Capítulo XVIII

Al otro día, Paolo llegó a las once en punto de la mañana, llevaba cerca de un par de horas pensando sólo en el negocio que estaba en puerta y en la foto que imprimí desde mi celular.

¡Hola Terry! – saludó el nieto de Marie.

Paolo, bienvenido, pasa, ¿a qué hora es la entrevista? - quise saber, esa misma mañana me había llegado el informe de Thomas Stevenson y no hacía nada más que repasarlo una y otra vez.

En media hora, la familia se contactará conmigo por el Skype. Me enseñarán la habitación donde se encuentran los cachorros - me informó el chico de grandes ojos negros que se encontraba enfrente.

Nympha conectó un multimedia para que pueda verla desde aquí - le conté, supuso desde luego que eso era así, al verme muy bien acomodado con un trago de licor cerca.

De acuerdo, bueno te quería decir que ambos perros son hembras. ¿Puedo ponerles los nombres? - Paolo estaba entusiasmado.

No, una ya tiene nombre, a la otra se lo pondrá a quién se lo voy a regalar - le informé haciéndole pensar en que eso era imposible.

¡Ah bueno! Esperemos a que se conecten - susurró entristecido, pero al ocultarlo también me hizo saber que esperaría hasta que se conectasen.

Faltan diez minutos aún, Paolo ¿por qué no me habías dicho lo de Louise? - le pregunté para perder un poco de tiempo.

No quería meter en problemas a mi abuela - aseguró el chico.

Sabes que conozco a mis hermanos y cuñadas tan bien y ellos no tienen ¿por qué amenazar a ninguno de ustedes? - le dije, el chico solo miro hacia el piso.

Pues sí, pero no quería tener problemas contigo - corroboró lo que pensaba.

Paolo deberás prometerme que me dirás todo sin mentiras. Espera, Nympha dile a Claude que ya puede venir a la oficina, necesitamos que nos traduzca lo que nos dicen - accione el conmutador e informe a mi asistente lo que quería para esa entrevista.

Enseguida, señor - respondieron del otro lado.

¿Entonces Paolo? - insistí.

Lo prometo. Mira ya están conectados - exclamó rápidamente.

Espera, Claude toma asiento aquí entre nosotros - solicité y el profesor de español se acomodaba ahí.

Por supuesto - accedía.

Claude era un especialista en interpretación, por así decirlo un chuchotage, él comenzó a leer los mensajes y le susurraba a Paolo lo que debía contestar.

Mirabel dice: ¡Hola! ¿Estás ahí Paolo?

Paolo dice: Sí Mirabel, ¿cómo estás?

Mirabel dice: Bien gracias ¿qué hora es en Italia?

Paolo dice: Mmm, las 11:30 de la mañana y allá, debe ser de noche ya.

Mirabel dice: No, son las 6:30. Aún es de día, oye me escribiste para ver lo de la venta de dos hembras, ¿quieres que te las enseñe?

Paolo dice: Por favor, no son para mí, son para un tío que le interesa ese tipo de cruza.

Mirabel dice: Pues fue la última camada de la madre, Mo tenía cáncer después de ésta camada, mi mamá se quiso quedar con cuatro de ellos. Ya están creciditos, ¿no importa?

Paolo dice: ¿Qué tan grandes?

Mirabel dice: Cuatro meses, ¡son tremendos! ¿Quieres verlos? Espera.

El celular por el que transmitían recorrió un pasillo, luego unas escaleras y después otro pasillo hasta llegar a una puerta, tenía el nombre de ella, después todo fue increíble para mí, tenía retratos de todo lo que hacía por doquier, para mi sorpresa la pared que se encontraba del otro lado del tocador estaba una foto en traje tradicional, de pronto me di cuenta que sólo me había dedicado al polo y al remo en ocasiones excepcionales y ella, tenía un mil cosas en las paredes, por lo visto tenía muchos amigos, en todas las fotos estaba sonriendo y cuando Mirabel colocó la cámara ahí estaban, cuatro perritos inquietos.

Mirabel dice: Paolo, mira estos son. Martina, Polo, Mo y Glo.

Paolo dice: ¿Ya tienen nombres?

Mirabel dice: Sí, no podíamos llamarles perros para educarlos. Candice dice que es difícil adiestrarlos si no tienen nombre.

Paolo dice: ¿Quién es Candice?

Mirabel dice: Mi hermana mayor, en realidad ella sabe que éstos tres deben de irse de casa, pero bueno siempre hemos buscado familias que los quieran mucho para poder entregarlos, dime ¿cuáles quieres?

Paolo dice: Mo y Glo, están bien

Mirabel dice: Sí por supuesto, pero ¿debo mandarlos a Italia? No sé, ¿cómo hacer eso?

Paolo - No, espera. Terry, ¿cómo debe mandarlos?

Esa pregunta me tomó desprevenido, pareciera que tenía que decidir algo de la nada; le escribí en una hoja que alguien iría por ellos para los papeles de envío y sus permisos. Después coloqué el nombre de Fred Toscani.

Paolo dice: Mirabel, me dicen que el señor Fred Toscani irá a recogerlos, te mostraré una foto más tarde de él y tendrás que acompañarle para que firmes la salida de los cachorros del país, papeleo, él te explicará.

Mirabel dice: De acuerdo, ¿me puede acompañar alguien de la familia?

Paolo dice: Por supuesto, es la mano derecha de mi tío, espero que no desconfíen de él.

Mirabel dice: Por supuesto, pero es tan extraño que especialmente estén interesados en los chicos White, tú ¿me entiendes?

Paolo dice: Por supuesto, bueno, gracias por todo Mirabel.

Mirabel dice: De nada Paolo, espero noticias tuyas pronto.

Paolo dice: Ok.

Terry ya está, sólo esperarán a Fred lo más pronto posible - me dijo cansinamente.

Lo sé Paolo, bueno chico tengo que asistir a una reunión, que Fred te regrese a casa. Claude puedes retirarte, hoy no tomaré la clase - le avisé a él y con un apretón de manos despedí a Paolo.

Por supuesto, te veo mañana, hasta luego Paolo - se despidió Claude.

Adiós - Paolo se despidió del intérprete y salió de la oficina justo delante de Claude.

Me quedé pensando, había grabado todo lo de la habitación de Candice, ¿qué me estaba sucediendo? Tenía una sed increíble por saber más de ella, en realidad me intrigaba, pero era ya mediodía y debía asistir a una reunión que me tomaría al menos hasta las cinco, mis clases de español iban viento en popa, pero debí despedir a Claude debido a la junta. Me encontraba desesperado, me encaminé a mi reunión, los clientes se encontraban ansiosos, los saludé y entramos a la sala de juntas. Pasamos ahí casi cuatro horas en discusiones sobre compra venta de una acerera, la primera reunión de cuatro para introducirnos en este mercado. Justo a la mitad estuve pensando en ella, la otra mitad en el negocio, afortunadamente Nympha las grababa, debería de escuchar justo la mitad de la cinta para saber que fue exactamente de lo que me perdí... más tarde.

Salí de mi oficina tranquilamente a las 5:00, tenía tiempo de sobra, dentro de mi saco llevaba la imagen de la servilleta, cuando había llegado hasta Donato ahí estaba ella, pero ahora era distinta, zapatillas altas, vestido de noche, abrigo, cabello en un chongo alto, aretes largos; tal pareciera que iba a una fiesta. Era curioso, pero efectivamente Marie tenía razón, ella era espectacular, trataba por todos los medios que el vestido no se le subiera tanto cuando se sentaba, tenía las piernas cruzadas detrás de ella y los zapatos colocados a la vuelta, parecía que repasaba unos apuntes.

Sanzio se acercó con mi taza de café, sonriendo y me contó que hoy era el cumpleaños de su jefe Robert Hathaway, que la habían invitado, pero más tarde. En ese momento sonó mi celular y lo contesté.

Terry - me llamaron desde el otro lado de la línea.

Robert, ¿cómo estás? - lo saludé al identificarlo.

Bien, sé que es una invitación de último minuto, pero hoy es mi cumpleaños y quería invitarte a una fiesta sorpresa en mi casa - me informó riendo por lo último que dijo.

Pues creo que ya no tiene nada de sorpresa... - rebatí imitándolo.

Se supone que no lo es, sólo me enteré por casualidad. Por cierto es de gala, así que tendrás que venir de smoking. ¿Vendrás? - preguntó Robert.

Por supuesto, salgo para mi casa y llegaré allá en un par de horas - le aseguré definitivamente.

Gracias - me dio las gracias por ir.

Gracias a ti hombre - yo se las di por invitarme, después de tanto tiempo la veré.

Ahí estaba mi oportunidad y no la desperdiciaría, quería saber más y donde se encontraba ella, así que me levanté y dejé un billete debajo de mi taza, saludé a Sanzio de lejos y me despedí mentalmente de ella, tenía que darme prisa, nuestras mansiones estaban una más lejos que la otra. Todavía debía cambiarme de ropa y hacer otras cosas. Llamé a casa y le dije a Marie que preparara mi smoking nuevo y los zapatos que había traído de Francia, porque llegaría rapidísimo.

Apenas llegué y sin saludar a mi madre pasé por la sala, me metí a darme una ducha y me puse el smoking, era uno negro con una camisa de seda italiana, cuando estaba listo y profusamente nervioso, me sonreí ante el reflejo y comprendí que ansiaba verla, tanto que no oí cuando Marie tocó y entró.

¿Por qué tan emocionado, niño Terry? Ni siquiera viste a tu madre cuando pasaste por el recibidor - me comentó Marie sonriendo.

¡La voy a ver nana! ¡Es una oportunidad sin precedentes! - exclamé visiblemente emocionado.

¿Cómo fue eso? ¡Cuéntame! - mi nana fue más indiscreta, así que sólo me lo preguntó.

Hoy es el cumpleaños de Robert, me ha invitado y la vi vestida elegantemente, así que ahí la veré, ¡por fin sabré dónde está! - exclamé animosamente.

¿Le hablarás? - me preguntó cosas que ni siquiera había pensado.

No, no quisiera importunarla, por algo desapareció no lo crees, además no sé qué pasará en realidad - respondí sobre ello, sinceramente no sabía.

¿Esperas verla, solamente? - se rió de mí.

Por el momento, bueno nana ¿cómo estoy? - le pregunté al haber terminado con mi arreglo.

Como un magnate italiano, sexy, castaño, de ojo azul, joven, rico y poderoso. Espero que te cambie el carácter - sugirió sonriente.

¡Ay nana, es en serio! - rebatí para que lo tomase en serio.

Jajajaja por supuesto que estás muy guapo, niño Terry - confesó.

Te quiero mucho Marie, no me esperes despierta - recomendé mientras caminaba fuera de mi habitación.

¡No lo haré! - me aseguró.

Estaba ansioso, demasiado para mi gusto, no me quería poner impertinente y debía calmarme un poco. Cuando llegué a casa de Robert, la fiesta sorpresa ya había comenzado, Laurette el ama de llaves de Robert, me condujo hacia el festejado que le rodeaba la familia, la reunión estaba animada, había una música mexicana de fondo, donde los chicos estaban bailando pegados, en la pista se encontraba una pareja que bailaba exóticamente, eran Paula y Pierre su prometido, parecía que estaban muy enamorados. Decidí buscarla, pero antes de encontrarla Karen me dio la bienvenida.

¡Terry, bienvenido! - me saludó Karen efusivamente.

Hola Karen, ¿cómo estás? - le cuestioné al verme sorprendido.

Bien querido y ¿Susana? - preguntó Karen como si supiera que ella trataría de volver a mí, después de la plática que tuvimos esa noche con los Andley.

Parece que no te has enterado, terminé con ella y ¿Robert? - cuestioné rápidamente.

Fue a la cocina por más hielo - respondió ella sonriente.

De acuerdo ¿pregúntame lo que quieres saber? - cuestioné sonriendo como ella lo hizo conmigo anteriormente.

No quiero saber nada, recuerdas que te conozco mejor de lo que tú quisieras - repitió Karen.

Lo sé y ¿tu padre? - le pregunté observando por donde estaba entre todas esas personas.

En la biblioteca hablando con mi suegro de algo que espero no sean negocios - me informa rodando los ojos.

Imposible, ¿quién preparó la fiesta? - pregunté admirando la fiesta no reunión.

Una chica nueva, Candice me ayudó a organizarla - respondió como si nada.

¿En serio? - cuestioné como si no pudiese creerlo.

Esa chica es increíble, unos minutos está triste y otros pareciera que no - me explico Karen.

Me lo imagino, ¿dónde se encuentra esa maravilla? - debería dejar de preguntar, pero me era imposible, Karen no era tan abierta a hablar con chismes.

Espera estaba por aquí. Sí mira, se dirige hacia Paula. Me encanta cómo baila, observa - señalándomela comienza a verla como baila.

Efectivamente ahí estaba ella, el vestido era holgado, pero marcaba su protuberante cadera, bailaba con cadencia marcada, era sin duda el chico del cuadro; ella sonreía, a él y no a mí, era por demás exasperante, ¿por qué él recibía esa mirada? Al parecer había aprendido algo en sus clases de baile, mirar al frente y siempre sonreír. El ritmo cambió a paso doble, lo hicieron sin ningún error, al parecer a Candice no le afectaba el cambio de música. Volvió a cambiar por una de pop, sus movimientos eran naturales y nada forzados, pareciera que la música había nacido para ella.

¡Increíble! ¿Verdad? ¡Candice, definitivamente nació para esto! - exclamó ella.

Sí eso veo, ¿con quién baila? - no tenía que preguntar.

Nadie podría competir con él, son pareja de baile desde que ella llegó aquí, su nombre es Ángelo - comentó rápidamente.

¿Baila profesionalmente? - le pregunte a Karen, anonadado.

¡Se podría decir que sí, sólo por diversión! - aseguró ella.

¿Qué baila? - no sabía a ciencia cierta los ritmos que cambiaban.

Bailes de salón…cha cha cha, danzón, mambo…baile latino - comenzó a enumerar mentalmente.

¿En serio?

Si espera, Paula va a volver a cambiar de música - auguró ella comenzando a acomodarse nuevamente.

¡Wow! ¿Esto es en serio? - le pregunté más que otra cosa.

Espera, espera va a volver a cambiar, uno de 360 grados. Se la está poniendo difícil, esa sí que no se la esperaba - soltó un grito de júbilo.

¿Son así siempre? - cuestioné extrañado, amigas Paula y Candice, ¿cómo habían conectado tan bien?

Siempre - afirmó ella.

¡Esa… no me la hubiese esperado! ¡Definitivamente Paula quiere que se muera de calor! Lo que si te aseguro es que terminarán con danzón - aseguró ella.

¿Sabe bailar todo eso? - exclamé sorprendido.

Eso y más, parece que ella baila desde los cinco años, también por diversión, ¡esa canción está para enamorarse! - se animó ella al escucharla.

En efecto, esa canción era muy romántica, ella lo veía, excitada por los movimientos; mientras tomaba champaña, la observaba, le sonreía y él al pasarle la mano por la nuca, le sonreía y le coqueteaba; me di cuenta que estaba apretando de más la copa que tenía entre las manos. Me preguntaba ¿cuándo Paula cambiaría la música nuevamente? Estaba harto que él apretujara a mi... a Candice.

Sí, ahí está, ese danzón era el favorito de la abuela de Candice. ¡Qué sensualidad! ¿Verdad? - se sonrió, sin fijarme que me lo decía muy deliberadamente.

Bastante... - apenas pude pronunciarlo.

Sentía que había sido suficiente, no podía ver más, pero quería verla a ella, aunque me estuviera muriendo de celos, nunca hubiese imaginado que los celos serían tan angustiantes. Pero ¡qué demonios! ¿Celos? ¿Desde cuándo he tenido celos? Nunca los conocí porque de igual manera no los sentí hasta que llegó ella.

¡Quiero hablar con ella! - le pedí, encarecidamente.

Pero Terry, ¡tú puedes hacer eso, suerte! - le deseé.

Todos estaban aplaudiendo y felicitaban a la pareja, eran excepcionales, pero después Candice salió hacia los sanitarios, estaba muy sudada y quería refrescarse, era seguida por Paula y Ángelo. Minutos después regresaban más frescos, sonrientes y platicadores, antes de que tomaran una bebida, Robert le habló a Candice.

Candice, ¿me permites unos momentos? - le solicitó Robert.

Te habla Robert, Candice - le dijo Paula.

¡Dígame! - exclamó ella, sudando copiosamente.

¡Excelente, chica! Te presento a un amigo de la universidad, Terrence Grandchester - Robert hizo las presentaciones. ¡Te presento a quien tú ya conoces! - Robert quiso decirlo de otra forma.

Terrence, ¿cómo has estado? - me preguntó dudosa.

Bien, bailas excepcionalmente y ese secreto no lo sabía - me quejé.

Gracias y sí, es sólo baile y ya lo sabías - me respondió soltándose de mi mano.

¡Cántanos Candice, di que sí! - le pidió Paula.

¡Noooooooo! - ella se negó rotundamente.

Claro que sí, ven vamos - la jaló Paula.

Creo que nunca se cansan de exponerla - susurró Robert.

Eso veo - le dije al ver que eso era así.

Con cada frase me ponía más frenético, la dulce mirada que ella le dedicaba a Ángelo era exuberante, pero no era para mí. Candice dejó que Ángelo bailara con otra chica y ella salió al jardín.

¡Buenas noches, Candice! - la saludé.

Continuará...