Capítulo XIV
Pasaron algunas semanas en las cuales deambulé por ahí, en una de esas mañanas entré en la biblioteca de la mansión, hurgando en las fotos que tenía de alguna reunión con Bert, Candice White…ese era su nombre de soltera, no, no podía creérmelo, encontré fotos de ella, en una de las tantas memorias que tenía guardadas en el escritorio, ella era la esposa de Albert Andley recordaba que Bert, como muchos le llamaban residía en ese entonces en Francia, me preguntaba al mismo tiempo ¿qué era lo que ella hacía aquí?
Al terminar de atormentarme con ella por foto, decidí salir a caminar por las calles de Roma, dado que hasta este momento no me interesaba en nada la empresa familiar, tres veces por semana recibía a mi supuesto psicólogo por el asunto del supuesto suicidio, que no era en realidad un suicidio. En ocasiones desperdiciaba el tiempo caminando por cualquier lado, hoy era un día soleado y también era fin de semana, por lo que caminaría y caminaría hasta que me cansara. Las últimas semanas, mi mente sólo repasaba los acontecimientos con Candice y no había ningún error, nada había pasado más que el aparente rechazo de ella y mi sobreprotección lo que había hecho que se fuera. De pronto, vi un cabello largo y rizado a lo lejos, una chica con vestido blanco estaba no muy lejos de mí, algo había llamado mi atención, eran quizás esas piernas, se me hacían conocidas y no es que las viera tanto y a la vez, pensé que mi mente podría estar jugándome una mala pasada, por increíble que pareciera a unos pocos metros de mí se encontraba Candice platicando con un hombre mientras bajaba de una limusina.
Todo tenía que ser una casualidad, tenía que ser ella, se había escapado de la casa y a ciencia cierta no podría encontrarla. Ahí estaba, frente a mí, no podía creerlo, ya no tenía más la férula, así que decidí acercarme para cerciorarme. La limusina se encontraba frente a un callejón, desanduve mis pasos y me metí por éste, traté de que ninguna de los dos me viera y enfoqué a la persona que la recibía con un beso, era… No es posible, ¿Marcello Rocco? No podía creerlo, él era la persona con la que había huido. La recordaba de diferente manera, quizás me estaba engañando a mí mismo, idealizándola. Seguí con la mirada fija en ella, mientras Rocco la conducía a la limusina donde se metieron minutos más tarde y Candice abrazaba a otra persona dentro de la misma. Marcello Rocco era además de mi fiel competencia un entrometido, pero no entendía que era lo que los unía. Al final sólo se fueron. Recordé las fotos que encontré en mi computadora, eran de una fiesta, el día que la conocí fue en una fiesta ofrecida por el tío de Bert, Ferrel la adoraba y no podía vivir sin sus atenciones, quizás Bert había descubierto algo siniestro con su tío, pero no, no podría ser eso, las esposas rusas eran respetadas por su fidelidad... Candice era mexicana, tendría el mismo efecto o Ferrel deseaba a su sobrina política.
Tenía que saber todo de ella, sabía algo, pero no todo. Descubrir que debía ser capaz de huir de Francia para vivir con Marcello Rocco fue una idea que me pareció aberrante y al mismo tiempo ilógica. Mi sentido común fue más persistente en estos momentos, tomé un taxi y los seguí, debía de haber algo más en ese "romance", Thomas se había comunicado conmigo para avisarme que en el curso de la investigación estaba teniendo problemas de puerta cerrada con el ilustre nombre Andley, eran su familia política tan persistente para tratar de ocultar todo con referencia a la vida de Candice. ¿Qué era lo que ocultaban? Me dio una duda, una que fue de lo más interesante, durante interminables calles me percaté de que la limusina se detenía en La Fontana di Venere, un restaurante italiano cerca de la oficina.
La portezuela que daba a la calle se abrió y de ahí salieron tres personas además de ella, eran Marcello Rocco abuelo, padre e hijo, ante mí se encontraban las tres generaciones de los Rocco´s, pero lo que más me disgustó fue que ella fuese al portaequipaje, lo abriera, se quitara la ropa holgada y quedara enfundada en un traje blanco que se amoldaba a su cuerpo como un guante, se quitó también las sandalias cambiándola por unas zapatillas a juego con el vestido, a continuación soltó la pinza que ataba su largo cabello rubio, lo cepilló con los dedos y luego, se colocó unos aretes dorados, por último le pidió a Marcello que fuese hacia ella, tomó los lentes oscuros que tenía en el bolsillo del frente de su chaqueta, se los colocó, revisó su maquillaje el cual al parecer por la mueca que hizo le disgustó un tanto, de su bolso sacó un lápiz y lo retocó para dar un punto final con un poco de máscara en las pestañas y un labial rojo. Apretándose las mejillas después para focalizar un pequeño rubor y cerrar el auto.
Rocco le ofreció el brazo a Candice, tomándolo ella encantada, pero cuando hubieron atravesado la puerta la afianzó de la mano, con lo que me pude dar cuenta que ella portaba un anillo. Estaría casada con ese hombre cuando vivía en mi casa mientras se encontraba convaleciente, me encontraba profusamente celoso. No podía dejar pasar aquello, muchos se hubieran ido de ahí, pero tenía que confirmarlo, una vez quise saber que había pasado con Bert y ella y ahora, quería saber que pasaba con ella y Rocco.
Me bajé del taxi que había tomado en el callejón, le pagué y me encaminé a la entrada del restaurante donde Enrico me recibía impresionado al ver que había viajado en taxi, pero no me dijo nada, oí que me preguntaba que si me daban la mesa de siempre, la cual era mi privado, pero por una extraña petición, por supuesto que para él, le pedí que me sentara aunque en realidad no lo iba hacer, cerca de los Rocco.
¿Señor…? - cuestionó Enrico extrañado.
Enrico, sólo los saludaré y espero tener la suerte de que me inviten a cenar, si no quieren me diriges a cualquier lugar cerca de ellos, quiero saber de qué hablan - le hice una seña con los ojos para que no preguntara más.
Sí señor Grandchester – asintió extrañado Enrico.
Gracias, te sigo - le dije y me dispuse a seguirlo
Por supuesto - aceptó.
Así lo hizo, pero en un descuido del anciano que los acompañaba, al que se le había caído la servilleta hizo que mi mente respondiese rápido, fui quién interceptó la servilleta antes de que cayera en el suelo. Lo que no me esperaba es que ella también lo hiciera, sin importar que el vestido fuese corto y que los hombres la miraran de forma libidinosa.
La agarré, otro poco y llegaba al suelo - mencioné asustado.
Gracias señor… - se interrumpió el abuelo Rocco.
Grandchester, ¡qué sorpresa! – se sorprendió Marcello Rocco Junior, al mismo tiempo ella se quedó sin palabras, observándome y luciendo bastante nerviosa.
¿Qué diablos haces aquí? – me preguntó Candice en un susurro cuando hallé su rostro en mi camino.
Ya te lo he dicho Candice, tú eres mi asunto y cuidado con ese lenguaje. Señor… - le advertí de forma determinante, sonriéndole, lo que hizo que ella se quedara estupefacta.
Marcello Rocco, tanto tiempo de no verlo, Grandchester. Chicos saluden, él es el hijo mayor de Richard Grandchester – refirió el abuelo.
¡Hola Terrence! ¿Cómo estás? - me preguntó el abuelo muy emocionado.
Bien, aquí cenando sólo… nuevamente - sonreí para hacer notar que eso me disgustaba.
Sólo y ¿Susana? - me la tenía que sacar a relucir, pero sin que yo me enterara del parentesco con él.
Terminamos - resolví escueto. Eso no era completamente cierto, pero ellos no lo sabían. ¿Se encuentran en medio de una cena de negocios? - quise saber.
Para nada muchacho, sólo venimos por una cena de convivencia, éste par que ves aquí nos ha traído a cenar, los tiempos cambian - aseguró el abuelo.
Usted señora es Candice Andley, ¿dije algo malo? - cuestioné rápidamente al ver la tristeza de sus ojos y el repentino semblante incomodo de los demás.
Mi nombre es Candice Andley - refirió ella con enojo.
Nada muchacho, algunas heridas jamás cicatrizan - respondió el abuelo.
¿Te has vuelto a casar? - tenía que saberlo.
¿Me disculpan un momento? - de pronto se levantó ella alisándose el vestido que se le había subido bastante.
Por supuesto, ¿te acompaño? - se ofreció Rocco tomándola de la mano.
¡No gracias, solo iré a tomar un medicamento al bar! - respondió ella soltándose de él.
Bueno en un momento vengo, voy al sanitario. Permiso - cuando se hubo ido, yo también pedí disculpas para retirarme, tenía que alcanzarla.
¿Qué se cree? Venirme a perseguir hasta aquí… ¿Cómo me encontró? Terry, ¿qué haces? - me preguntó cuando sintió que la halaba de un brazo, la pegaba a mi cuerpo y la encaraba.
¡Hola, pensé que ibas al bar! - le dije en tono burlón metiéndola al sanitario de damas y poniendo el botón de la puerta.
¿No puedo cambiar de opinión? ¿Qué demonios haces aquí? ¡Este es el sanitario de damas! - espetó asustada.
¡Con un demonio! ¿A quién le importa? ¿Dónde vives? ¡Dímelo! - le exigí, estaba en mi derecho.
¡Me lastimas, suéltame! - me dijo, al notar que mis dedos se encarnaban en la piel del brazo.
¿Vives con alguien? - sólo eso quería saber.
¡Y si así fuera, que te importa! - se atrevió a contestarme de mala manera.
Por supuesto que me importa, al menos debiste darme las gracias, te mantuve por semanas. ¿Anthony sabe dónde vives? - le pregunté curioso.
No, nadie lo sabe, ese lugar es un secreto para todos. Sólo Bert y Ferrel sabían dónde estaba. Gracias por haberme hospedado, pero te dije que podía cuidarme sola. Tengo que irme - quiso zafarse después de que la respuesta llegó a mis oídos.
No, espera. ¡Sólo dime que eres soltera! ¡Sólo dímelo! - exigí como si con eso olvidara las semanas de sufrimiento que me hizo pasar.
¡Por supuesto que soy soltera, imbécil! - se soltó de mi agarre sobándose el brazo.
Entonces ¿qué significa ese anillo? - le pregunté tomándole la mano
No tengo por qué darte cuenta de mis actos... - ella se negó a contestarme. Es el anillo de mi familia, William no deja que me lo quite cuando estoy al cuidado de su familia - respondió menos molesta.
¿Sabes que te cuidan? - pregunté afirmándole que ya lo sabía.
Siempre lo han hecho, es orden expresa de Ferrel. Lo he sabido todo el tiempo - me aclaró tomando su bolso del piso.
¡De Ferrel, eh! - me repetí a mí mismo.
Sí, lo siento si eso te incomoda - se disculpó. Ahora debes volver a la mesa, te extrañarán y mandarán a Marcello a ver ¿qué ocurre? - aseguró como si se tratase de toda la verdad.
Pero… - intenté decir algo más.
Vete Terry, por favor y deja de hacer tonterías - me advirtió con un rostro enojado.
¿Tonterías…? ¿Cómo te enteraste si no has visto a Anthony? - cuestioné asombrado.
Sólo deja de hacerlas, por favor y ve al médico como te lo ordenaron - sugirió abriendo la puerta y empujándome a la salida.
¿Todo bien, Terry? - de pronto llegó Rocco y me acompañó a la mesa.
Perdón tuve una llamada de último minuto - mentí ya que ni eso llevaba. Retomando, tengo la sensación de que cometí una indiscreción - pregunté..
El esposo de Candice falleció hace tres años Terry, aún le cuesta hablar de él - contó el abuelo.
Lo siento, creo que debo parecerle un entrometido - referí apenado.
No te preocupes, su historia de vida es difícil sólo eso, ¿espero que te acuerdes de Ferrel? - cuestionó ausente.
Por supuesto, el tío de Bert - asentí sabiendo a quién se refería.
¿Cuándo falleció? - pregunté ansiando entender que es lo que sucedía.
Un poco después de que Bert sufriera un paro cardiaco, nadie se lo esperaba, era tan joven. Candice se escondió en su casa de verano por largo tiempo y ahí tuvo otra pérdida. El caos familiar fue un total acabose, dolida y en shock, regresó a México y vivió un par de años allá, pero también regresó a Francia. Así que aquí la tienes, más rica que si nosotros tres uniéramos nuestras fortunas - aseguré.
Al recibir la herencia de Bert nos enteramos que tenía propiedades en todos lados y la de Ferrel, pues ya conocías al viejo lobo, se la pasaba comprando cosas sólo por capricho - afirmó Rocco padre.
Pues cuando los vi allá afuera, me pareció que viste muy sencillo como para tener todo ese dinero - expresé notando que a los demás parecía no importarles.
¡Eso es lo increíble! No ha tocado el dinero de las dos herencias y por lo mismo siguen creciendo - aseguró el abuelo.
Entonces ¿con qué se mantiene? - quise saber, aunque eso ya lo sabía.
Con su trabajo, ¿conoces a Leandro Kolios? - me preguntó el padre.
Sí, el consultor administrativo - admití que era el suegro de Robert.
Candice trabaja para él, ¡increíble no! Además posee una empresa demasiado rentable - me sonrió el abuelo, supongo yo que recordando todo lo que era para él esto de sus trabajos.
Dime Marcello, ¿ellos están… juntos? - quise saber.
A veces pensamos que sí, otras veces no lo creemos, la verdad es que ellos suelen ser imperturbables, son fríos y sólo se cuentan sus confidencias en el departamento que comparten - refirió el abuelo.
¿Viven juntos? - eso también quería saberlo.
Sí, desde hace un par de años - acepté que era así.
Oigo que está hablando de mí, abuelo Rocco - el abuelo se vio sorprendido por Candice, quien llegaba junto con Rocco a la mesa.
Nunca mi niña, espero que no te hayas incomodado por la aparente frialdad de Terry - se disculpó el abuelo Rocco.
No para nada, sólo tenía que ir a tomar mis medicamentos, ya sabe cuán engorrosos pueden ser - afirmó ella sentándose al igual que Rocco, el en tono de posesión le colocó la mano sobre la pierna y se la acaricio.
Lo sabemos querida - Rocco lo aceptó con una sonrisa.
Rocco lo dijo con tanta vehemencia que me desconcertó, sobretodo porque ella le sonreía con exageración y él solo paseaba las yemas de sus dedos sobre el cuello de Candice y su pierna. Una vez más no dije nada, pero no me gustó lo que había visto.
¿Cómo van los negocios Rocco? - pregunté para distraerlo.
Bien y ¿a ti? - respondió con sorna.
Muy bien - afirmé.
Será mejor que no hablemos de negocios, señores - interrumpió el abuelo.
Perdonen, tengo una llamada - en ese momento sonó el celular de Rocco y pidió permiso para contestarlo.
Adelante - respondimos todos.
Dime Candice, ¿qué has hecho en estos años? - quizás ahora no se escabulliría por ahí.
¡Trabajar como negra! - expresó ella sonriente.
¿En serio? - no me lo podía creer.
Claro, con Nick no lo hacía porque era adicta a mi trabajo y él se aseguró de cortarme las alas para no ejercer mi opinión acerca de ello - comenzó a reír en demasía al contarle aquello.
¡Qué extraño! Siempre pensé que quería que trabajaras - me defendí de su ataque.
Nunca lo hubiese permitido, ya sabes, ideas de macho magnate ruso. Así que no quería ocasionar problemas por el momento. Pero después me inscribí a tantas clases de todo que daba igual si me dejaba o no, nunca me veía, por lo que optó por dejarme trabajar en mi propia empresa. Al poco tiempo de haberla creado, me podía mantener con toda la calma del mundo, sin la necesidad de su apoyo y consentimiento - volvió a hacerlo, me retó.
Tienes un falso concepto de los magnates, Sra. Andley - le advertí.
Me olvidaba, tú no puedes opinar porque perteneces a ellos. Puedo decir en defensa de Bert, que viví con un dechado de virtudes - se estaba burlando.
Bueno tampoco es para exagerar, pero no te monopolizó - aclaró Rocco.
Tienes toda la razón, cariño - Candice se atrevió a tocarle el rostro.
Como siempre - él en respuesta le besó los dedos.
¡Engreído! - le dio un pequeño golpe con sus dedos.
¡Me parece increíble! - expresé cuando vi que ellos se podían llevar tan bien que me dio miedo.
Sé que las costumbres de aquí son diferentes, ahora quizás me veas como si la esposa abnegada sacase las uñas después de que su marido falleciera, no era difícil amar a Bert, pero las mismas veces que trató de gobernarme no lo logró, así que se limitó a amarme y sólo eso - respondió dándome más en qué pensar.
Tienes razón si tú fueras mi mu…esposa no te permitiría que trabajaras. Tengo el dinero suficiente para mantenerte, bien vestida y bien alimentada - referí haciéndole saber que aquello que estaba compartiendo no me estaba gustando tanto.
Yo lo intenté y no funcionó - refirió Rocco padre.
Yo igual - admitió el abuelo.
Yo vi lo que ellos dos intentaron y sólo la amo tal y como es. Por eso vivo con ella - sonrió Rocco al verla sonrojarse.
Y eres un buen amante - tenía que decirlo, si con lo anterior todos sabían lo que significaba.
Jajaja - todos sonrieron y Rocco estaba fascinado con el comentario.
¿Qué les parece gracioso? - quise saber.
Nada, comamos - espetó Rocco más divertido por mi pregunta.
Candice querida, ¿hay algo que quieras contarnos? - preguntó el abuelo curioso.
Sí, Marcelo recibió una llamada de Richard y Karen, harán una fiesta este fin de semana en una vieja casona de un Duque Cassavachi, ¿la conocen? - preguntó ella después de dar la información.
Por supuesto, es un precioso castillo medieval, pero ¿por qué ahí? - preguntó el abuelo extrañado.
No tengo ni la menor idea - refirió ella.
¡Yo me apunto! - respondió el abuelo haciéndola reír.
¡Yo también! - Rocco padre hizo lo mismo.
Seremos parejas disparejas, pero me encantara llevarlos a ustedes - sonrió ella.
Terry ¿quieres venir? - me preguntó sacándome un poco de balance.
¿Es este fin de semana? - pregunté como si evaluara el tener tiempo.
¡Sí! - respondió efusivo Rocco esperando lo mismo.
Veré qué puedo hacer, me dejarán la dirección a dónde tengo que llegar - pregunté al abuelo.
Por supuesto - aceptó el abuelo, en ese momento voltee el rostro para mirarla y aquellos dos pusieron una cara de desconcierto que no supe interpretar.
Sin saberlo, Richard y Karen los habían invitado a una fiesta mía, Stear solía celebrar su cumpleaños en ese castillo. Me preguntaba por qué Candice parecía tan emocionada, sin duda los Rocco se encontrarían ahí con su invitada, pero como los habría conocido, eso era algo que no quería escuchar, sin duda.
Señora Andley - la llamaron.
Sí - respondió ella alzando el rostro.
El joven de aquel lado le envía esta botella y un mensaje - un camarero le da una nota y una botella.
¡Eh… gracias, qué amable! Vaya, otro insolente - arrugó entre sus dedos la nota. Abuelo Rocco, ¿la quiere usted? - le ofrece la botella dándosela ya descorchada.
Pero es tuya mi niña - refiere el abuelo.
Me encantaría que usted se la tomara. Mesero, podría traerme un midori frappé colado por favor - solicitó ella.
¡Eso también es alcohol! - refuté sin pensarlo.
Lo sé, pero es eso o una copa de vino y no me satisface la idea de una sola copa, así que mejor no caer en tentaciones - me respondió ella retadora.
Le invito una copa - le ofrecí a ella, pero me rechazó.
No gracias, he dicho que midori frappé colado estará bien, mesero no le haga caso al señor aquí presente, creo que soy bastante mayorcita para saber qué es lo que quiero - respondió ella haciendo que el abuelo soltara una risotada.
¡Ni lo intente, perderá la batalla! - me advirtió.
Mi amor ¿qué dice la nota? - preguntó Rocco.
Lo de siempre, mis ojos y mi sonrisa parecen dominar a algunos chicos - responde ella con burla.
¡Me pondré celoso! - expresa Rocco dándole un beso en los labios y los demás siguen con otra conversación.
¡Candice!
¡Natalie, amiga! - se levanta ella y sin componerse el vestido la abraza, Rocco por supuesto mete la mano al ruedo del vestido y lo jala.
Hola abuelo Rocco, ¿cómo está? - saluda Natalie, emocionada y corriendo hasta donde el abuelo esta lo saluda afablemente.
Bien Natalie, ¿qué tal tus padres? - pregunta por los progenitores de la muchacha.
Mejor, han salido de un resfriado con vida. Amiga gracias por presentarme al chico Turner, es divino, hemos salido todas las noches, excepto hoy - se sonríe.
¿Quieres sentarte con nosotros Natalie? - pregunta el abuelo, invitándola.
No, mis padres estarán conmigo en unos minutos, pero gracias por la invitación - agradeció ella sonriéndole.
Pues invítalos, al abuelo no le molesta tener más personas en su mesa, ya ves sólo llegamos nosotros cuatro y ya tenemos a otro… invitado - si pensaba que insultándome ganaría que me alejara de ella, estaba muy equivocada.
Sí Natalie, ven aquí y cuando tus padres lleguen les haremos cupo - volvió a invitarla.
Bueno, gracias. Por cierto, ¡felicidades Candice! - sonrió Natalie traviesa.
¿Por qué? - cuestionó ella.
La vi, esta hermosísima. Me recordó a la pequeñita que vimos en el parque - parecía que ellas se entendían.
¡No! En serio, ¿la hija de ese guapo griego, lo sabe? - cuestionó para ver hasta donde llegaba su información.
No creo, nadie presume la bóveda, esta los llama por magnetismo. Bueno…si ella habla… ah ya veo, abuelo Rocco ¿conoce a Lisandro Nikopolidis? - preguntó Natalie.
Sí, lo conozco, ¿por qué? - asintió el abuelo extrañado.
Porque Candice ha sido acosada por Nikopolidis, la ha ido a buscar a la tienda donde encontramos a su hija - responde ella.
Primero yo, luego Natalie y sus padres, escena que me sacó de mis pensamientos, ¿Candice era romántica? Pero si sólo le conocía dos facetas: la altanera y déspota, y la feminista; ¿cuántas facetas más tenía? Ahora lo que me faltaba Lisandro Nikopolidis, el playboy más conocido en Roma tenía que interesarse en ella, pero ¿cómo era posible? Si cuando estuvimos en el hospital no me dijo nada y es más me aclaró que sólo tenía curiosidad por el comportamiento de ella, ¿es que acaso me habría mentido?
¡Ey ustedes dos! ¿De qué hablan? - quiso saber Rocco padre.
De un trabajo que tengo pendiente con ella - respondió Marcello al ver que se habían enfrascado en una discusión aparte.
¿Otra novela? - cuestionó Natalie.
Sí, muy monótona y yo no soy así - aclaró ella.
Bueno chica, que alguien te haya dicho esas cosas horribles, no significa que lo sea - dijo Natalie y Rocco al mismo tiempo.
Cuando quiere si lo es - advirtió el abuelo.
¡Imperturbable! - expresaron todos con una carcajada limpia.
Imperturbable, ¿qué habrá querido decir con eso? La plática se volvió amena cuando los padres de Natalie llegaron, sorprendiéndose de que estuviera cenando con mis enemigos en los negocios. Al parecer Candice había dejado buena impresión en ellos también. Cuando comenzaba a reír era imparable, pero sucedió todo lo contrario cuando el Lisandro Nikopolidis hizo acto de aparición. Entró al restaurante con un aire de superficialidad, como un hombre pagado de sí mismo. Me preguntaba si así me vería ante todos.
Señora Andley - Nikopolidis la saludó.
Señor Nikopolidis, ¿cómo está usted? - la saludó observándome a mí de soslayo.
Bien gracias, ¿Terry también aquí? - se sorprendió bastante.
Si Lisandro, mucho gusto de verte - respondí.
Igualmente, me despido, tengo una cena de negocios y veo que ustedes van por la mitad - aseguró él.
Pase usted, señor Nikopolidis - varios de nosotros respondimos eso.
Gracias, hasta luego - él se despidió y se fue.
No lo puedo creer, ¿hay algo que no me has contado Candice? - cuestionó Natalie.
Luego te lo cuento, no te he visto últimamente. Y en cuanto a la novela te cuento que el señor éste la manda a investigar, luego encuentra información que al parecer es un secreto para todos y la extorsiona, la amedrenta con que se lo dirá a todos si ella no accede y ella siente una fuerte atracción sexual por lo que son amantes y ya que después de que se cansa de ella, regresa a casa como un perro con la cola entre las patas a llorar su triste pérdida, un hombre opulento tuvo la desfachatez de botarla y negarle su infinita riqueza. Vaya siempre es lo mismo - relata ella con comicidad.
Y ahí estaba, otra vez la Candice feminista, el rostro contrariado y desencajado de los padres de Natalie era mejor que cualquier postre, ella era sensacionalmente perversa o estaba completamente loca. Fue entonces que me di cuenta de algo, ¿cómo es que ella se llevaba de maravilla con los Rocco si todos éramos magnates millonarios?
¿Sabes lo que estás diciendo? Todas las novelas rosas hablan de lo mismo y estas criticando formas de escribir idénticas, con sus variantes - criticó Rocco sonriendo
Sí ¿por qué la pregunta? - cuestiono ella.
Yo soy White y nunca digo cosas que no pienso - respondió altanera.
Por eso te quiero tanto.. - espetó Rocco acariciándole la mejilla.
¡Ya somos dos! - respondió ella tan natural como si yo no estuviese allí.
¿Qué era lo que tenían esos dos? Me impresionaba la manera en la que aquellos se comunicaban, sería cierto que eran pareja o solamente se querían demasiado. Era una faceta que me tardaría en responder, pero que también sería difícil de soportar.
Bueno pues me dio mucho gusto compartir con ustedes. Gracias por la cena, los veo después - se despidió el papá de Natalie. Yo pago la cena - comenzó a sacar su billetera y los demás también.
No, pagáremos nosotros porque los invitamos - aseguró Candice
Soy el hombre, debo de pagar - dije sin hacerle caso a Candice.
Miren Nikopolidis se está peleando con un mesero. Tome, cóbrese de aquí - expresó Candice entregando una tarjeta de crédito al mesero con la cuenta mientras todos los demás veían al inexistente Lisandro y al dar la vuelta vimos lo que había hecho.
¡Candice! - regañaron todos los hombres.
¿Qué cosa? - respondió ella sorbiendo de su trago.
¡Lo hiciste otra vez! - refirió Rocco.
Les he demostrado una teoría, ¡cómo son chismosos! - contestó ella sonriente.
¡Ah sí! ¿Soy chismoso? - le preguntó Rocco.
Sí, más bien se distraen fácilmente - rectificó ella.
¿Quieres ver cuán chismoso soy? - le preguntó ameno.
Marcello… - ella ya no pude decir porque la tomó de la cintura y comenzó a besarla.
No quería ver eso, no debía haberme quedado tanto tiempo, Marcello se encontraba besando a Candice con infinita ternura y ella le respondía, los demás volvieron a sus pláticas mientras aquellos dos se decían cosas al oído y sonreían.
Aquí tiene señorita - los interrumpió el mesero entregándole sus vouchers y firmándolos se los devolvió, Rocco le dio una propina y el mesero se retiró.
Gracias, bueno pues espero que hagamos esto más seguido y tu Natalie venme a ver al departamento, a Paula le dará gusto saludarte - comentó Candice.
Gracias a ti amiga, me voy mis padres están cansadísimos - se despidió de ella con un fraternal abrazo.
Gracias por la cena Candice, espero verte por la casa un día de éstos - aseguró su madre.
Si, se cuidan, ciao - se despidió de ellos de la misma manera y después de ello, se fueron.
Bueno chicos, nosotros los abandonamos, ya que me siento como un puerco, voy a dar un paseo a la luz de la luna, ¿alguien quiere venir? - ella los invitó como siempre, desprestigiándose.
No gracias, a veces algunos estorbamos - aseguro el abuelo.
Ah vamos ¡que sensibles! Bueno me voy, ¿vienes Marcello? - ella lo invitó.
Por supuesto, vamos - él aceptó gustosamente.
Hasta pronto, señora White - me acerque a ella para despedirme.
Un gusto, señor Grandchester - ella hizo lo mismo y cuando estaba por alejarse la retuve para decirle.
Espero que el beso que te dio Marcello no se vuelve a repetir porque no respondo - le advertí rápidamente.
Y ¿qué harás? Dármelo tú, por favor. Sabes…besa riquísimo - se lamio los labios y se atrevió a presumírmelo.
No comiences y quiero la dirección de tu departamento mañana a primera hora - le ordené más que le pedí.
Espera sentado. Adiós a todos, hasta luego, abuelo Rocco - lo abrazó dándole un gran beso en la mejilla.
Adiós mi niña, ¿me visitarás? - quiso saber el anciano.
Por supuesto - asintió ella.
¡Hasta luego, abuelo! - ella asintió y se fue jalando a Rocco.
Mientras ellos se tomaban de las manos, los Rocco y yo nos quedamos platicando, amenamente, el abuelo Rocco se sorprendió al ver que Candice se quitaba los zapatos y se metía corriendo a un jardín, siendo perseguida por Marcello, quien minutos después la alzó por los aires y la besó. Otro nuevo beso, me pregunté si podría soportarlo nuevamente, esto se lo haría pagar a Candice.
Bueno Terry, la juventud nos ha abandonado, parte de ella - sonrió el abuelo, dándome algunas palmadas en la espalda.
Por supuesto, por cierto la dirección del Castillo es… - intentaba distraerme, pero no podía dejar de ver hacia donde estaban aquellos dos.
Llamaré a tu secretaria, espero que en realidad puedas acompañarnos - el abuelo Rocco decidió que era lo mejor, dado que no quería que interrumpieran mi búsqueda.
Gracias, buenas noches - agradecí saliendo de allí.
Buenas noches - me respondió.
Más tarde, al despedirme y llegar a mi casa, me dejé caer en uno de los sillones y comencé a recordar situaciones que habían escapado de mi análisis.
Continuará...
