Capítulo XI
Al otro día, Candice había hecho su cama y estaba por salir de su habitación cuando se encontró con Marie que recién se levantaba.
Marie, ¡hola, buenos días! - saludó Candice, saltando sobre un pie.
¡Buenos días! - Marie regresó el saludo.
Debo agradecerte por la comida de ayer, fue sublime, ¡me encantó! - expresó Candy sonriente.
Gracias, señorita - agradeció Marie con mucho gusto.
Me imagino que a ti sí te hace caso Terry, ¿verdad? Debes convencerlo de que se vaya a trabajar, ha perdido una semana de labores - comenzó a decir Candy tratando de que Marie le dijera a su patrón.
Tiene gente que lo cubra, ¿para qué quieres que vaya al trabajo? - cuestionó Marie sonriendo por esa actitud.
Debo ir por unas cosas a mi departamento, me dará tiempo para ir…Fred me acompañará - aseguró ella.
Fred lo hará, pero para eso no necesitas que él se vaya - le advirtió.
Prefiero hacerlo yo misma, hay ciertas cosas que una chica debe de guardar en su maleta - aseguró nuevamente Candice, molestándose.
Está bien, pero no se lo ocultes a Terry, él puede acompañarte y si se entera que le has mentido se enfadará - advirtió nuevamente Marie, sonriendo y viendo como ella volvía a cambiar de humor, del enfado a uno de no me importa.
¿Quién se enfadará? - pregunté cuando bajé a desayunar.
Candice quiere ir a su departamento por unas cosas - explicó Marie sin pensar en que se lo estaba contando.
Te acompañaré, ¿qué cosas? - quise saber y le hice saber que no saldría sola.
¡Fantástico! Pijamas, cosas de aseo, ropa, extraño mi laptop y debo checar que no entre agua de la vecina a mi estancia - dijo tan rápido que no me dio tiempo a protestar.
¿Cómo has dicho? - quise saber. En el apartamento de Lacio, no tienes vecina, asi que no sé a que te refieres.
Suena extraño, pero debo verificarlo - me dijo con convicción.
Puedo comprarte ropa - le solté.
No la aceptaré, tú esperas que mis pijamas sean de seda y arrebatadores, pero no soy yo, no me agrada que me trates como si fuese a romperme, mi vida siempre ha sido diferente, no dependo de los hombres para mis necesidades básicas - expresó amargamente, sin llorar.
Candice ¿qué sucede? - preguntó mi madre.
Tenemos un desacuerdo mamá, que tengan buen día - desee, tenia que salir ahi.
¡Quiero irme, debo irme! – de pronto ella comenzó a sacarse los catéteres, mis ojos no podían creerlo.
¿Qué has hecho Terry? ¡Candice vas a lastimarte! – mi madre tuvo a bien detenerla, su brazo le estaba doliendo mucho.
¡Debo irme! – repitió una vez más.
No, tranquila, ¿quieres ir a tu departamento? - mi madre le detuvo las manos, tenia que tranquilizarla.
Sí, quiero volver a mi vida otra vez, por favor – estaba llorando, hacia unos minutos que estaba tranquila, que le habría pasado anteriormente.
Pero Benedetti ¡no te ha dado de alta! – informó mi madre, pidiéndole ayuda a Marie.
¿Por qué estoy aquí? Si no es así – cuestionó ella con enojo.
Porque te dejó al cuidado de nosotras, ¿verdad Marie? – tenía que convencerla de quedarse, algo la había afectado y no sabía a ciencia cierta qué era.
Sí Eleonor, ¡Benedetti pensó que te cuidaríamos! – respondió ella.
Gracias, pero no necesito que me cuiden – ahora parecía tranquila.
Es tu estrés, iré por tus cosas si me haces una lista, puedes confiar en mí – solicitó amablemente mi madre, mientras yo sólo estaba invisible.
Está bien – se sintió derrotada y aceptó.
Marie ayúdame a llevarla, desayunarás y después nos pondremos manos a la obra – le informó mientras observaba como Marie la llevaba a su habitación. En un momento vuelvo. ¿Qué ha sucedido? – se disculpó y salió a preguntarme por lo sucedido.
Mamá ¿qué quieres? – pregunté hastiado.
Terry no me contestes así, que soy tu madre – refutó ella, sintiéndose herida.
Perdón, no es nada, sólo pensamos... distinto – me disculpé con remordimientos, mi madre no tenía la culpa de nada.
¡No me digas, se quiere ir! Si eso sucede, ¡tú sufrirás! ¿Eso quieres? Pues que te aproveche, ¡lo tendrás bien merecido! – me reprochó mi madre, tal vez estaba decepcionada y se fue.
¡No la dejaré! – espeté orgulloso siguiéndola a la cocina.
Es adulta, puede cuidarse sola – me dijo en forma hiriente.
¡No lo permitiré, tiene que quedarse dónde está! – alcé el tono un poco, afirmando que el único que tenía derecho a intervenir en esa decisión era yo, ni mi madre, ni Marie ni Benedetti tenían derecho a decidirlo y mucho menos ella. Eso es algo que debería de dejarle muy claro.
Debes saber que voy a ir a su departamento – me informó más tranquila, volviendo a mí.
Sí ella lo quiere, ¡pero no va a irse por que se le dé la gana! ¿En cuánto tiempo saldrás a su departamento de Lacio? – cuestioné como no queriendo saberlo.
En una hora más o menos, pero no es en Lacio, sino aquí en Roma - me informó haciéndome sentir curioso.
¿Qué dices? ¿Dónde? - le insistí.
Ten la dirección, ya me la he aprendido. Mucha prudencia hijo, si no sabias la dirección de éste apartamento, ¡cómo es que la tendrás para ti? - me pidió cuando la vi dirigirse a la habitación de Candice con una bandeja. ¿Vienes? – preguntó en tono de invitación.
Aún no me tranquilizo mamá, espero poder aguantar – respondí soltando un suspiro.
Te lo advertí, luego te veo – dejó la bandeja en el comedor, regresó a mí dándome un beso en la mejilla y volvió para entrar en la habitación de Candice.
Efectivamente, había salido de la mansión, pensando que gobernaba y que nadie podía decir que era lo que no y lo que sí debía hacerse. Ella no era nadie para prohibirme o al menos eso esperaba, que ella no me lo prohibiera dado que era una invitada en mi casa. Había llegado a la oficina, de malas y con un carácter mandón al cien, Nympha esperaba que el desayuno me cayera mejor de lo que parecía, ya que todo lo demás lo había hecho fatal.
Una hora y media más tarde, timbró mi celular y fui directamente hacia el departamento de Candice, éste parecía humilde, pero sólo por fuera, por dentro era otro cantar, de eso mi madre y yo nos dimos cuenta, la entrada principal era hermosa, de madera con cristales emplomados y figuras de ángeles. Accedimos y por el pasillo comenzamos un paseo fenomenal de obras de arte, fotografías de paisajes y flores mexicanas; llegando a la estancia había un poco de todo, la mayoría eran libros colocados en atriles, en forma de U. Mi madre se había quedado maravillada, cada atril tenía un libro diferente, ella se acercó y comenzó a leerlos, hoja por hoja, no conocía ninguno, así que fue hasta la portada, la observé un tanto asombrada, fue haciendo lo mismo con cada uno de los atriles, maravillada siguió atenta a ellos. Mientras mi madre seguía con la mirada abstraída en los atriles, yo observaba los cuadros que seguían el rumbo hacia su habitación, todos eran una imagen de algún lugar famoso, otros tantos estaban apilados en una especie de estudio, su cuarto esa mañana era un desastre, la laptop en el piso, hojas por doquier, ropa en la lavadora, en la secadora, la cocina impecable, algunos trastos en el lavadero, su baño era pequeño y cómodo. Ahora entendía de lo que hablaba Anthony y ahora entendía aún más de lo que hablaba Candice.
Terry, esto es un salón de arte, todos los libros son suyos y son enormes - exclamó mi madre asombrada acercándose aquí.
¡Mamá, ven aquí! - ahora fue mi turno.
¿Qué sucede? - corrió asombrada hasta donde oía mi voz.
Mira, colecciona mariposas y ángeles - le dije señalándolos.
Esto es una visita al cielo, las hace de vidrio, papel, acetato, cristal, ¿tiene tiempo de todo esto? - susurró sorprendida.
Observa, ¡libros, libros y más libros! ¡Sólo tiene libros! Nada de ropa, zapatos, bolsas…¿qué clase de mujer no tiene un guardarropa completo? - me cuestioné y al parecer fue en voz alta.
Voy por lo que me encargó - me dijo mi madre apretándome el brazo.
No podía creerlo, todo eso debía costar una fortuna y lo que menos tenía era ropa, ¿a qué clase de mujer no le gustaba la ropa? ¿Los accesorios? ¿Los zapatos? ¿Las joyas?
No tiene mucha ropa hijo, si acaso como diez mudas de buena calidad y ya - refirió mi madre asombrada cuando regresó con una pequeña maleta.
¡No sé qué pensar! - expresé dándome por vencido y al mismo tiempo me alaba los cabellos.
Si la quieres en tu vida, respeta sus ideas, nadie que hayas conocido es así - siguió mi madre como si eso no lo hubiese escuchado de otros.
Es contradictorio, mira ¿qué es eso? - pregunté al ver algo debajo de la almohada, a lo lejos.
Parece ser un diario, ¿no lo irás a leer? - cuestionó mi madre enfadada para que dejase el diario donde estaba.
No, sólo quiero ver la primera página - agregué reprobándome mi madre con la mirada.
Pero no sólo vi la primera página escrita, sino que lo hojeé, dándome cuenta que no había nada escrito en él, sólo notas de obras y libros, decidí dejarlo ahí, nuevamente. Tomé la maleta y mi madre colocó todo en ella, incluida su laptop.
Al final de la lista, se encontraba un extraño pedimento. Tomar una bolsa de algodón que se encontraba donde los ángeles hasta abajo y al lado de ella una caja gris. Mi madre fue hasta esa habitación y ahí encontró lo que le pedían.
¿Qué es? - quise saber al ver que mi madre hacia un gesto de dolor.
Un ángel de porcelana y cristal, ¿para qué lo querrá? - me respondió luego de colocarlo sobre una mesa de trabajo y abrir la caja.
¿Eso es todo? - pregunté sin querer preguntar para que lo quería dado que mi madre seguramente tampoco sabía.
Sí, vamos hijo. ¿Irás a la oficina? - me cuestionó atenta a lo que maquinaba mi cabeza.
Sí, tengo una junta en dos horas y tomaré una clase de español al día - respondí, creyéndolo necesario.
¿Clases? - comenzó a burlarse mi madre, obviamente hacia bastantes años que había dejado el colegio.
Estoy aprendiendo español, mamá - respondí refunfuñando.
De acuerdo, ¿estás más tranquilo? - me preguntó nuevamente cuando mi madre seguía con una sonrisa divertida, saliendo del departamento y comenzando a bajar las escaleras.
Sí, te cuidas - afirmé rápidamente, tratando de sonreír.
Tú también, espera tenemos que cerrar la ventana de la estancia - mi madre se volvio hacia mí y se dio cuenta que la ventana seguía abierta.
¡Yo lo haré, mamá! - le dije que regresaría dándome las llaves.
Decidí entrar solo, caminé hasta la ventana y me estiré para cerrarla, al intentar hacerlo así, había tirado un portarretratos, maldije mi suerte y tuve que estirarme más de lo normal para alcanzarlo, lo levanté y me quedé mirándolo, era una foto de Candice y Albert. Ella portaba un vestido de novia y le dirigía una brillante mirada, dejé la foto en su lugar, viéndola y volteando hasta que salí de allí no dándole importancia, pero ¡rayos! ¿Cómo no podía dejar de darle esa importancia? Me encontraba absolutamente ¿celoso? ¿Enojado? ¿Con ella? ¿Conmigo? Salí de ahí, tenía que hacerlo porque me volvería loco, la ira, la preocupación y un no sé qué comenzaba hacer mella en mí, mi madre se despidió sin enterarse de la batalla que encarecidamente se adueñaba de mi persona, mi mente era un lío y la confusión era algo que no conocía hasta ese momento.
Pasé gran parte de mi tarde frente a la ventana de mi oficina, las persianas estaban bajas y entreabiertas, había llegado hacia un rato y mi concentración no era buena, la imagen de la fotografía me daba mucho en qué pensar. ¿Pensar…? En realidad no sabía qué pensar ni qué sentir, era difícil competir con el recuerdo de otro hombre y yo, no era un hombre al que le gustase sentir que no iba a ganar ésta vez. Nympha me comentó entre sonrisas tímidas que había cambiado mucho, que me veía distinto; quizás había cambiado últimamente, en ocasiones era feliz y en otras no tanto, ella había pensado que era por el trabajo, pero desde hacía dos meses ya no era el mismo y desde ese día no quise regresar a ser el mismo.
Dando las siete de la tarde, salí de mi oficina y me despedí de Nympha, llegué a la mansión y subí a mi habitación cuando un brillo llamó mi atención; en la mesita de la sala se encontraba Candice, sentada en la alfombra, con un conjunto de pijamas de dos piezas y una cola alta, terminaba de colocar algunos utensilios en su caja de madera, comenzándole a dar de vueltas a la figura y los destellos emitidos por la luz de una lámpara me cegaron.
¡Has quedado como nueva! Si Bert te viera así, pensaría que no te ha pasado nada, ¿qué estarás haciendo mi amor? ¿Tendrás frio? ¿Tendrás hambre? ¿Te sentirás sólo? ¿Andrea estará contigo? ¿La conocerás? ¡Cómo me hubiese gustado estar con los dos…! ¡Te extraño tanto, los extraño tanto…! - ella lo decía con tanto amor, como algún día esperaba que ella lo hiciera conmigo.
¿A mí también me extrañas? - lo susurré pero esperaba que no lo hubiera escuchado.
¡Eh! - se sorprendió y respingó cuando me acerqué.
¡Hola! - me saludó limpiándose lo que pareció ser un par de lágrimas.
¡Hola! ¿Ha sido un día difícil? - le pregunté ensimismado.
Un poco, el tuyo ¿cómo ha ido? - repreguntó.
Bien, quiero pedirte disculpas por lo de la mañana - me dijo, tratando de sonreír.
¿Por qué? ¡Quizás me lo merecía! - admití que cuando era cabezota me ganaba el primer lugar.
No ha estado bien, cuando tú te has portado excelente conmigo - admitió ella comenzando a guardar el ángel que tenía en sus manos.
No debí meterme en tu vida para comenzar... - traté de explicarle.
No lo has hecho, te preocupas por mí aunque no sepa la razón... - dijo ella.
Es mi lado humanitario, supongo - reprobé mi actitud, encareciendo mi humanidad.
Puede ser, ¿has cenado? - me preguntó tan delicada que nunca en mis más remotos sueños pensé que ella podría serlo.
No tengo hambre - respondí como si no quisiera invitarla dado que desde la mañana y mi descubrimiento.
No he cenado, quise esperarte para platicar contigo de lo de hoy en la mañana - respondió distraída.
Te ha quedado linda, ¿dónde la conseguiste? - me acerqué un poco más.
Tu madre ha ido a mi departamento y la ha traído, tenía que acabarla - respondió cubriéndola con organza española.
¿Tan urgente era? - quise saber, pero maldita es mi curiosidad, no debí haber preguntado.
Es especial, me lo regaló alguien que amé demasiado y en un ataque de furia la rompí - me respondió.
¿Furia tú? No lo creo... - me parecía imposible, quizás control o decisión o temple de acero, pero no furia.
Furia, indignación todas esas cosas que nos hacen humanos - susurró mas para sí que lo que quería compartir.
¿Un enamorado? - ¡rayos! No sabía que fuera tan perspicaz.
No, mi esposo…estaba casada - respondió como si hablara de los hijos de los conejos.
Así que eres ¿divorciada? - inquirí, sin ningún atisbo de alegría.
Viuda de hecho, murió hace un par de años…Albert me regaló éste extraño ángel cuando me propuso matrimonio…era extraño que me entendiera, él era Europeo y yo, demasiado complicada - concluyó.
Lo siento - sin duda sentir eso me sorprendía a mí mismo.
Ya lo superé, entonces - volvió al ataque.
¿Qué? - le cuestioné.
¿Cenas conmigo? - abiertamente me hizo una invitación.
Claro, como que ya me dio hambre - agregué de la alegría cuando oí esa invitación, colocando la mano en mi estómago.
Hasta ese momento había entendido dos cosas: la primera, es que ella era libre por el momento, la segunda, es que algún día le contaría el por qué de la reacción de esa mañana, sólo debía esperar.
Pasé la cena más amena en toda mi vida, ella me había contado una docena de anécdotas increíbles, al menos para mí, saltaba de una plática a otra. Candice era sencilla y muy amable con todas las personas, tenía cosas que yo no valoraba mucho, pero entendía las reacciones que éstas provocaban. Muy entrada la noche, ella quiso un café y me negaba un poco a dárselo, pensaba que no dormiría para nada; así que lo hice muy ligero, para mi desagrado después de haberlo ingerido, lejos de mantenerla despierta se fue quedando dormida, así que decidí en ese momento llevarla a su habitación y recostarla, arroparla y darle las buenas noches.
Buenas noches, Terry – me deseó, dando un bostezo de león y saboreándolo con humor como si fuese un oso.
Buenas noches…mi amor – sonreí al ver que ella ya se había dormido sin escuchar mi tenue declaración.
Al otro día, Marie se encontraba muy sonriente, Candice se atrevió a preguntar ¿por qué?
¡Hola Marie! Se puede saber ¿por qué tan sonriente? - preguntó la rubia, sabiendo que ella le gustaba ver personas con ese semblante.
Sí, pronto se celebrará el cumpleaños de mi niño Biagio y una de las fiestas será en la mansión, Terry no te había dicho nada. ¿Nos acompañarás? - quiso saber sonriente.
No he sido invitada… - comenzó a poner pretextos.
Estás invitada Candice - respondió mi madre a lo lejos y cuando se acercó le pidió que la siguiese.
Entonces asistiré, pero no le digas a nadie quien soy, por favor – pidió ella fervientemente.
¿Por qué? - mi madre cuestionó presionada.
¡Será mejor así! - afirmó pensando en su seguridad.
Había pasado toda la tarde durmiendo y preparando cosas para la fiesta, Candice decidió usar un traje discreto, pero mi madre le regaló un lindo vestido fucsia que dejaba ver más de lo que yo hubiese querido ver. Se había maquillado sencillamente y bajó a la fiesta discretamente, sin llamar la atención de nadie, apenas vio a Paula, se dirigió a su encuentro; saludándola con efusividad.
¡Hola Paula! - exclamó Candice emocionada.
Hola amiga, veo que ya te recuperaste, pero aún tienes malestares me dijo Benedetti - aseguró ella, observando que aún era difícil para ella caminar con la pierna totalmente enyesada.
Algunos, ya ansió volver a casa, me he estado malcriando - refutó ella con ligera sonrisa.
Amena la fiesta, Terry me pidió que viniera para que no te sientas sola, dado que no conoces a nadie - le informó ella, viendo como el rostro de su amiga cambiaba.
Por su puesto y dime ¿qué ha pasado en la empresa? - le preguntó ella queriendo cambiar de tema.
No puedo hablarte de trabajo y lo sabes - le advirtió reprendiéndola.
Bueno, pues platiquemos de otra cosa, ¡carcelera! - la regañó.
¡Candice! - exclamó.
Jajajaja - ella sonreía y emitía risas por la palabra usada.
A lo lejos la observaba, de pronto sentí una palmada en el hombro derecho.
¡Hola Terry! - me saludó alguien que no quería que lo hiciera.
¡Niel! ¿Cómo estás? ¿Cuánto tiempo? - lo saludé creyendo que si me dejaban sólo con él podría matarlo, pero no, no podría hacer una escena tan desagradable con Biagio y Archie presentes.
Unos años apenas, bien gracias y Biagio súper divertido, por lo que veo - sonrió y tomando de su copa admiró el paisaje.
Sí, lo he visto - agregué, él suponía que yo no sabía lo que aconteció en Rusia hacia tan sólo unas semanas.
Oye y ¿quién es ella? - quiso saber cuándo me señaló a Candice.
Una invitada de mi madre, ¿la conoces? - le cuestione para ver qué tanto tenía que mentir.
Para mi desgracia sí, ¡una caza fortunas! - agregó sonriendo irónicamente, sus ojos, oh Dios cómo olvidarlos, su mirada era como ponzoña, quería estrangularlo, pero tuve que contenerme, solo rogaba a Dios que no atentara contra su integridad nuevamente, porque de ser así, diablos, no me controlaría y lo despedazaría en ese momento.
¿Cómo dices? - quise saber de qué hablaba.
La conocí alguna vez en Cancún, una playa de México, pero no contaba en que me iba a enamorar de ella, tuvimos una noche de buen sexo y luego me dejó para enterarme después que se casaba con mi primo Albert, desgraciadamente él falleció hace unos años - me contó sabiamente.
¿Albert, era tu primo? - pregunté ansioso.
¡Sí, preséntamela! - me respondió escueto, me insistió.
Pero, ya la conoces… - le aseguré, sabiendo que algo intentaba.
Lo sé, pero lo que menos espera es, verme aquí - me aseguró mordazmente.
Pero… - quise evitarlo.
Por favor - me lo pidió fervientemente.
Está bien, vamos - asentí, me adelanté cuando comenzó a caminar, sabía que nada lo detendría, pero yo estaba dispuesto a hacerlo.
¡Hola Paula! - saludó a la médica haciendo que desorbitara los ojos.
Terry… ¡tú! ¿Qué haces aquí? - expresó colocándose delante de Candice, la cual se había quedado sin habla.
Soy amigo de Archie, prima - logró zafarse de la figura humana de Paula y la observó detrás de ella, con la cara pálida y temerosa.
¡Ya no lo soy más, preciso que me dejes en paz, aléjate de aquí…! Paula por favor, dile que se vaya – Candice pasó saliva, se levantó de la silla, tomó las muletas y se dirigió al fondo del pasillo sintiendo que las piernas no podrían soportarla más.
Lo haría, pero creo que ésta, no es tu fiesta – Niel por supuesto que la siguió, amenazándola y riendo por su actitud.
No me iré, sólo porque don magnate lo dice y creo que no tengo por qué darte explicaciones, ¡tú a mí no me das miedo! – Candice había cambiado, ya no estaba nerviosa, ni asustada, sólo se acercó a él y le escupió en la cara.
¡Pues debería, te recuerdo que me usaste! – enojado Niel se limpió la agresión a su rostro con un pañuelo y se atrevió a alzarle un dedo en son de amenaza.
Mira quién lo dice, pero no te preocupes, como para ti no fui nada, nada me debes, porque para mí fuiste inexistente – la ira se había apoderado de ella.
¡No eras más que una prostituta…! – apenas lo hubo dicho Niel y la mano de Candice se había escuchado en todo el salón.
Con eso Candice tuvo más que suficiente, era momento de que se enterase de la verdad, una verdad que él supondría verdadera. Si él no tenía piedad de ella, a ella no le importaba lo que pensarán los demás.
Pues si quieres saberlo, sólo lo fui contigo porque si no más recuerdas cuando estábamos teniendo sexo, te dije que pararas y eso no te importó y sabes que legalmente eso se llama violación y de ello lo único que contraje fueron enfermedades porque no te protegiste y después aborté a tu hijo – Candice se acercó a él y le susurró en el oído.
Un... hijo… ¡lo abortaste! ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Nuestro hijo! – jadeó Niel contrariado.
Tú hijo, porque yo no lo concebí, ni siquiera porque me haya enterado de ello, me violaste cuando me pegaste, no lo recuerdas, así que me alegro de que no haya podido nacer, porque lo habría odiado tanto como te odio a ti – le gritó con voz queda y pausada y luego se rió de la expresión de su rostro.
Eso fue una cubeta de agua helada, hacía siete años se le habían pasado las copas y no la había protegido.
Candice ¿fue él? – se acercó Paula y la tomó de los hombros.
Sí, pero como te habrás dado cuenta no valió la pena, ahora si me disculpan me siento mal – ella comenzó a retirarse de ahí, tomándose la cabeza y arrastrándose literalmente por las paredes de los pasillos, las muletas ya no la sostendrían más.
¡Candice! – la llamé, pero ella solamente soltaba lagrimones que rodaban por sus mejillas.
¡Ahora no, Terry! ¡Gracias por la invitación! – Paula fue detrás de ella, agradeciéndome por invitarla.
¡La acompaño! – espetó intrigado.
¡Aahhh! – Candice soltó un alarido y se desmayó.
¡Candice, despierta! – cuando corrí hacia ella su cabeza ya había golpeado el suelo, algo más que no me gustaría.
Rápido, estamos llamando la atención, llevémosla a su habitación y tú ¡ni te le acerques! – casi al mismo tiempo Niel también había corrido, pero Paula le advirtió que no se le acercase.
¡Está mintiendo! ¿Qué no la ves? – gritó Niel, aún sin salir de su asombro.
¡Recuéstala! – Paula le ordenó a Terry comenzando a buscar en los cajones de la habitación. ¿Dónde están sus medicinas? – exigió saber la médica.
Ahí, en el cajón de esa mesita – respondí rápidamente.
Sólo esperemos que actuemos a tiempo – alzó un pedimento al cielo.
¿Qué dices? - quise saber.
¡No lo entenderías! No puedo revelarte nada, es secreto paciente-médico – me respondió viéndome angustiada.
Ahorita vengo – le dije a ella, saliendo de la habitación mientras Paula preparaba una jeringa.
¡Terry! – Niel se le acercó cuando hubo visto que venía por el pasillo.
Niel, ¿puedes quedarte en la fiesta? - le recomendé sin más.
¡Quiero verla! – exigió Niel.
¡No…no lo harás! Ella no está bien, ¡apenas se estaba recuperando, carajo! – lo tomé de las solapas, empujándolo a la pared y en tono amenazante.
¿Qué le pasó? – Niel le cuestionó.
¡No te lo puedo decir! – le respondí soltándolo.
¿Por qué tanto secretismo? – preguntó Niel sin recibir más respuestas de parte mía.
Lo siento, tengo que ir por unas cosas. Fred – lo llamó.
Sí señor, ¿ocurre algo? – preguntó el interpelado.
Trae a Benedetti, quiero platicar con él – le ordenó y cortó la comunicación.
Por supuesto Terry, enseguida – atinó a responder antes de que su jefe hubiese cortado la comunicación.
Entré a la biblioteca, tenía que tomar una copa, sería acaso por eso que Candice les tenía miedo a los hombres europeos, pero que era lo que ocurría realmente. Tomé un vaso y me serví un poco de brandy, estaba completamente atontado y terriblemente enojado, debía calmarme y luego estaba ella, era muy contradictorio los hombres siempre me hacen daño me había dicho en una de nuestras conversaciones. ¿Qué tendría que ver Niel con ella? Había cambiado de absoluta sumisión, al miedo, al temor, a la ira, para después parecer infranqueable, dura, vengativa y sumirse en un acto de rebeldía junto a una posición de no tener salvación. Tenía que verla, me dirigí a la habitación de Candice encontrándome afuera a Niel, dando de vueltas, al parecer la puerta estaba cerrada. Minutos más tarde Paula salió de ella, le dirigió una mirada de preocupación a ella por la abertura de la puerta y Candice se le notaba llorosa.
No entres…no quiere ver a nadie, está hablando por teléfono espero no te importe – me informó en secreto.
¿Pasa algo Paula? – le cuestioné.
Lo siento, no puedo decirte nada – ella se iba a retirar.
Habla conmigo Paula… - le pedí, estaba verdaderamente preocupado.
Será mejor que entres, está en el baño y podrás enterarte – me susurró con secretismo.
Terry – Niel lo llamó mientras veía pasar a Paula.
¡Tú ni te le acerques! – lo amenacé y entré, al hacerlo cerré la puerta con llave.
Entré sigilosamente y le advertí a Niel que se fuera de ahí. Candice se encontraba llorando de impotencia, cuando de pronto comenzó hablar. En ruso, un idioma más, ¿cuántos secretos tenían Candice? Tomé rápidamente mi teléfono y lo coloqué en grabación, luego averiguaría que era lo que decían.
Anthony – respondieron del otro lado de la línea.
¡Niel está aquí! ¡Lo vi hoy, en una fiesta! – declaró ella llorando.
¿En dónde estás? – cuestionó el tal Anthony.
En casa de Terry, Benedetti me encargó con Eleonor Grandchester para recuperarme – soltó ella sorbiendo.
¿Estás bien? ¡Ese hombre me va a escuchar! ¿Cómo se ha atrevido? La familia te apoyará Candice – se oyó un ruido de algo que tronara en el piso, lo cual hizo que ella se alejase la bocina del oído.
No, sólo quiero que me deje en paz, es lo único que pido, no le parece suficiente lo que me hizo y que se haya ido como si fuese un trapo viejo – se quejó Candice soltando a llorar nuevamente.
¡No llores mi niña, no vale la pena! Dime una cosa, ¿te quedaste embarazada de él hace tres años? Por eso, desapareciste con Albert – cuestionó él.
No tuve tiempo de enterarme de eso y no soy tan tonta para no tomar precauciones, Anthony – informó de aquello que sólo le hacía más daño.
¿Abortaste? – cuestionó nuevamente.
No, sólo hay otras formas de evitar lo que sucedió – respondió ella serenándose.
Perdona, no quise traerte malos recuerdos – el chico parecía disculparse por su intromisión.
¿Con quién hablas Anthony? – preguntó alguien más, un hombre mayor ya.
Mi padre quiere hablar contigo, ¿quieres hablarle? – preguntó Anthony.
No puedo – rebatió ella sin ánimos.
No quiere hablar contigo, padre – soltó al hombre mayor y su padre le dio un empujoncito a su hijo.
¡Hola! – saludó el hombre, esperando que le contestaran.
¡Hola, papi suegro! – ella trató de parecer normal, pero volvió a romper en llanto.
¡Candice! ¡Hija mía! ¿Dónde estás? – emitió el hombre notablemente emocionado. ¿Ha pasado algo, Candice? ¡Dímelo! ¿Te ha pasado algo? - insistió al notarla llorosa.
En Italia con los Grandchester, papi suegro – ella trataba de sonreír.
¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? – increpó el hombre angustiado, esperando a que le contestase.
Nie…, Niel está aquí y me ha dejado hacer el ridículo con mi hogar de acogida – respondió ella, oyendo una sarta de perjurios contra su sobrino.
¿Hogar de acogida? ¿Desde cuándo? – quiso saberlo inmediatamente.
Hace tres semanas, es largo de explicar – intentó hacerlo, pero no pudo.
En este mismo momento le llamaremos, ese muchacho no puede seguir haciéndote daño, ¿prometerás que nos mantendremos comunicados? –pidió él e hizo prometerle a Candice lo mismo.
Sí, gracias - ella aceptó.
De nada Candice, hasta pronto y recuerda tú perteneces a la familia Andley – respondió el hombre y al despedirse colgó.
Candice se lavó la cara después de colgar el inalámbrico, salió del cuarto de baño y después se puso a cambiarse el vestido, pero justo antes de que se bajara la cremallera emití un carraspeo.
Perdona, pero creo que no deberías hacer eso – le recomendé.
¡Terry, no te oí entrar! – Candice emitió un respingo al oírme.
Estabas en el baño, ¿estás bien? – me le quedé mirando por unos minutos, ella sólo atinó a bajar la mirada.
Sí, sólo estoy cansada. Lamento mucho la escena, pero nunca estoy preparada para la presencia de Niel, ¿cómo puede ser mi mundo tan pequeño? – esa pregunta parecía haber sido más para ella que para él.
Una desagradable situación, ¿quieres contarme algo…? Perdona he sido indiscreto – reflexioné más sobre lo que acababa de decir.
No, no te preocupes, apenas es eso lo que te mereces, una buena explicación. Hace siete años conocí a Albert y Niel en una fiesta a la que ellos nunca fueron invitados, mi grupo de danza me daba la despedida porque vendría a trabajar a Francia, quería cambiar de aires. Cuando ellos entraron había retas de baile, como no entendían qué pasaba, nos apoyaron al ver que el ruido y la algarabía iba en aumento en el lado de mi grupo. Después de haber ganado, nos dirigimos a nuestras mesas y allí celebrábamos cuando nos llegó una botella de vodka a nuestra mesa, todos comenzaron a tomársela y de las ocho que siguieron a esa, menos yo, así que Niel pensó que le había negado el placer de ponerme mal con la bebida. Todos mis amigos estaban en un estado de embriaguez bochornoso y nos retiramos a nuestras habitaciones, mi compañera de cuarto no había llegado y no es que me preocupara, pero que supiera no tenía pareja en el grupo. La única sobria era yo, así que me acosté a esperarla, pero nunca llegó, muy entrada la madrugada alguien tocó a mi puerta y yo abrí pensando que era mi amiga, pero cuál fue mi sorpresa, Niel profundamente borracho, me empujó y comenzó a decir cualquier tontería como que él tenía dinero y las mujeres que quería, que yo no podía negarle siquiera un trago a su salud y esa no sería la excepción, me resistí y lo golpeé, no quería que me violara, pero después me golpeó en el rostro y perdí el conocimiento. Después lo encontré durmiendo la resaca, como pude me vestí y salí de ahí, no había visto el rastro de sangre que tenía en las piernas. Ya en el lobby me encontré con una mujer que al ver como estaba, presintió lo que me había pasado y me ayudó.
Paula – emití el nombre de la médica que le ayudó.
Sí, Paula me hizo revisión ginecológica y me dijo que me habían violado, que tenía que levantar una acusación, pero después caí enferma por ETS y temía que me hubiese quedado embarazada – Candice me explicó con cierto dolor que pude ver en su mirada.
¿Lo estuviste? – cuestioné atento a esa información, ella era tan diferente por tiempos.
Ni de cerca, tomé medicamento para evitarlo, no sabes lo difícil que fue, por el niño, pero no pude conservar la idea de tener el hijo que fue producto de una violación. Le hice creer que aborté a su hijo, lo siento, pero parte de la rabia que contenía explotó – me dio las disculpas que tenía que dar aunque no las sintiera de verdad.
¿Estás mejor ahora? – pregunté obviando que no pasaba la misma idea por su cabeza.
He llamado a mi suegro, ahorita mismo Niel debe estar rumbo al aeropuerto – se justificó.
Toc, toc
Adelante – respondí como en cualquier otro momento, sin acordarme de que Niel seguía afuera.
¿Qué le has dicho a mi tío, perra? – entró como alma que lleva el diablo.
¿No sé, de qué hablas? – Candice reaccionó con todo recato y fingió demencia.
¡Mi tío me habla de Rusia y tú no sabes nada! ¿Qué casualidad? – Niel se burla de ella y comienza a zarandearla, alzando una mano para golpearla.
¡No te atrevas a ponerle una mano encima, cretino! – le grité tomándolo desprevenido y anteponiéndome entre ellos.
¡Terry! – espeta Niel incrédulo.
¡Estás en mi casa y ella está al cuidado de mi madre, así que no te permito que la lastimes! – respondo furioso y autoritario.
¡Haz caído en sus redes! – expresa Niel soltando una carcajada. Ya te contó que Albert también fue su amante – quiso instigar lo poco que conocía de ella.
Estás viendo cosas, ni ella es mi amante y ni tú estabas enamorado, sólo estabas herido por su… rechazo – espeté lo más mordazmente que pude, algo que por supuesto no se esperaba.
¡Esto lo sabrá Archie! – pronunció él ofendido.
¡Felicidades, puedes ir a contárselo! – me burlé enormemente.
Cometiste un delito y eso no te lo perdonaré – resolvió decirle ella.
Compruébalo y me da lo mismo lo que hagas o sientas – ahora el burlón era Niel.
¡Buenas noches, Terry! – se despidió de mí con rencor.
¡Buenas noches, Niel! – respondí con el mismo tono que él había usado.
¡Sabrás de mí! – la amenazó fuertemente y sonó el pitido del celular de Niel.
Bla, bla bla – Candice hizo señas con las manos a forma de pato.
Bueno, hola padre, en este momento salgo para allá – respondió antes de cortar la comunicación.
Fred – salí detrás de él y al encontrarme a mi chofer lo llamé.
Sí señor – respondió mi robusto amigo.
Acompaña a Niel a su coche y dile a Cosomo que lo siga, quiero saber si tomara un avión a Rusia o a donde exactamente, ah y otra cosa, quiero que su personal se vista discretamente y vigilen la casa – le recomendé y solicité, dándole unas palmadas en el hombro.
Señor – él se retiró de ahí, siguiendo a Niel a su automóvil.
Terry – Candice me llamó.
Sí – respondí en el acto.
Quiero irme a casa... – solicitó ella con cierta frialdad.
No puedo dejarte ir – resolví aclarárselo.
¿No lo entiendes, no quiero esto? – cuestionó ella sin dejar de mirarme.
¿Dónde entra Albert en este drama? – pregunté sin saber a ciencia cierta por qué lo hacía.
¡Qué te importa! – respondió ella retándome.
No te irás, sin que me hayas explicado… así que tú me dirás - una amenaza podría ser tan efectiva cuando fuese la indicada.
¡Hombres! Cuando Niel le contó a Albert lo que hizo con un dejo de desfachatez, él se dedicó unos seis meses a buscarme hasta que dio conmigo, en Francia, me pidió disculpas en nombre de su primo y me ofreció casarme con él, le dije que no hacía falta que se sacrificara y que no había forma alguna que pudiese convencerme de lo contrario, entre él y yo no había amor, así que me negué rotundamente. Siguió cortejándome y me contó lo que Niel había dicho de mí, así que con mi permiso, él le dio a entender que sólo sería una diversión. Niel se lo creyó y no le importó que Albert "jugase conmigo", pero realmente no fue así, al cabo de otros siete meses acepté ser su esposa, su familia descubrió "el sucio plan de Albert" cuando ya habíamos consumado el matrimonio y se alejó de ellos, vivimos en Francia por dos años y medio hasta que falleció de un ataque al corazón. Llamé a su padre y le entregué el cuerpo de su hijo, asistí al funeral, pero lejos de los dolientes y Niel estaba poco enterado de que quedé con su familia en buenos términos, había guardado los mejores recuerdos de su persona, así que nadie me extrañaría en el funeral.
Niel me insultó en el funeral porque cuando me iba, me reconoció, era mucho mi dolor para reconocer que le tenía lástima, así que sólo me fui de ahí. Su familia me contactó con cierta frecuencia y me vine aquí. Hasta ahora. Siempre supe que mi esposo no era ni siquiera como el típico magnate europeo, donde se les acostumbra a ordenar y que uno aceptaría todo lo que ellos dicen sin chistar, conmigo siempre era diferente, Albert supo aceptar que no siempre podría ganar, así que aprendió a no dejarse llevar por su crianza, yo me podía sostener con comodidades sin su ayuda y eso él lo sabía, así que no podía alzar mucho revuelo con una discusión o una diferencia - comentó ella.
¡Eso hiciste conmigo el otro día! – reaccioné al instante.
Sí, pero no puedes darme órdenes porque no las cumpliré – me explicó.
Me he dado cuenta, ¿haz pensado en volverte a enamorar? – cuestioné para saber en qué ideas se movía.
Terry, eso no se planea, además tengo mucho trabajo – intentó darme mil excusas.
¿Prefieres tu trabajo, que tu persona? – cuestioné ante la aparente realidad.
A veces es más fácil lidiar con el trabajo que con una persona muy distinta a mí – recapituló ella, eso no me daba muchas esperanzas.
¿No tuvieron hijos? - cuestioné lo que aparentemente ya sabía.
No y cuando quisimos tenerlos era demasiado tarde, él había fallecido de improviso – dudó un poco al darme su respuesta, pero no pude identificar si era cierto.
Lo siento, creo que debo dejar que descanses – al darme cuenta de esa información me despedí, haciendo que ella olvidara su deseo de irse.
Gracias - se limitó a decir.
Te veo mañana en el desayuno – me despedí de ella y salí de su habitación.
Por supuesto luego te veo, hasta mañana – dijo ella acostándose en la cama, cerré la puerta para que nadie la interrumpiera.
Fred ¿qué pasó con Benedetti? – llamé a mi robusto amigo.
Está de viaje señor, de lo otro, los guardias están apostados en todas las entradas posibles – me informó detenidamente el lugar donde lo encontraría.
Gracias Fred, puedes retirarte. Fred… - lo llamé después de darle algunas indicaciones.
Sí señor – regresó sobre sus pasos, esperándome.
Terry, Fred. ¿Mi madre y Marie? – le cuestioné apurado.
En el pastel del señor Biagio, señor – respondió dándose la vuelta.
Bueno, no tengo cabeza para nada, me disculpas con mi madre - cuando me escuchó se fue hacer lo que le había encargado.
Sí Terry – se alujó de ahí y se despidió con la mano.
Paolo - lo llamé por celular.
Si tío, Terry - me contestó del otro lado de la línea.
Puedes traerme mañana muy temprano a las perritas, por favor - le solicité entusiasmado.
Si tío, estaré temprano en la casa - me aseguró. Tío Terry, que hago con los otros perritos?- me preguntó como si fuese a hacer otra cosa.
Lo mismo que has hecho en estas semanas - aseguré. ¡Hasta mañana! - me despedí de él.
¡Hasta mañana! - se despidió amablemente y me colgó.
Me despedí del pequeño Paolo, esperando que ese regalo hiciera por mí, algo más que un lindo recuerdo.
