Capitulo IX

En casa

Terry

Espero que cuando te hayas despertado no describas la palabra insensata, pero creo que lo hemos hecho por tu bien. La situación con mi familia política es terrible, por lo que es mejor que te hayas quedado en tu casa, en Italia. Te pido que no contactes a Benedetti. Espéranos a que alguno de nosotros se contacte contigo, te lo pido encarecidamente que tú no lo hagas.

Candice

Un sencillo y escueto mensaje, que de nada me servía, lo hice bola y lo aventé a cualquier lado, me quedé dormido en su cama, esperando que fuese más de lo que esperaba cuando una llamada entró a mi celular, abrí los ojos y ahí estaba a una hora inconsciente, 3:50 de la mañana.

¡Hola! - me saludó cuando contesté, estaba abierta la línea.

¡Mmmm! - respondí como saludo.

No uses mi nombre. ¿Cómo estás? - cuestionó.

Tú dime, ¿cómo debería de estar? - le pregunté intentando adivinar que me diría.

No te enojes, lo hago por tu propia seguridad. ¿Estás bien? - se atrevió a preguntar cuando no estaba del mejor humor.

No, imagínate ¡cómo estoy! - exclamé con rencor.

Lo siento, porque no entiendes que es lo mejor para ti - me dijo insistente.

¿Cómo puede ser que sea lo mejor para ti? ¡Explícamelo! - quería saberlo, debía hacerlo.

Estoy acostumbrada a no llamar la atención, ¿recuerdas? - me explicó ella.

Dime ¿dónde estás? - le pregunté como si nada.

No puedo - repitió ella.

¡Por Dios, Candice! Dime, ¿por qué no te dejas ayudar? - pregunté reacio a darme por vencido.

Porque no puedes ayudarme, pondría en peligro tu vida, suficiente tengo con culparme por la de Bert y la de mi hija….tuve una hija y la perdí. ¿No dices nada? - me preguntó, algo que yo ya sabía.

¡No, debo decir algo! Que me no me quieres a tu lado... ¡pues bien, ya no estaré más en tu vida, si eso es lo que prefieres! - le respondí con decisión... obviamente eso se desinflaría con su respuesta.

Lo siento, pero no tomaré partido en esa decisión, si tú lo quieres así, así será - respondió con tranquilidad.

¡No lo haré, maldita sea, Candice! ¿Por qué tanto misterio?- reventé como si fuera un chícharo, me la vivía cuestionándola, por que cuestionarla tanto, no podía decirme todo de un jalón, para variar.

Porque así me aseguraré de no dejar cabos sueltos. ¡Compréndelo! - me exigió, soltando un suspiro.

¿De cuánto tiempo disponemos? - decidí no discutir más.

Cinco minutos, si acaso - respondió haciendo un ruido de dolor que quise dejar pasar.

Platícame, ¿me has extrañado? - le pregunté.

¿Me has odiado? - me regresó la pregunta.

Evitando contestarme - respondí con algo más que burla.

Es tu sueño dorado… - ella me devolvió la respuesta con ironía.

Tienes razón, ese es mi sueño dorado, pero no con esta situación, si no tú conmigo - confesé más de lo que quisiera haber dicho.

¿Te has enamorado de mí? - preguntó ella con... ¿lástima?

Siempre tan ¿pretenciosa? - me defendí, lo que menos quería de una mujer, era su lástima.

No deberías hacerlo. Mi vida ahora es…complicada - se corrigió, pensando en que siempre lo había sido desde la vio... desde esa dura época.

Y ¿cuándo no lo es? Te encanta ser admirada por los hombres y crear fuego entre ellos entonces - .

¡Culpable! ¿La piromanía es un… delito? Con que te has dado cuenta, pero en serio, será mejor que lo olvides - esa ya era la cuarta advertencia, los demás me la habían hecho por alguna razón, ella estaría enamorada de alguien y por eso me pedía alejarme.

No puedo, he tratado de sacarte de mi mente y no puedo, ya ni siquiera tengo tiempo para los negocios, no logro concentrarme - rebatí, no podía dejar de pensar en ella y esa era la verdad. Aunque a ciencia cierta no supiera ¿por qué lo hacía?

Veo que no te convenceré, de lo contrario - titubeó de inmediato.

¡No, no huirás! ¡Otra vez! ¿O si? - pregunté, no soportaría no volver a verla.

No... - respondió guardando un profundo silencio.

¿Cómo está, William? - decidí cambiar de tema, esto se estaba volviendo incómodo.

Mejor, tiene fracturada una pierna, pero ¡salió vivo! - exclamó alegre.

Y ¿Anthony? - le pregunté a sabiendas de que estaría allá con ella.

No está aquí, sólo lo vi un par de horas y se fue nuevamente con un detective - mencionó.

¿Debo preocuparme? - me quise ahorcar otro poquito.

No lo sé, ¿te quieres preocupar por algo que no sé? Debo irme, mi suegro tiene que dormir, ha estado muy inquieto hoy - intentó despedirse.

Bien, espero que te cuides - le recomendé.

Adiós, Terry - se despidió de mí.

Hasta pronto, Candice - yo hice lo mismo pero con una frase que inquiría algo distinto.

Me quedé pensando, que es lo que haría Candice en esos días, ¡por qué la premura de permanecer allá tanto tiempo? Eso no lo sabría porque en efecto, ella tenía una barrera impenetrable. No le había preguntado siquiera por la lesión de su pie, pero al parecer éstas dos semanas hubieron sido suficientes para que ni ella ni yo nos quejáramos. De un momento a otro, me quedé profundamente dormido.

Mientras eso me sucedía a mí, en algún lugar de San Petersburgo...

¡Hola, joven Andley! - lo saludó con un apretón de manos.

¡Hola Segereiv! ¿Qué tenemos? - cuestionó Sergereiv.

Su primo Niel, no está en ninguna parte, pero de buena fuente se que la está vigilando y sabe también donde se encuentra - contó el detective.

Debemos reforzar la vigilancia, debo hablar con mi padre para que se despida de ella, aquí corre un gran peligro - respondió Anthony, comentándolo.

Lo sé, haremos eso que dice y después le aviso de lo que acontezca. ¿Puede contarme que sucedió con su padre? - preguntó él.

Claro, cuando le conté a mi padre lo de mis sospechas, ya no pudo dormir más, se levantó y fue a dar de vueltas a la biblioteca pensando qué hacer, de algún modo sabía que Niel no se quedaría muy contento con lo que estaba ocurriendo con su familia y él y más cuando se diera el contrato con Grandchester. Así que sin pensarlo, mi padre se fue a Rusia y apenas hubo llegado, sin haber dormido más que en el vuelo y muy mal, tomó su moto aumentando la velocidad para llegar a Samara con mi tío y enfrentar a Niel, pero al no haber dormido, le afectó a la hora de controlar la moto y se estrelló en la carretera contra un árbol, mi padre salió disparado y horas más tarde, lo encontró alguien que pasaba por ahí al ver partes despedazadas de una moto. Lo demás ya lo sabe - terminó de contar Anthony.

Lo que no me cuadra mucho, es ¿por qué estaba Niel en el hospital? - el detective sacó a relucir esa cuestión.

Eso es lo que usted me contó, por algún motivo Niel sabía que Candy vendría, mi padre la adora y debió escucharlo en el hospital, llamándola - aseguró el rubio.

Bueno joven Andley, me iré y haré lo acordado - el detective se despidió.

Gracias Sergereiv, seguiré investigando - declaró Anthony.

De igual forma lo hare también - respondió Sergereiv, dándole la mano a Anthony

Días más tarde, volví al departamento de Candice y me quedé en la sala observando el atardecer, era verdad, el sol daba un sentimiento cálido cuando resplandecía en las mariposas, era tan cálido que comenzó a adormecerme y me hubiese quedado dormido si no hubiese escuchado el ruido del pasador de la puerta, me asomé, volteando la cabeza y Benedetti se apareció, estaba dejando unas cosas en el pasillo, luego las maletas y por último cargaba a Candice que se encontraba profundamente dormida, con una pierna enyesada, el brazo derecho con cabestrillo y un tapabocas. De un brinco me levanté, asustado a muerte, pero eso sí, tomándola de los brazos de Benedetti, sin poder creérmelo y viéndolo desafiante, me la dio sin más.

¿Qué le pasó, Benedetti? - le pregunté cuando entraba con ella en sus brazos.

Terry, ¿qué haces aquí? Espera voy por unas cosas y te cuento, ¡no la despiertes! - me advirtió.

De acuerdo - respondí cuando se fue, acomodándola en la cama de su habitación.

Me senté frente a ella, le acaricié el rostro y segundos después entró Mickael con un montón de sobres.

¡Terry, ella está bien! - me aclaró cuando dejó unos sobres en algún lugar del vestidor.

Tengo mis dudas... - lo miré, ocurriéndoseme una idea. Mickael, ¡déjala a mi cuidado! ¡Me da miedo que le pase algo más...! - exclamé indicándole que la pierna y el cabestrillo eran ya dos cosas que no tenía cuando ella huyó de aquí.

Pero... - Mickael intentó poner algún pretexto.

Por favor, es más déjala al cuidado de mi madre, por favor - le pedí conscientemente.

Bien... - lo valoró, Irina se había ido con ellos y tardaría en volver. Tendrás que llevártela así y esperaremos a que despierte en tu casa - refirió yendo por otra maleta que comenzó a llenarla de ropa, lo más indispensable.

Bien, pero me contarás ¿qué sucedió? - advertí.

Sí, sólo deja que me lleve algo de ropa y estaremos más que dispuestos a ir a tu casa - expresó Benedetti.

Bueno, mamá ¿estás en mi casa? - le pregunté entusiasmado con la idea.

Sí hijo, ¿sucede algo? - preguntó asustada.

No... sí, ¿puedes preparar una habitación? ¡De preferencia la mía! - solicité sin tomar en cuenta mi estado de ánimo y mi futura incomodidad.

¿Por qué? - me preguntó curiosa.

Benedetti me pidió un favor, quiere que tú te quedes con el cuidado de una chica a la que maltrataron... - me quedé sin aliento cuando dije esa mentira, cayendo en cuenta de que el pie que se suponía que estaba lacerado, se hubiera convertido en una pierna enyesada al cien por cierto y más cuando estaba acompañada de un cabestrillo.

¡Por Dios! Ella, ¿está bien? - me preguntò cuando me di la vuelta para mirarla, lo que antes era una sonrisa, ahora era enojo, Benedetti me había mentido y ella...también lo haría.

Sí, pero no tiene a su familia aquí, ¿puedes ayudarme con eso? - pregunté cuando Mickael entró a la habitación.

Si hijo, tráela y adaptaremos una habitación - me respondió.

Gracias mamá, estaremos en unas horas ahí - aseguré colgando después de que mi madre me deseara lo mismo.

De nada Terry, te veo en unas horas, entonces - me deseó y colgó. Me quedé pensativo cuando Benedetti se colocó del otro lado de la cama, lo volteé a ver y con una mirada extraña, asintió.

No estás tan errado, sí, efectivamente, Niel atentó contra Candice, la aventó al paso de un auto, pero sólo se lastimó el brazo y ya tenía lastimado el pie. ¡Así que sólo, se lo enyesé! - me confirmó mi peor temor.

¿Por qué no me lo dijo? - le pregunté aguantando las ganas de... ¿llorar? Sí de rabia, impotencia y ay no podría estarme pasando esto.

No lo sé, Terry, pero puedes preguntárselo cuando despierte - sugirió él cerrando la maleta y colocándola al lado de la puerta. Le daré algunas instrucciones a Marie y Eleonor, permiso - me avisó cuando terminó y comenzó a marcar el número de mi casa, saliendo por la puerta hacia la estancia.

Gracias, algún día te lo pagaré - resolvió Benedetti colgando el teléfono cuando llevé la maleta hasta la puerta del ascensor.

Regresé sobre mis pasos y la cargué hasta el elevador y el portero me ayudó a meterla a la limusina mientras Fred cargaba sus cosas. Cuando llegamos a la mansión, era de madrugada, mi madre nos recibió en una habitación cerca de la cocina y del baño de visitas, había adaptado todo muy bien, para eso se tenían ciertas ayudas y mi madre podría contratar a quién quisiera para todo lo que se debería de hacer.

Su habitación no está arriba, adaptamos una aquí abajo, le gustará y le quedará más cerca de todo - informó mi madre, recibiéndome.

Gracias, pero pienso que no debiste molestarte tanto mamá - respondí meditabundo.

No hay de qué hijo, ¿aún duerme? - me preguntó cuando la vio sobre mis brazos.

Sí y lo estará hasta mañana por la mañana - le respondió Benedetti dejándola sobre la cama y echándole una frazada encima.

¿Por qué? - quise saber.

¡Está sedada, Terry! - me explicó tomándole la temperatura.

¡Otra vez, ¿cómo puede ser eso, Benedetti?! - exploté con todo lo que tenía adentro, asustando a todos.

Tiene acrofobia, Terry y para que no cometa una locura, debo sedarla - rectificó la información notando que paciencia ya no tenía.

¡Increíble! Y... ¡eso me dices ahorita cuando casi se mata hace tres semanas! - reprendí fuertemente a Mickael.

No se me ocurrió esa vez, Terry. Pensé que lo sabías o me quieres decir que no lo has averiguado - respondió riéndose con todo lo que él tenía que reprocharme. ¡Maldición Terry! Sólo estás complicando las cosas y si sigues así, estarás cometiendo muchos errores - me advirtió.

¡Cómo tú los hiciste! - reclamé.

¡No, mucho peores! - exclamó él, mofándose.

Mickael tu eres mi amigo, ¿a quién le debes lealtad? ¿A ella o a mí!

¿Lealtad? No puedo creer que me des a elegir...bueno pues prepárate, sí, te tengo más lealtad a ti, pero... protejo todos sus secretos médicos, sabes ¿qué me pasaría si la CIEM descubre lo que he hecho? ¡Es antiético que hagas esto! - me reclamó.

¿Por qué? ¡Qué rayos sucede aquí, Benedetti! - lo hostigué.

¡No te lo puedo decir! ¡Te lo he dicho mil veces! ¡No puedo hacerlo! - me gritó por primera vez, mi amigo había perdido el control.

¡Rayos, Benedetti! Sabes, hay algo que no me encaja aquí. ¿Qué hacia Niel lastimándola cuando tiene guardaespaldas las 24 horas? Eso hace deficiente su seguridad ¿no? - justifiqué mi observación.

Niel ya estaba en el hospital cuando ella llegó - me notificó.

Y ¿cómo se acercó a ella? - pregunté para variar.

No lo sabemos, solo debes saber que está bien - me aseguró pensando que con eso me dejaría tranquilo.

Sabes que averiguaré cualquier cosa - lo amedrente.

No lo harás, no puedes, además todo este interrogatorio es innecesario, conmigo no obtendrás nada por más que le des vuelta a todo lo poco que te cuento o al menos que estés celoso de que conmigo sea más abierta que contigo - resolvió Mickael atacándome.

¡Oh por Dios! Mi gran amigo Benedetti, está poniéndose a la defensiva... - me burlé de él.

Debes entender algo, mi amistad con ella es tan profunda como si lo fuera con un hermano, ya no tengo amor de hombre por ella, así que deja de buscarle tres pies al gato - me advirtió tomando su maletín.

Pero bueno, puedo darte una pista, qué te dijo Marie cuando despertaste el día que nos fuimos y que te dijo Candice cuando te habló, al inicio. Buenas tardes, Grandchester - enojado mi amigo se fue. Eleonor, Marie, permiso - hizo lo mismo con ellas, pero se limitó a su parte seria.

Adelante Mickael, me saludas a tu padre - deseo mi madre.

De su parte Eleonor, adiós - se despidió saliendo por la puerta.

¡Qué fue eso, hijo? - le preguntó Eleonor que no entendía la actitud que tenia Terry con el que fuera su mejor amigo.

¡Quiero estar sólo unas horas! ¿Puedes encargarte de ella Marie? - le pregunté a mi nana, estaba furioso, sentido y la mirada gélida que me dio Benedetti antes de irse no era buena ni para él ni para mí. Algo estaban guardando y cada que avanzaba en esa idea, algo me decía que no debía de seguir por ese camino.

Sí, mi niño, nosotras nos encargaremos de eso - Marie aceptó y tomándole el brazo a Eleonor vieron como Terry subía las escaleras, pensativo y triste.

Era definitivo, lo que Robert me contó fue sólo una parte, pero que había escondido detrás de todo esto, para mi mala fortuna debía descansar, para acordarme de todo eso que Benedetti no pudo decirme. Salí inmediatamente de mi habitación buscando a Marie en la cocina.

Nana, ¿recuerdas nuestra plática en el apartamento de Candice? - le pregunté mientras me servía un té.

¡Sí, mi niño! ¿Por qué? - respondió sin mas colocándome la bolsita de té en la taza.

¿Qué cosa te dije? - cuestioné lento y discreto.

Pues nada... que temías por la chica porque hubiera represalias por parte de su familia... me soltó.

¡Represalias...! ¡No uses mi nombre...! Niel la aventó y apareció en el hospital... ¡Sólo se lastimó un brazo! - salí corriendo de la cocina, dirigiéndome a su habitación, descoloque su brazo del cabestrillo buscando magulladuras, todo esto fue demasiado para mí, ahí estaban y eran recientes, me dejé caer a su lado, sintiendo que el aire me abandonaba, pensando lo peor cuando sentí la presencia de Marie que me estaba observando me preguntó.

¿Qué pasa mi niño? - me preguntó rápidamente al verme tirado en el piso.

Nana, puedes cambiarle la pijama a Candice, esa maleta es suya y... puedes ver si tiene magulladuras, moretones, cortes o algo y en ¿qué parte del cuerpo...? - le solicité saliendo de ahí.

¿Qué cosa dices? - preguntó cuando me detuve en el quicio de la puerta.

No me preguntes nada nana, estaré en mi despacho - le dije, saliendo y al entrar a la biblioteca me derrumbé detrás de la puerta. Si ese maldito la había tocado lo buscaría hasta por debajo de las piedras y lo mataría personalmente, comencé a maquinar qué hacer cuando fui interrumpido por mi nana.

¡Mi niño! - Marie en ese tiempo estuvo muy callada y después de media hora entró a la biblioteca. ¡Niño Terry, venga! - me jaló enfrente de un libro de anatomía. La señorita tiene magulladuras en los brazos, un moretón grande en el omóplato derecho, un moretón en la nuca, unos cortes debajo de la oreja y... - se detuvo, hasta que ella se relajó lo suficiente.

¿Y? - insistí a que no se detuviera.

Una mordida en el hombro... - soltó ella.

¿Mordida? ¡Mordida, mordida...! No, no, no es una equivocación - exclamé sin fuerzas.

También tenía esto alrededor del brazo... - mi nana me dio una cinta que decía Dimitri Lavrov R.I.P.

No podía estarme pasando esto, ¡qué más tendría que soportar para ese día! Si algo grande pasaba en Rusia, probablemente los periódicos lo tendrían, así que llamé a Fred.

¡Fred, ven aquí! Estoy en la biblioteca - alcé la voz aunque creo que le grité.

Señor, ¿qué pasa? - me preguntó alterado y sacando su arma cautelosamente.

Busca en la red, noticias sobre un ataque a los Andley o a...a Dimitri Lavrov, su guardaespaldas - referí pidiéndole con la mirada que guardase el arma que eso era ya muy exagerado.

Sí señor, Marie - Fred se llevó a mi nana e hizo le que le pedí.

¿Qué piensas, Terry? - se asomó por la puerta mi madre.

Que quiero matar a ese imbécil por haberla tocado. Nympha, ¿tienes el teléfono de Anthony Andley? - le pregunté ansioso.

Sí señor, espere - me pidió un momento para que lo buscara en su directorio.

¿Madre, puedes dejarme sólo? - le solicité sonriendo para que se fuera tranquila.

Sí mi amor - se despidió y salió por la puerta.

Gracias Nympha. ¿Fred has encontrado algo? - le pregunté por el interfon que comunicaba nuestras oficinas.

Sí señor, lo que encontré fue que Dimitri Lavrov falleció hace semana y media por impacto de bala en el tórax, ¿puede venir a mi oficina?

Voy para allá - le respondí saliendo de la biblioteca y yendo a la suya.

Observe, esa foto es de una revista, pero en ésta se ve a una mujer arrastrándose y dirigiéndose a él, ya muerto y llorando. En esta otra, la policía y otro grupo de guardaespaldas conducen a ésta misma mujer a una ambulancia. Más adelante, en el cementerio alguien en silla de ruedas se acerca a los dolientes, la revista dice que han indemnizado a la familia por la muerte del guardaespaldas - me explica a detalle, sólo que la mujer en cuestión no se logra distinguir muy bien.

Espera, haz una limpieza de esa foto - le pido tranquilizándome.

Sí señor, espere. Ya está, ¡es la señorita Candice! - exclamó Fred y en ese momento fui rápidamente hasta su lugar.

Lo sabía, ¿Anthony? - cuestioné al marcar el numero que me había proporcionado Nympha.

Terrence, ¿sucede algo? ¿Ella está bien? - ahora era él quién me lo preguntaba.

¡Por supuesto que está bien! Bajo el cuidado de mi madre y así permanecerá por mucho tiempo - le aseguré tomando en cuenta de que se le oía preocupado.

De acuerdo - respondió silábico.

Dime Anthony, ¿qué sucede? ¿Lo ha vuelto a hacer? - le urgí que me explicara.

No, lo intentó, pero Dimitri se lo impidió y Niel lo mató - me explicó en corto.

Entonces ¿por qué se quedó en Rusia tanto tiempo? - quise saber para despejar mis dudas.

Porque amenazó con matar a mi padre, así que hasta que no se contrataran nuevos elementos y se verificara lo de la seguridad, no podía moverse, Niel la tenía vigilada, Candice ha estado viajando durante tres días, parece que lo hemos conseguido, no los ha seguido hasta Italia - refirió él tomandoselo muy enserio. Dimitri antes de morir, declaró que Candice fue sorprendida por Niel en los sanitarios, de ahí se la llevó a la calle, donde la colocó en una pared de espaldas, la mordió en el hombro y le hizo varias magulladuras, después cuando estaba por quitarle la ropa; él lo interceptó y separó de ella, pero en la pelea Candice pudo levantarse y se interpuso entre Dimitri y Niel. Candice se había olvidado de su pie, seguía lacerado, se le dobló, perdiendo el equilibrio y Dimitri observó que Niel traía un arma, así que decidió empujar a Candice donde por otro poco y la atropellan si no llegó para quitarla de ese camino, Dimitri se fue encima de Niel, pero desgraciadamente por lo cerca que se encontraban él le disparó a Dimitri, ni el chaleco pudo salvarlo. Unas horas después falleció y Candice le dio todas las facilidades a la familia - explicó detalladamente.

¿Y Niel? - le pregunté aliviado de que solo haya sido un susto.

Escapó, el detective que investigó el caso de mi hermano y el de la hija de Candice está averiguando dónde está, es por eso que ella tuvo que salir desapercibida y estamos seguros que Niel la tenía vigilada aquí, en San Petersburgo - me dio la mala noticia.

Anthony, lo que me estás queriendo decir es que debo de tener guardaespaldas - comenté raudamente.

Lo dejo a tu consideración, en Lacio tiene cuatro guardaespaldas, su otro departamento tres y ella como seis, ¡crees que esa sea suficiente seguridad! - exclamó espontáneo.

Por si las dudas contrataré algunos cuantos más, ¿hay algo más que deba saber? - pregunté como no queriendo saber nada más, solo por cortesía.

Sedamos a Candice antes de subir al avión, procuremos que esto se mantenga entre nosotros y que Niel cometa un error - respondió enigmático.

¿Me tendrás comunicado de todo lo que pase por allá? - cuestioné.

Lo tendré, pero quiero que quede claro que esto lo hago para protegerla a ella, no para quitarme del camino - eso era más que evidente, lo que le importaba a él tanto a mi era precisamente eso, su seguridad, de lo otro me encargaría en su momento.

Lo sé, no esperaba menos de ti, hasta pronto - corté maldiciendo.

¡Hasta pronto! - susurró él, cortando la comunicación.

Fred, creo que debemos de llamar a Christos Cosomo, avísame cuando haya llegado - le pedí a Fred yendo y viniendo por el pasillo.

Sí señor. Señor Cosomo, me ha pedido el joven Grandchester que me comunique con usted y su equipo, él le quiere encargar un trabajo - aseguró Fred.

¿A quién tenemos que matar? - cuestionó el señor Cosomo.

A nadie, tienen que proteger a... - se interrumpió ya que no sabía si proporcionar el nombre.

¿A quién, señor Beppo? - insistió el señor Cosomo poniéndolo nervioso.

A... - titubeó nuevamente, cuando me vio entrar a su oficina y pedirle el teléfono, este tipo de interrogatorios me parecían de mal gusto.

Pásamelo Fred, señor Cosomo, los llamo para que se encarguen del cuidado de mi mujer, ¿alguna pregunta más? - solté cuando ellos insistían en las condiciones del trabajo.

No señor, estaremos ahí mañana por la tarde - me aseguró y colgó.

Gracias, esto debe quedar entre nosotros Fred y por favor habla con Marie - le pedí despidiéndome y al salir de allí, quise nadar un poco para despejarme, así que me dirigí a la alberca de la casa.

Si señor... - acató la orden y se puso a leer más sobre ello.

Continuará...