ATENCION: Éste capítulo contiene escenas eróticas, si eres sensible a éste tipo de lectura, se recomienda abstenerte a leerla

Capítulo XXII

¡Nooooo! - se oyó un grito desesperado, Candice se encontraba alterada, bañada en sudor y cuando se dio cuenta comenzó a llorar.

Había sido un sueño, todo era un sueño, un sueño horrible, Anthony... Candice saltó hacia a un lado, dándose cuenta que Anthony se encontraba a su lado, dormido y completamente desnudo. Cuando llegaron a Lacio, hicieron el amor tantas veces que no podía moverse tanto, debía reconocer que lo extrañaba. Había gozado ese momento y jalando la sábana un poco, levantó el torso, dándose cuenta de que estaba desnuda del mismo modo que él; Anthony estaba volteado hacia el otro lado, respirando acompasadamente.

Sí, mi Anthony se encontraba a mi lado, sí había ido por mí a la Mansión Grandchester y me trajo a Lacio para hacerme el amor hasta que repitiera su nombre, quedándonos dormidos. Aquí está frente a mí, desnudo, me recuesto junto a él sin darme cuenta de que estoy llorando y sin querer lo despierto, lo necesito a él, necesito que me ame, necesito sentir amor y no miedo ni terror, ¿cuándo podré deshacerme de ese miedo? Anthony se da cuenta de mi sobresalto y así desnudo como lo tengo, me abraza cuando comenzamos a besarnos sin llegar a nada, tan sólo nos quedamos viendo el techo cuando de pronto lo sentí, sentí sus brazos y su cuerpo, su piel tocando la mía y él comenzó a mordisquear los montes en mi cuerpo por sus besos y me sobresalté por el asalto, luego sentí su erección en todo su esplendor y al volver a besarme, lo introdujo a él, lento y acompasado; el vaivén era intenso y luego tomó cada uno de mis senos en su boca y mientras me amaba dulcemente comenzó a preguntarme.

Candice, dime - la llamó tranquilamente.

¿Qué cosa? - respondió ella soltando un gemido.

¿Recuerdas cuando Bert y tú se fueron a Cartagena? - preguntó el rubio.

¡Oh sí! El miedo al avión… ¡cómo no recordarlo! - mencionó sarcástica. Podemos hablar de él después... - pidió la rubia.

Anthony entendió la indirecta y después de unas horas en la que ambos llegaron al clímax, Anthony la colocó de lado frente a él, descubriéndole la parte de arriba a Candice y dejó la sábana a la altura de la cadera, apenas viéndose el monte de Venus mientras en él hacía lo mismo, Candice observó cómo descansaba el falo que hasta hacia unos minutos se encontraba en erección.

Sabes que no me refería a eso, ¡te atreviste a cortarte el cabello! - increpó Anthony sorprendido y acercándose a ella, tomándole de la cintura y besándole el hombro.

Él dijo tácitamente que le encantaba verme el cabello suelto y eso hice, entré a una estética, me hice una cola baja, lo até, lo corté y después le regalé mi cabello en caja dorada - sonrió ella con emoción.

Sabes que no era eso a lo que se refería - informó Anthony, recordando el rostro de Bert cuando recibió ese espléndido obsequio.

Para qué no es especificó, no supe qué cara puso, ¿por qué no contraté a alguien para verlo? - respondió ella acordándose de que era verdad.

Jajajaja yo si lo vi, me encontraba con él cuando un chico le llevó una caja tipo regalo para rosas con tu larga cabellera, aunque lo que le enfadó no fue precisamente eso - comenzó el rubio a contarle.

¡Ah no! Entonces ¿qué fue? - Candice se hizo la que no sabía.

Sencillo, había una nota en el exterior: "…Para que tengas entre tus dedos mi cabello suelto…". Candice. Esa frase se le quedó grabada, tanto que maldijo en ruso y no te diré lo que dijo - terminó el rubio.

¿En serio? Solamente obedecí sus órdenes y ahora mira qué bonito lo tengo, haberlo llevado de niño fue bueno - Candice se levantó y pasó su melena rubia dorada delante de su pecho admirándolo.

¿Te divertiste? - cuestionó el rubio, sabiendo que eso era cierto.

¡Oh sí! Sobre todo porque esa noche me invitó a cenar y no me reconoció. ¡Estaba súper enfadado! - exclamó entusiasmada recostándose más cerca de él y robándole un beso.

¡Con que burlándote! - expresó su cuñado, tomándola de la cintura y jalándola hacia él para culminar en un beso entregado.

Poquito, además ¡sé que le gustó! - respondió ella, separándolo con un dedo.

Por supuesto que no, lo recibió, lo tiró en el bote de la basura y yo lo recogí para donarlo. Pero sobretodo porque ¡no se lo esperaba, dio como cien vueltas por la habitación del hotel y tenía un humor de perros! - aclaró el hermano de Bert.

¿A poco? - cuestionó ella, sabiendo que era cierto.

Oh sí, ahí fue el comienzo de todo - exclamó él con sorna.

¡No es cierto…! - se defendió la rubia.

Sí, desde ahí le comenzaste hacer más cosas... - recapituló el chico.

¡Se lo tenía merecido! Sobre todo en el baile de verano, ¡qué lindo momento! - comenzó a recordar la rubia.

¿Por qué lindo? Si lo dejaste en ¡ridículo! - recordó Anthony al ver el humor de demonio que tenía Albert cuando lo había dejado plantado.

No, no, él se dejó en ridículo solito... Le dije que controlara ese maldito genio porque si no iban a suceder cosas impensables, al menos, ahí conocí a Marcello - suspiró la rubia para luego sonreír.

¿Fue ahí donde lo conociste? - preguntó Anthony sorprendido

Sí, estaba tan guapo y era tan galante, fue bueno que uno tuviese ojos... - suspiró ella siendo reprendida por Anthony, que sí tuvo celos del suspiro, atacándola y acercándola para que lo sintiese a él.

Como los de Bert cuando Marcello intentó besarte - quiso distraerla.

¡No me besó! Era yo la que trataba de encontrar la base del perfume que traía - respondió la rubia aclarando ese mal entendido.

A Marcello le encantó esa búsqueda y Bert salió perdiendo, aunque… - el rubio se detuvo.

¡Aunque…bueno, se vengó! - declaró ella dándole otro beso.

¿Por qué? ¿Cuándo? - Anthony no sabía de eso, así que la separó y entre besos le preguntó.

Bueno, tú sabes…entró a mi habitación antes de que Marcello se fuera a la suya y me quiso… - Candice comenzó a relatar, pero Anthony la interrumpía de a momentos.

¿En serio? - cuestionó incrédulo.

Sí, pero no contaba con defensa personal femenina - comenzó a reírse.

¿Fuiste tú? - preguntó él retirándose de su boca y comenzando a reír recordando que eso era sorprendente.

¡No te lo contó! - exclamó ella, después de todo había sido su marido.

No, de hecho no quería ni que le tocáramos ese tema y nunca supimos ¿cuál de nosotros le dio su merecido? ¡Golpeas bien! Los cardenales aparecieron a media tarde y aún no me lo puedo creer ¿por qué no me lo contaste antes? - le reclamó el rubio.

Hasta esa noche lo supe, no lo había utilizado nunca. En el desayuno ni siquiera me miraba, estaba tan concentrado en su plato y en su té - refirió Candice.

En serio y ¿cuándo se dio el cambio? - quiso saber, llegar a ella y tenerla entre sus brazos para acariciarle la piel y hacerle el amor tantas veces hasta que se hartara le costó esperar mucho tiempo.

No sé, supuse que cuando dejó de ordenarme, después de mi cabello, un ridículo, un paseo con Marcello, una clase de defensa personal, una imposición, creo que no van a alcanzarme los dedos… - se mofó la rubia.

Espera ¿cuál paseo con Marcello? - Anthony preguntó.

¡Ah no sabes esa! Bueno resulta que cuando fuimos a Lisboa nos hospedamos en unas cabañas cerca de la finca del Abuelo Rocco. La primera vez que se enojó fue por una nimiedad, me entretuve en el pueblo cercano y llegué tardísimo, ya sabes que se ponía cómo se ponía de loco el león y que comienza a gritarme. Me quedé calladita - refirió ella, comenzando a contarle.

¡Qué raro! - espetó Anthony.

No dije nada hasta que en la tarde muy alegre y contento, fue a mi habitación y no me encontró, su ayudante de cámara según él, me contó que el señor estaba que echaba chispas porque se me olvidó el celular y después se atrevió a regañarme: "…una señorita decente no llegaba a medianoche de andar por ahí con alguien que él no conocía..." - recordó ella imitándolo.

¡Por supuesto que lo conocías! - exclamó él.

Eso lo sabía, entonces simplemente le contesté: pues que yo sepa señorita dejé de serlo hace mucho tiempo y no tienes que estarme cuidando porque mi compañía de ésta noche era un hombre que me podía defender de cualquier…a, así que si nos disculpas, voy a cenar con Marcello en su finca y ah no me esperes despierto. Lo malo es que fue delante de Marcello - aclaró ella sonriente.

¡No es cierto! - exclamó Anthony, recordando que Bert no se lo contó de la misma manera.

¡Oh sí, muy, muy cierto! Creo que no tengo que contarte con la bestia con la que me encontré cuando volví de la cena. Para él estaba muerta desde que me di la vuelta y me fui con Marcello; no me preguntó lo esencial, que también su padre y su abuelo estarían ahí - aclaró ella.

¡Ah sí! Entonces ¿por qué te hablaba cuando aterrizaron? - Anthony quiso saber.

¡Quién sabe! ¿Tú entendías a tu hermano? Eso decía de dientes para afuera, pero en realidad sólo esperaba lo predecible. Te voy a contar esto, pero no debe de pasar de aquí, es muy vergonzoso - refirió Candice comenzando a contarle.

¡Te lo juro! - Anthony hizo el son de promesa.

Inicio del flash back

Cuando Candice entró a su habitación, no se había dado cuenta que Bert estaba en penumbras cerca de la ventana. Candice acostumbraba a llegar, quitarse los zapatos, estirar los pies, quejarse del dolor, ir al baño y cambiarse el pijama. Pues en eso estaba cuando Bert encendió una lamparita que se encontraba en una mesa.

¡Hola! ¡Me esperaste, qué lindo! - expresó al darse cuenta de que estaba allí.

¡Qué tiene de lindo éste momento! - exclamó levantándose y encarándola.

¿Por qué lo dices? Bert ya es muy tarde, estoy tan cansada, puedes ser breve y salir de aquí - le pidió la rubia conteniendo una carcajada por lo que veía.

Seré breve, pero ¡no saldré de aquí! - le gritó.

Cómo quieras, buenas noches... - se despidió ella.

Estuviste despierta hasta las cuatro de la mañana, ahora me vas a escuchar, digo como a eso de las cinco terminaremos - sugirió él.

¿Seguro? - quiso saber la rubia.

Claro que sí, te lo aseguro. Y dime, ¿te divertiste? - preguntó él amenamente.

Estuvo muy amena la cena, Marcello es lindo conmigo cuando no hablamos de dinero, obviamente - respondió ella, dándose la vuelta para cepillarse el cabello y hacerse una coleta.

Ahora tú dime, ¿por qué te tardaste tanto? - pregunto Bert conteniéndose.

El camino hasta aquí es horrible, no quería que nos accidentáramos, venimos despacio - respondió ella tajantemente.

Ya veo, dime una cosa, ¿te acostaste con él? - increpó Bert de la misma forma que ella respondió.

¿Perdona…? - Candice cuestionó sorprendida.

La pregunta es clara, ¿te acostaste con él? - volvió a cuestionar.

¡Creo que eso no debe de importarte! - exclamó ella en un tono alto.

Oh sí que me importa, crees que me gusta hacer el ridículo delante de la gente, no vienes sola, sino conmigo y Albert Andley no es el estúpido al que tienes que dejar abandonado por un Rocco - sí ahí estaba el motivo, estaba celoso.

Pues creo que sí, ahorita mismo estás haciendo el ridículo frente a mí al menos, porque te vas a quedar esperando una respuesta, ¡vete de mi cuarto! - Candice enfadada lo corrió de ahí.

¡Contéstame! - él se acercó, asiéndola de los brazos y pidiéndole una explicación.

Suéltame, no estás hablando con una de tus sirvientas y sin ánimos de ofender, pobrecitas ella que culpa tienen de trabajar para un hombre tan vulgar como tú - ella le contestó y como pudo se zafó de su agarre.

Entonces… ¡me vas a dar lo mismo que le diste a él! Vas a ver lo que es un hombre vulgar, ¿qué partes te tocó para hacerte enloquecer? ¡Dímelo! Tal vez así sigas comportándote como una cualquiera! - respondió él pensando que la rubia se iba a doblegar.

¡Estás loco si pretendes que te lo diga! ¡Suéltame, no puedes forzarme! - respondió con ahínco, mientras intentaba quitárselo de encima.

Pero no te forzaré para nada, ¡si te beso te dejaré queriendo más…! - la aventó cuando le había dicho esto.

Recuérdame que soy de palo, todo ser viviente sexuado tiene esas reacciones y sobre todo si hay cierta química entre ellos, acaso ¿no lo sabías? - le preguntó con sorna.

¡Mujer, no soy iletrado! - la tomó del brazo.

Pues lo pareces, ahora ¡suéltame o no respondo! - ella lo amenazó.

¿Qué harás? ¿Entregarte a mí? - le preguntó el rubio.

¡Ni lo sueñes, haré algo mejor! ¿Eso querías no? - Candice le dio una patada en la ingle y con la muñeca lo golpeó en la nariz.

¡Maldita! - Bert si que la soltó.

Nos estamos entendiendo ahora. Bueno…Marcello…puedes darme asilo en la finca, ¡no quiero estar aquí! - le pidió en cuanto ella lo llamó por el celular.

¿Ha pasado algo? - quiso saber Marcello, debido a que ella le había gritado.

No, sólo ven por mí, por favor - pidió ella encarecidamente.

Como era obvio Bert entró al baño a curarse porque la verdad estaba sangrando mucho, cuando eso pasó, su maleta estaba hecha y colocándose la gabardina sobre el pijama, desde el otro lado de la puerta se oyó un toque y se acercó hasta ella. Cuando abrió, el abuelo Rocco la miró estupefacto, Candice moría de vergüenza en ese momento, sin oír que Bert se encontraba detrás de mí, jalándome de la cintura, cuando Candice reaccionó, todo, después fue un desastre.

¿Qué ha sucedido Candice? Acompañé a mi nieto, pero ¿qué sucede? - preguntó el abuelo Rocco.

Estoy tan cansada abuelo, sólo quiero dormir - respondió la rubia.

¡Tú no vas a ningún lado zorra! Te quedas aquí porque lo digo yo y usted abuelo puede retirarse... - Bert se había transformado, la jaló y lanzó hacia la cama.

Señor Andley, ¿qué es esto? - preguntó Marcello Rocco III.

¡Aaayyy, Bert déjame en paz! - Candice se levantó de la cama y le gritó muy enojada y apuntandole con una navaja a la cara.

Me había tirado a un lado de la cama, tenía que hacerlo, tomé la misma navaja que dejé en la bolsa delantera de la gabardina y lo amenacé.

¡No te atreverás! - exclamó Bert asustado.

Yo no apostaría mi mal tino, ¡déjame pasar! - aseguró ella.

Candice, abuelo, Albert. Candice, ¿qué haces? - increpó Marcello hijo.

¡Intentaba violarme! – era una mentira, lo sabía.

¿Qué cosa? - preguntaron los tres.

¡No es cierto, sólo me cobro lo que te dio a ti, tuvo sexo contigo y no te lo negó! - se defendió aunque fueran puras sandeces lo que suponía.

¿Qué has dicho? ¿Quién te dijo eso? ¿Candice? - quiso saber Marcello hijo.

¡Me ofendes! ¡Acaso crees que soy tan libertina como tú! ¡No quiero volver a verte! ¡Esto si no te lo voy a perdonar Albert! ¡Eres igual de bestia que Niel! ¡Deberías haberme golpeado si querías sexo, al menos así no me hubiese enterado otra vez…! ¡Te odio! - vociferó la rubia.

¡No soy Niel! - vociferó Albert, confundido, lo ultimo le había lastimado más de lo que lo demás lo hizo y mas por haberlo comparado con ese animal aunque también se dio de topes, dándose cuenta de que él estaba actuando así.

¡Oh sí¡ ¡Por algo son familia! Los dos cortados por la misma tijera, ¡por el mismo corazón! - Candice respondió comenzando a llorar de ¿indignación?

¡No puedes decir eso, sabes lo que es hacerme quedar como el estúpido que me has hecho ser! - respondió Bert amedrentándose un poco.

Estúpido ya er… - Candice comenzaba a insultarlo cuando se había desmayado ante la mirada atónita de todos.

Candice, Candice despierta, anda linda - abuelo Rocco reaccionó primero, evitando que se desmayara. Llévatela al coche, me llevaré la maleta después – ordenó el abuelo Rocco.

Candice, ¿está bien? - preguntó Bert.

¿Te preocupa? - lo mismo hizo el abuelo Rocco.

¡Sabe que sí! - respondió Bert notablemente afligido.

Pues no se nota… - fue ahora el turno de Rocco hijo cuando la levantó en vilo.

¡Imbécil! ¡Aleja tus manos y tu preocupación de aquí! ¡Aléjate o te mato! - amenazó Bert disgustado por las deliberaciones que se estaba tomando aquel.

Pues no deberías hacerlo, Marcello al auto. ¿Cómo puedes hacer esto, Bert? - fue ahora de que lo escuchara, por lo que el abuelo Rocco después de ordenar a su nieto que se la llevara, se adentro a la habitación para ordenárselo.

¡Tú defiendes a tu nieto, pero dije la verdad! - sin entender la pregunta.

¿Sobre quién? ¿Sobre ella o sobre ti? No creas que no sé qué tienes una vida disoluta, pero no pienses que todos tenemos tus principios. Esto va en contra de tus principios morales, tu familia puede estar decepcionada por tu comportamiento, porque esto se lo informaré a tu padre - le amenazó.

¡No debe meterse en mis asuntos, anciano! - Bert tenía que hablar, pero cometió un error.

Y tú ¿me lo vas a impedir? No eres más que un niño malcriado. Buenas noches y para que lo sepas, ella se tardó mucho porque la cena fue con todos los Rocco. ¿No dices nada? Eso era lo menos que esperaba de ti, buenas noches - se despidió después de explicar lo que había sucedido.

Pero y ¿Candice? - Bert comprendió que se había comportado como el peor de los idiotas.

Me haré cargo de que vuelva con nosotros - respondió tomando la maleta de la rubia.

Pero mi padre la quiere ver cuando aterricemos - exclamó él.

Eso será problema tuyo, no mío, permiso - el abuelo Rocco salió profusamente molesto por esa actitud, sabia de alguna manera que él la amaba, pero había cometido una tontería tras otra.

El abuelo Rocco se dirigió al auto, realmente Candice había fingido que se desmayaba, tan pronto él abordó la camioneta, ya se encontraba "despierta" aunque sollozando, el abuelo Rocco la tomó entre sus brazos para consolarla, pronto ella, se quedó dormida profundamente. Cuando llegaron a la finca, Marcello la llevó a una habitación y ahí se quedó hasta muy tarde de ese día, casi noche. Días después, el abuelo Rocco, llamó a el señor William y le contó todo con lujo de detalles, por otro lado, Bert no durmió casi nada, primero por la culpa, había cometido una gran estupidez por los celos y después porque tuvo que ir al hospital para que le pusieran unos puntos, lo que parecía solo la rotura de la nariz había resultado en una cortada y cuando regresó, se durmió si acaso un par de horas porque su padre había volado hasta Lisboa muy enojado, lo despertó con un golpe en la mejilla y se quedó escuchándolo muchas horas.

¡El honor de la familia! había dicho William Andley, indignado.

Ya entrada la mañana, le ordenó lavarse o bañarse y después lo acompañó donde la finca de los Rocco.

William Andley le pidió disculpas a Candice por el comportamiento de Albert y la verdad que Candice, Albert me pidió disculpas y como no quiso ni escucharlo, abrazó a Marcello y ya no lo soltó, Albert se puso diabólicamente celoso. William lo amenazó con que si no lo disculpaba al menos, no lo quería ver en Francia para nada porque los hombres de su familia no eran tan cobardes como para forzar a una mujer a entregarse, si ella no lo quería y que por lo mismo le prohibía quedarse en su casa.

Fin del flash back

Pero entonces, ¿te quedaste una semana con Marcello? - cuestionó él sorprendido.

No, fue un mes. La verdad es que Bert se volvía insoportable. Tuve que decirle que lo disculpaba, pero que nunca le perdonaría nada de lo sucedido, así pasó una semana, lo tuve que perdonar en serio, porque lo veía hasta en la sopa, era muy chocante - se quejó ella dándose la vuelta y acurrucándose en el pecho de Anthony.

Espera, espera, entonces ¿por qué los vi una semana después? - tenía que preguntarlo.

No, fue un mes después. La verdad que la vida con los Rocco después de eso fue difícil, el abuelo Rocco cayó enfermo y quise cuidarlo. Claro que eso no lo supo Bert, nunca - explicó Candice.

Mi papá cuando llegó de Lisboa estaba muy decepcionado, que también enfermó, Bert siempre había sido su hijo predilecto, yo no me enteré de eso, lo tenían muy en secreto; sólo supe que tú debías hacer algo y que hasta que eso no sucediera, él no podía volver a casa. Mi madre lo protegió, pero en una noche en la que mi padre tomaba vodka en la biblioteca, mi madre entró a pedirle y a suplicarle que le retirara el castigo a Bert.

Inicio del flash back

Minutos más tarde, oí decir a mi madre que no podía creerlo, se soltó a llorar cuando mi papá le contó lo de Niel y advirtió: tu hijo adorado iba hacer lo mismo, ¡te lo imaginas! ¡Por supuesto que no! Sabes que es lo que más me duele, soy el padre de esa basura que es mi hijo, no lo he educado así y se lo dije, sabes que me contestó, nada, su maldito mutismo y su estúpido orgullo. Lo peor que podía haberme pasado, he quedado en ridículo ante los Rocco, si Bert quiere que le perdone, ella debe hacerlo primero, ¡puede acusarlo de intento de violación! - terminó por decirlo.

¡No, él no quería hacerlo! - exclamó mi madre.

Entiende mujer, Candice es extranjera, sabes del problema legal en el que estaríamos metidos por su maldito carácter, óyeme bien Rosemary, si tu hijo no cambia y pide perdón hasta arrastrarse si es necesario; lo siento mucho, no lo ayudaré con la afrenta legal que interpongan en su contra - advirtió enojado.

¡Está enamorado! - soltó mi madre.

¿Qué has dicho? - preguntó mi padre más que sorprendido.

¡Qué Bert se enamoró de ella! - soltó una carcajada desencantando a mi madre. Con más razón, ha ido de error en error, se lo tendría bien merecido si no lo perdona - declaró él.

Es que la ama demasiado... - mi madre dando excusas.

Rosemary, mi amor, dime, tú ¿qué hubieras hecho en su lugar? ¿Crees que me hubieses perdonado si te hubiese obligado? - le preguntó acercándose a ella.

¡Nunca! - ahora la que se había levantado era mi madre.

Ahí tienes la respuesta... - se dio la vuelta.

¿Dónde está Bert? - quiso saber ella.

En Lisboa. Espera… - William contestó el teléfono que sonaba en ese instante. Bueno, el consulado mexicano…si soy su padre… ¿Cuándo? Gracias - mi padre aventó el teléfono y este se destrozó cuando llegó al suelo.

¿Qué sucede? - quiso saber mi madre.

¡Te lo dije! - gritó tomando el celular y comunicándose con los Rocco. Buenas tardes señorita, me puede comunicar con Marcello Rocco Abuelo, ¿qué ha dicho? Gracias, iré mañana a verlo - termino la llamada.

¿Qué sucede? - preguntó mi madre.

Está enfermo y Candice no quiere separarse de su lado. Tengo que empacar, tengo que ir a Lisboa. ¿Me acompañarás? - le preguntó a mi madre y ella aceptó.

Sí, vamos a preparar las maletas - ella se levantó y salieron de la biblioteca.

Eso fue un desastre, alguien del hotel se encargó de hablar al consulado mexicano en Lisboa y de pronto todo fue terrible, sobre todo para Albert y sus padres.

Fin del flash back

Me lo cuentas y no me lo creo. No lo entiendo, si Bert ya estaba enamorado ¿por qué forzarte a lo que claramente era un ruidoso acto…? Aunque mucho después creo que se desquitó - dedujo Anthony.

Digamos que ciertas partes las había planeado meticulosamente, pero lo estaba soportando tan bien que no me imaginé que fuese acabar así, esto fue una gran prueba para todo, su orgullo, su crianza, su todo, aceptando que no podía hacer su voluntad al menos conmigo. Todo se arregló cuando abuelo Rocco estaba completamente re establecido, cuando eso sucedió ya me había tranquilizado, había aceptado medianamente que me pidiera disculpas y decidí perdonarle, hablé con tu padre que iba a verlo justo cuando me bajase del avión, pero que viajaría con los Rocco - comentó Candice.

Desgraciadamente pues no pude cumplir al cien por ciento ese plan, porque tu hermano me abordó justo cuando caminábamos por el hangar de los Rocco, creo que viste esa parte, me enfurecí tanto por sus explicaciones hasta que me confesó que estaba celoso y estúpidamente enamorado y le di mi respuesta.

Una cachetada fue tu respuesta… - espetó Anthony.

Sí, lo sé, me pasé, pero me estaba sacando de quicio, me di la vuelta sin ver la cara de asombro que tenía, se había dado por vencido y después sin que lo advirtiera regresé a darle un beso - recordó riéndose bajito.

En serio, ¿lo besaste? - le preguntó a Candice.

Sí y le dije una sola frase - recordó.

¡Ah sí! ¿Cuál? - Anthony quiso saber.

¿No que no podías ser sencillo? - respondió la rubia soltando una carcajada.

¡No lo creo! - exclamó ella.

Él tampoco lo creía, pero después de todo lo que hizo ese mes, creo que era todo lo que quería. Así que decidí doblegar mi orgullo ya que él había destruido completamente el suyo - me soltó sonriendo.

¡Eres mala! - exclamó él.

Sólo fui lo necesario, después creo que conoces la historia, nos casamos y bueno creo que disfrutamos el estar juntos - respondió ella volteando el rostro y besándolo.

Uy eso sí que te lo creo, disfrutaron mucho las noches... - se burló de ella.

Y los días, las mañanas, las horas de oficina, los almuerzos… - comenzó a contar los lugares donde Albert y ella habían hecho el amor.

¡No quiero saber más! - se retiró de ella, tapándose los oídos.

¡Jajajaja ah verdad…! No que muy informado, pero no seas mal pensado me refiero a que no solamente hicimos el amor en todos los lugares de nuestra casa sino que también disfrutamos de nuestra compañía - aclaró ella y ahora también a ella le tocaba burlarse de Anthony.

¿Tenía que saber eso? - preguntó el rubio.

Sí…¿quieres saber algo más? - cuestionó Candice.

Me conformo con eso. Dime, ¿fuiste feliz? - le pregunto Anthony besándole el cuello.

Como nunca lo he sido, no sabes nuestra noche de bodas fue todo lo mejor que me esperaba - suspiró la rubia al terminar de decirlo.

Me lo imagino... - respondió Anthony, retirándose, él sabía las condiciones de su "relación" pero no podía evitarlo, que ella hablara así de su hermano, lo afectaba de sobre manera.

Obvio que no te lo imaginas, nos pasamos toda la noche platicando y recibimos el alba quedándonos dormidos - aclaró ella.

¿No tuvieron…? - Anthony no podía creerlo.

No, pasó como cuatro meses para que eso sucediera, en su cumpleaños - recapituló ella.

Por eso no lo pasó con nosotros…ahora entiendo - recordó ese día que puso mil excusas para no asistir a una comida con Ferrel.

Salimos de viaje, por un problema con la cabaña - de un momento a otro sonrió.

¡Ajá sí claro, si esa cabaña no tiene nada de rústica! - se quejó Anthony.

Oye tenía que ser especial, claro que antes quería matar a tu papá por darle mal la información, ¡Albert llegó preocupadísimo! - Candice lo reprendió en lugar de su padre.

Pero ¿se le quitó? - cuestionó burlón.

Sí bastante, creo que fue después del tercer beso francés - afirmó ella respondiéndole de igual manera.

Candiceeeee - la llamó con tono de regaño.

¡Jajajaja qué! Ese es un dato interesante… - respondió cuando Anthony volvió a abrazarla por hacerlo participe de esa información.

¡No me lo digas por favor! - pidió Anthony.

Ok, no te diré nada. ¿Seguro? - quiso saber ella.

¡Candice, déjame! - solicitó él.

Jajaja bueno, no diré nada... - declaró ella.

¡Más te vale! - Anthony la colocó contra el colchón y besándola se le quedó mirando a los ojos. ¿Terry? - cuestionó.

¿Qué con él? - preguntó ella aunque sabía a qué se refería. Nada - respondió evadiéndolo.

¡Ni tú te lo crees! - exclamó él.

Le dije que me gustaba... - admitió ella.

¿Y? - quiso saber más acerca de eso.

¡Nada, sólo eso! - respondió ella.

¿Cómo que sólo eso? - no podía ser que le estuviera guardando secretos, sentía que pronto esto se terminaría y eso no podría soportarlo.

Continuará...