Capitulo XIII
El almuerzo pasó sin contratiempos, cuando abordamos la limusina, Candice buscó en su cartera una tarjeta y le indicó a Fred que fuese hacia allá. El camino era largo, cuando llegamos, ella le comenzó a contar una historia.
Cuando mi marido llevaba un mes de haber muerto, no sabía qué hacer con mi vida, llevaba un poco más de ocho meses realizando un trabajo por iniciativa propia. Perdone ¿se encuentra Cristell? - se interrumpió y al tocar un timbre, por el intercomunicador solicitó hablar con alguien.
Sí señorita, ¿quién le busca? - cuestionó la otra persona por el intercomunicador.
Candice Andley - le respondió de la misma forma, escuetamente.
En seguida le comunico que ha llegado - respondió y corto la comunicación.
Te decía, dentro de mis desviaciones de la aburrición total, decidí hacer mariposas de cristal con armazón de acero, déjame decirte que rompí docenas de ellas, la armonía de los colores no estaba en mi apogeo, así que eché a perder una cantidad enorme de material. Luego comencé de nuevo, con modelos, en una fiesta alguien abrió el que era mi estudio y en la cena me preguntó si vendía las mariposas que había en un cuarto cerca del lobby. Cristell compró decenas de ellas, la verdad no sé cómo pasó eso, pero de esa venta obtuve un dinero extra - le relató como si le contara cualquier cosa.
Pero no sería mucho - exclamé confundido.
No fui la que le puse precio a esa obra, fue ella - se defendió Candice.
Y no muy bien merecido, aún le insisto que le pago poco - reclamó Cristell.
Mira te presento a Cristell Baggio, Cristell, él es Terrence Grandchester - los presentó e increíblemente Cristell sonrió ampliamente.
¡Estoy ante un Grandchester! ¿Cómo está Eleonor? - cuestionó Cristell sonriente.
¿Conoce a mi madre? - pregunté como si no pudiera creerlo.
Sí, desgraciadamente en el sepelio de tu padre, ella estaba muy desconcertada. La conozco desde niña, pero fui la oveja negra de mi familia y ahora compro arte. Y usted señorita qué bueno que me visita, ya tienes la mariposa que te encargué - la saludó de forma italiana, un beso en cada lado de la mejilla.
Ya casi, sólo me falta que me consigas un tono que no encuentro, pero quiero que él vea tu salón - le pidió de favor con las dos manos juntas y suplicándole como niña pequeña.
¿Cuál? ¿El salón de luz? ¿Es necesario? - cuestionó mortificada.
¡Por favor! - suplicó, pero no le costó trabajo.
¡Sí, por favor! - la imité, haciendo que Cristell rodara los ojos.
Está bien, se lo enseñaré, pero usted caballero me promete que no le dirá a nadie de lo que has visto - me hizo prometerlo por las mil vírgenes.
¡Prometido! - juré sonriéndole.
Me perdonan tengo una llamada, saldré al balcón - refirió Candice, saliendo con el teléfono en el oído y hablando en ruso, por supuesto que era Anthony o William con el que hablaba.
Por supuesto, creo que no sabes en lo que te metes - me advirtió Cristell una vez que Candice se había alejado.
¿Qué has dicho? - quise saber de lo que hablaba.
Estás enamorado de ella, pero nunca la entenderás, el dinero no le hace falta - me reprochó cosas que ya sabía, todo el mundo estaba tan preocupado.
¡Me estás amenazando! - espeté furioso.
No, sólo te daré un aviso, para que sepas qué hacer. Ahora vayamos - así como Candice, Cristell volvió a ser amable.
¿No la esperaremos? - le pregunté extrañado.
Ella ya conoce esta ala de la casa, sabrá llegar - me aseguró llevándome hasta allá.
¿Qué pasó con Bert que no quiere aceptar su dinero? - pregunté como si hablara del clima.
Ese no es mi secreto, ella te lo contará si quiere, no puedo traicionar su confianza, vamos - me tomó de la mano.
Candice colgó y comenzó a caminar hacia el ala, ahí se encontró a Terry y a Cristell, ella sonreía y yo no cabía en su asombro, el ala de la que hablaba Cristell tenía ventanas amplias que daban una iluminación solar excelente. Las mariposas que había visto en su departamento eran insulsas al lado de estas, allí dos argollas con hilos de plata las sujetaban, un sinfín de ellas, pendidas en el aire dentro de un destello multicolor. La luz que entraba por ellas hacían las veces de un prisma, todas se reflejaban en las blancas paredes, lo cual hizo que parecieran espejos de luz.
¡Es… maravilloso! ¡Como reflejan la luz! ¡No me lo puedo creer, mi madre mataría porque su estancia se viera así! - exclamé diciendo pura y exquisitamente la verdad.
¡Esa es mi favorita! - exclamó Cristell señalando una mariposa multicolor.
¡Es hermosa, lo que tocas lo conviertes en arte! ¡Es de oro! - exclamé, pensando que era muy cierto.
Sí de 24 quilates, no es para tanto, sólo me gustan los colores - agradeció pero nada más. Me preguntaba cómo era que a ella no le pareciera así.
Candice, quisiera hablar contigo... - Cristell se la llevó y comenzaron a hablar en voz bajita.
¿Qué pasa? - preguntó Candice confundida.
Me ha contactado tu suegro - le platicó la chica.
Lo sé, me encontró por Niel - respondió ella triste.
¡No puede ser posible! ¡Ese hombre no puede dejarte en paz! - exclamó enfadada.
Parece que no... - respondió ella.
¡Tienes que tomar ese dinero alguna vez! - rebatió ella guardando silencio y mirándola como se quitaba una lagrima de la mejilla.
¡No lo haré! - respondió escueta.
¡Eso es orgullo y lo sabes! - le reclamó.
No lo necesito y es mi última palabra - respondió ella zanjando el tema.
No sé, ¿qué haré contigo? Oye ¿está enamorado de ti? - le preguntó Cristell señalándome con la mirada.
No puede amarme, lo sabes. Lo alejaré y me olvidará - respondió sin mayor problema.
¿Y tú, ya lo has hecho? - le cuestionó advirtiéndole que las veía.
¿Qué cosa? - cuestionó por curiosidad.
¡Alejarte, por supuesto! - exclamando con obviedad.
¡No me deja! - explico ella.
Y tú has estado atada de manos ¿verdad? Desde ¿cuándo haces lo que un hombre te pide? ¡Ese hombre es un bombón, Bert no quería que te convirtieras en monja! - le dijo Cristell más emocionada que ella misma.
¿Podemos hablar después? - le pidio ella medio sonriendole.
Bueno los dejo, están en su casa - ella lo acepto como que no queria hablar de él.
Gracias Cristell y mucho gusto - respondió y se fue.
Igualmente - respondió alejandose y cerrando la puerta.
Tiene razón debes dejar atrás el orgullo y tomar ese dinero - le comenté haciendo que ella comenzara a caminar debajo de la mariposa que antes veiamos.
¡Métete en tus asuntos, Terry! - me respondio reclamandome.
Tú eres mi asunto… - solté viendola commo cambiaba de tactica y de pla´tica.
Dime, ¿te ha gustado? - me preguntó.
Demasiado, puedes hacerle una a mi madre, sé que te estará agradecida... - decidí no astacarla mas por el momento.
Claro, sólo tengo que conseguir el vidrio - me informó.
¿No lo haces tú? - pregunté por eso que no tenía.
No, ese lo compro en Austria - me dijo como si no supiera que más hacer.
¡Tan lejos! - exclamé, sorprendiendome.
Cubre especificaciones al cien por ciento, además me lo puedo costear, mis mariposas tienen parte de mis encantos… - me dijo, obviamente mi mente comenzó a dibujar esos encantos. ¡Esos no! - refutó porque ella pensó lo que yo. De pequeña me encantaba iluminar porque el dibujo y yo no somos enemigos íntimos - refirió apenada.
¿Enemigos íntimos? - pregunté tratando de no reirme tan alto.
¿Cuándo has visto un perro de cinco patas? - me preguntó como si fuera una aberracion.
¡Jajajaja creo que no! - respondi de la misma forma.
Le puedes preguntar ¿qué colores le gustan? No, mejor no, espera - se retiró de ahí y dibujó algo en un papel.
¿Qué haces? - quise saber.
No seas metiche, ya está, toma, en la casa te daré colores y pídele a tu mamá que la ilumine, así sabré ¿cómo la quiere? Hazle recomendaciones, debe ser como más le guste - me sugirio extendiendome la hoja.
¡Eres pésima dibujando! - vi algo que se parecia a una mariposa.
Lo sé, también la puedes sacar de la red, experto en arte, ¿nos vamos? - me preguntó despues de burlarse.
¡Sí, vámonos! - respondí acompalandola hacia la salida.
La ayudé a subir a la limusina, y detrás de mí, Claude, le había ordenado que nos siguiera a todos lados. Candice se colocó el cinturón de seguridad, en el trayecto ella había cerrado los ojos quedándose profundamente dormida, cuando hubiésemos llegado la levanté en vilo y la dejé recostada en su cama.
Bert… - pronunció ella y yo me quedé helado.
Hasta cuando dejaría el pasado en su lugar me preguntaba, me puse furioso y salí después de dejarle en claro que me molestaba que otro ocupara sus pensamientos, obvio que decírselo cuando estuviese despierta hubiese sido mejor. Tuve que aceptar que quería ser yo, el que estuviera ahí, presente. Me senté a su lado y después al recostarme me quedé completamente dormido.
Cuando comencé a despertar Mo y Glo se encontraban acurrucadas en los brazos de Candice y yo en la gloria, abrazado a ella, me estiré un poco al ver esa foto y Glo se despertó rascándose la oreja, volviendo a dormir más tarde.
Lo único que quería hacer era despertar, pero no lo conseguía, así que Candice se removió un poco, de pronto me di cuenta que ambos estábamos cubiertos con una frazada y que alguien tenía que haber dejado a las cachorros en su regazo, fue entonces que abrí los ojos, no encontré a nadie, así que preferí seguir durmiendo.
Algunas horas después, Candice se estiraba a la par que aquellas mascotas, comenzando a hacer ruido, pero preferí aparentar que estaba dormido, cuando sentí que ella se volvía, dio un suspiro y acabó por dormitar más tiempo. Intenté abrir un ojo y observé que ella tenía los suyos cerrados.
¿Qué hace usted aquí, señor Terry? Miren niñas, nos está robando espacio. Así dormido, ya no das tanto miedo - comentó sabiendo que yo estaba dormido.
¿Candice tenía miedo? ¡De mí! Aquello era completamente desconocido y sé que por lo mismo nunca lo hubiera hecho.
Sigo pensándolo, eres apuesto, pero muy joven, muy joven para mí y yo soy demasiado vieja para ti, no podría enamorarme ni aunque lo intentaras. No debes intentarlo, saldrías lastimado y yo…el daño sería irreparable - suspiró tratando de contener un sollozo, el cual pronto se disipo debido a que soltó un suspiro.
Se estaba confesando, entonces me quiere ¿o no? ¡Habla de una maldita vez! No, no, no contestes, yo quiero saber ¿qué piensas?
Bueno, ¡hola! - contestó ella en perfecto italiano.
¡Hola pequeña! ¿cómo estás? - le preguntó la otra voz.
Bien, dormida y ¿tú? - preguntó somnolienta.
Pon el altavoz. Aquí despegando de Moscú, necesito verte, ¡te he extrañado tanto! - exclamó el hombre del otro lado de la línea.
¿En verdad? - le cuestionó impresionada.
¡Demasiado! Bueno, ¿cómo está el ogro? - le preguntó una vez más.
Bien, parece ángel - le respondió sonriente por el apodo.
¿Está dormido entonces? - intuyó le chico, ¡qué listo!
Sí, ¿viajas en vuelo comercial? - atinó a cuestionar
No mi vida, ya sabes que esas cosas sólo las hago por ti - preguntó nuevamente.
Bueno, ¡no quiero escuchar lo demás! - ella le avisó, al parecer tenía algo en común.
¿Por qué no? Dime algo, ¿te gusta? - volvió al ataque.
¿Quién? - ella fue ahora la que le cuestionó.
¡El ogro, por supuesto! - el chico listo comenzó a reírse.
¡Me gusta lo mismo que tú! - enfatizó lo ultimo y no sé ¿por qué es que esa voz ahora me parecía tan conocida?
Pero no puedo ser tu novio, él lo tiene todo: dinero, posición, es joven, de ojos verdes, apuesto, una virilidad que se respira por los poros - comenzó a enumerar algunas de mis cualidades.
Jajaja no pensé que dirías eso, la virilidad no es algo que le pueda criticar - se burló animosamente.
¡Aún! Pero espera que te invite a nadar y me dirás - aclaró el otro, esperando que ella protestara.
Sólo te faltaron algunos adjetivos es: manda más, tiene un carácter explosivo, quisiera que fuese tan sumisa como sea posible y por supuesto todas las órdenes deben ser acatadas que para eso les pago – Candice se atrevió a arremedarme.
En realidad ella sólo veía eso, además no soy de la opinión de las esclavas sexuales y tampoco es algún crimen que alguien trabaje para mí.
¡Cálmate! Creo que ese tema ya está muy usado, ¿no? - preguntó con sorna.
Me refiero a que si él ordena algo, deberé de obedecerlo al pie de la letra y sin rechistar - hizo el ademán de no protesta.
Como sé que lo tienes enfrente, dale un mordisco y verás que es real... - sugirió el chico muy simpático.
¡Ya te lo dije, no me enamoraré! - respingó ella.
No estoy muy seguro de ello, lo mismo dijiste de Bert...- le hizo una aclaración.
Eso es…diferente - explicó ella.
¡Te gusta criar! - exclamó él sabiendo ella que tenia razón.
¡No es cierto! - se defendió.
Oh sí, ¿cuántos años le llevabas a Bert? - el chico me estaba cayendo demasiado bien, eso precisamente quería saber.
¡Cuatro! Pero fue tan insistente, ¡qué bueno! ¡Me acostumbré a él! - explicó ella.
¡Ajá y a sus desplantes de divo! - refutó aquel dándome tanta risa, pero sin poder expresarla, quería seguir escuchando.
¡Era tu mejor amigo! - lo reprendió.
Y ¿qué? Pero no por eso no era delicado, pero por lo que recuerdo sus noches en su casa eran… apasionadas - le comenzó a hacer burla.
¡Francesco eso es… inapropiado! - se indignó ella.
Lo siento, pero recuerda que su casa tenían calefactores conectados y bueno tu habitación y la mía, tú sabes, pero no deseo ver cómo te sonrojas así que sólo diré eso - le comentó haciéndola enrojecer.
¿Te lo parece? ¡Ay qué pena! ¡No me lo habías dicho antes! - le recriminó.
Jajajaja no te preocupes, creo que nadie imaginaria que tú y Bert eran especialmente… ruidosos - respondió sonriéndole.
Calla, no lo repitas y si lo haces, te castro - lo amonestó.
¡Uy que geniecito! Me lo llevaré a la tumba - prometió con la mano alzada.
Más te vale, ¿cuándo llegas? - preguntó ella.
No te desvíes del tema preciosa, ¿por qué crees que te hablo ahorita? Sé que tu mente cuando apenas bajas de tus nubes no está al cien por ciento y quiero que no me disfraces la verdad... - advirtió él.
Y ¿qué quieres oír amigo mentiroso? - cuestionó ella.
¡No lo sé, dímelo tú! - exclamó él.
Ah está bien, si me gusta…demasiado diría yo… ¿satisfecho? - preguntó después de aceptar lo que a mí siempre me negaba.
Entonces… - inquirió el chico listo.
Entonces ¿qué? Sólo eso. Mira Francesco, no daré mi brazo a torcer, él no quiere una chica como yo, no soy como Susana, ella sí que es una chica europea y yo… - se quedó a medias.
¿Tú qué? - preguntó esperando que terminara.
Yo no soy como ella ni tantito así - hizo pequeñito con pulgar e índice.
Entonces ¿cómo eres? - quiso saber.
Sólo soy yo, si le preguntara ¿cómo le gustan las chicas? Seguro diría que como Susana - respondió ella acomodándose.
Y ¿cómo sabes eso? - cuestionó Francesco demasiado divertido.
Sí Candice, dinos ¿cómo sabes eso? - ahora si me iba a escuchar.
¡Terry! - exclamó ella sorprendida.
¡Oh cielos! Bueno linda te veo después…ciao - se despidió Francesco.
¡Todo esto, es tú culpa! - le reclamó enfadada y por los ojos asesinos que recibía de mi parte.
Estoy esperando... - le urgí.
¿Qué parte has oído? - ella quiso saber.
Todo, pero has hecho una declaración en la que no estoy totalmente de acuerdo y en vez de preguntarme a mí, se lo cuentas a ese, ¿quién es Francesco? - pregunté ansioso por la respuesta.
¿Qué te interesa? - me reprochó y salió de la cama tan rápido que me sorprendió que tuviera la pierna totalmente enyesada.
Estaba furioso con ella por habérselo dicho a un desconocido menos a mí, como podía siquiera pensar que era así, bueno quizás un poco de eso, pero no completamente.
¡No se lo pregunté! ¡Se lo estaba contando! - me advirtió ella tomando un taladro pequeño y comenzando a perforar el yeso.
¿Qué diferencia hay? ¿A dónde vas? ¡Cómo te atreves a criticarme y en mi presencia! - por supuesto que debería de prestar atención a ese detalle, se estaba quitando la parte de arriba del yeso de su pierna, pero ella me tenía que explicar lo que ocurría.
¡Estabas dormido, así que técnicamente no estabas presente! - me aclaró ella, quitandose la ferula superior.
¡Y un cuerno! ¿Cómo puedes pensar que sólo amo un cuerpo? - me defendi en contra de ella, de su mente.
¡Dime que no es así! - exclamó ella cojeando.
No es así, por Dios, por supuesto que una belleza me atrae, pero de eso a que me digas que sólo eso me interesa, ya estuvieras postrada en esa cama complaciéndome y no aquí confesando tus intimidades con tu cuñado, que por si no recuerdo mal, son amantes. Y eso no lo permitiré, tú eres mía y no de él, me entiendes cuando estés conmigo no pensarás en otro hombre - le deje muy en claro lo que pensaba y esperaba de ella como la mujer que amo.
Ves, estaba en lo cierto, pues has de saber que no cederé ante tus absurdas pretensiones - me retó, volvió a hablar por quien sabe qué.
¡De en balde tanta inteligencia! - espeté furioso.
¡Mira quién lo dice! - ella me lo regresó.
No quieres saber que tal luzco…¿desnudo? O qué mejor, ¿quieres que te haga mía? - la tome de la cintura y ella coloco la punta de su pie sobre la alfombra, tratando de no caerse cuando la atraje más hacia mí, sin importarme ya el respeto que le debía.
No gracias, creo que escuchaste algo que no te interesaba - me empujó rechazándome.
Oh por supuesto que si me interesa, ¡te gusto! - le recordé.
No…bueno, sí y qué, ya te había dicho que eras guapo, pero no puedo amarte, ¿qué acaso no lo entiendes? - me lo preguntó, ¿que acaso no se había dado cuenta? De que no me interesaba su opinión.
¿Por qué no puedes? ¿Aún lo amas? ¡Dímelo y de una vez solucionamos toda ésta locura! - le respondí gritándole.
Lo haré toda mi vida... - se atrevió a echármelo en cara.
Esos pensamientos no son tuyos, ¿cuántas veces te has mentido? ¡Bésame y así sabré si son ciertos! - esto no debía ir por ese camino, pero presentía que le encantaba picarlo con esa actitud de no te quiero.
¡No quiero hacerlo! ¡Suéltame! - forcejeó conmigo.
¿Miedo? - cuestioné sacándola de su estado de confort.
¡No…no puedo! - comenzó a retirarse de mí y de mis brazos, quería sentirla y ella no quería.
Estás terriblemente aterrada, de sentir nuevamente amor por un niño - volví a recordarle su plática.
Mi corazón se ha vuelto viejo... - ella comenzó a sentir miedo.
¿Estás segura? ¡O es que acaso te hago vibrar sin ni siquiera tocarte! - ahora me tocaba a mí, siempre quería tener algo que saber de ella, pero en vez de temor fue todo lo contrario...fue pavor, tenía que detenerme, esto se estaba saliendo de control.
¡Suéltame…por favor! - pidió ella y así lo hice, la solté.
No tengas miedo, nunca te haría daño. Sólo te pido un beso, sé que tú también lo deseas - le pedí intentando calmarme.
No… - me rechazo.
¡Por favor! - volví a hacerlo, suplicar no iba en mi.
¡No hagas esto… no podré soportarlo! - ella temblaba, lo que no sabia si era de impotencia o el pavor que antes había notado.
¿Por qué lloras? No por favor, no llores, no te lo permito, no debes llorar. Maldición perdóname, es que me sacas de mis casillas, tengo que defenderme de alguna manera. Dime, ¿por qué estas así…? - quise saber no entendía de donde es que ella sentía dolor.
¡Porque duele, duele demasiado…! ¿Por qué quieres esto? ¿Por qué me quieres así? ¿No puedo ser lo que tú me pides? - se defendió ella soltando a llorar.
No te estoy pidiendo nada, sólo te pido un beso. ¿Te duele tanto darme un beso? - le pregunté y en ese mismo instante me pregunté si recordaba algo de aquel suceso.
Sí… - respondió cuando dos lágrimas rodaban por sus mejillas.
¿Me tienes miedo? - cuestioné al observar que su rostro se ponía lívido.
Sí… - afirmó con apenas un hilo de voz.
¿Crees que te haría daño? - eso fue lo que me temía, algo en mi actitud accionaba su miedo, tenía que cambiar de estrategia. Le cuestioné lo que para mí era obvio.
Te lo haría yo... - respondió sacándome de equilibrio.
¿Cómo puedes decirme eso? - pregunté aventándola a la cama.
No soy buena para ti, debes alejarte - trató de levantarse, suplicándome que accediera.
Sabes… me has decepcionado - quizás eso fue demasiado fuerte hasta para mí, pero ¿cómo hacerla reaccionar?
Eso esperaba, puedes salir de mi habitación, les causas mucho estrés a las niñas… - me aseguró con cinismo.
¡No me lo puedo creer! ¡Ahora usas de pretexto a tus mascotas! Esta discusión no ha acabado y te prohíbo terminantemente salir de tu habitación - le ordené esperando que reaccionara y lo hizo, no podía quedarse callada.
¡No soy una niña! - me gritó.
Pues de hecho no lo estás comprobando y hasta que no te comportes como un adulto, ¡no lo harás, no te irás y es mi última palabra! - vociferé, no pude controlarme, su rostro estaba como hace unos momentos, lívido y enrojecido.
Pero… - intentó responderme.
Me conocerás si haces lo contrario… - la amenacé e increíblemente sólo se dejó caer en la cama, había ganado ésta discusión.
¡Tenía que hacerlo, necesitaba salir de allí! ¡No podía creerlo! ¿Qué esperaba? Sacarme de su vida así, sin tomar en cuenta mí… ¡oh Dios! ¿Qué rayos me estaba pasando? Sin tomar en cuenta mi corazón y el terrible dolor que el sólo pensar en ello me producía. No podía permitirlo, pero ¿por qué hacerlo? No sabía nada de ella, nada, sólo pocas cosas, pocas en las que lograba sincerarse, entonces ¿qué hacer? Decidí ir a mi habitación, tomar una ducha y recostarme un rato, quizás así me relajaría lo suficiente para no matarla o amarla y poseerla como quería hacerlo en ese momento.
Pasaron unas horas, todo estaba en silencio, me levanté y salí de mi habitación en dirección a la cocina, pasé por la suya, se oían ruidos, al parecer las perritas estaban inquietas, lo cual me resultaba extraño. Me pasé de largo, pero ese extraño me era suficiente para asomarme unos segundos.
Abrí la puerta lentamente y de pronto Mo salió despavorida, acaramelándose en mis pies, me asomé desde la puerta y la cama no estaba desecha, alargué la vista y la ropa tirada en la alfombra llamó mi atención, fue entonces que entré por completo, busqué alrededor, caminé hasta el cuarto de baño, me asomé al jardín y nada, no estaba por ningún lado. Halé mi cabello sin poder creérmelo, lo había hecho, había huido de su habitación, de mi casa probablemente y de mis brazos. Me encontraba furioso, endemoniadamente de hecho, me faltaba revisar toda la casa hasta que algo llamó mi atención, en la mesilla que estaba cerca de la ventana había una nota.
Terry
En este momento en que somos tan incompatibles, me doy de alta, no me busques y haz de cuenta que no nos conocimos.
La niña
¡Maldición! Si era acaso una rabieta, debería de corregirlo lo antes posible, es más en ese mismo instante, no se quedaría así, salí de ahí y me mudé de ropa en unos cuantos minutos. Apresuré el paso llegando al garaje, tomaría el primer auto que se encontraba a la vista, tomé las llaves del portallaves y observé que era de la Land Rover LCV 23, propiedad de Fred; luego le explicaría, quizás por la mañana ¿por qué la había tomado? Me pregunté repetidamente mientras salía de la propiedad ¿en dónde debería de buscarla? El único lugar que conocía era su departamento, los neumáticos chirriaron, pero afortunadamente nadie se despertó, manejé rápidamente por las calles oscuras hasta llegar a mi destino, cuando descendí del auto, su departamento tenía una tenue luz, por lo que me imaginé que estaría en la sala. En lo único que pensaba era que me las pagaría, pero mayor fue mi sorpresa escucharla platicar con alguien al descubrir que la puerta se encontraba semi abierta. ¿Estaba platicando a las tres de la mañana? ¿Con quién?
¡Hay mi vida! ¿Por qué siempre haces eso? ¿Sabes lo que dirá si descubre que no estás allá? – cuestionó un hombre.
No es mi dueño – respondió otra voz, al parecer la mujer era Candice en el altavoz del teléfono.
Pero eso no lo entenderá, de alguna absurda manera lo tienes enamorado – refutó él sonriendo.
¡Créeme, no lo entiendo! - replicó ella.
¡Deja de pensarlo mujer, tienes que sentirlo! - advirtió él sonriendo.
¡Es difícil…muy difícil, estoy tan cansada! - se quejó.
Aún tienes los efectos de los calmantes, es natural - recomendó él.
Sí, debo dormir - respondió tajante.
Dime, ¿las tienes? - preguntó, por alguna razón conocía esa voz.
De esas no, a veces… vamos a dormir - sugirió ella.
¿Dónde dormiré? El sillón es incómodo - bromeó el hombre.
Sabes que dormirías conmigo... - respondió ella, riéndose.
Si lo sé, pero ¡no estás aquí! - reclamó él.
¡Lo sé! - exclamó ahora ella.
Candice, ¿dónde estás? - entré rápidamente, buscándola por doquier.
¡Ay Dios! Tu ogro ya llegó, llámame después - le dijo colgando.
¿Dónde está? - le pregunté al hombre ahí.
¡Llámala! ¡Aquí no está! - exclamó Anthony burlón.
Sabes ¿dónde está? - le pregunté encarándolo, enojado y con pocos ánimos de tolerarlo.
Sí y no, sé que está bien, pero no, ¿en dónde? - respondió apartando mis manos lejos de su cuello.
¿Cómo has dicho? ¡Este es su apartamento! - respondí como si solo este tuviera.
Sí, uno de ellos - respondió sirviéndose una copa.
¿Qué cosa? ¿Qué quisiste decir con uno de ellos? - no entendía cuantos más aparte del de Lacio tenía.
Uno de ellos, tiene otro en Lacio como bien sabes, debe estar en alguna propiedad de Ferrel, pero no sé a ciencia cierta dónde está y con quién lo comparte - sonrió ante esa posibilidad.
¡No puede ser posible! ¡Tiene otro lugar y tú y tú familia no lo saben! ¿Acaso lo sabía su esposo? Lo comparte con alguien, quieres decir que vive con otra persona… ¡con un hombre, vive con otro hombre! - enloquecí literalmente, esa información fue demasiado para mí.
No lo sé, créeme, por años llevamos ignorando dónde se encuentra ese otro departamento, Bert o Ferrel se lo compró, pero no sabemos dónde está. Con tu permiso, me voy a dormir - cuando terminó sonrió y se burlo de mi, despidiéndose.
Fue una noticia que me dejó helado, no podía creerlo, ¿dónde estaría ella en esos momentos ? ¿Qué había hecho? Eres un estúpido Terrence Grandhcester, la echaste a la calle en un tris.
La sola idea de no verla jamás me había dejado sin qué decir y ni sentir, tenía mucho odio hacia mí, por ser tan estúpido. La había reprendido como si fuera un completo ignorante, ella no era ninguna niña y yo, yo sólo me senté ahí sin saber a dónde estaría ella ni con quién. Regresé a la fría y austera mansión, sin decir nada y sin saber lo que hacía.
Cuando llegué a casa, nadie se encontraba despierto, me encaminé al césped del jardín, cercano a la alberca techada, del lado del horizonte, la alberca se encontraba dividida por un gran ventanal de doble vista. Me detuve ante éste, observándome completamente, era un manojo de nervios y confusiones, ansiedades y solo atiné a quedarme allí, recargándome y viéndome detenidamente, sintiendo como resbalaban lágrimas de coraje y celos; veía ante mis ojos la imagen del orgulloso y altanero joven, Terrence Grandchester, ahora destruido y obcecado, mis estudios no fueron suficiente para hacerme entender que algo había salido mal, me pregunté ¿qué había salido mal? Realmente no lo entendía o no quería entenderlo, al menos en ese momento.
No podía creerlo, todo estaba perdido, que era realmente lo que ella quería de mí, tal vez nada, y yo de ella, ¿qué había salido mal? Recordaba sus últimas palabras…"no soy una niña" y después la amenacé, ¿cómo fui a creer que con amenazarla todo iba a ser diferente? ¡Fui egoísta y estúpido! En realidad sólo quería decirle que se quedase conmigo aunque me pisoteara, aunque no me dijera que me amara, pero mi orgullo y sí, mi apellido no podía tolerarlo, se haría lo que yo decía y simplemente decidió irse, así, sin más. La obligué a irse con otro hombre, a los besos, caricias, brazos y cuerpo de otro hombre.
Sin darme cuenta hacia dónde iba, caminé por fuera del salón de la piscina y tomé un pilar que componía a la terraza, algo que para mí era importante, desanduve sobre mis pasos, enfurecido conmigo mismo y lo hice.
¡Eres un estúpido Terry Grandchester, Caaannndddiiiccceee! – rompí el gran ventanal y caí poco a poco en los restos de éste, llorando por mi tragedia, una que yo mismo me ocasioné.
Todos en la casa despertaron alarmados y probablemente las alarmas ubicadas dentro del ventanal sonaron; algunos pedazos cedieron y otros quedaron colgados, mi madre preocupada bajó corriendo aunque el primero en llegar fue Fred, me miró como si no supiera lo que me ocurría. Marie gritó en ese instante debido a que un trozo de vidrio pendía en la parte superior del marco, justo donde estaba arrodillado con los brazos en el piso y llorando amargamente.
¡Terry! – Fred intentó acercarse.
¡Aléjate, quiero estar sólo! – grité para que se alejara de ahí y no me tocase. Sólo quería que ella apareciera, ahí para consolarme.
¿Qué está pasando Fred? ¿Alguien ha entrado a la mansión? ¡Terry! – cuestionó mi madre a Fred, hasta que me localizó con la mirada, asemejando a una madeja de estambre.
¡Quiero estar sólo, no lo entienden! – les grité a todos, quería estar sólo, en realidad quería estarlo.
Fred desconecta las alarmas – susurró Marie a mi chofer que se encontraba muy cerca de mí.
Sí señora – Fred accedió inmediatamente.
Terry, ¿qué tienes? – mi madre intentó acercarse, ella se encontraba detrás de mí.
Soy un estúpido Grandchester, ¿se te hace conocido? – le dije tratando de que sonara a broma.
Pero ¿qué dices? ¿Por qué estas así? – ella quiso saber lo que me ocurría.
Es Candice, ¡se fue…! - sonreí y luego mi corazón se resquebrajó.
¡Oh mi Dios! – mi madre se tomó el pecho y miró a Marie.
Sí, me merezco que lo haya hecho – quise auto compadecerme.
¡No hijo, no te lo mereces! – mi madre me quiso hacer sentir mejor, pero no me sentí mejor.
Sólo quiero estar solo, ¿pueden dejarme solo? – les pedí a todos que se alejaran de ahí.
La policía está aquí, al parecer las alarmas se activaron desde antes, Terry no debe haberse acordado de que tenía que desactivarla cuando entró – se acercó Fred a una distancia prudente y le dijo a mi madre lo que acontecía.
¡Que esperen, llama a Benedetti! – solicitó ella, observando a los custodios de soslayo.
Sí señora – Fred obedeció.
¡Mi niño, venga aquí! – Marie estiró su envejecida y trabajada mano, ofreciéndomela, como cuando era niño.
Me lo merezco nana, por ser tan soberbio, ¿por qué no te hice caso? Quizás me merezca que ese filo me parta en dos – cometí otra tontería, me puse en el camino del gran trozo de cristal que todavía quedaba en la parte superior del ventanal.
¡Nooo, no digas eso hijo! ¡Terry! – gritó mi madre, pero no la oí.
¡Duele tanto! ¿Por qué duele tanto, madre? – le pregunté, pero ella también lloraba, no entendía ¿por qué lo hacía?
¡Niño Terry, estás enamorado! Pero no es el fin del mundo, lo resolverás, siempre acabas resolviéndolo – susurraba mi nana, ¿por qué hablaba tan bajo, tan lejano?
¡Se ha ido y no la volveré a ver nunca! – les dije a todos, moviendo el riel del ventanal. Haciendo que Fred y los policías se movieran de su lugar.
¡Alto, por favor, no ven que cometerá una locura! – pidió mi madre histérica.
No puedo soportarlo, ella… ella no me ama. ¡Ama a un muerto, pueden creerlo! A un muerto y no a mí, yo que puedo darle todo mi amor y a mí no me ama – grité lo más que pude.
Estaba ahí, sintiendo odio porque le declaré mi amor y ella no me correspondió. De pronto no sólo los guardias de seguridad del área residencial se encontraban ahí, el Sr. Cosomo también me veía contrariado y había llegado Anthony de no sé dónde junto con Benedetti.
¿Qué crees que haces Terry? – cuestionó Anthony. ¡Hombres estúpidos! – exclamó haciendo que los demás voltearan a verlo.
¡Quiero que me dejen solo, pero no lo entienden! – grité y pedí al mismo tiempo.
¿Has perdido la cabeza? – preguntó Benedetti.
¿No me la merezco? ¡Dímelo! ¿No me la merezco? – cuestioné a Anthony sin pena.
Por supuesto que ¡no te la mereces! – soltó Anthony mofándose.
¿Qué has dicho? ¡Tú qué sabes, te gusta restregarme que contigo si comparte mucho de su vida y conmigo no! – era inevitable, lo tomé de las solapas.
Pobre de ti, Terrence Grandchester, no puede con la competencia. ¡Te mereces que te pase esto! – me sonrió el muy imbécil.
¡Repítelo, repíteme por qué me lo merezco! – cuestioné sumamente enojado.
Porque eso que tú dices que sufres, no es el sufrimiento que ella tiene – me contestó relajado.
¿Cómo dices? – lo solté de donde lo tenía agarrado y dio unos pasos lejos del ventanal.
¡Benedetti es todo tuyo! – resolvió e informó al médico, alejándose de ahí.
Terry ven – indicó Benedetti, dándome la mano.
¿A dónde vas malnacido? – increpé en contra de Anthony. Dime ¿qué quieres decir en realidad? – lo amenacé.
No vale la pena y no diré nada, ¡tú, no vales la pena! – me quedé sin palabras y él volvió a reírse de mí.
¡Dímelo o te juro que no sales de aquí vivo! – lo amenacé cuando todos nos miraban, me agaché y tomé un trozo de vidrio del suelo.
¿Estás seguro? – Anthony vio como Benedetti sacaba del bolsillo de su pantalón una jeringa. ¡Ahora…! – dio la orden y Benedetti metió la aguja en alguna parte de mi brazo.
¿Qué? ¡Benedetti! ¿Qué me has hecho? – tomé mi brazo, acusándolo de haberme inyectado algo.
Necesitas dormir, estás muy alterado, ya recibiré tu regaño después, cuando estés más tranquilo - me dijo sin poder creérmelo.
¡Terry, hijo mío! Señor, ¿qué paso? – quiso saber mi madre, ansiosa por saber el ¿por qué? de mi desmayo.
Candice se alejó de todos, ella tiene un departamento en algún lugar de la ciudad, señora Grandchester, pero en realidad nadie ha sabido nunca donde está. Me retiro y buenas noches – Anthony se despidió amablemente de Eleonor y todos los ahí presentes.
¡Gracias por esto! – le agradeció tiernamente mi mamá.
En realidad no sé por qué todos los hombres de Candice son tan necios – Anthony se detuvo y al girar el cuerpo atinó a decirle en susurro algo a mi madre que oía muy lejano.
Son italianos – se defendió mi madre.
Mi hermano era ruso. Sí eso debe ser, pero en realidad ella lo ama, sólo no se lo diga de momento a Terry, lo lastimaría más saber por qué ella no se lo ha confesado – advirtió él con una sonrisa.
Pareces conocerla bien – afirmó mi madre desconcertada ante la confidencia.
Ni que lo diga, la conozco demasiado bien, pero creo que ni ella lo sabe aún. Mi nombre es Anthony Andley, a sus pies señora Grandchester – Anthony se presentó tomando la mano de mi madre y besándosela, para después comenzar a caminar hacia la salida de la mansión.
Andley, no puede ser, ella es…Candice… ¿la esposa de Albert? – exclamó Eleonor impresionada por el descubrimiento.
En efecto, mi familia lleva cuidándola de lejos desde hace mucho tiempo. Pero eso tampoco necesitamos que se lo digan. Con su permiso, me retiro, buenas noches – se fue haciendo que mi madre se sorprendiera aún más.
Buenas noches, pobre hijo mío. Sabrás que Candice pertenece a una de las familias rusas más poderosas y multimillonarias – atinó a pensarlo porque no cabía la menor duda, él la amaba más de lo que sabría.
¿Qué ha sucedido madre? – cuestionó Archie corriendo hacia mí, viéndome cómo era llevado por Fred hasta mi habitación.
Tu hermano, rompió el ventanal y Benedetti lo sedó – mi madre le informó a Archie lo acontecido.
¿Qué hacía aquí Anthony Andley, madre? – cuestionó Archie sin preocuparse por lo que pasara conmigo.
Gracias a él, Terry está a salvo – respondió mi madre más relajada.
Pero si está sedado – exclamó él.
¡Culpable! Pero mejor así, intentaba suicidarse – respondió Benedetti alzando la mano.
¡Terry! ¿Qué, por qué? No entiendo que tiene que ver Anthony Andley en todo esto – volvió a cuestionar Archie.
Recuerdas a la viuda Andley, ¿la viuda de Albert? – le preguntó mi madre cautelosamente.
Sí, ¿que con ella? – afirmó y re cuestionó.
Apareció esa viuda, es Candice – le informó mi madre tomándolo del brazo y agarrándoselo.
¿Es broma? – infirió Archie.
No – contestó mi madre.
No – después Benedetti.
No mi niño, es ella – fue el turno de Marie que daba indicaciones para recoger los trozos de vidrio y esconderlos para tirarlos en el transcurso de la mañana.
¡Increíble! Y ¿él? – Terry rodó los ojos preguntando lo obvio.
Candice volvió a desaparecer y… él, trato de suicidarse… lo siento – murmuró Eleonor cuando Archie caía a sus pies preocupado, la sola noticia de mi estupidez lo dejó devastado.
Está enamorado de ella, niño Archie – le informó mi nana.
No es cierto, bueno si, era muy autoritario, pero eso es normal en él. ¡Ella ya es mayor! – Archie trató de ser más elocuente, pero tampoco dio resultado.
Pues lo fue demasiado y se fue, a algún lado de esta enorme ciudad –mi madre dio de vueltas, señalando cuán grande era Roma.
Podemos saber ¿dónde está? Con el detective – Archie le aseguró a mi madre.
Anthony y su familia no saben ni siquiera dónde está ese apartamento – Benedetti le informó de inmediato.
¡Cielos, lo tiene todo cubierto! – mi hermano trató de hacer una broma.
Sí - respondió mi madre.
¿Te preocupa algo madre? - Archie quiso saber por qué mi madre tenía ese semblante.
Marie quédate con él por favor, enseguida voy contigo - le pidió a mi nana que observaba como mi cuerpo era conducido a mí habitación.
Sí Eleonor, permiso - respondió ella.
¿Qué pasa mamá? ¿Hay algo que te preocupa? - cuestionó Archie.
Sabes ¿quiénes son los Andley? - le preguntó sonriendo.
Niel es su primo, si quieres pregunto - contestó Archie, quedándose de una pieza.
Tu padre conoció a William Andley, el padre de Bert. Sabes ¿cuán importantes son? - mi madre estaba confundida cuando mi hermano no pudo contestarle nada.
¿Debería? - le regresó la pegunta.
Tienes un contrato con ellos y no sabes que nos podría pasar si a ella le sucede algo - cuestionó mi madre indignada.
No tengo ni idea madre - fue ahora turno de él responder no muy claramente.
Ay Archie, con razón Terry se preocupa por la empresa demasiado, si Candice es una Andley y considerando que su familia política es multimillonaria dime en qué la convierte que ella sea la heredera de las fortunas de Albert y Ferrel Andley.
¿Fortunas? ¿Dos? Eso ya lo sabía, madre; ¿hay otra cosa que debería de saber? - inquirió.
Entonces ¿qué pasa? - mi madre no dejaba de insistir.
No estarás hablando en serio. No me lo puedo creer, debo hablar con William Andley - le informó.
No creo que sea oportuno, Anthony dice que no hay nada de qué preocuparse, ella estará alejada de todo hasta que se recupere - le contó mi madre.
Eso espero madre y ¿Terry? - Archie estaba preocupado por mí.
Eso si no lo sé hijo, pero si estoy preocupada por él. Tendremos que esperar - resolvió encaminándose a mi habitación, con el rostro entristecido por mi estado.
Continuará...
