Capitulo XII

Muy temprano por la mañana, las perritas que Paolo compró por encargo me despertaron, salí al pasillo, las cargué una en cada mano y entré sigilosamente a la habitación de Candice. Las deposité en la cama y aquel par de traviesas comenzaron a buscar calor humano, haciendo que ambas lamieran el rostro de su ama, Candice comenzó a reír y cuando abrió los ojos. No lo podía creer, consideraba que la jauría era suficiente, pero algo me enterneció y me aventuré a comprarlas.

¡Hola! - las saludó tomándoles las patitas en son de saludo de mano. ¿Quiénes son? - les preguntó levantándose para mirarlas detenidamente.

¡Guarf, guarf! - ambas perritas comenzaron a ladrar, haciendo que me quedara en el quicio de la puerta.

¡Imposible! - exclamó confundida.

¡Guarf guarf! - ambas volvieron a ladrar y ahora saltaban.

Veamos, patas de color diferente, cola, orejas, ¿Mo? Tú debes ser Glo. ¡Mis niñas¡ ¿Qué hacen aquí? - les preguntó como si pudieran contestarle.

¡Pensé que las extrañarías! - respondí por los animales presentes.

Terry, ¿cómo las encontraste? Mirabel me dijo que las habían comprado aquí en Italia, pero ¡no sabía que hubieras sido tú! - exclamó ella impresionada y muy feliz.

Tampoco yo, así que me dije... ¿por qué no traerlas a casa y darte una sorpresa? - respondí acercándome más.

Gracias… - fue inesperado, pero me agradeció de una manera inesperada para mí, como una niña pequeña, me abrazó dándome un beso en la mejilla.

De nada, ahora espero que las eduques - referí sonriendo, sí, parecía tonto por el rostro que en esos momento estaba poniendo, pero me fue imposible poner otra.

Ya no lo necesitan, ya están educadas, ven observa - ella se levantó de la cama indicándome que debería de acompañarla, bajándolas inmediatamente.

¿Tan pequeñas? - me sorprendí.

Oh sí, las eduqué en mis últimas vacaciones para olvidarme de algunos no gratos recuerdos - me explicó.

¿En serio? No pareciera - ya que Mo estaba jalándole el pantalón de la pijama.

Sabes, ellas me dan la calma que necesito, después del velorio me fui a la casa que compartíamos Bert y yo antes de casarnos, un día como la fiesta de ayer me encontré a Niel y Bert no estaba escuchando, sin que me diera cuenta.

Inicio del flash back

¡Así que aquí estás! - Niel la había sorprendido en demasía.

¿Qué quieres? - le preguntó ella, con cuidado.

Deberías abrirme los brazos para recibirme - exclamó ella, pensando que era lo mejor para él, en su fantasía, claro estaba.

¿Disculpa? - cuestionó Candice

Pues para que supieras que Bert está jugando contigo y que después de él seguiré yo y después algún tonto más. ¿No dices nada? - Niel comenzó a burlarse.

¿Debería? No tengo, ¿por qué hacerlo? Así que puedes decir todo lo que quieras - a ella le dio lo mismo y comenzó a caminar sin hacerle el menor caso.

¿Qué te pasa? No respondes porque temes vibrar en mis brazos, que te sientas... excitada - sugirió él rozándole el cuello y arrinconándome.

Asumí que él me necesitaba como a todas las chicas que revolotean a su alrededor, pero lejos de lograr que le abrazara, me produjo una oleada de dolor y repugnancia, me tenía atrapada en sus brazos, sediento de venganza, me quería en su cama nuevamente, pero yo le repudiaba, sentí asco, entonces agarré el cuchillo que tenía cerca porque me estaba comiendo una manzana cuando se acercó a mí. Lo amenacé con atacarlo, pero de pronto se me pasó una idea por la mente, Mickael me había enseñado como algunas de sus pacientes se lastimaban los brazos cuando intentaban suicidarse, así que no me costó mucho trabajo observar mi brazo y saber que si cortaba parte de la palma y formaba líneas parecería que me estaba cortando las muñecas, así que lo hice. Aún recuerdo la cara de horror que puso Niel al ver cómo me cortaba las muñecas, salió despavorido y yo me quejé de dolor agarrándome las palmas, para luego ser sorprendida por Bert, por cierto...muy, muy furioso, maldijo en ruso, sacó un pañuelo y me cargó hasta la casa, escondiéndome en el sótano, ahí me curó y enclaustró en su casa por tres semanas, así que me dio dos opciones o el psicólogo o que me casara con él - Candice terminó de relatar ese suceso con una sonrisa picara.

Fin del flash back

¡Qué buena idea! - chasqueé rápidamente, sonriendo por ese tipo de sonrisa.

No tenía nada que contarle al psicólogo, sería un desperdicio de dinero - obvió la acción.

Me lo imagino - respondí casi mecánicamente.

No me muerdas Glo, eres una traviesa, como tu mamá - Candice regaño a Glo por esa mordida y levantándola le hizo cosquillas en su panza.

Puedo hacerte una pregunta. ¿No te dolieron los insultos? - le cuestioné.

No, de hecho no los escuché, aprendí a irme cuando lo necesito, es un estado que me pasa frecuentemente, lo uso cuando leo - me aseguró ella aunque sin entenderle.

Pero si te tocaba lascivamente, tenías que haber reaccionado... - me interrumpí tratando de no imaginarlo.

No soy de palo, todos los cuerpos reaccionan igual, pero con lo que Niel no contaba era con que para esos momentos ya no escuchaba - me respondió tan sinceramente que desee que siempre lo hiciera así, conmigo al menos.

Eso es … - quise buscar una palabra mejor de la que tenía en mente.

Extraño, inclusive se lo que tratas de hacer - lo dijo, lo había dicho.

¿Qué cosa? - quise saber de lo que hablaba.

No te enamores de mí, perderás tu tiempo.. - me advirtió levantándose.

¿Por qué dices eso? - quería saber de lo que hablaba.

Porque tú sabes que no lo sé, a mí no me interesa ni tu dinero. ni tu posición, ni nada que las demás chicas buscan en ti, es más ésta casa es de tu tipo, es cómoda, pero no interesante - aseguró ella como si estuviese hablando del clima.

No entiendo ¿por qué lo dices? - increpé, quise saber ¿por qué había cambiado de actitud para conmigo?

Nunca recibiré dinero tuyo, ni ropa, ni joyas, ni todas esas cosas que el dinero puede comprar; a pesar de que investigues mucho y de que sobornes a cualquier persona no sabrás mis más profundos secretos, de hecho mi diario no está en físico, sólo está aquí - me señaló su cerebro.

¿Por qué piensas que estoy enamorado de ti? - cuestioné algo que nunca había hecho.

Creo que eso debes de preguntártelo a ti, es sencillo, te pediré que lo olvides, pero tú eres un hombre que siempre consigue lo que quiere o ¿me equivoco? - preguntó ella dándole en el clavo.

Casi siempre, por lo visto - admití pensando que ella algo que no obtendría fácilmente.

¿A cualquier precio? - cuestionó de nueva cuenta.

Así es - afirmé, tenía que parecer que lo anterior no había sido escuchado.

Aquí lo bueno de todo, es que pronto me iré y desapareceré de tu vida tan rápido como entré, así que no habrá nada que nos ate. Es más, tengo cuatro años más que tú, deberías de contraer matrimonio con alguien de tu nivel social aunque sea más frívola que yo - me respondió, sinceramente.

Preocupada de... ¿con quién me case? - le cuestioné pensando si esos serían celos.

No, preocupada para nada, sólo te recomiendo para que no te tomes nada a pecho y que no pretendas forzarme a nada en un oscuro secreto - me soltó rápido.

En tan mal concepto me tienes, ¡no soy igual a Niel! - le aseguré enfadado, pero controlándome.

¡Pero tampoco eres como Bert y no los estoy comparando! - maldición, Candice reactiva me molestaba más, ella comenzó a enojarse.

Todos los magnates somos tan... ¿predecibles? - ella inquirió muy seria y yo atiné a preguntar algo que no sabía.

Todos los magnates son celosos, hirientes, abusivos, obsesivos y todas esas buenas cualidades que nosotros los más humanos no tenemos - me aseguró enumerando todo lo que me decía, como si fuera una lista.

¿Estás segura? - quise saber, aunque no supiera ¿por qué?

Podemos desayunar - sugirió como si no le importara de lo que hablaba.

Marie, el desayuno, por favor - saliendo de su habitación, fui a la cocina, allí se encontraba Marie.

Sí mi niño, señorita - nos saludó a ambos cuando daba de vueltas y ella con ayuda de las muletas, se había acercado.

Marie, ¿en qué quedamos? - reclamó Candice.

Sí Candy, en un momento se los traigo - Marie sonrió.

Marie, Terry no quiere que le traigas ni huevo, ni aguacate y mucho menos leche - aseguró ella rememorando.

¿Estás enfermo? - preguntó preocupada Marie.

¡No, está enojado y eso le hará daño! - enfatizó Candice.

¡No hagas caso Marie, está jugando! - aseguré observándola.

Quise prevenirte... - aseguró ella.

Gracias por tu preocupación, ¿siempre eres así? - no debería haber hecho esa pregunta.

Como así, ¿inteligente? - volvió a defenderse, picándome el orgullo y si ella tiene orgullo, yo lo tengo más.

¡No, prohibitiva! - respondí enérgico.

Con hombres como ustedes sí, con otros no - su forma cínica era algo nuevo para mí.

¿Otros? ¿Cuántos otros han pasado antes de mí? - de dónde carajos apareció esa pregunta, ni cuenta me di cuando la solté.

Pues depende en ¿qué concepto? Sí son de trabajo dos, por diversión como cincuenta, tengo muchos amigos, con amistades como seis…hay mucho de donde escoger - respondió de la misma forma, desenfadada.

Me lo imagino, tengo una curiosidad - quería preguntárselo.

Dime - saltó su respuesta.

¿Por qué no quieres enamorarte? - pregunté sólo para molestarla.

Sí quiero, nunca he dicho eso. Pero no contigo, con alguien de mi clase - me aseguró haciéndome enfadar un poco.

Y ¿quién está hablando de clases? - eso tenía que aclarármelo.

Velo bien, no tengo ni tu educación, ni tus principios, ni el cuerpo, ni la elegancia, no hablo tu idioma, no sé lo que piensas y yo sencillamente no obedezco al alguien que se cree un Dios. Hablo como bárbaro, mis principios los uso a mi conveniencia, como, como si se fuese acabar el mundo, mi elegancia es la de una vaca, hablo italiano pero ese no es tu idioma, te entiendo menos y mi Dios ya ha muerto - terminó por decirme.

¿En tan mal concepto te tienes? - le pregunté con dos tonos de molestia.

No, no es el concepto, si no la idea de muchas personas - se atreve a ofenderme.

Me estás diciendo que jamás, ¿te enamorarías de mí? - le pregunto.

Exacto, te has dado cuenta del punto - aseguró ella, como siempre.

¡Pues no lo acepto! - esto era inconcebible, pensando que era inaudito y que me lo dijera en mi cara más.

Ese es tu problema, no pretendas que te exija dinero por no publicar unas fotos tuyas en situaciones comprometedoras, tengo más dignidad que ella, te lo aseguro - eso no podría ser cierto, no es cierto, ¿cómo se pudo enterar?

Ese es su problema, espero que no tomes partido por ninguno de los dos, pero tienes razón en una cosa - le aseguré enojado.

Me lo imagino... - respondió altanera.

¡No me daré por vencido! - respondí, arrojando la servilleta a mi plato de comida que Marie había servido y me levanté.

Pues suerte con eso, ¿no vas a desayunar? - me cuestionó irritada.

Tengo que salir porque si me quedo cometeré una tontería - le solté comenzando a caminar hacia mi auto.

¿Qué harás, besarme? - esa altanería, ¿alguna vez se la quitaría?

No me des ideas, espero que cuando vuelva, tengas el respeto por mí como para dejar de insultarme en mi cara y en mi propia casa - le pedí a ella.

Espera sentado... - respondió, ¿qué no podía callarse? Tenía que salir de allí y rápido.

Me voy - solté.

Huye - respondió, volviendo a su cereal.

¿Tan pronto perdiste la batalla? - me preguntó mi madre cuando entraba al comedor.

Madre, ¿hace cuánto estás escuchando? - pregunté con mal genio.

Es difícil no hacerlo cuando te pones a gritar y tiene toda la razón - increíble mi madre se ponía de su lado.

¿En qué de todo? - cuestionó irónicamente.

En que perderás tu tiempo, si no cambias esa actitud - me respondió acomodándome la corbata.

¡Ella es tan difícil! - espeté enfurecido y hastiado de ésta conversación.

Te equivocas, si mis tiempos hubiesen sido otros, hubiera querido atacarte como lo ha hecho y sólo para conseguir algo que ya sabías - aseguró mi madre.

¿Cómo has dicho? - quise saberlo.

Te sacó de quicio o ¿no? - mi madre me sonrió.

Sí - respondí soltando un suspiro.

Pues regresa allí y no le des el gusto, lo hace para divertirse y tú se lo permites - Eleonor sabía de lo que hablaba, así que me tomó de la mano y me empujó nuevamente al comedor.

¿Cómo sabes? - pregunté extrañado.

Tácticas femeninas para burlarse de los hombres mandones - respondió con una carcajada.

¡Lo hace a propósito! - exclamé sorprendido, deteniéndome un poco.

Por supuesto que sí, hijo, apúrate que también tengo hambre - me soltó.

¡Pensé que ya te habías ido! - exclamó ella sorprendida de que hubiese vuelto.

No quise darte ese enorme placer... - le informé, queriendo saber que era lo que me tenía que decir cuando volví a mi sitio y comencé a comer.

¿Cuál placer? - ella cuestionó.

¿O diversión? - pregunté.

¡Buenos días! - mi madre saludó muy sonriente.

Buenos días Eleonor, ¿te traigo el desayuno? - Candice se ofreció amable, pero era para ella difícil moverse.

No te preocupes Candice, ¡Marie lo hará! - le informó mi madre.

No es molestia, además las manos no se me caerán por ir por un plato ¿verdad? - soltó de pronto y sujetándose a las muletas salió de allí.

Gracias Candice - gritó mi madre.

Ten calma, no le des la importancia, le ha dado a tu orgullo - mi madre volteó hacia mí y coloco su mano en la mía, pidiendo paciencia.

Demasiado, no sé si soportaré estos enfrentamientos - le informé sin contemplar nada.

Estás dispuesto a que la aceptes así, si es que la quieres en tu vida - me cuestionó mi madre, ¿en realidad estaría dispuesto?

Buenos días, señor Grandchester - me saludó Claude, quien sería mi maestro de español de ahora en adelante.

Claude, anda siéntate, desayuna con nosotros - lo invité tranquilizándome.

Gracias - Claude accedió.

¡Buenos días! - saludó alguien desde la entrada.

¡No por Dios! - exclamé, esto no podía estarme pasando.

Elisa ¿qué haces aquí tan temprano? - cuestioné harto de tener que soportarla.

Vengo a desayunar con la familia, digo Terry, no te sientes ¿sólo? - Elisa se acercó a mí y colocándome las manos alrededor de mis hombros.

Pero no te hemos invitado... - aseguró mi madre, ganándose una mirada cínica de su parte.

Aquí está tu plato, ¿qué es lo que quieres para desayunar? - Candice le preguntó a Eleonor sin notar la presencia de cierta pelirroja.

Siéntate Candice, Marie me atenderá - aseguró mi madre, esperando que Elisa no fuese impertinente.

Quiero devolver algo por lo que aparentemente no puedo pagar - solto llamando la atencion de Elisa.

¿Quién eres? - preguntó sin tapujos.

¡Ah hola! Mi nombre es Candice y soy amiga de Eleonor - saludó con una mano, haciendo que la pelirroja se asombrara.

¡Hola! Elisa, la prometida de Terry - solté ella de repente, haciendo que mi dulce y sereno rostro se convirtiera en una molestia total.

¿En serio? ¡Qué lástima que tengas que mentir querida! - para todos fue increíble, mi madre, yo y Claude teníamos la boca abierta, ¿acababa de desmentirla?

¿Cómo has dicho? - quiso saber Elisa, molesta.

Entonces quieres café o té, espera voy por Marie y regresaré - Candice salió sin tomarla en cuenta.

¡Candice, siéntate! - ordené furioso, pero no era con ella sino con el descaro de Elisa.

No seas descortés con t a, Terry - se estaba burlando o me regañó.

¡No es mi prometida, no tengo novia y no tengo por qué dar explicaciones! - expliqué detenidamente.

Realmente querida, ¿cómo dejas que tu prometido te niegue? - soltó burlándose y sentándose.

¿Cómo has dicho? - la pelirroja quería saber de lo que hablabas.

¡Terry! - Elisa quería una explicación.

Ten calma - advirtió mi madre.

¿Quién es ella? - Elisa volvía al ataque.

No tengo por qué darte explicaciones Elisa, por si no recuerdas sólo somos amigos - le aseguré de nueva cuenta.

Pero yo esperaba... - intentó meter cizaña.

No tienes que esperar nada, si vienes de visita bien, pero no exijas algo que no tendrás - la amedrente con la mirada y sí, esa era mi última palabra. Elisa se quedó callada y bajo el rostro a su plato.

Entonces qué Marie, ¿me enseñas hacer eso? - le preguntó a Marie cuando hubo entrado minutos después.

¡Oh si cuando quieras niña! - atinó a responder mi nana.

Bueno ya que al parecer estamos todos, comencemos a desayunar - dijo mi madre, sin preguntar más nada.

Entonces estábamos en qué Terry, diversión, ¿me crees capaz de hacerlo deliberadamente? - me cuestionó aguijoneándome.

Ya no sé de lo que te creo capaz y no me vas a sacar de mis casillas - le informé, dándole una advertencia.

Entonces hemos llegado a un acuerdo, tú no mencionarás nada de lo anterior y yo tampoco haré las simples reacciones - respondió ella comiendo un poco más del cereal que más bien parecía sopa de avena.

Bueno, creo que has llegado a un acuerdo por mí, entonces acabo de descubrir ¿cómo puedes pagarme lo que he gastado en ti? - respondí certero, eso era lo que debia de haber hecho desde un principio.

Dime - quiso saber.

Irás conmigo a Emporio Grandchester y modificarás mi administración - solté esperando que con eso se quedara callada, al menos hasta que terminara mis alimentos.

No puedo - respondió, quedando con esa débil esperanza.

¿Por qué? No has dicho que querías ¿pagarme? - insistí viendo como ponía pretextos.

Porque Kolios Enterprise no me lo permite y lo sabes, es antiético - respondió como si el tema de nuestra conversación se tratara del clima.

¡Antiético! Vaya, ahora ¿con que me saldrás? Modificaré mi petición, ve, observa y hazme sugerencias - tenía que cambiar algunas cosas, me fastidiaba tener que hacerlo.

Eso sí lo puedo hacer, ¿cuándo? - cuestionó rápidamente.

Hoy, ahorita mismo... - solicito aunque más parecía una orden.

¡Estoy en pijama! - exclama decidida.

Tienes 10 minutos para arreglarte - ordeno, ésta vez al parecer le he ganado una partida.

¡Estás demente! - expresa ella tirándome a loco.

Quince... - yo y mi bocota.

Espera sentado, con una silla, una limonada y una película muy larga porque tardaré más que eso - me recomendó ella, levantándose de la silla y con ayuda de las muletas comenzó a caminar.

¡No me provoques! - la amenacé, esa respuesta no me había gustado nada.

No lo estoy haciendo, sólo que no trabajo para ti y esto es un favor - se volvió para responderme.

Está bien media hora y ni un minuto más, si no sales iré por ti y veremos quién manda - la amedrenté.

¡Pues yo! ¿Quién esperabas? - me cuestionó, entrando y cerrando la puerta de su habitación.

¡Candice, no me tientes! - ganas no me faltaban, sentía deseos de hacerla entrar en razón.

Jajajajajajaja - de pronto se oyeron las risas de mi madre y Marie resonar en el comedor.

No es gracioso, madre - al voltearme les anuncié que no me parecía cortés que lo hicieran.

Al contrario hijo, es ¡divertidísimo! - respondió Eleonor, como si se burlara.

Niño Terry, necesitábamos una diversión y la hemos encontrado - sonrió Marie, que al igual que mi madre, no podía detenerse.

Pero no a mi costa, nana - la reprobé.

Eso es una falta de respeto, en mi vida vi tanto descaro... - susurró Elisa con desprecio, ya hasta se me había olvidado que estaba allí.

¡Dejen de burlarse! Y tu Claude, ¡suéltala! - le pedí, la risotada que despues escuché fue algo divertido.

Lo siento, me ha contagiado tu madre. Señora… - se interrumpió.

¡Nunca te hubiera subido el tono! - expresó Elisa.

Es por eso mi querida Elisa, que mi hijo y tú solo han sido amigos - soltó mi madre, cosa que nunca me hubiese esperado que dijera.

¿Qué quiere decir con eso? - increpó Elisa, enfadada.

Que mi hijo necesita alguien como… ella, que lo saque de sus casillas la mayor parte del tiempo y que a nosotras nos haga la vida más divertida - explicó Eleonor, sin detenerse a dar más explicaciones.

Esto es…¡me voy! - Elisa se levantó al entender la indirecta de mi madre.

Que te vaya bien querida... - Eleonor, vengativa, se despidió.

No debiste decir eso... - reprobé a mi madre y a Marie.

¿Por qué no? ¡Es la verdad! - refirió Eleonor.

¡Aaaayyy! - se escuchó un grito.

¿Qué sucedió? - me levanté rápidamente, al escuchar el grito de Elisa.

¿Qué son esos animales? - cuestionó la pelirroja.

Andan buscando a la señorita, niño Terry - respondió Marie, asegurándose de ello.

Elisa, te presento a Glo y Mo - respondí viendo su rostro, asustado y lo cual me pareció divertido.

¡Perros, pero si ni siquiera has tenido un perico! - exclamó ella y tenía toda la boca llena de razón.

Lo sé, pero están amaestradas... - le aseguré.

¿Qué quieren pequeñas? Sí, sí, también las quiero, ya calma, calma. Marie, Fred querrá cuidármelas y darles de comer - solicitó a mi nana.

Marie dile a Paolo que cuide de ellas - le pedí a mi nana.

Enseguida - mi nana accedió.

¿Nos vamos? - cuestioné cuando vi que con el pie enyesado les acariciaba la cabeza.

Sí espera, sólo me despido - respondió ella.

Mi madre estará aquí cuando vuelvas - le respondí esperando que se apresurara.

Perdón Eleonor, no es personal, me refería a mis niñas - ella se disculpó. Adiós niñas, se portan bien, si hacen travesuras no me lo cuenten - después se apoyo en las muletas y se dio la vuelta.

No te preocupes - sonriendo mi madre, se despidió de ella con la mano.

¡Apúrate! - la ansié.

Ya voy señor mandón, Eleonor ¿por que no le diste una tunda cuando lo necesitó? - le preguntó a mi madre.

No quiero perder la paciencia - le advertí éste jueguito me estaba hartando.

Pues piérdela, ahí me dices cuando la encuentres - se atrevió a hacerlo, se burló de mí.

¿Qué dijo, Claude? - de inmediato quise saberlo.

Que puedes perder la paciencia y a ver si la encuentras - él joven se limitó a traducírmelo.

¡Al auto! - le ordene, bueno más bien le grité.

¡Ash, ya voy! - ella caminó lo más rápido que pudo.

El camino a la oficina fue trágicamente en silencio, Candice estaba ensimismada en su celular, el cual comenzó a sonar. Claude me sonrió y apenas hubo contestado ella, comenzó a escribirme y traducirme por el wathsapp lo que hablaba, de lo contrario me hubiese limitado a entender sólo la mitad.

Bueno, ¡hola! ¿Cómo estás? - saludó ella efusiva.

Bien mi amor y ¿tú? - saludó Anthony de una forma más cariñosa.

Bien también, gracias - respondió lo que al parecer era un saludo.

¿Dónde has andado? - cuestionó Anthony, extrañado de no encontrarla en sus apartamentos.

En casa de Terrence Grandchester, pensé que Benedetti te había contado - respondió tranquila.

No lo conoces entonces, quiero verte y hacerte el amor, te extraño tanto - refirió Anthony, melancólico.

Yo igual, espero verte pronto, donde quiera que estés - explicó ella, sintiéndose menos tímida.

¡Te has sonrojado! Es una sorpresa para mí, sabes. ¿No me extrañas? - comentó el rubio con voz seductora.

Estoy viviendo con él, por el momento, pero estoy ansiosa por verte, quiero regresar a tus brazos - explicó Candice.

¡Estoy celoso! - bromeó con ella.

¡Jajaja pues no veo por qué! - expresó la rubia.

Seguramente te está viendo con cara de querer asesinarte porque no sabe español y porque tampoco acepta que tienes a un hombre perdido por ti - comentó Anthony seductoramente.

¡Algo así, es divertido! - sonrió ella.

Vaya hasta que te veo divertirte y a nuestras costillas - exclamó el rubio sorprendido.

Jajajaja lo sé - soltó modesta.

Quieres en realidad perder el cuello ¿verdad? Te veré en una semana - auguró él, más emocionado que nunca.

De acuerdo, te quiero mucho - Candice respondió con cariño.

Yo también, ciao - se despidió colgando.

¡Ciao! - se despidió en el mismo tono.

Efectivamente, esa llamada había sido el colmo del abuso, estaba celoso por supuesto, pero que Anthony le haya llamado y que sólo me haya enterado de la mitad no me hacía mucha gracia. Cuando escuché mi nombre, alcé el rostro hacia ella en son de curiosidad. Una cosa si era cierta, Candice se había sonrojado y no cualquiera lograba eso, sólo un hombre que la había amado en anteriores días.

Una vez que habíamos llegado a nuestro destino, salí antes de que Fred lo hiciera, después Claude lo hizo y terminé por aceptar a regañadientes que él abriera la portezuela de Candice, saliendo y al darme la vuelta, escuché una pequeña conversación entre Fred y Candice, obviamente que sin entender nada.

Tenga cuidado de hacerle enojar, señorita - le recomienda Fred, sonriendo y ajustándole la corbata.

¡Oh pequeño Fred! Recuerda que perro que ladra no muerde - le responde ella sonriéndole y dándole un codazo toma las muletas.

¡Fred le había sonreído! Lo único que no sabía, es si era por su chiste o porque ella le había arreglado la corbata, de algo si estaba seguro, de mi cara de celos cambié a una más peligrosa, Fred sintió una mirada reprobatoria de mi parte, ese maldito gesto de ridícula confidencia con mi mu… con Candice no me había caído muy bien. cuando ella estuvo a la par de mi, nos dirijimos a la entrada de Emporio Grandchester.

¿No puedes ser más amable con Fred? - le pregunté.

Me faltó despedirme de beso – intentó bromear dándose la vuelta para regresar a despedirse.

No te atrevas a dejarme en el papel de estúpido, ninguna mujer que me acompaña puede hacer eso en mis narices – la reprendí tomándole el brazo y regresándola hacia mi derecha. Claude venía detrás de nosotros.

Yo no soy una mujer, soy la ingeniero que viene a recalcular un desastre, así que desde aquí, no te conozco – rebatió ella y me advirtió, adelantándose mucho más hasta que se encontraron con un muy asombrado y perspicaz recepcionista.

Señor Grandchester... – lo nombró Lucca titubeante.

Lucca – lo nombré, el cual tenía en un gafete colgado en su bolsillo y sobre la encimera del mueble.

Y ¿la señorita es? – quiso investigar.

¡Su empleada… por hoy! – contestó Candice tajante y viéndolo con desprecio.

¿En serio? – situación que me sorprendió de sobremanera ya que no entendía nada de lo que sucedía allí.

Sí, me enseñas el área que quieres que audite – solicitó ella sin mirarme a los ojos.

¡Era en serio que no me vas hablar! – él sorprendido era yo, la invité a pasar y rumbo al elevador le cuestioné la razón por la cual no me dirigía la palabra. Claude parecía ensimismado con su corbata, eso le era conveniente.

¿De qué me habla señor? ¡A usted no lo conozco! – con esas simples frases ya no supe que decir, me limité a mostrarle el lugar y dejarla sola en la zona administrativa.

Mientras ella andaba de aquí para allá en las muletas, yo entré a mi oficina consciente de que nada de lo que había sucedido hoy, tenía sentido para mí, hoy Candice había cambiado a muchas facetas, esperando que ella se decidiera por una. Claude se había retirado hace más de dos horas, después de una aburrida clase de español a la que en realidad no le estaba prestando atención. Después de tres o cuatro horas, en las que se supone que debería concentrarme en algunos papeles, me puse a pensar en todo lo que hubo acontecido en esta mañana, hasta detenerme en el motivo de mi molestia.

Fred – llamé a mi robusto amigo.

Terry – contestó él cauteloso.

¿Qué te dijo Candice cuando te arregló la corbata? – cuestioné sin más preámbulos.

No creo que deba decírtelo, Terry – me soltó con notada preocupación.

¿Es malo? – quise saber.

Depende… - Fred dejó una decisión en el aire.

¿Qué tan malo? – en realidad quería saberlo.

Pues no es exactamente malo, pero tampoco es bueno, suena más bien como una burla – tuvo a bien explicármelo con manzanas.

Mejor no me lo digas, Fred – decidí no saberlo.

Terry – colgó después de despedirse y yo me sentí fatal.

Después de unas cuantas horas más mientras intentaba leer unos contratos, ella llegó a mi oficina y por demás, muy sonriente.

¡Qué desastre! - soltó cuando se recargó en la puerta.

¿Cuál desastre? - quise saber.

Esa área está de locos, me asombra que todos se asombren, me encanta causar pánico, se preguntaban quién era yo y después de que Lucca les haya contado que te callé en recepción fue el acabose, que tus empleados no saben guardar silencio - explicó ella con tanta efusividad que ahora me dejaba más impactado.

Pues por lo visto no - le respondí cuando me levanté y por la mirilla escondida en la puerta de la sala de juntas, observe a todo el mundo en estado de pánico.

Nympha es una maravilla, pero los demás estarían asustados si los meto en problemas... - me advirtió sonriente.

¿Lo harás? - le cuestioné preocupado.

Quieres que esto funcione ¿verdad? - primero debía saber una cosa.

¡Haz lo que quieras! ¿Tendré despidos entonces? - tenía que preguntarlo, debía estar preparado.

¡Por supuesto que no! Pero debemos… debes colocar a tu personal de la mejor manera - se corrigió a tiempo.

Me gustó eso de debemos, ¡te pagaré bien! - le aseguré dando con esto tres pasos hacia atrás.

Tengo el dinero suficiente para ello, el dinero no es problema para mí - me aseguró confiada.

Me lo imagino - tuve que aceptarlo, nombrar el dinero era como un insulto para ella.

¡Más te vale no imaginarte nada, no es lo que estás pensando! - advirtió ella quizás adivinando mi pensamiento.

Entonces ¿qué es? - quería saber.

Soy heredera universal de mi difunto marido, cuando murió tenía desventajas, casi tres años me dejaron obsoleta, así que tuve que capacitarme y de entre eso, sólo tomé algo de mis cuentas y así es como me encontró el Sr. Kolios, estudiando. Soy perfectamente solvente - le expliqué.

Si tienes tanto dinero, ¿por qué trabajas? - cuestioné sin entenderlo ya que pocas eran las mujeres que en Italia se encargaban de los negocios familiares, ese era el papel de los hombres.

¿Por qué no he de hacerlo? Si tú lo haces, ¿por qué no lo debo hacer yo? - cuestiono Candice en un tono de voz más alto, creo que lo había tomado como un insulto.

¡Soy hombre! - respondí como si eso fuera su total verdad.

Y porque eres hombre ¿te lo mereces? Mi familia carece de varones y no creo que esa actitud tan snob de tu parte me sea placentera. Además no quiero que la familia de mi esposo tenga armas para buscarme - respondió con altivez.

Pero si ellos te aceptan como eres - aseguré entusiasmado, ya que así era.

Mi suegro, mi cuñado, mi suegra, pero no Niel, no quiero problemas, no he tomado nada de la cuenta personal desde hace un par de años - me contó con pesar.

¡Pero es tu dinero! - exclamé sin poder creer lo que escuchaba.

¿Y? - me cuestionó como si yo fuera retardado y no entendiera nada.

Podrías vivir bien - le aseguré.

Pero mi vida sería vacía, de alguna forma mis padres pensaron que lo que estudié me serviría en la vida, las matemáticas no eran lo mío - rectificó ella.

¿Cómo dices? - cuestioné, entonces cómo es que había escogido un área tan difícil.

Quería con fervor ser escritora, pero mi familia decía que eso no viste, calza ni da de comer - mencionó un poco entristecida.

Entonces estudiaste algo que no querías - se me salió y me gané una mirada retadora de su parte.

No, papá no entendía como ser escritora se volvió una pasión porque en ninguna de las dos familias había un escritor nato y mucho menos un artista. Pero cuando ya tenía algunos años trabajando en ingeniería me di cuenta de que eso me daba algunos beneficios como pagarme cursos para escritores - comenzó a explicarme.

¿Son caros? - cuestioné porque no sabía de ello.

No precisamente, pero te devanas los sesos para algunas ideas. Sobre todo cuando padeces la enfermedad del escritor... - sonrió ante esas palabras.

¿Cuál es esa? - no lo sabía.

Falta de inspiración... - me respondió.

Ya entiendo - sonreí ante la idea de esa enfermedad.

Bueno mira, tienes algún rota folios o pizarrón para que te explique lo que puedes hacer - dijo Candice, esperando que ella accediera a mi petición de trabajar para mí.

Definitivamente Candice tenía mucha experiencia en éstos menesteres, más que a mí, el pizarrón estaba lleno de datos que sólo yo pensaba que estaban en mi cabeza, me sorprendí bastante con eso. Ella explicaba todo muy detallado, tanto que no me di cuenta cuando me hablaba.

¿Alguna pregunta? - me preguntó impaciente, dado que hacía tiempo que no le prestaba el más mínimo caso.

Entonces los cambios se harán en los próximos tres días, ¿serán suficientes? - cuestioné ya que lo único que si había captado era el tiempo en que demoraba la reingeniería.

Dímelo tú, tú eres el magnate no yo - me respondió sonriente.

Espera, Nympha ¿puedes venir? - le pregunté a mi secretaria cuando me levanté para abrir el intercomunicador.

Por supuesto - accedió ella, levantándose y tomando su ipad, se acercó a mi oficina.

Toc, toc

Señor - me llamó cuando entró.

Nympha, necesito que le digas a recursos humanos que todos los empleados no vengan a trabajar hasta el lunes por favor, pero que se pasen por ésta boutique, cotiza uniformes, sobre el modelo, reúnelos a todos y que escojan algo que les guste en conjunto, llama a Donatello para que te pongas de acuerdo con él, debe ofrecerte cortes juveniles y elegantes. Llama a las agencias de construcción que visitamos la vez anterior para la sala de conferencias y que nos hagan un presupuesto para que hagamos esos cambios - informé esperando que ella se fuera.

¿Eso es todo? - preguntó Nympha.

Sí - respondí escuetamente.

Está bien señor, una pregunta: ¿cueste lo que cueste? - me preguntó ella.

Te lo dejo a tu consideración - respondí dándole permiso de cualquier gasto sin importar las nimiedades.

Por supuesto, por cierto, su hermano Archie viene para acá - me informó medio sonriente.

Gracias Nympha, ¿algo más? - quise saber de lo que hablaba.

Sí, la ha visto allá abajo – me indicó con la mirada hacia Candice.

¡Arreglaré eso! - respondí sin muchos ánimos.

Permiso - Nympha se excusó y salió de la oficina.

¡Has causado revuelo! - le informé a Candice.

Ese suele ser el efecto que produzco... - respondió de forma malévola.

Sí claro, adelante - pedí cuando oí que tocaban la puerta.

Terry…perdona ¿estás ocupado? - era obvio que sí. ¿Puedo hablar contigo un momento? - preguntó Archie pensando que no era una novedad que ella estuviese hablando conmigo.

Bueno, me vuelvo a casa - resolvió Candice, tomando las muletas.

¡Te llevo, sólo espérame! - le dije a ella, haciendo que saliera de mi oficina y Archie por consiguiente que cerrara.

Ah está bien, permiso - se retiró de allí.

Pase usted. Me puedes decir ¿qué es lo que haces? - quiso saber Archie con molestia.

Modificaciones... - respondí como lo que era.

¿Quién es ella? - cuestionó la presencia de Candice.

Una consultora administrativa... - respondí de la mejor manera.

¿La necesitas? O es que ¿te la estás tirando? - mencionó mi hermano y yo quise estrangularlo.

No voy a contestar eso, la necesitamos hombre además no trabaja conmigo sino con Robert y Kolios, rectifiqué para que se dejara de tonterías.

Hubo un problema en el cumpleaños de Biagio, vi a Niel muy molesto - me preguntó esperando una respuesta certera.

¿Quieres saber qué hace ella aquí? – debía desviar la conversación a temas más seguros.

Sí - respondio afirmativamente.

Nuestra administración es mala y sólo le estoy pidiendo un favor, eso es todo lo que tienes que saber - resolví contarle lo que significaba su presencia.

¿Por qué te has vuelto tan secretudo? - cuestionó mi comportamiento.

Porque tengo derechos y obligaciones como todos ustedes y no han hecho gran cosa por la empresa, esto se ha convertido en un ir y venir de chismes, tiene que acabar, se debe ser más productivo y mi doctorado en finanzas no me da para tanto y ustedes no me ayudan mucho que digamos - me quejé amargamente.

¿Qué tienes planeado hacer? - Archie aceptó que en realidad ellos no habian colaborado mucho.

Dado que ella no me lo puede coordinar, le he dejado a Nympha las cotizaciones y los uniformes para los empleados, la reconstrucción está en el pizarrón de la sala de juntas - le informé indicándole el pizarrón que se encontraba en la sala.

¿Pero no le estás pagando por ello? - cuestionó y pensé que era lo que estaba pensando, claramente le dije que no me lo podía coordinar.

No, además es antiético, ella está con Kolios - volví a informar.

Entonces ¿qué es esto? - Archie tenía algunas dudas.

Un favor, ¿acabó el interrogatorio? Vendré mañana a supervisar el trabajo, debemos comenzar a laborar el lunes, los cambios se harán en éstos cuatro días - le informé levantándome de mi asiento, esto me estaba sacando de mi casillas.

¿Puedo ayudarte en algo? - me cuestionó animado.

Pregúntale a Nympha, tengo que retirarme - le dije, tomando mis cosas y saliendo de allí.

Claro, hablaré con ella - asintió mi hermano.

Sí Nympha, me saludas a Annie - recomendó y se despidió amigablemente de mi secretaria.

Con mucho gusto, señorita - Nympha agradeció.

Adiós... - se despidió y comenzó a caminar.

Te invito a almorzar - respondió.

Gracias, muero de hambre - Candice exclamó, tomándose el estómago en son de hambre.

¡Qué extraño! Dime ¿por qué no aceptas el dinero de tu familia política? - quise saber, el mal humor no era de mi y tampoco el que me sintiera acorralado por mi familia.

Porque en verdad que no lo necesito, Kolios me paga bien y mis únicos vicios es ir a tomar café mientras me pierdo en la lectura, mi departamento tiene lo básico y no me gusta la ropa ni las joyas, suelo usar muchos jeans y botas, pero esas me las da la empresa - recapituló todo lo que ella necesitaba eran sus aficiones.

Ya veo, entonces es por orgullo - quería saber si ella era así, orgullosa.

Sé que se puede ver así, alguna vez quise tantas cosas que cuando llegué a la casa de Bert se sentía tan opulenta, pero al mismo tiempo sentía que algo me faltaba, en ocasiones tanto lujo te quita los sueños que quieres realizar en tu vida - me respondió para aliviarme.

Entonces ¿nunca quisiste acostumbrarte al dinero? - me encontraba en un estado de información sincera, quería seguir por el mismo camino.

No, quizás en ocasiones pequé de snob, pero la convivencia al principio de mi matrimonio fue cautelosa, Bert era demasiado paciente y yo odiaba a su primo por lo que me había hecho, ni siquiera recuerdo el ataque y no tengo ese trauma, sólo que terminé yendo con el psicólogo para que Bert me pudiese tocar - responde con un millón de suspiros.

¿Cuánto tiempo? - no podia detenerme.

Después de casarme como cuatro meses. Acepté que no había sido culpa mía, nuestro primer acercamiento sólo fueron besos y caricias, sólo eso soporté. La verdad es que me amaba no sé cómo ni cuánto, pero mientras él ardía en deseos de hacerme el amor, yo sólo le aceptaba uno que otro beso o caricia íntima, pero después me alejaba por días - terminó de contarme.

¡Fue difícil! - exclamé sorprendido.

Mucho, ya no sentía culpabilidad, pero tampoco podía soltarme, así que decidí que lo haría en los días cercanos al periodo, eso me ayudaría a relajarme y a admitir que su ansiedad calmara mi sed - me contó con cautela, estaba revelando más de lo que quisiera.

Buen truco y ¿lo conseguiste? - estaba ansioso porque terminara de explicármelo.

Sí, fue maravilloso para los dos, tanto para él como para mí, en primera instancia porque lo deseaba desde hacía mucho tiempo y ya no me daba tanto terror - siguió contándome.

¿Fue en serio eso? - cuestioné sin parar de asombro.

¿Qué cosa? - fue ahora el turno de ella.

Tu advertencia... - referí algo de nuestras platicas pasadas.

Velo de esta forma, no lo soportarás. Tú eres de una cultura diferente a la mía - pretendía hacerme un maldito favor.

¿No me dejarás que lo intente? - le pregunté ansiando a que me diera luz verde.

No, ¿podemos hablar de otra cosa? - me pidio como no dándome a otra opción.

Tengo que confesarte algo, conozco tu apartamento - me descubrí.

Me lo imaginaba, pero en realidad no lo conoces - me aseguró ella.

No has pensado en vender esas mariposas, te resultarán un arte muy rentable. Espera, espera que quisiste decir con eso - quise saber exactamente a que se refería, uno en Lacio y otro en Roma, estaría hablando de otro más.

Puedes llevarme a un lado más tarde - me solicitó rápidamente.

¿A dónde? - quise saber, pareciera que no quería hablar de los temas en los que significaba tener que revelarme más de ella.

¡Ya lo verás, ahora comamos! - respondió ella animosa, llevándome un restaurante que no conocía.

No entendía por qué se sinceraba cuando estábamos a solas, quizás porque se sentía en confianza conmigo, al mismo tiempo pensaba si me estaría diciendo la verdad; el tener conocimiento de que fuese mujer de Bert durante unos cuantos años y no haber tenido relaciones, le era casi perjudicial a Bert como hombre, en realidad lo conocía poco, nunca fue un entrañable amigo de él, pero sí de Archie, quizás porque compartían los mismos vicios. La tenía enfrente y seguía reacia aceptarme como pretendiente, pero cada vez que atacaba, ella le daba la vuelta. Era contradictorio, tener una inmensa fortuna a su merced y no usarla, entonces que había pasado que ella, la que no quería tocar ese dinero. El simple recuerdo de esa llamada, la de Anthony, me había hecho ver que mis celos eran tan fundados como quería que lo fueran, no simplemente era Marcello y Anthony, sino yo mismo, tenía muchas ideas preconcebidas.

El meollo de éste asunto, radicaba en entenderla, preguntándome si eso fuera posible, ¿eran celos los de esta mañana? ¿Me gustaba sentirme acorralado por todos? De algo sí estaba seguro, siempre tenía una sonrisa para otra persona y para mí, ¿qué tenía?

Continuará...

Hola niñas, un pequeño capítulo, ando enferma espero que puedan aguantar otro capítulo dentro de unas semanas, saludos a todos y diviértanse.