Capítulo XIX

Terry, ¿qué haces aquí? - era hora de enfrentarla aunque no quisiera.

¡Esperando a que me hagas el honor de saber de ti! - referí irónico.

Sólo que en ocasiones los negocios nos susurran quédate... - imitó a un vozarrón.

Me lo supongo, el trabajo no lo es todo, eso me di cuenta hace meses, mi padre murió hace quince años por estrés laboral - contesté como si ella lo supiera y que quisiera saberlo. ¿Cómo le haces para cambiar tus estados de ánimo? Dime me causa mucha curiosidad - seguía con la ironía.

Años de experiencia... - contestó ella.

Le iba a preguntar lo que en realidad quería saber cuando alguien nos interrumpió otra vez.

Candice, vamos se va a partir el pastel - salió Paula a la terraza.

Partirán el pastel, tenemos que entrar - sugirió ella.

Adelante señorita - le di el pase, después de todo ahí iba el amor de mi vida

¿Dónde estabas? - me preguntó Karen cuando me vio que entraba a la casa, justo después de Candice.

Conversando - respondí intrigándola de mas.

¡Trivialidades! - exclamó Karen tomándoselo a broma.

¿Seguro? - preguntó Robert.

Por supuesto que seguro, ¿qué quieres decir con eso? - pregunté por qué no sabía que querían decir.

¡Te gusta la chica! Te lo hemos advertido y a pesar de lo poco que te ha hecho - respondió Robert con burla.

Robert, es latina... - quise poner un pretexto, pero...

Es mujer y muy encantadora - espetó Robert riéndose porque eso ni yo me lo creía.

Karen te va a matar si dices eso frente a ella - le advertí.

Ella misma lo dice, así que sólo lo repito, te encanta y odias a Ángelo, porque se lleva sus besos - Robert intentó ponerme celoso.

¡No lo ha besado! - exclamé en voz alta.

Aún no, pero he oído que la pretende... - dejó una idea en el aire.

Robert, no voy a caer en tus juegos - le advertí.

Lo sé, pero no dejaré que te la lleves - me advirtió en serio.

¿Cuántas velitas son las que tienes en ese pastel? - decidí cambiar de tema, sabiendo que algo que él tenía, era cumplir años.

Vamos somos de la misma edad - me dio un golpe en el hombro.

No, todavía tengo 32 hasta fin de año, tú ya 33, ¿cómo es que alcanzaron? - le devolví la broma.

¡Terry, deja de molestarlo! - me advirtió Karen.

¡Míralo tiene una cana! - exclamé por algo que no existía, pero él no lo sabía.

¿Dónde? - corrió hasta el espejo más cercano, observando que le había jugado una broma. ¡Eso no es gracioso! - cuando regresó ante mí no tenia buena cara.

Lo sé, pero sí que te asustas, ¿verdad? - ahora me tocó a mí burlarse de él.

Bueno, ya déjenme en paz, mira que tenemos ahí esos dos están bailando muy sensual - sabía que tenía que hacerlo, pero Robert burlándose de que aquellos dos se restregaban no me había caído muy en gracia.

Cerca de la puerta que daba al jardín, Ángelo le tomaba la mano a Candice invitándola a bailar, él le cantaba al oído y bailaba muy cerca a como normalmente se hace. Parecía como si ese tal Ángelo lo hiciera a propósito, la veía a los ojos y afortunadamente Paula estaba de mi lado, se le acercó súbitamente cuando Candice comenzaba a caminar desorientada.

¡Hey, hey chicos! Presten atención, ¿me la prestas? ¿Estás bien? - le preguntó algo.

Sí, no, no me siento bien - respondió ella colocándose una mano en la frente.

¿Qué tomaste? - le cuestionó al ver que no tenía su vaso cerca.

Ángelo me dio una bebida, pero sabía raro - respondió agarrándose de la pared.

¿Dónde está el vaso? - preguntó Paula.

Sobre la mesa, es el azul - le señaló, fue hasta el vaso y regresó hasta ella.

Lo sabía, espérame aquí, Ángelo es hora de que te vayas - le ordenó deteniéndola con la mano.

¿Por qué? ¡La fiesta está amena! - respondió él.

¡Rayos! Robert, ¿puedo hablar contigo un momento? - le preguntó Paula, jalándolo de la mano.

¿Sucede algo? – cuestionó Robert preocupado por la insistencia de Paula.

Ángelo le puso una droga a Candice en la bebida - le informó tan rápido que apenas y las entendía.

¿Qué has dicho? - preguntó Robert sin entenderlo.

Está mal, debo llevarla a casa y darle un antídoto - le explicó comenzando a caminar con ella.

¿Antídoto? ¿Qué es? - preguntó Robert.

¡Burundanga! - exclamó caminando más aprisa.

¿La de la violación? - exclamó y sí, eso sí que lo oí.

Sí, aprisa, tengo que llevármela - lo apuró.

¿Qué pasa Robert? - pregunté cuando me medio enteré de lo que sucedía.

¡Drogas! - gritó.

¿A quién? - cuestioné.

Candice, debo llevarlas a un hospital - las apuró.

¿Las llevo? - pregunté preocupado.

No es necesario, será mejor que se encarguen de Ángelo - respondió Paula.

Mi casa está más cerca - aseguré.

Pero tengo el antídoto en el departamento, gracias por preocuparse - agradeció la chica sin entenderlo.

Espera, haré una llamada, Fred localiza a Benedetti y pídele que lleve a mi casa antídoto para escopolamina, rápido. Vamos, ¡mi auto está por aquí! - avisó él.

Gracias - dijo Paula.

Robert levantó en vilo a Candice, estaba mortalmente pálida y se sentía mareada, en el camino a la mansión su color iba empeorando. Paula remojaba una toalla en agua y le secaba el sudor frío que emanaba de su frente, una vez en la mansión salí por la otra puerta, la tomé en brazos y Fred le avisó a Marie que preparara una habitación para las visitas, también ordenó agua y toallas.

Llévela a la bañera por favor - me pidió Paula totalmente controlada. Candice, Candice, necesito que llegue ya el medicamento, tráigame un jugo de naranja natural, no de otros. ¡Rápido! - solicitó Paula con premura.

Fred ¿qué pasa con Benedetti? - pregunté.

¡Va subiendo! - respondió por el teléfono.

El antídoto ¿dónde está? ¡Tú!- exclamé sin poder creérmelo, al parecer Paula y Benedetti se conocían de otra parte.

¡Hola Paula! Vamos, lo traigo conmigo, vine lo más rápido que pude, me detuvo la policía por manejar a 180 km en vez de 60, están allá afuera - respondió Benedetti quitándose todo y preparando una jeringa.

¡Fred encárgate de ellos, explícales! - le pedí a Fred.

Sí señor - Fred acató mi orden al momento.

¿Dónde está? - me preguntó.

En el baño - respondí señalándolo.

¿Su estado Paula? - preguntó Benedetti a la médica.

La veo muy mal, su presión es baja y apenas escucha - refirió ella preocupada, mordiéndose los labios.

Bueno, vamos levantémosla, necesito inyectarla rápidamente - advirtió Benedetti con cierta velocidad.

Aquí está el jugo... - Fred llegó e informó dejando una jarra en la mesita.

Póngalo en la mesa. Bien Paula, aplicaré un miligramo en 5 ml de fisostigmina, ¿de acuerdo? - explicó él tratando de no parecer preocupado, pero sí lo estaba, lo conocía demasiado bien.

Bien, ya está - dijo Paula esperando que hiciera efecto.

Tenemos que esperar - Benedetti dijo lo mismo.

Esperar, todo había pasado tan rápido y mis celos se convirtieron en venganza. Llamé rápidamente a Robert.

¿Cómo está? - me preguntó Robert al otro lado de la línea.

¡Mal, Benedetti está aquí! - creo que sonaba preocupado.

¿Tan mal está? Tenemos a Ángelo, los demás no se han dado cuenta de nada - refirió Robert, un tanto tranquilo.

¡Tráelo, la policía lo quiere! Benedetti les explicó el por qué manejaba a 180 km en vez de a 60 en zona residencial... ¿puedes creerlo? - le pregunté sin remedio

Ya veo, ¡voy para allá! Ella está bien, mi suegro no sabe nada - avisó Robert.

No le digas aún, tengo que colgar - le pedí yo tenía una idea y esta vez me saldría con la mía.

Ha pasado un poco el efecto, debemos llevarla al hospital para hacerle un lavado estomacal - refirió Benedetti.

¿Es grave? - pregunté.

Puede serlo - rectificó.

La llevaremos en helicóptero, el hospital más cerca está retirado. Marie llama a Swan - le pedí a mi nana que me ayudara.

Sí niño Terry, enseguida - mi nana accedió.

Todo era peor cada vez y sólo la miraba tirada en la alfombra del baño, pálida y con tristeza; daba un sinfín de vueltas, el odio me carcomía, Ángelo la había drogado para violarla, él que lo tenía todo de ella, sus caricias, sus sonrisas y el muy bastardo la quería violar. ¿Podría un hombre caer tan bajo? Tenía ganas de golpearlo hasta matarlo, pero no podía, en primera porque ya estaba custodiado por la policía y en segunda porque Candice era quién más me importaba en ese momento.

Terry, Terry, ¿qué pasa? - cuestionó mi madre al observar la revolución que había en mi casa.

¡Mamá, ven! - la jalé unos momentos.

¿Quién es ella? - me preguntó observando lo que sucedía en el baño de esa habitación.

Es Candice y la han drogado, ¡la querían violar! - espeté furioso.

¡No es cierto! ¡Pobre chica! ¿Está bien? - cuestionó mi madre preocupada, pero creo que lo estaba más por mí que por ella.

No, espero a Swan para que traiga el helicóptero, hay que dar parte a la policía mamá, detuvieron a Benedetti y al explicarle salió lo de Candice, ¿podrías hacerte cargo? Robert llegará pronto - le expliqué brevemente.

Pero sus padres, ¿qué dirán? - preguntó sin reparo, es verdad, no me había detenido a preguntarme eso.

Robert es responsable por ella, es mexicana, no están aquí, mamá por favor, no me preguntes nada - ya que en realidad no lo sabía.

Está bien hijo, te ayudaré - respondió mi madre afirmativamente, no me quería preocupar por ello en éstos momentos.

Mamá, ni una palabra por favor - quise intentar que ella no comentara nada con nadie.

¡Lo sé, lo sé! - me respondió como si no supiera que no debía decir nada.

Swan llegará en 10 minutos, niño Terry - me informó Marie cuando subía las escaleras.

Gracias Marie, puedes retirarte. ¿Podemos moverla? Swan no tarda en llegar - le dije a Marie sonriendo y me adentré a la habitación donde todo ocurría.

Necesitamos ayuda, tendremos que imitar una camilla. Paula ayúdame con ésta sábana - respondió Benedetti al tiempo que él se movía hacia la cama y tomaba las sabanas para acomodarlas como camilla.

Enseguida, ¿con una bastará? ¡Ya está! - ella hizo lo que se le pedía.

Señor, ¿le ayudo? - preguntó Fred cuando vio como alzaban a Candice y la depositaban en la imitada camilla.

Sí Fred, por el ascensor - le agradecí y él se dirigió al ascensor.

Gracias, no sé ¿cómo agradecerle? - refirió Paula cuando paso al lado mio y se adentro en el ascensor hacia la azotea de la mansión.

Los veré en el hospital - respondi tacitamente y vi cerrarse las puertas, Fred me miraba y comenzó a bajar las escaleras.

Fred y yo bajamos las escaleras rápidamente, Marie me vio y se limitó a bajar el rostro, era acaso que me veía tan mal, tan triste y preocupado, Robert se encontraba abajo en la sala con ese tipo y la policía, mi madre estaba haciendo un excelente trabajo. Mi mirada se encontraba en ese tipo al que le quería hacer un daño descomunal, violarla despues de todo lo que habia pasado, tenía los ojos cargados de rabia, quería molerlo a golpes, pero ante la mirada recriminatoria de Marie y de mi madre, nada pude hacer. Salí rápidamente de casa y me dirigí al hospital al cual habían llevado a Candice, no podía creerlo, cómo soporté la cara de gozo de ese tipo durante la fiesta, sólo sabrá Dios lo que eso significaba, pero antes que todo, estaba su seguridad. Cuando llegué, Fred no se esperó a abrirme, entré como alma que llevaba el diablo.

La sala de espera se me hacía pequeña, estaba enfurecido y el lavado se demoraba por alguna razón. Paula salió de su habitación dos horas después.

¿Cómo está? - quise saber.

Delicada. Los exámenes muestran que la dosis fue alta, le hicimos lavado de estómago y esperemos que se re establezca. Pero alguien tiene que cuidarla, mi trabajo es a tiempo completo, ¿podría usted encargarse? - me preguntó, cuidarla de nuevo con lo terca que era.

Por supuesto, la señorita es buena persona, ¿por qué no devolverle el favor? - respondió sonriente Marie que venía llegando.

Gracias, me hace sentirme menos culpable, ¿qué sucederá con Ángelo? - cuestionó la médica sonrojada.

Le informaré más tarde, Robert se hará cargo de ello - respondí de acuerdo a lo acordado con él.

Benedetti ya dio aviso a la policía, deben estar llegando a su casa, pero como Candice está aquí por trabajo, el señor Kolios debe de enterarse. Esperemos que no haya un problema real si su embajada lo hace primero - me informó ella de forma casual.

¡Dios…eso era precisamente lo que queremos evitar! - vociferé de mil maneras.

Lo siento, era su obligación - respondió ella, dejándome pensativo.

Lo sé Paula, ¿puedo verla? - pregunté tranquilizándome.

Sí, pero no la agite mucho y no le prenda la luz, era inevitable, el estrés fue demasiado y le dio migraña, estará por lo menos una semana así - me informó con cautela.

¿Tanto? - cuestioné

Sí, es el cuarto 220 - me dijo y se fue de ahí.

Gracias - agradecí y salí de allí.

Esto se había salido de proporciones, me preguntaba qué era lo que la hacía empeorar su estado. Entré directamente a su habitación y la vi, con suero y muy pálida. No podía creerlo, el impacto fue mucho más del que podía soportar, apenas y lograba pasar saliva, me ganó la impotencia y sólo me quedó llorar un poco para liberar la tensión, pero ni la lágrima que dejé caer sobre mi mejilla era en realidad un alivio, con el puño que tenía cerrado le di un certero golpe a la pared, haciéndola que se fracturase al instante. Un toque en la puerta hizo que me enjugase las lágrimas con rapidez.

Terry, ¿estás aquí? - preguntó una voz en la puerta semi abierta.

Sí, aquí cerca de la ventana, pasa Robert - le di acceso.

Detuvieron a Ángelo, mi suegro se enteró y viene para acá. Leandro tratará de aminorar la gravedad del problema para que no llegue a oídos de su embajada - me contó Robert visiblemente preocupado.

Lo sé, Benedetti le dijo a la policía. No podemos avisarle a sus familiares. La embajada también es un problema, pondré toda la seguridad a su favor, no puede irse de aquí - le informé como si eso fuese verdad, quizás sus padres se la llevarían y yo, yo estaría destrozado.

Eso también lo sé, debemos convencer a mi suegro de que no es bueno que se enteren de nada de esto - respondió Robert cuando de pronto.

Cof, cof, cof, cof - Candice comenzó a toser.

¡Se ahoga Robert, llama a las enfermeras! - le pedí al ver que ella no dejaba de hacerlo.

Claro, enfermeras rápido, la paciente parece ahogarse - Robert salió de la habitación y comenzó a pedir ayuda.

Código azul en proceso, rápido - comenzaron a hablar en términos médicos.

¿Pueden salir? Por favor - solicitó una de ellas.

Pero… - intenté oponerme, pero de nada me sirvió.

Vamos Robert, dejemos que hagan su trabajo - le dije amablemente, ya que él tampoco quería salir.

¿Cómo está? - preguntó el suegro de Robert cuando nos encontró en la sala de espera.

¡Sr. Kolios! - mencioné pesimista.

Tuvo una crisis hace unos minutos, tenemos que esperar, su estado es delicado - respondí con limitado.

¿Por qué nadie me dijo qué sucedía? Y ¿Paula? - preguntó Leandro.

Esta allí adentro - referí.

¿Ángelo? - preguntó por él, Robert.

En la comandancia - respondió Leandro.

¡Sólo eso me faltaba…! - exclamé sin recato.

Paula - la llamó Leandro.

Sr. Kolios, sólo ha sido una pesadilla, pero estará mejor, la tenemos con algo de oxígeno. La daremos de alta mañana y estará a cargo de Terry - respondió ella.

¿Cómo has dicho? Soy responsable de ella, se lo prometí a William - exclamó disgustado.

Se lo he pedido a Terry, no me haga sentir culpable - respondió ella admitiendo que no se lo había supuesto.

Ya hablaremos más tarde. Vámonos no podemos hacer nada - admitió Leandro, echándome una mirada odiosa por la decisión que Paula me había dado. Robert se quedó relegado detrás de mí.

Terry - mi madre venia llegando y me llamó.

Mamá ¿cómo quedó la cosa? - quise saber.

Ahorita te platico, ¿cómo está Candice? - me preguntó antes que nada.

Delicada, ¿también trajiste a Marie? Mamá - la reprendí por ella.

¡Estaba más ansiosa que yo, déjala! - le dijo como si no debiera preocuparse por ella.

Bueno, ya podemos irnos - dijo Leandro quien había vuelto por su yerno.

Yo me quedo - respondí.

Yo también - respondió Robert ganándose una reprimenda de Leandro.

No tú te vienes conmigo, mi hija está preocupada y ya te has tardado mucho, hoy es tu cumpleaños y tus hijos te esperan. Terry mantenme informado - rebatió él.

Por supuesto - asentí en común acuerdo con él.

¿Has comido algo Terry? - me preguntó mi madre.

No mamá, voy a ir a la capilla, nana ¿me acompañas? - decidí ir con Marie, quien me conocía mejor que ella.

Sí niño Terry - respondió ella siguiéndome.

Caminamos juntos hasta la capilla, apenas y logré llegar, en el atrio me desplomé, rompí en llanto confundido y preocupando mucho a Marie, no sabía a ciencia cierta lo que quería en realidad, había sido mucho estrés verla ahí postrada en la cama, el corazón me dolía bastante.

Niño Terry, se repondrá, es fuerte, ya no llore - me dijo ella.

Marie, ¿qué le he hecho a Dios para merecer esto? - pregunté dolido, no soportaría más esa agonía.

¡No sea blasfemo! - me dio un manotazo en la espalda, uno que nunca sentí. No te preocupes se pondrá bien, la tendrás en casa para cuidarla. Estará bien, ya que no vamos a necesitar a Fred estos días, lo mandaremos a México por tus perros - Marie me había dado la mejor idea mejor que las mejores.

Le dije a Paolo que no se lo contara a nadie - rebatí en broma.

¿Yo soy nadie? Pero, no diré nada - me dijo ella.

Tengo sueño nana - le conté, últimamente no había dormido bien.

¡Estás cansado, vamos a la casa! - me animó.

No, no me voy a mover de aquí - respondí furioso contra ella por intentarlo.

¡Está bien, no nos moveremos de aquí! - me respondió, me acostó sobre sus piernas y poco a poco me fui quedando dormido.

Así había pasado una hora hasta que Eleonor había buscado a su hijo y a su nana en la capilla.

Marie, ¿qué haces ahí? - me preguntó ella.

¡Sshhh, está dormido...! - susurró mi nana.

¡Está cansado! ¿Sucedió algo? - preguntó ella.

No parece increíble Eleonor, ¡es amor! - refirió Marie.

Quizás debamos avisar a alguien para que nos proporcione un sillón en la habitación de Candice... - dijo Eleonor.

Sí Eleonor, serás muy feliz mi niño, pero claro deberás dejar que ese extraordinario carácter sea menos extraordinario cada vez - me advirtió aunque no la estaba escuchando.

Continuará...