Capítulo XVII
Mi vida se había trastocado en tan solo unos meses, le pedí a Leandro que me mandara fotografías de su personal para poder idear estrategias de qué hacer con el mío. Ahí se encontraba ella, con traje formal de dos piezas, azul oscuro y rosa mexicano, el cabello rubio, maquillaje cargado hacia el rosa y zapatos de tacón medianos, era formal pero lo que más radiaba era su sonrisa y un emblema en su dedo anular, al parecer de un anillo.
Sería uno de compromiso o estaría casada, digo ella soltaba información que no me servía cada que la veía y dado que me había dejado unas semanas atrás no me pareció extraño que en verdad estuviera tentada a esconderme algo más. Sanzio la nombró como señorita y digo no es que me importara si lo era o no, pero tampoco había sabido lo que Anthony estuviera haciendo mientras ella se encontraba aquí.
Colgué el móvil, sonreí y miré el reloj, se me hacía tardísimo, eran ya las 5:40 y seguía sentado en el sillón de mi oficina; salí tan deprisa que sólo pude decirle a Nympha que arreglara mi oficina y eso fue todo. Fred se sorprendió de verme corriendo prácticamente hacia el auto, debía reconocer que llegaría excesivamente tarde, por lo que suspiré y descansé en el camino hacia Donatto.
Llegué en tiempo récord, lo que a Fred debió tomarle algunas maldiciones por el tráfico, pero cuando por fin lo hice, ella no estaba, lo que me sorprendió bastante, Sanzio se acercó a mí y me dijo que este día Candice llegaba pasadas las seis de la tarde, porque debía hacer unas cosas fuera del trabajo, así que solamente me senté en mi mesa y pedí un café, creo que ya me estaba haciendo adicto al café, de repente le encontraba buen sabor. Eran 6:15 cuando un grupo de amigos se acercaba y detrás de ellos, Paula y Candice lo hacían, se sentaron en su mesa, Candice recogió las piernas y Paula hizo lo mismo, platicaban amenamente y sonreían, esa actitud me sorprendió, ya que sus ojos estaban tristes y sin embargo, ella se sonreía con su amiga. Hablaban español a una velocidad increíble, que ni siquiera me había imaginado que pudiera existir, haciendo mímicas y señas de todo tipo; lo cual me hizo darme cuenta que casi no traía maquillaje, se le veía discretamente feliz cuando me imaginaba que su corazón todavía estaba afectado por la pérdida de Mo.
Mi móvil sonó y sin ver quién era, conteste.
Terry – fue llamado desde el otro lado de la línea.
¿Susana? ¿Qué quieres? – pregunté alterado.
¿Dónde estás? Estoy en tu oficina y nadie sabe ¿dónde andas? – me cuestionó incesante.
Estoy tomando un café, ¿se te ofrece algo? – pregunté irónico.
¿Café…estás hablando en serio? ¡Si no te gusta el café! – refirió ella sin notar cuanto me molestaba hasta ese momento que cuestionara lo que tomaba o no.
¡Créeme que lo sé! Pero sólo tomo una taza a ésta hora – respondí calmadamente.
Si quieres te alcanzo, ¿dónde sea que estés? – me informó la que fuese mi novia.
¡No! ¡Cómo crees! Tu y yo terminamos o al menos eso decía el cheque que te di hacia unos meses... además necesito estar sólo y pensar y si me disculpas tengo que dejarte – decidí hasta ese momento que lo que menos quería era que conociese el motivo por el cual terminé con ella.
Pero Terry… - intentó hacerme cambiar de idea.
Susana – me despedí de ella con tan sólo nombrarla y colgué el celular.
¿Cómo era posible que Susana se atreviera hablarme cuando estaba ocupado con…? ¡Un momento! ¿Dónde estaba Candice? En su mesa sólo estaba su amiga Paula y de ella ni sus luces, volteé hacia los lados, bajé la mirada para sacar mi billetera y cuando volví a ver su mesa, Paula volteaba hacia el callejón, de ahí salieron dos personas, una era Candice y el otro, un joven alto que venía atrapado por ella, colgando de su brazo y sonriéndole. Paula saludó al joven y se sentaron en su mesa, el chico sacó su otro brazo y tenía un cuadro, lo desenvolvió y Candice se levantó y llevó las manos a su rostro tapándoselo, no podía creerlo, se lanzó a abrazarlo mientras Paula acabó sosteniéndolo, él se limitó a acariciarle la espalda, ella estaba feliz, pero llorando. No podía soportar verla en ese estado de desconsuelo, me invadió una profunda tristeza por lo que mis ojos veían. En ese momento sonó mi celular… de nuevo.
Bueno – contesté triste.
Terry, me avisó Paolo que ya encontró los perritos – refirió Fred entusiasmado.
¿Las dos hembras? – en ese mismo momento la tristeza se fue, yo también me encontraba muy alegre.
Por supuesto, las dos hembras, sólo que… - Fred titubeó un poco.
¿Qué sucede? – me preocupé por el sólo que.
No son de aquí, son cruzas de un maltés y un french – refirió Fred acongojado.
¿En serio? – exclamé.
Sí, pero son los más parecidos, realmente son de México – soltó él sin dejo de preocupaciones.
¿Qué has dicho? – tenía que rectificar esa información.
Sí, la familia que los tiene se apellida White – respondió ante mi pregunta.
No puede ser, averigua más sobre la familia y mantenme informado – le pedí nuevamente, mi mente divagaba al mil.
¿Los compramos? – cuestionó Fred sacándome de mis dubitaciones.
Claro, pero antes quiero entrevistarles por medio de Paolo, puedes establecer una comunicación multimedia con ellos mañana en la oficina – fue lo primero que se me vino a la mente, sin saber a ciencia cierta de dónde salió.
Por supuesto, le informaré – agregó mi chofer.
Gracias, Fred – en verdad que le agradecía la investigación de la compra de las mascotas.
Mi cabeza estaba llena de cuestiones y de afirmaciones, miles de ellas, el saber que accidentalmente había encontrado a su familia, aunque también podría ser una coincidencia mal enfundada. La verdad pensaba que tal vez no fuera su familia, pero que tal y si, si lo era.
Terry – respondieron desde el otro lado de la línea.
Thomas, ¿has averiguado el apellido de la señorita Candice? – referí a mi buen amigo.
Sí, su apellido es White – respondió Thomas haciendo un ruido de que estaba comiendo algo.
¡Oh Dios mío! ¡Una asombrosa coincidencia! Gracias, Thomas – me encontraba feliz, muy feliz.
Te mantendré informado – se sonrió para sí y comenzó a reír al colgar.
Ni siquiera pude habérmelo imaginado, estaba fuera de mí, ¡Candice White! Al parecer había encontrado accidentalmente a su familia, pero tenía que estar seguro y ser muy discreto, esa era mi misión, ser discreto era lo que necesitaba.
Todo ello sucedió cuando mi mirada captó un beso que le dio el joven a Candice y se despidió de Paula también, envolviendo nuevamente el cuadro, después ellas se tomaron un café y se fueron, agradeciéndole a Sanzio por su servicio. Candice tomó un bolígrafo de su bolso y una servilleta, la garabateó y corrió detrás de Paula. Rápidamente me levanté del sillón y caminé hasta donde su mesa se encontraba, tomé la servilleta y leí: gracias por tu servicio Sanzio, que tengas un feliz cumpleaños, Candice.
No podía llevármela, no era mía y mucho menos era para mí, así que me conformé con tomarle una foto y la regresé a su lugar, debajo del salero para después pagar la cuenta, saliendo muy pensativo de Donatto. Habían sido tantas sorpresas para mí que no sabía qué pensar primero, iba de sorpresa en sorpresa y su persona se había vuelto un gran enigma de nueva cuenta. A mi mente volvió el recuerdo de tres años tirados a la basura. Sería Candice igual o más hogareña, me intrigaba no saber gran cosa y no toleraba siquiera la mención de que Thomas regularmente se enteraba de todo en unas semanas mientras yo, qué remedio, debía de esperar, era eso o terminaría odiándome a mí mismo por no tener la suficiente tranquilidad.
Sin saber a ciencia cierta que sucedía en mi casa, cuando descendí de la limusina y le pedí a Fred que me esperara, era porque seguro mis hermanos ya se habían confabulado con Susana para exigirme una explicación de mi ruptura con ella y eso no pensaba discutirlo con nadie. Mi madre me recibió amorosamente y Marie hizo un gesto de compasión, ya que mis sobrinos no estaban a la vista y mis hermanos tenían cara de pocos amigos. Debía enfrentarme a ellos, aunque en realidad no había nada más que hablar, las decisiones que tomaba no eran para modificarse.
¡Hola mamá! – le di un beso en la mejilla al momento que me abrazó.
¡Tus hermanos están aquí! – me dijo sonriendo.
Lo sabía, puedes disculparme con ellos, no tengo cabeza para nada, de hecho me iré a la cama sin cenar – le avisé a ella.
¿Sucede algo? – cuestionó preocupada.
No mamá, estoy un poco cansado, sólo es eso – aseguré antes de que comenzase el interrogatorio.
¿Otra vez cansado hermano? – cuestionó Archie profusamente enojado.
Sí – le respondí dándome la vuelta en dirección a las escaleras.
¿En serio? Últimamente sales de la oficina temprano, no dices a dónde vas, invitas desayunos a Nympha, Fred te llama por tu nombre, ¡hombre, somos familia, haznos el honor! – objetó Franco.
¡Qué preocupado estás! ¡Madre sorpréndete! ¡Tus hijos se han preocupado una vez en toda su vida por mí! – referí en son de burla.
¡Terry, compórtate! – reprendió Biaggio.
Lo estoy haciendo, buenas noches - me despedí agradecido de que ellos se hubieran molestado por mí.
Seguramente mi guapo cuñado no nos quiere decir que conoció a otra mujer – intrigó Elisa, pero no le iba a dar el gusto. Aunque a ciencia cierta ¿cómo le habrá atinado?
¡Elisa, como siempre tan… suspicaz! Creo que es mejor que cuides a los tuyos porque de lo contrario podrían enterarse de que el golpe que recibió tu Camaro fue de la bicicleta de Paolo cuando lo empujaste por no obedecerte.
No sé de lo que me estás hablando... - quiso que el tema quedara zanjado.
Lo bueno es que no te obedeció porque él no es tu empleado, vaya ni siquiera el mío - referí animadamente.
¡Terry! ¿Cómo puedes decir eso? ¡No es cierto! - exclamó Elisa, sorprendida de haber caído en mi trampa otra vez.
Marie trae a Paolo, ahora, por favor - le pedí a mi nana cuando apareció con algunas bebidas.
Sí…sí señor, enseguida - aceptó ella dudosa.
Terry, ¿qué te pasa? ¡Eres irrespetuoso! - exclamó Biagio.
A ver familia, díganme si estoy en lo correcto. ¿Las inversiones van mal? ¿Les falta dinero? ¿Coches del año? ¿Lujos? ¿Joyas? ¿Las tarjetas no han sido pagadas? ¿Los colegios van atrasados? ¿Los gastos médicos se han hecho deuda? - les pregunté rápidamente.
No - respondieron de igual manera.
Entonces ¿qué les pasa conmigo? En vez de ser hermanos parecen hermanas - protesté.
Buenas noches - saludó Paolo, muy tímido.
¡Hola Paolo! Dime, le pegaste al Camaro de Elisa - cuestioné.
Sí Terry, pero te pedí perdón, sabes que no fue mi intención - respondió Paolo con miedo.
¿Por qué le pegaste? - pregunté calmándolo.
Estaba furioso porque me dio una cachetada por no limpiar el rastro de tierra que había dejado momentos después de que mi abuela limpiara el cobertizo - explicó sin más, solo mirándome a mí.
¿Elisa le pegaste al chico? Eso sí que no lo sabía. Te prohíbo determinantemente que vuelva a suceder eso, Elisa, ¿me has entendido? Paolo te quiero en mi oficina a las 11:00 de la mañana, ahora ve a descansar - le ordené y salió tan deprisa como había entrado.
Sí Terry, permiso - se despidió.
Bueno aclarado ese punto, ¿tienen alguna otra objeción? - pregunté enérgico.
Nympha…
No creo que sea asunto suyo, pero ya que están tan preocupados. Sólo fue un desayuno - respondí ante todos.
Eso no es gracioso - refirió Biagio.
En verdad, yo si le encuentro la gracia. Ustedes están casados y deben de atender sus asuntos, por el momento quiero seguir teniendo como secretaria a Nympha - aclaré y no aceptaría más intromisiones de su parte.
Pero eres la cabeza de la familia - protestó Archie apenas hube dado la vuelta para dirigirme a mi habitación.
Diantres, eso qué tiene que ver, Marie podrías traerme una taza de café a mi habitación, por favor. ¿Qué? - pregunté cuando Marie se dirigía a la cocina y todos me miraban.
¡Nada! - exclamaron y bajaron el rostro.
¡Tú nunca has tomado café, Terry! - exclamo Stear.
De repente se me antojó, ¿hay algún problema? - les pregunté de nueva cuenta.
No, por supuesto que no - admitieron al unísono.
¿No tenemos entonces ya ningún asunto a tratar? - pregunté observándolos...¿consternados?
No ninguno - lo aceptaron y subí las escaleras.
Buenas noches, mamá - me despedí de ella y corrí hacia mi habitación.
Terry, buenas noches - se despidió de mí.
Me sentí genial, los rostros de mis hermanos eran de regalo, como no les tomé una foto, era una lástima que no se me haya ocurrido antes, la verdad ya me comenzaba a hartar de que estuviesen siempre con lo mismo, en ese momento me di cuenta de una cosa, era dueño de mi propio destino, le gustase a quien le gustase. Entré en mi habitación, me metí al baño y me cambié la pijama, regularmente no la usaba, pero ahora suponía que quería dormir mejor, me senté en el diván que se encontraba cerca del ventanal, admirando el paisaje oí que Marie tocaba la puerta.
Niño Terry - me dijo cuando entró.
Marie pasa, déjalo ahí - le dije, mientras señalaba la mesita del recibidor.
¿Sucede algo niño Terry? Ha estado muy irritable - me dijo, reprobándome.
Todos están preocupados por lo visto, incluida tú - parecía que le había atinado.
Bueno es normal, hace cosas que regularmente no hacía antes, es normal que todos se pregunten, ¿por qué? - me criticó.
Tan predecible soy, no es nada Marie sólo que en estos días he estado un tanto pensativo y un poco triste - respondí sin darme cuenta que había soltado información que me negaba a confesar.
¿Por qué mi niño? - Marie me acarició el rostro. Después de lo de Candice, ¿no la has encontrado aún? - preguntó ella.
Por una mujer..., la he encontrado, extrañamente, la he encontrado, de diferente forma - respondí sonriendo.
¿En dónde está, niño Terry? - Marie quería saber.
No precisamente, tengo muchas cosas en la mente en estos días y no sólo son negocios - le aclaré.
¡Es la del perro, no era una niña entonces! - me vi sorprendido ante su aclaración.
¡No sé cómo actuar con ella! - aclaré sonriendo por ello.
¿Crees que sea la misma? - Marie me preguntó.
Tengo una foto, debe ser ella, por supuesto - negado a equivocarme.
Me apuré a abrir mi caja fuerte que tenía en mi habitación y de ahí saqué la foto.
¡Ay mi niño, qué lindo perrito! - me sonrió y extrañamente yo también supe de qué hablaba.
Es de ella, es Mo - referí observando a mi nana.
¡Qué bonita carita tiene! Fue seleccionada con una ternura nata. Ella es Candice - me preguntó extrañada.
¿Lo crees? Sí, es ella, más pequeña supongo - referí cuando mi mirada se concentró en su boca.
Creo que la adoraba... - me dijo Marie, dándome la foto.
También lo creo. Espera te enseño algo más... - le dije a mi nana, extendiéndole mi celular con la foto que le tome a la servilleta.
Un mensaje, ¿qué dice? - preguntó emocionada Marie.
Lo metí en la red y le agradece a Sanzio un mesero por su servicio, también le desea feliz cumpleaños - respondí al ver el mismo rostro que yo tenía cuando me enteré de ello.
¡Qué linda! Muy dedicado de su parte, ¿son amigos? - me preguntó animosamente.
No lo creo, le aprecia solamente. Creo que ella es más… sencilla, lo que sea que eso signifique - referí haciendo que mi nana sonriera.
Por cierto que fea letra tiene... - le criticó.
Lo sé, pero bueno, aún es una niña, le pregunté a Paolo qué significaba este garabato - le dije señalando el rostro de la esquina.
¿En serio? ¿Paolo sabe? - quiso saber Marie.
Sí, algo así como un saludo, es un rostro - aseguré.
¡Estás tan enamorado! - expresó.
No sé, ¿lo crees? - le pregunté sonriéndole muy alegre.
Creo que te has enamorado a primera vista, sólo que Susana no dejó que lo vieras tan claro, estabas más ocupado - mi nana se estaba riendo de mí.
¡Me has impresionado! - me reí por esto.
¿Tienes sueño? Te dejaré dormir... - me dio unas palmaditas en el brazo y se fue.
Gracias nana y ni una palabra de esto a nadie - le pedí sonriendo.
Por supuesto que no mi niño. Descansa - Marie se levanta y me sonríe.
Gracias Marie, buenas noches - me despido.
Marie había dejado una duda en el aire, sería una realidad eso de que me había enamorado de una chica que tan diferente a mí, Candice me interesaba y mucho más de lo que quería admitir, mi cabeza no dejaba de pensar, tanto que sólo me recosté de lado e instantáneamente me quedé dormido sin haber probado siquiera el café.
Continuará...
