablado con la chica ni por qué estaban almorzando juntos, aunque tampoco quiso preguntar. Porque no era su asunto. Si la vio un poco decaída, sin embargo, pero aquello no pareció influir en el buen humor del rubio.
–¿Aún no escribes nada? –preguntó Naruto con curiosidad. Sasuke había llevado el papel al almuerzo, donde Karin, Suigetsu y Juugo se juntaban con ellos. Soltó un suspiro de frustración.
–Obviamente no –respondió. Naruto hizo una mueca.
–No puede ser tan difícil. Eres bueno para casi todo –pero no todo le gustaba, lo que era un problema. Y si no presentaba el papel, Iruka-sensei y el colegio creerían que quería ser dueño de casa. Y definitivamente no era algo que él quería. No discriminaba a la gente que se dedicaba solo a su casa, pero eso no era para él. Sasuke volvió a suspirar. – ¿Y si escribes cosas que te gusten? –
–¿Cosas como qué? –Naruto se encogió de hombros, abriendo el termo para echarle agua al ramen, harto de esperar. Después de ese sábado, el contacto entre ambos era completamente normal. Le tomaba de los hombros cuando caminaban juntos y de vez en cuando se empujaban como idiotas, pero después de que Itachi lo señaló, no habían vuelto a tocar sus manos. No era un contacto que necesitara, pero no había evitado pensar descuidadamente que las manos de Naruto eran un poco callosas, pero cálidas.
Aunque sus palmas nunca tocaron las de Naruto.
–No sé. Como que te gusta cocinar –
–No realmente –le interrumpió. Naruto rodó los ojos.
–Y te gusta cultivar tus propios tomates cherry –
–Porque saben diferente a los del supermercado –se excusó. Tenían un sabor mucho más plástico que los que él cultivaba. Además de que no había tiendas de fruta orgánica en la ciudad. Sólo estaba el mercado, que disponía de las frutas de siempre, que eran buenas pero no tenían productos extranjeros o de difícil acceso. Por eso compraba en el mercado el tomate normal, pero el cherry lo cultivaba.
–Y los programas de variedad –recordó Naruto. Sasuke arrugó el entrecejo. Pero eso no lo hacía un comediante. Tampoco se imaginaba siendo un famoso que asistía a esas cosas.
–A ti también te gustan –replicó él. El rubio se encogió de hombros.
–Pero no lo veo como carrera, tebayo. ¿Qué tal si fueras director? –Sasuke lo pensó un momento, sin embargo, negó con la cabeza al final. No le llamaba la atención como carrera. Ni como director, ni como productor, ni siquiera como guionista. Eso que de vez en cuando se quejaba de que la programación no le gustaba del todo y había cosas que mejorar.
–¿Y si abriera un restaurante de ramen casero? –probó, sólo por fastidiar. Naruto abrió la boca con sorpresa.
–¡Cásate conmigo, temeeee! –replicó el rubio, dramáticamente. Sasuke se echó a reír, sin poder evitarlo. Naruto también rió, empujándolo juguetonamente con el codo.
–No te dejaré comer gratis en mi restaurante –replicó finalmente. Naruto hizo un puchero, tomando los palillos cuando su celular sonó con la alarma. Sasuke, echando un ojo a la puerta, se encogió de hombros y comenzó a abrir su bento. Había traído un poco de tonkatsu que había sobrado del día anterior.
–¿Cómo no vas a dejar comer gratis a tu esposo? –
–Le cobraría hasta a mi descendencia, dobe –replicó él, rodando los ojos. Naruto se rió un poco más antes de comenzar a comer. El olor a ramen de tomate le llegó a las fosas nasales y llamó su atención. Naruto no comía mucho ramen de tomate, prefería el de cerdo. Y era uno de los pocos que le gustaban a él, aunque no comía comida instantánea. Por lo mismo había aprendido a prepararlo desde que Naruto le dejó probarlo, en primaria.
–Entonces no seas un chef, tebayo. Me dejarías en bancarrota –inquirió Naruto después de tragar una gran cantidad de fideos. Sasuke bufó. – ¿Y las matemáticas? –
–No me atrae la ingeniería, ni economía. Ni la contaduría –respondió. Naruto ladeó la cabeza.
–¿Y el inglés? Eres bueno en eso –Sasuke lo pensó un poco. Luego negó con la cabeza. También le gustaba la literatura, pero no quería estudiar algo relacionado a eso. Y no era un buen escritor ni un buen dibujante. – ¿Ciencias? ¿Historia?–
–Podría ser –admitió. Aunque biología no le atraía, si la química y la física. Mientras daba los primeros bocados y Naruto terminaba de devorar el primer pote de ramen instantáneo reflexionó un poco sobre ello.
–¡Perdón! El sensei nos hizo escribir diez kanjis en shodo –se quejó Suigetsu, abriendo la puerta de la azotea y avanzando con rapidez hacia ellos. Karin y Juugo llegaron después de él. La cara de ella era un poco cabizbaja – ¿Nos perdimos de algo? –
–Nada –admitió Naruto, dejando el envase de ramen a un lado. Abrió el segundo y se enderezó para tomar el termo – Trato de convencer al teme para que se case conmigo y no me cobre en el restaurante de ramen que abrirá, tebayo –admitió con naturalidad. Sasuke le fulminó con la mirada antes de voltearse hacia sus amigos. Alzó una ceja al ver la mirada estupefacta de los tres.
–¿Q-que? –tartamudeó Karin. Suigetsu había abierto la boca tanto que parecía que iba a caérsele la mandíbula.
–Felicidades, supongo –murmuró Juugo con voz tranquila. Sasuke rodó los ojos.
–Está bromeando –replicó él. Suigetsu cerró la boca automáticamente.
–¡Por supuesto que no! ¿Qué te he hecho yo para que me cobres? –bufó Naruto, ajustando la alarma de su celular.
–¿Fastidiarme desde el primer día? –replicó Sasuke, cruzándose de brazos. Naruto se quejó en voz alta, queja que él ignoró.
–¿En serio abrirás un restaurante de ramen y te casarás con Naruto? –¿Es en serio? ¿Tan poco le conocían? Sasuke suspiró con fastidio, decidiendo que lo mejor que podía hacer era volver a su tonkatsu. Pero Karin le llamó y Suigetsu comenzó a mirarlo fijamente, cosa que le incomodó.
–Por supuesto que… –
– ¡Me parece inaceptable! ¡Inaceptable! –escucharon desde la puerta de la azotea, que se abrió de golpe. Una chica rubia salió, con una caja rectangular cargando en la espalda. Y un pelirrojo que no le costó tanto reconocer. Porque había sólo dos personas que ubicaba que usaban un tinte de cabello de esa clase, además de que Juugo les hizo un gesto de saludo. Prestaron atención sólo un momento para volver a sus almuerzos, más preocupado de llenar el papel de aspiraciones que lo que tenía que hacer la clase del lado.
–¿Enfermero? –Preguntó Naruto. Sasuke alzó la cabeza por sobre el almuerzo y lo pensó un poco.
–No me atrae cuidar desconocidos –admitió. Era bastante malo tocando a la gente, para encima tener que cuidar de ellos. No iba con él. Naruto hizo un bostezo, pasando un brazo por encima de sus hombros.
–Al menos ya sabes lo que no quieres ser –replicó. Sasuke se encogió de hombros y le fulminó con la mirada. Eso no le servía de absolutamente nada. Porque aún no sabía cómo llenar el papel. Y si no sabía qué hacer con su vida, era imposible que pudiera postular a un campus o a una academia. Y terminaría siendo un dueño de casa sin ninguna otra aspiración.
No. Definitivamente no.
–Ustedes… realmente… –masculló Karin, en voz baja. Sasuke le miró con curiosidad. La cara de ella le recordó un poco a la de Sakura, cuando descubrió que era una alfa. Pero no tan devastada. Sólo decepcionada. Pero siempre había sabido que a Karin le atraía un poco, a pesar de que estaba más que sabido que ella y Suigetsu tenía un algo . Ella no terminó la frase. Simplemente la dejó ahí y decidió seguir con su almuerzo.
–¿Farmacéutico? –preguntó Naruto. Sasuke lo pensó un poco. No tenía nada a favor ni en contra de eso, al menos. Pero no se veía en una farmacia, atendiendo personas. En eso, el aroma natural de Naruto llegó a sus fosas nasales y aquello llamó toda su atención. El tomate le daba a su aroma una variación interesante. Atrayente, incluso. ¿El aroma de un alfa se vería afectado por la comida, quizás? No había leído nunca algo sobre eso. Ni había buscado, a pesar de que el olor de Naruto siempre ocupaba una parte de su cerebro. Descomponerlo, saber a qué exactamente olía . Debajo del condimento del ramen, del champú corriente y de la loción que Iruka-sensei le había regalado en su cumpleaños.
Pendiente del aroma de Naruto y de terminar su comida, Sasuke ni registró lo que pasaba cerca de ellos. Por lo que cuando bajó su almuerzo y se volteó hacia el rubio, quien enfocaba la mirada hacia el frente y parecía… estupefacto, se fijó en lo cerca que estaban. Y en lo cerca que estaba su cuello de él.
Dudó durante unos segundos. Luego se acercó y olfateó.
Si Naruto lo notó, no dijo nada. Sí sintió que el agarre entorno a él aumentó un poco, pero el chillido que se escuchó frente a ellos fue lo bastante fuerte como para que sus amigos no lo notaran.
Básicamente porque al frente…
Había una loca arriba de una escalera, disparando una flecha por encima de la reja de la azotea.
Más tarde, Naruto le preguntaría qué fue lo que entregó. Y él decidió guardárselo para sí mismo. Pero durante los segundos en los que su nariz se llenó del aroma del rubio llegó a una conclusión.
Al menos fue lo bastante buena como para llenar su hoja de aspiraciones.
