Capítulo XX

A media noche habían trasladado a Terry a la habitación de Candice mientras él dormía plácidamente, Eleonor no podía creerlo, Anthony tenía razón en qué momento él se había enamorado de la rubia que se encontraba en la cama, convaleciente. Candice no se parecía en nada a Susana, entonces quizás debería tener algo que no tenía ella aunque no supiera qué.

Después de muchas horas, por ahí de las cuatro de la mañana, Candice comenzaba a despertar.

Pau…Pau…Paula - Candice llamó a su amiga.

Veamos ¿dónde está la luz? - mi madre dijo cuando se levantó al escucharla.

¡Noooo…no mamá no enciendas la luz! - atine a exclamar, asustándola.

¿Por qué no? - me preguntó.

Sensi…bilidad - respondió Candice.

Es sensible a la luz, por el shock. ¿Estás bien? - le pregunté a Candice acercándome a ella para acariciarle el rostro.

Pasti…Paula - intentó decir algo.

¿Qué dices? - preguntó mi madre.

Paula... - respondió nuevamente.

Creo que quiere que le hablemos a Paula - explicó mi madre.

En un momento vendrá querida, ten paciencia - respondió mi madre, tranquilizándola.

En la estación de las enfermeras...

Paula, enfermera, la Dra. Paula ¿dónde está? - pregunté al salir de la habitación, en el mostrador de las enfermeras.

La busco enseguida ¿para qué la quiere? - me preguntaron.

La paciente ha despertado... - corté todo interrogatorio.

Dra. Paula Bassi, comuníquese a la estación de enfermeras - la vocearon apresuradamente.

Habla Paula - sonó un teléfono y comenzó a hablar por el otro lado de la línea.

Su paciente de emergencias ha despertado - refirió la enfermera que respondió el teléfono.

En la habitación de Candice...

Paula…Paula…Paula…Pau…Pau… - Candice comenzó a inquietarse y a llorar, la mano que me sostenía dejó de hacerlo.

Ahorita viene, ya, tranquila - mi madre le acariciaba la mano para tranquilizarla.

Candice, ¿qué pasa? - cuestionó Paula que venía entrando y yo detrás de ella.

Pre…presión - susurró.

¿Presión? ¿Te la tomo? - le preguntó a su amiga y paciente.

¿Qué pasa? - mi madre quiso saber y más cuando Candice comenzó a dormirse por ratos.

¡Silencio mamá! - le pedí a ella que sollozaba, quería escuchar.

Estrés…presión… - logró decir rápido y conciso.

¡Oh, Dios mío! - exclamó Paula y corrió a medirle la presión con el baumanómetro manual.

¿Cómo qué? ¡Oh Dios mío! ¿Qué quiere decir eso? - pregunté a Paula.

Es cierto, no me acordaba, código azul en proceso - Paula activó un botón y dijo ante el altoparlante un código azul.

¿Qué sucede Paula? - quise saber.

No tengo tiempo para una explicación. ¡Salgan! - nos pidió y empujó para sacarnos.

Pau… - insistió, pero como si no pudiera ya hablar cuando entró Benedetti corriendo.

Benedetti ¿qué sucede? - le pregunté a él.

Ha entrado en crisis, rápido doctor - Paula lo apresuró.

Cierren esa puerta - pidió a las enfermeras, pero no atinaron a dejarla completamente cerrada.

Vi un incesante ir y venir de enfermeras, aparatos y me sorprendió ver pasar el de resucitación. Apenas hubo un tiempo en el que sólo quería verla a ella y verla bien.

¿Tienes noticias?- se acercó mi madre a preguntarle a Paula.

Sí, le ha subido la presión por el estrés que le causó la droga - respondió Paula cuando hubo salido.

¿Cómo está? - preguntó mi madre.

No lo sabemos, sólo hay que esperar - respondió ella rápidamente sin agregar algo más.

Dime la verdad, lo soportaré - le dije a Paula con el rostro preocupado.

Se repondrá, pero lentamente - me advirtió tácitamente.

¿En cuánto la darás de alta? - pregunté, era lo único que se me había ocurrido.

¡No lo sé! Tendremos que avisar a su familia - me soltó de una forma no muy grata.

¡Noooo, no pueden costear el avión! - puse de pretexto lo que menos quería era que se la llevaran de ahí.

Paula dice lo contrario, tenemos que esperar - respondió Benedetti que también había salido de la habitación de Candice.

Hijo él tiene razón, ¿por qué no quieres que vengan? - cuestionó mi madre.

Se la van a llevar... - respondí con desazón.

Eso no lo sabes... - respondió mi madre con un dejo de tristeza.

Hablaré con Robert - dijo Paula.

¡Yo lo haré! - insistí.

Robert contactó a la familia de Pathya, la cual viajaría a Italia por la tarde, después de ello, los perritos venían en camino, Fred estaba por aterrizar en Italia cuando fue a entregarle los animales a Paolo para que los cuidara.

¿Cómo está? - le preguntó Fred a mi madre cuando entró a la sala de espera del hospital.

No muy bien - respondio sabiendo que se refería a mí y no a la salud de Candice.

El señor Terry ¿no está aquí? - se asomó por todos lados sin encontrarme.

Sí, en la habitación de Candice. Lleva días sin comer ni bañarse, lo podrás hacer entrar en razón, al menos que se duche, duerma un poco y coma - cuestionó mi madre a Fred mientras le decía cual era la puerta de la habitación donde me encontraba.

Terry - mencionó mi nombre al entrar.

Fred, ¿ya están aquí? - quise saber si las perritas ya habían llegado.

Sí, las dejé con Paolo - respondió Fred.

Bien - respondí y volví a recostar la cabeza en el sillón que se encontraba al lado de la cama de ella.

¿Ha comido, dormido o se ha duchado? Señor - me preguntó mi hombre de confianza.

No demasiado, pero estoy bien... - respondí con sorna, él debería de acatar mis órdenes no de cuestionar sobre cómo me sentía.

¿Cree que le servirá si se enferma? - me preguntó de nueva cuenta, pero no me importó mucho.

¿Cómo dices? - cuestioné, pensé que no lo había oído.

No puede vivir en el hospital, es más ni siquiera lo dejaré quedarse otro día más - me advirtió Fred, impresionado por mi poca consideración a mi madre.

No puedes obligarme... - rebatí.

Entonces usaré una mejor arma, Benedetti, por favor - tomó el celular y marcó al hospital para hablar con Benedetti.

¿Qué haces? - pregunté comprendiendo que no lo iba a dejar estar.

Consigo una prescripción de somníferos legalmente, señor - respondió con vehemencia.

¡No te atreverás! - le amenacé, antes me había desafiado y esta no sería una segunda vez.

Lo siento señor, tiene que aceptar irse conmigo o lo obligaré de cualquier manera y créame que puedo - amenazó sin cuidado.

Está bien, vamos - tuve que acceder, tomar medicamentos no era lo mío.

Buen muchacho, señora Eleonor ¿usted ha dormido? - ahora se dirigió a mi madre mientras me despedía de ella, tan sólo unas horas.

Todas las noches Marie y yo nos vamos a casa, pero ésta vez nos quedaremos a cubrirlo - le aseguró mi madre.

De acuerdo - asintió Fred y tomándome de los hombros me acompaño hasta el coche, me subió y no supe nada mas de mí hasta que había llegado a mi casa.

Esa noche dormí mucho, Fred por recomendación de mi madre le había dado somníferos para que durmiera lo suficiente y más; los padres y una de las hermanas de Candice ya habían llegado al hospital, ahí Eleonor les contó lo que había pasado y entonces ella y su nana regresaron a casa.

¡Hola Fred! - saludó mi madre cuando había entrado a mi casa muy entrada la noche.

Señoras, ¿cómo está la señorita? - quiso saber de inmediato.

La dejamos con sus papás y hermana, venimos a dormir y mañana estaremos a primera hora allá - le aseguró mi madre.

Fred y mi niño Terry - preguntó Marie.

Durmiendo - respondió sencillamente.

¡Aún está durmiendo¡ - se sorprendió tanto Marie como mi madre.

Sí, los somníferos son muy potentes - aseguró Fred sonriendo.

Iré a verlo - informó mi madre, comenzando a subir las escaleras y entrando a mi habitación. Terry - me llamó.

¿Qué pasa mamá? ¿Cuánto he dormido? - me levanté asustado.

Dos días - respondió levantándose de mi cama y comenzando a ver el jardín.

¿Qué has dicho? ¿Cómo está? - de lo asustado que me encontraba me asusté.

Mejora…pero lento, sus papás ya están allá y vino su hermana, bueno una de ellas. También la visitaron los Andley - me dijo mi madre.

Ah, me duele la cabeza - dije cuando un dolorcito se presentó en mi cabeza.

Porque has dormido demasiado... - respondió mi madre.

¿En serio? - cuestione no muy amablemente.

Tal vez sea eso - ella me devolvió el golpe.

Está bien, tengo hambre - accedí ano comportarme así y sabía que tenía que comer.

¿Regresarás al hospital? - me preguntó mi madre observándome.

Mañana, a primera hora - respondí metiéndome al baño para tomar un relajante baño de tina.

Candice iba y venía de la inconsciencia, había pasado casi una semana y ella seguía estable, pero no despertaba.

Leandro - saludó mi madre al suegro de Robert.

¡Hola Eleonor! ¿Sucede algo? - preguntó él amablemente después de saludarla.

No sólo espero a Terry. Te vi y quise saludarte. ¿Cómo está? - le preguntó Eleonor al regordete hombre.

Aún nada, en realidad me tiene preocupado, no sé qué voy a decirles a sus padres - respondió Leandro sin saber qué agregar.

Sólo la verdad Leandro, tú no tuviste la culpa... - respondió mi madre, sabiendo que Leandro no iba a dejarse convencer.

Lo sé, pero - increpó Leandro.

Señor Kolios, ¿cómo está? - lo saludé efusivamente.

Bien y tú, ¿has dormido lo suficiente? - me preguntó creo que por la energía que le imprimí a ese saludo.

Bastante de hecho, ¿puedo pasar a verla? - cuestioné como si ellos no supieran lo que sentía.

Por supuesto, acaban de limpiarla y sus padres aún no regresan - respondió Leandro, sonriéndome, eso era lo que creía.

Permiso - solicité despidiéndome de alguien.

Entré sin saber que esperar, la mascarilla de aire seguía en el mismo lugar, el monitor cardiaco sonaba regular, su respiración era tranquila, el goteo era irasciblemente lento. No sabía qué hacer, sólo quería sentirla, tan cálida por lo que la tomé de la mano.

Me acerqué a Candice, mientras acercaba mi rostro al suyo con la intencion de probar sus labios me di cuenta que el monitor comenzaba a marcar los latidos más lentos y por ello me limité a pasar una mano sobre la mejilla, apenas rozándolo, sentí cómo se estremecía y la observé, no pestañeaba ni nada por el estilo, retiré algunos cabellos que tapaban su ojo derecho, después traté de tocar sus labios e intenté imaginarme que se sentiría ser besado por ellos, tan sonrosados y carnosos. ¿Destilaría pasión? ¿Sensualidad? ¿Atracción?

Quise saber si estaba respirando, así que acerqué mi mejilla izquierda cerca de su boca.

¡Ho…la! - habló asustándome de muerte.

¡Oh mi Dios! – me retiré por completo de ahí, tocando mi corazón con la mano derecha.

¿Quién eres…? - se notaba desorientada.

Terry, ¿me recuerdas? - pregunté adivinando su estado.

Sí, ¿qué ha..go a…quí? - cuestionó ella hablando en sílabas.

Luego hablaremos de ello, ¿quieres agua? - le ofrecí, lo que más quería saber era que no había pasado por aquello hacia ya un par de semanas.

Sí…por fa…vor. Ten…go ham…bre - diablos como podía saber lo que quería cuando solo necesitaba una cosa de ella, pero antes que todo ella tenía razón, tenía hambre.

Le preguntaré a la enfermera ¿qué puedes comer? - levanté el auricular del teléfono y le pregunté a una enfermera, contestándome que ella llevaría la comida en unos quince minutos.

¿Has…has…esta…do aquí? - preguntó extrañada.

Regular, tus padres están aquí y también una de tus hermanas - le conté, lo que no quería que ella supiera era que me había dormido dos días y que ni me acorde de despertarme para verla.

¡Oh…esta…rán preo…cu…pados! - soltó sorprendiéndome.

No los he visto... - recapitulé.

¿Ange…lo me dro…gó? - preguntó tragando seco.

Sí, pero está detenido hasta que declares - le informe lo mas cortante que pude.

Lo sien…to… - Candice comenzó a llorar.

¿Por qué? - le enjugué una lágrima que caía por el costado de su rostro.

Siem…pre hecho to…do a perder... - respondio ella soltando más lágrimas.

No digas eso, sólo fue un mal hombre y ya, no pasa nada - le dije, si supiera que quería asesinarlo.

No es…toy muy segu…ra, siem…pre quie…ren hacer…me da…ño - respondio dejando caer más lagrimas, le temblaba la barbilla y la vi tan desvalida.

¡Yo no lo haría! - exclamé atentamente.

¿Por qué es…tá apa…gada la luz…? - preguntó de repente.

Tu sensibilidad... - le respondí con sorna.

Cier…to - afirmó.

Terry, ¿qué haces? - preguntó Paula.

Ya despertó, tiene sed - respondí cuando le alzaba la cabeza para que le diera otro sorbo.

¡Hola amiga! - Paula corrió hasta donde se encontraba Candice, tomándole de la mano.

Pau…la - le dijo carraspeando.

La garganta debe molestarte, tus papis ya llegaron - le informó.

Lo…sé no debis…te lla…mar…los - trató de reprenderla.

Yo no fui, pero no pudimos impedirlo, ¿estás cansada? - cuestionó la médica cuando Candice bostezó.

No, só…lo ten..go sue…ño - respondió cansinamente.

Bueno, espero que estés bien pronto. Luego vengo a verte - ella captó la idea y se despidió.

Sí - Candice respondió afirmativamente.

¿Estás asustada? - pregunté después de mirarla algunos minutos, lo que menos hacia era verme a los ojos.

No recuer…do mu…cho. ¿Qué pa…só? - preguntó Candice, si al parecer no recordaba mucho.

Angelo te drogó para violarte y Paula se dio cuenta, arrestaron a Ángelo y te pusiste mal dos veces - respondí con calma y no con la furia que sentía.

Lo sien…to - volvió a repetir.

No digas más esas palabras, no fue tu culpa - repetí de nueva cuenta, era verdad ella no tenía la culpa.

Toc, toc

¡Candice, querida! - mencionó emocionada su madre.

¡Ma…má! - ella quería gritar, pero por alguna razón no podía.

¡Hola! Soy el padre de Candice y ¿usted es..? - me preguntó un hombre ya entrado en años.

Terrence Grandchester, es una larga historia que contar - le solté delimitando lo que podía o no preguntarme.

Mi nombre es Alfonse y ella es mi esposa Carline, ella es mi hija... - se interrumpió en las presentaciones.

Mirabel - la nombré.

Sí, ¿cómo lo supo usted? - me cuestionó sacándome de mi horrible estupidez.

Se lo oí decir al médico encargado, el Dr. Benedetti - respondí, pero era claro que se le hizo extraña mi declaración.

Ah bueno, ¿cuándo despertaste hija? - le preguntó su madre a Candice.

Hace unos veinte minutos, me dio un susto de muerte - respondí rápidamente.

Me lo imagino - dijo ella.

Bueno me retiro, iré a arreglar algunos papeles, después habló con usted Alfonse, disfrute a su hija - dije y salí de allí antes de que cometiera otra indiscreción.

Gracias Sr. Grandchester - se despidió de mí.

¡Hermana, qué susto nos diste! - exclamó Mirabel.

¿Cuán…to cos…tó el vue…lo? - quiso saber, por supuesto que ella pagaría el costo total de los vuelos.

Nada, cuando llegamos al aeropuerto nos recibió una aeromoza y nos indicó que estábamos en la sección ejecutiva de un vuelo a Italia, eso era increíble, así que aquí nos tienes - respondió mi padre con lujo de detalles.

Sabes hermana, un chico nos compró a dos de los cachorros que teníamos en casa, ahora sólo quedan dos - le contó su hermana.

¿En se…rio? - trató de sonreír, estaba contenta de tenerlos ahí, pero a la vez se estaba quedando dormida.

Sí, bueno te dejamos descansar, tu compañía nos dio alojamiento en la casa de tu patrón, entonces vamos a descansar porque no hemos dormido desde ayer - le explicó su padre dándole un beso en la coronilla.

Sí pa…pá, adiós - se despidió ella.

Hasta pronto, besos hija - se despidió su madre también y arrastrando a Mirabel, salieron.

Había visto que los padres y la hermana de Candice habían salido de la habitación, por lo que me cole hasta ella nuevamente.

¡Hola! - la saludé asomándome.

Pa…sa - me dio acceso.

Gracias, ¿puedo quedarme contigo? - le pregunté casi cuando había puesto mi cuerpo dentro de la habitación.

Te a…bu…rri…rás mortalmente - me advirtió, pero quería en realidad estar allí, con ella.

Sé que te gusta leer, ¿puedo leerte? - pregunté recordando en donde es que se escondía todos los días por la tarde noche después del trabajo.

No…a mí me gus..ta ha…cer…lo, gra…cias - lo negó.

Bueno, entonces me sentaré y estaré aquí sin hablar - respondí haciendo lo que decía en ese momento. Sabes, Benedetti te ha encargado a mi cuidado, vendrás junto a tus padres - le conté lo que planeaba hacer.

No quisie…ra moles…tar - respondió ella haciéndome reír.

No es molestia, Robert está de acuerdo, en mi casa estarás más cómoda - continuaba contándole.

Pero no soy responsabili…dad de nadie, tengo mi casa - respondió o más bien quería que cambiara de opinión.

Tu casa es muy fría, tienes que estar en lugares más cálidos - refuté, detestaba que no quisiera vivir conmigo... bueno en mi casa.

Pero pagaré el hospe…daje - me advirtió.

No, no lo necesito, seguramente Kolios lo pagará, ya encontrarás una forma de pagarme ese favor, basta de charla, tienes que dormir - casi se lo ordené.

Está bien, buenas noches - respondió ella, cerrando los ojos.

Aún es de día - le aseguré.

Para mi seguirá siendo de noche - sonrió.

Buenas noches - respondí entendiéndolo.

Y así siguieron durante cuatro días más hasta que la dieron de alta, convencí a Benedetti de que la cuidaría bien y él recomendó que fuera a mi mansión, lo que ya habíamos acordado con Paula. Sus padres tuvieron que regresar a México al igual que su hermana porque ya no podría seguir faltando al trabajo, los tres se despidieron de su hija y hermana y se fueron sin poder añadir más.

Continuará...