So ¡He vuelto! ¡Realmente he vuelto! Y han pasado tantas cosas últimamente que es difícil comenzar a retratarlas de una en una, pero acá estamos. Le tengo unas ganas enormes al october fest, así que veré si me animo a algo como eso. En fin, un agradecimiento especial de mi parte a aquellas personas que realmente creyeron que no dejaría botada la historia y que entendieron que, en realidad, a veces las obligaciones de la vida diaria superan y no es que una quiera irse a hiatus, no sabiendo que escribir es mi mejor hobby y mi mayor satisfacción. Me costó un poco retomar, pero creo que logré algo medianamente decente. Medianamente nomás xD.

Un afectuoso saludo a Beginnerdreams que estuvo de cumpleaños. Estoy preparando algo para que lo leas chica, dedicado exclusivamente para ti :3


El juego maldito

...

Nunca ha sido una persona extremadamente interesada en la tecnología. Usaba el computador para recabar información para algún trabajo, usaba el celular cuando era estrictamente necesario. Cualquier persona que lo conociera lo suficiente –Naruto– sabía muy bien que de necesitarlo con urgencia era preferible llamarlo a su casa. Las pocas personas que poseían su número. Los mensajes del celular solía dejarlos para la tarde, en un tiempo libre, cuando se dignaba a sacarle el silencio al celular. Por lo que a veces tendían a acumularse un montón, pero Sasuke no le daba importancia. Si se perdía los anuncios importantes a veces, como la organización del festival cultural, pero el rubio solía contarle si había algo que tuviera que saber. Y su celular habría seguido en el mismo lugar sin importancia, si aquel acontecimiento no se hubiese dado.

Hasta que el maldito juego apareció.

Aquella mañana había sido bastante normal. Sasuke había llegado temprano y había matado el tiempo libre leyendo un libro. No se había acercado a jugar shogi a pesar de que le gustaba, y Shikamaru parecía harto de ganarle a Choji, tampoco había repasado sus deberes. Sólo levantó la mirada cuando Naruto llegó como el huracán que era, cuando comenzó a chillar en voz alta por motivos posiblemente infantiles y porque lanzó su mochila al banco, por encima de la cabeza del azabache para su propia consternación. Sasuke lo había fulminado con la mirada, obviamente. Y había estado tentado de lanzarle su libro a la cara, si no fuera porque valía mucho más que una neurona del rubio. O su nariz.

Hasta ahí, todo bien. Todo normal.

El problema comenzó cuando el rubio decidió acercarse a él.

¡Teme, llegaste temprano! –Sasuke alzó una ceja. ¿No era lo obvio? ¿No llegaba siempre temprano o acaso lo habían cambiado en el camino? Pero como era usual, Naruto ignoró su mirada de pocos amigos y se sentó en la mesa de su propio banco, sonriéndole como si le hubiese pasado algo bueno. Él esperó. Normalmente Naruto no le hacía esperar demasiado cuando quería algo. A lo más se daba unos segundos de importancia, antes de recordar quién era él y simplemente hablaba. –¡A que no sabes lo que pasó ayer!

No tengo idea –admitió. Naruto hizo un puchero.

De verdad deberías comenzar a leer tus mensajes más a menudo, tebayo. ¡Podría aburrirme de contarme lo que te estás perdiendo!

Podrías –replicó él. En realidad, no tendría nada que objetar si aquello ocurría. Tampoco era como si Sasuke necesitara prestarle atención al celular. Solo lo tenía porque Itachi había insistido que era necesario. Sin embargo, Naruto ignoró sus palabras como siempre.

¿Y? ¿No vas a revisar?

¿Qué cosa? –preguntó él. Naruto lo miró como si fuera estúpido. Sasuke frunció el entrecejo.

¡El celular! ¿No vas a verlo? –Incluso parecía impaciente, lo que llamó su atención. ¿Por qué estaría impaciente de que viera el celular? ¿Él ni siquiera recordaba que la clase empezaría en breve?

Estás acá, no tengo necesidad –respondió, haciéndole un gesto de indiferencia. Naruto bufó.

¡La idea era que vieras el celular y mi invitación, antes de que alguien más te lo enviara! –él lo miró con curiosidad. ¿Invitación? ¿Invitación de qué? Sasuke guardó silencio, esperando a que Naruto siguiera con su charla o al menos diera una explicación razonable. Como siempre, después de un par de minutos donde él no sacó el celular ni hizo un gesto de interés en el aparato, el rubio medio explotó. –¿¡Tanto te cuesta interesarte un poco en mis gustos, tebayo?! ¡Se supone que los amigos hacen eso! –¿Qué? ¿Interesarse por las estupideces que tenía en el celular? ¿Encima de todo? Sasuke lo miró como si se hubiese vuelto loco, porque así lo creía; Tener que fingir que lo escuchaba cuando tenía cosas que hacer y cuando la charla de Naruto era incesante ya era una gran demostración. ¿Ahora también debía hacerlo con lo que ponía en su celular? Se obligó a no dar una respuesta mordaz, porque sabía que el rubio estaría fastidiándole todo el día, por lo que prefirió ser un poco empático. Pero le estaba costando.

¿Y qué tiene de importante que no me lo puedas contar, mirándome a la cara? –decidió preguntar, aún reacio de sacar el aparato. Naruto pareció haberlo pensado un poco, antes de sacar su propio celular y mostrarle, lo que a futuro le traería más de un dolor de cabeza.

Un juego. De celular.

Debió admitir que al principio no lo entendió del todo. Aquello era un juego como tantos otros que publicitaban en redes sociales, cuando Sasuke se dignaba a revisarlas. Una estancia o poblado pintoresco que Naruto subía de nivel, ejercito, recursos. Un ninja que parece que lo representaba. Según su punto de vista, sólo era un juego igual a los demás, con un ninja cutre con los ojos pintados parecido al idiota que tenía frente a él. No le llamó la atención en absoluto. Pero Naruto parecía tan emocionado al mostrarle todo, que tuvo que aguantarlo unos minutos más hasta que tuvo la necesidad imperiosa de preguntar.

¿Y?

¿Y qué? Esos son los poderes, tebayo. Puedes comprar poderes con dinero del juego que usas de vender tus recursos. ¡¿A que no es genial?!

¿Por qué me estás mostrando esto? –se obligó a ser más claro, debido a que por más que se lo mostrara no podía ver la razón en ello. Probablemente si no fuera por la cara de insultado del rubio ni siquiera le hubiese importado demasiado. La expresión del Alfa cambió a una sonrisa pedante que se le antojó ignorar o por lo menos molestar, hasta que el profesor de física apareció.

La charla se pospuso al menos hasta el cambio de hora.

Y como para garantizarle el fastidio o al menos hacerle saber hasta que punto llegaba su interés, Naruto comenzó con una charla interminable sobre el maldito juego que consiguió que Sasuke odiara los diez minutos que les tomó cambiar de sala. Y si se hubiese detenido ahí habría sido suficiente pero no, además de tener tatuado en la cara con tinta invisible las palabras 'cabeza hueca insistente', parecía que toda la clase se había contagiado con el maldito juego. Si era culpa de Naruto, Sasuke no lo sabía, pero sospechaba que así era.

¡Y en la clase tenemos una alianza, dattebayoo! ¡Deberías unírtenos teme, hasta Shikamaru lo encontró interesante! –¿Y eso, según su inteligencia, era un parámetro? El omega suspiró. Shikamaru era un vago, así que no contaba. Sólo porque era inteligente Sasuke estaba seguro de que al menos, llegaría a la universidad. Pero seguía siendo un vago. Decidió actuar magnánimamente e ignorar su cháchara el resto del día, por sanidad mental. ¿Funcionó?

Por supuesto que no funcionó.

Ni siquiera un 'cállate' hizo que Naruto cerrara la boca. Y cuando por fin lo logró, llegaba el resto de la clase a comentar sobre un ataque, o un recurso que poco podía importarle pero que revivía el tema ¡Hasta se sacó el ramen de la boca para contestar, por dios! ¡El ramen!

Sasuke ni siquiera se planteó el instalar el juego, hasta que días después el martirio se repitió. Y sólo y porque el fastidio de Naruto llegó a llamar a su casa para que hiciera clic en el enlace de invitación.

Creó un ninja parecido a él, se puso Sasuke –porque no había otro Sasuke, por suerte– y estuvo a un paso de desinstalar el juego maldito, pero resultó ser interesante.

Odiosamente interesante.

Antes de darse cuenta, había perdido cuatro horas de su vida subiendo instalaciones, creando ninjas para el ataque y mejorando a su ninja propio. Hasta intentó atacar a Naruto, por arruinarle la tarde, si no fuera porque le superaba en al menos veinte niveles. Lo dejó durante la cena, pero antes de dormir dejo a sus tropas recolectando, maldiciendo por haberse metido en aquel camino sin salida.

Lo peor de todo era que se había metido en el mismo vicio que su clase y Naruto no paraba de reprochárselo, a pesar de que Sasuke le había alcanzado y no había dudado en atacar su asentamiento para robarle un poco de recursos antes de unirse al famoso clan. Por pura maldad. ¡Se había reído de él por eso! ¡Ese desgraciado! Al menos no había dejado de lado sus deberes y en última instancia, tenía la decencia de no comentar nada sobre el juego durante el día, como hacía el resto. Eso no significaba que no jugara, o que contestara los mensajes, o que admitiera a regañadientes que había alcanzado un grado de interés que rallaba en el vicio.

El maldito juego era interesante y estresante al mismo tiempo, había que admitirlo.

Aquello habría quedado en un nivel normal de vicio y Sasuke se habría aburrido eventualmente si no hubiese ocurrido el suceso.

Él. Suceso.

Esa tarde, el metro se había visto tan colapsado que Sasuke había optado por caminar a su casa. No era lo ideal, pero tendía a evitar las cantidades excesivas de personas que, de todas maneras, lograrían que volviera a su casa a la misma hora que si caminaba a su casa. No había sacado el celular porque no optaba hacerlo en la calle, por lo que estuvo al menos tres horas incomunicado.

¿Qué haces acá tan temprano? –preguntó al llegar. Itachi se encontraba echado en el sillón a lo largo, mirando la televisión con una actitud despreocupada que pocas personas le conocían. Su hermano le dirigió una mirada divertida.

¡Tienes que ver esto! –exclamó, sentándose casi de golpe. Sasuke alzó una ceja, dándose el tiempo de dejar el bolso encima de la repisa de entrada antes de acercarse a él. Su hermano alzó el celular en cuanto Sasuke estuvo a la vista. –¡Alguien se hace llamar como tú en este juego! ¿Puedes creerlo? –La cara de Sasuke comenzó a ponerse pálida. Pero su hermano mayor, pendiente del celular más que de él, no pudo notarlo –¡Lo saqueamos inmediatamente, así como a todos esos idiotas de 'Konohagakure'! ¿Puedes ver lo gracio… Sasuke?

Sasuke se volteó y fue inmediatamente hacia su celular, con diez llamadas perdidas de Naruto y una cantidad de mensajes obscenas. Pero eso no importaba. No en el momento. Abrió el juego esperando lo peor, encontrándose con sus tropas masacradas, su cuartel ardiendo y sus recursos… ¡Sus recursos! ¡Vaciados completamente! ¡Aquel maldito!

… ¿Sasuke? –El azabache no hizo nada más que mirar al celular y alternativamente a su hermano. Y probablemente, muy probablemente, tenía una mirada de odio tal que la expresión de diversión de Itachi se deshizo de su rostro. –¿Era tu personaje? ¿Estaban jugando realmente…?

Había maldecido rosarios completos en nombre de la sangre de su sangre. Aquel traidor a Konoha… no. A Konohagakure. Su pequeña y poderosa aldea ninja, azotada por el bastardo de Itachi y sus amigos. Sus enemigos.

No puedes estar enojado por eso ¿no? –Sasuke lo fulminó la mirada mientras comprobaba sus daños. Le tomaría días volver a estar en el estado en el que estaba y aún así no sería en un cien por cien. Itachi lo miró con curiosidad mientras el omega planeaba la muerte paulatina de aquellos idiotas por atreverse a atacarlo. ¡A él! ¡Al segundo más fuerte de su clan!

Me voy a vengar… –susurró. Pero no en voz tan baja como para que Itachi no lo escuchara.

Claro que no –bufó su hermano en respuesta, encogiéndose de hombros como si el saqueo de su cuartel y la muerte de sus tropas fuese un paseo de niños. Como si su esfuerzo no valiese nada. Su hermano se acercó y le golpeó la frente con los dedos, un gesto que siempre le hacía sentir un niño –porque te falta odio, Sasuke. Jamás podrás odiarme como para eso y lo sabes –Sasuke se quedó refunfuñando con una de sus manos sobándose la frente mientras Itachi caminaba descuidadamente a la cocina, olvidando que si había algo que caracterizaba al menor de los Uchiha era lo bueno que era para acumular rencor, y la persistencia que tenía para lograr sus objetivos.

Sobre todo lo del rencor.