El siguiente capítulo contiene lenguaje sexual, abstenerse si eres sensible a ello.
Capítulo XXIII
Todo iba tan bien hasta que llegó el güero desabrido de Anthony, tan sólo verlo me crispaba el nervio, pero tuve que dejarla ir por el momento, esperaría algunas horas, días y semanas. Esto no lo podría evitar, sentirme tan mal, desolado, sin ella, sin sentir su dulce presencia y todo por algo que ella no quiere decirme y maldita sea, no sé qué es y odio sentirme así.
Efectivamente estuve dos semanas sin verla y un día se me ocurrió asomarme a la bóveda de Candice y efectivamente ahí se encontraba, observando la colocación de una nueva mariposa, algo que me asombró fue que no se encontrara arriba como era su costumbre.
¡Hola Candice! - la saludé y ella dio un brinco.
¡Me asustaste! - respondió ella sonriéndome, no quería saber el motivo de su sonrisa.
Y... ¿eso es bueno? - pregunté sin saber exactamente a lo que se refería.
No por supuesto, pero me da gusto verte - respondió ella sin entenderle por completo.
¿A qué se debe que estás súper feliz? - cuestioné irónicamente.
A nada en especial, solo que me desestresé en la mañana - refirió ella volviendo a la mariposa.
¿En serio? ¿Cómo fue eso? - increpe molesto.
Corrí tres millas en la mañana con Paolo y eso hizo sentirme bien - respondió ella sin observarme.
¿Has estado en Lacio por tres semanas? - quise saber, no podía creerlo.
Sí, Anthony me ha dado lata todo este tiempo... pero hoy tenía cosas que hacer y yo también, me pasé dos semanas en el taller haciendo esa mariposa - respondió como si hablase del clima.
Ah ¿en serio? - cuestioné sin creérmelo.
Pregúntame lo que tienes en la mente, Terry - sugirió ella.
No tengo nada en la mente - respondí, sabia de alguna forma que quería saber en qué brazos había pasado tan solo unas tres semanas.
Pues lo dudo, quieres saber si Anthony y yo hicimos el amor como conejos - susurró.
¿Lo hicieron? - caí en la trampa.
Como conejos no, pero sí, lo hicimos, somos personas libres y solteras - respondí muy elocuentemente.
¡Yo también! - rebatí su punto.
Claro, sólo que él me lo pidió primero y bueno, ¿puedo ayudarte en algo? - me preguntó saliéndose del tema que me interesaba.
Vamos a comer a casa, mi madre te extraña mucho - le propuse, en parte era verdad, sólo quería convencerla de lo que yo sentía con ella.
¿De verdad? - se asombró.
Sí, no te mentiría en eso - y era verdad, mi madre no sabía qué hacer sin la luz que ella emitía por toda la casa.
Bueno déjame hablar con Néstor y te acompaño - sin saber cómo, ella acepto sin disimulo.
Bien - lo había logrado, ella me había un dato que no esperaba desaprovechar.
Antes, ella sólo vestía un horrendo overol color gris, pero al salir de nueva cuenta de su oficina me dejó absolutamente impresionado; lucía un sexy vestido blanco, como el que llevaba en la cena con los Rocco, en el momento en el que ella se estaba cambiando en la mansión Grandchester se armó toda una revolución, mi madre seguramente daba órdenes a diestra y siniestra, poniendo a todos alerta, como conociéndola.
Solo al llegar mi madre se encontraba detrás de la puerta y Marie había corrido hasta ella con tan sólo oír el timbre, todos se encontraban alegres, lo sabía, de alguna forma sabia que esta visita iba a ser muy grata para más de uno o de mí.
¡Niña Candy! ¿Cómo ha estado? ¡Nos ha tenido muy abandonadas! Figúrese que el niño Terry ha andado con un humor de perros desde que el joven Andley se la ha llevado de aquí, sabe usted que ha bajado de peso - comenzó a relatar Marie.
Nana, seguro que a Candy no le importa eso - informó Terry molesto con su nana por ser tan boquifloja.
Sigue Marie, dame santo y seña de él - la insté, sintiendo que mi nana me traicionaba.
Candice, creo que deberías de meterte en tus asuntos - le advertí.
Seguro... esto es muy grato, saber que Marie aún sigue viva - se mofó de mí y mi nana también hizo lo mismo.
Y ¿por qué debería de matarla? - pregunté viéndola fijamente a los ojos.
¡No lo sé, dímelo tú! - respondió altanera.
Marie, madre, ¿podríamos quedarnos solos? - solicité.
Si hijo, bienvenida - respondió mi madre que se limitó a mirarme con coraje y del mismo modo jaló a Marie del brazo.
Gracias - agradecí solicitando su perdón con la mirada y dirigiendo a Candice a la biblioteca.
No reprendas a Marie, ella sólo se preocupa por ti - me informa.
Lo entiendo, pero en realidad lo que quiero es que tú seas la que te preocupes por mí - le informó yendo hacia la cava para sacar un vino rosado.
Y tú supones que no lo hago - responde ella como si fuera una pregunta más bien.
Sí lo hicieras no hubieras tenido intimidad con Anthony... - le recordé con resentimiento.
Sigues con eso... y si te dijera que es sólo sexo - sugirió ella.
Si fuera sol no tendrías esa cara, ni esa sonrisa, ni te brillarían los ojos - respondí en son de reclamo.
¡Alucinas! - exclamó Candice.
¡Alucino! Dime ¿cuántas veces lo hicieron? - pregunté muy interesado.
¡Estás loco si pretendes que te diga eso! ¡Nunca te lo diré! - respondió ella levantándose y dándose vuelta, desde esa perspectiva sus piernas se veían fenomenales.
¡Así de bien estuvo! - increpé esperando que ahora sí cayera redondita.
¡Quieres saberlo! ¡Increíble! - se mofó.
No te burles de mí y no me interesa saber qué ocurrió entre ustedes - aunque en realidad sí que quería saberlo.
Pues bien, me has convencido, la noche en la que llegamos a Lacio lo hicimos hasta muy entrada la madrugada - respondió ella con orgullo.
Y ¿después? - le insistí.
Después... mmm no sé cómo... ¡wow a poco son tantas...! Creo que después de la veinte deje de contar - afirmó ella con descaro.
¿No tienen algo que hacer, aparte de copular? - si me vi celoso, nadie lo hubiese notado.
No, estábamos tomándonos nuestro tiempo y además... - me informó con petulancia.
Además ¿qué? - quise saber y no tenía que haberlo hecho.
¿Por qué me ves con esos ojos? - preguntó ella enrarecida.
Con ¿cuáles? - pregunté, debía hacerme el que no entendía.
¡Con esos ojos de odio! - refirió ella.
¡Odio! Vaya Candice, somos adultos - respondí lo que vino a mi mente.
Pues no parece, una pregunta ya que estamos en las confesiones. Tú ¿hubieras querido estar en su lugar? - me preguntó abiertamente.
¿De Anthony? - cuestionó sonriente y con descaro.
No de Paolo..., ¡por supuesto que de Anthony! - exclamé con disimulo.
Tú sabes lo que yo quiero Candice... - respondí aguantándome las ganas de ahorcarla.
¡Nos ponemos serios...! - atinó a decir. Sabes Terry, es muy libidinoso de tu parte querer saber todo lo que hacemos, si tú mismo lo hiciste con Susana, ya sabes que pasa entre las parejas, ¿verdad? - cuestionó odiando que sacase a relucir a Susana.
Por supuesto que lo sé, con ella era unas orgías - aclaré sin recato.
Me lo imagino, Rocco me ha contado esas aventuras - me informó dulcemente.
¡Ah sí! Y también ¿copulas con él? - le cuestioné sin verla, esperando que eso la molestara más.
¡Algún día te lo contaré! - exclamó después de un suspiro que no me gustó. Voy a ver cómo va tú mamá en la cocina - susurró mientras salía y veía como sus pies salían de la biblioteca.
Adelante. Estúpido rubiecito, aprovéchate ahora que puedes y que la tienes porque ni un beso más a partir de que sea mía - amenacé ingiriendo todo el líquido ámbar que mi vaso contenía.
Mientras en la cocina...
Marie... - llamó Candice a mi nana.
Sí mi niña - acudió Marie a su llamado.
¿Ya está lista la comida? - preguntó sin saber por qué había ido a la cocina.
No mi niña, el niño Terry nos avisó apenas, hará una hora - Marie confesó la verdad.
Espera, me estás diciendo que las hizo correr hace poco tiempo, él me dijo que su madre me había invitado a comer - exclamó Candice dedicándome una mirada que no desearía ver nunca... aunque si la volvería a ver.
No mi niña, fue recién - mi nana perdía la noción de ella misma cuando Candice se encontraba presente.
Bueno Marie, no te preocupes, ya sabré cómo resolver esa mentirota - le dijo a Marie.
Gracias mi niña, les aviso cuando esté lista - le informó dejando a Candice en la sala.
¡Sí Marie! - aceptó ella y se perdió en sus pensamientos.
Minutos más tarde...
¿Entonces? - pregunté de repente cuando la encontré sentada en la sala con la mirada perdida.
Entonces ¿qué Terry? - preguntó levantando la cabeza y de mala gana. Además de curioso eres... ¿mentiroso? - me reclamó con sutileza.
¿Por qué lo dices? - me hice el loco obviamente.
Pusiste a correr a tu madre y nana sólo para interrogarme, ¡me lo hubieras preguntado! - alzó la voz.
¿Me hubieras dicho que dormiste con Anthony así tan fácil? - le preguntó sin poder creerlo.
Por supuesto, como tú dices somos adultos... - y lo tenía que hacer, usar mis frases en contra mía.
¡De haberlo sabido! ¡Porque contigo ya ni sé! - respondí irónico.
¡Ah hombre, no me preguntas! - me contestó burlándose, ahí es que decidí que me lo pagaría más tarde.
Bueno, una pregunta, ¿te gustó? - cuestioné de inmediato.
¿Qué cosa? - preguntó ella.
¿Ser tocada y besada...por Anthony? - volví al ataque, dejarla pensar no era bueno.
¡Acariciada aaahh! Sí claro, creo que ha aprendido muy bien - refirió ella con un anhelo que no quería admitir que yo también sentía.
¿De quién? - de pronto quise saber.
De nuestras noches, las de Bert y yo quiero decir - recapituló buscando en su mente para al final aclararlo.
El chico ha sido muy despierto ¿no te parece? - indiqué reacio.
Más bien los conductos de ventilación se conectaban...pero bueno esa es otra historia... - me informó como si nada.
Y dime, ¿qué tal besa? - le pregunté, quizás pensaba que no me diría nada como tiempo antes me lo advirtió.
Mmmm muy rico, eso sí que es de él, quien le haya enseñado... muy bien - admitió ella sonriendo y cerrando los ojos.
Y ¿quieres saber que tal beso yo? - le pregunté acercándome y cuando abrió los ojos para responderme me encontró ahí frente a ella.
¿Me quieres enseñar cómo besas? ¿Tenemos 12 años? - cuestionó ella rompiendo mi idea de besarla.
No de hecho tu me llevas 4 - respondí con una sonrisa.
¡Tenias que decir eso...! - ella molesta por primera vez en esos encuentros, se levantó al oír mi declaración.
¡Tenía que hacerlo! Paolo, Albert y Anthony eran y son menores que tú, así que cumplo con esa regla... - admití.
Casualidad... - se inclinó por esa opción.
Muchas casualidades - rebatí, quizás esa sería mi mejor arma.
Además Paolo sólo es mi amigo - aclaró ella.
Como Anthony - le dije.
Como Rocco - me soltó esa declaración.
Bien, no toquemos a Marcello, ¿de acuerdo? - le pedí, si a Anthony le odiaba en esos momentos, Rocco era más que eso.
Sí, veamos, ¿hay algo más que quieras saber? - me preguntó chasqueando la lengua.
Sí, en lo que se refiere a mi beso... - dejé inconclusa la frase.
¿Cuál beso? - me cuestionó sin entender.
El que te quiero dar - respondí observándola pasar saliva.
¿Era en serio? - me preguntó como si le hubiera pedido que se acostara conmigo.
Sí, muy en serio. ¿Quieres que te dé un beso? - le pregunté sacándola de balance.
No lo sé, ¿lo harías? - re cuestionó.
No, no lo haría…entonces me das un beso o te lo doy yo - tenía que proponérselo de otra forma, deseaba que ella lo deseara, me acerque a ella y nuestros rostros se quedaron a milímetros, mi boca deseaba fervorosamente que dijera que sí... pero...
Podrías tener a cuanta mujer quisieras... - inventó lo que para mí me parecía una excusa.
Yo sólo quiero un beso tuyo y de nadie más - respondí para convencerla y esa declaración era total y absolutamente cierta.
¿Por qué yo? - quiso saber con alguna esperanza de que retractase la propuesta.
No lo sé, realmente no me interesaría alguien completamente contrario a mí, pero por alguna razón que desconozco, ¡me encantas! - respondí con parte de la verdad.
Pero… - intentó excusarse.
Pero… - insistí para que dejara los pretextos a un lado.
¡Dámelo tú! - propuso cuando nerviosa comenzó a temblar.
Pero no tiembles que no te haré nada! - lo había conseguido, me acerque a ella con cuidado tomándole el rostro y haciendo que esos ojos verdes me miraran expectante.
¡No estoy temblando! - aseguró observándome y cuando sintió la proximidad...
Segura? - cuestioné, sintiéndome extasiado, esa electricidad que no había sentido con Susana era algo que apenas experimentaba con ella, nuestro fuego interno nos llamaba.
Sí - admitió ella sin apartar el rostro.
Candice era una mentirosa, estaba temblando y mucho. No haría nada hasta que ella no aceptara que me amaba más de lo que quisiera admitir. Por el momento un beso sería suficiente inicio, la miré, de pronto dos lágrimas cayeron de sus ojos, me limité a recogerlas con las yemas de mis dedos, le sonreí y ella miró mis labios después de mojarse los suyos. Mis labios se dirigieron a su mejilla y me quedé un instante en la suya cuando oí un sonoro suspiro.
¿Puedo...? - sabia que se encontraba nerviosa, pero esos no eran nervios era quizás...
¡No… ahí no! - me detuvo, dirigiendo su rostro hasta sus labios que colocó frente a los mios.
¿Aquí?
Sí, ahí están bien - respondió tocando apenas en un roce.
Era ridículamente lo que las manos podrían hacer, un terror la invadió cuando coloqué mi mano en su cuello y garganta, pero tuvo a bien corregirme. Después le di un camino de pequeños besos a lo largo del cuello y respingó cuando llegué hasta sus labios, ella era tan cálida, parecía inexperta, pero de un momento a otro, respondió a uno de mis besos, lo cual me hizo sonreír contra sus labios.
¿Por qué ríes? - quiso saber.
Por nada, sólo esperaba algo, podríamos seguir... - le solicité y ahí supe de lo que hablaba Anthony.
Disculpa... - respondió ella, retomando donde nos habíamos quedado.
Entonces ahí estaba, me tenía que ganar con paciencia su confianza, ella comenzó a besarme, pero nunca imaginé que tuviera los ojos abiertos. Fue un detalle improvisto, ella poseía una fuerza sexual desconocida para mí, sí apasionada y electrizante, nada de lo que había vivido hasta ese momento me hubiese preparado para esto, era algo casi indescriptible.
¿Qué pasa? - pregunté cuando atine a abrir los ojos, localizando los suyos.
Nada, sólo que fotografías bien para una escena de beso - me respondió alejándose un poco.
¡Concéntrate! - le pedí disgustado.
Lo siento - se disculpó.
¿Continuamos? - cuestioné.
Ella asintió, me causó una tierna sonrisa cuando me miraba los labios, entonces se acercó a mí, colocó sus manos en mi cabello comenzando a jalarlo lentamente, disfrutándome, sentí cómo su boca exigía más delicadamente y más a cada vez; a mí me parecía extraño, pero ese poder sexual no lo había sentido antes con nadie, me atraía tremendamente, el aroma de su piel antes dulce ahora irradiaba algo más que sensualidad, era deseo; internamente me obligó a pensar sí a esto se refería Anthony, Bert le hacía esto a ella o era ella quién se lo hacía a él, en ese momento debía de bloquear ese pensamiento, ella podría darse cuenta del efecto que me causaba, pero cuando comenzó a sentir un sopor rompió el beso, me miró y bajó el rostro apenada.
Lo siento - se disculpó tomándose la boca.
No hay por qué, creo que ahora si creeré lo que te dice Anthony - solté sin percibir lo que ella sentía por él.
¡Terry! - me reprendió.
No debí decir eso... - respondí en son de disculpa.
Está bien... - suspiró.
No podía creerlo, ella estaba ¿sonrojada? Al parecer se había inquietado lo suficiente como para sobrepasar el beso que me dio, me miró por unos instantes que se me hicieron cortos y me abrazó sonriéndose, no me lo esperaba, pero ese abrazo me gusto mucho.
Continuará...
