Hoy me han tirado la sugerencia afectuosa (dado el origen del comentario) que en realidad debería enfocarme en crear algo original más que pasar mi tiempo imaginando para un fandom ya establecido. Y si, tiene razón. Pero tengo tanto mundo creado en las historias que sigo, que me es imposible por ahora crear algo completamente nuevo sin caer en ese angustioso y fastidioso periodo creativo donde quieres controlarlo todo pero realmente no puedes. Quizá es porque simplemente no lo he intentado con bastante fuerza.
De todas formas, Here we goooo
Cena
...
El problema era obligarlo a asistir a casa con él.
Estuvo toda la tarde pensando en cómo lo haría. Normalmente Naruto se invitaba sólo a su casa. Sobre todo cuando comentaba la cena que haría en voz alta, o terminaba adivinando debido a los cupones de descuento. O lo que compraba en el supermercado. Y era tan bueno en eso, que Sasuke había considerado el sugerirle que participara en un programa de concursos. Cosa que descartó cuando se percató que aquel memo sólo adivinaba cuando se trataba de él.
Sasuke sabía que no había ninguna lógica en sentirse nervioso por eso. Era una cena normal, por amor de kamisama. Y era Naruto. Pero haberlo olfateado de forma tan cercana le hizo sentirse extraño. Y era una sensación que no se había ido de él en todo el día.
Cuando las clases terminaron y fue hora de irse a casa o a algún club, los nervios de Sasuke no habían amainado. Todo lo contrario. Y le fastidiaba el sentirse así por algo tan simple. No sabía si su aroma podía reflejar aquello o no, pero cuando la mirada interrogante del rubio se topó con la suya supo la respuesta. Y le hizo maldecir internamente.
–Teme… ¿Estás estresado? –preguntó Naruto, sacándolo de sus pensamientos. Sasuke hizo una mueca.
–No ¿Por qué lo estaría? –gruñó en respuesta. El rubio alzó una ceja y se cruzó de brazos. Sasuke quiso golpearlo sólo por ser el motivo de su estrés. Intercambiaron miradas fulminantes durante un minuto, hasta que el rubio terminó suspirando.
–Oye, teme supuestamente no estresado. ¿A que no sabes la foto que hoy me llegó? –anunció, esbozando una sonrisa mientras se levantaba del asiento y recogía sus cosas. Sasuke hizo lo mismo, encogiéndose de hombros con indiferencia. Seguramente se trataba de alguna de esas imágenes que Naruto encontraba graciosas y él sentía que bajaban su coeficiente intelectual.
–¿Me importa? –
–¡Oh vamos! Al menos muestra algo de interés. Es la chica de la azotea. La rubia –replicó el rubio, como si hubiese sido un gran acontecimiento. Pero fuera de subirse a la escalera, casi matarse, y lanzar flechas hacia un blanco que él no pudo ver, ella no hizo gran cosa. ¿Porqué estaría tan interesado en esa fotografía? Sasuke le miró con sospecha. Pero Naruto estaba demasiado concentrado en el celular, en buscar la fotografía como para prestarle atención –Suigetsu me lo envió, tebayo ¿A que no es memorable? –
–No tuvimos nada que ver con eso, te lo recuerdo –replicó él. Aún así se acercó a Naruto y prestó atención a la fotografía un momento. La rubia se encontraba de perfil, con una expresión de triunfo que no se la podía en el rostro, mientras el resto la empujaba para que no se cayera o se bajara de ahí. Qué importaba. Pero inmediatamente el olor del rubio le llegó a la nariz y le hizo sentir menos estresado. Él suspiró. ¿Porqué tenía que ser precisamente él quien le hiciera sentir mejor? ¿Había algo más patético?
Naruto, como siempre ignorante de sus pensamientos, se limitó a pasarle un brazo por encima del hombro y se guardó el celular. Sasuke le instó a avanzar hacia fuera del salón.
–Eso no importa, dattebayo. Es algo que podré contarles a mis nietos –
–¿Si no te vuelves senil antes de los treinta? –Contraatacó con malicia. Naruto se echó a reír, sin embargo, empujándolo con el brazo que no le sujetaba. Sasuke esbozó una sonrisa minúscula sin evitar pensar, que todo estaba bien en el mundo en ese momento.
El momento duró poco, sin embargo.
Justo cuando cambiaban sus sandalias por zapatos para poder irse a casa, Sasuke pudo ver a Hinata Hyuga esperando en la puerta. Corrección; pudo oler a Hinata antes de verla. Quizá porque el olor a girasoles había quedado tan grabado en su memoria, o porque aquel aroma parecía especialmente fragante, que en cuanto pasó por debajo de su nariz dejó un momento lo que estaba haciendo. Y arrugó la nariz. Naruto, al ver su rostro, levantó el rostro y miró hacia la dirección en la que él miraba. Sasuke se apresuró a volver a lo que hacía, sin evitar estudiar cuidadosamente la reacción del otro chico.
Cuando Naruto se pasó la mano por la frente, Sasuke sospechó que el que ella estuviera ahí tenía que ver con él.
Odió llegar a esa conclusión.
–Ahm, teme… –murmuró el chico, rascándose la nuca. Sasuke deseó tirarle el cabello y darle un golpe. En cambio, se limitó a enfriar su reacción y tratar de mantener el genio. No pretendía bajo ningún concepto que Naruto se percatara de su molestia. Sería humillante.
–Hay que ir a casa –replicó él, sonando tranquilo. Se deslizó por entre medio de los casilleros y le hizo un gesto de saludo a uno de los tipos de su ex club de kendo, antes de pasar por las puertas de entrada. Por decencia y porque, ella no tenía la culpa de que a Sasuke le desagradara su olor junto al de Naruto, la saludó. Y luego siguió caminando como si no se hubiese percatado de aquella… de aquella cita. Hizo un pequeño gesto de molestia.
–¡Teme, espera ttebayooo! ¡Es que hoy quedé con…! –
–Debo comprar solomillo de cerdo. Y fideos –le interrumpió él. No había ni alcanzado a dar dos pasos fuera de la escuela antes de que Naruto le interceptara. El rubio cerró la boca y pareció pensarlo un poco.
–¿Tienes setas shiitake? –preguntó con curiosidad. Sasuke esperó silenciosamente unos segundos, sólo por hacerse el interesante, y asintió.
La expresión de Naruto fue, en pocas palabras, épica.
–¡Inviiiitame! ¡Inviitame, tebayo! ¡No puedes hacer ramen y no invitarme! ¡No puedes ser tan bastardo! –chilló en voz alta. Los chicos que pasaron al lado de ellos hicieron una risita, ante tanto dramatismo. Sasuke alzó una ceja, aplaudiéndose internamente por haber esperado al último momento. A pesar de que le dio un manotazo a Naruto para que dejara de tironearle el brazo y le hizo un gesto fulminante, se encogió de hombros.
–¿No que habías quedado con alguien? –En la vida había manipulado tanto a alguien. Corrección: en la vida había manipulado tanto a Naruto para frustrarle los planes. Normalmente le importaba bastante poco irse solo a su casa. Hace un par de años, si Naruto hubiese quedado con alguien; Sasuke simplemente habría hecho la cena sin contarle lo que cocinaba. Aunque luego lo llevara de almuerzo y hubiese terminado compartiéndolo con él. Pero aquello le había molestado tanto, que lo había usado como último recurso. Se consoló a si mismo sabiendo que había pensado invitarle a cenar de todas formas. Si, era eso. Porque odiaba la alimentación del rubio y había querido hacerle comer algo decente.
Era una buena excusa, en realidad.
–¡No, no! ¡Ya mismo lo arreglo, pero tu no te vas sin mí, ttebayoo! –
–Comenzaré a caminar –dijo simplemente. Sasuke no alcanzó a alejarse de la escuela antes de que Naruto le diera alcance. Y el olor a girasoles era tan pequeño, que se lo perdonó. Sobre todo cuando el rubio le pasó el brazo por encima con una alegría que se notaba en su aroma.
Y le gustó ese olor.
