Capítulo XVI
Así pasaron las horas, en un momento de distracción en la bolsa, observé el reloj; 5:30, apagué la computadora, tomé mi saco y me dirigí hacia la limusina que se encontraba estacionada junto enfrente de la puerta principal del Emporio Grandchester.
Saludé a Fred y le pedí que me llevara a la zona a la que había ido ayer, proporcionándole la dirección, sólo le tomó quince minutos estar ahí, descendí y casi corrí hasta el pequeño café de nombre Donnato. Ahí estaba Candice, absorbida por su lectura o al menos eso parecía y llorando, me preocupé tanto, me la imaginaba absorta en la lectura como el día anterior, pero no llorando y a su lado se encontraba Sanzio, tomándole la mano y acariciándosela, sólo me quedé ahí, observándolos, ella estaba tan abatida como nunca esperé verla. Iba vestida diferente, se encontraba en pants azul marino y blusa azul clara, tenis de color blanco con azul marino y su largo cabello atado en una coleta alta. Mi mente se encontraba confundida, tenía en su regazo una hoja y sin saber por qué, no podía soportar verla llorar, mi corazón y mi mente jugaban con mi razón, sería la carta de ¿algún pariente? ¿Un amigo? ¿Otro novio? No podía saberlo a ciencia cierta, sacó una fotografía de un sobre y se la enseñó a Sanzio, él tomó la foto y sonrió para después entregársela. Segundos después se oyó un claxon, una chica se acercó a ella y la sacó de ese sillón, le pagó a Sanzio y la tomó de los hombros ayudándola a caminar, estaba tan abatida que sentía que el aire estaba pesado en su lugar, tenía que saber ¿qué había pasado?
Tomé mi celular y llamé a Fred.
Terry – llamó Fred en su teléfono.
Fred, ves en la calle a algún coche o taxi estacionado donde entrarán dos chicas en él – cuestioné escuetamente esa información.
Es un auto señor, parecen abatidas, una de ellas llorando aunque realmente se me hace tan conocidas, ¿sucede algo? – pregunto Fred extrañado.
Por supuesto que se te hacen muy conocidas, son Paula y Candice, Fred. No, sólo quiero que las sigas para saber ¿dónde residen? – le pedí discretamente.
Enseguida señor, ¿regreso por usted? – me preguntó antes de retirarse de ahí.
Sí, terminaré mi café que aún no he pedido y te esperaré, mantenme informado – le solicité a Fred, asegurándome de que si sucediese algo quería saberlo.
Sí Terry, hasta pronto – se despidió Fred y cortó la comunicación.
Hasta pronto – le devolví el saludo.
Antes de irme a sentar a mi lugar de siempre, decidí que quería saber que había pasado, Sanzio al verme me sonrió.
Señor Grandchester, ¿café? – preguntó Sanzio al verme.
¿Ha pasado algo, por aquí? – cuestioné evidentemente curioso.
Nada señor, sólo que la señorita está muy triste, Monnina falleció el sábado pasado de cáncer – tuvo a bien contarme.
¿Quién es Monnina? – pregunté a Sanzio.
Su perrita, se ha enterado apenas, venía tan contenta, al parecer la tenía desde que era estudiante universitaria. No entiendo como tenía una sensación de que algo pasaba con ella, cuando abrió el telegrama, simplemente comenzó a llorar, lamentó estar tanto tiempo fuera de su país natal. Su mascota era parte de ella. ¿Le apetece un café? – Sanzio me ofreció una taza.
Sí gracias Sanzio, es usted muy amable. ¿De dónde es ella? – cuestioné extrañado por mi pregunta.
De México – soltó él. Es una verdadera pena, enseguida le traigo el café – se ofreció yendo hacia la cocina del café.
Gracias. Fred, ¿ocurre algo? – le pregunté a mi chofer.
Vive en Apartamento Suite Colosseo. La verdad señor estos departamentos son muy cómodos para la zona en la que se encuentran, lo que no sé es de quién es, pero si me quedo por aquí... espero averiguarlo – me informó Fred un poco dubitativo.
No te preocupes Fred, me iré en taxi – le avisé de tajo.
¿Seguro? – preguntó Fred asegurándose de lo que había oído, era cierto.
Sí, no me pasará nada – afirmé más por su preocupación.
De acuerdo, te veré en la noche Terry – Fred se despidió de mí antes de cortar la comunicación.
Terminé mi café y justo cuando me iba hallé una foto con el nombre de Monnina, ahí estaba ella, dándole un beso a su mascota que no debería de tener más que unos cuantos meses de nacida. El perro tenía una mirada que cautivaría a cualquiera y Candice solamente estaba allí, besándola tan cariñosamente que se le iba la vida en ello. Quise devolver la foto, pero no pude, era lo único que tenía de ella, de algún modo, salí de Donato y esperé un taxi, al poco rato le indiqué el camino hacia la Mansión.
Sostuve la foto de Monnina todo el camino, observé cada rasgo de su perro, la forma en que se sostenía sobre las manos de Candice, esa mirada como alegre y suplicante, sin duda ese perro tenía una sonrisa pintada en la mirada. Cuando se detuvo el taxi, le pagué y entré a la mansión queriendo hacerlo.
Buenas noches, nana – la saludé a su ama de llaves cuando me abrió la puerta.
Niño Terry, ¿qué hace tan temprano aquí? - me preguntó de inmediato de haberme visto por la puerta.
A mi mente llegó ese recuerdo, ese que nunca quise borrar de mi memoria, que estaría haciendo Candice, sola en ese café, quizás fuera su refugio cercano, ese departamento al que solo entré una vez, me senté en la sala donde la chimenea encendida me recibió, había una tranquilidad exquisita, era verdad que amaba a Candice tanto que no presté atención cuando Marie me hablaba como aquella vez.
Niño Terry, seguro que ¿no le pasa nada? He estado preocupada – me dijo mi nana preferida, notándola preocupada.
No es nada nana, sólo estoy tan cansado – le respondí amable y cansinamente.
Y triste, ¿por qué mi niño? – Marie nunca dejaría de preocuparse por mis estados de ánimo.
¿Puedes sentir la tristeza ajena, nana? – le pregunté sin saber la razón del por qué.
Depende… - Marie dudó un poco, realmente no sabía qué me ocurría.
Hoy vi a una niña que lloraba porque su perrito murió y me sentí muy triste – le conté a Marie, lo cual sólo le sacó una sonrisa.
En serio, no me sorprende – Marie se reía descaradamente de mí.
¿Por qué lo dices? – le pregunté curioso.
Cuando te dije depende, pues es porque dependía del tiempo en que ambas hubiesen estado juntas, cuando las mascotas se vuelven entrañables algunas personas somos más sensibles que otras – prácticamente me dejó más curioso.
¡Sí, verdad! – quise sacarle más información pero no cayó en la trampa.
Pero, ¿sucede algo más? – cuestionó nuevamente mi nana.
¡Quiero un perro nana! – no sabía de dónde salía eso. Pero me dieron ganas de tener una mascota.
¡Ay mi niño! ¡Si tú nunca has tenido uno! – rebatió mi nana.
Ya es momento de tener uno, ¿no te parece? – le sonreí con la seguridad de que iba a conseguirlo.
Y ¿quién lo cuidará, entrenará y educará? – preguntó Marie sin poder creerlo.
Paolo podrá cuidarlo – le solté sin más.
¿Quieres que traiga a mi nieto para que lo cuide? – preguntó ella asombrada con lo fácil que se me hacía conseguir las cosas.
Al menos cuando no esté y que no sea macho, ¡sino hembra, después te paso la foto y que se parezca mucho! – me levanté y después de darle un beso en la mejilla sonreí, dándome la vuelta.
¿Me estás haciendo una broma, Terry? – me preguntó Marie colocando sus manos en la cintura.
Para nada Marie, ¿qué harás de cenar? – quise saber para cambiar de conversación.
Te preparo lo que quieras, mejor esperas allí – me señaló la salita de la chimenea.
Sí Marie, te espero aquí – afirmé la posición.
Señor – escuché a Fred llamarme.
Fred, ¿tienes noticias? – le cuestioné a mi chofer y amigo mientras colocaba la espalda en el respaldo del sillón.
¡Buenas noches, Fred! – saludó Marie al verlo entrar.
¡Buenas noches, señora Marie! – Fred la saludó amablemente, colocándose delante de mí.
¡Siéntate, Fred! – le pedí a mi chofer.
Pero Terry… - él intentó persuadirme a que no lo hiciera.
Anda, no discutas – le ordené. Fred – le insistí con la mirada al mismo tiempo que él se sentaba frente a mí.
Bueno, el departamento es de la señorita Candice con apellido de soltera, White, vive aquí desde hace tres meses mientras trabaja en proyecto con Kolios – comenzó a relatarme.
¿Kolios…? Interesante – analicé esa información detalladamente.
El departamento es de su amiga Paula, sólo paga una pequeña renta mensual y los gastos. Me enteré también que es escritora y que su estancia parece exhibición de viajes, realmente no sé a qué se refieren con eso – Fred parecía nervioso.
Yo sí. ¿Algo más? – lo apuré.
Sí, la señorita iba afligida por la pérdida de su mascota, le escuché decir a su amiga que la había dejado dormida y drogada – completó la información o lo que yo creía que era completa.
¡Maldición! ¿Cómo drogada? – me levanté furioso, Paula se decía su amiga, ¿qué clase de persona era ella?
Terry espera, no te asustes, recuerda que Paula es médica y le recetó unos tranquilizantes para que durmiera tranquila, ella y su prometido se quedarán allí un par de días - complemento lo último.
Gracias Fred, puedes retirarte – lo dejé ir y volví a sentarme.
De nada señor… Buenas noches, Terry – se corrigió a tiempo, pero le sonreí, situación que lo sorprendió.
¡Fallaste! – me burlé un poco.
Lo siento – se disculpó de sobremanera.
No te preocupes hombre. ¿Cuánto la habrás amado? – me sonreí y al mismo tiempo, me cuestioné su amor por Monnina.
¿Amado? ¿A quién hijo? – cuestionó mi madre que no la había sentido llegar.
A nadie mamá, no te oí entrar – dirigí mi mirada a su silueta, pero en realidad mi mente se encontraba muy lejos de ahí.
¿Qué ha pasado? ¿Cenamos? – mi madre cuestionó curiosa, al no responderle.
Sí mamá, voy un segundo a mi habitación y vuelvo – intenté disuadirla a que se adelantase.
Por supuesto hijo, iré a ver como va Marie – mi madre pareció entenderlo y se dirigió hacia donde decía ella.
Gracias mamá – asentí y salí de la biblioteca rumbo hacia mi habitación.
Entré y en mi buró coloqué la foto de Monnina, luego miré el reporte de Fred y supuse que Robert sabía algo de ella. Lo llamé por teléfono y nos pusimos de acuerdo para visitar la consultoría de su suegro al día siguiente. Bajé al comedor y convencí a Marie de que cenáramos en familia. Después de la cena, nos fuimos a dormir, mi madre se quedó en casa, su casa actual la sentía demasiado fría sin mi padre, la dejé en su habitación y me retiré a la mía, no podía dejar de pensar en ella.
Al otro día, me senté en el comedor para desayunar algo ligero, me lo preparé, realmente extrañaba en ocasiones cocinar para mí, Fred llegó intempestivamente sorprendido y se sirvió un jugo y tomó unos panecillos. Desayunamos en silencio y salimos con rumbo a la oficina; llegue a la oficina en tiempo récord, tomándolos a todos desprevenidos, no esperaban que llegara tan temprano, Nympha aún no había llegado, pero una jovencita con escasos dieciocho años se levantó en su lugar y me saludó.
¡Hola! – me saludó Patty.
¡Hola! Debes ser Patty, tu tía me ha hablado mucho de ti – la saludé efusivamente.
Nympha es creativa, lo imagino – sonrió apenas, tenía unos bellos ojos aceitunados.
¿Cómo está tu abuela? – le pregunté de modo sincero.
Bien, por el momento. Nympha me dijo que me pusiera a archivar eso y que estuviera al pendiente de lo que solicitara usted – me informó señalando la pila de documentos que estaban en una silla y extendiéndome lo que parecía ser la correspondencia.
Es correcto, gracias Patty – le agradecí, tomé la correspondencia y me adentré a mi oficina.
De nada – me sonrió y tomó asiento, sin ver realmente lo que estaba haciendo.
Por cierto, podrías decirle a Nympha que cancele mis citas de la mañana a partir de las diez, tengo una cita para conocer una empresa y avísame cuando Robert Hataway esté en recepción – le pedí al abrir nuevamente la puerta de mi oficina para avisarle.
Sí señor – asintió y volvió la vista a la computadora.
Gracias Patty – era eficiente como Nympha
De nada señor – respondió alzando un poco el rostro y regresando a la pantalla de la computadora.
Había conocido a la sobrina de Nympha en su boda, esa chica era lista y aprendía a pasos agigantados las labores de su tía, así que le ofrecí darle trabajo de auxiliar mientras estudiaba el último año de bachillerato. Para las diez, la voz de Nympha por el intercomunicador hizo eco en mi oficina, avisándome que Robert Hataway se encontraba en recepción, rápidamente encargué a Nympha que ordenara mi oficina y caminé tomando el saco para irme, ese día había elegido un traje negro con camisa azul y corbata a juego, Robert me saludó y nos dirigimos a su Ferrari, entramos en el auto y hablando de recuerdos de la universidad llegamos a Koilos en un tiempo récord, salimos del auto y entramos a la recepción donde se encontraban personal operativo de las cuadrillas de servicio en overoles y casco.
Robert se anunció y la secretaria de su suegro nos dio el pase para ver al señor Leandro Kolios, todo era tan diferente ahí adentro, definitivamente el suegro de Aron manejaba una administración diferente, no había cuchicheos, ni gente en los pasillos platicando, ni nadie que le interesara lo que pasaba en presidencia, de lo poco que pude ver, sin duda, me había gustado. Cuando entramos a la oficina de Leandro solamente se le veía observando desde la ventana, Robert carraspeó para llamar su atención y Leandro contestó con una seña de que nos acercáramos.
Suegro – Robert lo llamó.
¡Hola Robert!, ¿cómo estás? – Leandro se dio la vuelta aprisionando a su yerno en un fraternal abrazo, lo que era común en Italia.
Bien gracias, traje a un amigo, Terrence Grandchester – Robert se alejó un poco y me dio el paso, Leandro me dio la mano en son de saludó efusivamente, al igual que lo hizo con mi amigo.
Mucho gusto señor Grandchester, espere unos minutos tengo que ver algo – Leandro empujó a su yerno hacia la baranda que tenía cerca del ventanal.
Ha cambiado mucho esto, suegro – exclamó asombrado Robert.
Lo sé yerno, pero no ha sido gracias a mí desgraciadamente, quieres ver otro cambio, asómate a la ventana pero sin abrir completamente, hay gente trabajando y les quitaríamos protagonismo – recomendó Leandro totalmente emocionado.
Eso no estaba así, al menos a principio de año – aseguró Robert.
Lo sé, en un principio tampoco podía creerlo, pero los cambios se fueron dando – espetó excitado.
Ven Terry, observa cuán organizado que está, esto – me jaló rápidamente tanto que choqué con la baranda.
Si tú quieres – respondí emitiendo un sonido por el golpe recibido.
Y ahí estaba, la zona de producción era en verdad un laboratorio científico, no me lo podía creer, todo estaba acristalado y todos podían verse a todos, sin paredes, sabía que esto era obra de alguien con una experiencia en el personal absoluta.
¿Quién ha sido? Esto marcha sin que usted se altere. ¿Cómo lo ha logrado? – cuestioné de inmediato.
Mi suegro hizo una adquisición extraña, una administrativa mexicana ha entrado aquí – respondió Aron emocionado y tomándolo de los hombros lo zarandeó.
En serio, ¿podría conocerla? – intenté saber quién era ella, de alguna forma sabía que podría ser Candice.
No lo creo, pero puede verla ahí, sentada en el centro de azul y rosa – Leandro me indicó dónde se encontraba sentada ella.
Era imposible, ella estaba observando y tomando notas de sus compañeros.
Señor Grandchester, la conocerá en el comedor – me aclaró Leandro jalándome para la hora del almuerzo.
Eso es realmente sorprendente, quizás pudiera pedirle que me diseñe una nueva administración a mí – susurré pero con el tono adecuado.
¡Tú sabes de administración! – Robert alzó la voz tocándome los brazos de lado a lado.
Ella de sentido común, Robert, las cosas han cambiado aquí – reafirmé lo poco que pude ver.
Mientras Robert y su suegro se enfrascaban en otros asuntos, yo, me había dedicado a observarla.
Terry, ¿nos acompañas al comedor? - me invitó Leandro con gentileza.
Sí, por supuesto - ésta era una oportunidad que no perdería por nada.
Nos hicimos quince minutos en llegar al comedor, todos estaban contentos porque los jefes comían con sus empleados, cada día era un lento aprendizaje, cuando entré al comedor comencé a buscarla, pero nada. Me senté justo en la entrada a las regaderas y mientras esperaba que nos sirvieran, entraron varios empleados platicando de algunas cosas, hasta que oí una voz conocida.
¿Estás mejor? – cuestionó una chica a otra.
Sí Pau, no te preocupes, gracias por lo de ayer, dormí muy bien – refirió la otra.
¡Ay amiga! En serio siento lo de Mo, pero tú te llevas sus mejores recuerdos – escuché como le palmeaban el hombro.
Lo sé Pau, pero la extraño tanto, mi niña... – respondió ella aturdida aún.
Esa voz y esa conversación se me hicieron conocidas, Candice se encontraba justo detrás de mí y no podía concentrarme ni en la plática que sostenía con Robert y su suegro y menos en mi comida. De hecho comí relativamente poco.
Todos están hablando de tu prueba, ¡salió fantástica! – oí que la felicitaba.
¡No exageres! Sólo es algo que me gusta hacer y fue trabajo en equipo – le informó a la chica de bata.
Modesta como siempre – respondió ella comiendo algo de ensalada.
Hasta ese entonces comprendí una sola cosa, aborrecía entender solamente la mitad de lo que estaba escuchando, tendría que aplicarme más a las clases de español con Claude o de lo contrario, quedaría como un total inepto.
Bueno chica, sólo come y no quiero que llores – le advirtió la otra chica.
¡Sí, madre! – respondió sardónicamente.
Me hizo reír esa respuesta, cada día la conocía más, salí junto con Robert una hora después y entonces cuando me hubo dejado en la entrada de mis oficinas, entré, escaneé la foto de Mo y se la envié a Fred para que me buscara junto a Paolo el tipo de perro que se pareciera más al de la foto. Me lo pensé demasiado, le mandé otro mensaje, diciéndole que mejor comprara dos hembras.
Continuará...
