Traje
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Cualquiera pensaría que correr cuesta abajo sería sencillo, si sólo te dejas llevar por el viento. Pero él tenía que:
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1. Tratar de ir a la velocidad de otro niño que le tiraba de la mano. De la mano, que corría en zigzag como si no pudiese correr derecho.
2. Debido a lo primero, debía esquivar personas, animales o plantas que se les pusiera en su camino. Cosa nada fácil cuando tenías cuatro y piernas cortas. Y eso lo irritaba.
3. Huir del vecino más pesado de su barrio, quien no parecía cansarse de seguirles –¡¿Cómo, a esa edad?!–.
4. Tratar de no avergonzarse de lo primero y no asustarse de lo último y encima… ENCIMA…
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Debía no verse desaliñado. Porque él era un Uchiha. Y su papá siempre le repetía que los Uchiha debían verse y portarse bien. Sasuke no tenía idea qué opinaría su papá si llegaba a enterarse de lo que había sucedido –Si llegaba. Sasuke daría todo de si para que esto no pasara– pero ciertamente no estaba haciendo cosas dignas de su apellido.
Ahora mismo, estaba demasiado ocupado para pensar demasiado en eso.
Corrieron por el distrito comercial, mientras los gritos de la gente no cesaban. Gritos de personas que pisaban o empujaban al tratar de esquivar, gritos del vecino quien agitaba el palo que traía como si realmente fuera a usarlo con ellos. No importaba realmente. Sasuke notó que Naruto estaba demasiado asustado para detenerse o pensar, lo que no ayudaba en nada. De partida, Sasuke ni siquiera sabía porque estaban corriendo y él no iba a darle una explicación.
Bueno, tampoco es como si él supiera que hacer en estos casos.
Pero estaba cansado, se sentía sudado y sucio, por lo que sacudió como pudo el brazo del otro niño para llamar su atención. Algo que no funcionó y sólo sirvió que el otro niño apurara el paso.
–¡Dobe! –Decidió gritar cuando el rubio simplemente lo ignoraba. Optó por sacudir su brazo una vez más y jalar lo más que pudo. Al menos eso tuvo efecto; Naruto se detuvo y le miró ceñudo.
–¿¡Qué!? ¿No vez que nos va a alcanzar, Teme? – ¡Y le volvía a decir teme! Sasuke arrugó el entrecejo, tironeándole otra vez. Pese a eso, el rubio no le soltó. Lo único que hizo fue arrastrarlo hacia una de las tiendas y volverse hacia el camino. ¡Lo estaba ignorando! ¡Después de arrastrarlo hacia esto!
–¡No entiendo nada! –exclamó él. ¿Por qué iba a entender de todas formas, si nunca había jugado antes en la calle? ¿A algo físico con otros niños? Aún podían escuchar los gritos de su vecino, pero estaba lo bastante lejos para por lo menos detenerse y descansar. Y eran pequeños, por lo que no eran fácil de encontrar.
Naruto lo miró desconcertado un minuto, para arrugar el entrecejo y refunfuñar entre dientes algo que Sasuke no logró entender. Por supuesto que su humor no mejoró después de esto, pero no valía la pena hacerle notar que estaba siendo un desconsiderado. Y que su mano sudaba. Aún.
–Vamos, niño rico. Busquemos un lugar para escondernos y te cuento –le dijo, y su tono de voz era como si lo estuviera insultando. El niño trató de tironearlo para hacerlo avanzar, pero Sasuke no se dejó arrastrar. ¿Porqué le trataba así? ¿A él, que había estado tratando de ser amable con él?
–Sasuke, mi nombre es Sasuke, dobe –replicó, nada feliz. El niño volvió a gruñir.
–¡Y yo me llamo Naruto, temee! ¡No dobe! ¡Escondámonos antes de que nos encuentre! –volvió a tironearle. Y volvieron a avanzar un poco más.
Sasuke no había venido nunca al distrito comercial sin su madre, por lo que moverse por esos lugares era algo prácticamente nuevo. Hacía minutos que las tiendas que ellos frecuentaban habían pasado y ese sector en particular, cosas viejas, sólo venían a él cuando alguna de las hermanas de sus abuelos cumplía años. Y solo habían sido dos veces. Después de pasar tropezando dos tiendas de muebles que habían vivido tiempos mejores, Naruto se detuvo en una tienda de ropa. O tela, Sasuke no sabía. –Acá –anunció él, como si hubiese encontrado el juguete en la caja de cereal. Sasuke arrugó la nariz automáticamente, pero se limitó a asentir –¿Qué? Hay tanta ropa que no nos encontrará sin importar lo que busque–
'Si es que no se ahogaban primero' fue lo que Sasuke pensó. Olía a viejo y a húmedo y a polvo, y Sasuke no estaba seguro si volvería a ser el mismo niño de aquella mañana si salían de ahí. Pero los gritos, ahora inconfundibles para Sasuke, de su vecino parecían estar cada vez más cerca, por lo que se dejó arrastrar y entre los dos, empujaron la puerta.
En cuanto la puerta se movió, una campanilla sonó y les hizo alarmarse un poco. Ambos niños corrieron hacia el primer montón de ropa que encontraron y se escabulleron, en lo que escuchaban una voz de hombre de la edad del hermano de Sasuke preguntar sobre las visitas. Naruto le hizo un gesto de silencio que, por supuesto él entendió, pegándose a la ropa como si fuera a comprarla. El niño, mortificado, tuvo que imitarlo mientras los pasos del adulto se movían perezosamente hacia la puerta, la que había quedado abierta. El polvo de la tela había ensuciado más sus manos, por increíble que pareciera, pero no pudo hacer más que gritar internamente al respecto.
–Qué raro –murmuró el hombre, pasando junto a ellos como si no existieran. Miró por el escaparate unos momentos, para encogerse de hombros y cerrar la puerta. Sasuke suspiró de alivio, intentando levantarse y tratar de sacarse todo el polvo de encima, pero el otro niño jalo su brazo y negó con la cabeza. '¿Por qué no?', preguntó silenciosamente, hasta que la puerta volvió a abrirse.
–Se que están ahí, mocosos del demonio –gruño el hombre, haciendo sonar el viejo piso de madera con el pie. –Salgan inmediatamente o los obligaré–
Sasuke se quedó en su sitio. Naruto también. Sintieron nuevamente pasos deslizarse por la habitación, pero mucho más sigilosos que antes. Sasuke se preguntó si pasaría el resto de su vida en un montón de ropa sucia, con la mano del rubio apretando su muñeca.
De pronto, sin que él lo esperara escucharon un grito, luego pasos apresurados que levantaron una nube de polvo. Ni siquiera sintieron el tintineo de la campana de la puerta, lo que les llamó la atención.
–Estoy seguro de que él fue quien gritó, tebbayo –Naruto le susurró. Sasuke asintió en la penumbra del lugar donde se encontraban. Esperaron unos minutos y al no sentir pasos, Sasuke decidió levantarse. El otro niño le siguió. Se sacudió el polvo lo mejor que pudo, haciendo una mueca de asco al ver su aspecto. Pero estaba vivo y no tendría que vivir en la ropa sucia.
–¿Qué lo habrá…? –Naruto comenzó a hablar, antes de abrir la boca de la impresión. Sasuke lo encontró tonto, pero antes de recordarle que no era cortés terminar una frase, recibió un jalon que le hizo voltearse.
Detrás de ellos, sigilosamente se encontraba…
La anciana más fea y tenebrosa que Sasuke había visto nunca.
–No deberían estar acá –Su voz ronca y susurrante le dio escalofríos. Todo en ella le gritaba que corriera; Su aspecto malévolo, su ropa andrajosa, sus verrugas en la nariz, sus arrugas que sólo acentuaban su expresión malvada. Parecía inmensa. Sus ojos, que desde la perspectiva de donde la miraban, parecían negros completamente…
Y esa sonrisa que parecía que quería torturarles…
Sasuke se paralizó, pero Naruto no. Y soltando el chillido más grande que le había escuchado en la vida, lo tomó del brazo y le instó a salir corriendo.
Sasuke no se opuso.
